Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 10: Príncipe naranja.
— ¿Edward?
Llamé a la puerta de su casa tres veces pero nadie atendía. Era como una película de terror, ya que al tercer golpe de mis nudillos contra la madera, este rechinó y se entreabrió un poco. Tragué saliva, muerta del miedo y asomé mi cabeza por la rendija para ver si lograba divisar la imagen de mi amigo. Su hogar estaba en las penumbras, algunas velas iluminaban tenuemente la pequeña sala de estar. Le di un empujón a la puerta y me introduje como una villana a su casa, cerrando la puerta tras de mí.
— ¡Ed, no estoy de humor para tus juegos, dijiste el viernes a las nueves y aquí estoy! —grité, mirando curiosamente la estancia que me rodeaba.
Edward nunca me había invitado a su hogar hasta ahora, llevábamos tiempo de conocernos pero cada vez que nos juntábamos o era en mi casa o en algún punto x de la ciudad. Su casa era pequeña pero acogedora, tenía unas cortinas bastante coloridas y, uhm, su sala de estar se iluminaba gracias a una luz roja que hacía lucir las cosas como si estuviera en un, bueno, un motel o algo.
— ¿Edward? —murmuré con el ceño fruncido cuando escuché algo caerse cerca. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral cuando volví a escuchar otro ruido.
Joder, me sentía en Sexto Sentido (1).
Los sonidos venían de una puerta que estaba en la pared contigua a los sofás de la sala de estar, me acerqué lentamente cuando un nuevo golpe se escuchó.
Bien Isabella, es ahora o nunca.
Con los ojos cerrados abrí la puerta rápidamente y me quedé ahí, los fui abriendo de a poco temiendo con lo que me iba a encontrar. Juro por todo lo santo que hubiera deseado mil veces encontrarme con un espíritu chocarrero que con… Con eso.
Entonces, frente a mi había una diminuta cocina, en la cocina en cuestión se encontraba un hombre de dudosa procedencia con los pantalones hasta los tobillos. Frente a él estaba una chica rubia de cuclillas. Y yo la voyeur, que observaba como esta chica practicaba una conferencia de prensa privada. Si sirve de algo, en mi poca experiencia estaba segura de que ella tenía un buen manejo con el micrófono.
Cuando abrí la puerta segura de que me encontraría al diablo del otro lado, esta dio un golpe contra la pared que estaba detrás, llamando la atención de las dos personas que estaban pasándolo de lo lindo frente a mí. El hombre, realmente guapo, un treintón a lo Johnny Depp, arqueó una de sus cejas y una diminuta y torcida sonrisa se formó en sus labios.
Ouch, ahí se fueron mis bragas.
La chica que estaba saludando al amigo del hombre, irguió su cabeza y sonrió abiertamente en mi dirección, la erección que previamente estaba escondida salió de su boca a saludarme con un pequeño "pop", luego la sujeto con una de sus manos. Ella era hermosa, joven y hermosa, su cabello era de un extraño rubio rojizo y tenía unos ojos azules gigantescos.
— ¡Tú debes ser Isabella!, un gusto cariño —ella simplemente no se daba cuenta que mientras me saludaba y gesticulaba con sus manos sacudía la verga del clon de Depp, todo frente a mi presencia— Eddie está por llegar.
— ¿Eres la novia de nuestro campeón? —el hombre moja-bragas me preguntó, ni siquiera inmutándose porque estaba desnudo de la cintra hacia abajo— Bonita, aprendió de su padre —y mirando a la rubia, le guiñó un ojo coquetamente.
Jo-der.
¿Ellos eran los padres de Edward?
— Uh, s-solo somos amigos —mi rostro ardía furiosamente debido a la vergüenza, cerré los ojos para darles la privacidad que necesitaban— Yo, uhm, siento haber entrado así, escuché ruidos y pensé en fantasmas pero… Bueno… No sabía que ustedes…
— ¡No te preocupes dulzura!, lo que hacíamos es completamente normal, algo que estoy segura tu y Eddie hacen —soltó una pequeña risita— ¿Recuerdas cuando teníamos su edad Edward?
— Uh, no, Ed y yo somos amigos…
— Hmpf, claro que si, parecíamos unos putos conejos, tanto así que nos pasó la cuenta y el crío apareció en tu panza, adiós juventud —me ignoraban completamente— Más le vale que disfrute ese mocoso, chica, siempre usen protección.
— Edward y yo no…
— ¿Tienes frenos? —abrí los ojos ante la pregunta repentina. Edward padre estaba abrochando su pantalón mientras que la mamá de Ed limpiaba su boca sutilmente con un paño de cocina. Un jodido paño de cocina. Era la imagen más grotesca que mis retinas habían grabado.
Agradecí mentalmente que Big C lleve a sus chulas a la guarida que tiene en el patio, gracias señor.
— Tengo frenos, sí señora —inconscientemente pasé mi lengua sobre estos.
Estaba… ¿Qué estaba pasando?, ¿qué exactamente había visto con anterioridad?, ¿dónde carajos estaba Edward?
— Señora, no vuelvas a decir esa palabra —me apuntó con su dedo índice— ¿Puedo hacerte una pregunta corazón?
— P-por supuesto…
— Lizzie, llámame Lizzie.
— Por supuesto, Lizzie —Edward padre rió por lo bajo, un sonido bastante gutural que erizó los vellos de mi nuca. Ah, ahí estaba esa puta sensualidad de Edward Jr. La maldita herencia, era de esperarse.
— ¿Le has hecho daño a mi bebé con esos? —fruncí el ceño desconcertada— Ya sabes, cuando le haces una mamada, se me imagina que se atascan en algún lugar o algo, ¿te ha pasado?, ¿no es incómodo o los excita más?
— Mamá, Bella hace unas mamadas espectaculares, no tienes ni idea. Diría que es mejor que tu —me tensé al escuchar la voz de Ed a mi espalda— Pero bueno, papá es el único que puede decidir eso —su padre estaba a punto de abrir la boca— Y no, cabrón, no pienso prestarte a Bella —me agarró los hombros y me giró lentamente. Sus ojos brillaban con cansancio y vergüenza— ¿Vamos?
— V-Vamos.
Este era uno de esos momentos que se enviaban al casillero de Davy Jones.
.
.
.
Estaba, como podría decirse, en un estado de shock.
Viví una experiencia cercana a la muerte, había hablado con el gran hermano –que extrañamente tenía un leve parecido con Nicolas Cage– y había seguido el túnel con la luz al final, todos esos mitos eran realidad, o tal vez mi mente estaba muy chiflada. Me guío por la última, ese leve recuerdo de mi adolescencia donde estaba con Elizabeth y Edward padre era uno de esos momentos traumáticos que uno bloquea en su mente para que el tic en el ojo no se vuelva algo cotidiano.
¿Por qué tuve que recordar exactamente ese momento cuando estaba al borde la muerte?
¿Dónde quedó ese "vi mi vida pasar en un segundo frente a mis ojos"?
Lizzie y Edward, dos personajes bastantes peculiares y que Ed evita a toda costa. Recuerdo haber tenido un pequeño enamoramiento por Edward padre. Mi querido amigo siempre se ponía como cabra cuando se lo recordaba.
Y yo iba a morir rememorando el día en que los conocí.
¡Qué hermosa manera de morir!
Decidí que era momento de volver a la vida, y cuando abrí los ojos vi un ángel.
Un ángel que tenía una extraña cosa blanca en su nariz, que estaba completamente bronceado, que me miraba atentamente a los ojos y un halo naranja lo rodeaba, por muy extraño que pareciera. Por un breve instante pensé en que mi amigo Yisus finalmente me había acogido bajo su manto, y después de cagarme la vida con creces en el sentido amoroso, había enviado al más cachondo de sus ángeles como premio final para su fiel vasalla. Oh Dios, a lo mejor si crucé el túnel hacia la luz misteriosa.
Y yo que pensaba que estaba en algo parecido al armario que te llevaba a Narnia.
Pero esto, lamentablemente, se sentía mas como la vida real que el paraíso. Mis labios cosquilleaban de una extraña manera, así que lentamente levanté mi mano y la llevé a mi boca, parpadeé un par de veces y enfoqué mi mirada en el hombre que me observaba con preocupación.
Joder, era uno de la serie de Baywatch.
— ¿Señorita?, ¿se encuentra bien? —me preguntó el tipo. Abrí la boca para tratar de hablar pero me era imposible, comencé a toser como una tarada y asentí mientras trataba de incorporarme— Con cuidado —me ayudo a sentar en la arena—, me tenía bastante preocupado, tuve que realizar la reanimación boca a boca, usted simplemente no quería abrir los ojos.
— N-no me trates de usted, joder, no tengo cuarenta años. Mi nombre es B-Bella —sonreí levemente— muchas gracias por salvarme, David Hasselhoff (2) —el muchacho soltó una risita cuando lo nombré como el actor principal de Baywatch.
— Mi nombre es Seth, y no hay de qué, es mi trabajo —me guiño un ojo y le sonreí.
Me dolía la cabeza y mi vista aún estaba un tanto turbada, también me picaba el esófago cuando pronunciaba alguna palabra. Para matar las pasiones con el sexy salvavidas, mi voz sonaba como la de El Padrino, así que puede que el chico no estuviera seguro si hablaba con una chica o un chico con cambio de sexo.
— ¡Bella! —me giré para ver como la pandilla corría hacia mí. Edward venía primero, su rostro contorsionado por la preocupación. Me puse de pie con la ayuda de Seth y espere a que llegara— ¿Qué coño estabas pensando cuando te tiraste de esa saliente?, ¡joder, Ishabella!, ¿sabes lo grave que es esto?, ¿y si el señor Hasselhoff aquí no hubiera estado, qué? —sonreí porque había pensado en el mismo apodo que yo. Ed me tenía agarrada fuertemente de los brazos, y me zamarreaba de vez en cuando. Frunció el ceño cuando vio mi sonrisa.
— Ouch —murmuré, alzando mis cejas. Edward me soltó y comenzó a jalar su cabello.
— Eres putamente inconsciente, tú solo haces las cosas y no piensas en tu jodida seguridad. ¿Sabes qué más?, ¡vete a la jodida verga! —y como de rápido llegó, rápido se fue, despotricando contra todo el mundo pero más contra mí.
— ¡Te dijimos que no lo hicieras! —chilló Rose y me pellizco la nalga.
— ¿Y por qué Alec y tú podían hacerlo, y yo no? —pregunté— ¡Se veía divertido!, ¿qué iba a saber yo que me daría un puto calambre?
— ¡Tendrías que habernos escuchado, Bella!, no sabes el susto que hemos pasado cuando te vimos caer y no volver a la superficie, eres… —Alec soltó un chillido digno de una mujer, dio un pisotón en la arena y se giró, alejándose al compás de sus caderas acompañado de Sam y Paul que solo hicieron una mueca hacia mí y se encogieron de hombros.
— ¿Están todos molestos conmigo? —observé a Alice, Emmett, Rosalie, Jasper y Peter. Todos me miraban con decepción, ¡pero si no fue mi culpa!, ¿cómo iba yo a saberlo?— que los jodan, al diablo con ustedes. ¡Claro, Bella la torpe, Bella no puede hacer esto, Bella no puede hacer aquello, no, mejor pongamos a Bella en una burbuja!, ¡pudo haberle pasado a cualquiera! —inflé mis mejillas y me alejé de ellos.
— ¡Deberías disculparte con Edward, Bella! —gritó uno de los cinco pero no me di tiempo para averiguar quién había sido.
— ¡Jódete!
Caminé, caminé y caminé a lo largo de la playa. Estaba empapada, el sol se escondía en el horizonte y comenzaba a bajar la temperatura. No quería volver a la casa de Alice, se suponía que esto era para relajarse, divertirse, no para arma embrollos como estos. Sentía una bronca enorme con todos. Estaba tan ensimismada en mi que no me di cuenta que Hasselhoff me había seguido hasta que puso una chaqueta naranja sobre mis hombros. Sorbí mi nariz alejando las patéticas lágrimas de niña mimada y me giré en su dirección.
— Debo verme realmente patética, ¿huh? —puse mis ojos en blanco y me senté en la arena, analizando el atardecer— No fue mi culpa, ¿cierto? En realidad pudo haberle pasado a cualquiera de ellos.
— Si, y ellos lo saben pero te quieren, y así como te quieren estaban preocupados hasta la madre de lo que podría haberte pasado —me dijo dulcemente, posando una de sus manos sobre mi hombro— Y ese chico, ¿Edward?, al pobre le volvió el alma al cuerpo cuando te vio de pie junto a mí.
— Estaba preocupado, ¿no? —fruncí mis labios y luego suspiré.
— Estaba extremadamente preocupado, mujercita —nuevamente me sonrió con calidez.
— Sí, bueno, él es como familia —rodé mis ojos y resoplé— obviando el hecho de que está buenote, porque sería incesto, ya sabes —Seth rió y asintió con su cabeza.
— Como familia, vaya —volvió a mirarme con sus oscuros ojos y sonrió mostrando una hilera de blancos dientes—, pobre hombre —rió por solo él sabe qué cosa—. Bella, creo que lo mejor es que vuelvas donde tus amigos, se está oscureciendo y te puedes enfermar, te acompaño —se puso de pie y me tendió su mano para ayudarme a levantar.
— Muchas gracias, Hasselhoff, agradezco que me hayas salvado —le sonreí a modo de agradecimiento—. Te concedo el título de príncipe naranja, por haber salvado a esta damisela en apuros de tener una muerte horrenda.
— ¿Príncipe naranja?
— Un verano naranja, oh, oh, oh (3) —canté, y él me vio aún más raro— ¿Tu traje de baños?, ¿tu gorra?, ¿la chaqueta que me prestaste?, ¿el bronceado que llevas?, ¡hola, es todo naranja!
— Estás loca —comentó riendo, hice un puchero que lo hizo reír aún más—, completamente loca.
Cuando dimos con la verja que separaba la casa de la playa, en el cielo ya se podían divisar pequeñas estrellas. Lo que me gustaba de lugares como estos, casi apartados de la civilización, era que el cielo se veía en toda su magnificencia sin la contaminación lumínica de la ciudad. Las estrellas, las nebulosas, la mismísima luna, era completamente hermoso.
— Bien damisela, hemos llegado — Seth hizo una reverencia y solté una pequeña risita— Si mañana piensas en tomar un baño nuevamente, avísame, por favor, no quiero muertes en mi sector.
— Ja, ja, eres completamente gracioso Hasselhoff —rodé mis ojos y me acerqué a él para depositar un pequeño beso sobre su mejilla— Gracias por ser mi salvador, mi paño de lágrimas y mi guía, deberían aumentar tu salario.
— Deberían —concedió, guiñando uno de sus oscuros ojos—, nos vemos por Malibú, Bella.
— ¡Nos vemos, y gracias!
Me despedí de una seña con mi mano, viendo como se alejaba en la oscuridad de la playa. El mar se veía de un negro penetrante ahora que estaba de noche, seguía siendo igual de hermoso que a los rayos del sol. Suspiré antes de dar media vuelta y quedar frente a la casa, ya era hora de que me disculpara, el momento de "Bella comportándose como una nenita de cuatro años" había pasado.
Me sentía avergonzada, aunque insistía en que le pudo haber pasado a cualquiera.
— ¿Hola? —murmuré, frunciendo el ceño al percatarme del extraño silencio que inundaba la casa— ¿Alguien?, ¿me están haciendo la ley del hielo o qué? —me adentré, buscando por la sala, el comedor. Nada, no había ningún alma en la casa.
O eso pensé, hasta que escuché un ruido proveniente de la cocina.
Estaba teniendo un deja-vú.
Por favor que no sean Paul, Alec y Sam en un trío, por favor no.
Me asomé lentamente a la cocina, entrecerrando los ojos por si volvía a ver cosas de las que mis pobres ojos se arrepentirían, los sonidos incrementaban mientras me acercaba, finalmente divisé la melena rebelde de Edward y un sinfín de películas comenzaron a rodar en mi mente. Digo, es Edward y estaba enojado conmigo, aparte temprano en el día yo le había dicho que fuera a tontear con alguna chica… ¿Y si esta vez en vez de ser sus padres era el mismísimo Edward?
¡Pero él no podía!
Tenía un puto trato conmigo.
— Puedes dejar de esconderte tras la puerta, no estoy follando con nadie, no te traumaré como lo hicieron mis viejos —la voz de Edward se escuchaba monótona, aburrida— Estoy haciendo un sándwich.
— ¿Y el resto? —le pregunté en un murmullo.
— Había un carnaval en el centro, no sé a qué hora llegarán.
— ¿Y qué haces…
— No tenía ganas de salir —Edward dejó el cuchillo sobre la encimera con un golpe sordo y se giró con el sándwich entre sus manos— ¿Algo más que necesites? —alzó una de sus cejas en mi dirección. Podía ver que aún seguía molesto conmigo, pero no estaba segura del grado de ira que permanecía en su cuerpo— Si no necesitas nada más, estaré en mi habitación, no me jodas.
— ¿Cómo te encuentras? —la pregunta abandonó mis labios rápidamente, Edward se quedó congelado bajo el umbral de la puerta de la cocina. Se giró lentamente a mí, su ceño estaba fruncido y si seguía aplastando de esa manera su sándwich tendría que hacerse otro.
— ¿Qué clase de estúpida pregunta es esa Isabella?
— Uh, bueno, estabas molesto y yo pensé que… Sabes, no es para tanto… Estoy aquí, ¿no es eso lo que cuenta?
— No tienes ni puta idea…
— Vamos, Ed, ya pasó…
— ¡Cierra la jodida boca antes de que sigas soltando más estupideces! —y un sándwich de pavo voló por los aires. Edward se acercó a mi rápidamente, y en un veloz movimiento quedé encerrada entre su cuerpo y la encimera, me acorralaba apoyando ambos de sus brazos sobre esta— Te estabas ahogando, Isabella.
— Lo sé —murmuré, prendada de sus ojos que se acercaban cada vez más a mí.
— ¿Siquiera sabes cómo me sentí cuando te vi caer? Y luego… —cuadró su mandíbula y resopló furiosamente— No lo sabes, no sabes nada, nunca te enteras de nada, ¡joder!, ¡crees que no me importa nada!
— Yo no creo eso —susurré, frunciendo el ceño.
— ¿Recuerdas el día en que conociste a mis padres? —asentí— ¿Recuerdas la respuesta que le di a Lizzie por su pregunta hacia ti, y como me regañaste, golpeaste e ignoraste por dos semanas? —volví a asentir un tanto avergonzada— ¿Por qué crees que nunca te invité a casa?
— No lo sé, ¿por tus padres? Están un poco locos pero… Bueno, son tus padres —Edward soltó una pequeña risita e hizo que nuestras narices se rozaron debido a su cercanía.
— Porque me importas, boba —entornó sus ojos y suspiró—. Eres la única chica que me ha importado, por algo eres mi amiga, Dios. Me importas más de lo que te imaginas… —sus ojos brillaron de una extraña manera.
Uh-oh.
— No te me estas declarando, ¿cierto?
— Déjame terminar, pequeña —él no lo negó. Tragué saliva con nerviosismo cuando lo vi relamer sus labios y abrirlos para continuar hablando— Sé que soy un cabrón, sé que también soy un completo pendejo cuando quiero, sé que mis padres tienen unas creencias bizarras y que parecen más un chulo con su prostituta, sé que tú estás buscando un príncipe, Isabella…
— Edward, yo creo que…
— ¡Cierra el puto pico! —junté mis labios y guardé silencio. Edward volvió a suspirar y algo completamente inesperado sucedió. Oh mi Dios, ¡existes!, ¡esto es una prueba de que existes!, ¡Edward Cullen sonrojado!— Cuando no saliste a la superficie, por muy jodidamente cursi que esto suene, sentí que me faltaba el aire, estaba enloquecido Bella, ¿y si te pasaba algo?, ¿y si perdía a mi Ishabella? —sonrió con dulzura.
— Ed, ¿podría, por favor, decir algo?
— Me estas interrumpiendo, ¿qué te dije sobre guardar silencio?
Estaba aterrada, mi corazón latía furiosamente dentro de mi pecho, ¿él enserio se me estaba declarando? No podía creerlo, Edward, el gran Edward, mi Ed, mi amigo que siempre piensa con la cabeza colgante, el sucio que deja sus calzones tirados por cualquier lograr, mi puto Ogro. Unos pequeños cosquilleos me recorrían de pies a cabeza y mi respiración estaba errática debido a todas sus palabras… ¿Y él quería seguir hablando?
Está loco.
Me iba a morir.
— Solo pude pensar en una cosa cuando pensé que te habías ido —¿estaba actuando o enserio estaba así de acongojado?— Solo pude pensar…
— ¡Espera! —chillé, bajo su atenta mirada. Interrumpí cualquier cosa comprometedora que estuviera a punto de decir— Uh, yo…
— ¿Si?
— ¿Estás seguro de lo que vas a decir Ed?, ¿seguro?, ¿no te arrepentirás luego y esto no cambiará nuestra relación? —tenía que cerciorarme de que él sabía lo que estaba en juego, ¡estaba en juego nuestra amistad! Y… ¿por qué nuestra conversación tomo este rumbo?
¿Dónde quedaba el "Recuerda que no puedes enamorarte de mí, pequeña"?
Oh Dios, estaba a punto de hiperventilar.
¿Por qué mi corazón late tan deprisa?
¿Por qué siento las malditas mariposas en mi estómago?
¿Por qué, después de todo, solo quiero escuchar lo que va a decir a continuación?
— Estoy completamente seguro, Isabella —dejó un casto beso sobre mi nariz— Como te dije anteriormente, sé que estas buscando un príncipe, y sé que tú sabes que yo soy lo opuesto a eso —sonreí, mi ogro— pero lo único que pensé cuando vi que no aparecías fue…
Vamos Edward, dilo.
No sé qué irás a decir, tal vez lo sé, Oh Dios, ¿había vuelto el enamoramiento que había tenido por Edward Jr. luego de desilusionarme de Edward padre? Joder Bella, los Cullen no son saludables para ti, ¿recuerdas que tuviste un pequeño, efímero y casi nulo enamoramiento por Lizzie también? Es esa familia, será mi puta perdición.
¿Había sido el recuerdo de la familia Cullen un presagio sobre lo que se me vendría?
¿Me diría Edward palabras lindas cuando se me declarara?
¿Qué le iba a responder yo?
Bueno, estaba a punto de averiguarlo.
— Lo único que pensé fue —carraspeó y volvió a mirar directamente a mis ojos—: "Joder, esta ya se murió y ni siquiera alcancé a meterle la puntita. ¡Puta Isabella, me dejó con las ganas de por vida!"
Mi boca se abrió hasta que mi mandíbula dio con el suelo, literalmente. Por unos largos segundos nos miramos fijamente sin decir nada, absolutamente nada, ambos completamente serios. Hasta que mi ceño se frunció y me lancé contra Edward, desestabilizándolo y quedando ambos tirados en el suelo.
Debí suponerlo.
¿Declaración de amor?, ¿por parte del ogro?
¡Oh vamos, Bella!
¿Por qué estabas esperando eso de todos modos?
— ¡Eres un idiota, me tenías al borde del colapso, imbécil! —mis puños golpeaban todos su cuerpo, su abdomen, su pecho, su cabeza, sus muslos, mientras que el solo se destornillaba de la risa— ¡Te odio, estúpido!, ¡te odio!, ¡te odio!, ¡te odio! —chillé enojada, reteniendo las extrañas lágrimas que amenazaban con desbordarse.
— ¡Lo siento! —dijo Ed entre risas— ¿Qué esperabas? —volvió a reír— ¿Enserio pensaste que me iba a declarar?, ¡vamos Bella!, ¿qué creíste que te iba a decir? —acostada en el suelo como estaba, rodé sobre mi costado y le di la espalda, cruzándome de brazos— Vamos, pequeña, no te enojes, ¡me la debías por el susto de la tarde!
— Te odio.
— Deja de decir eso —sus brazos me rodearon por detrás, su barbilla de apoyó sobre mi hombro. Seguí ignorándolo— ¿Qué pretendías escuchar?, sabes que nunca diría que me gustas, que amo tu sonrisa y la manera en que tus ojos brillan cuando estas a punto de hacer una broma, tampoco te diría que tengo una fascinación bizarra por la manera en que arrugas tu pequeña nariz cuando estás enfurruñada, como ahora. ¿Crees acaso que te diría que eres la chica más torpe, divertida y putamente dulce del mundo y que un bastardo como yo no te merece? —Edward rió quedamente— porque no lo haría. Soy un ogro después de todo, ¿no? Dejémosle esa declaración a tu príncipe, cuando lo encuentres.
Traté de sonreír ante sus palabras.
Edward tenía razón, había que dejarle esa tarde a mi príncipe.
Entonces, ¿por qué me sentía tan desilusionada?
(1) Sexto sentido, película re prostituida que todo el mundo ha visto (?) ya saben, donde sale el mocoso que dice "Veo gente muerta" XDD
(2) Este señor era el principal en la serie Baywatch y también sale en la película de Bob Esponja, cuando quieren volver desde la superficie a fondo de bikini (?)
(3) / watch?v=se67-r4X0JA (no me pregunten por la canción, no respondo XDDD)
¡Buenas tardes
Finalmente le traigo la actualización. Primero... Toda la culpa es de Bella, que conste, Edward es un orangután pero el trato de declararse lindamente de manera indirecta (?) wajajaja ¡espero les guste el capítulo! y siento mucho la demora, pero les traigo una buena noticia... ¡Pronto saldré de vacaciones de invierno! adiós Universidad, adiós por dos o tres semanas, así que ahí trataré de ponerme al día y no demorarme tanto en las actualizaciones. Con respecto a los otros fics, Primerizo me tardaré un poco mas :( puede que para este otro fin de semana les traiga el capítulo, y con Tres, dos, uno ¡estamos al aire! puede que actualice hoy, pero mas seguro mañana XDDDD
Como siempre mis niñas, ¡Muuuuuuuchas gracias por su paciencia, reviews, alerts y favoritos!
Son las mejores, que no se les olvide ;)
Lamb.
