Ya ha llegado el penúltimo capítulo :O! Sinceramente espero que lo disfruten y que no los defraude!
Sin más preámbulos, los dejo leer tranquilamente!!
"Oportunidad de Vivir"
Capítulo 40: Revolución
Aquella mañana, todos los aliados despertaron temprano, unas tres horas antes del amanecer. La adrenalina corría por sus venas, dándoles la energía necesaria para la ardua tarea a la que debían enfrentarse, despejando cualquier deseo por seguir durmiendo.
Los refugiados en el bosque fueron abriéndose paso con agilidad hacia la fortaleza, incluidos quienes estaban al mando: Inu Yasha y Sesshomaru Taisho, además de Miroku Takatsu. Rin iba a la retaguardia, liderando a las mujeres. Ellas tendrían la misión de atender a los heridos y proveer de armas a quienes las hubiesen perdido en combate. Entre sus filas se encontraban tanto aldeanas como sacerdotisas. Entre las últimas, se hallaban Kazuru y Harumi Tsukishirô, además de la Gran Izumi, dispuestas a dar todo de sí para ayudar en la consecución del éxito.
La mayoría comía mientras avanzaba: no podían perder tiempo. Un minuto desperdiciado podía ser decisivo al momento de decidir la victoria o derrota.
Respecto a los disidentes en el interior de la fortaleza del Emperador, también iniciaron sus actividades en la madrugada, reuniéndose en la oficina de Kohaku de la manera más discreta posible, mientras el joven realizaba guardia en el exterior para que nadie escuchara la reunión que se estaba llevando a cabo. A las Princesas de la Muerte se les dio la oportunidad de abandonar el castillo antes de que la batalla comenzara, o quedarse en él y luchar en contra de los soldados de Naraku. Más de la mitad decidió permanecer en el lugar.
- A quienes hayan decidido marcharse, no las culparé—dijo Sango – Les deseo la mejor de las suertes en la nueva vida que las está esperando. La libertad está frente a ustedes y espero que la disfruten. En el caso de que quieran volvernos a ver, les abriremos las puertas encantadas, sin ninguna clase de resentimiento. Fue un gusto haber sido su capitana por todos estos años—dicho esto, las jóvenes que partían hicieron una profunda reverencia ante ella.
- Gracias a ti, Sango... Nos has enseñado muchas cosas—dijo Midori.
- Siempre te tendré mucho respeto y cariño—dijo Miyuki – Tanto a ti como a las demás les debo mucho... –
- Ten por seguro que nos volveremos a ver—dijo Sumire.
- Les deseamos el mejor de los éxitos en esta batalla... Estamos seguras de que ganarán—dijeron las menores del grupo, Yumiko y Mitsuki.
- Recuerden escapar por la escotilla de la segunda torre de la puerta este...—les dijo Kagome – Durante los siguientes quince minutos no debiese haber ningún guardia vigilando ese punto...—las demás asintieron.
- Cuídense mucho—les dijo Sango – En el caso de que se encuentren con alguno de los soldados aliados, muéstrenles la cinta blanca que acaban de atar a sus muñecas, además de responder al código "Los ángeles se van al cielo, y los demonios al infierno" ¿Entendido? –
- ¡Sí, capitana Asak... Higurashi!—respondieron enérgicamente.
- Ahora pueden retirarse. Recuerden tener la mayor de las precauciones para no ser vistas... –
- Así lo haremos—volvieron a hacer una profunda reverencia – ¡Hasta la próxima! –
Las cinco mujeres se marcharon, haciendo todo lo posible para evadir las miradas de los soldados que se hallaban de guardia que, si bien eran muchos menos que en una situación regular (o no tenían todos sus sentidos alerta, debido al plan de Kohaku), aún constituían un peligro para cualquier intento de escape.
Gracias a sus buenas maniobras, lograron huir sin problemas, dando su primer paso hacia una nueva vida.
- ¿Se encontrará Souta en la ciudad?—preguntó "Aome", refiriéndose al menor de los Higurashi.
- Lo más probable es que sí... Es él quien comandará a las tropas ubicadas en la zona urbana...—contestó su hermana – Confiemos en que hará un buen trabajo. Además, nuestro padre estará acompañándolo... –
En el tiempo restante, antes de la llegada de los Taisho y su ejército, Sango, Kagome y el resto de las mujeres repasaron las ubicaciones que tomaría cada una durante la batalla. Gran parte del grupo ayudaría a su capitana a noquear a la mayor cantidad de hombres posible, dejándolos sin participación en la pelea. De este modo, se evitaría gran cantidad de bajas. Otras dos "princesas" cubrirían a la otra princesa Higurashi, mientras ésta intentaba obtener la Perla de Shikon y purificarla de toda energía maligna.
El amanecer se acercaba, y también lo hacía Inu Yasha, quién dirigía a todas las personas a su mando con la ayuda de Sesshomaru y Miroku, de modo que se acercasen al punto donde la seguridad era más débil. Ya les faltaban menos de 100 metros para llegar al lugar donde el bosque se acababa y quedarían expuestos ante los guardias del castillo.
- Luego de atravesar los últimos árboles, no habrá nada que nos permita avanzar sin ser vistos...—dijo el príncipe menor, en un tono lo suficientemente alto como para que lo escuchase la mayor parte del ejército que él comandaba – Espero lo mejor de ustedes en esta batalla. Con su esfuerzo, sudor y sangre lograremos crear un nuevo Japón... uno libre de las muchas ataduras bajo las cuales se encuentra su gente, quienes merecen ser nuevamente capaces de decidir sobre lo que acontece en sus vidas ¡Vamos a derrotar a Naraku! –
- ¡Sí!—fue el clamor general de los combatientes, el cuál fue tan fuerte que logró hacer retumbar las paredes de la fortaleza. Luego de esto, todos se lanzaron hacia el castillo, dispuestos a dar todo de sí mismos en la lucha.
Los guardias del palacio se encontraban un poco somnolientos luego de toda una noche de vigilia, lo que les dificultó reconocer y reaccionar enseguida ante la amenaza que se abalanzaba en dirección al palacio. Apenas se dieron cuenta de que la estampida humana se aproximaba a una gran velocidad e iba en contra de ellos, los hombres hicieron sonar estrepitosamente las campanas, las cuales indicaban que el castillo estaba bajo ataque, y procedieron a tomar sus armas para defenderse. El estado de gran parte de los habitantes de la fortaleza era de tremenda confusión, además de temor.
Sorprendido, y extremadamente irritado, Naraku despertó y preguntó a uno de los escoltas que cuidaban la entrada de su habitación cuál era la naturaleza del enemigo que los asediaba. Kikyo se encontraba detrás de él.
- Son centenares de ellos, provenientes tanto del bosque como la mismísima Ciudad Imperial. Al parecer vienen comandados por unos cuatro o cinco hombres, mi señor—informó al emperador.
- ¿Dónde están el general Asakura y los demás capitanes? –
- Ya se les ha avisado del ataque. Están alistándose para salir al combate, su majestad, aunque... –
- ¿Qué? ¡Habla de una vez!—espetó con ira e impaciencia.
- Dos de los generales, Asamoto y Furukawa... están sufriendo síntomas de resaca... Al igual que la mitad de los soldados de este palacio... –
- ¡¡¿¿Qué??!!—su mal humor iba en aumento.
- Según lo que sé, una situación así no había sucedido....—intervino Kikyo – Que extraña coincidencia...—remarcó la última palabra.
- Al parecer, todos son unos inútiles...—apretó el puño y con fuerza golpeó una pared, haciendo que aparecieran grietas en ella – Ustedes dos...—apuntó a un par de sus escoltas –...me harán compañía, mientras los otros tres van al campo de batalla. No hay que dejar que entren a la fortaleza... –
- ¡A sus órdenes, majestad!—los soldados mencionados se retiraron.
- Me parece que hay una especie de complot detrás de todo esto, querido Naraku...—dijo la mujer con una sonrisa misteriosa, mientras apoyaba su cabeza en el hombro del regente – Y creo que sé quién, o quienes, pueden ser las responsables... –
- En este momento eso es lo que menos importa...—entró a su habitación y se vistió. Kikyo hizo lo mismo – Hay que demostrarles a los traidores que no es tan fácil derrocar a este emperador... Los culpables recibirán un castigo en su debido momento... Su merecido castigo...—se quedó en silencio unos segundos – Quédate aquí. Sólo estorbarás durante esta batalla... –
- Me ofende tu comentario, querido... pero bueno, por esta vez lo dejaré pasar... Ya que tienes cosas más importantes que hacer...—tomó su abanico y cubrió la mitad inferior de su rostro con él – Suerte con las plagas... –
- Ya verás que saldré victorioso, como siempre lo he sido—dijo con seguridad e hizo abandono del cuarto, mientras el par de guardias lo seguía.
- Mientras tanto, yo iré a acabar con un insecto específico de esa plaga—rió con maligna satisfacción, cerró su abanico y salió de la habitación, con rumbo incierto.
Las fuerzas de la revolución, en aquel momento, intentaban entrar a la fortaleza. Se habían topado con la primera oleada de soldados del Emperador que intentaban detener el ataque que, a pesar de ver su tropa disminuida en cantidad, no por ello oponían menor resistencia.
Inu Yasha y Sesshomaru habían logrado escabullirse de la masa humana e intentaban entrar al castillo por el sector en el cual la seguridad de éste se hallaba mermada. Aunque tuvieron que pelear con unos cuantos enemigos, ello no les causó gran problema y siguieron adelante.
Kagome avanzaba a través del palacio, acompañada por Yuri y Kaya, de la manera más sigilosa posible. Trataba de no levantar ninguna sospecha acerca de su traición, escondiéndose junto con las mujeres de los soldados con los que se topaban o haciendo parecer como si se dirigieran a luchar, cuando en realidad su objetivo era otro: llegar al subterráneo donde la princesa sospechaba que se encontraba la Perla de Shikon.
Cuando llegaron a la escalera que conectaba con la entrada al subterráneo de la fortaleza, las tres jóvenes se separaron. Kagome les pidió que se quedaran vigilando ese lugar, mientras ella entraba e iba en busca de la Perla.
- Debo darme prisa y verificar si aquella joya realmente está allí o no... Y si lo está, tendré que hallar la forma de sacarla... Por lo que pude notar la vez anterior, está protegida por algunas barreras, por ello su presencia se sentía tan débil...—pensó la princesa.
Tomó una de las antorchas que vio en el corredor, de forma que pudiera iluminar su camino más directamente. Avanzó lo más rápido y sigilosamente que pudo.
- Ahora que lo pienso... los sueños que he estado teniendo últimamente parecen tener relación exclusiva con este día... como si estuvieran anticipando los eventos que van a ocurrir. Si es así, espero que la mayoría no se hagan realidad...—su semblante se mostraba preocupado. ¿De que tratarían aquellos sueños que Kagome mencionaba?
Llegó hasta el sitio donde supuestamente estaba la puerta de entrada a la habitación misteriosa. Comenzó a palpar el muro con sus dedos en búsqueda de las ranuras que había sentido con anterioridad. Cuando las encontró, empujó con fuerza la pared queriendo abrir la puerta, pero aquello no resultó.
Como su intento fue infructuoso, se quedó pensando un momento la forma de traspasar la abertura. Cuando se le ocurrió cómo hacerlo, concentro su poder espiritual en sus manos y las colocó sobre la madera. Luego de unos segundos, las orillas de las ranuras comenzaron a brillar y poco a poco el bloque de madera frente a ella empezó a moverse hacia atrás, y luego hacia un lado, permitiéndole la entrada a "Aome".
El interior de aquella habitación era bastante oscuro. Sólo un elemento brillaba tenuemente al fondo del cuarto: una pequeña esfera, cuyo color original era lila, pero que al teñirse con energías malignas presentaba una coloración de tono morado oscuro, parecida al vino. Era la Perla de Shikon.
Trató de acercarse a ella, pero luego de dar unos cuantos pasos se encontró con una barrera de energía—llamada kekkai—, que le impidió seguir avanzando.
Al estar en esta situación, recordó que en el templo de la Gran Izumi había aprendido el modo de romper kekkai. Era un método algo complicado y desgastante en cuanto a energía espiritual, pero podría lograrlo si es que daba todo de sí.
Sacó el Collar de la Pureza de entre sus vestimentas (las cuales correspondían al traje primaveral de las Princesas de la Muerte), lo colocó en su cuello y lo apretó con fuerza con sus manos.
- Espero que me ayudes, ahora que más te necesito... Allá voy... –
Con una tiza que llevaba en su bolsillo, comenzó a dibujar unos extraños símbolos en el piso, ayudada por la luminosidad que le entregaba la antorcha, la cual había colocado en un sitio donde estuviera estable y le permitiera ver con mayor claridad. Cuando terminó de trazar los signos en el suelo, empezó a realizar diversos y complicados movimientos con sus manos, en las cuales se concentraba cada vez más poder espiritual. Luego de estar así un minuto, apuntó sus dedos índice y medio de ambas manos hacia la kekkai.
- Barrera espiritual desaparece, ¡Ahora!—exclamó a la vez que su energía espiritual acumulada salía expulsada como un disparo de sus dedos y golpeaba directamente a la kekkai, la que comenzó a desaparecer. La respiración de Kagome se hizo irregular, demostrando que le faltaba el aire – Aún quedan dos más... –
Sin aviso previo, un grito femenino resonó a su espalda. Preocupada, dejó a un lado el intento de romper la segunda barrera y se devolvió hacia el pasillo, para ver qué había sucedido. Corrió hacia la escalera que servía para bajar hacia el subterráneo—el sitio de donde provenía la voz—y se encontró con Kaya desmayada en el suelo.
- ¡Kaya! ¿Estás bien?—preguntó preocupada, intentando despertar a la chica.
Escuchó un grito más arriba y se percató de que Yuri también caía. Kagome intentó, como pudo, amortiguar la caída de su compañera, aterrizando ésta sobre la princesa. Por suerte, la última no resultó herida.
- Yuri, Kaya.... Resistan... –
Desde las alturas comenzó a descender una figura, que al principio la joven Higurashi no pudo identificar. Pero a medida que se aproximaba, "Aome" se levantó y comenzó a retroceder, debido al temor y sorpresa que sentía. La persona que menos quería que estuviera allí, había llegado.
- Tal como había sospechado... Aquí tenemos a la traidora...—dijo la imponente silueta, quien al acercarse a la luz se reveló como la futura emperatriz.
- Kikyo... –
- Veo que me llamas sin honoríficos. Eres muy irrespetuosa, ¿sabes? Además de que has traicionado la confianza que te tenía el Emperador... Él quien ingenuamente confió en ti y tu "hermana"...—rió malvadamente – Supongo que el hechizo que sellaba tus recuerdos fue desvanecido, aquel que yo conjuré contra ti...—se abanicó – ¿Cuál es tu verdadero nombre, "Aome"? ¿Acaso es Fuuko, Haruhi, Sakura, o Nami? –
- No—se paró con firmeza – Mi nombre es Kagome... Kagome Higurashi... –
- ¿¡Qué!?—espetó con ira – Así que tú eres la maldita... La maldita que llevó a mi familia a la muerte... ¿Cómo diablos no lo descubrí antes?—hizo una pausa – Podría haberte matado con mis propias manos hace mucho tiempo... –
- Fue mi hermana, Sango Higurashi, quien me salvó... Sí, la mismísima capitana de las Princesas de la Muerte... Por si no lo sabías, Kohaku es otro de mis hermanos... –
- Así que la venganza viene en tamaño familiar, ¿no?—rió sarcásticamente – Lástima que los hermanos mayores no volverán a ver a su querida hermanita menor... Yo me encargaré personalmente de ello—en su mano derecha comenzó a acumular energía maligna y se la lanzó a la princesa, quien apenas logró esquivar la agresión.
El objetivo de Kagome cambió de destruir las barreras que rodeaban a la Perla de Shikon, a defenderse de las letales ofensivas de Kikyo. Intentaba tomar su arco y lanzarle una flecha purificadora, pero los constantes y rápidos ataques de la mujer no se lo permitían.
Como medida desesperada, decidió arrojarse directamente contra la "emperatriz", pretendiendo realizar una técnica—aprendida durante los años de entrenamiento en la fortaleza—que le permitiría noquear a su oponente de forma rápida y "limpia", sin derramar ni una gota de sangre.
Lamentablemente, Kikyo fue más rápida y logró lanzarle una bola de energía maligna, la cual llegó a uno de sus costados, a la altura de su cintura. La herida comenzó a sangrar, limitando los movimientos de la princesa, a la vez que la hizo caer.
- ¿Qué vas a hacer ahora? Así como estás, ni siquiera serías capaz de romper una de las barreras que rodean a la Perla de Shikon... menos aún vencerme—se acercó lentamente a la joven y la tomó por el cuello de su traje, elevándola. Kagome la miraba con enojo – Podría borrar tu memoria nuevamente... y obligarte a ser mi sirvienta por el resto de tu vida, como forma de venganza... Es un plan perfecto, ¿no? –
- Eso es lo que crees...—dijo con dificultad, mientras reunía una gran cantidad de energía espiritual en su mano derecha y procedía a golpear con fuerza a Kikyo en el abdomen. Esto quitó el aire de los pulmones a la mujer, obligándola a soltar a la princesa y provocando que ambas cayeran. La menor de los "Asakura" aprovechó el momento para realizar una especie de "maniobra de lucha", de modo que lanzó a Kikyo a unos cuantos metros de distancia por el aire, quien aterrizó pesadamente sobre el suelo. Debido a ello, Kikyo también comenzó a sangrar, aunque en mayores cantidades que la más joven.
- No te saldrás con la tuya...—las palabras apenas salieron de su boca. Mientras al mismo tiempo Kagome, no exenta de dolor y con un gran esfuerzo, tomó su arco y una flecha, y se preparó para disparar.
- Nunca había asesinado a nadie, pero creo que tu muerte está más que justificada... Eres una amenaza para todos, sobre todo para Inu Yasha y para mí...—tensó su arco.
- ¿Así que Inu Yasha sigue vivo? De haberlo sabido, habría ido detrás de él en vez de Naraku... Seguramente me hubiese preferido a mí, una mujer mucho más atractiva que tú, en todo sentido... –
- No hables así de mi novio—remarcó la última palabra – No me dejaría por una vieja bruja como tú, que confía sólo en sus encantos físicos para atraer a los hombres... Que, por lo demás, pronto dejarán de ser tan encantadores... Dicen que la edad hace estragos en la belleza de una mujer, y con tus años ya debe faltarte poco para eso...—la miró con una sonrisa despectiva, mientras seguía apuntándola con una flecha purificadora.
- ¡Mujer insolente! Sólo tengo cuatro años más que tú... –
- Por tu apariencia, yo diría que la diferencia es el doble o el triple... Pero no importa, ya que morirás "joven y bella", en mis manos...—nunca había tenido tantos deseos de matar a alguien como en ese instante. Soltó la flecha, la cual se dirigió hacia el corazón de la "emperatriz", clavándose directamente en él.
Los ojos de Kikyo se abrieron grandes de la impresión y el dolor. Sentía como su pecho ardía, como si fuego se expandiera desde sus entrañas hasta la punta de sus cabellos.
- Maldita... ¡Maldita Kagome!—intentó levantarse para arremeter contra la princesa, pero sólo avanzó unos metros antes de caer, provocando que la flecha se enterrara más profundo dentro de su corazón. Miró con inmenso odio a la joven – Yo te maldigo... Aunque logres vencer a Naraku.... Tu final no será feliz... No señorita... Sufrirás una muerte dolorosa y lenta... Quienes más te quieren sufrirán mucho, mirando impotentes como no pueden hacer nada por salvarte... Así como tú me quitaste mi felicidad... Yo... Yo te... te quitaré.... la... la tuya... Higurashi... Kagome...—fueron sus últimas palabras, antes de fallecer.
La joven cayó exhausta al suelo. Su herida sangraba aún más y su visión comenzaba a ser borrosa.
- No puedo desmayarme ahora... Tengo que... Tengo que obtener la Perla de Shikon... a como dé lugar...—se arrastró lentamente hacia la habitación donde estaba la joya.
Se puso de pie apoyándose en un muro. Al intentar caminar se percató de que su tobillo derecho se había torcido, lo que hacía su avanzar mucho más lento.
Se ubicó sobre los símbolos que con anterioridad había dibujado sobre el suelo y procedió a seguir con sus encantamientos para abrir el resto de las kekkai, mientras la herida de su costado seguía sangrando.
Logró romper la segunda barrera y volvió a caer al suelo, rendida. Sentía que no tenía fuerzas ni para mover un dedo. Con lentitud y esfuerzo rasgó parte de su vestimenta y con ello improvisó vendas para detener la hemorragia.
Reunió toda la fuerza de voluntad que le quedaba y se levantó una vez más. Tan sólo le faltaba romper la última kekkai y obtendría la perla que tanto ella como Inu Yasha ansiaban. Casi cae nuevamente, si no hubiese sido porque el Collar de la Pureza comenzó a brillar, envolviéndola en una cálida luz. De esta forma, le brindó parte de los poderes que guardaba en su interior, y que había ido recolectando desde el día en que la princesa lo portaba alrededor de su cuello.
- Gracias—dijo en un susurró mientras volvía a ponerse de pie dispuesta a, de una vez por todas, obtener esa joya.
Realizó por última vez los conjuros necesarios para poder traspasar la kekkai. Esta vez le tomó unos minutos más romperla—ya que, al ser la más cercana a la Perla de Shikon, era la más fuerte—pero lo logró. Un enorme sentimiento de satisfacción la invadió y una sonrisa apareció en su rostro, mientras se acercaba y tomaba la gema en sus manos.
- Al fin... la conseguí...—la colocó en el orificio central del Collar de la Pureza, lo que trajo como consecuencia que la perla comenzara a purificarse – Ahora... debo salir de aquí...—tomó una vara de madera que encontró tirada en el piso, se apoyó en ella y empezó a caminar.
Sango se encontraba en el campo de batalla. Su ayuda era muy útil, ya que los soldados de Naraku se confiaban al verla y no sospechaba que segundos después, ella los dejaría fuera de combate con un certero golpe en la cabeza. Quienes alcanzaban a ver sus acciones no se dejaban engañar y oponían resistencia, pero después de unos segundos no había nada que pudieran hacer contra ella. El resto de las Princesas de la Muerte ayudaba del mismo modo.
Aunque se hallara rodeada de guerreros, logró encontrarse con su novio, Miroku, quien sonrió aliviado al verla.
- Parece que no necesitas ayuda—le dijo el chico cuando vio como la princesa acababa con dos de sus enemigos a la vez, luego de dar un salto y ubicarse tras ellos.
- Tampoco tú...—le respondió, al observar la forma en que, con su espada, él había bloqueado el ataque proveniente de un par de soldados, para después repelerlos con fuerza.
- Me entrené con los mejores—rió, refiriéndose a Sesshomaru e Inu Yasha.
En otro sector de los alrededores de la fortaleza, Kazuru y Harumi habían decidido unirse a la lucha, lanzando hábilmente flechas desde la cima de un árbol, lo que les permitía atacar a sus enemigos a distancia y sin ser detectadas. Al momento en que se les acababan las "municiones", la Gran Izumi y otras sacerdotisas—que no se encontraban atendiendo heridos en esos instantes—se las proporcionaban.
- Recuerda no apuntar a los puntos vitales...—le dijo Kazuru a su hermana menor – Sólo a las extremidades, de forma de inmovilizarlos... –
- Sí, lo tengo más que claro—le contestó Harumi mientras tensaba su arco y lanzaba una flecha, la cual llegó directamente al brazo de un soldado, impidiéndole usar su espada. La mayor de las Tsukishirô siguió lanzando ataques certeros, concentrándose en los arqueros ubicados en la parte más alta de los muros que rodeaban el castillo.
Kohaku se hallaba en el campo de batalla, al igual que sus compañeros.
- ¡¡Atención, soldados!!—el joven llamó la atención de los hombres ubicados a su alrededor – Tengo algo que informarles. Oficialmente declaro que he traicionado al Emperador. Fui yo uno de los que planeó la forma de disminuir la seguridad de la fortaleza de modo que los revolucionarios pudieran entrar –
- ¡No puede ser!—decían algunos incrédulos.
- El mismísimo General Asakura decidió ir en contra de su majestad...—comentaban otros, incrédulos también.
- Así es. Quienes no quieran enfrentarse contra mí, pueden escapar en este instante. Las personas que se sientan lo suficientemente fuertes como para derrotarme, vengan y atáquenme si pueden—sonrió con autosuficiencia.
Muchos retrocedieron, pero otros estaban dispuestos a pelear contra Kohaku para defender a Naraku y su honor. Empezaron a atacarlo desde varios flancos, intentando acabar enseguida con el traidor, pero éste no se los permitió. Usando las dos espadas que portaba en su cinto, tomó una en cada mano y bloqueó las ofensivas. Con destreza manejó sus armas y fue venciendo a cada uno de los enemigos que se opusieron a él. El resto perdió el valor, así que prefirió evadir el peligro y se retiró. El general rió con satisfacción, mientras seguía dejando hombres fuera de combate.
Sesshomaru e Inu Yasha avanzaban a través del castillo. En su camino se encontraron con un sin fin de enemigos, pero fueron derrotándolos uno a uno. Hasta el momento no habían dado con la ubicación de Naraku. Lo habían buscado en la mayoría de los puntos que Sango les había mencionado en su reunión, hace dos semanas atrás. Parecía como si el hombre fuese cambiando constantemente de lugar.
En uno de los corredores se encontraron con el General Furukawa, quien parecía haberse recuperado mayormente de sus síntomas de resaca. Trataron de acabar con él rápidamente, pero éste oponía bastante resistencia, dando a entender el porqué de la decisión del Emperador de nombrarlo General.
El mayor de los Taisho decidió que él enfrentaría al hombre, mientras el menor iba en busca de su objetivo. Siguió dando vueltas por el palacio, hasta que dio con él. Se encontraba en el salón principal de la fortaleza.
- Así que aquí estabas—le dijo el príncipe, mientras desenvainaba a Tetsusaiga, su espada.
- ¿Y quién eres tú?—le preguntó despectivo – ¿Un mocoso que acaba de dejar los brazos de su madre...? –
- No. Gracias a ti, mi madre falleció hace 6 años... También mi padre... pero no lograste acabar conmigo ni con mi hermano... –
- No me vengas con acertijos, que no tengo tiempo para pensar en ellos... Dime quién eres. Así, acabaré más rápido contigo...—su voz denotaba irritación.
- Soy Inu Yasha Taisho. Es un gusto volver a verlo, querido Emperador Naraku Yamino—dijo con ironía.
- ¡¡Yo pensé que habías muerto!!—estas palabras salieron de su boca con ira.
- Ya ves que no... Y he venido a recuperar lo que es mío... ¡¡El reinado de Japón!!—se lanzó al ataque, pero Naraku logró defenderse al desenvainar su espada con agilidad.
- Ni creas que me vencerás tan rápidamente, mocoso... Si logré asesinar a Inu Taisho, fue por mis habilidades...—con fuerza lo lanzó lejos.
- Eso no importa, porque yo me encargaré de vengarlo... De esa forma, estará orgulloso de mí donde quiera que esté...—lo contraatacó con intensidad, continuando con un choque de espadas e intercambio de ofensivas que no daba tregua a ninguno de los dos.
Respecto a la situación general de la batalla, podía decirse que las fuerzas aliadas estaban tomando la ventaja poco a poco. El elemento sorpresa había jugado en su favor, permitiéndoles vencer a una gran parte de los soldados del Emperador.
Harumi y Kazuru habían decidido bajar del árbol donde se hallaban y enfrentar a los enemigos de forma más directa. Seguían lanzando sus flechas a las extremidades de los soldados para paralizarlos. Luego otros aliados se encargaban de quitarles sus armas y noquearlos.
Las Princesas de la Muerte que había traicionado a Naraku no tenían un trabajo fácil, debido a que era hora de enfrentarse a sus ex-compañeras, aún fieles al malvado Emperador. Éstas últimas—Hayami, Ame, Satsuki, Kasumi y Kotoko—no daban tregua, atacando con todo lo que tenían para acabar con las traidoras.
- No vamos a perdonarlas—dijo Ame.
- ¡Malditas traidoras!—dijo Hayami.
- ¿Olvidaron todo lo que nuestro señor hizo por nosotras?—dijo Kotoko.
- Si, en primer lugar, no hubiese enviado a arrasar las aldeas donde vivíamos junto con nuestras familias, no estaríamos aquí—se defendió Erina, mientras intentaba noquear a una de sus ex-compañeras.
- Así es—dijo Sakura, a la vez que lanzaba un ataque con sus dagas, que inmovilizó a Satsuki.
De esta forma siguió la pelea entre las Princesas de la Muerte, hasta que luego de mucho esfuerzo, las aliadas lograron vencer. Quedaron agotadas, por lo que decidieron refugiarse para reponer energías.
En esos mismos instantes, Kagome intentaba despertar a Kaya y Yuri, quienes habían sido dejadas inconscientes por la ya fallecida Kikyo. Momentos antes había rezado por el descanso del alma de la difunta ya que, aunque ésta hubiese causado mucho daño, también había sufrido mucho en el pasado.
Cuando logró despertar a sus compañeras, la princesa sonrió con alivio. Entre todas se ayudaron a pararse y emprender el camino por las escaleras. Claramente, "Aome" era quien se encontraba en peores condiciones. Su herida en un costado seguía sangrando y su pie torcido no le hacía muy fácil avanzar. Yuri y Kaya la auxiliaron, colocándose una a cada lado de la joven Higurashi, sirviéndoles de apoyo.
- Gracias—les dijo, a medida que subían por los peldaños. La Perla de Shikon descansaba en el Collar de la Pureza, que Kagome portaba en su cuello.
- No hay de qué...—dijo Kaya.
- Debemos agradecerte a ti por haber acabado con Kikyo...—dijo Yuri – Nos salvaste de esa bruja... –
- ¿Hacia dónde debemos ir? –
- ¿Podrían llevarme hacia el salón principal? Siento que algo está sucediendo allí...—dijo "Asakura".
- Vamos para allá—dijo Yuri, mientras cambiaban su rumbo.
La batalla entre Naraku e Inu Yasha continuaba. Ninguno de los dos retrocedía ante el otro. El príncipe demostraba que el entrenamiento al que se había sometido todos esos años estaba dando frutos, a la vez que el Emperador manifestaba que sus años de experiencia no eran en vano.
- Eres más molesto de lo que pensé...—dijo Naraku.
- No sé si tomar aquello como un halago o un insulto—dijo Inu Yasha con una sonrisa.
- Créeme, de mí no recibirás buenas palabras...—lo atacó con fuerza, intentando darle con su espada en uno de sus puntos vitales, pero el príncipe logró bloquearlo.
- No me vencerás... No lo permitiré—dijo mientras se lanzaba contra su enemigo.
- No quería usar este truco, pero veo que no me dejas otra opción. Ya estoy harto de tu palabrería... –
En la mano en que portaba su katana, comenzó a acumular energía maligna, que luego dirigió contra Inu Yasha. El último intentó defenderse, pero debido a la intensidad del ataque no lo logró, por lo que fue expulsado lejos y chocó contra una de las paredes, quedando en el límite de la consciencia e inconsciencia.
- ¡Ja!—dijo Naraku con satisfacción – Es hora de que acabe contigo...—se acercó con lentitud.
En el mismo momento, Kagome seguía avanzando hacia el salón donde se llevaba a cabo la batalla. Tenía un muy mal presentimiento.
- Necesito llegar allí cuanto antes...—pensó.
Pero, en ese instante, parte del techo cedió y cayó. Yuri y Kaya lograron soltar a la princesa, quien aterrizó en el suelo, aunque al otro lado de los escombros.
- ¿Estás bien?—preguntó Kaya – ¿No te lastimaste aún más? –
- No se preocupen. Yo seguiré mi camino hasta el salón principal—respondió Kagome, mientras se apoyaba en su arco para poder levantarse – Ustedes salgan de este lugar... Es posible que haya más derrumbes... –
- Pero...—dijo Yuri – No podemos abandonarte... –
- Ya les dije: no se preocupen por mí. Estaré bien... Sé cómo cuidarme... –
- Ten mucho cuidado, por favor... –
- ¡Nos veremos fuera de la fortaleza!—de aquella manera se despidió y siguió con su camino. El sitio al que quería llegar no estaba muy lejos – Collar de la Pureza, dame fuerzas para poder seguir adelante... –
En las afueras de la fortaleza, la situación parecía indicar una victoria casi segura para las fuerzas aliadas. Sango y Miroku seguían peleando juntos, ayudándose en caso de que el otro estuviera en peligro. Sesshomaru había logrado vencer al general Furukawa, pero el pelear con otros soldados lo había obligado a abandonar los interiores del castillo. Kohaku se había unido al ex-heredero al trono en su lucha. Rin entregaba su apoyo desde la retaguardia, junto con la Gran Izumi y otras mujeres, dando auxilio a los heridos.
Mientras tanto, Harumi y Kazuru se habían adentrado en la fortaleza. Ayudaban a todos los heridos que podían a la vez que se defendían de quienes arremetían contra ellas.
- Hermana...—dijo Harumi.
- ¿Qué pasa?—preguntó la mayor, Kazuru.
- Siento una opresión muy fuerte en mi pecho... Tengo un mal presentimiento –
- ¿Tú también?—la miró preocupada.
Segundos después, múltiples explosiones se oyeron en los alrededores, provenientes desde dentro del palacio. Muchos escombros comenzaron a caer, poniendo en peligro la vida de quienes estaban en las cercanías.
- Vámonos de aquí—dijo Kazuru mientras tomaba la mano de Harumi y ambas corrían.
- Quedémonos cerca por si alguien nos necesita... –
- Sí, pero a una distancia prudente del castillo. Si algo nos aplasta, ya no podremos prestarle ayuda a nadie. Además, sería una muerte en vano... –
- Tienes razón—asintió y obedeció a su hermana.
Dentro de la fortaleza, y cerca del salón principal, Kagome utilizaba las pocas energías que le quedaban para seguir caminando. Trataba de apurarse lo más posible, pues algo en su interior le decía que debía estar allí, ahora.
Cuando abrió las puertas de la habitación, se encontró con una escena que la llenó de una mezcla de temor y odio: Naraku tenía tomado del cuello a un Inu Yasha inconsciente, que sangraba tanto en su cabeza como en su brazo izquierdo. Los ojos del Emperador demostraban claramente su intención de acabar de una vez por todas con el príncipe.
- ¡Muere, maldito Inu Yasha Taisho!—dijo lleno de rencor, mientras dirigía su espada dispuesto a enterrarla en el corazón del joven.
Kagome no lo pensó dos veces. Reunió toda la energía espiritual que le quedaba, y la que el Collar de la Pureza le proporcionó, en la última flecha que poseía, y tensó el arco.
- ¡¡No te lo permitiré, Naraku!!—exclamó a todo pulmón. El Emperador se giró para observarla.
- ¡Aome! ¡Así que tú eres la traidora! ¡Te mataré al igual que a este sujeto!—miró al desmayado príncipe.
- No soy Aome, soy Kagome. ¡¡Kagome Higurashi!!—lanzó la flecha purificadora, la que dio en el estómago de su enemigo causándole un inmenso dolor, tanto por el hecho de enterrarse dentro de él como por la energía pura que emanaba de ella. La sangre comenzó a manchar su atuendo real.
La princesa tuvo que afirmarse en su arco para no caer de rodillas; su respiración era muy entrecortada, debido a que el aire había abandonado casi completamente su cuerpo. Naraku retrocedió unos pasos, pero no se desplomó en el suelo. Lleno de cólera, empezó a concentrar energía maligna en su mano derecha.
- Si me tengo que ir a la tumba, ¡¡Te llevaré conmigo, maldita traidora!! –
Lanzó su amenazante ataque contra la princesa, quién no pudo hacer nada para defenderse. Aquel poder la golpeó en el abdomen, reabriendo su herida en el costado. Agonizante, cayó al suelo inconsciente.
En los segundos anteriores, Inu Yasha poco a poco había ido recuperando su estado de consciencia. Sin que Naraku se percatase, se fue levantando poco a poco. El joven no había notado que su novia estaba en el salón, ya que su atención se concentraba en terminar con el origen del mal que azotaba al país.
Cuando el Emperador se sostuvo en su espada para no caer debido al ataque recién lanzado contra Kagome, Inu Yasha aprovechó el momento para contraatacarlo.
- ¡¡Prepárate para tu fin, Naraku!!—Tetsusaiga brilló con un resplandor plateado, que demostraba que el arma estaba a su máximo potencial. La apariencia de Inu Yasha cambió por unos segundos, reemplazando el color de sus ojos café por dorado, y su cabello negro por plateado.
El Emperador intentó defenderse, mas no lo logró. La espada del joven príncipe se enterró de lleno en su corazón, debilitando al hombre por completo, quién se desplomó en el piso.
- Aunque hayas acabado conmigo... Me llevaré lo más preciado para ti... al infierno conmigo...—sonrió con satisfacción, a la vez que daba su último respiro y fallecía.
Inu Yasha—quién volvió a su apariencia normal, y tenía un sentimiento de satisfacción por haber vencido a su mayor enemigo—no entendió lo que el ex-Emperador quiso decir, hasta que se dio media vuelta y vio a Kagome en el suelo, muy pálida. Le costaba mucho respirar y se podía apreciar que la vida la abandonaba a cada segundo que pasaba. En ese momento entendió que la flecha enterrada en el ahora inerte cuerpo de Naraku, había sido lanzada por la princesa.
Desesperado, se acercó a su novia, la tomó entre sus brazos e intentó hacerla reaccionar.
- ¡Kagome! ¡Despierta, por favor!—a medida que intentaba hablarle, se dirigía rumbo a la salida de la fortaleza, la cual seguía derrumbándose poco a poco.
Ya casi no quedaban soldados del ex-Emperador sin derrotar. Unos cuantos hombres intentaron emboscar al príncipe, al verlo indefenso cargando a la joven. Pero no lo lograron. Sango, Sesshomaru y Miroku los defendieron, acabando con las amenazas.
- ¿Qué le pasó a Kagome?—preguntó Sango, palideciendo de preocupación.
- La encontré en el suelo, inconsciente y malherida...—le respondió el príncipe con temblor en su voz. Se podía percibir la perturbación que sentía, por el temor a perder a la joven nuevamente.
- Llevémosla con las sacerdotisas—dijo Sesshomaru – Ellas podrán curar sus heridas –
Con agilidad se dirigieron hacia la retaguardia. Kohaku se les unió en el camino, espantando a la poca resistencia que quedaba.
De la nada, pudieron observar como una esfera blanca y etérea salía del cuerpo de la moribunda princesa, y se movía en dirección al cielo. Aquello les pareció extraño, pero no se detuvieron. El fenómeno se repitió unas cuantas veces, hasta que alcanzaron su destino. Allí recostaron a Kagome, donde Rin vendó las heridas más graves.
- ¡Kagome-san!—exclamó Harumi, preocupada, mientras corría hacia ella.
- ¿Qué le sucedió?—preguntó Kazuru, tomando el pulso de la princesa. El heredero al trono se lo explicó.
- Tiene mucha energía oscura dentro de ella... Y, como agotó sus poderes espirituales durante el transcurso de la batalla, no es capaz de defenderse del poder malvado...— declaró la menor de las Tsukishirô – Esto debe haber sido provocado por un ataque del Emperador Naraku, o alguien con poderes similares... –
- Además, esa misma energía negativa está expulsando las almas de su cuerpo... Deben haberlas visto: son esferas de color blanco, algo traslúcidas...—explicó la mayor.
- Sí, las vimos...—respondió Sango – Unas seis o siete salieron de su cuerpo en el trayecto hacia aquí... –
- Eso es malo... Muy pronto se quedará sin almas, lo que la llevará a su muerte... –
- ¿Y qué podemos hacer para evitarlo?—preguntó Inu Yasha, desesperado.
- Intentaremos expulsar la energía maligna dentro de ella. De esta manera, las almas deberían dejar de escapar de su cuerpo—observó a su hermana menor, la cual asintió.
Ambas sacerdotisas colocaron sus manos a la altura del corazón de Kagome. Concentraron su energía espiritual por el transcurso de un minuto, y luego la transfirieron hacia la princesa.
Los presentes pudieron observar cómo un aura oscura abandonaba el cuerpo de la joven Higurashi. El Collar de la Pureza y la Perla de Shikon reaccionaron ante esto y desprendieron un pequeño resplandor plateado.
Luego de proseguir con el proceso por un par de minutos, Kagome, poco a poco, abrió sus ojos con dificultad. Quienes estaban a su alrededor soltaron un suspiro de alivio y sonrieron.
- ¿Estás bien?—le preguntó su novio, quien se arrodilló a su lado y colocó la cabeza de la chica en su regazo.
- Inu... Yasha...—dijo con un hilo de voz – Que bueno... que estás... a salvo...—su rostro mostró una pequeña sonrisa, para luego respirar profundo. Podía apreciarse que tenía dificultades para respirar.
- Iré a traer a la Gran Izumi—dijo Harumi y se retiró.
- ¿Y Naraku? –
- Ya no existe en este mundo...—le explicó el príncipe – Ya no será una molestia nunca más... –
- Me alegra... Escuchar eso...—cerró sus ojos un momento y luego los abrió – Disculpa por no... por no poder... cumplir... mi promesa... –
- ¿A qué te refieres?—le preguntó, pero luego lo recordó. Aquello había ocurrido hace un mes.
*** Flashback (del Capítulo 38) ***
- Entonces quiero que hagamos una promesa—ahora era él (Inu Yasha) quién la observaba decidido.
- ¿De qué se trata?—preguntó (Kagome) con la curiosidad de una niña.
- Hay algo que tengo para darte... –
- ¿En serio? ¿Y qué es?—preguntó ansiosa por saber.
- Es un secreto...—sonrió – Pero lo sabrás una vez que todo acabe...—dijo, refiriéndose a la batalla con Naraku – Siempre que me prometas que, pase lo que pase, regresarás a salvo a mi lado... ¿Lo prometes? –
- Sí, lo prometo—sonrió.
*** Fin del Flashback ***
- No me queda... mucho tiempo... –
- No digas eso—intervino su hermana, Sango – Kazuru y Harumi expulsaron la energía maligna que residía en tu cuerpo... –
- Pero Kikyo... lanzó una maldición contra mí... antes de morir... y eso no me permitirá... recuperarme...—hizo una pausa para recobrar la respiración – Lo que ella pronosticó... se está cumpliendo...—su piel palideció aún más y su cuerpo cada vez se ponía más helado. Inu Yasha, al notar esto, la abrazó para darle calor.
- No te dejaré morir. No te perderé una vez más...—dijo el chico.
- Mi querido Inu... Aunque ya no... no esté en este mundo... Siempre te amaré y protegeré... A tu alrededor hay... mucha gente que te quiere y apoya... No estarás solo...—con esfuerzo puso una de sus manos en la mejilla del príncipe, tratando de confortarlo. Él la cubrió con la suya, tratando de entibiarla.
- No sigas hablando... Debes descansar...—dijo casi como una súplica.
- Inu Yasha, Sango, Miroku, Sesshomaru, Rin, Kohaku... Gracias por todo... Con ustedes fui muy feliz... y aprendí muchas cosas—los miró con gratitud – Fueron una gran compañía... –
Sango y Rin, quienes eran conocidas por su fortaleza, rompieron a llorar debido a que sentían que la posibilidad de salvar a la joven escapaba de sus manos. Los hombres—Kohaku, Sesshomaru, Miroku—se sentían impotentes al no poder hacer nada por su hermana y compañera.
Los pétalos de los cerezos, que acababan de florecer, danzaban en el aire. En los alrededores podía apreciarse que la lucha había acabado. Los últimos soldados de Naraku habían sido reducidos y apresados. Los hombres de los aliados descansaban en el suelo, exhaustos, ajenos a la triste escena que en esos momentos se gestaba a una corta distancia.
- También les agradezco a ti, Kazuru, a Harumi y a la Gran Izumi... Sin su ayuda y enseñanzas no podría... haber obtenido... la Perla de Shikon...—acarició el objeto con la mano que le quedaba libre – Con esta joya... serás el legítimo Emperador de Japón... Inu Yasha...—se la entregó – Te la mereces—sonrió. Se podía percibir que el futuro Emperador hacía grandes esfuerzos por retener sus lágrimas.
- No te vayas... No sé que haré sin ti...—le susurró al oído.
- Eres muy fuerte... Podrás gobernar a este país... de forma justa... Todos sus habitantes... te respetarán...—cerró sus ojos – Y serás reconocido... en la historia de Japón... como un gran Emperador... él que le devolvió la paz y esperanza a su pueblo...—otra de sus almas abandonó su cuerpo y ascendió al cielo.
La joven comenzó a recordar muchos de los momentos importantes de su vida: los días en que jugaba alegremente con sus hermanos Kohaku, Souta y Sango mientras sus padres los observaban, cuando entrenaba por primera vez en el templo de la Gran Izumi, el momento en que se encontró con un pequeño Inu Yasha, cuando purificaba la Perla de Shikon e Izayoi—madre de su prometido—la observaba atentamente, el día del Golpe de Estado, cuando Sango la había salvado y llevado al palacio, los arduos días de entrenamiento, su reencuentro con Inu Yasha—esta vez como su enemigo—, sus aventuras en el viaje hacia el castillo Higurashi, cuando recobró su memoria—perdida por más de 5 años—, entre otros sucesos. Luego de ello, volvió a abrir los ojos.
- ¿Por qué Harumi y la Gran Izumi tardan tanto?—pensó Kazuru, preocupada. Estaba casi segura de que la sabia mujer sabría que hacer para evitar aquel desenlace fatal que se aproximaba rápidamente.
- Creo que... es hora de partir...—sentenció la princesa. Percibía como su cuerpo casi no respondía: aunque lo intentaba, ya no podía mover ni sus piernas ni sus brazos. Sentía como si un gran peso la aplastara – Dejo la finalización de nuestra misión, en sus manos... Inu, acércate un poco...—el príncipe la obedeció. Con esfuerzo, Kagome depositó un suave beso en los labios de su novio – Te amo...—sonrió y sus ojos comenzaron a cerrarse lenta y completamente. La mano que Inu Yasha sujetaba con suavidad se deslizó de entre las suyas y aterrizó en el suelo.
- No, no, no...— negaba Inu Yasha, mientras las lágrimas se abrían paso por su varonil rostro – Esto no puede ser cierto... No puede serlo...—intentaba autoconvencerse de que la jovencita sólo dormía.
Tampoco los otros podían contener la tristeza que invadía sus corazones. Su querida hermana, compañera y amiga se había ido. Tal como había declarado con anterioridad, sacrificó su vida para alcanzar la paz de Japón.
- Abre los ojos, por favor... No me dejes, no lo hagas... Kagome... ¡¡Kagomeeeeeeee!! –
Notas de la Autora: Este capítulo lo finalizé antes de lo que esperaba. Gracias a Dios, la inspiración me acompañó en la realización de este escrito, el cual me dejó bastante satisfecha... Espero que a ustedes también les haya gustado el desarrollo de los distintos eventos que sucedieron.
No se preocupen, este no es el fin de la historia. Aún queda un capítulo más. Y el destino de Kagome puede no estar del todo decidido... La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Así que tengan fe en que las cosas pueden mejorar, aunque sea un poco :)
Espero que me digan apoyando hasta el final, que ya está muy cercano! El capítulo 41 será el último, pero puede que escriba un pequeño epílogo después de aquel escrito. Veré lo que puedo hacer XDD
Me alegraría mucho que me dejaran sus comentarios para saber qué opinan acerca del climax de esta historia que ha estado en mi mente por casi 4 años. De verdad aprecio mucho los reviews que me escriben, y he intentado responder a aquellas personas que dejaron uno en el capítulo anterior (los que escribieron su dirección de email o están suscritos a Fanfiction). Si quieren que les responda, por favor escriban su email dentro del review o escribanme con su cuenta de usuario de Fanfiction!
Bueno, ahora me retiro. Les deseo lo mejor en los días que separen este capítulo del último! Cuídense mucho!
Nos veremos!
Dany-Chan
