Buenos días – tardes – noches, mis queridos lectores y lectoras.
Me enorgullece presentar ante ustedes el último capítulo de esta historia, Oportunidad de Vivir, la cual comencé a escribir en el verano del año 2005. Cuatro años después, en el verano del 2009, esta larga travesía llega a su fin.
Espero que, tanto como yo he disfrutado escribiendo las aventuras de Inu Yasha y compañía, ustedes también hayan disfrutado la lectura.
Les doy mis más sinceros agradecimientos por acompañarme y darme su apoyo durante la realización de este fic, tanto a quienes estuvieron conmigo desde el principio como a quienes se unieron posteriormente, incluídos quienes comenzaron a leer cuando ya me faltaba poco para finalizar.
(Una pequeña nota antes: Me encantaría poder dar respuesta a todos los reviews que recibiré en este capítulo. A quienes tengan una cuenta de usuario aquí y dejen su review con esa modalidad les responderé a través del sistema de Fanfiction. A los que no, les pido que escriban su dirección de email junto con su comentario. No se preocupen, no le daré ningún uso malicioso a su dirección de correo electrónico xD Mi intención es agradecerles por haber leído esta historia hasta el final y darse el tiempo de comentarla, además de responder cualquier duda que tengan n.n)
Sin querer interrumpirlos más, doy paso al último capítulo. Espero que sea un final satisfactorio para todos ustedes! Allá va!
"Oportunidad de Vivir"
Capítulo Final (41): Por el Futuro que nos Espera
El grito desolado de Inu Yasha resonó varios metros a la redonda, atrayendo la atención de muchos de los soldados que se encontraban en los alrededores, incluyendo a Souta y su padre—Tetsu Higurashi—, a quienes los recorrió un escalofrío, acompañado de un mal presentimiento. Sin pensarlo, corrieron hacia el lugar de donde había provenido el lamento del príncipe.
El "espectáculo" con el que se encontraron era desolador. Inu Yasha estaba arrodillado junto a la princesa, tomando una de sus manos con fuerza. El flequillo ocultaba el rostro de apuesto joven. Sango sollozaba desconsoladamente en el hombro de Miroku, quien la abrazaba y mantenía su vista perdida en el horizonte. Algo similar sucedía con Sesshomaru y Rin. Kazuru sólo podía limitarse a observarlos, conteniendo la pena que la acongojaba.
Kohaku observó a sus recién llegados familiares con una sonrisa melancólica—la cual indicaba que se alegraba de reencontrarse con ellos después de tantos años, pero que la situación actual lo entristecía profundamente—, quienes se percataron de la realidad a los pocos segundos de haber llegado. Se negaban a creer tan triste acontecimiento.
A sólo unos pocos metros de allí, Harumi llegaba junto con la Gran Izumi. Ambas se habían tardado más de la cuenta puesto que algo importante las había detenido, lo cual procederían a explicar a quienes estaban en el lugar en ese instante. La mujer mayor llamó la atención de todos.
- Escúchenme, por favor—dijo la sacerdotisa – No todo está perdido...—hizo una pausa para recuperar el aire que había perdido al apresurarse para llegar junto a ellos – Aún hay una esperanza... –
Inu Yasha levantó su rostro, observándola con una mezcla de tristeza y esperanza, al mismo tiempo que sostenía a su amada entre sus brazos.
- Kagome... Ella no ha fallecido...—los presentes contuvieron la respiración – No aún—declaró mirándolos a los ojos.
- Su excelencia, La Gran Izumi, a percatarse de que no llegaríamos aquí a tiempo, decidió hacer un conjuro—dijo Harumi.
- Así es. La función de este hechizo es no permitir que más almas escapen del cuerpo de la princesa... Y su efecto posterior fue inducirla a entrar en un estado de coma, debido a la poca cantidad de almas que permanecen en su interior...—explicó Izumi – Aunque es necesario aclararles que esto sólo durará un par de horas... –
- Si no hacemos algo antes de que ese lapso de tiempo finalice, Kagome perecerá de forma definitiva e irreversible... –
- ¿Y qué es lo que debemos hacer?—preguntó Sango.
- Un antiguo ritual, que puede realizarse excepcionalmente una vez cada cien años. Pero debo advertirles que conlleva riesgos... –
- ¿Qué clase de peligros?—preguntó Kohaku.
- Primero les explicaré parte del procedimiento. Se necesita de un grupo de personas que se ofrezca para donar parte de su energía vital para la ejecución de este ritual, además de otra agrupación de sacerdotisas dispuestas a utilizar buena parte de sus poderes espirituales. Concentraremos toda esa energía para intentar llamar a las almas que han escapado del cuerpo de la princesa, de modo que vuelvan a entrar en él. Al entregar esa cantidad de poder, quienes participen en el rito quedarán extremadamente cansados y deberán descansar por alrededor de una semana—hizo una pequeña pausa y prosiguió – Además, y esto es lo más importante, les advierto que este ritual NO asegura que las almas de Kagome efectivamente regresen... Si nos tardamos demasiado, puede que su esencia ya se haya dirigido al descanso eterno, por lo que deberemos liberar lo que queda de ella en nuestro mundo, para que alcance el reino celestial de forma íntegra. Otro riesgo presente es que sólo parte de sus almas regresen con nosotros: la consecuencia de esto será que el cuerpo de Kagome podrá moverse, pero la joven jamás podrá recuperar su conciencia. Sería como una muñeca viviente... –
- Y en ese caso, ¿Qué podremos hacer?—preguntó Tetsu, el padre de la chica, tratando de mantener la calma.
- No nos quedará otra opción que dejar partir definitivamente su esencia... O estaremos arriesgando que Kagome jamás pueda descansar en paz... y deambule entre ambos mundos eternamente... –
- Yo me ofrezco para entregar toda la energía que sea necesaria—dijo Inu Yasha decidido.
- También yo—respondió su único familiar, Sesshomaru.
- Cuenten comigo—dijo Sango.
- Y conmigo—la respaldó Rin.
- Con nosotros también—dijeron Kohaku, Souta y Tetsu.
- No se olviden de nosotras—dijeron Kazuru y Harumi.
- Me alegra oír eso—dijo la Gran Izumi – Ahora es preciso que nos traslademos al templo más cercano. Necesitamos un lugar sagrado donde llevar a cabo el ritual –
El grupo asintió. Buscaron un carruaje tirado por caballos, donde recostaron a la princesa con extremo cuidado. Inu Yasha no soltaba su mano, aún cuando se movilizaban, mientras Rin, Kazuru, Harumi y la Gran Izumi estaban a su lado.
Kohaku y Sango guiaron y lideraron al grupo, puesto que ellos sabían donde se ubicaba el sitio que buscaban—ya habían ido a un santuario unas semanas atrás—. El resto los seguía montados a caballo o sentados en otra carreta, además de otros voluntarios quienes se ofrecieron a participar en el ritual.
Alrededor de unos 50 minutos después, llegaron al recinto sagrado. Les explicaron a monjes y sacerdotisas que habitaban el lugar su delicada situación y lo que planeaban hacer. Al principio se mostraron reticentes a dar su aprobación, pero después de que la Gran Izumi les diera buenos argumentos y usara su poder de persuasión, los moradores del templo accedieron a cederles el sitio para realizar el ritual.
Los guiaron por los corredores del templo, en dirección al salón principal donde se daban las condiciones adecuadas para el rito. Inu Yasha cargó a Kagome hacia un cuarto lateral, donde Sango y Rin prepararon a la princesa, limpiando sus heridas y vistiéndola con un kimono blanco con finos bordados, sin retirar el Collar de la Pureza de su cuello. Éste serviría como canalizador de energía, tanto vital como espiritual.
* * * * * * * * * *
Caminaba por un lugar que no conocía—el cual parecía una especie de montaña, tan alta que se perdía entre las nubes—, hasta que se encontró con una gran fila conformada por gente vestida de blanco. La mayoría parecía tener una mirada vacía, como si no tuviesen un propósito claro para seguir existiendo, o lo estuviesen perdiendo poco a poco. Aquellas personas eran muy distintas entre sí: había desde niños hasta ancianos, hombres y mujeres, de diversas razas y nacionalidades.
El cielo se hallaba cubierto de nubes, aunque de vez en cuando algunos rayos de luz lograban atravesar la gruesa capa de nubosidad y darle luminosidad al lugar.
Con confusión en sus pensamientos, se dirigió hacia aquella fila y se formó allí. Segundos después descubrió que, una vez ahí, una misteriosa fuerza le impedía salir. Intentó escapar, mas no pudo.
No se percató cuánto tiempo pasó—segundos, minutos, horas, quizás días—, pero de repente se halló a poca distancia de un par de puertas gigantes, una con adornos de oro y la otra de plata. Ambas eran muy imponentes, e irradiaban un aura extraña—una era tranquilizadora, la otra muy perturbadora—.
- ¿Dónde estamos?—se atrevió a preguntar a una mujer algo mayor que estaba parada detrás.
- ¿No lo sabes? Estamos esperando a ser juzgados...—le respondió.
- ¿Juzgados? Disculpe, pero no entiendo... –
- Todos los que estamos aquí, hemos dejado el mundo terrenal, jovencita—la menor volvió a observarla con confusión reflejada en sus ojos. La señora intentó aclarar lo dicho – Eso es equivalente a decir que hemos muerto... –
* * * * * * * * * *
Quienes realizarían el ritual se preparaban. Todos se vistieron con ropas adecuadas para la ocasión: túnicas ceremoniales, que les fueron cedidas por los monjes y sacerdotisas del templo, varios de los cuales también se ofrecieron para ayudar. Aquello alegró a la Gran Izumi.
- No saben cuánto se los agradezco... Entre más seamos, menor será el riesgo que cada uno de nosotros correrá...—les dijo la mujer.
- No se preocupe. Sabemos que es por una buena causa... Aquella joven es una heroína para Japón... sin la ayuda de ella, aquel Emperador no hubiese caído, y no habría una nueva esperanza para el pueblo nipón—dijo el sacerdote mayor.
- Ya hemos terminado de preparar a Kagome, excelencia—dijo Sango a Izumi.
- Ya veo. Llévenla al salón principal... –
- Enseguida—fue su respuesta y se marchó.
- Ayúdeme a reunir a quienes participarán en la ceremonia, por favor—le pidió al sacerdote.
- Claro. No hay problema. Nos veremos ahí en diez minutos... –
- Gracias. Con su permiso...—hizo una pequeña reverencia y se marchó.
La Gran Izumi, en su camino hacia el salón del ritual, se encontró con Inu Yasha. Éste estaba sentado en el piso de madera del templo, con la mirada perdida en una pequeña laguna que estaba a unos metros de distancia.
- Con que aquí estabas, joven Inu Yasha...—le dijo la mujer, poniendo una de sus manos en el hombro del chico.
- Gran Izumi...—murmuró como respuesta, mientras se volteaba para verla. Se notaba el cansancio en su rostro, tanto físico como emocional.
- Creo que sería mejor que descansaras... Este ritual será demasiado desgastante para ti...—le sugirió.
- No lo haré. Así como Kagome utilizó lo que le quedaba de energía para salvarme, lo mismo haré yo... No permitiré que su vida acabe así como así... –
- Lo decidido que te muestras me parece admirable... Cualquier persona estaría completamente devastada por lo sucedido. Pero me has demostrado, nuevamente, porque eres uno de los elegidos... –
- Gracias... Me di cuenta de que estar deprimido no solucionaría nada... Siempre que haya una posibilidad, debo aferrarme a ella... Daré todo de mí para que esto funcione –
- Muy bien dicho—dijo Sesshomaru, acercándose a los dos – Esa es la actitud que un futuro Emperador debe tener y preservar durante su reinado... –
- Tiene mucha razón, joven Sesshomaru—dijo Izumi – Bueno, es hora de que vayamos al salón principal. Los demás nos esperan –
- Es verdad. Vamos—dijo el menor de los Taisho, mientras se levantaba y caminaba junto a ellos.
* * * * * * * * *
Volvió a mirar el sendero—repleto de gente—que envolvía a la alta colina, aunque esta vez desde otra perspectiva (ya que ella se encontraba en la cima), hasta que se perdió de vista bajo las nubes. Mientras lo hacía, intentó recordar el porqué y cómo había llegado allí. Su pasado se hacía cada vez más difuso y confuso.
- Todo lo que puedo recordar... Es que estaba en una importante batalla, y que tenía todos mis esfuerzos enfocados en salvar a alguien muy significativo para mí... A la vez que derrotar a un ser despreciable...—dijo en voz baja, hablando más para sí que para quienes la rodeaban.
- Yo recuerdo que estaba reparando un puente en mi aldea—dijo un hombre ubicado delante de ella.
- Y yo estaba subiendo una montaña, en búsqueda de uno de mis familiares perdidos—dijo la mujer con la que antes había hablado - Por cierto... ¿Alguno de ustedes recuerda sus nombres...? Creo que el mío empezaba con "Kana"... –
- Sé que el mío comenzaba con la sílaba "ke", pero nada más...—dijo el hombre – También recuerdo que tenía una esposa, dos hijos y un nieto... Pero no puedo recordar sus rostros... –
Un sentimiento de melancolía invadió a la joven, a la vez que una canción muy lejana comenzó a resonar en su cabeza. Decidió exteriorizarla.
(Esta canción se llama "Diamond Crevasse" y es el primer ending de la serie "Macross Frontier". En mi profile podrán encontrar un link para descargarla. Es una canción muy bonita (en mi opinión), y creí que era adecuada para la situación...)
Kami-sama ni koi o shiteta koro wa / Cuando aún estaba enamorada de Dios
Konna wakare ga kuru to wa omottenakatta yo / No pensé que una despedida así vendría
mou nidoto furerarenai nara, semete saigo ni, / Si pudiera volver a tocarte,
-
mou ichido dakishimete hoshikatta yo / Entonces me gustaría que me abrazaras, al menos, una última vez
-
It's long long good-bye... / Es un adiós muy, muy duradero
-
Sayonara sayonara nando datte / Adiós, adiós, una y otra vez
Jibun ni mujou ni iikikasete / Me digo a mí misma lo mejor que puedo
Te o furu no wa yasashisa da yo ne? / Que decir adiós con la mano es una muestra de amabilidad, ¿verdad?
Ima tsuyosa ga hoshii / Ahora, quiero fuerza
-
Anata ni deai STAR kagayaite atashi ga umarete / Te encontré, una estrella brilló y yo nací
Aisureba koso ai areba koso / Porque amaba, porque existía
kibou no nai, kiseki o matte, dou naru no? / Esperando por un desesperado milagro, ¿qué será de mí?
namida ni nijimu, hoshi no matataki wa gone… / El centelleo de los planetas, teñido por lágrimas, se ha ido...
-
wasurenai yo, anata no nukumori mo, / No olvidaré tu calidez,
sono yasashisa mo, subete tsutsunde kureta ryote mo / Tu gentileza, y tus manos que lo rodeaban todo
-
It's long long good-bye… / Es un adios muy, muy duradero
-
sayonara, sayonara, itoshii hito / Adiós, adiós, mi amado
anata ga, ita kara, aruite koreta / Si estuvieras conmigo, podría haber sido capaz de caminar hasta aquí
hitori nanka ja nakatta yo ne? / No estaba sola, ¿verdad?
ima, kotaeba hoshii / Ahora, quiero la respuesta
-
moeru youna ryuu, tsukamaete, hi o tomoshite / Captura los cometas que parecen estar quemándose y prende el fuego
aishite itai, aisarete tai / Quiero amar, quiero ser amada
hieta karada hitotsu de, sekai wa, dou naru no? / Por un helado cuerpo, ¿En qué se convertirá el mundo?
hari tsuzuketeta, kyosei ga toketeku long for… / La fuerza que mantenía está disolviéndose, anhelo...
-
doushite na no? namida afurete, tomerarenai / ¿Qué pása? Mis lágrimas se desbordan, y no pueden detenerse
-
anata ni deai, STAR kagayaite, atashi ga umarete / Te encontré, una estrella brilló y yo nací
aisureba koso, ai areba koso / Porque amaba, porque existía
kibou no nai, kiseki o matte, dou naru no? / Esperando por un desesperado milagro, ¿qué será de mí?
namida ni nijimu, hoshi no matataki wa gone… / El centelleo de los planetas teñido por lágrimas se ha ido...
-
moji umarekawatte, mata meguriaru nara / Si renazco, y nos cruzamos nuevamente
sono toki o kitto, atashi o mitsuke dashite / Seguramente, me encontrarás entonces
mou nidoto hanasenai de, tsukamaetete / No me dejes ir nuevamente, aférrate a mí
hitori janai ito, sasayaite hoshii, planet… / Quiero que me susurres "No estás sola", planeta...
(Nota de la Autora: Intenté hacer que la canción se mostrara por párrafos, pero la herramienta de edición de texto de Fanfiction no me lo permitió ;o; No es mi culpa! Por eso usé los guiones para darle la separación necesaria -.-)
Muchas de las personas que estaban paradas allí se voltearon al escuchar aquella canción. Sentían que les devolvía parte de los sentimientos y recuerdos que estaban entumecidos en su interior. Incluso los ángeles quedaron cautivados por ella.
- Que linda canción...—murmuraban algunos.
- Me trae recuerdos...—decían otros.
- Tienes una muy bonita voz, jovencita—le dijo la mujer.
- Gracias—contestó con una sonrisa, a la vez que con sus manos secaba algunas de las lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas mientras cantaba.
Nuevamente avanzaron, hasta que llegaron frente a las dos puertas anteriormente mencionadas. Frente a éstas se encontraba un escritorio, con un gran libro colocado sobre él. Un ser alado sostenía una pluma y revisaba aquel texto cada vez que un nuevo difunto llegaba al lugar. Otros cuatro ángeles lo acompañaban, un par de ellos custodiaba la entrada de plata, y otros dos la de oro.
- Señor Kenichi Hamazaki, dé un paso adelante—llamó el ángel del escritorio al hombre que estaba hablando con ellas. Él lo obedeció – Veamos...—revisó el libro – Puedes acceder a la puerta de oro—le indicó. Un ángel lo escoltó hacia aquel portal y el otro le abrió la puerta, por la cual ingresó. Desapareció de la vista de las dos mujeres – Señorita Kagome Higurashi, dé un paso al frente... –
Kagome obedeció lo que el ángel le dijo, caminando hacia él. Cuando hubo llegado, un nuevo recuerdo se hizo presente en su mente y se percató de que los seres celestiales que custodiaban el portal de oro eran Araziel y Uriel, los mismos que la habían acompañado cuando había hecho el Sagrado Juramento ante las entidades supremas del Cielo.
- Araziel, Uriel...—murmuró la joven. Ambos se acercaron a ella.
- Higurashi Kagome... No esperaba verte en este lugar...—dijo el ángel con apariencia femenina, Araziel.
- ...Al menos no tan pronto—completó Uriel, el ser con figura masculina.
- ¿Qué sucedió?—preguntó.
- No lo recuerdo muy bien... Mi memoria no parece funcionar adecuadamente—contestó la joven.
- Permítenos ver...—dijo Uriel, a lo que ambos seres colocaron una mano sobre la cabeza de Kagome.
- Ya veo... Así que fue Naraku Yamino el causante de todo esto...—dijo Araziel.
Como si se tratase de una invocación, una vez que aquel nombre fue mencionado, comenzó a escucharse un sonido de cadenas que eran arrastradas por el suelo. Kagome, Araziel y Uriel observaron en aquella dirección, para darse cuenta de que un par de ángeles custodiaba el avanzar de un hombre de largos y oscuros cabellos, ojos color carmesí y pálida piel. Su mirada mostraba un intenso rencor, sobre todo cuando se cruzó con la de la princesa.
- Tú...—dijo el ex-emperador, avanzando hacia ella – Por tu culpa, estoy aquí...—acercó una de sus manos hacia ella, con la clara intención de atacarla, pero Araziel y Uriel se interpusieron entre ellos.
- Naraku Yamino—dijo Uriel – Haz sido condenado a permanecer en el infierno por la eternidad. Tus crímenes terrenales no podrán ser expiados de forma alguna... Aún menos el haber atentado contra la vida de los dos seres humanos bendecidos por la luz celestial de los Dioses—declaró, refiriéndose a Inu Yasha y Kagome.
En ese momento, más recuerdos vinieron a la mente de la princesa Higurashi.
- "Han sido bendecidos por nuestra luz celestial. Ésta les dará tanto la fuerza necesaria para combatir a cualquier enemigo como nuestra protección ante la adversidad. Sólo no deben perder la fe en nosotros, los Dioses, ni tampoco traicionar los ideales que los llevaron a haber venido tan lejos, donde ningún alma ha sido capaz de llegar en vida..."—pensó la joven, recordando lo que los Dioses le habían dicho durante el Sagrado Juramento – Debo tener fe en los designios de los Dioses... –
- No importa... Puesto que logré hacer el mayor de los daños a mí más grande enemigo... Ese príncipe de segunda...—dijo Naraku, con una sonrisa de satisfacción – Nunca podrá volver a ser completamente feliz... –
Sin saber por qué, la princesa sintió como su pecho se oprimía al escuchar lo dicho por el hombre. Aquella sensación fue tan fuerte que provoco que sus piernas perdieran fuerza y cayera de rodillas en el suelo.
- Ella no recuerda lo sucedido—dijo Uriel – Le pido que no le traiga reminiscencias innecesarias... –
- ¡Ja! Como si fuera a obedecer las órdenes de un ángel... Veo que no me conoces bien, ser celestial... Le diré a esta "jovencita" unas cuantas verdades...—se acercó a ella lo máximo que las cadenas le permitieron – Gracias a mí estás aquí, en el purgatorio. Yo fui quien provocó tu muerte, "Aome"... –
* * * * * * * * *
Ya todos estaban situados en las posiciones que la Gran Izumi les había designado. Todo lo necesario para el ritual había sido preparado rápida pero cuidadosamente, sin descuidar ningún aspecto. Los integrantes del grupo—alrededor de veinte personas—estaban sentados en un círculo que rodeaba una plataforma de madera, rodeada por velas, inciensos y manuscritos con oraciones antiguas. En aquella tarima estaba ubicado el cuerpo de Kagome, con sus manos recogidas sobre su abdomen.
La habitación tenía un orificio en su techo—el cual tenía la forma de una estrella de cinco puntas—, el que permitía a la luz entrar al lugar. Este estaba ubicado justamente sobre la plataforma donde reposaba la princesa.
Las paredes estaban cubiertas por elegantes tapices, los cuales mostraban infinidad de escenas paradisíacas y divinas. También había unas cuantas estatuas que representaban a los Dioses.
La Gran Izumi se levantó, ya que sería ella quién guiaría al resto en el transcurso del rito. Aclaró su garganta y comenzó a oficiar la ceremonia.
- Estimados presentes: nos hallamos aquí reunidos para llevar a cabo un importante ritual, el cual tiene como objetivo devolverle su esencia a Kagome Higurashi, quien valientemente combatió durante la batalla contra los súbditos de Naraku Yamino y con él mismo en persona—dijo la mujer, solemnemente – Mediante nuestras plegarias y energía, pediremos a los Seres Celestiales que permitan a las almas de la joven volver a su lugar de origen, de modo de devolverle la vida. Por todo lo que hizo para alcanzar la paz del país, su forma de ser, sus valores e ideales, entre otras cualidades, creemos que su aporte es necesario para la creación de un camino en el cual el Emperador y sus súbditos gobiernen sabia y justamente, de tal forma que los ciudadanos puedan aspirar a una vida lo más satisfactoria posible... –
Tomó una especie de báculo sagrado—con pequeñas campanas unidas a él—, y con él en la mano se acercó al lugar donde la princesa "dormía". Lo agitó tres veces sobre el cuerpo de la joven: una sobre su cabeza, otra sobre su abdomen y la última sobre sus piernas.
- Necesito que me ayuden con las plegarias que deben recitarse para el ritual—dijo a quienes estaban a su alrededor – Para ello, a cada uno de ustedes se le entregó un pergamino con los rezos necesarios. Al encabezar el ritual, seré yo quién dirá cada estrofa primero, y cuando halla acabado con la primera, ustedes repetirán lo que he dicho, y así sucesivamente. ¿Ha quedado claro?—preguntó. Todos asintieron – Muy bien. De esta forma, daré inicio al ritual para traer de vuelta a la vida a Kagome Higurashi... –
* * * * * * * * *
Sintió un tremendo dolor a la altura de su cabeza y corazón. Intuía que lo que había dicho aquel hombre debía ser la verdad, debido a la reacción que había provocado en su "cuerpo" (Nota: No es realmente un cuerpo material, sino la representación exterior de las almas de Kagome. Por así decirlo, es la imagen con que la ven los demás—idéntica a su forma en vida—, pero que en realidad está compuesta por sus almas).
- Y fui yo quién arruinó el final de tu infancia e inicio de tu adolescencia...—continuó Naraku – Hice que Kikyo sellase tus recuerdos, y de esta forma te transformaste en una mujer sin idea alguna de su pasado, lo que conllevó a que perdieras a tus hermanos, padres, familia e incluso a tu amado prometido... –
- ¡Basta! ¡Basta!—exclamó Kagome con lágrimas de dolor en sus ojos. Sentía que su cabeza iba a estallar en cualquier momento, y por ello la sujetaba con fuerza entre sus manos.
- Además, te convertiste en una de mis súbditas. Pero no una cualquiera, sino de las más cercanas y fieles. Incluso te envié a asesinar a tu ex-prometido... –
- No digas más... No más...—las lágrimas corrían por sus mejillas. Se sentía sola, muy sola. Cada palabra dicha por el ex-Emperador parecía desgarrar su interior.
- No te dejaré ir sin que pagues tu traición. El precio será aún más caro que el de la muerte... Sufrirás por la eternidad... ¡¡Te llevaré conmigo al infierno!! –
Con fuerza sobrehumana, se deshizo de los ángeles que lo custodiaban y se abalanzó contra la princesa. Con facilidad la levantó y la cargó en sus hombros, dirigiéndose hacia la puerta de plata.
- ¡Déjame ir!—exclamaba desesperada, mientras intentaba golpear a Naraku con todas sus fuerzas.
De repente, todo quedó en un completo y sobrecogedor silencio. La joven sintió, dentro de sí, el débil sonido del tintineo de campanillas tres veces seguidas.
* * * * * * * * *
Extendemos esta plegaria hacia el reino de los cielos,
Esperando que sea escuchada por los seres celestiales,
Deseando que puedan atender a nuestros anhelos,
y concedernos el uso de poderes especiales.
-
Las almas de nuestra compañera le han sido arrebatadas,
Y con ello nuestras esperanzas han sido robadas.
Por ello les pedimos, señores del vasto cielo,
Una solución que dé a nuestros espíritus apropiado consuelo.
-
No es nuestra intención extender una propuesta egoísta,
Ya que nuestro fin bastante de aquello dista,
Esta no es sino una plegaria para extender la vida,
De una mujer valiente, dedicada y decidida.
-
¡Oh, Collar de la Pureza!, necesitamos de vuestro poder y voluntad.
Bríndanos tu ayuda para superar este obstáculo.
Danos una muestra de tu verdadera bondad,
Para, de esta forma, salir de la oscuridad y dar paso al crepúsculo.
-
¡Oh, Dioses del vasto paraíso!, no olvidéis la bendición
que vuestras excelencias entregaron a los elegidos de la nación.
Aquella que los protegería en el caso que su destino,
Pusiera en peligro sus vidas al cumplir el designio divino.
-
Rogamos a ustedes que nos devuelvan una a una cada alma,
Para que la situación aquí en la tierra vuelva a la calma.
Y, de esta forma, de una vez por todas poder establecer,
La nueva nación que, con nuestros esfuerzos, deseamos ver crecer.
-
Apelamos a su bondad y calidez infinita,
Aquella que en estos instantes nos invita
A realizar este ritual con el propósito de lograr,
Devolver una vida y la paz restaurar.
(Nota de la autora: Aquí pasó lo mismo que sucedió con la canción. Las plegarias estaban ordenadas por párrafos, pero al subir al archivo a Fanfiction el formato se perdió. Por ello ocupé los guiones entre medio para diferenciarlos x.x!)
La Gran Izumi elevó sus brazos y su vista en dirección al cielo. Los demás imitaron el movimiento su cabeza, manteniendo sus palmas en posición de plegaria.
A continuación, la sacerdotisa comentó a hacer signos con sus manos sobre el cuerpo de Kagome, tocando ciertos puntos de éste. El resto de los presentes comenzó a repetir lo antes recitado, todos al mismo tiempo.
En ese instante, mientras oraba, Inu Yasha no dejaba de pensar.
- Por favor, que todo resulte bien... –
* * * * * * * * *
- ¿Qué significa... esto?—preguntó Naraku, perplejo, mientras observaba a Kagome.
El cuerpo de la princesa comenzó a emitir una fuerte luminosidad, tan potente que cegó tanto a ángeles como personas, incluido el ex-Emperador. Pero no por ello el último la soltó.
- ¿Qué está pasando conmigo...?—pensó la joven, a la vez que sentía como si algo—o alguien—, a la distancia, la estuviese llamando. También percibía como su cuerpo se hacía cada vez más ligero y su estado de conciencia la abandonaba.
- No puede ser...—dijo Uriel.
- Creo que sí lo es...—dijo Araziel – En el mundo terrenal se está practicando un ritual... muy poco usual... –
- Una ceremonia para traer de vuelta las almas de un ser amado... –
El rostro de Naraku se contorsionó al escuchar aquello. No podía permitir que aquel rito tuviera éxito, o su venganza no estaría completa.
- Pero el éxito de este ritual depende de la voluntad de los Seres Supremos... Si ellos deciden que es hora de que Kagome Higurashi entre al paraíso, no habrá nada que los humanos puedan hacer para evitarlo...—dijo Araziel.
- Aunque, en parte, también depende de los deseos de vivir que tenga la persona a la que se intenta resucitar...—dijo Uriel.
- No lo permitiré... Antes de que ello pase ¡¡Me llevaré a Kagome conmigo al infierno!! –
Se apresuró para abrir la puerta con adornos en plata. Utilizó todas sus fuerzas para lograrlo y lo hizo. Un viento demasiado cálido—casi sofocante—empezó a circular en el purgatorio. Quienes aún estaban en la fila para ser juzgados comenzaron a inquietarse.
Araziel y Uriel, alarmados, intentaron calmarlos. Debían impedir cualquier clase de desorden, o aquello podría provocar que algunas almas desafortunadas fueran a parar al infierno en vez de ir al cielo—que era donde les correspondía estar gracias a las buenas acciones realizadas por ellos durante sus vidas—.
Los ángeles que antes custodiaban a Naraku, ahora intentaban cerrar las puertas del averno haciendo uso de todos sus poderes celestiales, pero la tarea les estaba resultando bastante difícil. Al parecer había cierta interferencia de las fuerzas malignas residentes en aquel lugar, las cuales querían causar confusión y desorden.
Kagome, aún al borde la de inconsciencia, siguió luchando para que Naraku la soltase. Aprovechando un descuido de él, lo logró. Haciendo uso de su fuerza de voluntad, logró hacer reaccionar su mente y "cuerpo", moviéndose a un lugar más alejado del peligro que involucraba estar frente a la entrada del infierno.
Inesperadamente, sintió como si una parte de sí fuese expulsada hacia fuera, lo que provocó que cerrara sus ojos. Al abrirlos, se percató de que una pequeña esfera de apariencia etérea flotaba a su lado.
- ¿Qué.... es esto?—preguntó, intentando tocarla, pero ésta escapó hacia el horizonte hasta que se perdió de vista. La princesa extendió su mano, intentando alcanzarla – ¿Dónde va...? –
* * * * * * * * *
En el templo, todos seguían realizando sus plegarias, esperando que éstas fueran oídas. Pasó un buen rato, hasta que el Collar de la Pureza, junto con la Perla de Shikon en su interior, comenzaron a brillar intensamente.
En ese instante, los presentes pudieron apreciar como una esfera de aspecto etéreo descendía a través de la abertura del techo de la habitación. Nadie podía alejar su vista de ella, y cómo ésta se introducía tímidamente en el cuerpo de Kagome. La pálida piel—casi blanca—de la chica recuperó algo de color.
Poco a poco la intensidad de los rezos comenzó a disminuir, lo que hizo a Izumi mostrar preocupación en su rostro.
- Este ritual aún no ha terminado, no hasta que todas las almas de la princesa hayan regresado a su cuerpo—declaró a modo de reproche – No detengan las plegarias –
- ¡Sí señora!—respondió la mayoría, y retomaron las oraciones.
El ritual se extendió por un par de horas más, en las cuales lograron hacer regresar unas seis almas más. Izumi calculó que faltaban una o dos más por recuperar y luego de ello la ceremonia sería un éxito. Gran parte de los presentes estaban agotados—debido a la entrega de su energía vital ó espiritual—, sobretodo quienes habían sido partícipes en la batalla contra Naraku. Tanto Sango como Miroku, además de Inu Yasha y las hermanas Tsukishiro, luchaban por no caer rendidos ante el cansancio. La resistencia de Sesshomaru y Kohaku era mayor, pero aquello no les impedía sufrir la falta de energía. El pensamiento de revivir a Kagome era lo único que los mantenía despiertos.
* * * * * * * * *
Al sitio habían llegado muchos ángeles, todos ellos encargados de restaurar la seguridad del purgatorio. Entre todos intentaban cerrar las puertas del infierno, a la vez que pretendían enviar a Naraku a aquel lugar. Éste último oponía mucha resistencia, ya que se mantenía enfocado en acercarse a Kagome y llevarse lo que quedaba de sus almas al castigo eterno.
- No te me escaparás, princesita...—dijo el hombre, mientras peleaba con los seres celestiales.
- ¡Kagome!—exclamó Araziel, a la vez que detenía a Naraku – ¡Necesito que me contestes algo! –
- ¿Sí?—preguntó la joven.
- ¿Recuerdas a quién estabas intentando proteger al momento de morir? –
- Una imagen borrosa viene a mi mente, pero no puedo recordarlo del todo... –
- Intenta recordarlo... Yo sé que tú puedes...—le dijo, procurando alentarla.
La chica concentró su atención en aquel vago recuerdo que flotaba en lo profundo de su ser. Poco a poco, la imagen comenzó a hacerse más nítida, al mismo tiempo que un nombre resonaba en su mente.
- Inu... Yasha...—susurró. Su cuerpo volvió a emitir una fuerte luminosidad y comenzó a flotar.
* * * * * * * * *
Tanto el cuerpo como la mente del futuro emperador ya no podían soportar la presión que se había ejercido contra éstos durante aquel día. El joven sintió como ya no era capaz de mover ni siquiera uno de sus dedos, y que sus ojos se cerraban de forma irremediable.
- Perdóname, Kagome—fue el último pensamiento que pudo articular antes de caer rendido ante el cansancio.
* * * * * * * * *
Había pasado un día desde el fin del ritual. La mayoría de sus participantes descansaba para reponer las energías perdidas durante la ceremonia. Pero tres de ellos vigilaban el sueño de una cuarta persona.
- Espero que no tome muy mal esta noticia...—escuchó una voz a lo lejos. Quería abrir sus ojos, pero no podía. Parecía como si sus párpados estuviesen pegados el uno con el otro.
- Intentamos hacer todo lo posible... pero fue inútil...—dijo otra voz, la cual parecía haberse quebrado luego de decir la última frase.
- ¿No hay nada más que podamos hacer?—preguntó una tercera voz, esta vez perteneciente a un hombre.
- No nos queda más que... rendirnos—contestó la primera persona – Ya de por sí éste ritual era bastante riesgoso... Nada podía asegurarnos el éxito... –
- ¿Rendirnos?—se preguntó quién no podía abrir sus ojos.
- Hay muchos factores que podían jugarnos en contra, y de hecho lo hicieron... Ello provocó el fracaso de la ceremonia...—dijo la segunda persona. Hubo un pequeño silencio.
- ¿Deberíamos despertarlo?—preguntó el tercero.
- Dejémoslo descansar... –
- ¡No! ¡Quiero despertar y saber qué está pasando!—pensó.
- Necesita recuperar sus energías antes de poder escuchar la verdad acerca de los hechos... –
El joven luchaba para poder despertar y enterarse de lo que hablaba aquella gente. Sus palabras lo inquietaban.
- Será mejor que nos retiremos, entonces...—los tres procedieron a hacer abandono de la habitación.
- ¡No!—exclamó, logrando abrir sus ojos – No se vayan. Díganme qué es lo que pasó—sentía que el mundo le daba vueltas y que en cualquier momento volvería a desmayarse, pero hizo lo mejor que pudo para mantener su compostura.
- Inu Yasha...—dijo su hermano, Sesshomaru.
- Explíquenmelo, por favor... –
- Es que...—murmuró Harumi, con lágrimas en sus ojos. Apartó su mirada del chico.
- ¿Qué sucede? ¡Hablen de una vez!—la desesperación se expandía por su interior, al igual que la ansiedad. Esos sentimientos le impedían pensar con claridad.
- Lo que tenemos que informarte no es fácil de relatar—dijo la Gran Izumi, observándolo fijamente – No logramos realizar el ritual con éxito... Kagome, ella...—le contó el resto.
Al escuchar esto, sintió como el mundo se derrumbaba a sus pies. Experimentó la sensación de que caía y caía, y de que su pecho explotaría, mientras miles de agujas se enterraban en su cuerpo.
- No puede ser...—murmuró. En instantes, se levantó y corrió en dirección incierta.
* * * * * * * * *
Ya habían pasado seis meses desde la batalla final en contra de Naraku. La primavera había dado paso al verano, el cual ya estaba acabando. Las hojas de los árboles comenzaban a perder su usual coloración verde, indicando que pronto llegaría el otoño.
Durante aquel medio año habían sucedido varios acontecimientos. Uno de ellos fue el comienzo de la reconstrucción del Palacio Imperial, el cual había sido casi completamente destruido debido a algunas explosiones y las llamas provocadas por éstas. Otro había sido la reubicación, temporalmente, de los dirigentes de la nación en un castillo ubicado en las cercanías de la Ciudad Imperial, a las orillas del mar. Éste había sido cedido por un terrateniente simpatizante con el movimiento revolucionario, hasta que el Palacio Taisho estuviese terminado.
Los comandantes de la rebelión—principalmente las familias Higurashi y Taisho—, junto con la ayuda de diversos nobles y terratenientes, estaban trabajando en la reorganización del país, a modo de restaurar los antiguos sistemas y leyes del periodo de reinado de Inu Taisho, e innovar en algunos que necesitaban mejoras para adecuarse a los nuevos tiempos.
La población había recibido con alegría la caída de Naraku Yamino. Aquello se podía apreciar en el ambiente que envolvía tanto a la Ciudad Imperial como a las distintas aldeas y pequeñas ciudades niponas. Sus habitantes hacían lo posible por ayudar a los distintos delegados—los cuales se habían enviado a diversos poblados desde el gobierno central—a implementar las reformas, recibiéndolos con entusiasmo.
A los nobles que simpatizaban con la causa de Naraku se les dio la posibilidad de adherirse pacíficamente a la causa de Inu Yasha, o ser juzgados e investigados por su apoyo al ex-Emperador. La mayoría eligió la primera opción, a modo de evitar problemas. Aunque no faltaron personas que iniciaron levantamientos contra el nuevo gobierno. Aquellos focos de rebeldía fueron sofocados a la brevedad, sin afectar mayormente el reestablecimiento de la dinastía Taisho.
De todas las personas que trabajaban por reestablecer el gobierno, Inu Yasha era el más dedicado a sus labores. Tanto así, que muchas veces olvidaba comer, pasaba noches en vela y se negaba a tomar descansos durante el día. Debido a esto, su salud se vio debilitada y, entre su hermano y sus compañeros, lo disuadieron para que tomase unos días libres.
De cierta forma, aquel "sumergirse en el trabajo" le ayudaba a olvidar algunos asuntos personales con los que no deseaba lidiar, por lo dolorosos que eran, especialmente uno en particular.
A modo de relajo, en uno de sus días de descanso, decidió ir a dar un paseo por la orilla del mar. El sonido de las olas y la sensación de la arena bajo sus pies trajo algo de paz a su intranquilo espíritu.
El sol comenzó a descender a través del cielo, dando paso a un bello atardecer, el cual tiñó con tonos rojizos los alrededores. El príncipe decidió sentarse en la arena a observar el ocaso.
- Otro día que termina... Otro ciclo que llega a su fin...—pensó con melancolía - ¿Cuándo llegará el momento en que la felicidad me será devuelta completamente...? –
Comenzó a recordar lo sucedido seis meses atrás.
***Flashback***
Al escuchar lo que la Gran Izumi le había dicho, empezó a correr con desesperación hacia el lugar donde su prometida se encontraba. Sesshomaru iba tras él, hasta que logró alcanzarlo.
- Inu Yasha. Tranquilízate—le dijo el mayor, poniendo una de sus manos en el hombro del menor.
- ¿¡Cómo quieres que esté tranquilo!?—exclamó con un mezcla de furia e impotencia – Kagome, ella...—no pudo evitar que las lágrimas llenaran sus ojos – ¡Maldición!—golpeó con su puño una pared cercana.
- La Gran Izumi explicó que sólo nos había faltado recuperar una de las almas durante el ritual. Justamente una que pertenecía a la "conciencia" de Kagome... –
- ...—Inu Yasha intentó articular palabra, pero no pudo. El mundo nuevamente le daba vueltas. Sujetó su cabeza con una de sus manos.
- Ve a descansar. Es lo mejor—le aconsejó.
- No. Quiero verla...—su voz denotaba firmeza.
- Verla en ese estado te hará peor. Ya no es la misma Kagome que todos conocíamos... –
- Aún así, quiero verla. Necesito verla con mis propios ojos...—remarcó la primera palabra.
- Está bien—dijo, luego de dar un suspiro – Te llevaré al cuarto donde está ella... –
- Gracias—murmuró y lo siguió. Un par de minutos después, se hallaban frente a la puerta de la habitación donde permanecía la princesa.
- Te daré diez minutos. Luego de eso irás a descansar, aunque tenga que llevarte a la fuerza... –
- Está bien—contestó. Su hermano le abrió la puerta.
Al principio, la luminosidad del cuarto lo encegueció, impidiéndole ver quién estaba frente a él. Unos segundos después, cuando sus ojos lograron acostumbrarse a la luz, pudo inspeccionar el cuarto con su mirada, la cual se posó casi inmediatamente en una figura que se hallaba sentada en el piso, frente al balcón de la habitación. Al fondo de la ventana, se podía apreciar que el paisaje exterior estaba compuesto por muchos cerezos en flor, con pétalos danzando por doquier.
- ¿Kagome?—la llamó. No hubo respuesta.
Se acercó a ella lentamente, para luego tocar su hombro. Tampoco hubo reacción.
Dudó unos momentos, después de los cuales se atrevió a dar un par de pasos adelante, para observar el rostro de la joven. Lo que vio le partió el corazón.
La cara de la joven estaba pálida y no mostraba ninguna emoción. Su mirada se hallaba vacía, sin una pizca de brillo en sus ojos, siempre dirigida al frente. Aunque el príncipe moviera su mano frente a ella, esperando a que al menos reconociera el movimiento, nada sucedía. Su cuerpo no emitía calor, ni siquiera se sentía tibio al tacto. Y su respiración era tan débil que parecía no entrar aire a sus pulmones. Era como una delicada muñeca, cuyo cabello era mecido por la fresca brisa primaveral, rodeada de pétalos de un pálido color rosa.
Inu Yasha no pudo hacer nada más que caer al piso de rodillas y abrazarla.
- De no ser por mí, no estarías así...—le susurró – Es mi culpa por haberme descuidado y dejado atacar por Naraku... De no haber sido por eso, no tendrías que haber usado lo último de tus poderes para salvarme...—la abrazó aún con más fuerza. El semblante de la princesa no cambió – Perdóname...—ocultó su rostro en el cabello de la joven – Por favor, perdóname...—las lágrimas fluían con libertad a través de sus mejillas, pero aquello no le importaba. Se sentía solo y devastado por dentro – Al menos, permíteme demostrarte el amor que siento por ti una última vez...—con lentitud se acercó a los labios de la princesa y depositó un tierno beso en ellos – Te amo, y te seguiré amando hasta el fin de mis días... Por ti, seguiré adelante y haré mi labor como Emperador lo mejor posible. Te lo prometo—volvió a abrazarla con fuerza – Siempre te tendré en mi corazón... Siempre... –
Permanecieron así unos segundos hasta que, sin previo aviso, el Collar de la Pureza comenzó a brillar con intensidad, acompañado por la Perla de Shikon. Ambos resplandecían de una forma particular, llenando el lugar con los colores del arco iris.
Inu Yasha se vio obligado a alejarse un poco de Kagome, y a cubrir sus ojos en el acto. Por lo mismo, no se percató como una pequeña esfera descendía desde el cielo y, con timidez, entraba al cuerpo de la princesa. Luego de ello, la luminosidad cesó y el joven fue capaz de ver frente a él.
- ¿Kagome?—preguntó con confusión.
La joven permanecía inmutable, tal como antes, sólo que ahora sus párpados estaban cerrados. Dubitativo, Inu Yasha acercó una de sus manos a la cara de la joven. Apenas la hubo rozado con sus dedos, los ojos de la princesa se abrieron lentamente. Ésta vez, mostraban un claro brillo y una mirada llena de ternura. Una bella sonrisa adornaba su rostro.
El futuro Emperador no lo podía creer.
- He regresado, Inu Yasha...—dijo casi en un susurro, pero para el joven habían sido las palabras más claras que había oído en su vida. La felicidad lo invadió.
Repentinamente, su cuerpo perdió fuerza y cayó en los brazos de un intranquilo príncipe.
- ¿Estás bien?—preguntó angustiado.
- Sólo un poco más... Espera... sólo un poco... más...—sus ojos se cerraron, para caer rendida en un profundo sueño.
Inu Yasha estaba muy preocupado al principio, pero luego se sintió más tranquilo al oír la respiración profunda de la princesa, y una tibieza corporal que iba en aumento. Sus mejillas habían recuperado su color característico, al igual que sus labios.
Con delicadeza la cargó entre sus brazos y salió de la habitación. Sesshomaru, quién lo esperaba afuera, se sorprendió al verlo.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué llevas a Kagome en tus brazos?—le preguntó extrañado.
- Sesshomaru... Ella... Ella reaccionó—dijo con un tono de voz que evidenciaba felicidad. Luego le relató lo sucedido – Kagome ha vuelto a mí... –
- Llevémosla con la Gran Izumi cuanto antes. Ella sabrá que hacer –
- Tienes razón. Vamos... –
Ambos se dirigieron donde la sabia mujer. La encontraron hablando con un monje del templo, quien se retiró del lugar luego de despedirse de los recién llegados.
- ¿Qué pasó?—preguntó sorprendida, y extrañada a la vez por el semblante de Inu Yasha – ¿Por qué traes a Kagome contigo? –
El menor de los Taisho procedió a explicarle lo acontecido. Aquello sorprendió aún más a la sacerdotisa.
- ¡Es un milagro!—exclamó alegremente.
- Nunca me había sentido tan feliz en mi vida...—dijo Inu Yasha.
- Aunque no todo está resuelto aún. Los niveles de energía vital y espiritual de Kagome están en un nivel muy bajo, apenas permitiéndole sobrevivir. Necesitamos mantenerla bajo cuidados especiales para asegurar su recuperación –
- ¿Qué clase de cuidados? –
- Debemos conservarla en un lugar totalmente purificado, donde sus poderes espirituales sean capaces de regenerarse, lo que a la vez le dará más fuerza a su debilitado cuerpo... –
- ¿Cuándo despertará? –
- No puedo afirmar una fecha exacta. Este caso es muy complejo... Bien podría tomar cuatro días, una semana, tres meses, cinco años, una década...—hizo una pausa – Sus almas necesitan volver al equilibrio que tenían antes de la batalla final... Sus energías deben ser restauradas... Es algo muy difícil de lograr en poco tiempo... Todo depende de la evolución y progreso que Kagome presente en su recuperación—explicó – Además, necesitamos de un lugar donde pueda descansar todo el tiempo que sea necesario... –
- El terrateniente Mishida nos ha ofrecido su castillo como hogar por el tiempo que dure la restauración del gobierno—informó Sesshomaru – Si no me equivoco, en su interior hay una especie de santuario para venerar a los Dioses... –
- Aquel sería un buen sitio para mantener a la princesa... Con la bendición de los Supremos Seres Celestiales, su recuperación será más rápida... –
- Entonces eso haremos—dijo Inu Yasha - ¿Podrías preparar nuestra salida al palacio Mishida, Sesshomaru? –
- Claro. Enseguida lo haré—se retiró.
- Joven príncipe... Hay algo que debo advertirte antes de que sigamos con nuestro plan...—anunció la mujer.
- ¿Qué es aquello?—le preguntó, mientras observaba el apacible rostro de su prometida.
- Durante el tiempo que dure la recuperación de Kagome, no te estará permitido verla. De hecho, nadie más que las sacerdotisas a cargo de su cuidado podrán entrar en contacto con ella...—Inu Yasha la miró, incrédulo – Sé que es duro de aceptar, pero es necesario que el ambiente donde la princesa reposará esté libre de toda perturbación del mundo externo... Se necesita de una máxima pureza del recinto para que esto dé buenos resultados... Si no, esto podría derivar en profundas secuelas sobre la princesa, tanto físicas como mentales... –
- No me queda más que aceptar las condiciones, ¿no?—sonaba contrariado – Si es por el bien de Kagome, soportaré aquello. Sólo quiero verla sonreír nuevamente –
- Que bueno que lo hayas entendido. Llevemos a la joven a un lugar donde pueda descansar por el momento... –
Un día después, partieron rumbo al castillo a orillas del mar. La Gran Izumi, Kazuru y Harumi, junto a otras sacerdotisas, hicieron los preparativos necesarios en el pequeño templo ubicado en el palacio, para que Kagome pudiera descansar en él. Luego de que hubieron terminado con ello, la princesa fue ubicada en el lugar. Las hermanas Tsukishirô serían quienes se encargarían de cuidarla y mantener las energías del lugar lo más purificadas posible.
***Fin del Flashback***
Y así fue transcurriendo el tiempo. Inu Yasha solía caminar cerca del santuario, pidiendo a los cielos por el bienestar de su amada. Pero la agonía de la larga espera no lograba dejarlo tranquilo. Por lo mismo, el futuro Emperador se había volcado casi exclusivamente a su trabajo durante esos largos seis meses. Escuchaba a Sango, Kohaku, Miroku, Rin y Sesshomaru sólo en caso de que estuviesen hablando de asuntos relativos al trabajo, pero no sobre sus cuestionamientos acerca de su estilo de vida. A los jóvenes les había costado mucho convencerlo de que tomara un merecido descanso. Si no lo hacía, no estaría en buenas condiciones cuando Kagome despertara.
- Estoy desesperado por verla, abrazarla, sentir la tibieza de su cuerpo... Por perderme en lo profundo de su mirada... Me estoy volviendo loco por su ausencia...—pensó, mientras cerraba sus ojos. Así se mantuvo por un buen rato, hasta que el sol hizo contacto con las aguas del océano. Estaba perdido en sus pensamientos.
Debido a aquello, no se percató como una silueta se acercaba lentamente hacia él, procurando hacer el menor ruido posible al rozar sus pies con la arena. Extendió sus brazos y abrazó al futuro Emperador por detrás.
- La espera ya ha terminado...—escuchó como le susurraba al oído una dulce voz, aquella que tanto anhelaba escuchar – He regresado, Inu Yasha...—repitió las mismas palabras que había dicho al volver a la vida.
Lentamente se volteó. Frente a él estaba la joven que tanto amaba. Las palabras no lograban articularse en sus labios. Sólo la observaba fijamente. Estaba muy sorprendido.
- ¿Eh? Parece que no te alegra verme...—se cruzó de brazos y desvió su mirada – Si es así, regresaré a mi habitación y me encerraré un par de meses más...—pretendió levantarse, pero no lo logró. Inu Yasha se abalanzó sobre ella y le dio un fuerte abrazo.
Debido a la fuerza con que el príncipe realizó estas acciones, ambos comenzaron a rodar por la arena. Cuando se detuvieron, Kagome quedó debajo de Inu Yasha, quien llenó su rostro de besos.
- Ahahaha. Inu, me haces cosquillas... Detente, por favor...—le pidió – ¿Qué pasará si alguien nos ve? –
- Eso no me importa. No encuentro forma mejor de expresar lo que siento que ésta...—le respondió con sinceridad. Sus sentimientos eran incontenibles. Kagome sonrió.
- ¿Y ésta?—se levantó y unió sus labios con los del joven. Éste respondió enseguida profundizando el beso y abrazándola, teniéndola lo más cerca posible. Se separaron sólo cuando el aire comenzó a hacerles falta. Las mejillas de la chica estaban teñidas por un sonrojo.
- Estoy tan feliz que tengo ganas de gritar—sonrió, como hace tiempo no lo hacía – Pero antes de eso... –
Se levantó y ayudó a Kagome a pararse también. Sacó algo de su bolsillo. Eran los anillos de compromiso que había comprado en una aldea hace mucho tiempo.
- Señorita Kagome Higurashi ¿Desearía usted ser la esposa de Inu Yasha Taisho, futuro Emperador de la nación de Japón?—le preguntó mientras se arrodillaba. Lágrimas de sorpresa y emoción comenzaron a deslizarse por las mejillas de la chica.
- Por supuesto. Sería para mí un gran honor y alegría ser su esposa, joven Taisho—respondió la princesa.
El joven procedió a colocar el anillo de aguamarina color rosa en el dedo anular de la mano izquierda de la mujer. Ella hizo lo mismo con el otro anillo—de color azul—, en ese caso en la mano de su novio. Ambos sonrieron.
- Inu Yasha: Te prometo, de todo corazón, que pase lo que pase estaré apoyándote en tu labor de Emperador como tu Emperatriz, esposa, compañera y amiga... También, prometo darte todo mi amor hasta el fin de mis días... Incluso más allá...—tomó las manos del príncipe entre las suyas.
- Y yo prometo ser un Emperador, esposo, compañero y amigo digno de tu amor y respeto. Te amaré y protegeré con devoción, al igual que a los hijos que vendrán... También me encargaré de hacer de este país un lugar mejor, más justo. Lo juro ante ti, y los Dioses que nos observan desde los cielos... –
Comenzaron a caminar tomados de la mano. Ahora era la luna quién los acompañaba e iluminaba.
Durante todo aquel tiempo transcurrido en el encuentro de los novios, Sango, Miroku, Kohaku, Rin y Sesshomaru los habían estado observando, escondidos tras la vegetación cercana a la playa.
- Creo que es tiempo de que les demos su privacidad, ¿no?—dijo Kohaku – A mí no me gustaría que me estuvieran observando en esta situación... –
- Es verdad... Ya vimos el reencuentro entre ambos. Ya podemos estar tranquilos—comentó Sesshomaru, mientras tomaba la mano de Rin.
- Tienen razón—dijo Sango – Démosle privacidad a los novios—sonrió.
El quinteto volvió al interior del castillo, sin ser notado por Kagome e Inu Yasha. Ellos seguían caminando por la orilla del mar, sin hablar, disfrutando de la compañía del otro.
- Inu...—dijo la princesa para llamar su atención, mientras se detenía – Perdóname por todas las preocupaciones que te hice pasar en este tiempo... –
- No tienes que disculparte. No fue tu culpa. Además, ya es algo del pasado...—acarició la cabeza de la joven con suavidad.
Ella se soltó de su mano y se adelantó unos cuantos pasos.
- ¿Qué pasa?—preguntó él.
- ¡No te acerques! ¡Espera un poco!—exclamó, mientras se agachaba y escribía algo en la arena. Cuando hubo finalizado, le guiñó el ojo y se fue corriendo hacia el palacio.
- Esta Kagome...—rió, y se acercó a leer el mensaje, ayudado por la luz de la luna.
"Te amo. No volveré a dejarte solo. Por siempre tuya, Kagome"
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Finalizado el día Sábado 28 de Febrero de 2009, a las 5 de la mañana.
(Revisión realizada durante el día 1° de Marzo de 2009)
Notas de la Autora:
Hola! ¿Qué tal? ¿No les dije que tuvieran la esperanza de que las cosas podían mejorar? Pues así fue. No fui capaz de dejar solo a Inu Yasha xDDD Tenía que tener un final feliz junto con Kagome. Ambos se lo merecían n.n
Espero que les haya gustado el final! Traté de hacerlo lo más coherente posible... Ojala que no los haya confundido mucho el constante cambio entre las distintas escenas, sobre todo la parte donde alternaban el purgatorio y la ceremonia. Y, además, intenté mantener el suspenso acerca del destino de Kagome hasta el final No quería arruinar la sorpresa :D
Si sienten que las cosas quedaron un poco incompletas, o les gustaría saber qué será del futuro de nuestros protagonistas, les informo que escribiré, al menos, un epílogo. Eso sí, no puedo prometerles que estará listo pronto, puesto que en un par de días más comienzo mi tercer año en la universidad. Será un año difícil, por lo que espero enfocarme lo mayor posible en mis estudios. ello no me dará mucho tiempo para escribir, pero al menos tengo la tranquilidad de que la historia principal está finalizada.
Como dije al principio, les doy mis más sinceros agradecimientos por leer este fic hasta el final. Cada vez que recibía uno de sus comentario me hacía muy feliz, puesto que me indicaba si estaba realizando bien o no mi trabajo como escritora. Por lo que me decían en sus reviews, me parece que logré transmitirles variedad de sentimientos y logré dejarlos en suspenso en algunas ocasiones. Ello me trae una sensación de alegría y satisfacción.
Además, quiero informarles que tengo al menos otras dos historias más en mi mente. Una corta—tengo planeado que tenga tres capítulos—y otra más larga—que podría llegar a tener una extensión tan grande como Oportunidad de Vivir—. Espero que me apoyen en ellas también!!
Bueno, ya es hora de despedirme. Cuídense mucho, mis queridos lectoras y lectoras!
Intentaré que la espera entre el final y el epílogo no sea muy larga... pero no puedo prometerles nada
Adiós!
Dany-Chan
