Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 11: Los dotes del ogro.


Príncipe naranja: La reencarnación de David Hasselhoff en sus años mozos, con su chamarra naranja y el bloqueador cubriendo la punta de su nariz. Imaginen un hombre bronceado corriendo en cámara lenta hacia ti bajo los rayos del sol, para salvarte de una posible muerte por ahogamiento y utilizando la técnica del boca a boca. Este tipo de príncipes sirven para el tan conocido "amor de verano" que no ves nunca más.

.

.

.

— Te estás poniendo vieja, amiga.

Estaba sentada en el piso del cuarto de baño luego de tomar una relajante ducha. Por una extraña razón me había sentado de piernas abiertas, completamente desnuda, y con un espejo estaba observando a mi extraña y ahora solitaria amiga. ¿Por qué Dios nos hizo tan feos allá abajo? Joder, ni siquiera los hombres se salvan, ¿no podría haber hecho algo más agraciado para la vista?

— Hace tanto tiempo que no tienes algo de acción, ¿estás triste por eso verdad? —parecía una desquiciada hablándole a mi chofi— Hmpf, no eres tú la que está triste y necesita atención realmente, soy yo la que está falta de cariño. Tu solo necesitas… Un nuevo corte de cabello.

Suspiré juntando mis piernas y estirándome a lo largo del piso del baño.

Desde que habíamos llegado de Malibú había ignorado a Edward por completo, cabe decir que gracias a eso, había estado más gruñona de lo normal y me había topado con la pareja feliz incontables veces en las que escapaba de mí querido amigo. Edward solo me miraba con el ceño fruncido cuando llegaba a casa y no hacía pregunta alguna, él tampoco me hablaba, era como si supiera que algo andaba mal y tenía que ver con él.

Bueno, era obvio por la manera tan poco discreta con la que lo ignoraba.

Estaba pasando casi todas las tardes donde Jasper, nos habíamos hecho buenos amigos, mi príncipe blanco resultó ser un buen consejero y ahora me era realmente imposible verlo como algo más, de hecho, si quiera pensar en tener relaciones con Jasper era escalofriante, pero eso no significa que dejaré de espiarlo cada vez que toma una ducha.

No soy idiota.

— Uh, Bella, ¿puedo decirte algo?

Estaba en el cuarto del lavado terminando de echar la carga de ropa de Edward cuando Jasper apareció y cerró la puerta tras de sí. Su rostro estaba colorado y hacía un adorable contraste con sus rizos rubios. Di media vuelta para quedar frente a él y dejé el canasto de la ropa sobre una de las lavadoras, cruzándome de brazos apoyé mi espalda sobre esta y espere a que hablara.

— Lo que sea, Jazz.

— Me acosté con Alice.

Me quedé completamente de piedra por un momento, luego quedé en shock sin poder creer lo que había escuchado, digo… ¿Había escuchado bien? Por el inquietante movimiento del pie de Jasper contra el suelo puedo jurar que había escuchado excelentemente bien lo que él había dicho. Uh, Jasper se había acostado con Alice. Alice era lesbiana. Jasper era hetero. ¿Mundo, qué está pasando?

— Vale, te acostaste con Alice — carraspeé— Uh, ¿cuándo fue eso?

— Eh, bueno, el último día que estuvimos en Malibú, cuando fuimos al carnaval. Uh, creo que se me pasaron las copas y una cosa llevó a la otra, y… —Jasper rascó su nuca con nerviosismo— Bueno, lo último que recuerdo es que desperté junto a Alice completamente desnudo y… Uh, bueno, habían unos cuantos sobres de condones tirados por la pieza.

— Te acostaste con Alice —traté de contener la risa pero me fue imposible— ¡Joder, te acostaste con Alice!, ¡no puedo creerlo!, esto está buenísimo, Edward tiene que saberlo… —mi voz fue disminuyendo de volumen cuando recordé que le estaba haciendo la ley del hielo a Ed.

— ¿Podrías, por favor, no decirle a Edward? —asentí medio ida, jugando con mis dedos— No sé cómo pasó esto, Alice… ¡Ella no es mi tipo y yo definitivamente no soy el de ella!, ¿qué se supone que haga?, yo nunca había estado con una chica-chico, no sé cómo… ¿Bella?, ¿me estás escuchando?

— Uh, si —asentí nuevamente— Yo… Tan solo déjalo pasar, no recuerdas nada de esa noche hasta que despertaste, puede que Alice tampoco, tal vez solo fue un desliz de ambos, Jazz. No te martirices por algo así, ¿está bien? —Jasper me sonrió.

— Gracias, Bella, tienes toda la razón. Alice no ha dicho nada al respecto, o tendría a Edward burlándose de mí en mi puerta, así que haré como que nada ha pasado —le sonreí de vuelta— Y ahora es tu turno, ¿qué pasó con Edward?

— Nada.

— Vamos Bella, sabes que puedo ayudarte tal cual me acabas de ayudar.

— Yo… No sé qué pasó, Jasper, ese es el problema —suspiré apesadumbrada— ¡Él me jugó una broma para nada buena! Él… Edward me hizo creer que yo le gustaba y, uh, bueno… Bueno, yo le creí pero… No sé, no sé por qué me sentí tan horrible cuando me percaté de que solo estaba jugando conmigo, ¿qué me sucede?

— Te gusta —comentó como si nada encogiéndose de hombros, sus ojos azules brillaban con diversión.

— Imposible, es Edward —reí— ¡Vamos, es completamente imposible! —volví a reír como una completa histérica.

— Lo que digas, Bella —fruncí el ceño por el tono de voz que Jasper había ocupado.

El no creía en mis palabras.

Pero era imposible, ¡es el ogro!

Dejé mi habitación envuelta en una toalla, pensando en las palabras de Edward. Sonreí divertida, no me gustaba Edward, digo, no de esa forma, tal vez para follar, y claro que lo amaba como amigo, pero no de esa forma de gustar. Jasper estaba jodidamente loco, desquiciado, listo para ir al manicomio.

Gustarme Edward, a mí, vaya locura.

Y hablando del susodicho, ahí estaba él, desparramado sobre el sofá de la sala de estar viendo un episodio de Two and a half man, como era su costumbre. Sentí mi rostro tornarse de un furioso rojo, sin saber por qué me sentía nerviosa con su presencia pasé por un costado del sofá caminando con rapidez, tomando la toalla firmemente por mi pecho para que esta no se cayera. Cuando llegué a la cocina suspiré con alivio.

— Estás callada, Swan —di un respingo al escuchar la voz de Edward a mis espaldas.

— Cállate —murmuré, sin prestarle demasiada atención.

— Estás insoportable también, Swan —me di la vuelta para quedar cara a cara con él, alcé una de mis cejas y volví a hablarle.

— ¿Qué parte de "cállate" no entendiste? Deja de joder.

— ¿Qué coño te pasa? Estás así desde que volvimos de Malibú —hizo el ademán de acercarse a mí y yo retrocedi inconscientemente, ganándome una extraña mirada de su parte. Joder, que no se acerque, ¿es que acaso no puede darse cuenta que estoy sintiendo extrañas cosas y necesito espacio?

Sí, estaba así desde que habíamos vuelto de ese mini receso en la casona de Alice. Por más que trataba de alejar las palabras que Edward había pronunciado ese día, no podía hacerlo. Pero lo que más perturbaba mi corazón y mente eran las sensaciones de desilusión, molestia y tristeza que sentí cuando el muy idiota me trolleo como quiso. Estaba comportándome como una idiota porque una parte de mí, había querido escuchar una confesión por parte de Ed…

Y también porque pronto andaré en mis días y pareciera que a mi útero le están haciendo una puta llave.

— ¡Que dejes de joder! —chillé histérica, soltando un pequeño resoplido antes de correr a mí habitación y encerrarme allí— Idiota, imbécil, estúpido —inflé mis sonrojadas mejillas y me apoyé contra la puerta enfurruñada.

— ¡Isabella, abre esa puerta! —Ed comenzó a golpear la puerta de mi habitación con sus nudillos— ¡Abre la puta puerta, Bella, ahora!, ¿qué mierda?, ¡no voy a aguantar que me ignores un puto día más!, ¿andas en tus días o qué?

— ¡Casi, idiota, y no tengo ganas de hablar contigo!

— ¿Qué fue lo que hice ahora? —podía imaginármelo con el ceño fruncido al otro lado de la puerta, desordenando su cabello con fervor.

— ¡Nada, tu nunca haces nada!

¿Por qué estaba tan molesta con él? Joder, ¡no quería seguir pensando en sus palabras!, ¿por qué tuvo que decir todo eso?, ¿qué clase de persona que tiene cero intenciones de declararse dice eso?, a lo mejor solo fueron palabras de amigos, ¿por qué Jasper tuvo que decir eso también?, ¡me confunden! aunque…

"Sabes que nunca diría que me gustas, que amo tu sonrisa y la manera en que tus ojos brillan cuando estas a punto de hacer una broma, tampoco te diría que tengo una fascinación bizarra por la manera en que arrugas tu pequeña nariz cuando estás enfurruñada, como ahora. ¿Crees acaso que te diría que eres la chica más torpe, divertida y putamente dulce del mundo y que un bastardo como yo no te merece?"

¡Imposible!

¡Este idiota trama algo!

Creo que su deber en esta tierra es confundirme a más no poder, de tan solo recordarlo abrazándome por la espalda, tirado allí en el suelo, mientras decía esas palabras con una voz que raramente escuchaba en él, de hecho, podía contar con los dedos de mi mano las veces que me había hablado con esa dulzura y suavidad, por ejemplo, la vez que Ben robó mi primer beso.

Esa vez también me sentí como me estoy sintiendo ahora.

— ¿Ishabella, estás bien?

Alcé la mirada y me encontré con Edward de pie frente a mí, su cabello estaba completamente alborotado y tenía una extraña mueca en su rostro. Se inclinó sobre mí apoyando su brazo en el tronco del árbol donde yo estaba sentada. Era extraño, el sol hacía un extraño contraste con su cobrizo cabello, lanzando pequeños destellos, por un momento quedé embobada ante la imagen de Edward, solo un segundo, hasta que recordé porque estaba sentada aquí alejada de todos.

— ¿I-Isabella? Eh, oye… Espera, no, ¿q-qué te pasó? —Edward frunció el ceño cuando se percató de que mis ojos se llenaron rápidamente de lágrimas, las cuales no aguardaron mucho tiempo en desbordarse— Bells, joder, no se tratar con las lágrimas.

— E-Estoy bien —murmuré, limpiando mis mejillas con velocidad con el puño de mi suéter— n-no p-pasó n-nada.

— ¡Joder! —Edward se arrodilló frente a mí y alzó mi barbilla— Dime quien coño te hizo esto, ¿fue el idiota de Demitri? Romperé sus bolas, Bells, solo dimelo.

— B-Ben —murmuré, hipando— Fue B-Ben, Ed.

— ¿Qué te hizo ese hijo de puta?

Miré directo a sus ojos, sus verdes ojos que se habían oscurecido peligrosamente. Mi labio tembló y las lágrimas fluyeron nuevamente desde mis ojos, bajando por mis mejillas sin detenerse. Edward limpiaba mis lágrimas con sus dedos pulgares, tenía mi rostro sujeto entre sus manos y su frente apoyada con la mía.

— ¡É-Él se r-robó mi p-primer beso! —chillé con tristeza.

Hubo un silencio que se prolongó por un tiempo bastante largo en el que lo único que se escuchaba era la respiración de Edward y los sollozos que abandonaban involuntariamente mi cuerpo. ¡Maldito Benjamin!, ¿por qué tenía que robar mi primer beso?, ¡yo lo estaba guardando para el chico indicado, el que me hiciera sentir las jodida mariposas, el que me hiciera tartamudear y comportarme como idiota!

— ¿Te besó? —murmuró Ed.

— S-sí —hice un pequeño puchero.

— ¿Estás así porque te dieron un puto beso? —su ceño se frunció con molestia, asentí sin dejar de observar sus ojos— ¡Joder, Isabella!, tienes esa puta manía de hacer que me preocupe de mierdas sin importancia.

— ¡Para mí sí tiene importancia! —chillé— Era mi primer beso —susurré en un bajo volumen de voz—, él no tendría por qué haberlo robado. ¡Era mi puto primer beso!

— Debe besar como el carajo si te dejó llorando así —el tono burlesco que utilizó me hizo volver a observarlo. Estaba mordiendo su labio suavemente para contener la sonrisa que quería asomarse, por una extraña razón ese simple gesto hizo que extraños cosquilleos aparecieran en mi estómago— Ya se lo que haremos, pequeña, para que olvides ese mal rato.

— Nunca podré olvidarlo, el primer beso no se olvida.

— Lo harás, confía en mí, pequeña —me guiñó un ojo—. Cierra los ojos —alcé una de mis cejas en su dirección— Vamos, cierra los ojos, no haré nada malo, te lo juro Bella —asentí, no convencida del todo.

— Uh, está bien.

Cerré mis ojos lentamente y esperé a que hiciera lo que quería hacer. Sentí como dejaba un casto beso en la punta de mi nariz y no pude evitar que mis mejillas se tornaran de un patético color rosa. Mi corazón corría desbocado en el centro de mi pecho y mis manos, que estaban entrelazadas sobre mi regazo, sudaban a más no poder.

¿Qué trama Edward?

— Cuando vea a Ben, lo dejaré sin descendencia por ti pequeña. Puto bastardo, ¿es que acaso no sabe que una princesa como tú necesita un jodido príncipe y no un asqueroso sapo? —murmuró suavemente contra mis labios.

Estaba a punto de abrir mi boca para decir algo ante sus dulces palabras cuando sucedió. Sentí un suave peso sobre mis labios, luego una presión más fuerte, distinguí un exquisito sabor a vainilla y chocolate. Edward me estaba besando. ¡Edward me estaba besando! Mis mejillas explotaron en rojo, mi ritmo cardiaco aumento a una velocidad vertiginosa mientras Edward movía sus cálidos labios sobre los míos. Le seguí el ritmo torpemente, sentí como una pequeña sonrisa se esparcía en su boca cuando le respondí.

Era diferente.

No era como el bruto de Ben.

Edward era… Especial, dulce, cuidadoso, cariñoso.

Se separó de mi lentamente, dejando pequeños besos de vez en cuando, no me atrevía a abrir los ojos, mi rostro demostraba la vergüenza que sentía por lo que había ocurrido. Edward soltó una pequeña risita y yo di un respingo ante eso, fruncí mis labios contrariada por todo.

Por lo ocurrido y por lo extraña que me estaba sintiendo.

— ¿Vas a abrir los ojos, Ishabella? —asentí y abrí mis ojos, el rostro de Ed aún estaba cerca del mío, demasiado cerca para mi salud mental, mis mejillas nuevamente se sonrojaron— Eh, ¿qué pasa? —tocó mis cachetes con su dedo índice y rió quedamente.

— ¿P-por qué hiciste eso? —le pregunté en un susurro.

— Para que así tengas un mejor recuerdo de tu primer beso —se encogió de hombros— Al menos… No sé, podrás recordar este beso en vez del que
te dio el cabrón de Ben —sonrió dulcemente— ¿Te sientes mejor ahora? —asentí, sin palabras— Bien, no quiero que vuelvas a llorar por culpa de un idiota, siempre me tendrás a mí a tu lado y podrás contar conmigo para todo, ¿me escuchaste?

Y volví a asentir sin dignarme a abrir la boca para soltar palabra alguna, perdida nuevamente en el brillo de su cabello en contraste con el sol, y el nuevo brillo que había aparecido en sus orbes verdes.

Tenía dieciséis años cuando sucedió eso.

Una niña de dieciséis años no debería pasar por este tipo de experiencias que pudieran producir un ataque al corazón a tan temprana edad, y definitivamente una mujer de veinticuatro años tampoco está en edad de permitirse esos tipos de aumentos de velocidad cardiaca.

Ah, la vida es tan cruel, recuerdo que en esos tiempos tenía menos pechos que ahora, la pubertad se burlaba de mí con creces, de hecho, eran puros pezones, así de penosa. Edward solía molestarme cada dos por tres por ello, y por mis frenos, y por mi gordo trasero, y generalmente me molestaba por todo.

— Bella, abre la puerta por favor —la voz de Edward sonaba aburrida, dejé el infantilismo de lado y le abrí la puerta de mi habitación para darle frente de una vez por todas— ¿Me dirás que es lo que te sucede? —se metió dentro de mi habitación y cerró la puerta tras de sí para apoyarse en esta. Su ceño estaba fruncido con molestia.

— No es nada —murmuré, afianzando el agarre de la toalla en mi cuerpo. Edward me recorrió de arriba abajo lentamente con su candente mirada, y luego se detuvo nuevamente en mi rostro para murmurar con una ronca voz:

— Isabella…

— Estaba recordando mi primer beso —alzó ambas de sus cejas con asombro ante mi confesión— mi "cuasi" primer beso, ¿lo recuerdas, Edward? —le pregunté tímidamente.

— Lo recuerdo, Ishabella —su sonrisa torcida apareció, al igual que los cosquilleos en mí.

— ¿Recuerdas que dijiste que siempre estarías a mi lado y que podría contar contigo para lo que fuera? —Edward asintió confundido— Hay algo que necesito que hagas por mí, Ed.

— ¿Qué quieres que haga?

Su pregunta salió en un murmullo apenas audible, así fue como supe que era el momento de concretar lo de follamigos, necesitaba a Edward, necesitaba sacármelo de la cabeza, tal vez tan solo era la frustración de no haber concretado nunca lo que una vez empezamos, tal vez me estaba sintiendo así por la simple curiosidad de querer saber cómo sería estar con Edward de esa manera.

Así que era la hora de averiguarlo.

— Quiero que me hagas el amor, Edward.

Y dejé caer la toalla de mi cuerpo, quedando expuesta ante él.

Edward nuevamente me recorrió con la mirada, aún seguía en la misma postura, apoyado contra la puerta de mi habitación con sus brazos cruzados sobre su fuerte pecho, si no fuera porque sus verdes ojos se oscurecieron podría incluso decir que al muy cabrón le valía verga que yo estuviera ofreciéndome desnuda en bandeja a él.

Él solo se dignaba a observarme y yo ya estaba sintiendo el rubor cubrir mi cuerpo ante la vergüenza de estar parada aquí como una idiota que no puede vivir sin sexo. ¡Pero vamos!, ya habían pasado unos cuantos meses, tenía el perdón de mi amigo yisus por hacer esto.

— ¿Sabes? Es bastante humillante estar en mi lugar, solo por si te lo preguntas.

— Yo no te pedí que te desnudaras —comentó desinteresado. El color subió completamente a mi rostro y cuerpo entero, con más vergüenza que nunca estaba decidida a darme vuelta y salir corriendo al baño.

— Uh, bien, lo siento, yo… —me enredé con mis propias palabras mientras trataba de cubrir mi cuerpo, di media vuelta dándole la espalda a Edward. Tenía unas ganas enormes de llorar y de golpearlo hasta dejarlo desfigurado.

— A la mierda…

Esa frase para nada caballerosa fue la última que escuché antes de encontrarme encerrada en sus brazos. Me quedé de pie, quieta, mientras Edward me abrazaba por atrás y su cálido aliento golpeaba tenuemente contra el lóbulo de mi oreja. Los vellos de mi nuca se erizaron ante esa nimia acción y tragué saliva, esperando lo que venía a continuación.

— Eres exasperante —murmuró cerca de mi oído, luego agarró mi lóbulo entre sus labios y solté un pequeño siseo.

Mamma mía.

— S-Siempre me dices l-lo mismo.

— Shh, no hables Bella —me tomó por los hombros y me giró lentamente para que quedara frente a frente ante él— Te haré el amor como nadie te lo ha hecho antes, pequeña, así que solo siente y no hables —y sus labios se apoderaron de los míos con rapidez.

Él debe haber sacado esa puta frase de alguno de esos libros que lee.

O tal vez es su repertorio.

Sea como sea, la puta frase funciona de las mil maravillas.

Rodeé su cuello con mis brazos y atraje sus labios más cerca de los míos. Este Edward no era el mismo Edward de ocho años atrás que me había besado bajo el árbol, este Edward tenía incluso más maestría que el de antaño, era un poco más salvaje, pero utilizaba la pizca de dulzura necesaria cada vez que se alejaba de mi para hacer que el aire volviera a nuestros pulmones, lo notaba por la tierna forma en que besaba lentamente mis mejillas, mis parpados, la punta de mi nariz y luego volvía a hacer que nuestras lenguas danzaran al unísono.

Mientras nos besábamos avanzábamos por mi cuarto, mis piernas finalmente dieron con el pie de la cama y Edward no esperó ni un segundo para hacer que me estirara sobre esta. Era realmente erótico verlo de pie frente a mi completamente vestido, con su cabello incluso más alborotado de costumbre y esa sonrisa rompe bragas de los mil demonios.

¿Por qué se estaba demorando tanto?

Mi amiga palpitaba por culpa de la espera.

¡Ella también necesitaba atención!

Edward soltó una pequeña risita cuando restregué mis muslos para apaciguar la calentura que sentía, y se despojó de su playera blanca rápidamente. Ah, me encantaban los chicos con torsos marcados, no en exageración como los fisicoculturistas que se encontraban en el gimnasio, simplemente con lo suyo ahí, bien puesto, como por ejemplo mis amigos los oblicuos.

Mis más queridos amigos.

Edward tenía unos oblicuos de infarto, marcados, para pasar la lengua por ellos una y otra vez.

— Pareciera que saltarás a mi yugular en cualquier momento, pequeña —volví mi mirada a su rostro, a la vez que terminaba de sacar sus pantalones para quedar en unos apretados bóxer de color gris— todo su tiempo, tenemos todo el tiempo del mundo Ishabella.

Se arrastró por sobre mi cuerpo, dejando pequeños besos en mis muslos, caderas, ombligo y pechos. Y fue ahí donde se quedó, para juguetear con mis lolas. Solté un pequeño gemido cuando su lengua hizo contacto con mis pezones, ¿desde cuándo estaba tan sensible? A Mike le costaba un jodido mundo ponerme cachonda y a Edward tan solo le bastaban unos cuantos besos para tenerme estilando como las cataratas del Niagara.

Se entretuvo jugando con mis limones por un buen tiempo, también estuvo a punto de hacer un comentario de los suyos sobre mis pequeños pechos pero la mirada que le di fue suficiente para que desistiera. ¿Para qué arruinar el momento con una de sus tan dulces bromas? Que se joda, es mi momento de disfrutar.

— No iba a decir nada malo, sabes —me dijo, rozando su nariz con la mía. Ed aún tenía su bóxer puesto, mi sexo estaba completamente expuesto y se rozaba de manera deliciosa con la protuberancia que tenía en su ropa interior.

— Claro, lo que digas —cerré mis ojos y moví mis caderas para crear fricción entre nuestros cuerpos— Joder, como extrañaba sentir esto.

— ¿Qué hay del señor Bunny? —me preguntó sonriendo mientras mordía mi cuello con suavidad.

— Uh, Bunny y yo hemos terminado —volví a alzar mis caderas ganándome un gemido de su parte— Ahora, Cullen, haz tu parte.

— Quería ir lento contigo.

— Si, bueno, chofi, yo y la espada láser no pensamos lo mismo —Edward escondió su rostro en la curvatura de mi cuello y rió abiertamente— Edward, enserio, chofi necesita a la espada láser.

— ¿Por qué mierda le pones nombre a todo? —me encogí de hombros y Edward volvió a reír— Bueno, pequeña, chofi tendrá que esperar.

— Chofi te odia.

— Estoy seguro de que me amará —me guiñó un ojo y luego sus manos hicieron magia.

Santa madre de Dios.

Benditos fueron los Cullen y su genética de buenos folladores.

Bendito seas Edward padre y bendita seas Lizzie, por haberle dado largos y mágicos dedos a su hijo.

¡Y bendito seas Edward por ser tan jodidamente bueno en la previa!

Mike, aprende del maestro. ¿Cuándo en los cuatro años que estuvimos me hizo tener un orgasmo tan hilarante solo utilizando sus dedos?, ¡ni siquiera su lengua servía! Oh, la de Edward debe hacer magia al cubo. Uh, estaba en el séptimo cielo y Edward tenía toda la razón, chofi lo amaba completamente, sus dedos hacían maravillas en mí una y otra vez, tocaba los puntos exactos, era como si conociera mi cuerpo al revés y al derecho. Estaba tan ensimismada en las sensaciones que me hizo sentir al llevarme al cielo con sus manos que ni siquiera me di cuenta cuando había quitado su ropa interior. Bueno, sip, Edward estaba bien ahí abajo, realmente. Una socarrona sonrisa se posó en sus labios cuando me quedé mirando su miembro más tiempo de lo estimado.

No es como si le fuera a hacer un altar, tampoco.

Pero en mi mente hacía el baile de la victoria porque me aseguraba una noche de orgasmos sin parar, por seguro.

— Uh, espera —Edward estaba acomodado entre mis piernas, su cohete estaba justo en la entrada, tan solo esperaba la orden para despegar— Uh, E-Edward, v-verás… S-soy virgen… —hice la cara más inocente que pude y volví a ganarme una de sus risas.

— Cierra la jodida boca, Swan —dijo—. No, espera, mejor te la cerraré yo —y se apoderó de mis labios una vez más.

No pude evitar sonreír contra sus labios, los cuales también estaban alzados en una sonrisa.

Esto era lo mejor, y mientras lo sentía adentrarse en mí, pensaba en que estábamos actuando con tanta normalidad como siempre. Como éramos. Edward y Bella, los amigos. No había incomodidad ni dudas, no había nada, simplemente éramos nosotros mismos dándonos placer mutuamente. Y me gustaba esta sensación de paz que sentía, era gratificante, completamente gratificante.

Cuando estuvo por completo dentro de mi solté un pequeño suspiro de satisfacción.

¡Cuánto tiempo había pasado!

Edward comenzó un suave vaivén con sus caderas el cual pude seguir rápidamente, separó sus labios de los míos y junto nuestras frentes, sus ojos no dejaron los míos en ningún momento. Sus embestidas aumentaron y pequeños jadeos abandonaban nuestros labios, el sudor se apoderaba de nuestros cuerpos y yo estaba extasiada de felicidad. Era Edward, simplemente era por él y sus tratos, como me miraba directamente a los ojos ahora mientras se aferraba a mi sudoroso cuerpo y sus caderas golpeaban con fuerza contra las mías. Dejé un beso en su barbilla y enrollé mis piernas entorno a su cintura, para acercarnos aún más si era posible.

— Afírmate, Ishabella —alcé una de mis cejas y sonreí, luego afiancé mi agarre a sus hombros y cintura.

Y ahí fue cuando Edward se puso brutal.

Hijo de puta.

Una de sus manos reposaba sobre el colchón a un costado de mi rostro y con la otra agarró el cabecero de mi adorada cama. La rapidez de sus embistes era salvaje, pero joder, tocaba justo ahí, en ese punto de mierda que me hacía rodar los ojos hasta dejarlos en blanco. La cama sonaba cuando golpeaba suavemente contra la pared, y Edward debía de hacer mucho ejercicio para mover las caderas a esa velocidad sin parar.

No es que me quejara.

Si paraba le cortaba las bolas.

Mañana tendría que andar en silla de ruedas por culpa de este cabrón.

Joder… Edward… Juro que… Te patearé… En las… —a la mierda, no podía hablar más. Me aferré a sus hombros y escondí mi rostro en su cuello, mi respiración estaba completamente errática y el simplemente no paraba.

¡No paraba!

¡Iba a morir teniendo sexo!

— ¿Dónde me patearás? —me preguntó con dificultad, su voz tensa y más ronca de lo normal.

Negué con mi cabeza, estaba cerca de la culminación, solo un poco más y volvería a tocar el cielo. Edward soltó el cabecero y con la mano libre alzó una de mis piernas y la puso sobre su hombro, cuando volvió a embestir en mí como una bestia salvaje me fui a la mismísima mierda.

Literalmente.

Lo perdí.

— ¡Jodido Cullen! —chillé, sintiendo mis paredes internas abrazar al invasor que me había llevado a las estrellas.

Luego de un rato de seguir abusando de mi pobre cuerpo sin energía Edward logró llegar al clímax, su cuerpo lacio y sudoroso estaba sobre el mío como un vil saco de papa, algo que me dificultaba el poder regresar a respirar como la gente normal. Acaricié su húmedo cabello y sonreí como una boba. ¿Quién quería respirar cuando tenía esto? Finalmente lo habíamos hecho, ¡já!, él no tenía fe en mi sobre esto y aquí estábamos, los dos sobre la cama.

— ¿Por qué eres tan bueno follando?

— La práctica hace al maestro —contestó engreído, se ganó un golpe en el hombro de mi parte— Uh, créeme, me faltaron mostrar algunos dotes —me guiñó un ojo haciéndome reír.

— Los dotes del ogro, vaya Dios —acaricié su cabello y luego bajé a su mejilla. Edward apoyó su rostro en mi mano y estuvimos así por un momento, simplemente observándonos.

Una tenue sonrisa se posó en mis labios.

Había visto el aspecto de Edward post sexo con anterioridad, cuando traía a esas fulanas a casa para divertirse un rato, nunca me pareció del todo atractivo hasta ahora, hasta que yo fui la que dejó su cabello enmarañado, sus labios rojos e hinchados y sus ojos brillantes por la satisfacción que sentía. Recordé lo que pensé aquella vez que Edward me besó cuando tenía dieciséis años, cuando el sol golpeaba contra su persona haciéndome ver un Edward totalmente distinto.

Hermoso.

Edward se veía igual que en ese entonces, completamente hermoso.

La sonrisa vaciló en mi rostro por una fracción de segundo, le di una palmadita en la mejilla a Ed y alejé mi mano de su rostro. Tenía que dejar de pensar en estupideces, dejar de pensar en el pasado y compararlo con el ahora, dejar de pensar en las palabras de Edward, dejar de pensar en lo feliz y plena que me sentía luego de haber estado juntos, tan solo tenía que disfrutar el ahora.

¡Carpe Diem, Isabella!

— Cuando mañana camines como si hubieras ido a montar un caballo, me reiré de ti.

— Tengo toda la noche para dormir en calma y recuperarme de tu brutalidad, Ed —Edward levantó su rostro y alzó una de sus cejas. Fruncí el ceño ante su expresión.

— ¿Y quién coño dijo que te dejaría dormir? —besó mis labios y mordió mi labio inferior sensualmente.

Iba a llorar de felicidad.

Chofi ya estaba llorando, de hecho.

¡Nunca había tenido más de un round!

¡Mike, tu simplemente jodiste mi vida!


¡Buenas tardes

¡Finalmente! muchas esperaban que estos dos concretaran algo, no me pidan mas lemmon de lo que les puedo dar aquí porque no es lo mío, amo leerlos pero odio escribirlos, sinceramente, no puedo escribir la palabra "clítoris" sin soltar una estúpida risita XDDDD Espero les guste el capítulo, no crean que todo será de rosa de un momento a otro. Tenemos a Bella, una soñadora empedernida que tiene su prototipo de hombre bien definido, ¿enserio creen que aceptara tan fácil que siente maripositas por Edward?, y tenemos al ogro, que aunque él sabe que Isabella is the chosen one, tampoco se quedará tirada ahí como si nada esperando que ella se de cuenta de eso, el chico necesita acción, es hombre, ¿qué esperaban? usa más la cabeza de abajo que la racional.

Como siempre mis niñas, ¡Muuuuuuuchas gracias por su paciencia, reviews, alerts y favoritos!
Son las mejores, que no se les olvide ;)

Lamb.