Hola!
Como lo prometido es deuda, aquí les traigo la primera parte del epílogo de "Oportunidad de Vivir". Espero que les guste! :D
"Oportunidad de Vivir"
Epílogo: Un Último Obstáculo
(Primera Parte)
- Si esos ancianos creen que se saldrán con la suya, les aseguro que no será así—dijo Kagome a Sango, mientras caminaban a través del recién inaugurado sector central del Palacio Imperial (El resto seguía en construcción) – No se los permitiré... –
- Cálmate, por favor...—le pidió su hermana mayor – Será mejor que tomes una decisión cuando estés más tranquila... –
- No. Ya lo decidí. ¡Me marcho de aquí ahora mismo! ¡Y esa es mi última palabra! –
Las personas que las veían pasar no entendían qué estaba sucediendo, tanto sirvientes como trabajadores del gobierno.
- ¿Se encuentra bien, Kagome-hime?—le preguntó una de las mujeres encargadas de atender sus necesidades, cuando las princesas Higurashi ingresaron a la habitación de la más joven. (Nota: el sufijo –hime es utilizado para referirse a las princesas, en este caso Kagome).
- Kaguya... ¿Podrías arreglar mis pertenencias dentro de valijas, por favor?—le pidió la joven.
- Claro que sí, cómo ordene. Aunque... ¿puedo preguntarle a qué se debe esto, si no es mucha impertinencia? –
- Regresaré a mi hogar por un tiempo... –
- ¿Ha tenido usted una pelea con Su Majestad, el Emperador?—preguntó Kaori, otra de aquellas mujeres, refiriéndose a Inu Yasha.
- No, no fue así. Lo que sucedió fue... –
***Flashback***
Inu Yasha estaba en una reunión con las personas a las cuales había elegido como ministros, todos ellos provenientes de tradicionales familias de la nobleza. Discutían acerca de diversos tópicos, involucrando asuntos tanto de la política como de la economía y organización militar, entre otros. El encuentro se había extendido por varias horas y, cuando la mayoría creía que había acabado, uno de los ministros levantó su mano para proponer otro tema a discutir.
- Su Alteza. Lamento alargar esta reunión, pero siento que el tema que deseo proponer es de una alta importancia...—dijo el hombre.
- Le concedo la palabra, ministro Daidouji—le dijo el Emperador.
- Gracias, Su Excelencia. El asunto que deseo tratar es el de la candidata a futura Emperatriz, su esposa –
- No creo que haya nada que discutir acerca de ello. A cada uno de ustedes les fue informada mi decisión, ¿no es así? –
- Así es, Su Majestad. Pero, con todo respeto, pienso, y es una opinión que comparten muchos de los hombres presentes, que aquella joven no está del todo calificada para ser la próxima Reina de nuestro país... –
- La crianza de la princesa Higurashi no ha sido la mejor—dijo otro ministro, apellidado Kotonami – No hemos de olvidar que pasó cinco años de su vida directamente involucrada con el ex-Emperador, Naraku Yamino, realizando actividades equivalentes a las de un soldado... –
- En cambio muchas otras princesas han recibido, desde el día de su nacimiento, el entrenamiento necesario para ser hábiles Emperatrices, siendo capaces de darle un real apoyo en su labor como Regente. Sólo están esperando que Usted, Su Alteza, las elija como candidatas a esposas...—expresó un tercero, de apellido Hamazaki.
- ...Muchas de las cuales, Su Señoría, son nuestras preciadas hijas. Para cualquiera de nosotros, sería un honor que usted eligiera a una de ellas como su futura compañera...—habló un cuarto, llamado Nakamura.
- Estos hombres... Se aprovechan de la situación sólo porque el padre de Kagome, el ministro Tetsu Higurashi, no está aquí, sino en su hogar... por lo que no puede defender abiertamente a su hija...—pensó Inu Yasha con indignación – Lo malo es que no puedo ignorar sus palabras... Decidieron dar su apoyo a un Emperador tan joven como yo, sin exigir nada a cambio... Era difícil que accedieran a todas mis decisiones resignadamente, cuando poner a una de sus hijas en el trono significaría un automático aumento de status y poder...—hizo una pausa en sus pensamientos – Pero no permitiré que me casen con alguien diferente a Kagome. Es la mujer a la que yo amo, y por la cual sería capaz de entregar mi vida... –
- ¿Y bien, Su Excelencia? ¿Cuál es su respuesta ante nuestra inquietud?—preguntó Daidouji. Hubo un incómodo silencio, que fue roto por el joven.
- Pienso que tienen razón—contestó. La mayoría sonrió con complacencia – Pero, también creo que deberían darle una oportunidad a quién yo he elegido como mi futura esposa—declaró con decisión – Me parece una buena idea que se sometan a prueba las habilidades que ustedes consideren que una futura Emperatriz debiese tener y que, de Kagome poseerlas, ser la elegida para contraer matrimonio conmigo –
Los ministros quedaron pensativos, pero luego de unos momentos accedieron. Fue Daidouji quien habló.
- Estamos de acuerdo con sus señalamientos, Su Majestad. Realizaremos una prueba con esas características a la princesa Kagome Higurashi. A ella se le informará de esto oficialmente a la brevedad, y se designará a cinco ministros para que preparen la evaluación de acuerdo a los criterios adecuados. ¿Está Su Alteza satisfecho con esta decisión? –
- Me parece bien. Siendo así, declaro finalizada esta reunión. Pueden retirarse—les dijo el Emperador, mientras se levantaba y era escoltado por unos sirvientes hacia sus aposentos – Espero que Kagome no se enfade conmigo por esto... Es la mejor alternativa en la que pude pensar... –
Un par de horas después, llegó la hora de cenar. En el salón se concentraron los ministros, altos mandos militares—como Kohaku, Sango y Sesshomaru—, consejeros del Emperador—como Miroku—, y la actual prometida de Inu Yasha, Kagome, junto con su madre, lady Midori y Rin. La comida transcurrió con tranquilidad.
Una vez terminada, la menor de los Higurashi se acercó sigilosamente al Emperador, y le pidió que se encontraran en su usual punto de reunión en una hora más. Él aceptó.
De este modo, una vez cumplido el plazo establecido, ambos se reunieron en un balcón ubicado en el último piso del castillo—el cual tenía unos ocho pisos—, el que permitía observar toda la Ciudad Imperial desde las alturas. Una hermosa vista, aún más de noche.
El joven Emperador solicitó a sus escoltas que los dejaran a solas. Kagome le pidió lo mismo a sus doncellas.
- ¿Qué tal el día?—le preguntó la princesa a su prometido.
- Algo agotador, para ser sincero. La reunión que tuve con los ministros fue bastante larga...—contestó él.
- Sí, eso fue lo que me informaron. Además, hace unas tres horas llegó esta carta a mi habitación...—le mostró el escrito, el cual portaba el sello de Asuntos Reales. Él la leyó.
- Espero que esto no te incomode... –
- No te preocupes. Me imaginé que algo así pasaría. Después de todo, los ministros son nobles. Y, como tales, es obvio que querrían ver a sus hijas como Emperatrices de todo Japón... Y que me consideran una molestia para sus planes... –
- Es la misma conclusión a la que llegué yo. Y, por ello, pensé que una prueba sería lo más justo para todos –
- Tienes razón. Y te agradezco por haber creado esta oportunidad... Si de ellos dependiera—dijo, refiriéndose a los nobles—me hubiesen expulsado de inmediato –
- Sabes que no permitiría eso. Tú eres la mujer a la que amo, y a la que le pedí matrimonio hace un año...—la abrazó.
- Claro que lo sé—se acurrucó entre sus brazos – Yo también te amo, y no permitiré que esto nos separe. Te lo prometo... –
Pasaron unas semanas, luego de las cuales llegó el momento en que Kagome sería sometida a la evaluación. Su madre intentó entrenarla lo mejor que pudo en el poco tiempo que le fue concedido a la princesa para prepararse, y le dio diversos consejos antes de la hora de la prueba.
De este modo, Higurashi-hime se presentó ante los ministros, vistiendo la vestimenta adecuada a su status como aspirante a Emperatriz. La evaluación consistió en la realización de diversos aspectos que se consideraban necesarios en toda dama de la alta sociedad, tales como la composición de arreglos florales, poesía, bailes tradicionales, la ceremonia del té, la elección de platillos adecuados para cada ocasión, entre otros. Fue un día muy duro para la princesa, luego del cual se le daría un día de descanso y, al día subsiguiente de la prueba, los resultados serían entregados.
Kagome estaba muy nerviosa, al igual que todos quienes la querían o tenían respeto, tales como su madre, hermanos, prometido, y sus doncellas.
Cuando el resultado fue dirimido por los ministros, éstos llamaron a la princesa a una reunión a solas. Ésta se presentó ante ellos, mostrándose segura de sí misma, a modo de dar una buena impresión.
- Señorita Kagome Higurashi—dijo Daidouji – Después de examinar los resultados obtenidos por usted durante el día de la evaluación, los ministros en su conjunto han decidido que, con sus habilidades, no es lo suficientemente apta como para convertirse en la Emperatriz de la nación nipona. Por ello, se le remueve de su status como prometida de Su Majestad el Emperador. Si lo desea, podrá postular a otros cargos dentro del Palacio Imperial para permanecer en este lugar. Si no es así, se le pedirá que haga abandono del castillo –
- Señores ministros, me gustaría saber cuáles han sido los motivos por los que no he sido aprobada—pidió la princesa, conteniendo los sentimientos de rencor que se acumulaban en su interior.
- El principal motivo ha sido la falta de dominio en las distintas habilidades testeadas. Aunque usted supiese realizarlas, fallaba en hacerlas con la precisión necesaria y la elegancia que una aspirante a soberana debiese poseer. Sus movimientos parecían forzados, no fluían con naturalidad. Y sus conocimientos en cada materia eran insuficientes—explicó Kotonami.
- Entiendo sus razones. Por lo mismo, deseo proponer una idea ante vosotros, sus señorías... –
- ¿De qué se trata?—preguntó Nakamura.
- A modo de hacer de ésta una elección justa, creo que debería de someterse a las mismas pruebas a todas las jóvenes de familia noble que deseen aspirar a ocupar el cargo y las responsabilidades de una Emperatriz. Por ello, propongo que dentro de un año se reúna a todas ellas y se las evalúe del mismo modo, o aún más estricto, que fue aplicado a mi persona. Además, desearía que se me diese una segunda oportunidad en aquel plazo de tiempo para estar en igualdad de condiciones a las de cualquier otra princesa –
Los ministros se reunieron y dirimieron acerca de la propuesta planteada por Kagome. Después de unos minutos, decidieron su respuesta.
- Su planteamiento nos parece razonable. Aceptamos su propuesta, señorita Higurashi—dijo Daidouji.
- Muchas gracias, señores ministros. Con su permiso, me retiro...—hizo una reverencia y comenzó a caminar en dirección a la salida.
- Esta jovencita jamás podrá ascender al trono...—murmuraba uno de los hombres.
- Cree que podrá ganarle a princesas que han sido educadas toda su vida para convertirse en Emperatrices... Como si eso pudiera llegar a ocurrir alguna vez—dijo otro, en evidente tono burlesco.
- Cree que su apellido le abrirá todas las oportunidades. Pues se equivoca—murmuró un tercero.
- Seguro que en un año no aprenderá nada... La elegancia es algo que se lleva en la sangre... –
- Con su gracia, con suerte la aceptarían como camarera en un restaurante... –
- Debería irse de aquí de una vez... No estamos para darle limosnas a nadie... –
- No tenemos dinero para alimentar a personas que, aparte de su apellido, no se diferencian de los plebeyos... –
Kagome iba escuchando cada uno de estos comentarios a medida que avanzaba hacia la puerta. Su sangre hervía de ira, pero trató de mantener la compostura y mostrarse digna. Cuando salió, se encontró con Sango—los demás no habían podido venir debido a que tenían asuntos que atender—, quien la siguió mientras caminaba.
- ¿Y cómo te fue?—le preguntó la mayor.
- ¿Cómo crees? Era imposible que esos tipos me aceptaran... Lo único que les importa es ganar más poder... Y yo soy un obstáculo ante ello...—avanzó aún más rápido.
- ¡¡Espérame!!—exclamó, acelerando el paso.
***Fin del Flashback***
- Volveré a casa y entrenaré para ser la más elegante de las princesas... ¡Lo juro por mi nombre, Kagome Higurashi! ¡Atravesaré las puertas del Palacio Imperial en un año, convertida en la mujer ideal para ser la futura Emperatriz de Japón! –
Y así, finalizó los preparativos para viajar al castillo Higurashi lo antes posible. Inu Yasha intentó convencerla de lo contrario, pero no pudo hacerlo. Ambos estaban en su habitual punto de encuentro.
- Parece que nuestra historia está marcada por las separaciones: primero fueron los cinco años de tu desaparición, en que te entrenaste como Princesa de la Muerte; después cuando Sango, Miroku, Harumi y yo viajamos en busca del Collar de la Pureza; luego el tiempo previo al Sagrado Juramento; también el mes anterior a la Batalla Final; además de los seis meses que tardaste en despertar luego de la ceremonia para traer de vuelta tus almas...—dijo Inu Yasha, mientras suspiraba – Y ahora esto... ¿Estás segura de que tienes que irte por un año? –
- Sí. Es la única forma de conseguir el respeto de esos sujetos...—murmuró. No quería que otras personas la oyeran – Además... es la única manera en que podremos asegurar nuestro futuro juntos, sin oposiciones...—le susurró al oído – Esto lo hago por los dos...—lo abrazó – ¿Me esperarás? –
- Claro que sí... ¿Cómo no habría de esperarte? –
- Gracias. Prometo no defraudarte. Volveré convertida en la más elegante y distinguida de las princesas que se presenten ante ti... –
- Confío en que así será. Nunca me has decepcionado—sonrió.
- Te escribiré cartas para mantenernos en contacto –
- Las esperaré con ansias. Ojala que el tiempo pase rápido... –
- Seguramente así será. Me imagino que tu trabajo como Emperador no te dejará mucho tiempo libre para pensar en mí...—sonrió – Yo también trabajaré duro para conseguir pasar la prueba con las más altas calificaciones...—depositó un beso en la mano del joven, a modo de sellar su compromiso.
- Entonces, partirás mañana... –
- Así es. Entre antes, mejor... No debo desperdiciar ni un solo día, si no... –
No pudo terminar su frase, ya que Inu Yasha selló sus labios con un beso. La atrapó firmemente entre sus brazos, no dejándola ir.
- Voy a extrañarte mucho...—le susurró él al oído.
- También yo, también yo...—murmuró, mientras acomodaba su cabeza en su pecho.
Llegó el día en que la princesa debía marcharse. Su madre la esperaba dentro del carruaje que las llevaría de regreso a su hogar, el castillo Higurashi. Allí se encontraría con Souta y su padre, Tetsu.
Sin poder demostrar demasiado afecto, debido a las normas de protocolo y porque había trabajadores y ministros del gobierno en los alrededores, Kagome se despidió de Sango y Rin tomando sus manos, y de Kohaku, Miroku y Sesshomaru con una pequeña reverencia. Al acercarse a Inu Yasha, hizo una profunda reverencia ante él.
- Nos veremos en un año, Su Majestad. Le deseo lo mejor durante este periodo de tiempo—dijo la princesa, manteniendo su mirada en el suelo. Era difícil para ella dejar a su amado en ese lugar, con una posición tan importante y un trabajo bastante desgastante, pero debía hacerlo. Ella misma había dicho "Esto lo hago por los dos...". Sin este sacrificio, no había posibilidad de vivir juntos el resto de sus vidas.
- Gracias, Kagome-hime. Deseo lo mismo para ti—sonrió, aunque sentía su corazón oprimido al dejar a su ex-prometida oficial partir.
La joven levantó su mirada, sonrió una última vez y se alejó, subiendo al transporte donde estaba su progenitora.
- Estaré en contacto con ustedes. Hasta la próxima—se despidió. Luego, el cochero cerró la puerta, tomó posición y dio comienzo al viaje. Las personas más cercanas a Kagome se quedaron observando cómo la carroza se perdía de vista.
- Todo será tan solitario sin Kagome...—dijo Sango – Si no fuera por esos "honorables" ancianos...—masculló con sarcasmo.
- Ten cuidado para no ser oída...—le advirtió su novio, Miroku – Esas personas pueden hacer tu vida imposible si así lo desean... –
- Y se desharán de cualquiera que esté en su camino...—murmuró Rin, observando a Inu Yasha de reojo.
El joven mostraba una expresión neutral—que había aprendido a mantener dado su status de Emperador—, aunque por dentro se sentía muy solo. Tener este cargo era bastante duro, pero era lo que él había elegido. Si hubiera querido, podría haber cedido ese título a su hermano Sesshomaru, puesto que él había sido el heredero al trono original. Pero había decidido, desde el día en que llegó al castillo Higurashi luego de escapar del Golpe de Estado, que sería el Regente de Japón, y lo seguiría siendo por el resto de su vida.
Kagome observaba con nostalgia cómo el Palacio Imperial se iba haciendo cada vez más pequeño a medida que el carruaje se alejaba de aquel lugar.
- Sé que el camino que has elegido es duro, pero estoy segura de que lograrás vencer este obstáculo, hija mía...—le dijo Midori, colocando una de sus manos sobre la de la princesa, a modo de confortarla. Ella sonrió como respuesta.
- Gracias mamá...—contestó y cerró sus ojos – Ahora, con 18 años, dejo el lugar que ha sido mi hogar durante estos meses... Para volver a poner un pie en el Palacio sin ninguna clase de arrepentimientos, daré todo de mí durante este periodo de tiempo... La Kagome de 19 años no tendrá las mismas debilidades que la de ahora...—abrió sus ojos, los cuales brillaban con decisión – Prometo salir victoriosa de todo esto... Lo hago por mi nombre, Kagome Higurashi –
- Ese es el espíritu. Digno de una Higurashi –
Luego de aquel acontecimiento, el viaje continuó sin inconvenientes. Llegaron a su hogar alrededor de una semana después, tomaron un día de descanso y el entrenamiento comenzó. Fue duro desde un principio, pero poco a poco la joven fue tomándole el ritmo. Su padre contrató a algunos de los mejores maestros de cada disciplina, quienes también habían educado a algunas de las princesas que serían sus rivales por el título de Emperatriz.
Cuando la presión se hacía insoportable, solía caminar hacia el arroyo que se encontraba dentro de los terrenos del castillo. Aquel lugar la calmaba y le devolvía las fuerzas y la voluntad de seguir adelante. Otra actividad que solía realizar, y en la cual la acompañaba su hermano Souta, era practicar con la espada.
Muchos de sus profesores estaban en desacuerdo con este "pasatiempo", pero debían admitir que los movimientos de Kagome eran bastante certeros y elegantes, características que se trasmitían a las artes que debía aprender para ser una "princesa perfecta".
Mensualmente, enviaba y recibía cartas desde el Palacio Imperial, donde sus seres queridos le escribían mensajes alentándola y contándole parte de los sucesos ocurridos en la sede de gobierno. Lamentablemente, no podía comunicarse directamente con Inu Yasha, puesto que los ministros consideraban injusto que hubiese favoritismo hacia alguna de las candidatas a regente, imposibilitando el intercambio de mensajes entre princesa y Emperador. Pero de cierta forma lo compensaban, puesto que Kagome le pedía a su padre o hermano menor (dependiendo de cuál de ellos viajara hacia la residencia real) que le diera sus recados a Inu Yasha, y él hacía lo mismo. Ambos esperaban con ansias saber del otro, y asegurarse de que estaba bien.
De esta forma, el tiempo fue pasando poco a poco. El otoño dio paso al invierno, este a la primavera y la última al verano. Cuando la época estival estaba llegando a su fin, una carta arribó al castillo Higurashi. Era un mensaje que anunciaba que, dentro de un mes, se llevaría a cabo la prueba para la elección de la futura Emperatriz de la nación nipona.
Cuando la vegetación comenzó a teñirse de tonos amarillos, rojizos y cafés, la princesa partió rumbo a la capital, acompañada por su padre, el ministro Tetsu Higurashi. Su madre y hermano le desearon el mayor de los éxitos, y expresaron su confianza en las habilidades que la joven había adquirido y pulido en el transcurso de ese año.
El trayecto tomó una semana—al igual que la vez anterior—, siendo escoltados por unos cuantos guardias que los acompañaban para hacer de su viaje uno más seguro. No estaba de más ser precavido: había más de una persona a la que le convenía que la princesa no llegase con vida al Palacio. De hecho, durante el camino sufrieron al menos cuatro intentos de "sabotaje", pero lograron llegar a salvo.
Fuera de la residencia real la esperaba una comitiva de funcionarios de gobierno, encargados de recibir a cada una de las princesas que llegaba al lugar. Entre ellos estaban Sango, Kohaku y Rin. Inu Yasha, Sesshomaru y Miroku estaban ocupados con otras labores, por lo que no podían estar presentes.
- Su atención, por favor—dijo un soldado, una vez que el carruaje se hubo detenido frente a la entrada del castillo— Informo a los presentes que han hecho arribo al Palacio Imperial, provenientes de la distinguida casa de los Higurashi, el ministro Tetsu Higurashi y su hija, la princesa Kagome –
Las puertas del transporte fueron abiertas. Primero salió el padre de la joven, mostrando en su actitud y mirada el orgullo que tenía por la familia de la cual provenía, el cargo que ocupaba y su acompañante de viaje.
Posteriormente, y ayudada por su progenitor, fue Kagome quien descendió del carruaje. Todos los espectadores quedaron en silencio, incluidos sus hermanos y amiga.
La princesa había sufrido cambios importantes durante su estadía en su hogar de origen. Ahora exudaba un aire mucho más maduro y misterioso, producto en parte por el afinamiento de las facciones de su rostro y lo profundo de su mirada, lo largo y liso de su cabello—que iba peinado de forma muy elaborada—, y lo agraciado y elegante de sus movimientos, además del fino ropaje que vestía, digno de una Emperatriz.
- Les damos la más cordial bienvenida a este lugar—dijo otro soldado, haciendo una profunda reverencia. Sus compañeros de deber hicieron lo mismo.
- Es un honor contar con vuestra presencia—dijo uno de los funcionarios de gobierno.
- El honor de estar aquí es mío. Le agradezco su recibimiento—dijo Kagome, ocultando parte de su rostro con un abanico con motivos florales y haciendo un ademán de reverencia.
- W-wow...—fue lo único que pudo articular Kohaku, luego de medio minuto de observar a su hermana menor y su padre avanzar hacia donde ellos se encontraban.
- ¿Es esa la misma joven que dejó el Palacio hace doce meses?—preguntó Rin, en un susurro.
- ¡Claro que lo es!—exclamó Sango, con orgullo – Este es el fruto de todo su esfuerzo y dedicación...—dijo mientras le dirigía una cálida mirada y se acercaba a ella.
- Hermana mía, es un gusto verte nuevamente—le dijo Kagome con una sonrisa, mientras hacía una pequeña reverencia. Kohaku y Rin se les unieron.
- Lo mismo digo—su tono de voz delataba lo feliz que se encontraba – En un momento más iré a tus aposentos para conversar con más tranquilidad, ¿de acuerdo?—dijo en un volumen sólo perceptible para ella. La princesa asintió.
- Bienvenida a la residencia real—le dijo su hermano.
- Me alegra mucho tenerte con nosotros—añadió Rin.
- Gracias. Vuestra felicidad es la mía. Ahora, si me disculpan, debo informar a Su Excelencia el Emperador de mi llegada. Con su permiso—bajó un poco su cabeza, como muestra de respecto, y siguió con su camino escoltada por su padre.
El protocolo le exigía alertar al regente de su arribo, y aquello la tenía bastante nerviosa, a la vez que esperaba con ansias volver a verle y escuchar su voz después de tanto tiempo.
- Todo estará bien, hija mía—le dijo el ministro Higurashi, intentando calmarla y darle ánimo – El Emperador estará muy feliz de volver a verte...—murmuró.
- Gracias, padre...—le expresó su gratitud suavizando su mirada, mientras estaba de pie frente a las puertas que daban paso al salón donde se hallaba aquel hombre al que tanto deseaba ver.
- Su Majestad—dijo uno de sus consejeros—, he de anunciarle que la princesa Kagome Higurashi ha llegado a Palacio y que se encuentra esperando su indicación para entrar a esta habitación ¿Le concede el permiso para acceder a este salón? –
- Sí. Déjenla pasar—dijo Inu Yasha, con el tono y expresión facial más neutral que pudo articular, aunque por dentro tenía ganas de saltar del trono, correr y abrazar a su amada. Pero su cargo claramente se lo impedía – En estos momentos me gustaría ser una persona normal y poder actuar como una...—suspiró mentalmente.
Las puertas se abrieron, permitiéndole el ingreso a la joven aristócrata. El impacto de su presencia fue similar al provocado frente al comité de bienvenida, posándose todas las miradas en ella, aunque a la princesa no parecía afectarle (o al menos eso demostraba mediante sus acciones).
Inu Yasha tampoco podía quitarle los ojos de encima. Al principio casi no la había reconocido y aquello lo desconcertó. ¿Tanto podía cambiar una persona en un año? Al parecer así era.
Pero, cuando se hubo recuperado, pudo apreciar lo hermosa y elegante que era la princesa, y se sintió satisfecho por dentro.
- Su entrenamiento definitivamente dio resultados... Y estoy casi seguro de que está al nivel de todas las demás princesas que han arribado al castillo, si no más alto...—pensó y tuvo ganas de sonreír, pero se abstuvo.
- Su Excelencia. Me es grato informarle que he arribado sin problemas a vuestra residencia imperial, con el fin de rendir las pruebas necesarias para aspirar al cargo de Emperatriz y servir a vuestro lado por el resto de mi existencia...—dijo Kagome, con una profunda reverencia, en un tono solemne. Escuchar su voz hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo del monarca, pero supo disimularlo.
- He escuchado sus palabras, princesa Higurashi, y reconozco su presencia dentro de la sede de gobierno. Le doy la bienvenida a este lugar y le deseo éxito en las pruebas que vendrán—contestó él, intentando hacerle llegar sus más profundos sentimientos a través de su mirada en el momento que la mujer levantó la vista. Ella pareció comprender sus intenciones, dedicándole una de las sonrisas que él tanto amaba.
- Le agradezco profundamente su recibimiento. Con vuestro permiso, me retiro—volvió a hacer una reverencia y se marchó, dejando tras ella el salón. Su padre hizo un ademán de despedida y se alejó, con rumbo incierto.
Cuando la joven Higurashi hubo cruzado las puertas del lugar, se encontró con Kaguya y Kaori, dos de las doncellas que se encargaban de cuidarla cuando la princesa residía en el Palacio Imperial, un año atrás.
- Kagome-hime. Nos ponemos a su servicio de ahora en adelante. Cualquiera sea su necesidad, no dude en informarnos. Con mucho gusto buscaremos la forma de gratificarla—dijeron las mujeres al unísono, haciendo una profunda reverencia.
- Gracias Kaguya y Kaori. Me alegra saber que disfrutaré de vuestra compañía nuevamente—dijo la princesa con una sonrisa.
- La escoltaremos a su habitación, para que pueda descansar—dijo Kaori.
- Está bien. Vamos—las jóvenes la condujeron hasta los que serían sus aposentos.
En el camino vio a algunas de las princesas que serían sus rivales en las pruebas que debía rendir para convertirse en Emperatriz. Algunas la observaban con curiosidad, otras con claro resentimiento.
Cuando llegaron al cuarto que ocuparía la joven, ésta suspiró.
- Creo que los rumores de mi llegada han volado bastante rápido—murmuró Kagome.
- Por favor, tenga mucho cuidado—le pidió Kaori – Temo que alguna de las princesas planee algo en contra suyo, y que afecte su desempeño en las pruebas... –
- No te preocupes. Haré todo lo posible por tener éxito. Además, según lo que he oído de mi padre, las pruebas están diseñadas de tal modo que sería muy difícil manipular los resultados... –
- Aún así, alguna de ellas puede atentar contra su bienestar físico...—dijo Kaguya – Nosotras cuidaremos de usted lo más que podamos –
- Gracias—sonrió – Creo que mi experiencia como Princesa de la Muerte y lo que he aprendido durante el año recién pasado me serán de gran ayuda al momento de resguardar mi seguridad... –
Los días pasaron, las princesas que faltaban llegaron al Palacio y, cuando todos los ocupantes de la residencia real estaban reunidos—a la hora de la cena—, les fue anunciado que al día siguiente darían comienzo las pruebas para elegir a la futura Emperatriz.
- El método que se utilizará para que esta examinación sea lo más justa e imparcial posible—anunció Sango a los presentes— es el siguiente: A cada una de ustedes, distinguidas princesas de la nación de Japón, se les entregará una máscara y atuendo iguales, a modo de hacer equivalente la apariencia física de todas las doncellas. De esta forma, quienes las conocen no podrán diferenciar entre una u otra más que por una identificación que portarán en sus kimonos. Esta consiste en un número asignado al azar, pero que las acompañará durante toda la competencia—hizo una pequeña pausa, y luego continuó – Cabe agregar que, para evitar cualquier filtración de información, durante el tiempo que duren las pruebas vivirán en una sección del palacio especialmente construida para la ocasión, y que está aislada del castillo en sí y de la gente. Sólo tendrán contacto con unas cuantas personas, las que se encargarán de proporcionarles las comodidades básicas –
- No es nuestra intención opacar su bella apariencia que, les aseguro, acompaña a todas las jóvenes presentes...—dijo Miroku. Como respuesta, Sango pisó con fuerza el pie del hombre, sin que los demás se diesen cuenta – ...si no, resaltar aquellas cualidades y habilidades que una Emperatriz digna de su título debiese poseer –
- Entre éstas se encuentran danzas tradicionales, modales, conocimiento acerca de la historia de Japón, el arte de los arreglos florales (ikebana), caligrafía, creación de poemas (haiku), selección de los atuendos adecuados para ocasiones específicas, dominio de algún instrumento tradicional, entre otras, además de una prueba libre en que se les permitirá mostrar alguna habilidad particular en la cual hayan alcanzado la maestría—explicó la mayor de las Higurashi.
- Así es. Los ministros y profesores especializados en todas las áreas se encargarán de evaluar su desempeño. Esperamos que den todo de sí mismas y que gane aquella que realmente lo merezca –
- Todo lo necesario, junto con algunas de sus pertenencias personales, han sido trasladadas al lugar antes mencionado. Hay guardias y sirvientes que las esperan fuera de este salón y que las escoltarán hasta aquel sitio. Por favor, sigan sus indicaciones—pidió la mujer – Eso sería todo por ahora –
- Puesto que ya han terminado los anuncios, pueden retirarse—dijo Inu Yasha, con un tono solemne.
Los presentes asintieron y comenzaron a salir del salón comedor. Las princesas fueron escoltadas hasta su "nuevo hogar" y el resto de la gente fue a sus respectivas habitaciones. Kagome observó de reojo a su amado, quien le respondió con una furtiva sonrisa. Ella le sonrió de vuelta y se marchó.
Inu Yasha miró la salida principal del salón y se retiró por una puerta lateral, acompañado por unos cuantos sirvientes, camino a su habitación.
- Espero que este sea el último obstáculo entre nosotros, Kagome... –
Notas de la Autora: Hola nuevamente! Espero que les haya gustado la primera parte del epílogo. Acabo de terminar de escribirla, y decidí publicarla lo antes posible para así calmar las ansias que puede haber generado la larga espera entre el último capítulo (publicado a principios de marzo) y este epílogo.
No puedo prometerles fecha para la segunda parte, pero intentaré que la inspiración esté de mi lado y pueda seguir escribiendo y así, por fin, acabar con Oportunidad de Vivir. Pero ese no será el fin de mis días como escritora fanfics. No señor! De hecho, en estos momentos estoy escribiendo en la historia corta que había comentado en la nota de autora del capítulo final, la cual se llama "Todo Comenzó por una Maldición".
Aquí va un pequeño resumen que dice más o menos de qué se trata :)
Un distante mundo paralelo se encontraba dividido en 4 reinos: Kasteryan (en el Sur), Foheryan (en el Norte), Doryan (en el Este) y Lairyan (en el Oeste). A causa de roces políticos entre el Norte y el Sur, los reyes de ambos territorios deciden unir a sus hijos en matrimonio: Kagome Kaster y Sesshomaru Foher. La princesa no puede aceptar esta situación, y decide escapar de su hogar, disfrazada como hombre. Buscando un lugar donde esconderse, se encuentra con una mansión, sobre la que se rumora pesa una maldición. Aún así, decide entrar para resguardarse de la tormenta. Lo que no esperaba era encontrarse con el morador de la residencia... un solitario hombre llamado Inu Yasha.
Espero que les resulte lo suficientemente interesante como para leerla cuando la publique :D
Bueno, eso sería todo por ahora. Espero seguir contando con su apoyo y reviews en esta parte del epílogo y la que sigue!
Cuídense mucho y que tengan una buena semana!
Adiós!
Dany-Chan
