Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 12: La hermanastra malvada.
El sombrero guatemalteco: Posición sexual favorita del Ogro. Simplemente no hay que dejarse llevar por las bonitas palabras y la manera en que trenza tu cabello como manía, porque al terminar estarás tan abierta como si hubiera participado en el Derby. No intenten buscar en Google, no tendrá ningún resultado, es un secreto entre el ogro y la princesa que dejó que se metiera bajo su vestido con mucho gusto.
.
.
.
Abrí uno de mis ojos cuando un molesto rayo de sol dio de lleno en mi rostro.
Joder.
Me dolían hasta las pestañas.
Parpadeé un par de veces para acostumbrar la vista y suspiré, sintiendo un molesto peso en mi pecho que me dificultaba la respiración. Me removí tratando de quitarlo pero fue incluso peor, Edward decidió que era momento de dar media vuelta, y al hacerlo, posó su gran manota sobre mi cara y el muy bruto siguió durmiendo. Esa puta mano que había hecho maravillas en mí la noche anterior, ahora me estorbaba como los mil demonios.
— Edward, despierta —quité su mano de mi rostro y lo moví del hombro. Soltó un gruñido y se cubrió la cabeza con la colcha— ¡Edward, despierta! —destapé su rostro y volví a moverlo— Hombre, llegaremos tarde al trabajo, abre tus ojos —ni siquiera se movió.
Era hora de utilizar el ataque secreto.
Di media vuelta, pegando mis pechos a su espalda y… Uh, bueno, cubrí su nariz y su boca con ambas de mis manos. Esperé por un momento, y luego Ed comenzó a removerse como un pececillo fuera del agua, sus manos trataban de sacar las mías de su rostro y yo me destornillaba de la risa.
Era tan idiota.
— ¡Hija de…
— ¡Hey, con Reneé no! —chillé, golpeando su espalda.
— ¿Por qué no me dejas dormir en paz, Swan?, ¿qué te he hecho para merecer esto?, ¿qué hora es?
— Son las siete.
— Me estas jodiendo —Edward se volteó para quedar frente a mí— Dime que me estás jodiendo, Bella. Tú simplemente no puedes despertarme a esta hora, ¿por qué eres tan molesta?
— Deberías agradecérmelo, idiota, ¡llegarás tarde al trabajo!
— ¡Soy el puto jefe, puedo llegar a la hora que sea! —gruñó. Inflé mis mejillas con un poco de envidia porque él tenía toda la maldita razón. Luego, su ceño fruncido desapareció y dio paso a una cabrona sonrisa— ¿O es que quieres tomar una ducha conmigo, Bells?
— Ni siquiera había pensado en eso —uh, no era mala idea. Tal vez lo haya pensado solo un poquito, pequeño. Mis mejillas se tornaron rosa y me volteé rápidamente para darle la espalda. Edward rió tras de mí y me rodeó con sus brazos— ¡No había pensado en eso!
— No tiene nada de malo, pequeña. Ya sabes, no me opondría —dejó un beso en mi nuca— Estoy más que dispuesto a ahorrar agua para salvar al jodido planeta.
— Edward, dije no.
— Mujeres, siempre hay que hacerlo cuando ellas quieren, y claro, lo dejan a uno con las bolas azules luego de que te tientan con sus malditos cuerpos y sus putas palabras. Mujeres… —soltó un resoplido— Nunca lograré entenderlas, es más, ni siquiera haré el intento.
— Yo no te estoy tentando, genio, eres tú el que propuso una ducha.
— ¿Qué no me estás tentando?, claro, por supuesto, por eso estás aún desnuda en la misma cama que yo.
— ¡Es mi cama!, tu deberías haberte escabullido de la pieza en la madrugada, no yo. Así funciona la cosa, ¿cuándo el dueño del departamento ha dejado su hogar después de follarse a tal fulana? Eres un idiota.
— ¿Así que solo me usaste por una noche? —preguntó, con fingido dolor— Me acabas de matar con tus palabras.
— Sí, bueno, tú estás muerto pero alguien allá abajo está más vivo que nunca, ¿podrías decirle que no se meta con mi trasero? Esa es área prohibida —Edward volvió a reír por mis palabras. ¿Él se quejaba de las mujeres?, ¿y qué hay de ellos? Bah, era un completo descarado— Ahora, campeón, si me permites, los mortales debemos trabajar.
— ¿Por qué despiertas con este jodido humor de perros? No me quejo si sonríes un poco, que va, mi ego se fue a la mierda gracias a ti, ¿tan malo fue el polvo de anoche?
He ahí el problema.
No fue malo.
Fue el mejor sexo que había tenido en mi puta vida.
Pero eso no se lo diría, no alimentemos más su ego, por favor.
A solo saber la posición del misionero, Edward me mostró un sinfín de juegos en los cuales ni siquiera era necesario completar el acto en sí, el idiota era creativo, sumamente creativo. Y no estaba de mal humor, tal vez un poco, bueno, joder, me dolía el cuerpo y no estaba segura de sí podría caminar como Dios manda, si tan solo él no hubiera sido tan brutalmente salvaje…
— Oh, mira lo que encontré aquí, pequeña —tocó una parte de mi cuello con su dedo índice— Santa mierda, Bella, voltéate —con el ceño fruncido le hice caso y nuevamente quedamos cara a cara. Edward abrió sus ojos con sorpresa al principio y luego una socarrona sonrisa ladina se formó en sus labios— Creo que necesitarás un pañuelo… Uno grande.
— ¿Qué me hiciste? —chillé histérica, poniéndome de pie abruptamente de la cama, ignorando por completo mi desnudez y los dolores musculares, corrí como posesa hacia el cuarto de baño para mirarme al espejo. Oh Dios mío— ¡Edward Anthony Cullen, de esta no te salvas!
¡Estaba llena de chupetones!
Mi cuello parecía tener varicela. Me observé con el ceño fruncido al espejo, pasando mi dedo por cada una de las marcas que Ed había dejado en mi cuello, uh, arriba de mi pecho derecho y en mi clavícula. Genial, simplemente genial, ¿cómo no me había dado cuenta de esto? No respondan a esa estúpida pregunta, sé que la calentura del momento tuvo toda la culpa.
— Diría lo siento, pero en realidad no, no lo hago —Edward estaba apoyado en el marco de la puerta, la sonrisa aún estaba en su rostro—. Relájate, ¿sí? Joder, nunca había conocida una chica que despertara tan… Así, como tú, después de una gran noche de sexo —caminó hacia mí y apoyó sus manos sobre mis hombros. Se reflejaba en el espejo y ahí pude percatarme de algo que no había visto con anterioridad.
— Uh, bueno… Estamos a mano, entonces —alzó una de sus cejas con curiosidad— Creo que no soy la única que tiene marcas en el cuello —Edward se observó al espejo y abrió sus ojos de par en par. Era mi turno de sonreír con socarronería.
— Me rasguñaste —murmuró incrédulo, tocando las marcas que estaban en su cuello— No acepto un no como respuesta, nos tomaremos esa puta ducha juntos —caminó hacia la ducha para regular el agua y luego volvió a abrazarme por la espalda— No sabes cómo me pone lo que has hecho, pequeña —y mordió mi cuello sutilmente.
En realidad, si sabía cómo lo ponía eso, su amigo estaba metiéndose con mi trasero nuevamente.
…
— ¿Estás bien?
Levanté la vista y me encontré con Alec, suspiré y me afirmé del respaldo de la silla de mi lugar de trabajo para poder tomar asiento. Tenía las putas piernas arqueadas, parecía un alicate o algo parecido, y me costaba un completo mundo poder sentarme. Alcé mis cejas y me preparé para la odisea, conté mentalmente mientras que con una lentitud de los mil demonios trataba de tomar asiento.
Lo gracioso fue que, al mirar a mi querido amigo, él estaba en las mismas que yo.
— ¿Sam y Paul?
— ¿Edward? —alzó una de sus depiladas cejas en mi dirección. Ambos suspiramos al unísono cuando finalmente dejamos caer nuestros traseros sobre las sillas— Me alegra no ser el único con el culo destrozado.
— Lo eres, nadie se mete en esa área de mi anatomía —rodó sus ojos y sonrió ante mis palabras— Sam y Paul, eres un puto goloso Alec —reí recordando a los morenazos—. Campeón.
— Gracias, gracias —comenzó a hacer seña a los Miss Mundos— Mi sueño es la paz mundial, muchas gracias.
— Idiota.
— ¿Y qué fue lo que te impulsó finalmente a follarte al caliente de Edward?
— Se me estaban formando telarañas allá abajo, hombre —Alec rió ante mis palabras—. Fue la mejor decisión que he tomado, Edward es… Es un hijo de puta, de eso no hay duda. Cabrón, caliente, lo odio y amo a la vez, ¿es posible?
— ¿Tantas emociones en una sola noche? —mi gay amigo alzó una de sus cejas escépticamente en mi dirección— Ten cuidado con eso Bells, no querrás salir lastimada de nuevo.
— ¿Por qué al mundo le ha dado con que terminaré sintiendo algo por Edward?
— Si es que no lo sientes ya… —se giró como si nada y acomodó los auriculares sobre sus oídos.
— ¡Es Edward!, ¿hola?, ¿el mismo Edward que conozco desde la secundaria?, ¿el Edward al que le estaban haciendo una mamada en el cuarto de aseo? —rodé mis ojos— Eso solo pasa en las películas.
— Lo que digas, nena —le restó importancia al asunto meneando su mano de arriba hacia abajo. No quise apuntar a la pulcra manicura que las cubría— Ahora, acomoda ese trasero tuyo y vuelve al trabajo.
— ¡Señor, sí señor!
Volviendo a la rutina, me mentalicé para contestar los llamados. Toda la tarde junto a Alec contestando a personas, entregando direcciones, recibiendo insultos de paso, también recibí una proposición indecorosa, casi tan parecida como la que yo le hice a Edward… Dios santo, ¿se habrá sentido así de ultrajado cuando le ofrecí que me prestara su cuerpo? Debería pedirle disculpa una vez llegue a casa, mi pobre Ogro, también tiene dignidad aunque ustedes no lo crean.
Lo traté como una mina de alquiler.
A veces lo merece.
A las cinco de la tarde finalmente terminaba nuestro turno, dejamos los auriculares de lado y nos quedamos sentados por un momento, observándonos sin decir nada. Alec debe estar sufriendo más que yo, en realidad, ocho horas sentado luego de una noche de sexo salvaje con los aborígenes de Sam y Paul. Lo compadezco completamente, tal vez y necesitaba una de esas cremas para el trasero de los bebés cuando estaban irritados.
— Estoy esperando que te pongas de pie.
— Que te jodan, Alec. Deja que me tome mi tiempo —suspiré y me puse de pie rápidamente, olvidando el dolor muscular que me acongojaba— ¡Toma esa!, ya estoy volviendo a la normalidad.
— Follar hace mal —comentó, poniéndose de pie lentamente—, me siento… Roto.
— Eso te pasa por no turnar, no, tenían que ser los dos de una —Alec se enganchó a mi brazo y colgó su bolso en su hombro contrario— ¿Quieres que compremos Hipoglós (1)?, puedo aplicar la crema en tu culo de bebé si quieres.
— Eres la mejor amiga que pueda existir —dejó un sonoro beso sobre mi mejilla—, pero no necesito de eso. Aunque, no me quejaría si me invitas a pasar la noche en tu casa, como en los viejos tiempos —movió sus cejas sugestivamente y una enorme sonrisa se formó en mis labios.
— ¡Fiesta de pijamas!, le enviaré un mensaje a Rose para que se nos una.
— Y a Alice.
— ¿Alice? —alcé una de mis cejas mientras texteaba a Rosalie— ¿Desde cuándo te juntas con Alice?
— Desde que descubrí que vamos al mismo club nocturno donde me presentó uno de sus amigos que… —negó con su cabeza— Maravilloso, simplemente maravilloso. Aunque no cambio a los gemelos, nope, ni loco.
— Alice será entonces, ¿tienes su número?
Mientras Alec me dictaba el número de Alice para enviarle el mensaje, sentí un poco de culpabilidad. Pobre Jasper, estaba aún tan sensible con el tema de Alice, y para variar, yo la invitaría a mi querido departamento donde existía una gran probabilidad de que se encontrara con el rubio. Pero bueno, así es la vida, y mi querido príncipe blanco tendrá que ponerse los pantalones y hacer como si nada, la vida sigue, más si te has acostado con una lesbiana y tienes miedo de recordarlo.
Jasper era una cosita sensible.
Pobre.
…
Al salir del trabajo y comunicarnos con las chicas, con Alec partimos directo a un súper para comprar algunas cosas para picar, papas, galletas, lo que fuera. Rose dijo que se encargaría de la diversión y Alice la ayudaría en eso, creo que Alice también cayó en redondo por las tetas de Rosie, Emmett se pondrá celoso cuando se entere, no cabe duda de ello.
Me imagino la escena.
Emmet reclamándole a Rose sobre sus pechos y Rose puteandole como camionera levantando su dedo medio.
Hermoso.
Edward no estaba en casa, todo estaba en silencio así que sin más los hice entrar una vez estuvimos todos juntos en la puerta del departamento, les dije que fueran a mi pieza para empezar con la noche de chicas, mientras tanto me iba al baño a llamar al idiota para ver donde andaba y avisarle sobre mis planes nocturnos con el grupito.
— ¿Dónde andas?
— Estoy jodidamente bien, muchas gracias por preocuparte.
— Edward… —rodé mis ojos— Tan solo responde, ¿sí?
— Eh, estoy ocupado ahora, pequeña. Creo… Creo que llegaré en unas horas más, ¿estás en casa?
— Estoy en casa, Rose, Alec y Brandon están aquí también —fruncí el ceño— ¿Estás borracho?
— ¿Borracho?, ¿yo? —soltó una risita un tanto extraña— Ni de coña… ¿Noche de chicas?
— Noche de chicas, campeón —reí cuando soltó un gemido—, te llamaba solo para avisarte, ¿sí? Estaremos en mi habitación, cualquier cosa solo golpeas, ya lo sabes.
— Uh, lo sé, lo sé pequeña. Yo… Debo cortar ahora, nos vemos.
Y me cortó.
El muy bruto me cortó abruptamente la llamada.
Miré el teléfono celular por un largo momento, mi ceño totalmente fruncido. Eso había sido extraño, Edward nunca corta una llamada así porque así, por muy ocupado que esté. Digo, siempre termina con un "cuídate, pequeña", "te quiero, pequeña", "espero que estés esperándome desnuda en casa, pequeña". ¿Qué demonios acaba de suceder? Me encogí de hombros sin prestarle atención y regresé a mi habitación.
— Bueno, veo que… —los tres estaban acomodados sobre mi cama, siendo los mejores amigos por siempre— Sip, ustedes no pierden el tiempo.
— Ven aquí, Swan. Tenemos este puesto especialmente para ti —Alec palmeó en medio de la cama donde aún quedaba un espacio libre.
Todos ellos estaban en sus pijamas, era una imagen digna de fotografiar. Alec se veía adorable en unos pantalones de pijama de un rosa chillón y la musculosa blanca, Alice utilizaba un bóxer con estampado de autos y una polera de tirantes y Rose… Rose es Rose, ella estaba en una especie de sexy babydoll. Y luego estaba yo, usaba la polera del equipo de fútbol de Edward, me la había dado cuando se había graduado de la secundaria. Estaba toda roñosa y desgastada, pero era mi regalona.
Y así empezó nuestra tarde-noche.
— Me acosté con Ricitos —Alice soltó ese comentario indiferente, echándose un manojo de papas a la boca. Rose alzó sus cejas y me dio una mirada de "¿Qué se fumó esta?" a lo que yo reí. Alec alzó sus pulgares en señal de aprobación.
— Yo también lo hubiera hecho, si esa es la cuestión. Jasper tiene esa sensualidad… Adorable, si sabes de que hablo, es como el perfecto caballero en su brillante armadura —rodé mis ojos ante las palabras de Alec.
— A ti te sirve cualquier cosa que tenga una manguera colgante entre sus piernas —me tiró una papa a la cabeza, sin borrar la sonrisa de su rostro— Querida Alice, ¿cómo fue tu experiencia heterosexual?
— Interesante —se encogió de hombros—, sabe cómo moverse, te lo aseguro —me guiñó un ojo.
— ¿Así que ahora finalmente eres una de las nuestras? —le preguntó Rose, tomando un sorbo a su vodka.
— No te creas, princesa, aún sigo sin poder despegar mis ojos de tus nenas —apuntó el escote de Rose, que era totalmente descarado. Mi rubia amiga se encogió de hombros después de soltar una gran carcajada y volvió a beber de su vaso.
— Creo que es el turno de Bellita —fruncí el ceño y bebí de mi segundo vaso—. Dinos, ¿cómo fue la experiencia con Edward? —y ahí comenzó el caos, porque Rosie me dio una mirada de la muerte que te encargo.
Ella no sabía nada.
Es mi mejor amiga, la mejor de las mejores, y yo no le había contado sobre yo y Edward igual sexo fantabuloso.
— Te odio, cabrón —golpeé a Alec con mi puño en su hombro— Rosie, no me odies, solo pasó antenoche, Alec trabaja conmigo —hice un puchero—. Además, no hay mucho que contar.
— ¡Eres una cualquiera!, te dije que con Ed no lo hicieras, debe tener ladillas o que se yo —Rose negó con su cabeza exageradamente—. Pero bueno, al menos ya te sacaste la curiosidad de encima, ¿no? Recuerdo cuando íbamos en secundaria y…
— ¡Rosalie Lilian Hale! —mis mejillas se tornaron de rosa.
Ella no podía hablar de ese día, de ese puto día de mi vida.
…
— ¿Bebé, estás bien?
— Uh, s-si —fruncí el ceño y me abaniqué, con una de mis manos, el rostro— Yo… Si, ¿hace calor o soy yo?
— Hace calor, nena, pero tu pareces tener fiebre —Rose frunció el ceño y posó su mano sobre mi frente— Estás realmente roja, Bella. ¿Qué coño te pasa?
— N-No lo sé, Rosie —carraspeé, sin quitar mi vista del frente— No tengo ni la más puta idea… —susurré entre dientes, observando cómo Edward jugueteaba con la manguera del auto lavado.
¿Quién había sido el genio de pensar en un auto lavado para conseguir fondos estudiantiles?
El centro estudiantil había propuesto un auto lavado para ayudar a financiar la fiesta de los de último año. Edward estaba en último año, y para ayudar en su causa con Rosie habíamos decidido pasarnos por el lugar en mi roñosa camioneta, la cual, sinceramente, necesitaba un lavado con urgencia.
Lo que no me esperaba al llegar ahí era ver a Edward haciendo un show de poleras mojadas. Todo ocurría en cámara lenta frente a mis ojos. Llegamos y había una fila del terror, mediante esta avanzaba más nos acercábamos al lavado, cuando ya estuvimos a solo un auto mi corazón se paró y luego comenzó a bombear como un enfermo.
La puta madre que lo parió.
Edward estaba ahí en gloria y majestad, utilizaba una polera blanca que gracias al agua se pegaba sensualmente a su torso, su cabello estaba todo mojado y salvajemente desordenado, tenía pequeñas pompas de jabón sobre él, pero eso no fue suficiente para su oh-tan-majestuosa persona, por supuesto que no, era Edward, él simplemente tiró del borde de su polera y levantándola la retiro putamente lento por sobre su torso, dejando así al descubierto a los bastardos, esos que se burlaban de mí, esos malditos oblicuos que me visitaban en las noches y… Me había comenzado a dar calor, mucho calor, muchísimo calor.
— Bells…
— Cre-Creo que lo mejor será que d-demos la vuelta —carraspeé nuevamente— S-Sí, es lo mejor.
— ¡Joder, Bella, estás cachonda! —Rosalie comenzó a reír desenfrenadamente— No puedo creer que te hayas calentado con el troglodita de Cullen. ¡Bebé, te enseñé mejor!
— ¡Cállate Rosie! —mis mejillas se calentaron aún más, esta vez por vergüenza— No es mi culpa que el idiota se vea caliente ahí, no es mi culpa que me imagine como sería tenerlo entre mis piernas, no es mi culpa parezca una piscina en mis bragas, no es mi culpa…
— ¿A quién imaginas entre tus piernas, pequeña?
Y me congelé.
¿Por qué tenía que haber escuchado justo esa parte?
Me giré como si de una película de terror se tratara, Edward estaba recargado contra la ventana de mi monovolumen, pequeñas gotas de agua escurrían de su cabello, su ceño estaba fruncido y tenía una adorable pompa de jabón sobre la punta de su nariz. Tragué saliva e hice contacto con sus ojos, sin poder decir palabra alguna, levanté mi mano con lentitud y con mi dedo índice retiré la pompa de jabón que estaba sobre su nariz.
En un veloz movimiento Edward agarró mi mano entre las suyas y, por gracia divina o por castigo divino, a su elección, llevó mi dedo índice a su boca y le dio un pequeño mordisco, sus ojos brillaron con malicia y cuando sentí la punta de su lengua hacer contacto con mi dedo, morí.
Creo que ahí tuve mi primer orgasmo.
…
Enterré mi rostro en una de mis almohadas para alejar la vergüenza de mí, el trío se destornillaba de la risa a costas mías. Ese recuerda era tan vergonzoso, pero yo solo tenía dieciséis años, era una bebé, si no fuera por Rose y Edward seguiría siendo casta y puro, ellos fueron los que pervirtieron mi pobre mente de niña ingenua y sierva del señor.
— Los odio. No saben cuánto —le quité la botella a Rose y le di un sorbo al vodka puro, hice una mueca cuando el líquido bajó por mi garganta. Era asqueroso.
— Vamos, dulce, eso fue realmente gracioso —Alec besó mi mejilla—. Todos tenemos historias vergonzosas, ¿enserio crees que no?, en la secundaria nada fue fácil, ¿cómo crees que era para mí ir a las regaderas luego de una intensiva clase de educación física?, esperaba a que algún chico se le cayera el jabón para hacer de las mías —y movió sus cejas con sugestión, sacando una nueva ronda de carcajadas.
Nos quedamos en silencio cuando escuchamos la puerta de entrada cerrarse de golpe.
— Debe ser Edward —rodé mis ojos y me encogí de hombros restándole importancia, así que siguieron con la charla contando todas sus situaciones embarazosas en la secundaria.
Me puse de pie, dando un traspié al bajarme de la cama, para ir a saludar a Ed. Ya, confieso que estaba un poco achispada, solo un poco, nadie borraba la sonrisa que adornaba mi rostro. Dejé mi habitación tarareando la macarena, me encantaba tener estos pequeños encuentros en grupo, de vez en cuando uno tenía que darse el tiempo de despegarse del trabajo y las cosas cotidianas para compartir entre amigos.
Me sentía feliz, después de un largo tiempo finalmente me sentía feliz.
— ¡Shh!, guarda silencio o nos escucharan —la inconfundible voz de Edward se escuchó a lo largo del pasillo, incluso y cuando el juraba que estaba hablando en un volumen bajo. Una risita que era imposible fuera de él se escuchó, una risita nerviosa.
¿Qué carajos?
— ¿No estamos solos?
— Uh-uh —caminé por el pasillo arrastrando mis pies para no hacer ruido—, Isabella está en casa.
— ¿Isabella? —la voz de una chica preguntó, con un tinte de reconocimiento—, ¿vives con dientes de latas?
— ¿Sí?
Dientes de lata.
Hace un buen tiempo que no escuchaba aquel apodo que me había puesto una persona non-grata.
Me asomé a escondidas por la pared para darle un vistazo a la sala de estar donde se encontraban las dos personas que hablaban "despacio" para no incordiarnos. Y ahí la vi, ella, parada en mi puta sala de estar como si fuera la dueña del lugar, la diosa, la elegante, la Teresa de Calcuta (2), la prom queen, la líder de las porristas, la más deseada por chicos y chicas, la guapa, cariñosa y amable rubia que todo el mundo amaba en la secundaria.
Ahí estaba ella, recargada contra el pecho de Edward.
La hermanastra malvada del cuento.
Tanya Swan.
(1) es una pomada que posee acción cicatrizante y regeneradora de tejidos.
(2) fue una monjita católica.
¡Buenas tardes!
Capítulo nuevo, espero sea de su agrado. Es algo así como de relleno luego de la noche que tuvieron estos dos. Uh, y apareció Tanya. Confieso que había olvidado pro completo si había nombrado ya a Tanya o no, así que muchas gracias a las que me respondieron en Facebook, no se que haría... bueno, lo sé, tendría que leer todo de nuevo y ya saben lo floja que soy XDDD. Ok, entonces, antes que nada les diré que no saquen conclusiones apresuradas y le tengan un poco de fe al Ogro, puede ser todo lo que quieran pero tampoco tan hijo de puta, si me entienden, wajajaja.
Como siempre mis niñas, ¡Muuuuuuuchas gracias por su paciencia, reviews, alerts y favoritos!
Son las mejores, que no se les olvide ;)
Lamb.
PD: Para las que no están enteradas, tengo un grupo en Facebook donde posteo adelantos de los fics y todo ese tipo de cosas, por si les interesa :) el link está en mi perfil si lo quieren, no se los pongo por aquí porque es un ajetreo eso de pegar links, y que fanficiton no te deja, y blablá, agregándole a eso que soy media idiota con esas cosas y de seguro hago todo mal XD
