Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 14: Príncipe Dorado.
"El bichito verde: El bichito de los celos, el bichito que te hace convertirte en Hulk cuando alguna promiscua mujer está cerca y/o coqueteando con lo que, temporalmente o no, es tuyo. Este bicho es realmente un cabrón, porque te susurra al odio los escenarios más terribles solo para que así quedes como una loca psicótica desquiciada. Hay veces donde es mejor no seguir los instintos, y tragarse todas las preguntas como: "¿Quién es ella?", "¿dónde andabas?", "¿por qué no me llamaste?", "¿te estás acostando con otra y no me quieres decir?", "¿qué tiene ella que no tenga yo?" y así sucesivamente. Aunque, algunas veces, los hombres aman ese lado posesivo. Quién los entiende, ¿no?"
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— Si quieres quedarte aquí, tendremos que intercambiar papeles, querida hermana.
Tanya me observó con sospecha y yo sonreí. Oh si, oh sí que sí, esta vez yo no sería la jodida Cenicienta. Yo iba a ser la hermanastra perra y ella sería mi sirvienta, ¿quería hospedaje gratis?, ¡pues que se lo ganara! Iba a tener que cocinarme y limpiar el piso todos los días que estuviera bajo mi techo, de seguro.
— ¿Qué se supone que significa eso?
— Significa, Tanya, que tendrás que ganarte la estadía aquí —volví a sonreír. Edward nos observaba de lejos, al margen de todo esto, algo había mencionado sobre pelea de gatas y que él no se metía en esas cosas—. Tendrás que cocinar y hacer el aseo, todo el tiempo en el que estimes quedarte. Y estoy siendo benevolente, ¿a qué si? La mejor hermana de la vida.
El rostro de Tanya se crispó levemente.
El día de ayer había solucionado las cosas con Edward, después tendría que ir a agradecerle a Jasper y decirle que tenía toda la razón sobre que estaba actuando como una loca neurótica de lo peor. Aparte, en la noche consulté con la almohada todo lo sucedido, y una pregunta me descolocó más de lo normal. ¿Por qué me había puesto de ese modo si Edward era solo mi amigo?, tenía dos posible respuestas a eso, la primera era que tal vez el enamoramiento que había tenido por Edward Jr. estaba volviendo lentamente, la segunda era que tenía miedo de que su polla social me contagiara alguna enfermedad venérea.
Como deducirán, cobardemente me quedé con la segunda.
— No tengo problemas haciendo ninguna de esas cosas, Bella —encogió sus hombros e hizo una mueca con sus rojos labios—, estaré encantada de cocinarles, sabes que amo cocinar.
Lamentablemente si, ella cocinaba espectacular.
— ¡Fantástico, nos estamos entendiendo! —sonreí abiertamente, dando unos exagerados aplausos.
— Y ahora que están todos felices… Debo marcharme, surgieron problemas en el taller —desordenó su cabello y tomó su chaqueta de mezclilla—. Me voy con la conciencia limpia de que cuando llegue no estarán jalándose de los putos cabellos, ¿está claro? Soy partidario de las peles de chicas, pero aquí no tenemos barros, así que ni lo piensen.
— Cualquier cosa que digas, Edward —la melosa de Tanya contesto.
— Uh, claro —Edward rascó su nuca con nerviosismo. Nunca lograría entender ese miedo que le tiene a Tanya— Nos vemos —se acercó a mí y dejó un beso sobre mi frente, pasando su pulgar lentamente por mi labio inferior—. Adiós, Tanya.
Mi rubia y despampanante hermana se despidió con una efusiva seña de Edward.
Luego, cuando este estuvo fuera de nuestra vista, se volteó hacia mí con una mirada asesina.
— ¿Qué es lo que ve en ti, de todos modos? Eres tan… —me observó con una mueca e hizo un gesto con sus manos, como si estuviera vomitando— Fea, enana, sin gracia y plana.
— Algo bueno debo tener por ahí, ¿eh? —rodé mis ojos— Soy chiquitita pero empeñosa, así que vete a la verga.
— Empeñosa y todo no pudiste mantener a Mike a tu lado, y te cambio por algo incluso peor que tú… ¿Es que tu amiga no sabe sobre las cirugías plásticas? La reducción del tabique nasal es bastante común.
Vale, eso había dado justo ahí, en los putos sentimientos.
Sus putas palabras, ¿por qué ella sabía sobre…
Facebook.
El jodido Facebook debe tener la culpa, por supuesto.
— Puedes decírselo tú misma, Jessica y Mike viven en este mismo apartamento.
— Mientes —tuvo la decencia de parecer sorprendida—, ¡ni siquiera yo soy tan zorra!
— Para que veas, es verdad lo que dicen sobre que "las calladitas son las peores" —rodé mis ojos y luego sonreí con malicia— Y tú, creo que por tu propio bien, y si quieres terminar hoy, debes empezar por la pieza de Edward.
Tanya entrecerró sus ojos con sospecha.
Pobrecita, me daba un poco de pena darle esa tarea, Edward era el ser más asqueroso de la tierra, pero yo estaba harta de lidiar con sus calzones tirados por ahí, calzones que tenían sustancias de dudosa reputación, y no solo su ropa interior, una vez encontré un sándwich bajo su cama, estaba verde, jodidamente verde.
Tal vez y se le quita el enamoramiento de ese modo.
— Pero antes, debes decir el juramento.
— ¿Qué juramento?
— Repite después de mí —asintió, entornando sus ojos— Yo, Tanya Swan…
— Yo, Tanya Swan…
—… Prometo obedecer todos y cada uno de los pedidos de la más hermosa y buena hermanastra que ha pisado la tierra… —frunció sus labios negándose a decirlo— Estoy esperando, Tanya.
— Te odio —y luego recitó cada una de las palabras que yo había dicho, sonreí satisfecha y continué.
—… por lo que dure mi estadía en este lugar, ya que tendrá que aguantar mi asquerosa y despreciable presencia —Tanya levantó su dedo corazón en mi dirección y repitió obedientemente—, y prometo no asustar a Edward más de lo necesario.
— Yo no asusto a Edward —comentó, frunciendo el ceño.
— Oh sí que lo haces, te tiene terror.
— Joder, ¿es enserio?, ¿por qué?
— Pregúntaselo —Tanya resopló y se cruzó de brazos, luego repitió la última parte del acuerdo— Bien, eso es todo, me encanta que nos entendamos tan bien ahora, creo que nos hacía falta crecer, ¿qué dices hermana?
— Jódete.
…
— ¿A dónde coño vas?, regresa a la cama.
El brazo de Edward alrededor de mi cintura me jaló nuevamente a la cama, haciéndome caer junto a él, quien se acomodó rápidamente a mi costado y escondió su rostro en mi cuello. Bueno, de esa manera era realmente difícil recordar que era lo que estaba a punto de hacer, sobre todo si él comenzaba a mover sus mágicos dedos por mi estómago lentamente, puto infeliz.
Ya había pasado una semana desde que Tanya estaba con nosotros. Me sentía de lo mejor teniendo una sirvienta, una vez puede que me haya propasado con ella y pedido un pequeño masaje luego de llegar del trabajo. La muy zorra sabe dar unos masajes de muerte, incluso me dijo que en una de sus salidas a recorrer la ciudad –luego de acabar sus quehaceres, claro– había encontrado un buen spa al que podíamos ir.
Algo estaba pasando.
Tanya estaba siendo semi-amable, enserio, me daba escalofríos todo esto.
Y por el simple hecho de que se había comportado como una buena persona, había decidido hacer las compras en el supermercado, nuestra despensa estaba casi vacía ya, Tanya también era buena cocinera y nos estaba malcriando, creo que subí una talla o dos gracias a sus comidas. Mi querida rubia hermanastra era la mejor nana que alguien hubiera tenido nunca.
— Es día de compras y es mi turno —murmuré con la voz ahogada, Ed estaba jugando con el elástico de mis bragas como quien no quiere la cosa—, alguien tiene que llenar nuestra despensa, Ed.
— Mhm, solo… Aún tenemos tiempo —sentí la sonrisa pegada a mi cuello, justo cuando pasaba su lengua por ese punto exacto que me hacía… Algo me hacía, algo putamente indescriptible—, quédate un rato más así.
Y él seguía tentándome con sus dedos.
Amaba sus dedos mágicos, era la cosa número uno que amaba de él.
— ¿Seguirás jugando conmigo o harás algo al respecto?, digo, solo por si te interesa. No me quejo si dejas de jugar con mis bragas y finalmente me tocas, que va —me encogí de hombros restándole importancia. Edward rió, soltando su cálido aliento contra mi cuello. Mi piel se puso de gallina, señor.
— ¿Quieres que te toque, pequeña?
— Duh, ¿qué clase de estúpida pregunta es esa?
— Necesito preguntarte algo, antes.
— ¿Por qué no puede ser después? Ya me estoy enfriando, ¿lo ves? Perdiste tu oportunidad —rió por mis palabras y volvió a dejar un beso en mi cuello— ¿Qué quieres preguntar?
— ¿Sigues con esa mierda de los príncipes?
— Uh, claro, en algún momento debo encontrar al indicado.
— Entonces yo soy tu juguete sexual.
— Exacto —murmuré riendo. Me volteé en la cama para quedar cara a cara con él—, ¿qué quieres preguntar realmente?
— ¿Cómo coño sabrás que es el indicado? —su ceño estaba fruncido. Acerqué mi dedo índice a su entrecejo para estirarlo, me gustaba ver a Edward despertarse, se veía adorable con sus ojos soñolientos y su cabello más desordenado de lo normal.
— No lo sé, supongo que solo lo sabré —me encogí de hombros—, habrán citas, supongo, que se yo, deben haberlas, ¿no?, ¿cómo sabremos si somos el uno para el otro sin citas?
— ¿Y no se supone que esa mierda del amor es algo así como instantáneo? Ya sabes, ves al cabrón este, le salen corazoncitos, brillitos, unicornios, las mariposas, todas esas cosas cursis que ustedes las mujeres tanto aman —su ceño estaba fruncido, como si le fuera realmente entender el concepto de "esa mierda del amor".
— Uh, yo… No lo sé, supongo —sonreí—, cuando me pase te diré si vi todas esas cosas.
— No te acostarás con él en la primera cita, ¿cierto?
— ¡Hey!, ¿por quién me tomas? No soy Rose —reí a la par con Edward—. No, pero enserio, yo, uh, no en la primera cita, nunca en la primera cita, pierde el suspenso, ¿sabes? De alguna u otra forma hay que mantenerlos interesados, y ustedes, hombres, son tan… Básicos.
— Mhm, tienes razón, aunque si una chica se me negara en la primera cita iría a buscar otra.
— Eres un puto —sonrió sin remordimiento alguno.
— Así me quieres, Swan.
Sonreí, acariciando su raposa mejilla.
— Sip, así te quiero.
— Y aun así me tratas como un esclavo sexual…
— ¡Oh, basta de quejas llorón! —abandoné la cama rápidamente y le lancé la almohada a la cara— ¡Lo disfrutas tanto como yo! Y si te sintieras usado no hay problemas en que me lo digas, puedo buscar por otras partes un nuevo esclavo.
— ¡Y yo puedo buscar un coño en otro lugar, también! —gritó cuando me metí al baño— Pero no lo haré.
— ¡Yo tampoco, estás más al alcance! Justo saliendo de mi habitación, ¿qué mejor?
Y me metí a la ducha con su risa de fondo.
…
Luego de la ducha, decirle a Tanya que era el día de la semana donde debía limpiar la habitación de Ed y anotar las cosas que necesitábamos para nuestra despensa, abandoné el edificio en La Abuela, para ir tranquilamente a un día de compras en el súper. Me relajaba hacer las compras, y necesitaba estar lejos de Tanya.
Ella se estaba portando demasiado bien para mi conciencia.
Iba a explotar en cualquier momento por el sentimiento de culpa que crecía en mí.
— Arroz, arroz… ¡arroz!
No podía encontrar el arroz que Edward comía.
¿No podía comer de cualquiera?
Eran lo mismo, putamente lo mismo, la cosa era como lo cocinabas.
— ¡Aquí estás! —chillé, a punto de tomar el paquete cuando unos largos dedos apareció misteriosamente a robarme mi jodido arroz. Tomamos el paquete a la par, y, joder, yo no iba a soltarlo por nada del mundo, ni de coña— Uh, disculpa, pero es mío.
— Discrepamos en eso, señorita —aleluya. Me había gustado el tono de voz de mi contrincante, así que decidí mirar finalmente a la persona que osaba a robarme mi arroz.
Santa mierda.
No había nada de lo que Edward había nombrado con anterioridad, tal vez las mariposas, leves, pero brillito, corazones, nope, nada pero… Definitivamente había algo ahí, un no sé qué, que se yo.
— Deberías ser un completo caballero y cederme el arroz —murmuré, idiotizada con el hombre. Era… Era calientemente hermoso— Tu mamá estaría bastante orgullosa por tu actitud.
— La haré con mucho gusto, pero tengo una condición antes —y sonrió. Estaba segura de que mantener esa blanquecina sonrisa le debe costar una fortuna, y que debe tener esa sonrisa patentada como propia, nadie sonreía así porque sí. Los brillitos que Edward nombró aparecieron—, y esa es que me digas tu nombre.
Su cabello dorado era hermoso, sedoso, completamente brillante. Era alto, más alto que Edward, yo le llegaba prácticamente al pecho. Tenía una fuerte mandíbula cuadrada bañada en una barba de dos días que me ponía a mil. Siempre había amado ese tipo de barba, la encontraba tan sensual, masculina, mi Dios. Sus ojos eran de un gris espectacular, resplandeciente, tenía unas espesas pestañas que lo hacían ver aún más irreal de lo que era. ¡Incluso tenía buen sentido de moda! Los pantalones que utilizaba se adherían a sus muslos como una segunda piel, me pasé una y mil películas con esos muslos en ese mísero segundo.
No podía ser verdad.
Debe ser gay.
Alguien tan guapo tiene que ser gay, todos los guapos son gays.
— ¿No deberías presentarte tú primero?, segundo strike sobre cómo comportarse como un caballero —alcé una de mis cejas con diversión, causando que soltara una de las más masculinas carcajadas en la historia de las carcajadas masculinas.
— Félix Brennan, un gusto…
¿Félix Brennan?
¡Todo iba perfectamente bien hasta ahí!
Él me estaba jodiendo, simplemente.
Me reí en su cara, lo siento, no pude aguantarlo, toda la situación era demasiado surreal para una chica como yo. Una chica que, lamentablemente, amaba las revistas de cotilleo como Ok y esas mierdas, y en esas revistas hablaban de Félix Brennan, el mismo Félix Brennan dueño de la más grande compañía publicitaria y el soltero playboy más codicio de los putos tiempos.
Nah, que va, tal vez era solo un alcance de nombre.
Además, tipos como él enviaban al chico de los mandados a hacer las compras, ¿qué coño iba a hacer él en un supermercado con los mortales comunes y corrientes como yo? De ninguna manera, había visto bastantes películas donde pasaba algo como esto como para saber que no me estaba pasando.
En la vida no pasan estas cosas, nope.
¡Basta con el cliché!
— Bella Swan —murmuré divertida. La sonrisa no se había borrado de su rostro, aunque en sus ojos había aparecido un curioso brillo en el que no quise ahondar—, y ahora, señor Brennan, tenemos que decidir quién se queda con el arroz.
— Tú, por supuesto, no quiero ganarme un tercer strike —soltó el paquete de arroz dejándolo completamente en mi poder. Reí por sus palabras, dejando el arroz dentro del carrito—. Espero que disfrutes de ese arroz, Bella.
— Lo comeré pensando en el hombre que trató de robármelo de las manos, sip —le guiñé un ojo, tomando el control de mi carrito para seguir con mis compras—. Un gusto pelear con usted por un paquete de arroz, señor Brennan.
— Félix, me haces sentir un viejo y no creo que nos llevemos por tanto, ¿no?
— Félix —murmuré, saboreando su nombre en mis labios—, nos vemos.
Y seguí mi camino, dejando a Mr. Cachondo a mi espalda. La escena de película había acabado en la vida de Isabella Swan. Estaba a punto de doblar por el pasillo cuando algo mágico sucedió, estaban sucediendo muchas cosas mágicas este día, todo era tan extraño y tan perfecto que ya me estaba preparando para recibir la desgracia. Siempre era así con mi amigo de allá arriba, me mandaba cosas buenas para luego hacerme caer de culo, vuelta a la miseria.
La, uh, gigantesca mano del pecado andante se posó sobre mi brazo con delicadeza, deteniéndome. Lamentablemente tuve que desviar mis ojos de sus largos y estilizados dedos. ¿Ven? Debe ser gay, sus dedos eran demasiado perfectos y calientes para ser reales. Me pondría a llorar en cualquier momento por el desperdicio de hombre, aunque podría hacerle un favor a mi querido Alec.
— Lo siento —murmuró con su peculiar tono de voz—, sé que tal vez esto me haga ganar un tercer strike —sonreí, observando sus deliciosos ojos—, pero no puedo simplemente verte marchar así como así. ¿Serías tan amable de darme tu número telefónico?
— ¿Qué hay sobre la regla de no hablar con extraños?
— Uh, bueno —rió. Él, todo él era insano—, rompiste esa regla unos minutos atrás, creo.
— Tienes toda la razón —me sonrojé por lo absurda de mi pregunta. Pero vamos, cualquiera preguntaría estupideces con el señor sexo-con-patas que tengo en frente—, ¿para qué quieres mi número chico bonito?
Oh, joder.
Yo no dije eso.
Sonrió dulcemente, tan dulcemente que estuve a punto de soltar un "aw".
Ahí aparecieron los unicornios que mencionó Ed, en ese preciso momento cursi.
— Me gustaría invitar a esta hermosa dama a cenar uno de estos días, solo si acepta, claro.
Estaba a punto de contestarle cuando me interrumpieron horriblemente.
Ugh.
— ¿Bella?
Me giré, como un gato engrifado, al escuchar mi nombre salir de esos sucios labios que no había visto en bastante tiempo gracias al cielo. Michael y Jessica estaban frente a mí con su carrito. Los brazos de Mike rodeaban a Jess mientras empujaban el carro por los pasillos. Lo que más me llamó la atención, fue la diferente expresión en el rostro de ambos. Michael me observaba entre sorprendido y un tanto reservado, mientras que Jessica…
Oh no.
¡Ni lo pienses, perra, ella estaba mirando a mi nuevo príncipe!
— Félix, sería todo un placer salir en una cita contigo —le guiñé un ojo sonriente, evitando a la gente que estaba ahí, sobre todo a cierta mujerzuela a la que le corría la baba al mirar a Mr. Cachondo. Le di mi número de teléfono rápidamente, él lo anotó encantado.
— Te llamaré, tenlo por seguro —y nuevamente me sorprendió, inclinándose rápidamente para dejar un corto beso sobre mi sonrojada mejilla. Mariposas subiendo la potencia en mi estómago— Nos vemos luego, señorita Swan.
— Nos vemos, señor Brennan.
Y el hombre de mis sueños se perdió a lo largo del pasillo.
Suspiré cursimente cuando dejé de ver su espectacular persona.
— ¡Ese era Félix Brennan!
— ¿Eh?
Jessica estaba a punto de tener una combustión espontánea, estaba como hiperventilando, ella en realidad lucía como yo cuando veía Los Vengadores y comenzaba a fangirlear con tanta testosterona junta, en HD, en el gigantesco plasma de Ed. Mike la observaba con el ceño fruncido, mientras que Jess no dejaba de parlotear sobre mi futura conquista.
— Bella… ¡Oh Dios mío!, él es el soltero más codiciado según las revistas de cotilleo. ¡Él está forrado, Bells! Y dicen que… Dios, es un animal —me importaba una mierda todo lo que la tucán aquí estaba diciendo, yo no podía dejar de festejar internamente por los cambios que surgían en el rostro de Michael— ¡Tienes taaanta suerte Bella! Es… Dios, ¿lo viste?, ¡el hombre está como quiere mujer!
¡Toma eso puto Mike!
— Las ventajas de la soltería —le sonreí cínicamente—, lástima que tú no puedas disfrutar de ellas.
Y ahí, solo ahí, se di cuenta de que había estado adulando a otro hombre frente a su sapo.
Oh, la venganza es tan hermosa, aunque no haya sido planeada previamente, se siente tan bien. Pagaría solo para ver el rostro de Mike desfigurarse segundo a segundos. Tener un video de ese momento en que sus expresiones cambiaban. Jessica no sabía dónde esconderse, y a mí me dolían las mejillas por sonreír tanto.
¡La vida es tan hermosa!
Me alejé de la pareja sintiéndome mejor que nunca, fresca, libre, vengada.
Insisto, era demasiada buena suerte en un día.
Tenía una sirvienta que se ocuparía de los sucios calzones de Ed, había conocido a un hombre maravillosamente caliente que parecía no ser gay, habían menospreciado al simplón de Mike frente a mis ojos y Jessica era una yegua a la que no le habían enseñado que no se podía mirar para el lado a menos que tuvieras la tarjeta de "soltera y sin compromisos", como yo.
¡Finalmente mi amigo Yisus se había apiadado de mí!
…
— Eh, Tanya —rasqué mi nuca y me acerqué a mi querida hermana, quien estaba tomándose un pequeño receso luego de terminar con la pieza de Edward. Casi le aplaudí, había hecho un nuevo record. Sus ojos se posaron sobre mí, estaba un tanto enojada conmigo por no haberla advertido sobre la cueva—, ¿te funciona el internet?
— No, esta mierda ha estado caída todo el puto día —murmuró enojada, tirando su IPhone lejos— ¡Estoy desconectada y huelo!, ¿qué es lo que guarda ese hombre en su habitación, de todos modos? Había una mezcla gigante de olores que… —se estremeció.
— No querrás saberlo, créeme —me encogí de hombros y me senté junto a ella— ¿Tienes una Cosmo? O alguna revista de esas, necesito ver algo.
— ¿Qué?, ¿consejos de belleza? Estás perdida, tendrías que nacer otra vez para arreglar esa cara —le hice una mueca burlona con mis labios por su oh-tan-majestuosa broma— Tengo algunas, creo… Espera, me robaron todas mis cosas, ¿de dónde coño quieres que te saque una revista?
— Cierto, joder, lo había olvidado. Llamaré a Alec, entonces…
— ¿Para qué las necesitas?
— Uh, necesito ver una fotografía de Félix Brennan.
— ¿Félix Brennan?, ¿el hombre más follable de todos los Estados Unidos? —Tanya sonrió y se levantó para recoger su teléfono celular— Tienes suerte, llevo una foto suya en mi IPhone, una chica no sabe cuándo la puede necesitar —movió sus cejas sugestivamente.
— Ew, perra sucia, no necesito saber que te tocas mirando la foto de ese hombre, por Dios.
— Ten, aquí está, joder… Si fuera un helado le comería hasta el palo, te lo juro hermanita.
Tanya, a pesar de todas las mierdas que pasamos juntas y de nuestra hermosa relación fraternal, me hacía reír como Rosalie, sería de lo más poner a estas dos en un concurso de palabrotas y piropos picantes, no sabría decir quien saldría campeona.
Tomé su teléfono, aun riendo por lo que había dicho con anterioridad, cuando el aire se atascó en mi garganta, literalmente, me puse a toser como una retardada al ver la imagen que Tanya tenía del susodicho.
Joder.
Jo-der.
¡Era él!
Cabello dorado al viento, camisa blanca con los dos primeros botones abiertos, la sonrisa patentada y sus dulces ojos grises posando para la cámara. Era hermoso, en persona lo era incluso más. El auto que salía junto a él también se llevó mi atención, yo tenía un pequeño enamoramiento por los autos antiguos, eran unas reliquias, hermosos –todo esto gracias a Edward–, los Impala hacen que un cosquilleo se instale en mi vientre bajo, algo casi orgásmico para mí ver uno de esos.
— No puede ser. Joder, no. Mierda. Tanya, pellízcame… —seguía mirando la fotografía, hasta que un dolor se apoderó de mi brazo derecho— ¡Puta, estaba bromeando!
— Tenía que aprovechar la ocasión —se encogió de hombros, disfrutando de mi sufrimiento— Y ahora, suéltala Dientes de lata, ¿qué no puede ser?
— Lo conocí.
— Sí, claro, y Edward me pedirá que cojamos como conejos esta noche —rodó sus ojos—… Estás mintiendo, es imposible que un tipo como él vaya a los mismo lugares que una tipa como tú —fruncí el ceño— ¿Qué? Es cierto, él es… Incluso para mi es inalcanzable, tipos como él se juntan con tipas como… Jane LeBleur.
— Edward folló con Jane cuando vino a la premiere de su nueva película, él incluso le tomó una fotografía cuando estaba, uh, cabalgándolo, para así mostrármela. Jodida perra, ¡perdí cincuenta dólares por su culpa!
— ¡Es Edward!
— ¿Y?
— Nada, no se necesita decir nada más, con solo decir "Es Edward" es entendible. Está como quiere, fin de la discusión, la fantasía del mecánico caliente, lleno de grasa… Vamos, ni siquiera Jane podría resistírsele —resoplé por su estúpida explicación— Ni siquiera tú lo hiciste.
Seh, bueno, tenía un punto ahí pero tampoco era para tanto.
Solo era Edward, por Dios.
— Te juro que este es el hombre que conocí en el súper, él incluso me dijo su nombre. Félix Brennan, yo me dije "Bella, esto es una joda", así que le seguí el juego, me pidió mi número, se lo di… Tenía que salir de la duda, y te lo digo zorra, ¡es él! —le entregué su teléfono celular y me puse de pie sobre el sofá para hacer mi baila de la victoria— ¡Saldré con Félix y tú no, toma esa! —apunté a Tanya con mi dedo índice y le saqué la lengua.
— ¡Ver para creer odiosa!, es imposible que sea este bombón, lo confundiste, tal vez. ¿No usabas gafas cuando tenías las latas en tus dientes? Debes tener un problema de visión.
— En tus sueños —sonreí sintiéndome victoriosa—. Ahora solo debo esperar su llamada.
— ¿La llamada de quién?
Uh.
Edward venía entrando al apartamento, cerrando la puerta tras de sí. Su cabello estaba más desordenado de lo normal y tenía una horrible expresión de cansancio en su rostro. Fruncí el ceño, bajándome del sofá y acercándome lentamente a él –ignorando su pregunta, de paso–, cuando estuvimos frente a frente toqué su rostro con mi mano y ladeé mi cabeza.
— ¿Estás bien? Luces como la mierda —sonrió levemente y asintió.
— Un duro día en el trabajo, nada más —dejó un beso sobre mi frente—, estoy muriendo de hambre.
— ¡Hice una exquisita pasta con salsa Alfredo! —chilló Tanya, caminando hacia nosotros— Ve a sentarte, con Bella ya comimos, enseguida te llevo tu plato —y fue camino hacia la cocina para atender a Ed como una fiel esposa.
Me enternecía Tanya algunas veces, pero la mayoría de esas veces simplemente amaba tenerla de sirvienta.
— Ahora que estamos solos, pequeña, ¿la llamada de quién esperas?
— Uh…
Y se hizo la magia nuevamente, cuando mi teléfono comenzó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón.
— ¿Diga? —pregunté, bajo la atenta mirada de Edward.
— ¿Bella? Espero que seas tú y no me hayas dado el teléfono equivocado, no quiero estar llamando a la morgue si es el caso —solté una pequeña risita por su ocurrencia. Ah, mala señal, Edward tenía su ceja arqueada esperando alguna palabra de mi parte, le hice un gesto con mis manos para que esperara un momento mientras yo iba a hablar a otro lado.
No me dejo, su mano agarró firmemente mi brazo para que permaneciera sentada junto a él.
Ah, bueno…
— Soy yo, ninguna morgue o jardín infantil ni nada por el estilo, puedes hablar tranquilamente —su risa se escuchaba incluso más ronca a través del auricular.
— Me alegra escuchar eso —sonreí. Dudaba seriamente que alguna mujer siquiera haya osado a no darle su número telefónico a tal espécimen—, entonces… Sabes porque te llamo, ¿no?
— Me hago una idea.
— Realmente, realmente me gustaría invitarla a cenar, señorita Swan —ah, música para mis oídos— Y espero que acepte, por supuesto. No soy ninguno violador, asesino en serie o prófugo de la justicia, si te lo preguntas, así que puedes estar tranquila, que no intentaré propasarme.
¿No lo intentará?
¡P-pero yo quería que lo hiciera!
— Bueno, señor Brennan, no puedo decir lo mismo de mi —por supuesto que no, solo quería propasarme, un poquito, no sé, hacer la movida, algo. Una nueva carcajada se escuchó por el auricular.
— ¿Me estás tratando de decir que debo cuidarme de ti?
— Absolutamente —vale, no sé porque mi voz salió como si fuera la línea de sexo telefónico, no quise hacerlo así, fue algo natural, algo natural que hizo a Edward fruncir el ceño aún más si es posible.
— Lo veremos esta noche, entonces.
— Espera, ¿qué?, ¿esta noche? —abrí mis ojos de par en par.
¡Era demasiado pronto!
— Esta noche, pasaré por ti, no puedo esperar a verte otra vez Bella, por favor dime que puedes esta noche.
Aw, me estaba rogando.
Hermoso.
— Estoy completamente libre esta noche. Te enviaré mi dirección por mensaje, ¿sí? —al ceño fruncido de Edward agreguémosle su complejo de toro cuando empieza a hacer extraños ruidos con sus fosas nasales.
— Excelente. Paso por ti a las nueve. Nos vemos, mia bella.
Bragas, fuera.
— Adiós, nos vemos esta noche.
Guardé nuevamente mi teléfono en el bolsillo de mis jeans. Estaba en una nube, o en estado de shock, o en el mundo de Bella. Iba a tener una cita con Félix jodido Brennan. Yo. Isabella Swan. Dientes de lata. La chica compacto. Belly Pocket. Yo iba a salir con el soltero más cachondo de Estados Unidos. Respira Isabella, inhala, exhala, eso es chica, no es un sueño, gracias al cielo que no es un sueño así que deja de hiperventilar.
¡Booyah!
¡Los milagros existen!
— Entonces, ¿quién mierda era ese?
Y ahora tenía que lidiar con el ogro con complejo de toro.
Yup.
— Uh, bueno, ese era un tipo que conocí en el súper el día de hoy —reí nerviosamente— Las cosas de la vida, ¿no? Fue una coincidencia, ¿sabes? Quedaba solo un paquete de ese arroz que tanto te gusta, y cuando fui a agarrarlo él también lo hizo y, uh, bueno, sucedió.
— ¿El qué?
No quería mirarlo, joder, le tenía miedo a Edward.
— Ya sabes, sucedió —me encogí de hombros.
— Isabella, ¿podrías mirarme? Juro que me estas volviendo loco, joder.
— Lo siento —murmuré, mirándolo fijamente. Y ahí estaba, esa cara de póker que no me dejaba ver como se sentía exactamente. Pero su voz era inconfundible, estaba molesto, sip. Edward era partidario de salir a fiestas y tener ligues, pero era un tanto sobreprotector, y era tan exagerado sobre los posibles escenarios de descuartizamiento donde podía estar involucrada si salía con alguien desconocido.
— Quiero conocerlo.
— ¡Edward! —hice un puchero, era peor que mi padre por Dios.
— Lo traerás aquí antes de que salgas por esa jodida puerta, Isabella —me apuntó con su dedo índice. Tanya había llegado en algún momento y nos observaba con entretención, como si fuéramos alguna jodida comedia romántica— Y si es tan hombre el marica ese, hablará conmigo. Una charla, simple, de hombre a hombre.
— ¡No eres mi padre!
— ¡Pero soy tu Edward! —sonrió cínicamente y comenzó a comer de su pasta— Y se hará lo que yo diga, ¿qué si es un asesino en serie?, ¡yo seré el que tendrá que ir a reconocer tus restos a la morgue! Así que si tiene tantas ganas de salir contigo, deberá pasar por mí antes.
— ¡Lo ahuyentarás! —chillé enfurruñada, cruzándome de brazos— Si lo ahuyentas juro que te hago la ley del hielo para siempre, lo juro Edward Anthony —me puse de pie resoplando— ¡Además es Félix Brennan, no puede ser un asesino en serie!
— ¿Félix Brennan? —preguntó, divertido— ¿Me está jodiendo? —le preguntó a Tanya con diversión.
— Eso mismo pensé yo —se observaron mutuamente por un lapsus de tiempo y comenzaron a reír.
Los muy bastardos se estaban riendo de mí.
— Lo hubieras dicho antes, pequeña —ugh, odiaba la burla que estaba impregnada en sus palabras. Él no podía creer que el hombre del momento se hubiera topado conmigo y me había invitado a salir, ¿por qué era tan difícil creerlo?, ¡no soy tan despreciable!— Si es Félix Brennan tienes todo el permiso del mundo.
— Los odio, a los dos —murmuré antes de caminar hacia mi habitación.
— ¡Dile a ese hijo de puta que le mande mis saludos a Jane, y que aún guardo la foto de sus tetas en mi velador!
Y nuevamente se rieron de mí.
Pero, como dice el dicho, el que ríe último, ríe mejor.
— ¡Ya verás a mi príncipe dorado y te tragarás tus palabras, cabrón!
¡Buenas noches!
Ya, yo se, yo se. Ustedes quieren mas acción Edward/Bella, yo también (?) pero mi mente me dice que Edward no se merece muchas cosas solo por ser él y necesita un poquito de competencia, de verdadera competencia, no esa cosa llamada Mike, así que aquí está el señor Félix, se los presento, el sueño de toda mujer, simpático, guapo y millonario, ¿qué más se podría pedir? XDDD Así que si, habrá mas momentos Edward y Bella, como también mas príncipes, pero puede que a Bella le pique el bichito de la curiosidad por Mr. Cachondo, así que también lo veremos mucho rondando por aquí y esa charla de hombre a hombre va, en el próximo capítulo, ese donde Tanya y Ed se tragaran sus palabras y quedaran atónitos al ver al señor popularidad en la puerta de su depa.
¡Espero les guste el capítulo!
Muchas gracias por todo chicas, son un sol.
Actualización doble, como dije en el otro fic, siento no poder subir Primerizo, aún no logro terminar el capítulo, uno se exige más cuando se está llegando al final y simplemente aun no quedo conforme, trataré con todas mis ganas de subirlo la semana que viene junto al de 3, 2, 1 :)
Lamb.
