Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 15: El hechizo se rompe a las doce.


Príncipe dorado: El color de las monedas de oro que encuentras en la olla al final del arcoíris, resplandeciente, tanto que llega a encandilar tus ojos. La perfección en dos piernas –tres en su defecto–, el empresario multimillonario que solo leerías en novelas del tipo cliché como 50 sombras de Grey. Quitándole el pasado oscuro y agregándole una sonrisa que deja tus bragas tan estropeadas como cuando mojabas la cama a los tres años. El tipo de príncipe que solo existe en Hollywood.

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Cabello peinado en pequeños bucles, listo.

Labios rojo puta, como Tanya los había llamado, listos.

Vestido negro cortesía de Rosalie tetas-grandes Hale, jodidamente listo.

Zapatos de tacón para llegarle aunque sea a la barbilla, listos.

— Estas ardiente, Swan. Ardiente y adorable a la vez, como que me gustaría follarte duro contra la pared pero también acariciar tu cuerpo con el pétalo de una flor —rodé mis ojos a las palabras de Rosalie, mi estilista profesional.

La había llamado desde la oscuridad de mi habitación para que viniera a ayudarme en esta emergencia, los otros mal nacidos seguían haciendo chistes entre los dos hacia mi persona, Rosalie me había creído al menos, cuando le conté sobre lo sucedido con Mr. Cachondo, ella no se había reído de mí, ¡ella sí que era una amiga de verdad! Había llegado en menos de quince minutos para ayudarme a preparar todo, tenía demasiado poco tiempo y Félix llegaría de un momento a otro.

— Tú enserio me crees, ¿cierto Rosie?

— Claro nena, ¿por qué no te creería? —Rosalie estaba echando máscara en mis pestañas, el último retoque— Aunque me pregunto qué estaba haciendo un tipo como él en el súper, de todos modos. Si yo tuviera toda esa cantidad de dinero tendría un cabrón para los mandados, no movería ni el dedo meñique —sonreí.

— No lo sé, en realidad, tal vez le pregunte hoy, quién sabe —me encogí de hombros—. Rosie, el tipo está como quiere y es un dulce, realmente, no pensé que en estos tiempos de hoy existieran caballeros.

— ¿Sabes por qué vine?

— Uh, ¿para ayudar a tu desesperada amiga?

— Aparte de eso, nena —negué con mi cabeza cuando estuve lista y de pie frente al espejo de cuerpo entero. Rose apoyó sus manos sobre mis hombros y sonrió diabólicamente— Para ver la cara del mierda de Edward cuando te vea salir junto a tu príncipe.

— ¡Quiero tapar su puta boca! —chillé—, aún debe seguir riéndose de mi con la idiota de Tanya.

— Harás más que tapar su boca, créelo muñeca, mucho más.

Y el timbre de la puerta de entrada sonó.

Santa cachucha.

Joder.

Oh Dios mío.

Respiré para tranquilizarme unas cinco veces, cerré mis ojos y salí de mi habitación junto a Rosalie. Edward estaba sentado en la sala de estar junto con Tanya, ambos veían un programa de televisión que no sabía cuál era y comentaban acerca de él. Ni siquiera se inmutaron con el sonido del timbre. Mis tacones repiquetearon en la madera llamando su atención, alcé una de mis cejas y me encaminé rápidamente a la puerta de entrada.

Edward había abierto sus ojos de par en par cuando me vio.

Tanya hizo una mueca con sus labios, como un "uh, nada mal".

Al abrir la puerta de entrada estuve a punto de derretirme, literalmente, tuve que agarrar con fuerza el pomo de la puerta para permanecer de pie. El hermoso hombre que tenía en frente sostenía un ramo de calas hacia mí, usaba un pantalón negro de vestir y una camisa gris que combinaba con sus hermosos ojos. La sonrisa patentada que me había dedicado en la mañana estaba en sus labios.

Para mí.

Solo para mí.

¡Mamá, finalmente lo he encontrado!

— Son preciosas, muchas gracias —murmuré, tomando el ramo con manos temblorosas.

— Tú luces preciosa esta noche, Bella —tomó la mano que sostenía el pomo de la puerta como si mi vida dependiera de ello, entre las suyas, y la besó dulcemente. Ah madre mía, este hombre iba a matarme lentamente con sus atenciones.

— Ven, adelante, debo ir a buscar mi bolsa, ¿sí? —asintió, entrando en el apartamento finalmente. Su porte y altura hacían que el espacio en el que se encontraba se viera como la casa de un Hobbit o algo por el estilo, era tan… Alto.

— ¡Pequeña!, ¿era el idiota de las pizzas?, ¿podrías pagarlas por mí?, ¡te juro que luego te pago en carne!

Me sonrojé furiosamente bajo la curiosa mirada de Félix.

¿Edward siempre tenía que arruinar todo?

— Él… Él es mi compañero de piso, también es mi mejor amigo —suspiré avergonzada—, discúlpalo por sus palabras, él simplemente no sabe hablar como una persona decente.

— Esta bien, no tengo problemas con eso —rio deliciosamente, haciendo que los vellos de mi nuca se erizaran con esa simple acción. Lo guie hacia la sala de estar donde se encontraba la chusma. Edward y Tanya seguían echados en el sofá, Rosalie estaba apoyada contra la pared, sus brazos cruzados, observando con molestia al parcito.

Cuando sus azules ojos se posaron en mí y mi acompañante, sonrió con malicia.

— Tú debes ser Félix —murmuró lo bastante alto para que los otros dos escucharan—, encantada de conocerte, la mejor amiga de Bella —estiró su mano hacia Félix quien la recibió cordialmente, e hizo lo mismo que conmigo, dejó un beso sobre el dorso de su mano.

Rosalie Hale, señoras y señores, se había quedado sin palabras.

— Un verdadero placer, señorita.

— ¡Santísima mierda, era verdad! —Tanya cubría su boca con ambas de sus manos, sus ojos abiertos por la sorpresa. La pobre, en cualquier momento se hacía encima de sus pantalones. ¡Toma, zorra, yo te dije!— No puedo creerlo, joder, no puedo creer… ¡Félix Brennan!, ¿qué mierda haces con mi hermanita?

— ¿Ella es tu hermana? —me preguntó mi querido hombre rubio.

— Uh, hermanastra, en realidad —murmuré, viendo a la loca de Tanya gesticular— Ella tiene algo así como un fanatismo contigo, espeluznante, si vieras como se puso cuando le dije que te había conocido, aparte de burlarse de mi por estar mintiendo, dijo unas cosas…

— Bella, no te atrevas —Tanya me apuntó con su dedo amenazadoramente, sonreí sintiéndome extremadamente poderosa. Caminó hacia nosotros, metiéndose en el papel de mosquita muerta que había interpretado con Edward. Rodé mis ojos por lo absurda que estaba siendo cuando tropezó "accidentalmente" antes de llegar a nosotros.

— ¡Oh, basta con eso!, no te sirvió con Edward, ¿por qué crees que…

Pero el señor Brennan tenía el sentido de la caballerosidad verdaderamente elevado, él se había tragado la actuación de Tanya por todo lo santo, y antes de que esta diera con el suelo, él se acercó rápidamente para socorrerla. Aw, hacía el perfecto papel de príncipe.

— ¿Te encuentras bien? —le preguntó con genuina preocupación.

— Uh, y-yo…

— Vale, basta —tomé la mano de Félix y lo jalé lejos de las garras de Tanya. Mi hermana me sacó la lengua y rodó sus ojos, poniéndose de pie inmediatamente, luego soltó un bufido exasperado—. Félix, no debes creer nada de lo que Tanya haga o diga, ella suele ser bastante manipuladora, ella no tropezó, solo estaba tratando de llamar tu atención.

— Yo, eh, creo que me di cuenta de eso —me dio una sonrisa avergonzada. ¿Qué podía responder a eso?, este hombre, o era muy buen actor, o… Joder, como él no quedaban en este mundo.

— ¿Y a mí no me presentas?

Edward se había puesto de pie y apoyado en el respaldo del sofá, de brazos cruzados. Observaba a Félix de pies a cabeza, su ceño completamente fruncido y una mueca molesta en sus labios. Hermoso. En su puta cara, hombre, yo había dicho la verdad, ¡que le diga él mismo que tiene la foto de Jane en su buró aún! Hijo de su adorable y alocada madre.

— Ya le dije a Félix que eres el mal hablado de mi compañero de piso.

— ¿Solo tu compañero de piso? —me preguntó, alzando una de sus cejas.

— ¿Qué más?, eso es lo que eres.

— Soy tu mejor amigo.

— ¿Oh si?, vaya, quien lo hubiera pensado luego de que te burlaste de mi a diestra y siniestra —rodé mis ojos y me volteé hacia Félix— Tengo mi bolso —lo levanté enseñándoselo, Rosalie me lo había entregado—, creo que es hora de irnos.

— Oh, no. Ustedes no van a ninguna jodida parte —Edward sonrió y se acercó lentamente a nosotros, luego de darme una de esas miradas que indicaba que nada buena iba a pasar, se puso cara a cara con Félix, el cual sorprendentemente era mucho más alto que Ed—, primero nosotros tendremos una pequeña charla de hombre a hombre.

— Edward, él no irá a ninguna…

— ¿Qué?, ¿es que tu amiguito es un marica o algo así? —era tan cabrón, a veces lo odiaba y me daban unas ganas enormes de castrarlo— Es solo una pequeña charla, pequeña, no le haré daño… Por ahora.

— Bella, no tengo problemas en escuchar las palabras de tu compañero de piso —Félix sonrió dulcemente, haciéndose el desentendido al enfatizar el puesto de Ed. Quién lo diría, él tenía una vena bromista escondida bajo la manga. Se giró hacia Edward y habló—, ¿quieres comenzar aquí?

— Chicas, ¿nos dejarían un momento a solas?

Había pasado bastante tiempo ya para solo una "pequeña charla". Tanya, Rosie y yo estábamos en el pasillo esperando que las dos masas de testosterona acabaran lo que sea que estuvieran haciendo. Ya iban treinta malditos minutos, ¿cómo podían demorar tanto en hablar?, ¿y qué era lo que necesitaban hablar de todos modos? Edward era un exagerado, y un idiota, y un exagerado, pero más un idiota.

— ¿Bella?

Estaba sentada en el suelo del pasillo con mi espalda apoyada en la pared. Ya se había ido casi toda la magia, por Dios, me veía deplorable con la cara de aburrimiento que tenía, ¿es que hasta una cita tenía que salirme mal? Era tan injusta la vida, yo sabía, no todo podía ser de color rosa para mí. Mis ojos se posaron en la persona que me había llamado, Tanya y Rosalie estaban un tanto ocupadas discutiendo entre ellas como para reparar en que, desgraciadamente, a unos pasitos más allá estaba Michael.

— Mike, no estoy de humor.

— Estás preciosa —no podía creerlo. Suspiré y solté un bajo "gracias"— ¿Estás bien, Bella?

— Estoy bien —murmuré, ignorando el hecho de que él se creía con el derecho necesario de poder acercarse a mí y tomar asiento justo a mi lado en el puto piso—, magníficamente bien.

— Algo me dice que estás mintiendo —murmuró sonriendo conciliadoramente—, y no lo adiviné por la manera en la que arrugas tu pequeña nariz cuando lo haces —si no fuera porque el hombre que estaba junto a mí era el mismo que me había jodida en bajo mi propia nariz con una de mis mejores amigas, diría que me está coqueteando.

— Estoy bien, Michael. Bien, espléndida, magnifica, mejor que nunca —rodé mis ojos— Pero enserio, ¿qué es lo que quieres? No creo que estés aquí porque tienes demasiado tiempo libre, ¿no?

— Necesitaba dar una vuelta —se encogió de hombros—, y creo que tú también lo necesitas.

— ¿Enserio?, y… ¿Por qué crees eso?

— No lo sé, luces molesta… No, no molesta, más bien contrariada, la tensión de tus hombros me lo dice —sonrió—, además estás haciendo esa cosa con tus labios que haces solo cuando estás aburrida. ¿Cuántas veces debo decirte que no muerdas tu mejilla?, te escocerá luego, siempre lo hacía.

— ¿Dónde está Jessica, de todos modos?

Me estaba incomodando él con sus palabras insulsas.

No era necesario eso de que sabía que mueca hacía a la hora de mentir, o a la hora de estar aburrida o preocupada por algo. Vale, sabía que él lo sabía porque, joder, fueron cuatro años después de todo, pero no era necesario que me lo recordara, probablemente él y Edward eran los hombres que más me conocían a parte de papá, y ahora, justo ahora, ninguno de los dos eran mis hombres favoritos en este planeta.

Uno me había jodido la vida.

El otro me estaba jodiendo mi cita de ensueños.

— Jessica… —Mike suspiró. Fruncí el ceño alarmada por esa acción— No lo sé. Ella ha estado bastante esquiva estos días, no sé qué es lo que le sucede, a veces pienso que me evita —sus ojos se posaron en los míos—, no sé qué es lo que realmente nos sucede…

Santa madre de Dios.

¿Problemas en el paraíso?

¡El karma es una perra, yo se los dije!

— Uh, diría "lo siento", ¿sabes? Pero en realidad no lo hago —rodé mis ojos—. Mike, ha sido un agrado hablar contigo —sí, claro—, pero debo entrar a mi apartamento para soltarles unas que otras palabritas a los dos hombres que están allí dentro y me tienen esperando aquí hace más de media hora —me puse de pie con su ayuda, lamentablemente, no era muy buena con los tacos y menos si andaba con falda, no quería dejar la vergüenza al aire.

Aunque me había depilado esta vez.

Michael se puso de pie antes que yo para tenderme su mano, de mala gana la acepté y con su ayuda pude ponerme de pie dignamente, sin dejar nada al aire. Luego, todo pasó con demasiada rapidez. Estaba yo tratando de recuperar mi mano, ya que Mike se había adueñado de ella vaya-a-saber-Dios-porqué, cuando la puerta del departamento finalmente se abrió, mostrando a Edward y Félix en todo su esplendor y gloria.

Edward estaba serio.

Félix tenía su ceño fruncido.

Ambos miraban a Mike y como este me tenía firmemente agarrada de la mano.

— ¿Bella? —mis ojos se posaron sobre los azules de Félix—, ¿también debo darle explicaciones a él? —y apuntó a Michael con un gesto de su barbilla. Edward le dio un leve empujón a Félix para salir por la puerta y ponerse justa delante de mí y Michael.

— ¿Y tú quién carajos te crees? —empujó a Mike por los hombros, haciendo que este liberara mi mano— Joder, hombre, a ti te encanta encabronarme. ¿Por qué no te pierdes? Enfermo hijo de puta.

Whoa, Edward estaba realmente molesto.

— Uh, Edward, vale, él no estaba haciendo nada —creo que no estaba haciendo nada, aun no entiendo ese episodio de él quedándose con mi mano, ¿le había gustado mi manicura y quería que le pasara el dato? Vaya a saber yo—. Tranquilízate, Ed.

— Él hace bastante estorbando con su jodida presencia aquí.

— Creo que no es mi presencia la que te molesta, Edward —Michael sonrió, una mezcla de emociones en sus facciones, irritación y diversión a la misma vez.

— Cierra el pico, cabrón.

— Si vale de algo, estoy con el chico rubio de aquí —Félix sonrió abiertamente y rodeó mis hombros con su brazo, atrayéndome a la calidez de su cuerpo. Edward nos miró y frunció el ceño, su mandíbula completamente tensa.

— ¡Váyanse a la jodida verga! —chilló. Y luego de darme una extraña mirada, soltó un bufido y caminó dando grandes zancadas a lo largo del pasillo— ¡A las doce aquí o juro que te cortaré el pito y te lo meteré por el culo, rubio de mierda! —y dio la vuelta en el pasillo, perdiéndose completamente de nuestras vistas.

Edward no me estaba poniendo toque de queda.

Él simplemente no lo hizo.

— Te dije nena, por esto quería estar presente en este momento —Rosie me sonrió angelicalmente.

Estaba un poco estática cuando llegamos al restaurant que Félix había elegido. Yo me sentía una pordiosera de la peor. Él había elegido el Masa, un restaurant japonés al que asistía la creme de la creme de Nueva York. El jodido Masa era tan exclusivo que solo tenía veintiséis puestos que se reservaban con un tiempo exagerado de anticipación.

Oh mierda, me sentía en un campo minado.

Yo era una chica Kentucky Fried Chicken, no una chica Creme Brulée.

— ¿Estás bien? —creo, solo creo que había agarrado su brazo con más fuerza de la necesaria.

— Perfectamente —sonreí con nerviosismo.

Yo estaba todo lo contrario a "perfectamente", ni siquiera sabía comer comida japonesa, esos malditos palitos eran mi perdición, ¡yo era una chica de tenedores y cuchillos, no de putos palitos! Traté de respirar con calma para regular la situación de mi ansiedad debido a que no iba a dar la talla, simplemente era imposible. Iba a humillarme a mí misma en este lugar.

Al entrar nos guiaron a nuestra mesa, era un cuarto que nos separaba del resto por unas persianas de bambú. El lugar era hermoso, no podía decir nada respecto a eso, la ambientación japonesa era indescriptible, realmente te sentías como si estuvieras en el país oriental, simplemente maravilloso. Félix retiró la silla para mí caballerosamente, agradecí hacia mis adentros que tuviera sillas y no tuve que sentarme en el suelo, hubiera sido otra humillación más.

— Desde que entremos te he visto un poco… Tensa.

— Uh, no, no, para nada. Deben ser solo suposiciones tuyas —reí estúpidamente. Félix arqueó una de sus cejas con diversión. Suspiré, ¿cómo podía mentirle a ese gesto?—. Vale, me siento fuera de lugar. Esto es… Mira, lo más lujoso en mi mundo es el Kentucky que está en la esquina —sonreí avergonzada.

Era tan pobre, por Dios.

— Oh, lo siento, yo… —Dios mío, ¡el hombre se había sonrojado!, ¿qué tan hermoso era eso?, estuve a punto de abalanzarme sobre la mesa y besarlo como una calentona— Las chicas… Bueno, las mujeres con las que he salido siempre esperan… Ya sabes —hizo una adorable mueca con sus apetecibles labios.

Uhm, comida, deberían traer la comida o yo me serviría el postre antes.

— ¿Siempre esperan que las saques al lugar más caro del planeta? —asintió tímidamente— Eso, señor, es porque estás acostumbrado a salir con modelos, actrices, todo ese tipo de mujeres que está acostumbrada a los lujos —reí suavemente—. No te mentiré diciendo que no me gusta eso. Me gustan, ya sabes, los tacones de marca y esas mierdas —me sonrojé furiosamente. Mierda, mierda, ¡había durado bastante sin soltar una grosería!, ya había empezado a mostrar mis malas costumbres, justo en la primera cita por Dios— Bueno, a lo que iba… Mi sueño frustrado siempre ha sido tener un par de Manolo Blahnik, incluso y cuando odio los tacos.

— Y… ¿por qué? —me preguntó sonriente.

— Eh, no lo sé, caprichos de chica, supongo. Nos gustan los lujos, aunque no estemos acostumbradas a ellos, un regalito de esos de vez en cuando nos viene bien, ¿sabes? Y la que dice que no es una vil mentirosa y solo quiere quedar bien —rodé mis ojos. Félix rió dulcemente.

— Entonces, déjame ver si entendí —carraspeó y trató de poner una mueca de seriedad en su rostro. Él era el hombre más adorable del planeta, de seguro— Eres una chica que no está acostumbrada a los lujos, que prefiere Kentucky Fried Chicken, pero no le importaría si alguien le regala unos tacones de diseñador.

— Uh, seh —reí, sonaba estúpido todo lo que había dicho. ¿Qué demonios había intentado decirle yo? Esto, amigas, es lo que hace el nerviosismo—, algo así. Y ahora… ¿qué hay de ti? Sabes, tengo otra debilidad de chica, y esas son las revistas de cotilleo.

— ¿Qué leíste?

— Uh, bueno… Una vez leí que, ya sabes, se te quemaba el arroz.

— ¿Se me quemaba el arroz? —su rostro de confusión me causa ternura.

— Eh, sip, que se te daba vuelta el paraguas.

— ¿S-Se me daba vuelta el paraguas? —una caliente sonrisa se formó en sus labios, la expresión de confusión aún en su rostro. Vamos, hombre, ¿cómo no iba a entender?

— ¿Se te quedaba la patita atrás?, ¿no? —Félix negó con su cabeza, entretenido— Hombre, que jugabas para el otro bando.

— Vale, esa sí que la entiendo —rió—. Es falso, por supuesto, no sentiría estas enormes ganas de besarte desde que te vi en la puerta de tu hogar con ese hermoso vestido si fuera verdad —y posando la barbilla sobre sus manos, me observó por debajo de sus pestañas.

Y lo hizo, esa puta sonrisa torcida.

Juro que ahí lo perdí, tuve que encomendarme a la virgencita para no entregarle mi flor.

— Me alegra escuchar eso —le sonreí, dándole un sorbe a mi agua— Tengo otra pregunta para ti, señor famoso.

— Dispara —se cruzó de brazos esperando a mi pregunta.

— Bueno, ¿qué hacía un hombre como tú en el súper? Ya sabes, los tipos forrados en billetes suelen tener al chico de los mandados para esas cosas, al menos así es en las películas.

— Eric está de vacaciones, su esposa está a punto de dar a luz así que le di los meses restantes libres —¡sabía que había un chico de los mandados después de todo!, Félix sonrió, inclinándose hacia adelante como si fuera a hacer una confidencia— Pero, ¿sabes?, agradezco haberlo hecho, tal vez habrías conocido a Eric y no estaríamos aquí el día de hoy… Y Eric te hubiera ganado ese paquete de arroz, el suele ser bastante persuasivo cuando se trata de cumplir un pedido —y luego de decir eso, llegaron con uno de los platos de comida.

Nos trajeron una gran variedad de alimentos, Félix ya había arreglado todo, pidiendo incluso antes que llegáramos que nos deleitaran con las sugerencias del mismísimo chef. Yo dudé de la comida que nos trajeron por unos minutos, Félix se burlaba de mí pero… Esa cosa no se veía como comida, por Dios, era como un monstruo o algo, era tan putamente feo.

— Konomiki… mi… eso, ¿cómo es que se llama?

Okonomiyaki (1) —pronunció perfectamente. Joder, ¿todo en él era perfecto?—. Tiene un aspecto temible, lo sé, pero te aseguro que te encantará Bella —sonrió y tomó un poco de la cosa con sus palillos—, abre la boca, nunca te ofrecería algo que no pudiera gustarte, confía en mi —suspiré y abrí la boca. Félix agarró mi barbilla con una de sus manos y con la otra introdujo la comida en mi boca— ¿Y bien?

— Sobreviviré —murmuré, masticando la extraña mezcla de sabores. Era… Raro, estaba rico, no así como "whoa, no podría vivir sin él" como el chocolate, pero era comestible, él tenía razón—, me gusta.

Él era un dulce, cada vez que nos traían platos nuevos para probar, me alimentaba con sus palillos. Fue hermoso hasta que llegó el sushi. Al fin algo familiar, el sushi era algo que sí había probado en mi vida, Edward era un obseso por el sushi, él me había introducido en sus gustos, yo no era una gran fan de comer pescado crudo.

Pero había un pequeño problema, los palillos y yo.

— ¿Quieres que pida cubiertos para ti?

— No, gracias —murmuré, concentrada el cien por ciento en sostener la pieza de sushi en mis palillos y guiarla hacia el potecito con soja—. Yo puedo hacerlo, solo me falta un poquitín de práctica, ya verás —estaba a punto de lograr la meta, y la pieza se suelta de la nada cayendo directo en el pote y…

Sip, mi cara tenía soja ahora.

— Ven aquí —Félix se lo estaba pasando de lo lindo conmigo siendo una chica de campo en la ciudad, enserio, me comportaba como una pobre chica que no sabe comer. Limpió mi rostro suavemente con un paño.

— Gracias al cielo que estamos en una parte apartada solo los dos, te has salvado de que te humille en público, al menos te he hecho reír bastante, ¿eh? —Félix terminó de limpiar mi sonrojado rostro y se quedó así, sosteniendo mi barbilla entre sus dedos, sin quitar su mirada de la mía.

Una adorable sonrisa se extendió por sus labios.

— Eres una mujer verdaderamente especial, Bella Swan.

— Verdaderamente torpe, querrás decir —rodé mis ojos tratando de aligerar el ambiente y quitar la incomodidad de mi cuerpo. No era una persona que se sintiera cómoda con los cumplidos, tal vez no los había escuchado las veces necesarias como para creérmelos del todo.

— Terca, diría yo —dejó un rápido beso en la punta de mi nariz que me tomó completamente por sorpresa—. Me gustaría mucho poder descubrir más característica tuyas, Bella Swan, pero ahora creo que ha llegado el momento de volver a casa.

— Ah, uh… ¿Eh?, ¿a casa?, ¿por qué?

— Bueno, tu amigo se ofreció a dejarme sin descendencia y él se escuchaba bastante serio al respecto. Si no te importa, realmente me gustaría conservar esa parte de mi anatomía —No me importa, por supuesto, a mí también me gustaría que conservara esa parte de su anatomía.

Al salir del restaurante Félix me tendió su chaqueta y me atrajo hacía su costado, abrazándome desde los hombros. El frío era asqueroso y entre todo el jaleo antes de salir de casa finalmente, había olvidado mi abrigo. Félix olía a la nueva fragancia de Dior, ay mamá. Caminamos lentamente hacia su automóvil, se sentía realmente bien estar de esa manera con él. Me hacía sentir protegida.

Y como Cenicienta, a las doce había llegado a casa.

— Me siento como Cenicienta —suspiré y miré hacia mis pies—, al menos tengo mis dos zapatos, ¿no?

— Gracias al cielo, no queremos un resfriado —sonrió con dulzura y lentamente abrochó su chaqueta, la cual yo aún estaba utilizando—. Te dejaré la chaqueta solo para tener una nueva excusa para verte, ¿qué te parece eso?

— Me parece excelente —sonreí.

— Bien, señorita Swan, nos vemos pronto —acarició mi mejilla tenuemente con la yema de sus dedos.

— Que tenga buenas noches, señor Brennan.

Y el hechizo se había roto, a las doce, cuando se montó en su ostentoso automóvil sin besarme.

Joder.

— ¡Isabella hay un paquete para ti!

Edward no apareció en toda la noche, o tal vez sí, quién sabe, yo estaba en la octava nube para ser sinceros. Félix era… Indescriptible, joder. El tipo lo tenía todo, incluso y si no estuviera forrado valdría la pena un hombre como él. Era atento, dulce, un completo caballero, divertido y extremadamente sensual. Y no me había besado, ni siquiera un intento de, ¿por qué no lo había hecho?, ¿tendría que haberme puesto un cartel en rojo que dijera "hey, quiero mi beso de despedida" o algo?

Pero bueno, al menos habría una próxima vez.

Yo aún tenía su chaqueta.

— ¿Estás aquí?

— Llegué en la madrugada —Edward se encogió de hombros.

— ¿No lo escuchaste? —me preguntó Tanya, su tono sorpresivo estaba un poco sobreactuado—, la perra que trajo anoche gritaba como si estuviera pariendo, joder —Edward rodó sus ojos y se giró hacia la mesa—. Eddie ha vuelto a las pistas, ¿no, campeón?

¿Él había traído una chica anoche?, ¿cómo no escuche eso?

— Mujer, por favor —Ed suspiró y desordenó su cabello con frustración. Bueno, yo no iba a decir nada por eso, ¿qué podía decir? Nada, obvio, absolutamente nada— Ten, llegó esto —me entregó una caja de regalo y se giró hacia la mesa nuevamente.

Fruncí el ceño y observé su desnuda espalda por un sinfín de segundos.

¿Estaba él intentando de evitarme?

— Oye, zorra, no me has dicho como te fue anoche con el bombón del año.

— ¿Por qué debería decirte, de todos modos? —murmuré, caminando hacia el sofá tratando de abrir la caja.

— ¡Porque soy tu hermana!

— Lo que digas, Tanya —cuando quité la cinta y abrí la caja, ninguna palabra salió de mis labios, mis ojos se abrieron como dos grandes pelotas y… Tanya estaba en las mismas. Oh Dios mío, él no lo había hecho.

Joder.

Tomé la notita que venía con el paquete.

"Un nuevo par para mi hermosa Cenicienta.

Tuyo, Félix".

¡Él había hecho realidad mi sueño frustrado, me había comprado un par de Manolo Blahnik!


(1) es una comida japonesa que consiste en una masa con varios ingredientes cocinados a la plancha. Los ingredientes varían según el chef, puede llevar desde repollo hasta pulpo y muchas cosas más.


¡Buenas noches!

¡AL FIN TRAJE LA ACTUALIZACIÓN! jajajaja, bien, me disculpo de ante mano por los problemas de tipeos, no está beteado el capítulo así que Di no hizo su magia de corregir aquí, y yo, para no quedar de mentirosa y subirles el capítulo, lo revise bastante por encima XD Bien, primero, quiero aclarar algo que siempre he querido decir pero no se porque no lo he hecho. Edward... Esperen, creo que ya lo aclaré antes, bueno, lo digo de nuevo... Puede que no les guste la actitud de Edward aquí, tal vez, pero todo tiene un propósito, y él, si bien siente algo por Bella, eso de la protección y el toque de queda lo hace porque es su naturaleza, y antes de todo el problema "me gusta Bella desde que eramos púbers", él es su amigo y siempre querrá lo mejor para ella. Bien, igual, este ogro es un idiota que, tal vez, bien en el fondo de su corazón, espera que ella diga un día "hey, tal vez Edward es lo mejor para mi" pero bueno, ustedes saben, con las actitudes de este campeón, dificl que se de cuenta la muy tonta de Bella, pero... Por eso existen los celos, los personajes buenitos que vienen a revolver el gallinero, y Edward... Que esperemos pronto se ponga los cinco dedos de frente y se de cuenta de que debe tomar al toro por los cuernos.

Y... eso (?)

¡Espero les haya gustado el capítulo, muchas gracias por todo!

Lamb.