Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 16: El único amor del ogro.
Hada madrina: Los mortales las conocen como "mejor amiga" o en su defecto "amigo gay". Pequeñas personitas que te ayudan a mejorar tu día a día. Cuando necesites un rápido cambio de imagen para dejar de lucir como una plebeya y convertirte en una princesa de tomo y lomo, son las primeras en aparecer, y también suelen mantener a raya al ogro que te incordia con insultos y comentarios mordaces, insertándole la varita mágica en el culo.
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— ¿Qué puto fetiche tienes con el suelo? —Edward tenía una sonrisilla pedante en su rostro— Nunca podrás caminar con esas trampas mortales, lamentablemente tú no naciste para ser una chica, Swan.
— Podré hacerlo y te tragarás tus palabras, cretino.
— No podrás —se encogió de hombros y se sentó en la mesa de la cocina, observándome desde allí mientras le daba un sorbo a la taza de café que sostenía en sus manos—, ¿para qué quieres caminar en esas mierdas, de todos modos? Pensé que eras una chica de zapatillas.
— Pensaste mal —me puse de pie lentamente. Estaba tratando de acostumbrarme con los zapatos de tacón que Félix me había regalado, eran hermosos, sí, pero el puto tacón de veinte centímetros no lo era. No señor—, solo me falta un poco de práctica, ya verás, de aquí a mañana podré caminar en ellos como si hubiera salido de la vagina de Renée con tacones puestos.
— Apostemos —una felina sonrisa se posó en sus labios.
Ugh.
Lo odiaba tanto.
— Cinco dólares a que mañana luciré como una modelo caminando por una pasarela en Praga.
— Diez dólares a que terminarás caminando como un jodido Drag Queen —inflé mis mejillas llena de frustración. Él me había llamado drag queen, ¡por todo lo santo!, ¿tenía pinta de hombre o qué?
— Veinte dólares a que incluso podré bailar en ellos.
— Cincuenta dólares, y, mi querida Bella, terminarás yendo a Urgencias.
— Cien dólares Cullen, cien putos dólares a que no tendré ningún rasguño —Edward sonrió cuando vio mi ceño fruncirse con molestia. Su sonrisa ahí, divertida, crecía y crecía como si nada, ¡él estaba tan entretenido jodiéndome la vida!
— Una cita —murmuró, descansando su barbilla en sus manos entrecruzadas. Él me estaba observando de una extraña manera, bajo sus pestañas, coquetamente—, la mejor cita de tu vida a que mañana terminarás usando zapatos bajos.
¿Edward quería salir en una cita conmigo?
¿Era esto real?
— Hecho.
— Hecho —se puso de pie y se acercó a mí, luego se arrodilló en el suelo para quedar a mi altura y acercó su rostro bastante al mío—, tenemos un trato pequeña, espero y lo cumplas, sea cual sea el resultado. Soy un hombre de palabra.
— Debemos cerrar la apuesta —murmuré un tanto aturdida por su cercanía. Era tan puto, ¡por Dios! Le ofrecí mi mano para que la estrechara y así cerrar el trato, pero él tenía otra idea en mente. Jaló de mi mano, haciendo que el pequeño espacio que nos separaba se hiciera inexistente y juntó nuestros labios con fervor— ¡Edward! —chillé cuando nos separamos.
— Ahora sí hemos cerrado el jodido trato. Sales conmigo mañana si no logras caminar bien, cancelas con el cabrón pijo ese que te regala mierdas que podrían alimentar a África entera.
— ¿Desde cuándo te importa a ti África, de todos modos? —entorné mis ojos— Y no le digas así a Félix, él no es un cabrón… —inflé mis mejillas y miré hacia otro lado— Cabrona la idiota esa que trajiste para un polvo rápido anoche.
— Tanya estaba mintiendo —murmuró, poniéndose de pie y esquivando mi mirada. Extraño—, yo no me la follé, solo estábamos conversando en la sala de estar. Ella reía, bastante —Edward sonrió… ¿él sonrió con dulzura?—, tal vez eso fue lo que escuchó la metiche de tu hermana. ¡Que agradezca que la deje usar mi puta cama!
— ¿Tú esperas que te crea eso? Señor me-follo-todo-lo-que-tenga-un-orificio.
— ¡La puta madre que los pario, vengan a ver esto! —el grito de Tanya debe haberse escuchado por todo el departamento. Edward me ayudó a poner de pie, y también me ayudó a caminar hacia la sala de estar. Ugh, él lo estaba pasando tan bien a costas mías por todo lo santo.
Pero luego olvidé todo cuando vi lo que había causado el grito de Tanya.
Ahí, en la televisión, estaba mi persona. Santo Dios, un programa de cotilleos hablaban sobre el soltero del año y la nueva extraña con la que se le había visto involucrado. No era una modelo, no era una actriz de renombre ni ninguna colega, nope, era una flacucha castaña que no sabía andar con tacos. Mostraban fotografías nuestras entrando el restaurant y dejando este, como Félix cubría mis hombros con su blazer y luego tomaba mi mano para ayudarme a cruzar la calle dulcemente.
— Ya vemos que el gusto de nuestro querido Félix Brennan va más por lo natural, ¿no crees Juliana?
— ¡Ahí estaba la fórmula mágica para atrapar al hombre!, nada de botox, nada de extensiones ni cuerpos exuberantes. La chica que lo acompaña se ve bastante sencilla, ¿quién iba a pensarlo?
— ¿Quién será el diseñador del vestido que usa?
— ¡Pero eso es bastante obvio, Aurelio, es Walmart!
Las palabras sencilla y Walmart en una misma conversación.
No quería seguir viendo la televisión, digo, me importa una mierda lo que digan de mí, pero esas fotos… Ugh, se veía ahí claramente mi gordo trasero, mis anchos muslos y la manera tan enferma con la que caminaba cuando usaba tacones. ¿Por qué siempre a mí? Tampoco es como si Tanya tuviera la decencia de cambiar de programa, ella se reía de todo lo que decían de mí, lo normalita, sencilla y adorable que era la chica nueva de Félix.
— Nunca más usaré un vestido en mi vida —murmuré, apuntando hacia la pantalla—. Joder, ¡mira esos muslos! Ugh, tendré que ir seriamente con Rosie al gimnasio, parecen gelatina, hombre. ¡Y mira mi trasero!, es… ¡Es espeluznante!, ¡es como el trasero de una vaca!
— Luces bien de negro, pequeña.
— ¡Tú cállate!, ¡tú no sabes nada de estas cosas! —chillé, golpeando su pecho con mi dedo índice— Mi trasero se ve gordo, mis piernas parecen tener piel de naranja y me veo más destetada de lo que soy. ¡La vida no es justa!
— ¿Destetada? —Edward sonrió con picardía.
— No digas ninguna palabra más —me giré, ignorando por completo su mirada y caminé a trompicones hacia mi habitación. Quería gritarle al mundo que se jodiera. Claro, tenían que fotografiar mi peor parte, ¡al menos no estoy hecha de plástico, cabronas!
Me encerré en mi habitación y me tiré en la cama como un saco de papas. Ah, la vida, eso, Isabella, te pasa por aceptar citas de hombres que no están a tu nivel, nada de esto estaría pasando si hubieras salido con un plebeyo que no anda bajo el foco de los paparazis. Pero no, tenías que pensar en grande y salir con el premio gordo. Ve, gordo, como tu trasero.
Mi teléfono celular sonaba en el buró, tenía tantas ganas de levantarme a contestarlo como ganas tenía de seguir viendo aquel programa de cotilleo. O sea, nulas. Suspiré y dejé que sonara, uno, dos, tres veces, cuando caí en cuenta de que quien fuera que estuviera llamando no iba a desistir, lo maldije internamente y levanté mi gordo trasero de la cama.
— Qué.
— ¿Bella? —ahí estaba la voz del culpable de mi desgracia.
— Mhm.
— Uh, ¿estás molesta? —murmuré un "no" volviendo a acomodarme sobre la cama— Bella, te juro que no sabía nada sobre esto. Lo siento tanto, princesa, yo no pensé… Yo no…
— No pensaste que iban a fotografiarnos, lo entiendo, ¿quién soy yo de todos modos? Sé eso, tampoco se me pasó por la cabeza, es solo que… —inevitablemente un puchero se formó en mis labios. Era una nena, por todo lo santo— ¿Viste las fotografías? Son horribles, ¿no podían al menos pedirme que posara para ellos? Yo lo hubiera hecho sin chistar, ¿por qué sacaron justo mi peor ángulo?, ¿por qué? Te aseguro de que ninguna de tus otras chicas ha salido mal en fotos de paparazis. Y luego estoy yo, ahí, un adefesio de trasero gordo y piernas feas —una suave risa se escuchó del otro lado de la línea.
¿Él también se burlaba de mí?
— ¿Estás molesta por eso? —asentí, olvidando que Félix no podía ver el gesto— Lucías hermosa.
— No, esas fotos dicen lo contrario.
— ¿A quién le importa?, ese vestido te sentaba de maravilla —sonreí aturdida por sus lindas palabras—, tus piernas no son feas, Dios, ¿cómo puedes decir eso? Me tentaron toda la noche, tuve que contener mis impulsos de recorrerlas lentamente con mis dedos —santa mierda, él no podía decir esas cosas por teléfono—, y tu "gordo trasero" como lo llamas… —una ronca carcajada se escuchó— es hermoso, me siento como un pervertido confesando que hubo unas cuantas veces en las que no podía sacar mi mirada de esa redonda parte de tu anatomía, y las cosas que se me venían a la mente…
¡El hijo de puta me estaba calentando!
Félix simplemente no puede hacer eso estando a kilómetros de distancia, ¿quién atendía a mi amiga ahora?, joder, ¿iba a tener que usar a Señor Bunny nuevamente? Volviendo a tiempos aquellos donde tenía telarañas en mi cueva.
— ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo, cierto? —mi voz dio pena, me escuchaba tan putamente necesitada.
— Por supuesto, me hago cargo de mis palabras.
— Y, tienes claro que no puedes decir esas cosas cuando estás tan lejos de mí, ¿cierto? Porque, hombre, eso es crueldad pura, tú no puedes soltarme ese tipo de frases sin esperar que me caliente.
— ¿Estás caliente, Bella?
Oh Dios mío.
¿Él quería hablar sucio?
— Lo estoy, bastante caliente diría yo, ni te imaginas cuanto…
— Creo que me hago una idea, no eres la única en ese estado. ¿Qué tan caliente estás, Bella? —Félix ya no era ese idóneo caballero que había conocido, nope, él me hablaba con una rasposa voz que mandaba a la mierda mis terminaciones nerviosas.
¿Quería saber que tan caliente estaba?
Joder, yo se lo iba a dejar bastante claro.
— Estoy tan caliente que, gracias a ti, tuve que remover ciertas prendas que cubrían mi cuerpo. Para saciar el calor, ya sabes. Se siente bien estar solo con ropa interior sobre la cama…
Yo me creía el cuento, toda una female fatale.
Era bonito mientras duró.
— ¿Ropa interior?, estas usando tu pijamas de conejitos, ese que te hace lucir como una jodida abuela. ¿Estás teniendo sexo telefónico, pequeña? La próxima vez, recuerda cerrar la puta puerta —Edward me observaba desde el umbral de la puerta de mi habitación, sosteniendo el pomo de esta entre su mano izquierda.
¿Tenía que pillarme el con las manos en la masa?
— ¿Cuál es el afán de arruinarme la vida?
— Dile a ese hijo de puta que no se pase de listo —alcé una de mis cejas—, sexo telefónico, por todo lo santo, ¿es que el hombre no se la puede cuando esta frente a ti que se escuda tras un aparato? —Edward hizo una cara de sorpresa— ¿Es impotente el pobre cabrón?
— ¡Sal de mi habitación ahora!
Riendo con saña cerró la puerta tras de sí dejándome sola nuevamente en mi habitación. Tenía las mejillas arreboladas, estaba cien por ciento segura de que Félix había escuchado todo lo que el ogro había soltada con malicia. Ugh, ¡yo nunca le decía nada sobre las putas que traía a casa!, ¡incluso y cuando no podía dormir por los golpes cuando se las follaba contra la muralla!
— ¿Félix?
— Tu amigo me odia, ¿no es así?
Suspiré y reír quedito.
— Edward odia a todos, en realidad. Es un energúmeno de lo peor, pero lo amo —sonreí—. Lo siento por eso, uh, Ed nunca tiene algo bueno que decir con respecto a otros, solo dice cosas buenas cuando habla de sí mismo… Y eso es todo el tiempo.
— Vale, entiendo —rio suavemente—, es mejor que te deje entonces. Nos vemos mañana… —hizo una pausa y luego continuó, un tanto dubitativo— ¿nos veremos mañana?, si no quieres salir nuevamente por culpa de los paparazis lo entenderé, Bella.
— Nos vemos mañana, Félix. Que tengas un buen día —me dolían las mejillas de tanto sonreír.
— Que tengas un buen día, princesa.
…
— ¿Tu hermana no es la encargada de hacer los quehaceres?
Jasper venía entrando a la zona del lavado, cargado de ropa. Le sonreí y me acerqué a él para ayudarlo a descargar. Dios, ese hombre sí que ensuciaba… Un momento, un momento, ¿qué demonios?
— Uh, no quiero pensar cosas extrañas pero… Que yo sepa, no te han crecido pechos por arte de magia, ¿eh? —levanté un brassier que se cayó de la montaña de ropa que traía— Oh, espera, y no es lo único… ¿Tienes un trabajo que te ocupa la noche, amigo?, ¿eres Jazmin o algo así? —tomé una tanga que había caído junto al bra, y jugué con sus elásticos.
— N-No, d-dame eso, ¡d-dámelo! —un sonrojado Jasper me quitó las prendas femeninas de mis manos rápidamente, y las escondió entremedio de su ropa— Yo, uh… No son mías.
— No me digas, genio.
— S-Son de una amiga —alcé mis cejas y sonreí con picardía— ¡No sonrías así, ella de verdad es solo una amiga!
— Yo no he dicho nada —me encogí de hombros restándole importancia—, tampoco te pregunté, estás hablando por ti solito campeón. Pero si quieres hablar… Yo escucho, sabes que soy buena escuchando.
— Yo no te pregunto porque llevas tacones con tu pijama.
— Touché.
Seguimos en silencio, cada uno preocupado de su carga de ropa sucia. Ah, tenía tantas ganas de preguntarle sobre la ropa interior femenina que había encontrado. Jasper era tan… Especial. Era divertido, sociable y todo eso, pero con posibles chicas para tener algún tipo de relación, era un pollito asustadizo. Tímido, ¿pueden creerlo?, ¿Jasper tímido?, lo era, él era como… La mujer en la relación.
Sonreí.
Sip, definitivamente eso lo describía bien. Tal vez por eso me entendía tan bien.
Suspiramos ambos a la vez, haciendo que nos miráramos por una milésima de segundo.
— Aposté con Edward.
— Hice más que solo acostarme con Alice.
Seguimos mirándonos por un largo momento cuando ambos soltamos nuestros pecados a la misma vez. La manecilla del reloj que estaba colgado en una de las paredes sonaba molestamente, al igual que las lavadoras limpiando nuestra ropa. Jasper no quitaba sus ojos azules de mí y yo tampoco lo hacía. ¿El seguía con Alice?, ¿cuándo había pasado esto?, ¿ella no prefería la cueva al conejo? No entiendo una mierda.
— Hemos estado viéndonos desde hace ya un tiempo —se encogió de hombros y empezó a poner algunas prendas de ropa dentro de la lavadora— Ella, uh, a ella no le gustan solo las chicas del todo, ¿entiendes? —me miró, esperando que le dijera algo. Asentí— Yo nunca… Ah, no lo sé —desordenó su cabello con nerviosismo—, creo que me gusta, Bella. Pero esto es muy… Loco.
— Lo es —reí suavemente—, ¿tienes miedo de que te cambie por un par de tetas grandes?
— Gracias por decirlo tan sutilmente —Jasper rodó sus ojos—, ella ha estado quedándose conmigo por un tiempo. Solo pasó, ¿sabes?, no nos dimos cuenta.
— Ella no solo te gusta, Jazzy.
— No es necesario que digas…
— Te estás enamorando, Jazzy.
— Gracias, con amigas como tú… —sonreí con inocencia— Olvídalo, ¿qué pasó con Edward ahora? —Jasper cerró la lavadora y le dio inicio, luego se apoyó en ella de espaldas, sus brazos cruzados sobre su pecho— Oh, por cierto, te vi en la televisión esta mañana.
— No me recuerdes eso —gruñí—. Félix me regaló estos —apunté mis zapatos—, soy un asco andando en tacones, tengo hasta mañana para lograr caminar como una persona decente sin tropezarme ni darme de bruces con el suelo. Si lo logro, me gano cien dólares, si pierdo… —fruncí el ceño— Uh, Edward quiere que tengamos una cita.
— Edward quiere que tengan una cita —asentí. Jasper alzó sus cejas— ¿Es que eso no te dice nada?
— Eh, ¿no?, ¿qué tendría que decirme?
— Eres la mujer más lenta que ha pisado la tierra, ¡y luego se quejan de que los hombres somos los que no entendemos nada! —Jasper alzó sus brazos al aire y negó con su cabeza— ¿Hace cuánto que son amigos?
— ¿Nueve años?, sip, algo así.
— Y en todos estos nueves años nunca te has dado cuenta de que Edward siente algo más que amistad por ti.
— Edward siente algo más que amistad por todas las mujeres del mundo —entorné mis ojos— De todos modos, lo he visto cómo actúa cuando le gusta alguien, y conmigo definitivamente no actúa así —recordé a cierta mujer morena por la cual sentía un odio irracional en tiempos de secundaria.
— Eres una ilusa.
— Y tú estás loco, pero henos aquí, hablando tranquilamente.
— Le gustas, Bella —Jasper suspiró—. Le gustas a tu amigo, ¿no crees que por eso quiere tener una cita contigo? Es porque le gustas —iba a abrir mi boca—, y no me digas nada sobre "si le gustara no se metería con todas esas guarras". Tú lo conoces mejor que nadie —asentí, tenía un punto—. Solo piensa en lo que te dije.
— Vale, vale, lo haré. Aunque es una estupidez —tomé mi canasto con ropa limpia y caminé a paso lento hacia la salida—. Cuídate principito, cuida a Brandon también, es una buena chica-chico, tal vez te hacía falta que alguien se pusiera los pantalones en casa.
— ¡Lo que sea, Swan!
Dejé a Jasper atrás y caminé con cuidado. El elevador llevaba malo desde hace una semana, por ende, debía subir cargando la canasta de ropa, en tacones de veinte centímetros, por la escalera. Bajarlos había sido una completa odisea, tan solo pedía a mi amigo que me mira desde arriba que no me ponga una hormiga cabezona para tropezar en el camino, que me ayude, me dé una manito para llegar sana y salva a mi querido apartamento.
Ahora que Jasper me había metido el bichito de la duda, realmente me preguntaba porque Edward querría salir en una cita conmigo. No es como si él llevara a citas a sus chulas, él las elige en algún bar de mala muerte y después de abrirles las piernas ¡zaz!, para adentro. Tal vez es distinto porque soy su amiga, o tal vez Jasper tiene razón… Pero es tan raro pensar que a Edward le guste alguien, lo fue tiempo atrás cuando lo veía actuando como un vil idiota por esa mujer… ¿Yo gustarle? Sip, Jasper está completamente loco, digo...
¿Yo?
¿Por qué yo?
Dejé lla canasta de ropa en el suelo y golpeé la puerta del apartamento tres veces. Esperé y esperé a que alguien se dignara a abrir la jodida puerta, pero estos dos parásitos que estaban dentro de casa solo sabían ignorarme. Ugh, tal vez y estaban viendo una de esas series que tanto les gusta, ¿cómo se llama?, ¿CSI? No tengo la más puta idea, nunca he entendido la obsesión de Edward con esas cosas.
— ¡Abran la jodida puerta, les traigo su ropa limpia aquí con un demonio! —chillé, aporreando la puerta.
— ¿Tienes que gritar?, no puedes ser como una persona normal. Nunca entenderé porque el follable de Félix deja que lo vean en público contigo, hermanita —Tanya me abrió la puerta sonriente.
— Sal de mi camino, loca —la empujé al entrar— Puedo gritar todo lo que quiera, es mi casa y yo pongo las reglas aquí. Además, me duelen los pies con estas mierdas y ustedes no hacen más que hacerme….
¿Qué demonios?
— Oh, olvidé decirte que teníamos visitas. ¿Recuerdas la guarra que trajo Edward el día de tu salida con Félix?
— ¿La que gritaba como verraco?
— La misma —Tanya se puso tras de mí y apoyo sus manos en mis hombros—, bueno, hermanita, ahí la tienes.
Oh, no.
¡Por eso Edward no se la había follado!
Ahora le creía fervientemente lo que me había dicho esta mañana y yo lo había tomado como una broma. Él enserio estuvo toda la noche en la sala de estar conversando con ella. Ella. La única mujer por la que había visto a Edward sonrojado, esa…
¿Desde cuándo se habían vuelto a ver?
…
— ¡Edward, deja de mirarla así!
Ahí estaba de nuevo, esa embobada mirada, las mejillas sonrojadas, ¡el hilillo de saliva en la comisura de su labio!, ¡él se estaba comportando como un verdadero púber! Odiaba la manera en que miraba a la señorita Weber. Todos los chicos la miraban de esa manera, como si fuera una diosa. Bah, ni era tan linda.
¡Y tenía veinticinco!
— Ishabella, creo que me he enamorado.
— Tú no te enamoras, cállate.
— Joder, Ishabella, enserio me he enamorado… De ese culo que tiene, y esas caderas, y esa sonrisa cuando le digo que no llevo la tarea. Ella me mira y solo sonríe, diciéndome que puedo traerla el día siguiente. Y su voz, cuando me regaña dulcemente… Me gustaría follarmela en el escritorio del salón.
— Yo no quería escuchar eso, Edward, no quería.
— Eres mi amiga, tienes que escuchar ese… Mierda, viene para acá, mierda, mierda…
— Buenos días, chicos.
Ugh.
Ella sonrió dulcemente hacia nosotros, su castaño cabello estaba suelto y perfectamente peinado en unos hermosos bucles. Las gafas que usaba la hacían ver más estilizada, no una completa perdedora que es más como yo me vería. Ella usaba esas faldas tubo que marcaban toda su anatomía. Era una provocadora y Edward era un idiota.
— Ho-Hola señorita Weber.
— ¿Qué quiere? —alcé una de mis cejas en su dirección.
Mi humor era una mierda cuando ella estaba cerca.
— Bueno, me preguntaba Isabella —sonrió y se inclinó hacia adelante, dejando al descubierto su pronunciado escote. Que truco más sucio. Acto seguido, Edward tragó saliva fuertemente y cubrió su entrepierna con mi bolso. Ugh—, ¿te molestaría si tomo prestado a Edward por unos minutos?
— ¡No! —chilló Ed como una nena— No le molestaría, para nada, estaría encantada, ¿cierto pequeña? —me miró, retándome con la mirada a decir lo contrario. Sonreí con cinismo y negué con mi cabeza— ¿Ve? No le molesta para nada.
— Por supuesto que no me molesta, siempre y cuando le dé permiso de ir al baño antes —Edward y la maestra me miraron interrogantes. Abrí mis ojos con inocencia fingida y apunté al idiota de mi amigo— Ya sabe, maestra, los púber suelen tener erecciones solo al ver una sonrisa, y usted ha hecho mucho más que eso aquí. Creo que, el pobre de Edward, merece ir a descargarse antes de hacer lo que sea que usted quiera con su persona.
Me gané una semana de suspensión por eso.
Edward me hizo la ley del hielo por otra semana.
…
— ¿Isabella?
— Maestra Weber —sonreí tirantemente—, un gusto volver a verla.
— El gusto es mío, muchacha —se puso de pie y caminó lentamente hacia mí, contoneando sus caderas—. Puedes llamarme Ángela, ya no estamos en la secundaria y no eres mi alumna —Ella sonrió, con esa sonrisa que volvía imbécil a Edward. Ah, Dios, debe tener unos treinta y cuatro ahora, y sigue luciendo bien, la muy bastarda—. Luces hermosa sin los brackets, Edward me había dicho algo sobre ello.
¡Estoy segura de que ella se vería espléndida en fotos papparazeadas!
— Ya veo —murmuré, sin saber que más decir—, bueno, maestra Weber, los dejo, para que sigan poniéndose al día —miré por un costado de su cuerpo, donde Edward permanecía sentado, de espaldas a mí, y no había movido su trasero de allí ni siquiera se había dignado a mirarme—. Dejaré la ropa en tu habitación… Sobre tu cama —fruncí el ceño y caminé a lo largo del pasillo— ¡Así que si vas a follar con la maestra tendrás que ocupar el sofá!
— ¡Mierda, esa es mi cama! —chilló Tanya.
Gracias al cielo no podría ganarme una suspensión ahora.
Y, si a Edward le había gustado alguien en su vida, esa era la maestra Weber, mi querido Jasper.
¡Buenas noches!
Yo se que tal vez, querrán matarme XDDDD Y matar a Ángela, que es una pedofila, pero con Edward quien no. Yo, por mi parte, espero que cuando este enseñando a mis alumnos no me salga un Edward por ahí porque no respondo, así que entiendo a Ángela (?) Ya ni se que hablo, solo le estoy dando vueltas al asunto de que... ¡Me he demorado años en subir cap. de esta historia, lo se y lo siento! XDDD Espero que el capítulo sea suficiente por la espera :3 y esa carita de borrego que les hice ahí, jajajaja. Yo se que les gusta sacar conclusiones, pero tranquilas, Bella es mas fuerte de lo que parece, una cabeza de pollo, pero fuerte la nena y tampoco se queda callada, so, Bella no sufrirá, nope, al menos no tanto conscientemente y ella tampoco sabrá muy bien el porqué, pero Ángela, que se cuide de la mente malvada de Bella... y Tanya, que extrañamente se convertirá en una aliada de su hermanita... ¡Y no les digo más porque ya les he hecho un spoiler bien bueno de lo que se viene! jajaja, ¡espero les haya gustado el capítulo como a mi me gustó escribirlo!
¡Muuuchas gracias por su paciencia, comentarios, alertas y favsss!
Lamb.
