Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 17: Suero de la verdad.
Primer amor: El primer amor es agridulce, es aquel con el que experimentas todas tus inocentes primeras veces, las primeras mariposas en el estómago, los primeros babeos al verlo frente a ti, los primeros viajes al espacio exterior al pensar en la persona. Dicen que el primer amor nunca se olvida, aun y cuando puede ser un martirio para toda la vida.
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¿Por qué la gente de Forks había decidido aparecer en Nueva York de la nada?
Primero, Tanya rompiendo bolas desde tiempos inmemorables, y ahora, la señorita Weber.
No sabía qué era más molesto, tener a la mosca de Tanya pululando por mi hogar como una nana que, debo decirlo, no hace nada de mal su trabajo, o ver la cara de imbécil que trae Edward al mirar el culo de la vieja marrana esa. Vieja. Sí. Es una vieja asalta cunas, de lo peor, debería darle vergüenza, una mujer de su edad simplemente no puede andar deseando a un tipo que podría ser su hermano pequeño.
Alguien debería decírselo en la cara.
Esa cara estirada que tiene, es imposible que siga luciendo igual a como cuando estaba en la secundaria.
— Fósil… eso es lo que es esa vieja bruja de mierda, un maldito fósil que debería haberse extinto hace tiempo —me calcé los tacones, era mi último día para caminar como una chica de pasarelas con estos, parecer decente y no un drag queen.
Apuesto a que a la señorita Weber no le dice que parece drag queen.
Puto.
Salí de mi cuarto con mi pijama encima. Pijama y tacones, era el icono de la moda en estos momentos, ugh. Solo quería una taza de leche caliente y volver a dormir. El trabajo no me estaba pidiendo mucho últimamente y los días libres eran para eso. Dormir, ver televisión y dormir. El cielo de mi querida gran manzana estaba completamente nublado y unas cuantas gotas habían comenzado a caer, que mejor, un depresivo día, para depresivas películas.
Un día de chicas.
— Tus padres te envían saludos, me encontré con ellos hace una semana atrás en el pueblo antes de venir a Nueva York. Tu madre sigue igual de joven y hermosa que siempre, dijo que te extrañaba a montones y esperaba un día venir a visitarte.
Mi fantástico día no podía ir mejor.
¿Qué hacía ella tan temprano en mi departamento?
¡Ugh, Edward!
— Esperemos que no.
— Edward —lo regañó suavemente—, es tu madre.
— Lo sé, lo sé —y él estaba nervioso, por todo lo santo.
Edward conocía la palabra "nervios".
— Tu padre, en cambio, fue bastante... Uh, un tanto sinvergüenza al esperar que yo te hiciera una pregunta un tanto subida de tono.
— ¿Qué pregunta? De ese cabrón me espero lo que sea, joder.
— Él quería saber si, uh... Bueno, él me pidió que te preguntara directamente si finalmente habías tenido los cojones para follarte —y la muy descarada se sonrojo al soltar esa palabra. Ella, la jamás besada, la virgen a los cuarenta, la madre Teresa, la casta— a su nena —Ángela rió tontamente después de eso—. Supongo que se refiere a Isabella, ¿me equivoco?
— Ese hijo de puta, ¿enserio dijo "su" nena?, ¿quién carajos se cree que es?
— Isabella… —la profesora guarra suspiró— esa chiquilla siempre me ha tenido en la mira, sinceramente creo que me odia, ¿es que acaso le dijiste…
— No, yo, uh, no le he dicho sobre eso. No se lo he dicho a nadie, realmente, es nuestro secreto.
— Nuestro secreto —y le sonrió a Edward dulcemente.
Secreto.
Edward tenía un secreto con la señora esa.
¡Y yo no sabía cuál era!
…
Tenía que saber de qué secreto estaban hablando.
Luego de haber escuchado a esos dos me escabullí como cual agente 007 a mi habitación, sin ser notada. Desde la mañana que no había podido sacar de mi cabeza lo que habían dicho. Joder, quería tanto saber de qué secreto hablaban. Me dolía enormemente que Edward tuviera secretos conmigo, ¡yo le cuento todo, somos mejores amigos! Nunca pensé que sería tan mal amigo, por Dios, él debería confiar en mí, ¡estoy segura de que Emmett sabe sobre esto!, ese "no le he dicho a nadie" me lo paso por el culo.
— ¿Sabes?, es solo pollo a la mostaza, nada más, él no te ha hecho nada.
Tanya me miraba con diversión desde el otro lado de la mesa. Éramos las dos almorzando esta vez, Edward había ido a comer fuera con su nueva –y vieja– mejor amiga para ponerse al día. Mi vista se clavó en el plato que tenía frente a mí. Ah, había estado mutilando mi comida mientras pensaba y no me había percatado de ello. No era mi culpa que esa mujer despertara pensamientos asesinos en mí.
— La odio.
— Lo sé, joder, veo las lanzas que salen de tus ojos cuando la miras —y sonrió—. Pero eso, hermanita, es una de las pocas cosas que tenemos en común. Esa vieja loba se robó mi papel de la chica tímida que se sonroja con la palabra pene. Eso simplemente es un sacrilegio, la perra debe morir.
— Edward está tan… —empuñé las mano y di un pequeño chillido— ¡Ugh!, él es tan estúpido, nunca he entendido porqué le gusta tanto, ni siquiera es la gran cosa. Además… ¡Por su culpa Edward me está guardando un secreto!, ¡los amigos no se guardan secretos!
— ¿Guardando un secreto, que carajos estás hablando dientes de lata?
Procedí a contarle tranquilamente los eventos de esta mañana. Tanya hizo uno que otro comentario acerca de cuan follable era el padre de Edward y que, antes de que ella viniera a Nueva York, lo había espiado por el patio trasero de su casa. Edward padre solía regar el césped desnudo cuando a Forks lo visitaba el sol. Tanya no era la única que había hecho eso, Rosalie y yo también lo hicimos cuando teníamos diecisiete.
Una vista espectacular.
— Es siete años mayor que Edward, por Dios.
— Hermanita, los hombres las aman maduras —Tanya se encogió de hombros—. Ya ves, Ashton Kutcher y Demi Moore. O Madonna, con ese modelo que es como un feto a su lado de tantos años que la mujer le lleva. Es la fantasía de todo hombre.
— ¿Por qué?, no es como si fuera la gran cosa —dejé el tenedor junto a mi plato, repentinamente sin apetito— Además, no puedes comparar a Demi y Madonna con el fósil ese de Weber. Simplemente no puedes.
— Es caliente, tienes que decirlo. Esos son los celos hablando.
— No estoy celosa —rodé mis ojos—, simplemente me revienta.
— Lo que digas, dientes de lata, lo que digas —me ignoró completamente moviendo su mano con despreocupación frente a mi rostro—. Pero hoy es tu día de suerte, hermanita, porque yo te ayudaré a sacarle el secreto a Edward —Tanya sonrió diabólicamente—, y alejar a esa zorra de nuestro hogar —me tendió la mano para que la estrechara.
Creo que era una especie de tregua entre las dos.
— ¿Nuestro hogar? —le pregunté cuando acepté su proposición.
— No jodas el momento, carajos —entorné mis ojos y sonreí.
Justo la puerta de entrada sonó, unos segundos después Edward apareció en la sala de estar, observándonos con el ceño fruncido. Tanya y yo le sonreímos angelicalmente, éramos las peores tratando de lucir inocentes. El ogro tomó asiento en la mesa junto a nosotras, sin dejar de mirarnos con suspicacia.
— ¿Almorzaste, Edward?
— Si, pero no me vendría mal otro poco de comida —mi querida hermana se puso de pie como una fiel sirvienta para servir un poco de comida a Edward, cuando Tanya pasó tras de él me guiñó el ojo y siguió su camino. No entendí su gesto, pero no presagiaba nada bueno— ¿Cómo vas con las trampas mortales?
— Acostumbrándonos mutuamente.
— Difícil de creer viéndote ahí sentada, creo que deberías modelar para mí.
— Si, bueno, estoy comiendo por si no te has dado cuenta.
— Creo que lo mejor es ignorarte cuando andas con ese humor de mierda, lo malo de esto, es que siempre soy yo el estúpido cabrón que paga las consecuencias sin saber porque carajos —Edward entornó sus ojos y se apoyó en el respaldo de la silla, cortando la conversación.
Alcé una de mis cejas y seguí comiendo en silencio. Podía sentir los ojos de Edward sobre mí, siguiendo minuciosamente mis pasos a la hora de comer. Ni comer podía hacerlo tranquila, ¡y yo era la insoportable, bah! Tanya regresó luego de un momento sosteniendo el plato humeante de pollo en su mano, la sonrisa diabólica en sus rojos labios. Volvió a guiñarme un ojo después de dejar el plato frente a Edward, tomó asiento junto a mí y se cruzó de brazos, como si estuviera esperando algo.
— Muchas gracias, Tanya, al menos alguien es agradable en esta casa —rodé mis ojos. Edward tomó un pedazo de pollo con su tenedor y lo llevó a su boca, saboreando la comida— Joder, cocinas de maravilla chicas.
— Es un agrado hacerlo, cariño.
Y pasó.
Así de rápido, Edward estaba de lo más normal comiendo lo que Tanya le había dado y de repente se desplomó de la silla y se dio de lleno contra el suelo. Y Tanya estaba como si nada, mi hermana estaba como si fuera de lo más normal su reacción, así que eso solo significaba una jodida cosa: ella había hecho algo, ella era la culpable de que Edward después tendría unos cuantos cardenales en su cuerpo.
— ¿Q-Qué hiciste? —le pregunté temerosa, poniéndome de pie y caminando hacia Edward para verificar su estatus. Bien, estaba vivo, tenía pulso al menos, demonios, demonios— Tanya, ¡qué demonios hiciste!
— Bájale, no grites —bostezó y se cruzó de brazos—, te estoy ayudando, solo eché unos polvitos mágicos en su comida nada más. Despertará en unos segundos y, hermanita, te aseguro que soltará todo sin problema alguno.
— ¿Podrías, al menos, ayudarme a llevarlo a su habitación?
Tanya luego de meditar la situación, hurgar bajo la camiseta de un inconsciente Edward y ganarse un golpe de mi parte por el intento de violación, me ayudo a arrastrarlo hacia su habitación. Fue una completa odisea, él era una masa de músculos, huesos y panza de cerveza que pesaba por montón. Fue imposible subirlo a la cama así que lo dejamos apoyada contra esta, sentado en el suelo.
— Venga, Ed, despierta, no es gracioso, ¿sí? —golpeé su mejilla pero su inerte rostro no hizo nada— ¿Qué clase de menjunje le diste?, está como muerto el idiota, ¿y si le da algo?, todo recaerá en ti.
— Fue algo suave, unas pastillas que me recetó mi psiquiatra —ella iba a un loquero, debí suponerlo—. Las perras te hacen hablar hasta por los codos, me recomienda tomármelas cada vez que voy a una sesión con él, me cuesta un poco hablar sobre sentimientos.
— Presiento que gastaste toda la tira en Edward.
— Unas cuantas, una cosa poca —se encogió de hombros—, ya verás cómo despierta pronto.
Ignoré por completo a la loca y me concentré en el inconsciente hombre frente a mí. Siempre me había gustado el Edward dormido, era una cosa totalmente opuesta al Edward hincha-ovarios del día a día, él incluso se veía hermoso. Sereno, su semblante estaba sereno, una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Ah, esos labios, él besaba tan malditamente bien, ¿por qué?, ugh, odiaba que besara tan bien, odiaba que ahora en este mismo instante unas ganas absurdas de besarlo se apoderaran de mí.
— Tienes bigotes, Bellita.
— ¿Qué?, ¿ah?... ¡¿Estás hablando enserio?! —instintivamente cubrí mi boca velozmente con ambas de mis manos. Edward rio roncamente, sus ojos estaban un poco idos pero me enfocaban a la perfección— ¡Idiota!, ¡me diste un susto de muerte!
— Lo siento —volvió a reír—, te mentí, no tienes bigotes, sabes, no tienes nada en realidad. Estabas muy cerca, pequeña, y eso es peligroso. Sip, peligroso tenerte cerca. Me gustan tus labios —él estaba vomitando palabras, una tras otra, rápidamente—, también me gusta el chocolate. Tus ojos son chocolate.
— Tanya, lo rompiste —murmuré, sin dejar de observar a Ed— ¡Joder, Tanya, has roto a Edward!
— Él no está roto, idiota, está tocado. Los efectos de las pastillas, mensa.
— ¿Tanya? Ah, Tanya —Ed alzó su mano y tocó mi mejilla, riendo suavemente— ¿Recuerdas cuando me daba miedo? Me asustaba una chica, por todo lo santo. Corría como un marica cuando aparecía —sonreí. Tanya rodó los ojos y le dio una leve patada al brazo de Edward.
— ¡Hey! —chillé, frunciendo el ceño.
— No es como si le hubiera disparado, supéralo —bufó y se sentó sobre la cama—. Creo que es mejor que empieces a hacerle las preguntas, hermanita, lo perderemos pronto si sigues haciendo el loco.
— Uh, claro —asentí, determinada. Tomé el rostro de Edward entre mis manos y lo obligué a mirarme fijamente. El pasó su lengua por sus labios y luego sonrió, con esa sonrisa perdida que tenía por culpa de los polvitos mágicos de Tanya—. Ed, amigo mío, tu y yo necesitamos hablar.
— ¿Follar?
— No, no —negué con mi cabeza—, hablar, hablar.
— Podríamos hacerlo mientras follamos. Hablar, ¿por qué a las mujeres les gusta tanto hablar?
— ¡Eh, campeón!, sígueme aquí —golpeé su mejilla suavemente para llamar su atención—, no nos desviemos del tema, por favor —mi querido y drogado amigo asintió imperceptiblemente—. ¿Tienes un secreto con Ángela?
— ¿Ángela? —preguntó, frunciendo el ceño. Luego su expresión de confusión cambió a entendimiento y una gran sonrisa apareció en sus labios— Ooh, Ángela. Esa Ángela, me gusta Ángela, ella es… Ángela.
— Ya, basta, basta de decir su jodido nombre —ay sí, Ángela, ugh—. ¿Cuál es su secreto?
— ¡Shh!, no podemos contarle a nadie.
— Soy tu amiga, ¡soy tu mejor amiga, merezco saberlo! —puede que haya entrado en histeria y puede que lo haya zamarroneado un poquito, solo un poco— Por el meñique te juro que no le diré a nadie, ¿por qué no puedes decirme?, ¡se supone que con este suero de la verdad soltarías todo! —hice un puchero, causando la risa de Edward.
— Eres tan jodidamente adorable, ¿te he dicho alguna vez que eso es lo que amo de ti?
— Me has dicho que me amas, sí, yo también te amo. Y por ese amor, deberías decirme.
— También amo tu culo, me tienta cada mañana. Debería ser ilegal, y tú deberías usar otro tipo de bragas, no tienes idea cuantas veces me he tocado pensando en ese culo por las mañanas.
— ¡Joder, Edward, te estás desviando del tema! —chillé, roja como un tomate.
— También amo tus no-pechos, como los llamas —y el muy cabrón posó sus manos sobre mis pechos como si nada, y las comenzó a estrujar—. Ah, me encantan, yo pasaría toda una vida entre ella…
— No sé cuando llegamos a esto, tengo una porno frente a mis ojos.
— Tanya, no estás ayudando —resoplé— ¡Y tu deja de tocarme las tetas por Dios!
— ¿Te has acostado ya con Charming (1)? Pfff, claro que sí, es tu príncipe encantador. Putos príncipes, ¿por qué las mujeres buscan un príncipe, Tanya?, ¿tú buscas uno? Bella busca uno —Edward me ignoró por completo y ahora sus ojos estaban posados sobre la figura de mi hermana.
— Yo estaría más feliz con un lobo feroz.
— ¡A eso me refiero! —y rio como desquiciado nuevamente— Pequeña, deberías aprender de tu hermana, yo podría hacer el papel de lobo feroz si tú me lo pidieras. Pero antes, me gustaría patear el culo del rubio pijo —y suspiró, guardando silencio súbitamente. Estuvo con los ojos enfocado en la nada por un corto periodo de tiempo, y luego de eso, sus ojos se posaron insistentes sobre los míos.
Un escalofrió recorrió mi espalda.
Oh, mierda.
— ¿Edward?
— Carajo, presiento que lo que se viene va a estar bueno —golpeé la pierna de Tanya para que guardara silencio, esperando pacientemente a que Edward abriera la boca.
— Siempre odiaste a Ángela, por ninguna razón —la determinación se apoderó de sus facciones— Pregúntame quién fue mi primer amor, Bella —santa mierda.
— No quiero —murmuré, con un hilo de voz. Por alguna extraña razón, me aterraba la sola idea de que respondiera con el nombre de nuestra jodida ex profesora.
— Pregúntamelo, Bella.
Pero la curiosidad mató al gato.
Que va.
— ¿Quién fue tu primer amor, Edward?
— Tú.
El silencio se apoderó de su habitación. Sentí mi rostro irse a rojo, oh, era tan obvio que eso iba a pasar. Tanya reía junto a mí y murmuraba entre dientes "esta mierda esta mejor que la telenovela de las dos". Y Edward seguía igual de serio que con anterioridad. Bueno, tal vez el solo me estaba tomando el pelo, Edward no podía haber estado enamorado de mí, digo, digámoslo, yo no era el epitome de la belleza en esos tiempos, y los frenos sinceramente me hacían lucir horrible y babeaba como los mil demonios.
— Me estás jodiendo, ¿por qué ibas tú a sentir algo por mí?
— Yo todavía lo siento.
Vale, ahora sabía que él estaba mintiendo.
— Edward, vamos, no es necesario que me mientas.
— ¿Por qué carajos debería mentir?, ¿y qué si me gustas?, ¿no puedes gustarme, Ishabella? —se cruzó de brazos y bufó como un niño pequeño— Me gustaste, me gustas y me seguirás gustando. Me gustas, carajo, ¡me gustas!
— Vale, ya lo entendí, te gusto —tragué saliva con nerviosismo—. Yo, uh, nunca esperé eso.
— Bien.
— Bien.
Volvimos a mirarnos en silencio por un prolongado tiempo.
Y él volvió a caer inconsciente luego.
…
— No puedo creer que no esperaras eso, es tan malditamente obvio, todo el mundo lo sabe, eres la única idiota que no. Y pensé que eras la inteligente de la familia, obviamente me equivoqué, eres una estúpida.
Tanya se divertía de lo lindo con todo lo que estaba pasando, Edward dormía en su habitación cual bebé, llevaba ya alrededor de dos horas en su profundo sueño. Según Tanya, luego no recordaría nada, ella simplemente no me había querido dar la receta de su coctel. Me volvió a dar miedo mi hermana por un momento. Y yo no podía sacar las palabras de Edward de mi cabeza.
Yo le gustaba.
Se sentía bien gustarle a Edward Cullen, demonios, quién iba a pensarlo.
Pero había algo ahí que me molestaba un montón, algo ahí en ese maldito órgano que juega con nosotros pero que lamentablemente no podemos arrancar porque es el que nos mantiene en vida. Tenía un sinfín de preguntas, pero la que más resaltaba era por qué nunca me había hablado de ello. Demonios, yo pensaba que Edward era uno de esos tipos seguros de sí mismo que va por lo que quiere sin más. ¿Por qué nunca me dijo sobre esto cuando estábamos en la secundaria? Tal vez donde estaríamos ahora, tal vez nunca habría sufrido a manos de Mike… Pero Edward era Edward, por todo lo santo, ¿habría sufrido incluso más con él?
¿Qué demonios haré ahora?
Definitivamente debo hacerme la loca y esperar a que suelte todo cuando este lúcido.
— ¿Por qué carajos me duele la cabeza?
Me tensé al escuchar su voz a mis espaldas.
— Tuviste un pequeño colapso que con Bella arreglamos rápidamente, tal vez te enfermarás de algo —Tanya se puso de pie y agarró una de mis carteras, dispuesta a salir por la puerta— Yo voy a hacer cosas que no les incumbe, por ahí, nos vemos luego.
Y cerró, dejándome sola con el susodicho.
Era la peor hermana.
— ¿Qué hora es? —me preguntó, yendo hacia la cocina, tal vez por una aspirina.
— Serán las siete en unos minutos más.
— Demonios, debía llamar a Ángela —maldijo, tomando la pastilla y el agua rápidamente— Y tú, ¿ya estás lista para andar con esos?, ¿o tendré que llevarte a cenar esta noche en el lugar del señor encantador? —Edward suspiró y desordenó su cabello— Aunque me vendría bien perder esta vez, tengo planes con Ángela esta noche.
Ángela, Ángela, Ángela.
¡Solo hablaba de Ángela!
Si escuchaba el nombre de esa mujer una vez más alguien iba a morir, más bien ella iba a morir.
— ¿Planes?
— Planes —murmuró con voz sugestiva.
Bastardo.
Lo odio.
Puede irse a la mismísima mierda, ¡puto ogro!
— Pues, como verás, estoy perfectamente —me puse de pie, completamente cabreada con la situación— ¡Mira!, ¡estoy caminando como la jodida Naomi Campbell!, ¡puedes irte metiendo la cita por esa parte de tu anatomía donde no llega el sol! Y le hace falta, joder, nunca había visto un culo tan blanco.
— Aún no cantes victoria, pequeña —Edward observó el reloj de pulsera que traía en su muñeca y sonrió gatunamente—. Faltan algunos minutos para que termine la tarde, todo puede pasar —se cruzó de brazos y se recargó contra la pared, sin dejar esa maldita, estúpida, bastarda sonrisa— Y, solo para que conste, ambos sabemos que te encanta mi culo, admítelo, no importa si parece el puto Gasparín, lo amas, tus uñas en él dicen que sí.
— ¡Te odio!
¡Mentira!
No lo odiaba, demonios, ¡uno debería ser capaz de sentir lo que dice, todo sería más fácil!
— Pequeña, deberías estar saltando de felicidades, tendrás tu cita con Charming (1) después de todo, te salvaste de sufrir una velada con el ogro, ya sabes cómo me comporto cuando como fuera, nunca he sabido usar muy bien los cubiertos, y definitivamente no queremos que quedes en vergüenza, ¿no? Tú eres una chica de citas, yo soy más de…
— ¿Polvos de una noche?, lo sé, no necesito que me lo digas. Pero si lo olvidaste, eres tú el que empezó todo esto… Ah, ¡pero claro!, Ángela todavía no aparecía en la escena, la bruja llegó en el momento exacto para que volvieras a plantarme con ella.
— ¿Es que acaso deseas salir conmigo, Bella?
— En tus sueños, ogro —tonta Bella.
— Tienes razón, en mis sueños, princesa —fruncí el ceño por sus palabras, Edward sonrió fingidamente— Venga, sonríe para mí, mete ese lindo culito en uno de esos hermosos vestidos que tienes y sal a divertirte con el cabrón.
— ¿Por qué querías tener una cita conmigo de todos modos?
— Solo estaba jugando —se encogió de hombros restándole importancia—, me gusta tomarte el pelo, lo sabes.
Ugh, ¡odiaba que hiciera eso también!
Siempre trataba de restarle importancia a las cosas, siempre, joder, joder, ¿por qué le costaba tanto repetir lo que había dicho cuando estaba bajo los efectos de la mierda que le había dado Tanya? Yo… Necesitaba eso, escucharlo otra vez, escucharlo con él en sus cinco sentidos. Dios, estaba perdida, por su culpa, por la vieja, por jodidamente todo.
— Bueno, tienes tiempo para tener una cita con el amor de tu vida. La señorita Weber estará más que encantada, de eso estoy segura. Tal vez y ahí puedan hablar de su pequeño secreto juntos, en silencio, donde nadie los escuche, porque es un jodido secreto.
— ¿De qué coño estás hablando ahora? —Edward frunció el ceño y se acercó peligrosamente a mí. Ah, mierda, ya había abierto la bocota cuando no debía— Bella, responde, ¿de qué carajos estás hablando?
— ¡Los escuche!, ¿vale?, los escuche hablar esta mañana. Llora —rodé mis ojos—. Tienes un secreto con la vieja esa, ¿y a mi qué?, ¡me vale madre!, ese secreto también te lo puedes meter junto con la cita en aquella parte.
— ¿Estabas espiándonos?
— No, yo solo quería mi vaso de leche caliente, pero como tu invitas a quien sea a casa sin siquiera decir, al salir de mi cuarto los encontré de lo más lindo hablando.
— ¿Qué más escuchaste? —él lucía molesto. ¡Era un descarado!, ¡yo era la molesta aquí!— Isabella, podrías, por favor, decirme que más escuchaste de esa conversación. No es algo muy digno estar espiando, ni siquiera para ti.
— Tú no dijiste eso. ¡No me hables de dignidad cuando la tuya desapareció hace miles de años!
— ¡No sé cuál es tu problema!, ¡estás tan jodidamente irritable!
— ¡Mi problema eres tú y la anciana!, ¡mi problema es que eres mi mejor amigo y guardaste un secreto de mí!
Mi problema es que acabas de confesar algo que necesito rectificar.
¡No podía decirle eso, demonios!
— No tengo porque contarte todas mis cosas, hay algo que se llama privacidad.
— Pensé que nos contábamos todo —Edward sonrió, una sonrisa realmente, realmente vil.
— A ti te gusta hablar, no por eso yo seré igual —la sonrisa no se borraba de su rostro, él se acercó a mi tanto que nuestras narices casi se rozaban, posó ambas de sus manos en la pared tras de mí, costados de mi cabeza, atrapándome entre su cuerpo y la muralla, y susurró— ¿Quieres saber cuál es el secreto?, bien, te diré el jodido secreto. Me tiré a Ángela en mi graduación.
Y ahí dejé de escuchar.
…
— Tengo mi vestido listo, Rosie me ayudó a encontrarlo. ¡Es precioso!, es azul, tú me dijiste que llevara azul, en un principio quise patearte las bolas porque ese color no me va, pero ahora te amo un poco.
— Ishabella, tenemos que hablar.
Edward lucía incómodo sentado sobre mi cama. Él desordenaba su salvaje cabello con una de sus manos y fruncía el ceño sin cesar. Creo que lo había aburrido con mi historia sobre el vestido, pero realmente estaba emocionada por esto, ¿qué chica no se emociona por ir a la fiesta de graduación? Y aunque fuera con Edward y no con cualquiera de mis enamoramientos adolescentes, valía la pena.
— ¿Qué sucede?, ¿te aburrí?, lo siento, sabes que no me emociono con estas cosas, pero si simplemente vieras el vestido me entenderías, nunca me sentí más femenina en mi vida como ahora.
— Pequeña, siéntate, tengo que decirte algo.
Fruncí el ceño y me acerqué a él lentamente. Cuando iba a tomar asiento a su lado Edward tomó mis caderas con sus manos y me posicionó sobre su regazo. Ah, mierda, era algo grave. Él solo hacía eso cuando tenía que decirme algo malo, me sentaba sobre su regazo, me abrazaba por la espalda y escondía su rostro en mi cabello, así evitaba mirarme a los ojos cuando soltaba la bomba.
El odiaba ver mi rostro cuando tenía que decirme una mala noticia.
— ¿Qué hiciste ahora? —su agarre se afianzó en mi cintura.
— No irás al baile.
— ¿Cómo?, ¿cambiaste de opinión?, bueno, debí suponerlo, no eres un chico de bailes, ¿dónde iremos entonces? Es tu graduación, tenemos que hacer algo… —Edward suspiró tras de mí.
— No me estás entendiendo, pequeña, dije que tú no irás al baile, yo si iré.
— ¿Y por qué no iré al baile?
— Uh, bueno —carraspeó y prosiguió, su voz un tanto inestable al inicio. Algo me olía mal en toda esta situación—, solo tenemos permitido invitar chicas de tercero. Me acabo de enterar de esa mierda, ya sabes, pólizas del comité encargado del puto baile.
— Oh, bueno —fruncí el ceño y lentamente retiré su agarre de mi cintura—, uh, está bien, supongo. No importa, al menos podré guardar el vestido para mi propia graduación, procuraré dejar el helado y evitar unos kilos más.
— ¿No estás enojada?
No enojada, extrañada, desilusionada, ¿desde cuándo estaba esta nueva póliza?
¿Y por qué Edward no dejaba de retorcer sus dedos?
— No, no, tranquilo, tienes que disfrutar tu noche, ¿sí?, prométemelo, dime que no te quedarás enfurruñado en una esquina como el jodido antisocial que eres. Bailarás, follarás con protección y te emborracharás celebrando que finalmente terminaste tu condena.
— No puedo prometerte todo eso cuando no estarás conmigo, pequeña, pero lo de emborracharme —sonrió genuinamente. Reí por sus palabras y entorné mis ojos.
Sus palabras habían servido para alivianarme un poco.
…
"No puedo prometerte todo eso cuando no estarás conmigo, pequeña"
¡Era un maldito hijo de puta!
Él tuvo la graduación de su vida, me mintió, me dijo una frase bonita solo para tenerme en la mira. Bastardo mal nacido, cabrón, rata asquerosa, ¡él me había dejado con el maldito vestido en mi ropero para follarse a la profesora! Esa noche no hice absolutamente nada, él incluso dijo que llamaría a las doce en punto para que fuéramos a celebrar su noche en otra parte. Nunca llamó, esperé como idiota, ¿por qué iba a llamar cuando estaba entre las piernas de la morocha?, ¿para irse con la idiota de Ishabella?
Podía irse al carajo.
— Me mentiste.
— Era un puberto caliente, traté de no hacerlo pero la necesidad me ganaba, ¿qué querías que hiciera? ¡En esos tiempos solo pensaba en meterla y sacarla! Ahora no es muy distinto pero al menos tengo voz de mando sobre el maldito este que no piensa —y apuntó su entrepierna.
— ¡Me mentiste!, yo había comprado un vestido —murmuré, sintiendo la furia hervir dentro de mí— ¡Yo había tenido que aguantar las putas bromas de las tipas de la tienda sobre mis no-pechos y como estos no llenaban los vestidos!, ¡mis pies tenían juanetes de tanto caminar para encontrar el vestido perfecto para acompañarte y estar a la altura!, ¡había hecho todo eso por ti y me cambiaste por un polvo!, ¡me plantaste, joder!
— Fue por un buen polvo, que conste —su rostro no mostraba emoción alguna, tiraba esos comentarios al azar sin siquiera importarle como mi estúpido corazón dolía con sus palabras, con sus malditas excusas.
Ugh.
Hombres, son todos unos asquerosos sapos.
¡Pero Edward es muchísimo peor, muchísimo!
¡Ogro rastrero, puedes volver a tu jodido pantano!
— Eres despreciable —quería golpearlo tan fuerte. ¡Me había visto la cara de idiota!, traté de zafarme de mi lugar pero me era imposible— Déjame ir, no tengo nada más que hablar contigo, un hombre espectacular me espera y yo definitivamente no dejo plantada a la gente.
— Tú querías saber el secreto.
— ¿Esa fue la única vez?
— No, en realidad la primera vez fue antes de que te conociera, yo estaba en mi primer año.
— ¡Esa puta bruja pedófila, tenías quince años por Dios!, ¡quince jodidos… ¿Ella fue tu primera?
Edward asintió.
Yo callé.
Una simplemente no puede competir con la primera. Los hombres se pueden hacer los muy machos y todo pero vaya a saber yo que los cabrones idolatran a su primera, sobre todo si la perra en cuestión era una diosa en la cama que les enseñó todo lo que podía. Moldeó al mocoso a su manera, ahí estaba la gracia de Ángela, la muy sucia, puso sus garras en un nene y le enseñó lo que es hoy. Vírgenes y sus gustos por mujeres experimentadas. Edward me liberó de la prisión de sus brazos y yo caminé lejos de él.
Extraños sentimientos se arremolinaban dentro de mí.
La furia seguía, aunque no sabía con qué exactamente, o con quién mejor dicho. Detestaba a Ángela más que nunca, la pregunta era ¿por qué?, ¿por haber desflorado a Ed?, ¿por aun tener influencia en él?, ¿o porque él me había cambiado por ella?
Después estaba el desconcierto, ¿por qué carajos tendría que estar yo enojada por todas esas cosas? Éramos amigos, Ángela no era la primera ni la última mujer que estaba con Edward, pero si la más importante en su vida. Creo que el hecho de pensar que incluso fue o es más importante que yo me da escalofríos.
Y aquí venía la peor, el entendimiento.
Jasper tenía razón, punto.
No había nada más que eso.
Me gusta.
Joder, me gustaba el ogro y quería a esa bruja lejos de él.
¡Me gustaba el ogro!
El sentimiento golpeo mi mente de una, desestabilizándome mental y físicamente. Oh, estaba tan perdida al gustarme un tipo como Ed. Ugh, el sentimiento fue tan malditamente abrumador que, gracias a los tacones del divino de Félix, me encontré de culo en el suelo al tropezarme con mis propios pies debido a lo que había finalmente descubierto.
— ¡Quedaba un minuto para que terminara la jodida apuesta, tendremos una cita pequeña, ve cancelándole al cabrón ese!
Santa mierda.
(1) Charming: Encantador en english.
¡Buenas noches!
Me odian, díganlo abiertamente, deben odiarme después de esto, ¿no sirve que sea el capítulo más largo hasta el momento? tal vez no. Ya verán que no todo es tan feo, yo no soy de dramas, ew, caca (?) así que no se desesperen mucho por favor XD y Edward sip, es un puto con todas sus letras, que le vamos a hacer, pero ¡hey!, ¡se viene la cita que tanto esperaban! XDDDDDDDD Y no crean que Bella se las dará de fácil ahora que se dio cuenta de que el Ogrito este le movía el piso y no como amigos precisamente, la chica tiene su orgullo, que quede claro eso.
Y ahora, les vengo con la lata. Les digo que puede que demore mas en actualizar el próximo capítulo porque empezaré con las cosas finales de la U que, lamentablemente aunque las odie, tengo que hacerlas. Yo soy una mujer bastante no-estudiosa, pero para esto tengo que volverme estudiosa por obligación, ni siquiera sé si podré ver mis series como lo hago todas las semanas y heme aquí, sufriendo por eso. Las tendré al tanto en el grupo :)
PD: Chicas lindas, si me agregan a facebook yo no tengo ningún problema :3 ¡pero por favor díganme quienes son! a veces al no ver amigos en común le doy al botón de ignorar y luego me entero que son chicas de fanfiction y me siento pésimo por dejarlas en el ciberespacio ajajaja XD
¡Muuuchas gracias por su paciencia, comentarios, alertas y favsss!
Lamb.
