Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 18: El príncipe al rescate.


Damisela en apuros: El cliché al que toda princesa está expuesta, sobre todo esas pobres almas que son enceradas en las torres de máxima seguridad de sus castillos. Nos convertimos en damiselas en apuro en un abrir y cerrar de ojos, viéndole el lado bueno al confinamiento, siempre llega el príncipe de brillante armadura en tu rescate, montando su característico corcel blanco y dándote el beso del amor eterno. Aunque, bueno, a veces simplemente debemos considerar la opción de un encierro eterno junto al ogro, quien esta vez se aleja de su pantano para tomar el papel de dragón guardián rompe-ovarios.

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Tú no puedes plantar a Félix por el cabrón de tu amigo luego de lo que te hizo. Cariño, simplemente no puedes hacerlo, ¿has visto… —soltó una risita coqueta y luego de un carraspeo prosiguió— ¿Has visto a Félix Brennan por todo lo santo?, ¡qué hombre tan malditamente caliente! —chilló como una fangirl.

Y lo escuché otra vez, soniditos de dudosa reputación al otro lado de la línea. Juro que no quería preguntar, pero la curiosidad era una perra y yo era la reina de la curiosidad, por todo lo santo, ¡tenía que saber que era lo que estaba pasando con Alec antes de tomar una decisión aquí para mí!

Luego de la fortuita caída que tuve, me encerré en mi habitación. Era como mi torre personal, esa torre donde encerraban a las princesas para tenerlas lejos de su hombre ideal. Así, exactamente, y Edward había cambiado de papel por un micro segundo, dejando al ogro y convirtiéndose en el odioso dragón que no me deja hacer y una mierda. Había llamado a Rosalie para contarle las buenas nuevas y pedirle sus consejos, necesitaba de su guarra sabiduría pero ella estaba ocupada, realmente ocupada, su buzón de voz me recibió con un:

"El hada madrina esta fuera de servicio, me encontré un hado que sabe perfectamente usar su varita mágica, haremos mucho más que convertir calabazas en carrozas, como por ejemplo romper una cama. Después del timbre, deje su deseo"

Después pensé en Jasper, él era un verdadero príncipe psicólogo. Pero… Pero recordé que para llegar a ricitos de oro debía pasar por campo enemigo, donde se encontraba Edward ahí, en la sala de estar. Y… Estaba también el factor Alice. ¡Dios, todos tienen con quien follar hoy en día, es como si se pusieran de acuerdo! Así que mi príncipe blanco también estaba descartado. ¡Incluso pensé en Tanya pero la cabrona tampoco estaba en casa!

Y lo recordé.

Mi dulce, hermoso, adorable mejor amigo gay.

— Alec… ¿Estoy interrumpiendo algo?, si estoy interrumpiendo algo podemos hablar en otro momento, enserio, no quiero molestarte —en realidad si quería molestarlo, a todos, demonios, era una sucia perra celosa, ugh. ¿Por qué yo no podía tener algo así como ellos?, en cambio tengo al idiota de Edward y al caballero de Félix que por mucho que hable sexonamente con suerte y me ha tocado un jodido pelo.

Bebé, no, no estás interrumpiendo nada… Oye, ¿qué…

Bella, cariño, sí estás interrumpiendo algo. Lamento decírtelo corazón, estoy realmente molesto con Edward…

¡Estamos!, hermano, ¡estamos molestos con ese hijo de puta!

Estamos realmente molestos con Edward los dos…

¡Los tres!

Todo esto era un revoltijo de voces. Santísimo Jesús. ¿Alec estaba con los gemelos?, ¿Alex enserio estaba con los gemelos? Suspiré, me abaniqué con mi mano desocupada por la imagen mental que se vino a mi mente de esos tres juntos en la minúscula cama del apartamento de Alec y luego reí histéricamente.

Genial.

Simplemente genial.

¡Ellos habían escuchado mi patética historia!

— Uh, ¿con quién estoy hablando ahora? —pregunté un tanto confundida, no pueden culparme, las voces de Sam y Paul sonaban idénticas por el auricular y no podía diferenciarlas.

Este es Paul, nena —asentí—. Y no te preocupes por nada, no somos unos jodidos bocazas, sabemos guardar secretos. Ahora, haz caso al pequeño —supuse que "el pequeño" era Alec—, Edward merece irse a la mierda, amigo nuestro será pero, ¡hey, vamos! Todos conocemos al cabrón.

— Entonces… ¿Debo decirle que se meta su cita por el culo?

Bella, corazón, creo que mi hermano aquí está perdiendo un punto —Sam era el que me hablaba ahora. Dios santo, me había ganado tres consejeros sin proponérmelo—. Edward es un estúpido, sí, eso es cierto. Y por eso mismo deberías aceptar su cita.

— ¿Qué dices, Sam?

Lo que digo, princesa, es que deberías darle una oportunidad al hombre. Lo sucedido con su profesora ya es agua pasada, te falló como amigo, pero era un púber, googlea como de calientes son los chicos a esa edad y te harás una idea —solté una pequeña risita—. Hermano, muñeco, lo siento, Edward es un cabrón que no sabe actuar ante el amor, pero bueno, esa mi humilde opinión.

Bella, bebé, no escuches a ninguno de estos hombres —Alec había vuelto a tomar el mando de la conversación—. Creo que deberías tomar la decisión por ti misma, nosotros te hemos dado nuestros puntos de vista y ahora, princesa, es tu momento de actuar.

Mi momento de actuar.

Bien, él tenía razón. Había llegado el momento de tomar mis propias decisiones, quien iba a pensar que Edward sería el culpable de que yo tenga que pensar por mí misma sin la ayuda de mis amigos. Ugh, siempre me apoyaba en ellos, era una nenaza. Isabella Swan, sube tus jodidos calzones y sé una mujer hecha y derecha, toma una puta decisión y déjate de niñerías de una vez por toda.

Bien.

Iba a hacerlo.

¡Podía hacerlo!

No podía hacerlo.

Aquí estaba asomada en la puerta de mi habitación como una vil cobarde observando al ogro desde una distancia relativamente prudente. Me sentía en uno de esos jodidos documentales de la NatGeo, donde estaba el presentador con su "Aquí podemos ver al depredador asechar a la presa". Bien, siendo yo la narradora, podía decir que hace más de quince minutos que veía como Edward cambiaba la televisión, un cigarrillo en su mano derecha, el mando de la televisión en la izquierda, estaba sentado con despreocupación en el sofá de tres cuerpos, frente a él una Heineken individual descansaba en la mesita de centro. Su rostro desprovisto de emociones, los canales pasaban con rapidez, él ni siquiera estaba viendo realmente la jodida televisión.

Ugh.

¿Cómo decirle que no iba a cumplir la jodida apuesta?

¿Dónde había quedado el "sube tus jodidos calzones y sé una mujer hecha y derecha" ahora?, me sentía como una nena de kindergarten, incluso, estoy completamente segura de que una nena de esa edad sería incluso más valiente que yo, como por ejemplo, para reclamarle algún bribón que haya robado su dulce. Al menos Rosalie lo era a esa edad y lo seguía siendo ahora.

— ¿Qué carajos haces ahí?

Y en mi divagación a lo NatGeo había sido descubierta.

Edward me observaba con una de sus cejas alzadas. En algún momento de mi viaje a la vía láctea él había apagado la televisión. Me observaba impasible, y yo no decía palabra alguna, simplemente ahí, lo miraba, sus facciones, la barba de dos días que cubría su mandíbula, como llevaba el cigarrillo lentamente a su boca y le daba una pequeña calada, relamiendo casi imperceptiblemente su labio inferior cuando lo retiraba de su boca para expulsar el humor.

Me estaba calentando con ese simple, sexy y malditamente jodido gesto.

Ah, estaba perdida.

No, no, no.

No lo estaba.

No iba a estar perdida por él.

— Saldré con Félix —murmuré. Chillé, mejor dicho, mi voz se escuchó de todo menos estable, como esperaba que lo hiciera. Fue como el cacareo de una gallina, malditos nervios traicioneros.

— No. No lo harás —el simplemente lo dio por hecho.

— Sí. Saldré con Félix, no te estoy pidiendo permiso, estoy diciendo que saldré con Félix.

— Y yo dije que no lo harás —se puso de pie lentamente, sin botar el maldito cigarrillo, y volvió a aspirar de él—. De hecho, llamarás a ese cabrón ahora mismo para decirle que, lamentablemente, no podrás salir con él hoy y que en cambio esta será mi noche.

— ¡No lo haré!, ¡tenía planeado salir con Félix desde antes que a ti te diera toda esa mierda de "apuestas, yo, ganar a la chica, ser un macho, ¡argh!" que tanto odio!, y por eso no pienso cancelarle para salir contigo —creo que esa última palabra salió con más desprecio del que pretendía.

— ¡Pues qué lástima para ti, muñeca! —Ed sonrió sardónicamente— Una verdadera lástima, ¡porque tendrás que salir conmigo de todas maneras! Y si no lo haces, prepárate para que arruine tu velada con ese hijo de puta. Por qué lo haré, Ishabella, ¡arruinaré tu puta noche con ese cabrón!

Y le creí, observando fijamente sus ojos verdes que ahora se encontraban más cerca que nunca, creí cada una de sus malditas palabras. ¡El muy maldito era capaz de arruinar mi noche de ensueño con Félix solo porque era un bastardo egoísta!, ¡lo odio! Inflé mis mejillas, sintiendo la ira bullir por mi cuerpo, ¡Dios!, ¿había sido él así todo el tiempo?, ¿cómo carajos pude ser su amiga hasta el día de hoy? Me giré hacia mi habitación nuevamente y di un pequeño gritito de exasperación.

¡Esta me la pagas Cullen!

— ¿Félix?

Supongo que me llamas para preguntar a qué hora pasaré por ti esta noche —su ronca voz se escuchaba incluso más ronca por celular. Suspiré como una idiota enamorada y me tiré sobre mi cama, sosteniendo firmemente el aparato contra mi oreja.

— Uh, no. En realidad, yo te llamaba para… Uh, bueno…

¿Estás bien?, ¿te pasó algo?, puedo ir a tu departamento enseguida, solo tienes que decírmelo Bella.

— ¡Tranquilo! —reí, sintiendo una enorme ternura hacía él por su preocupación—, todo está bien, es solo que… Verás, no podré salir contigo la noche de hoy —un involuntario puchero se formó en mis labios, ¡la vida era tan injusta!—. Edward y yo apostamos, si yo perdía debía salir con él, ¡nunca pensé que podría perder!, ¡lo siento tanto!

Aguardé a que hablara pero hubo un silencio total por unos eternos segundos, hasta que finalmente se aclaró la garganta. Suspiré aliviada, por mi cabeza habían pasado uno y mil escenarios de porque ocurrió ese efímero silencio, tal vez y me había cortado, ¡tal vez no me ha creído y piensa que simplemente no quiero salir con él!, ¿quién en su sano juicio no querría salir con él?

Esta bien… —el aceptó demasiado rápido para ser verdad pero lo dejé pasar, ya tenía bastante drama en mi vida por culpa del vil ogro— Pero mañana será mi noche, nada de apuestas para mañana, princesa, ¿entendido?

— Completamente —murmuré sonriente—, no es como si lo fuera a pasar de lujo hoy, Edward y yo tuvimos un encontrón gordo y realmente, realmente me gustaría salir contigo en vez de él. Pero… Dijo algo sobre arruinar mi noche si salía contigo y definitivamente no quiero eso.

Y lo creo capaz de hacerlo —asentí a sus palabras—, ¿dónde te llevará?

— No lo sé, creo que dijo algo sobre Nott's pero no estoy segura.

¿El restaurante que queda en la quinta avenida?

— ¡Ese mismo! —chillé y luego suspiré— Bien, Félix, es hora de que me marche a mi infierno personal.

Si tienes algún problema con tu amigo, llámame, por favor, estaré ahí en un abrir y cerrar de ojos cariño.

— Lo haré encantada.

Por favor cuídate, y mañana te haré olvidar la fatídica noche que vivirás hoy, te lo juro —su voz sonó como un suave ronroneo que erizó los vellos de mi nuca. Ah, que me hiciera olvidar lo que quisiera, con una voz así, le regalo todo mi cuerpo y más.

Con un poco más de alegría en el cuerpo comencé a arreglarme para la noche que me esperaba con Edward. No podía presentarme en un restaurante vistiendo harapos después de todo, una chica es una chica, digan lo que digan, y aunque algunas no nos guste la moda fervientemente, es cultura universal saber cuándo debes simplemente dejar los prejuicios y convertirte en la mejor diseñadora para hacer que tus zapatos combinen perfectamente con tu vestido, te guste o no.

Tomé una pequeña ducha, rasuré mis piernas tranquilamente –porque una nunca sabe que sucederá a lo largo de la noche, y definitivamente no quiero ser Pie Grande– antes de salir del baño envuelta en una de mis toallas con animalitos. ¿Qué?, ¡me gustan los animalitos! Fruncí el ceño al ver a Edward de pie frente a mi cama, pasando sus dedos suavemente por el vestido negro de seda que había encontrado en mi ropero. Era un sencillo vestido de tirantes finos que caía libremente sobre mi cuerpo, junto a unos zapatos de tacón negro de diseño simple. Perfectos para esta noche. Carraspeé para llamar su atención, él se giró rápidamente hacia mí y me observó fijamente por unos segundos.

Debo decir que Edward lucía espléndido.

Él no vestía como Félix, por ejemplo. Prolijo, elegante, sin una arruga en su traje de diseñador y su cabello perfectamente peinado, con esa sonrisa dulce que hace que tú sonrías de vuelta. Edward lucía una polera gris oscuro de cuello en V, encima de esta llevaba un blazer negro que era a su justa medida, unos pantalones de vestir pitillos a juego con el blazer y sus infaltables zapatillas. Él lucía desgarbado, su cabello hacia todas direcciones, una expresión de hastío en su rostro. Salvaje. Así era como lucía, como si todo le importara una mismísima mierda, demonios, él lucía jodidamente follable.

— Lindo vestido —murmuró, escondiendo sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

— Lindo atuendo —dije de vuelta, sin saber qué decir realmente—. Uh, si sales ahora podemos acabar con esto antes de lo esperado, necesito vestirme Ed.

— Mujer, conozco hasta ese lunar que tienes en la parte interna de tu muslo derecho —comentó, tomando asiento en mi cama, justo a un costado de mi ropa. Sonrió suavemente y, con completo descaro, tomó mi brassier negro de encaje entre sus manos—, y sinceramente pienso que esta mierda quedará de maravilla sobre tu piel —me tendió el bra y se lo arrebaté de un tirón, completamente sonrojada.

— Cierto, pero enserio necesito que salgas para vestirme.

— Y yo enserio te digo que no lo haré. Venga, pequeña, solo hazlo… Para que salgamos rápido de esto, como dijiste —y se quedó allí, sentado, sus piernas cruzadas, recargado en sus codos, sus ojos escrutándome minuciosamente. Rodé mis ojos y caminé hacia él, tomé la ropa de un tirón e hice lo mejor que pude hacer, antes de cometer cualquier locura.

¿Por qué demonios siquiera me gusta?

¡Es un odioso!

Me escondí en el baño y cerré la puerta con llave, escuchando su risa a través de la puerta.

— ¿No dijiste que iríamos a Nott's?

¿Por qué, siquiera, usé un vestido? Y yo pensando que Edward me iba a traer a un verdadero restaurante. Me veía –nos veíamos, de hecho– completamente ridícula con mi vestido de seda y mis tacones mortales, dolores en los pies para nada, ¡por qué me castigas de esta forma yisus! Aquí estábamos, aparcando en el estacionamiento de uno de los tantos McDonald's que puedes encontrar en Nueva York –realmente son bastantes, como uno en cada esquina–. Edward desordenó su cabello junto a mí y soltó un bufido por lo bajo, antes de jalar de mi brazo y hacerme entrar al lugar de comida rápida.

— Busca una mesa, yo iré a pedir algo —me dijo, girándose hacia la mesa de servicio.

¿Él enserio me estaba llevando a McDonald's en una cita?

Decidí ignorar el hecho de que estábamos en este lugar de comida rápida e hice caso a sus palabras, lamentablemente, por más que buscaba no había una jodida mesa sin personas. ¡Eran las nueve de la noche!, ¡los niñitos revoltosos que corrían de un lado a otro deberían estar durmiendo! Le pregunté a uno de los chicos que estaban limpiando las superficies si había alguna mesa lejos de los monstruos y le agradecí cuando me indicó la terraza. La terraza. Mi noche no podía ser más perfecta, tratando de calmar mis nervios, porque yo iba a partir la cara de Edward en cualquier momento, fui hacia el patio de juegos, este estaba en un tercer piso, desolado. Frente a las mesas había toboganes de colores que se conectaban entre sí, el viento corría en el lugar, fuerte, haciendo que mi piel se pusiera de gallina.

Genial.

— ¿Por qué estás aquí?

— No hay más mesas.

— Siento eso —Edward venía con una bandeja repleta de hamburguesas y aparte, traía dos cajitas felices—, recordé que te gustan estas —dejó una de las cajitas felices frente a mí y luego tomó asiento. Alcé una de mis cejas, sin poder creerlo realmente.

— ¡Tenía dieciséis cuando te dije que me apetecía una cajita feliz! —chillé.

¡Estaba tan molesta!

— Vale, lo siento, ¿está bien? —resopló—, ¿qué carajos iba a saber yo que en Nott's había que tener reservación?, la tipa dijo algo sobre meses de espera, ¡meses!, ¡que mierda!, ¿es que acaso te dan papel higiénico de oro para que te limpies el culo?, ¿quién coño se creen?

— Y McDonald's fue lo mejor que pudiste conseguir, te felicito —rodé mis ojos y saqué la hamburguesa de queso que venía dentro de la cajita—. Pero bueno, no me esperaba nada más de ti, así que no importa —me encogí de hombros y le di una mordida.

Dios, amaba secretamente esas cosas.

Comimos lentamente y en silencio, el viento soplaba cada vez más fuerte. Me estremecí cuando una ráfaga de aire recorrió mi desnuda espalda. ¡Maldito vestido!, ¡maldita cita estropeada!, ¡maldito ogro!, ¡él ni siquiera se quitaba el jodido saco para ponerlo sobre mis hombros!, ¿es que acaso no sabe de los códigos femeninos? Edward debería estar más atento a los comerciales de toallas higiénicas que enseñan sobre el diccionario femenino. ¡Si tirito es porque tengo frío, no porque sufro de párkinson!

— Llevo cerca de cinco minutos mirándote y no dejas de torcer tu nariz como la puta esa… Cómo era que se llamaba… ¿Jenny?, ¿Jean? Mierda, da igual, la bella genio, esa misma… —entorné mis ojos y me eché una papa a la boca. Era "Hechizada" la que movía la nariz, ¿para que corregirlo? Edward suspiró sonoramente— Bien. Bella, mírame.

— ¿Qué? —le pregunté con cansancio, observando a sus ojos fijamente.

— ¿Quieres que te pida perdón por la mierda de cita que estás teniendo? Está bien, lo siento. ¿Feliz ahora?, ¿puedes cambiar esa cara de culo que traes? Tampoco es tan malo… —volví a entornar mis ojos por sus absurdas palabras. ¿Él enserio estaba insinuando que esto no era malo?, ¡era horrible!— ¡Y deja de rodarme los ojos joder!

— Te odio.

— Y yo odio que digas eso —le dio una feroz mascada a su hamburguesa y habló con la boca llena—, sabes perfectamente que no es verdad. No me odias, quieres hacerlo, pero princesa, te es imposible.

— Siempre que te lo digo es porque realmente lo siento en el momento.

— Antes no lo decías.

— Bueno, antes me gustabas —me encogí de hombros.

Edward me miraba extrañado, su ceño fruncido y luego le dio una mordida más a la hamburguesa.

— ¿Te gustaba? —asentí—… Pero, ¿te gustaba de verdad?

— ¡Claro que me gustabas!, por algo acepté ser tu amiga, me caías bien, estabas en onda.

— Estás hablando de ese gustar.

— ¿Qué pensabas?, ¿qué me gustabas como me gusta Félix o me gustó Mike alguna vez en mi vida?

Y solté esas palabras solo por la ira que sentía. Un maldito golpe bajo de mi parte. Irracional a decir verdad, me sentía tan jodidamente molesta con Edward, con el viento que no dejaba de soplar como un desgraciado, incluso de McDonald's y su insuficiencias en mesas al interior del local. Estaba en uno de esos días de "odiemos al mundo y deseémosle la muerte a todos". Edward frunció el ceño y bufó, devorándose el resto de su hamburguesa.

Mi teléfono celular vibró sobre la mesa, salvándome de la incomodidad del momento.

¿Cómo va tu noche?, espero que bien, y por favor guarda energías
para el día de mañana, ¿sí? Lo estaré esperando ansioso.

Cualquier cosa me llamas y estaré ahí en un segundo.

Besos, Félix.

Sonreí leyendo su mensaje, ¡el hombre era un completo dulce! Mire de soslayo al neandertal que comía como si el mundo se fuera a acabar junto a mí. Fruncí mis labios y me odié un poco más por idiota, nunca entendería porque me gustaba Edward, ¿qué podía gustarme de él aparte de su obvia sensualidad? Era una zorra superficial. Suspiré con cansancio y contesté el mensaje del hombre de mis sueños.

Si McDonald's está bien para ti, mi noche va de maravillas.
También estoy ansiosa por mañana, te llamaré si algo surge…

Mi caballero de brillante armadura.

Besos, Bella.

Le di a enviar y volví a mi aburrida noche. Edward ni siquiera me prestaba atención, él estaba realmente empecinado en terminar su bandeja repleta de comida en un tiempo record. Era realmente asqueroso la manera tan grotesca en la que comía, él le daba un mordisco a su hamburguesa y al mismo tiempo se echaba unas dos papas para luego darle un sorbo a su bebida. Por un momento agradecí mentalmente que no hubiera hecho una reserva en Nott's, ¿se imaginan?, ¿es que pueden imaginarse la atrocidad de todo esto? Hubiera pasado la vergüenza de mi vida, a veces creo que lo hace a propósito solo para joderme la vida.

El celular vibró nuevamente.

Caballero de brillante armadura, me gusta cómo suena eso.
Si soy sincero, estaré toda la noche esperando esa llamada.

Tuyo, Félix.

Santo Dios.

¿Tuyo?

Oh mi Dios.

— ¿Puedes dejar de hacer esa mierda?, si quieres sextear (1) al menos se un poco más disimulada, joder. ¿Crees que no me he dado cuenta de que estás con palabritas con ese cabrón de Brennan? Mujeres, siempre eligen al tío con la billetera más gorda.

— Oh, Edward… ¡Puedes irte bien a la mierda!, ¿por qué te comportas como un estúpido? —guardé el teléfono en mi cartera y sin dejar de fruncir el ceño seguí hablando. Estaba harta de toda la basura que él tenía— Tú no eres así, al menos no tanto, ¿qué demonios te pasa? Estás tan insoportable que me haces cuestionar por qué somos amigos.

— ¿Yo estoy insoportable?, ¡tú eres la que está insoportable! Con toda esa búsqueda que algún cabrón que te aguante, ¿es que tanto necesitas un hombre, joder?, ¿qué es lo que les pasa a ustedes las mujeres?, ¿por qué necesitan tener un bastardo junto a ellas? Y no, carajo, eso no es todo, ¡hacen las peores elecciones!

— ¡Y por qué demonios te importa! —chillé, exasperada con todo esto—, ¡es mi maldito problema! No te entiendo, Ed. No entiendo ni un carajo, ¿qué es lo que quieres?, ¿es que acaso tu sabes quién es el indicado?, digo, como dices que hago las peores elecciones, ¿quién sería una buena elección según tú?

— No ese idiota de Brennan.

— ¿Por qué?, ¿por qué es perfecto?, porque lo es, él es todo lo que una chica querría.

— Perfecto mis bolas, joder. ¿Qué tiene de perfecto?, ¿Qué abre la puerta del carro para ti?, pan comido, yo puedo hacer esa mierda también. ¿Te da su chaqueta cuando hace frío? —rodó sus ojos y se desprendió de su saco en un rápido movimiento— Ten, ¡yo también puedo hacerlo! —me crucé de brazos y desvié la mirada. Edward bufó junto a mí— ¿Qué más?, ¿te dice palabras lindas? Cursilerías de mierda, no necesito de eso.

— Creo que fue una mala idea salir, Edward… —suspiré y me puse de pie lentamente— ¿podemos volver a casa, por favor? Ya fue suficiente, solo… Volvamos a casa, por favor.

— No, nuestra noche aún no termina. Siéntate, Bella.

— Edward, quiero volver a casa, ¡esto no funciona!, ¡nosotros no funcionamos!

Ambos estábamos de pie, uno en cada extremo de la pequeña y roja mesa en la que nos encontrábamos comiendo anteriormente. Edward empuñaba sus manos y me observaba fijamente, mi pecho subía y bajaba debido a mi ajetreada respiración. Ninguno iba a ceder, por todo lo Santo, ¿qué le costaba rendirse? Si terminábamos esto ahora él podía irse con la zorra de Ángela, ¡pero miren que buena amiga soy!, ¡me gusta y en cambio pienso en que podría cambiar el rumbo de su horrible noche con una chica que no soy yo!, ¡ugh!

— Si dejo que vayas a casa volverás con ese idiota.

— ¡Y por qué carajos debe importarte eso!

— ¡Porque simplemente no dejaré que corras a los brazos de ese puto cabrón!, ¿qué tiene él que no tenga yo?

Pestañeé un par de veces, aturdida por sus palabras.

Luego fruncí el ceño.

¿Él había dicho lo que creo que dijo?

— ¿Qué dijiste?

Edward desordenó su cabello y rodeó la mesa, hasta quedar frente a mí. Era tan malditamente alto, yo le llegaba a la altura de su pecho, tuve que alzar mi cabeza para poder observarlo bien. El ogro lucía consternado, como si estuviera en algún tipo de encrucijada de la que no podía salir. Él estaba sopesando la idea de volver a repetir lo que me había dicho o inventarse alguna mierda más para salir impune de esto.

— ¿Qué tiene ese hijo de puta que no tenga yo?, ¿por qué él es una mejor elección?, yo te conozco, joder, conozco todo de ti, ¿qué es lo que él tiene?

— ¿Me estás diciendo que tú eres una mejor opción aquí?, ¿es enserio Edward?

— ¿Es que hablé en chino o qué? Eso es exactamente lo que estoy diciendo.

— Bueno, creo que tendría que quererme muy poco para pensar en ti como una mejor opción —golpe uno a su jodido ego—. Y no es solo por Ángela, me vale esa vieja, lo juro. Eres tú, simplemente. Tú. Es extraño…

— ¿Qué es extraño?, ¿qué me considere mejor que ese bastardo?

— No, eso me lo veía venir —entorné mis ojos—. Es extraño simplemente que me gustes pero aun así no sienta esa necesidad de querer estar contigo. Es extraño, ¿no lo crees? Cuando te gusta alguien lo único que quieres es estar con esa persona, pero contigo me pasa exactamente lo contrario, ¿por qué crees que será Edward?

— ¿T-Te gusto?

Me había puesto los calzones y sido una mujer después de todo.

Me encogí de hombros a su pregunta, restándole importancia.

Mi teléfono vibró en el bolsillo.

¿Isabella?, soy Ángela, ¡disculpa por este mensaje!
Edward no contesta a su teléfono, ¿podrías preguntarle a qué hora pasará por mí?

Y que debo usar esta noche… Dile que no tomaré un "nada" como respuesta esta vez.

¡Muchas gracias!, Ang.

Apreté la mano que sostenía mi teléfono celular, releí el maldito mensaje y le di una mirada a Edward. ¿De dónde ella había sacado mi maldito número?, ¿por qué el muy idiota no contestaba su teléfono? Aquí estaba él, imponiéndose ante mí, ¿para qué?, ¿para después de tratar de embobarme con esas palabras follarse a la vieja esa una vez más? Bueno, él no era el único que tenía un plan B en su vida, y yo tengo un príncipe de dorada armadura esperando a mi llamado de rescate en cualquier momento.

Dos podemos jugar el mismo maldito juego.

— La señorita Weber pregunta a qué hora pasarás por ella —comenté como si nada, acomodando la cartera sobre mi hombro—, y quiere saber que debe usar esta noche… —escribí un mensaje a Félix rápidamente por mi teléfono celular, le di a enviar y finalmente observé a Edward. Su rostro estaba sin expresión alguna— dice que "nada" no es una opción esta vez. Contesta tu teléfono.

Edward cuadró su mandíbula y dio un paso más cerca de mí.

Retrocedí dos como acto reflejo.

— Bella, no iré —resopló y volvió a desordenar su cabello—. Ángela es solo un buen polvo, no iré. Te gusto, joder, necesitamos hablar sobre eso. Debemos hablar sobre eso, ¿desde cuándo te gusto?, ¿por qué carajos no me habías dicho nada? Joder, joder, nada de esto estaría… Bella, ¡di algo demonios!

— Se te hará tarde —murmuré quedamente.

— ¡Me importa una mierda Ángela! —pateó una de las sillas y me dio la espalda. Podía ver como su espalda subía y bajaba debido a su errática respiración. Edward se giró, sus ojos más verdes que nunca, expresando un montón de cosas que nunca había visto en él—, ¿es que acaso te das una idea de lo que yo siento, joder?

— ¿Es que acaso sientes algo?, eres un puto. Ves algo, cualquier cosa que tenga una jodida vagina y le plantas tu polla como si nada. Maldices como un maldito camionero, ¡me has pegado la mala costumbre! Tienes un ego de puta madre, a veces me asfixia. Fumas como condenado, pareces una puta chimenea y siempre tengo que recoger las botellas de cervezas que dejas tiradas por doquier —suspiré con cansancio—. Me gustas, joder, pero como desearía que no lo hicieras.

— Joder, sabes que no es así, ¡sabes que eso no es todo Ishabella!

— Lo sé.

Ah, malditamente lo sabía.

Por qué él podía tener muchas cosas malas, pero también habían un sinfín de cosas buenas que no quería destacar en este momento. Y él sabía que yo lo sabía, demonios, porque como había dicho anteriormente. Edward me conocía perfectamente bien, tan bien como yo lo conocía a él. ¡Odiaba eso también!, ¡odiaba todo!

— ¿Isabella?

Me giré hacia la puerta que había sido recientemente abierta. Ahí estaba Félix luciendo preocupado, le dio una glacial mirada a Edward antes de acercarse a mí con parsimonia. Su mano se posó con delicadeza sobre mi mejilla y acarició ese lugar con su dedo pulgar. Sonreí, verdaderamente sonreí, y él sonrió de vuelta. Eso era todo lo que necesitaba por ahora, porque mi cabeza era una mierda y Edward era una mierda y yo era una mierda, por ende, estaba literalmente rodeada de mierda ahora.

— ¿Estás listo para rescatar a tu damisela del temible ogro?

Rodeó mis hombros con su brazo y me jaló hacia su cuerpo, no sin antes cubrirme con su chaqueta. Tal y como un perfecto caballero haría, según Edward. No miré a Ed cuando Félix me guio hacía la puerta, pero mi príncipe sí que lo hizo, y sin borrar esa característica sonrisa de su rostro, murmuró:

— Me gusta cómo suena eso, mi damisela.

Y abrió la puerta para mí, otro acto de caballerosidad.

¡Será tu damisela y la mierda que quieras, pero yo soy el que le gusta aquí, cabrón!

Ese grito, por supuesto, no fue un acto de caballerosidad.

¿Qué más se puede esperar del ogro?


(1) Sextear, es del inglés Sexting, algo como el sexo telefónico pero por mensajes, jajaja.


¡Buenas tardes!

Les traigo este capítulo para que me sigan odiando (?) ya se vendrán momentos buenos, ¿qué es una historia sin su climax? XDDD El capítulo no está beteado, ¡Di, siento subirlo así, te dejé un mensajito en face! Pero quería subírselos ya porque he demorado bastante con esta historia y, como les dije en el grupo, demoraré mas con el resto por culpa dela Universidad y mi irresponsabilidad (?) Espero puedan entender, y para las chicas que no lo saben: Bueno, les digo por aquí que demoraré con las otras actualizaciones, salgo de vacaciones el 10, así que desde ese día en adelante tendré tiempo eterno para escribir (dos meses de vacaciones en realidad, exagero como siempre XD) pero por estas semanitas antes de ese día, no tendrán muchas noticias de mi aparte de este capítulo, porque estoy a punto de perder un ramo y debo enfocarme en una presentación que me queda y los exámenes finales.

¡Prometo compensarlas!

Y ya saben, si quieren saber mas cositas sobre los fics pueden unirse al grupo, agregarme a face, twitter, lo que quieran. Yo soy re buena onda (?) no muerdo, aunque les advierto a las que aún no me conocen (?) soy igual o tal vez más grosera que el ogro XDDDD

Y como siempre, ¡espero les haya gustado el capítulo!

¡Muuuchas gracias por su paciencia, comentarios, alertas y favsss!

Lamb.