Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 19: El sapo equivocado.


El sapo: Desde pequeña a más de una le entró la curiosidad luego de saber que las princesas besaban ranas para encontrar a su príncipe encantado. Es por eso que las mujeres tenemos altos y bajos –más bajos que altos, por supuesto– y así pasamos besando sapos asquerosos un gran periodo de nuestra vida, incluso puede que los muy bastardos nos engañen haciéndonos pensar que hemos encontrado finalmente el sapo correcto, el que tenía el hechizo puesto… Solo faltan un par de tetas y un culo para saber que desgraciadamente era el sapo equivocado.

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— Tienes un lindo lugar aquí.

El comentario más estúpido que había soltado en la noche.

Luego de abandonar a Edward en McDonald's del brazo de mi perfecto príncipe, el silencio se había apoderado de la noche. Félix trató de hacer algún tipo de conversación, él fue un completo caballero y lo seguía siendo incluso ahora aquí que ambos estábamos de pie en medio de su apartamento sin hacer realmente nada, pero yo no podía simplemente dejar de pensar en los sucesos anteriores. Sentía un odio irracional hacía Ángela, ¿irracional? No era irracional, demonios, estaba patéticamente celosa de la momia, el odio lo sentía hacia Edward, sí, eso era mejor. El estúpido e irreverente de Edward. Maldito y sucio ogro que solo sabía arruinar mi vida siendo un estúpido adorable, pero estúpido en fin.

— Puedo llevarte a casa si quieres, Bella.

Lo miré por sobre mi hombro, una comprensiva sonrisa adornaba sus tersos labios.

¿Ir a casa?

¿Ir dónde probablemente llegaría Edward con la furcia de la señorita Weber luego de su oh-tan-soñada cita?

Ugh, no gracias.

Yo tan solo necesitaba distraerme, sacar de mi anatomía y por sobretodo de mi mente la imagen de esos dos juntos, las palabras que ponía la vieja en ese maldito mensaje de texto que me había enviado y por sobretodo, olvidar que Edward realmente sentía algo por esa señora… Ni siquiera es tan señora, joder, bruja malvada, eso es, la maldita bruja malvada, ¡Jessica no es nada en su comparación!, ¡había encontrado a la villana del cuento!, siempre tenía que joder la vida de la pobre princesa, malditos cuentos de hadas y sus malditas brujas buenas para nada, llegaban con su abracadabra a cagar todo.

Necesitaba despejarme, olvidar a Edward por una noche y pensar en mí.

Mi diversión, ¿no le había gustado cambiarme por la bruja cuando éramos unos púberes? Bien, perfecto, ahora él iba a saber cómo demonios se siente que te cambien por alguien mejor.

— No quiero ir a casa —murmuré, quitándome el chaquetón de Félix que había puesto sobre mis hombros. Lo dejé doblado en el reposabrazos del sofá y me giré hacia él, estaba determinada en llevar a cabo mi tarea—. Bésame, Félix.

— Bella…

— Realmente lo necesito —sus ojos azules me mostraban el debate interno en su persona entre hacerme caso o seguir comportándose como el caballero que era. La primera ganó, lo supe cuando un brillo se apoderó de sus orbes y caminó hacia mí con un lento andar.

— A sus órdenes, mi princesa.

Tomó mi rostro entre sus manos delicadamente y después de una eterna espera, me besó.

Sus labios se amoldaban perfectamente a los míos, tan perfecto que me parecía mal. Él era dulce, condescendiente, y completamente delicado conmigo, como si fuera una muñeca de porcelana que en cualquier momento pudiera romperse. Una de sus manos bajó lentamente hasta posarse sobre mi cintura, con su dedo pulgar acarició mi pómulo, pidiendo permiso de manera silenciosa para ir más allá con todo esto. El pedía permiso por todo lo santo, ¿qué tan perfecto era eso? Sonreí contra sus labios, una estúpida sonrisa falsa, porque por más perfecto que fuera, carajos, él no era Edward.

Con Edward todo se sentía tan mal que sabía estaba bien.

¿Es que acaso tiene lógica?

Era un bruto, brusco, salvaje bueno para nada, él amaba morder mi labio inferior cuando me besaba, o pellizcar mi nalga –yo odiaba que hiciera eso, con todo mi corazón– cuando se le diera la gana, tenía una bizarra afición con los chupetones, también. Era un completo enfermo e idiota troglodita sin educación, nada en comparación con el hombre que me trataba como una diosa en estos minutos…

Pero, joder, extrañaba tanto eso…

¡A la mierda!

¡Basta de Edward!

— Vamos a tu habitación —murmuré, separándome levemente de sus labios. Félix me observó mudo por unos segundos, nuestras respiraciones entremezcladas por la cercanía. Asintió un par de veces con lentitud y, dejando un dulce beso sobre mis labios, me guio hacia su recamara.

Al cerrar la puerta de su habitación supe que no podía dar marcha atrás. Edward follaba con la bruja, ¡y según él yo le gustaba!, bueno, yo también puedo caer en su maldito juego, una dulce venganza y un buen polvo, solo una persona sale ganando aquí y esa soy yo. Las ropas volaron por la habitación, entre besos y caricias nos recostamos sobre su mullida cama, donde Félix me trató con reverencia y ternura, como si realmente fuera una jodida princesa.

Y así fue como la princesa perdió su virtud con el príncipe encantador.

Bueno, su casi-virtud.

— Isabella…

— No ahora, Mike, no ahora.

No estaba de humor para su mierda. Ahora sí que no, podía haber aguantado que se presentara en la puerta de mi casa con la traidora de mi ex mejor amiga luciendo como la perfecta y feliz pareja que eran, podía haber aguantado su conversación aquella vez en el pasillo del apartamento cuando esperaba por Félix. Podía aguantar su maldita presencia en su mismo edificio, pero no ahora, así que era mejor que se ahorrara cualquier cosa que tuviera que decir, o yo partiría su lindo rostro con mi maldito puño.

— Seré padre.

Me detuve en seco a mitad del pasillo y volteé hacia él cual nena del exorcista.

— ¿Qué carajos dijiste?

— Jessica y yo seremos padres, ¿recuerdas que te dije que ella había estado un poco alejada de mi últimamente?, ¡nada malo estaba pasando, simplemente estamos embarazados!

Su felicidad me enfermaba, ¿era ese un pensamiento egoísta?, ¿por qué él podía ser feliz y yo no?

¡Yisus me desagradas en estos momentos, eres tan injusto!

— ¿Y qué quieres que le haga?, ¿qué sea la madrina o qué?, ¿qué le prepare el babyshower a Jessie? —fruncí el ceño y me crucé de brazos— Cuéntaselo a alguien que le interese, Michael, a mí me da exactamente lo mismo si tienen octillizos.

— ¿Te encuentras bien? —me preguntó, observándome con cautela.

— Solo… jódete.

Y seguí con mi camino.

Dejé a un anonadado Michael atrás mientras subía la escalera hacia mi piso. Solo quería llegar a mi cama y acostarme y… Morir. Fui tan estúpida, soy tan estúpida, ahora entiendo por qué Edward prefiere a la vieja, mi estupidez es demasiado grande para hacerle espacio a otra persona, así que prefiere alejarse de ella, no hay otra explicación más sensata que esa. Mis pies dolían como la mierda, llevaba los tacones en la mano, me sentía sucia, barata, una puta cualquiera. Ugh, quería una ducha ahora mismo, ya. Y golpear a alguien, necesitaba golpear a alguien, fuerte, justo en el rostro, ¡lo necesitaba tan malditamente!

— ¿Princesa?

— ¡No se te ocurra llamarme así en tu vida! —chillé a Jasper. Sus ojos se abrieron de dos en dos, asustado dio un paso hacia atrás. Bufé y empuñé mis manos, si él no se corría… Había encontrado a mi saco para golpear, lo juro—, vuelvo a escuchar esa palabra y mataré a alguien.

— Y-Yo te ayudo a esconder el cuerpo —murmuró.

— ¡Hey!, ¡prince… —Jazz cubrió la boca de Alice rápidamente antes de que la palabra prohibida saliera de sus labios, la miró con el miedo en sus ojos aún y negó con su cabeza. La petiza frunció el ceño y le dio un golpe en la mano— ¿Qué coño te pasa? —sus ojos se posaron sobre mí y sonrió gatunamente— Algo me dice que tuviste una buena noche, como me hubiera gustado ser partícipe de tu noche, princesa.

— Adiós.

Y dejé a la pareja disfuncional en el umbral del departamento de Jazz sin decir una palabra más. ¿Por qué hoy habían decidido aparecer todos?, recordándome que la vida en pareja era asombrosa cuando encuentras a tu media naranja… O medio limón, en el caso de Jasper era más bien un medio limón. El amor estaba en el aire, demonios, lo odio. Me volveré la Grinch del amor, saldré a la calle a golpear parejas, haré campañas en contra del amor, que no es nada más que un estado de estupidez transitorio, un estado que no estaba siendo tan transitorio en mí pero esperaba, con el tiempo, la estupidez decidiera abandonar mi hermoso cuerpo.

Al llegar finalmente a la puerta de mi hogar dulce hogar, busqué las llaves con rapidez y abrí la puerta de un sopetón, haciendo que esta se golpeara con la muralla del otro lado. La cerré y me apoyé contra ella, mentalizándome, recibiendo finalmente toda la información y procesando los hechos de la noche anterior y la mañana de hoy. Empuñé mi mano izquierda, la que sostenía la nota del carajo que Félix había dejado sobre su almohada, ¡maldito!, ¡mil y una vez maldito!, ¡y yo una estúpida de lo peor!

Sonreí, sonreí porque sentía lástima de mi misma.

Y ahora iba a tener que aguantar la mierda de Edward, quien probablemente tenía compañía.

¿Es que podía ir mejor mi día?

— ¿Edward? —murmuré su nombre sin dejar mi lugar, tenía miedo, estaba harta, enojada y malditamente triste.

¡¿Sí?!

Él estaba aquí, demonios, ¿qué esperaba?, ¡también esta era su casa!

La rabia se apoderó de mi cuerpo cuando la verdad me azotó como Miley Cyrus en su bola de demolición. Podía sentir las lágrimas en mis ojos, un torbellino de emociones en mi interior, no sabía lo que quería, sentía o nada, ¡era como si anduviera con la puta menstruación!, ¡necesitaba un tarro enrome de helado, películas lloronas, a Rose y mi gay de Alec!, ¡necesitaba un maldito abrazo!

— ¡Tenías razón! —chillé, soltando una risita histérica— ¡Tenías toda la puta razón y te odio por eso!

¡¿Razón sobre qué?! —y todavía tenía el descaro de preguntar.

— ¡Félix es un maldito cabrón hijo de su puta madre!

Caminé con rapidez a través del pasillo, patéticas lágrimas corriendo por mis mejillas, probablemente tenía un aspecto deplorable, tal vez todo el puto maquillaje corrido, ni siquiera me había dado tiempo de mirarme a un espejo, al menos cuando desperté y vi la estúpida nota, lo único que quería era salir de ese lugar y no volver nunca más en mi vida. Edward estaba sentado en el sofá, sus ojos escaneándome minuciosamente, esa vena que resalta en su frente cuando esta cabreado por algo más presente que nunca… Y junto a él estaba ella.

Juro que lo siguiente pasó sin intención.

Pero yo dije que tenía ganas de golpear a alguien.

— Carajos, ¡carajos!, ¡Isabella suéltala, joder!

— ¡Voy a romper su puto rostro!, ¡tú, zorra, tienes toda la maldita culpa de que cayera!

Me había lanzado como una salvaje sobre Ángela tan solo verla sentada en mi sala de estar como si nada. Ella estaba como si nada cuando habían roto mi corazón por vaya a saber Yisus que vez, y yo simplemente tenía que hacer algo. Si ella no hubiera mandado ese puto mensaje yo no le hubiera abierto las piernas a Félix ese día pensando en que mierda habría estado haciendo Edward con ella. ¿La besará como me basaba a mí?, ¿será tierno con ella?, ¿le dirá las palabras dulces que nunca me dijo? Ed trataba con todas sus fuerzas de sacar mi cuerpo de encima de Ángela pero mis garras estaban enredadas en su cabello, ¡y no la iba a soltar!, no iba a hacerlo, ¡alguien tenía que pagar caro por mi sufrimiento!

— ¡Isabella basta!, ¡mujer, déjala! —Edward forcejeó hasta que finalmente me alejó de ella, pero no con la rapidez necesaria, porque mi puto gancho impactó de lleno con su rostro—, ¡mierda! —el ogro me dejó en el sofá y se agachó frente a Ángela—, joder, esto está sangrando feo. Angie, tendré que llevarte al hospital, déjame ir a buscar…

— ¡Deja de preocuparte por ella! —grité, llamando la atención de las dos personas frente a mí.

¡Yo necesitaba su preocupación!

¡Yo lo necesitaba a él, no ella!

— ¿Qué mierda está pasando aquí? —Tanya apareció en escena, somnolienta. Cualquier rastro de sueño se fue de su rostro al ver la escena frente a sus ojos—, oh santa mierda, ¿por qué la zorra está sangrando? —sus ojos se posaron sobre mí—, ¿fuiste tú?, ¡esa es mi jodida hermana!

— Tanya, joder, no estás ayudando aquí —Edward estaba molesto—. Hablaremos luego tú y yo —me apuntó mientras ayudaba a Ángela a ponerse de pie. Ella sostenía su sangrante nariz entre sus manos—, primero llevaré a Angie al hospital, carajo, le destrozaste su maldita nariz…

— Edward, cariño, no es necesario —la mujer hizo una mueca de dolor—, p-puedo ir sola…

— No, no puedes. Ella puede esperar —estaba molesto conmigo. ¡Él tenía el descaro de estar molesto conmigo!—, y va a esperar, ¿cierto, Isabella? —alzó una de sus cejas en mi dirección, esperando a mi respuesta.

— No, no voy a esperar. Sal por esa puerta con esa zorra y te juro que no vuelvo a hablarte en toda tu vida, ¡atrévete a hacerlo!, ¡estoy harta de ser siempre la segunda! Tú, sucio ogro… Yo solo quería u-un abrazo…

Y ahí lo perdí.

Todo se me vino encima y me derrumbé frente a todos como una niñita.

Las lágrimas caían incesantemente por mis ojos, una tras otra, sin intención de parar. Lloraba por el simple hecho de que no sabía que más hacer, lloraba por lo imbécil que era, lloraba porque quería a Edward. Era tanto lo que lloraba que me era imposible articular palabra alguna. Me sentía tan triste y desilusionada, dolida más que nada y tan malditamente sola. En la estancia no se escuchaba nada más que mi penoso llanto, me acurruqué en el sofá atrayendo mis piernas hacía mi pecho, escondí el rostro en mis rodillas y seguí ahí, no podía parar por más que lo tratara, era como si todo lo que tenía acumulado dentro de mi pecho finalmente salía a la luz.

— Yo llevaré a esta al hospital, tú cuida de mi hermana —escuché la voz de Tanya, seria, como nunca.

Y eso fue todo, nadie más habló.

El sonido de la puerta al cerrarse se escuchó y luego más silencio.

— ¿Aún quieres ese abrazo, princesa? —me encogí un poco más en mi lugar. La voz de Edward era suave, como si esta vez temiera hacerme daño, él no había usado ese tono de voz conmigo en bastante tiempo.

— Por favor no me llames así —dije entre hipidos, avergonzándome de mi persona—, no soy ninguna jodida princesa, ya lo entendí. Solo soy una estúpida necesitada de afecto a la que jodieron, literalmente, porque solo sirvo para un polvo y ya. Y ni siquiera en eso soy buena.

— Déjate de hablar mierdas —el cojín junto a mí se hundió bajo su peso cuando tomó asiento—, tú siempre serás mi princesa, no importa qué. ¿Quieres hablar, Ishabella?, ¿qué te hizo el perfecto príncipe?

— Ten —estiré mi mano y le entregué la nota del mal.

Luego de haber dejado que la espada láser de Félix me atravesara como Dios manda, todo había ido relativamente bien, un polvo es un polvo después de todo, el hombre sabía moverse, no tengo quejas en ese asunto. El problema vino la mañana siguiente, cuando la fachada de caballero se fue al retrete. No fue el despertarme y ver el espacio junto a mi vacío, si no la denigrante nota y los veinte dólares que había dejado sobre ella a modo de agradecimiento. Agradecimiento, por todo lo santo, como si yo fuera una prostituta barata. ¡Si fuera puta cobraría mucho más, joder!

— "Fue una noche espectacular, aunque he tenido mejores, jugar al papel del príncipe fue interesante. Mujeres y sus sueños, absurdos sueños. Gracias por este rato, princesa… —y por supuesto que él tenía que leerlo en voz alta, y eso que aún no llegaba a la jodida posdata— Posdata: Aquí tienes veinte dólares, creo que serán suficientes para el taxi, si no te hubieras mostrado tan frígida tal vez podrías haber ganado más"

— Incluso las putas ganan más que yo… —murmuré con burla— Me debes unos cuantos dólares, Ed.

— Debo… Debo decirte algo.

Levanté mi cabeza desde mi escondite y lo observé fijamente. Su mandíbula estaba tensa, la nota arrugada entre sus manos, sus verdes ojos se posaron sobre mí con intensidad. Sonreí tenuemente, alentándolo a hablar.

— Puedes decirme lo que sea, lo sabes, somos amigos, ¿no? —esperaba sinceramente que aun fuéramos amigos, solo lo tenía a él ahora aquí junto a mí.

— Nunca me acosté con Ángela.

— Y no es necesario que me mientas para hacerme sentir mejor, Edward, lo agradezco, pero ambos sabemos que eso es absurdo —suspiré con cansancio—, y sería realmente agradable si no volvemos a nombrar ese temita en particular.

— Joder, escúchame —se giró en el sofá para quedar frente a mí—, no me acosté con Ángela, ni la noche pasada, ni en secundaria, ni nunca. Te mentí, te mentí porque no quería que supieras que tengo dislexia. Esa noche del baile, no tuve un puto baile porque estaba dando una jodida prueba para salvar el año.

— Es… ¿Qué?

¿Estaba hablando enserio?

¿Él realmente tenía dislexia y había armado esa absurda historia por vergüenza?

Al menos hay alguien más estúpido que yo en este mundo.

— Ángela fue mi tutora.

— Pero la señorita Weber…

— Está en Nueva York por la preparación de su boda con un cabrón de nombre Ben.

— Y el mensaje…

— Eso… —el gran Edward Cullen se sonrojó frente a mí. Él desvió su mirada, avergonzado. Se veía adorable— Eso fue mi idea, yo, ah joder, Lizzie siempre decía que los putos celos servían, yo quería… Yo quería… ¡La puta madre!

— ¿Querías a la puta madre? —alcé una de mis cejas irónicamente.

— Yo solo quería obtener una puta reacción de tu parte, joder —se puso de pie con velocidad y comenzó a pasearse por la sala—, estabas con toda esa mierda de los príncipes, y ese maldito hijo de puta te tenía comiendo de su mano, y luego estaba yo, carajos, yo no sé una mierda sobre ser un príncipe, no es como si lo necesitara, pero tú —Edward rio con amargura—, tenías que ser tú la única jodida mujer con este puto fetiche, tú, mierda, la única que realmente me importa y la cual quería a un marica para pasar su vida, ¿qué clase de hombre que no presta el culo cumple con tus expectativas?, solo un marica, ya te digo yo, los verdaderos hombres somos sucios, groseros y brutos, joder. ¡Amamos la cerveza y no nos importa soltarnos un puto pedo de vez en cuando!

— Me acosté con Félix —murmuré un tanto aturdida por todas sus palabras—, por ese mensaje, por la imagen de Ángela y tú juntos, me acosté con Félix para demostrarte que yo también podía hacerlo y porque en el fondo de mi corazón quería creer que él podía ser real y que podía ser mío.

— ¡Lo sé, carajos, no sabes cuantas ganas de sacarle la mierda de encima tengo! —tiró de sus cabellos con fuerza— No tienes idea como me encabrona… Ese hijo de puta… ¡Ese hijo de puta! —Edward gruñó y me dio una extraña mirada— No te muevas de aquí, vengo enseguida —me apuntó con su dedo índice y dio media vuelta.

— ¡Espera! —chillé, tomando el dobladillo de su polera.

Edward se giró hacia mí, se veía que aún estaba molesto, su cabello más desordenado de lo normal sus ojos con un brillo desquiciado y esa maldita vena resaltando en su frente. Me estaba comportando como una niña pequeña pero me importaba realmente poco.

— ¿Qué?

— Todavía quiero mi abrazo —murmuré con timidez.

Edward sonrió con dulzura y me tomó en sus brazos, enrollé mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello, atrayéndolo cerca de mí, escondiendo mi rostro en la unión de su cuello y hombro, inhalé su aroma, ese aroma a hombre que él tenía y era tan único. Sus manos estaban bajo mi trasero, sosteniéndome junto a él. Lo había extrañado tanto, el momento, este momento en sí, hace tanto tiempo que no nos comportábamos simplemente como Edward e Ishabella que había extrañado tenerlo en mis brazos. Dejé un beso en su cuello y me enderecé para quedar frente a frente, nuestras narices rozándose casi imperceptiblemente.

— Siempre estaré aquí para ti, Ishabella, sabes eso.

— Lo sé —sonreí—, te quiero —murmuré, sabiendo que un te quiero no era realmente suficiente—, te quiero mucho, Ed, y nos hemos comportado como unos idiotas. ¿Cuándo maduraremos, por Dios?, nos hubiéramos ahorrado tanto si…

— Te quiero no es ni una mierda de lo que realmente siento por ti, princesa —me interrumpió, dejando un beso en la punta de mi nariz— y finalmente tengo los cojones para decírtelo, quien coño iba a pensarlo, era un secreto que me iba a llevar a la jodida tumba pero, ¿sabes qué?

— ¿Ah?

No entendía nada, Dios, un día asqueroso se estaba volviendo el mejor de mi vida.

— Ya llegó la jodida hora de que reclame lo que me pertenece. Cuando vuelva aclararemos todo esto, princesa, tu ogro irá a desempolvar la jodida armadura por un rato, espérame aquí.

Él me dejó sobre el sofá con cuidado –yo andaba en una especie de nube, volando por ahí sobre algún unicornio en el mundo de las hadas– y prometiendo que regresaría, abandonó la calidez de nuestro hogar.

— ¿A-Aló?

Dime que estás viendo la televisión, por favor bebé, dime que lo estás haciendo.

— ¿Televisión?, Rosie, ¿qué televisión?, yo, uh… No, no estoy viendo nada…

Aún estaba un tanto aturdida por el tumulto de emociones que me atacaron el día de hoy, aparte me había mandado una bien gorda. Ángela, la señorita Weber que fue una inocente en esta historia, iba a tener que asistir a su boda con la nariz rota. Nunca pensé que golpeara tan fuerte, sentía una vergüenza enorme por como la trate en mi mente y, bueno, físicamente también, pero en el fondo de mi corazón estaba un poquitín orgullosa de mi gancho mortal, podría usarlo en un futuro, si me volvía a encontrar con Félix, por ejemplo, antes de gritarle que podía meterse esos veinte dólares en el culo.

¡Tu hombre está en los canales de cotilleo, joder!, ¡tienes que ver eso!, ¡ve a prender el televisor ahora mismo bebé! —fruncí el ceño y tomé el mando para poner el canal siete donde generalmente aparecían estos tipos metiéndose en vidas ajenas. En realidad no fue necesario, porque todos los canales pasaban lo mismo.

— Santa mierda…

Mira esa repetición —y el puño de Edward impactando con el rostro asegurado en millones de Félix pasaba por la televisión una y otra vez—, ¿qué fue lo que hizo el hombre cachondo para merecer ese trato del energúmeno?, algo a ti supongo, debe serlo, la vena maldita de su frente solo había hecho acto de presencia una vez, cuando golpeo a Ben por besarte, ¿lo recuerdas?

— Shh, Rosie, ¡guarda silencio! —le subí el volumen a la televisión para escuchar lo que hablaban los presentadores.

— "El soltero más codiciado de América fue asaltado por un salvaje hombre cuando estaba rodando una de sus entrevistas —una foto de Edward luciendo como un prehistórico hombre de las cavernas apareció en la televisión, no pude evitar soltar una risita al ver su rostro deformado, habían pillado su peor ángulo—, se dice que el hombre burló la seguridad del lugar, su intención era llegar a Félix Brennan a como dé lugar…"

— Santa mierda, Edward es… No sé si sentirme halagada por esto o prepararme para ir a pagar su fianza.

— "¡Te dije que rompería tu puta cara de marica si la hacías llorar cabrón de mierda! —unos policías sostenían a Edward de ambos brazos para que no destrozara más a Félix, quien sangraba grotescamente—, ¡ella no necesita una mierda como tú en su vida!"

— "¡Porque ya te tiene a ti!" —replicó Félix a duras penas.

— "¡Sí, porque ya tiene una mierda como yo en ella, hijo de puta!"

Y los policías finalmente metieron a Edward en uno de sus carros, la noticia terminó y pasaron a un nuevo escándalo que involucraba a Justin Bieber haciendo de las suyas en algún lugar del mundo.

Creo que deberías prepararte para pagar su fianza, paso por ti en diez —Rose cortó el llamado.

Suspiré, negando con mi cabeza, ¡a esto se refería cuando habló de una armadura!

Pero no pude evitar ponerme como una chiquilla adolescente enamorada.

¡El ogro había ido a defenderme del sucio sapo equivocado!


¡Buenas tardes!

Lo prometido es deuda, aquí les traigo el capítulo 19 recién salidito del horno. Muchos golpes en este cap (?) Y bien, aquí pueden ver una especia de declaración entre ambos, peroooooo, en el próximo se aclararan las dudas, cuando saquen al ogro del calabozo XDDDD ¡Espero les haya gustado el capítulo! siento decirles que la historia de a poco va llegando a su fin, no se con exactitud cuantos capítulos le quedan, le echo unos cinco más, no lo se, no me crean, puede que surja algo y se me extienda mas XDDD pero algo en mi mente me dice que ya está terminando (?) y como últimamente me ha dado la cosa por escribir, la musa me ha visitado bastante estos días, así que no me demoraré mucho con los capítulos. Les digo por aquí que puede que para la noche (si no salgo por esas coas de la vida) o mañana en la tarde les traiga el cap de Forks Ink, con 321 estoy mas atrás pero esta semana subo si o si también, ¡la estoy consintiendo mucho! XDD jajaja.

¡Nos estamos leyendo!

(En el grupo he estado poniendo hartas cosillas por esto que se llama "vacaciones" y no tener una vida social activa por flojera a abandonar mi pieza)

PS: Puede que tengan un regalo navideño de Primerizo, quien sabe, si Santa se porta bien y me traer un buen regalo...

¡Muuuchas gracias a todas chicas por sus reviews, alertas y favoritos!

Lamb.