Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 20: Y fueron felices…


Felices por siempre: Lo que toda mujer espera en su vida amorosa. Un hermoso y eterno "y fueron felices por siempre". Cabe decir que la mayoría de las personas piensan en que esto es imposible, porque nadie puede ser feliz eternamente. Déjenme decirles que puede serlo, si se lo proponen, habrá altos y bajos, nada es perfecto, pero con perseverancia uno puede tener el "felices por siempre" que tanto desea junto al príncipe indicado… O junto a un ogro, en su defecto.

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— Nombre del recluso.

— Edward Anthony Cullen —el oficial me dio un leve vistazo y volvió a tipear algo en la computadora. Rosalie movía su pie incesantemente junto a mí, bufaba de vez en cuando, haciendo que el policía levantara la mirada, y la observara por un lapsus de tiempo donde ninguno de los dos se rendía. Era horrible.

— Edad.

— ¿Edad? —abrí mis ojos tratando de recordar la edad de Ed— Bueno, mi ogro actúa como un púber de diecisiete desde que lo conozco, ¿cómo voy a saber su edad? —el policía carraspeó ante mi monólogo interno no tan interno— Uh, lo siento… Si yo tengo… Le sumamos… ¡Ah, veintiséis años!

El desagradable hombre entornó sus ojos y volvió a escribir algo.

— ¿Cargo?

— ¿Es que acaso no puede verlo ahí en su maldita computadora, señor oficial? —comentó Rose exasperada. El hombre volvió a mirarla e hizo algo que, uh, tuve que agarrar a mi amiga del brazo para que no se lanzara a su yugular como un jodido vampiro.

El querido señor policía apagó la computadora lentamente, lentamente. Luego le dio al apagado a la pantalla, nuevamente con una lentitud asquerosa, para finalizar con sus brazos cruzados por sobre su pecho, recargándose en el respaldo de su silla giratoria y una de sus cejas alzadas hacia mi querida mejor amiga. Rosalie estaba que echaba humo, yo solo quería sacar a Edward del calabozo, aunque un calabozo es un buen lugar para un ogro, esta vez no era necesario.

— No sé qué es eso de cargo, él golpeó a Félix Brennan en la televisión o algo parecido, solo sé que está aquí por la llamada de derecho que tiene que ustedes le dieron… ¿Podría, por favor, buscar ahí entre sus papeles o algo?

— ¡Eh, John! —gritó hacia otro oficial—, ¿has visto algún Edward Cullen?, dicen aquí que golpeó a Félix Brennan… Él Félix Brennan.

— Y no solo a ese pijo Brennan… Martínez, Smith, Yorkie también recibieron algo de ese mocoso —gemí internamente ante las palabras del señor policía—, ¿vienen por la fianza?

— Si fuera tan amable, por favor.

El oficial simpaticón sonrió y nos guió lejos del otro panzón bueno para nada que solo quería sacar de sus casillas a Rosie. Y eso hubiera sido fatal, ya era suficiente teniendo a Edward encerrado como para que Rosalie fuera su compañera de celda, ¿pueden imaginar algo más aberrante que eso?, porque a mí me dan escalofríos tan solo pensar en ello.

Cuando trajeron a Edward escoltado por dos oficiales más que no lucían muy felices por su tarea, un peso me saqué de encima. No sabía que tan preocupada estaba porque se hubiera metido en problemas realmente reales hasta que finalmente lo vi fuera de ese lugar. Los policías que lo acompañaban estaban igual de heridos que él, mi conocimiento me decía que Ed era el culpable de sus heridas, por todo lo santo, ¿es que acaso este hombre no sabía lo que era pensar?, porque claramente no pensaba antes de hacer las cosas… Realmente Edward nunca lo ha hecho, ¿y me sorprendo?, ¡una vez golpeó al profesor Biers por haberme mirado las piernas!

¡Él ni siquiera me había mirado!

— ¿Salón embrujado?

— Ellos son los originales, yo solo tengo que usar esto —me encogí de hombros mostrándole mi vestimenta.

Era el aniversario de nuestro querido colegio y el comité estudiantil había decidido hacer una feria como celebración. El estacionamiento estaba repleto de puestos y recreaciones, como también algunos de los salones, un salón por cada curso. Nuestra clase había tenido la genial idea de hacer una "casa embrujada", cada uno tenía que dar su aporte, ellos me habían puesto a mí como una de las enfermeras de Silent Hill. Realmente… Creo que lo hicieron porque así debía cubrirme el rostro, de todos modos ellos se lo pierden, mi fealdad hubiera sido mucho más beneficiosa, ¡imaginen cuantos gritos!

— Sí, no me parece —murmuró Ed, observándome con el ceño fruncido—, esto está muy corto —apuntó el dobladillo de mi falda que llegaba casi a la mitad de mi muslo—, ¿y qué carajos traes en la cara?

— ¿Es que nunca has visto Silent Hill?, la veremos algún día en casa para que entiendas.

— Me vale verga, iré a hablar con el cabrón de Riley, no puede dejarte usar esa ropa.

— ¡Hey!, si sé que no soy una flacucha como tu Lauren —entorné mis ojos y gesticulé con mi mano—, no hay necesidad de que seas tan cruel, te odio.

— ¿De qué estás hablando? —frunció aún más el ceño, sus cejas casi formando una—, ¡estás mostrando mucho y estos idiotas se aprovechan! —miró alrededor de nosotros donde transitaban algunos chicos de la escuela—, ¡tus jodidos ojos al frente Cayo!

— ¿Me están mirando a mí?

— ¿A quién más si no?, ¡eres la única chica que está aquí! —resopló y se cruzó de brazos.

— Bueno, nadie me había mirado cachondamente antes —sonreí entretenida y tomé asiento en la silla frente a su puesto—. Olvídate de eso, ahora dime… ¿Caseta de besos?, ¿es enserio?

— ¡Estos cabrones! —gritó molesto, apuntando a los chicos de su clase que estaban en el salón también—, quieren recaudar dinero para la graduación y aquí me tienen, deberían agradecerte, si no hubiera sido por tu entusiasmo no estaría perdiendo mi tiempo en estas mierdas.

— ¿Si pago un dólar obtengo un beso?

— Para ti son gratis, pequeña —sonrió dulcemente. Se recargó en la silla y volvió a gritar— ¡Hey, Riley, ven aquí!

— ¡No soy tu puta, niño!

— Pero quieres serlo, admítelo hombre —el profesor Biers gruñó y caminó hacia nosotros dando grandes zancadas. Cuando llegó junto a mi hice un leve asentimiento con su cabeza—. Bells, ponte de pie para que el profesor vea esta aberración.

— Siento que me estás tratando de aberración a mí y no a mis ropas —murmuré, haciéndole caso.

— ¿Qué tiene? —preguntó el señor Biers, cruzándose de brazos.

— ¿Es que acaso la viste?, Riley, ¡eso está muy corto!, ¡míralo!

— ¡Soy el profesor Biers para ti muchacho!, ¿cuántas veces tengo que decírtelo?

— ¿Podría, oh-amado-profesor, mirarla?

Y él lo hizo, siguiendo las instrucciones de Edward. El profesor Biers le dio un vistazo a mi vestimenta y se desató el infierno. Bueno, creo que el haberme hecho girar en mi lugar estuvo un poco fuera de lugar, pero tampoco era necesario que Ed se comportara como el hombre de las cavernas que es y, saltando el mesón que nos separaba, le diera un certero puñetazo en la cara por estar viéndome. ¡Él le había dicho que lo hiciera!

— ¡¿Por qué hiciste eso?!

— ¡Miró por mucho rato! —chilló Ed, haciendo una mueca con sus labios.

— ¡Tú le dijiste que lo hiciera, genio! —el profesor estaba sentado en el suelo y estaba siendo asistido por algunos de los chicos, su nariz sangraba en grandes cantidades—, ¿se encuentra bien?, Ed es un tanto bruto, profesor, a veces es como un animalito que solo usa sus instintos y no racionaliza, no creo que sea necesario…

— ¡A la oficina, Cullen! —gritó.

— ¡Ven aquí y déjame darte un abrazo, idiota!

Rosalie enredó a Edward entre sus brazos y lo apretó contra su pecho. Ed me miraba por sobre su hombro y me hacía gestos para que lo salvara. Él siempre le tuvo cierto respeto a Rosalie, porque según él ella era capaz de asfixiarlo con sus enormes pechos. Rodé mis ojos y sonreí. Los oficiales que los acompañaban lo soltaron sin más, tan rápidamente como si ellos quisieran que se fuera con la mayor velocidad posible. Mi ogro lucía desastroso, tenía un corte en el labio y otro en la ceja, pero el brillo burlón de sus ojos seguía ahí, al igual que la sonrisa socarrona que siempre llevaba en su rostro.

— Rose, ha sido mucho amor, ¿puedo volver a tomar un poco de jodido aire?, tus tetas… —se separó de mi amigo y apuntó a sus pechos— Solo eso, tus tetas.

— ¿Dónde aprendiste a golpear así?, pensé que los maricas tenían miedo de quebrarse las uñas…

— El único marica que conozco es el puto de Emmett —gruñó Ed—, no te quieres meter en terreno frondoso, nena, lo sabes. Sales perdiendo aquí, así que te agradecería dejaras mi jodida masculinidad en paz… Mi princesa aquí presente puede decirte que tan marica soy.

Y aquí están los verdaderos Rosalie y Edward.

Extrañaba sus estúpida riñas.

— No deberías haber hecho eso, Ed…

Y tuve dos pares de ojos sobre mí taladrándome inmediatamente.

Ah, demonios, los había hecho enojar.

¿Puede existir algo más terrible que hacer enojar a Rosalie tetas-asfixiante Hale y Edward el-ogro Cullen?

Nope.

Yo no estaba siendo mal agradecida, de hecho fue un gesto grotescamente tierno el que fuera a golpear a Félix por la manera tan vil en la que se comportó, incluso pensé en premiar a Edward por eso, ¡yo lo decía porque él también resultó dañado! Y jodido, porque nadie detuvo a Félix por golpear a Ed, ¿quién iba a hacerlo?, era el oh-todo-majestuoso señor millonario, y Ed… Bueno, Ed era el bruto hombre que llegó a interrumpir una de sus entrevistas para sacarle la madre. Pero era obvio que ellos no me iban a dejar terminar mi oración e iban a empezar a gritar cosas, y así fue, fui interrumpida con la hermosa voz de mi querida mejor amiga.

— ¡Él debió hacer eso y mucho más, bebé!, ¿de qué carajos estás hablando?, ¡si me hubieras contado antes toda la mierda que hizo ese farsante cabrón Emmett le hubiera acompañado!

— Debí suponer esto, claro —entornó sus ojos y bufó—, ¿alguna de ustedes tiene un puto cigarrillo?, necesito una de esas mierdas luego de esto.

Suspiré, tan dramáticos por todo lo santo.

Yisus, ayúdame aquí.

— ¿Por qué nunca me dejan terminar? —entorné mis ojos—, yo lo decía porque también saliste dañado —me acerqué a Edward e hice un puchero—, no me gusta verte así, ¿cómo te besaré ahora?, tienes todo ese labio partido… —hice una mueca con mi boca— Tendremos que esperar, supongo…

— Me besarás de todas maneras, mujer —posó sus manos en mi cintura y me jaló hacia su cuerpo—, y no te hagas la loca aquí, ¿eh?, que aún estoy esperando ese "gracias, oh-grandioso-y-vergoroso-Edward", solo te digo —sonreí divertida por sus palabras.

¿Vergoroso?, ¿es esa una palabra? —le restó importancia con un movimiento de sus hombros.

— Una nueva y sutil manera de decir que tengo la polla grande —resoplé. No era del todo mentira, pero… Hombres, amaban tanto presumir por ello—, pero ahora no importa, quiero ese beso del que hablaste…

— ¿Qué… ¿Cómo… Espera, espera, ¿desde cuándo ustedes están… ¿Qué carajos es todo esto?

Rosalie nos observaba con el ceño fruncido, su boca abierta a más no poder sin creer lo que sus ojos veían. Edward resopló y la ignoró por completo, él incluso no me dejaba escapar de la celda de sus brazos para darle una pequeña introducción a mi amiga sobre todo lo que había acontecido. Digo, él tenía que dejarme hacerlo, éramos chicas por todo lo santo, necesitábamos un momento donde encerrarnos en la pieza a hablar sobre chicos y chillar como adolescentes porque el tipo en cuestión se dignó a dirigirnos la palabra… O a decirme la verdad, en mi situación, decir la verdad y… Estaba a punto de decir "dejar de ser un pendejo" pero es Ed de quien hablamos, y él dejó bastante claro que es cosa de hombres ser unos brutos, cerdos, desparramadores de calzones por la casa.

— Déjame decirle… —Edward escondió su cabeza en el hueco de mi cuello y negó repetidas veces— Debemos ir a casa, debes llamar a la señorita Weber para saber cómo está y tengo que pedirle disculpas… ¡Tengo que tener mi conversación de chicas, Ed!

— Pero que exasperante eres mujer… —dejó un beso en mi cuello y resopló una vez observó a Rosalie— Joder, eso es lo que tú sabes hacer mejor, ¿no podrías esperar hasta otro día?, no se… como dentro de cinco meses más…

— Mira, cabrón, deberías agradecerme lo de la fianza, creo que me estoy arrepintiendo de haber pagado para dejarte libre, unos cuantos días en prisión te hubieran quedado de maravilla, niño bonito… Sabes lo que hacen ahí dentro a los niños bonitos…

— Emmett estaría encantado en prisión, ¿no crees?, tiene una afición a que le toque el culo…

— ¡No te metas con mi hombre!

— ¡No te metas con mi culo!

Suspiré y miré hacia el cielo. ¿Qué he hecho para merecer esto, yisus?, ¿por qué tienes el afán de tratarme de esta manera? La gente que pasaba fuera de la comisaría se nos quedaba mirando como si fuéramos unos bichos raros gracias a la hermosa discusión que estaban teniendo estos dos. Trágame tierra, ahora, sería el mejor momento. Empecé a caminar hacia el carro de Rose, dejando a la pareja de trogloditas atrás, me alejaba sigilosamente, como queriendo dar a entender a las personas que yo, una chica racional y bastante normalita, no tenía ningún tipo de relación con esos especímenes hablando de culos en la acera.

Era muy buena mi escapada para ser fructífera.

— ¡Bebé, ven aquí!

— ¡Quiero ir a casa! —chillé al grito de Rosalie, ahora las miradas estaban en mí también—, por favor, ¿podríamos dejar este show e ir a casa?, ¿sí?

— ¡Dile eso a las tetas asfixiantes!

— ¡Cierra el pico, ogro de mierda!

— ¡Por favor! —grité completamente roja. Es que ellos no tenían sentido del decoro ni vergüenza, por todo lo santo, una señora que iba de la mano con una pequeña niña incluso le cubrió sus oídos y me dio a mí una mala mirada, ¡a mí!—, ¿por favorcito?

Vaya, vaya…

Me giré rápidamente hacia la voz que había escuchado a mis espaldas. Alcé mis cejas y lo inspeccioné de pies a cabeza. ¿Qué estaba haciendo él aquí?, Félix se alzaba imponente, con sus ropas de marca y su cabello peinado pulcramente, como si él nunca hubiera estado en un pleito unas horas atrás. Lo único que indicaba que le habían sacado la madre al hombre era su ya-no-tan-hermoso rostro. Oh, él tenía un moratón gigante en su pómulo izquierdo, y se extendía por su ojo también. Unos cuantos cortes en su labio, ceja y otro moratón en la mandíbula al lado derecho, su nariz también estaba un poco rara, como hinchada, no lo sé, una nariz de puerco era lo que tenía, ¡adiós punta respingada, hola cerdito! La cosa es que Edward parecía solo tener los rasguños de un gatito en comparación al idiota.

— ¿Qué carajos haces tú aquí? —Edward dejó de discutir inmediatamente con Rosie cuando vio a Félix. Se arremango las mangas de la camisa y alzó una de sus cejas, cruzando sus brazos por sobre su pecho—, ¿vienes en busca de más?, marica, eso es lo que eres, un jodido marica —entornó sus ojos y luego comenzó a hablar con una divertida voz— Ay sí, soy Félix Brennan el niño bonito que necesita a sus guardaespaldas para defenderse… marica.

— A diferencia de ti no necesito usar los puños para arreglar mis problemas, eso se llama evolución.

— Y eso que tienes ahí se llama moratón —Ed apuntó el círculo púrpura en su ojo—, a la mierda tu evolución.

— ¿Qué haces fuera de todos modos?, alguien tan agresivo y volátil como tú debería estar tras las rejas, puedes dañar a cualquier persona con tu comportamiento —Félix, acompañado de dos guardaespaldas, se acercó a Ed y sonrió cínicamente—. Esto no se quedará así.

— Oh, ya lo creo, se quedará así —mi ogro se acercó a Félix, sus narices casi se rozaban, el rostro de Edward lucía molesto, completamente—. Yo te lo advertí. No te acercas más a nosotros, y menos a ella.

El príncipe podrido me dio una mirada de soslayo y sonrió levemente.

— Entendido —se alejó de Ed alzando sus manos en el aire, con inocencia.

Ugh.

Eso había sido extraño.

— ¡Tienes un gusto enorme por los idiotas, joder!

— Eso te incluye a ti en el saco, si me permites.

Ed entornó sus ojos y pasó caminando junto a mí para meterse al coche de Rosie.

— Soy el más idiota de todos ellos, princesa.

Al llegar a casa Tanya estaba allí, esparramada sobre el sofá de la sala de estar, vistiendo solo su ropa interior. Mi hermana estaba un tanto loca, no sé si se habrán dado cuenta de ello. Ella veía ese programa "Cheaters" (1) que dan en el cable, comiendo una gran bolsa de papas. Cuando escuchó la puerta ni siquiera se inmutó y siguió con su programación del día. A veces me preguntaba cuando demonios se iba a ir de nuestra casa, a veces incluso le hacía la pregunta directamente pero la muy perra me ignoraba o cambiaba de tema, alabando mi cabello, por ejemplo, tenía un pequeño complejo con eso, como que le amaba, amaba que lo alabaran y ella lo sabía, por eso me desviaba del tema y al final siempre terminaba olvidando de que carajos hablábamos antes de que dijera que mi cabello era sedoso.

— La zorra está bien, solo le fracturaste la nariz —gemí internamente y me senté de un tirón en uno de los sofás individuales, sintiéndome completamente culpable—, una fractura leve, lleva un parche en su nariz… Esta de coña, le saqué una fotografía para tener algo con que quitarme el hipo —Tanya sonrió y acercó su teléfono celular a mí.

Ahí en la pantalla estaba la pobre de Ángela luciendo el parche más horrible de la vida.

— Ella no puede casarse así, por todo lo santo, ahora sé por qué me tratas de este modo Yisus —escondí mi rostro entre mis manos—. Tengo un pasaje preferencial al infierno por hacer esto, ninguna mujer debe casarse luciendo así…

— Angie dice que no te culpa, que cualquier persona hubiera reaccionado de ese modo… Lamentablemente escondías un buen gancho, pequeña —Edward se sentó en el apoyabrazos del sofá—, parecía una fiera, estabas jodidamente loca.

— En realidad no es mi culpa, si lo pensamos analíticamente —fruncí el ceño y le di una molesta mirada a Ed— ¡Todo esto es tu culpa!, ¡tuya y de nadie más!, si no fuera por todas tus mentiras Ángela estaría con su nariz normal…

— Vale, vale, me importa una mismísima mierda Ángela —Rosalie caminó dando zancadas y se sentó en el sofá frente a nosotros—. Ustedes dos, hablen ya.

— Mira, la tetona tiene razón —Edward sonrió de lado y se puso de pie, jalando mi mano—, es hora de hablar, pequeña.

Él ignoró completamente a Rose por segunda vez en este día, y haciendo que me pusiera de pie del cómodo sofá por su insistencia, me guio a su habitación. Rosalie y Tanya se quedaron en la salita de estar, años conociendo a mi rubia me decían que ella no se iba a quedar así como así, por lo tanto, estaba mil por ciento segura de que al salir de aquí ella estaría esperando una buena explicación de mi parte.

No sé qué tipo de explicación quiere si ni siquiera yo estoy entendiendo del todo esto.

Ed estaba sentado sobre su cama y me miraba fijamente.

— ¿Qué?

— Nada —se encogió de hombros.

Ugh, exasperante.

— Edward…

— ¡No he hecho nada!

— ¡Deja de mirarme así entonces!, ah, eres desagradable…

— Aun así te gusto —sonrió con orgullo. Entorné mis ojos a sus palabras—, ¿estás bien, pequeña?

— Uh, sí, lo estoy, ahora lo estoy —fruncí el ceño levemente—. Siento… Siento ese ataque de locura que me dio al llegar a casa y eso… —comencé a gesticular en el aire con ambas de mis manos— Estaba un tanto cabreada, y bueno, que Ángela estuviera aquí… No ha sido este mi mejor día, además Jessica y Mike…

— ¿Qué pasa con esos idiotas ahora?, ¿es que acaso te sigue jodiendo las pelotas?, ese hijo de puta, juro que…

— Van a ser padres —me encogí de hombros. Edward volvió sus ojos a mí, nuevamente dándome esa mirada inquisidora. Caminé lentamente hacia la orilla de la cama y tomé asiento a su lado—. Mike siempre quiso tener muchos niños, ¿sabes?, siempre hablaba sobre eso, sobre tener una gran casa llena de mocosos corriendo de un lado a otro y yo, uh, como que lo ignoraba, a veces me daba miedo —me estremecí recordando esos momentos.

Tengo problemas tratando de encontrar un hombre con el que estar.

¿Qué carajos iba a hacer yo teniendo niños?

Pero Michael siempre fue un soñador… Y sus padres también esperaban muchos nietos.

Y Mike era un hijo de papi y mami realmente…

¿Hijos?

— La familia es muy importante para mí, Bells, ¿no lo es para ti?

Vale, llevábamos un año y medio de noviazgo, está bien, tal vez a estas alturas es algo normal hablar de "familia", pero me alteraba de todos modos. Tenía una especie de aversión a los niños pequeños… No, no a los niños, a lo que conlleva un embarazo en sí. Creo que mucho Discovery Home and Health (2) para mí no ha sido bueno, pero es que… ¿Han visto acaso como sufren esas mujeres?, joder, si duele cuando te rompen la telita de tu virtud, ¡cómo demonios debe doler que te saquen a alguien de allá abajo!

— Uh, si… Digo, no es que mi familia sea muy convencional… Eh, el gran viejo no puede mantener su pistola a raya, si sabes de qué hablo. Tengo una hermanastra… Nos llevamos del asco, y mamá… Bueno, no hubo mamá para mí… Entonces, creo que mi concepto y tu concepto de familia pueden ser un poco distintos…

— Tienes miedo —sentencio, mirándome con congoja en sus hermosos ojos azules.

— ¿Perdón?

— Tienes miedo, preciosa, pero no te preocupes —acarició mi mejilla dulcemente—, sé que serás una madre responsable y excepcional, no serás como tus padres y me tendrás a mí, no tengas miedo de crear una familia, lo descubriremos juntos.

Miedo.

Claro que tenía miedo, ¡tenía miedo de que él quisiera meter un bebé en el horno cuando mi juventud recién está empezando!, ¡tengo veintiún años y una bizarra adicción por la cerveza que tendría que dejar si un bebé tuviera!

— Mike, amor, creo que es demasiado pronto…

— No te preocupes, si llega estaremos con los brazos abiertos. Siempre he querido tener cinco hijos —abrí mis ojos de dos en dos y sonreí tensamente. ¡No será él el que quede todo deforme!—, como hijo único siempre quise tener un hermano… ¿No lo querías tú?

— No gracias, la tuve, Tanya… Ugh, mejor me quedaba sola, no sabes de lo que hablas.

— Lo entiendo, tu padre comenzó a tomarle más atención a ella, ¿cierto? —¿pero qué demonios le pasaba a Mike?—. No te preocupes corazón, nosotros seremos equitativos con nuestros hijos, les daremos el mismo amor a todos por igual.

— Ese "hijos" me está causando escalofríos, ni siquiera hay un "hijo" aun y ya estás hablando en plural…

— Oh, pero tendremos muchos, y una gran casa blanca con un jardín trasero donde puedan jugar —se rebuscó algo en la chaqueta que traía y luego me lo entregó. Era un papel con algo escrito—. Incluso ya tengo elegido algunos nombres, si quieres ver…

Oh Dios mío.

¡Oh Dios mío!

¡Estaba loco!, ¡él planeaba tener un equipo de fútbol entero!

— Te he dicho que somos el uno para el otro, ¡tampoco me gustan los bebés!, babean, eructan y se cagan sobre sí mismos. Son máquinas andantes de mierda, ¿a quién podría gustarle algo así?

Entorné mis ojos y suspiré. Edward tenía un punto ahí, pero tampoco es tan así. Las mujeres tenemos esa cosa maternal dentro de nosotras, si bien casi me caí de culo cuando Mike dijo que esperaba que tuviéramos como cien hijos… No me quejaría si tuviera uno, tal vez dos… Mi muñequito personal al cual vestir, alimentar y darle amor… ¿Han visto la ropita de bebé, por todo lo santo?, no hay nada más hermoso que esos pequeños zapatitos, pequeños pantaloncitos, ¡todo es malditamente en miniatura! Pero… Edward no tenía por qué saber eso, de todos modos.

— Uh, claro…

—… Te gusta —murmuró, mirándome con sus ojos entrecerrados—, ¡realmente te gusta todo eso!

— ¡Si, bueno, demándame! —me crucé de brazos y desvié mi sonrojado rostro—, los bebés son adorables, de a uno, no en montón. Podría con uno, tal vez en un tiempo más, iré a una clínica de fertilización y lo tendré solo para mí.

— Yo podría ser tu donador de esperma si quieres —comentó como si nada. Resoplé antes de sentir sus brazos rodear mi cintura y atraer mi cuerpo junto al suyo, me ayudó a acomodarme sobre su regazo, sin dejar de abrazarme—, estás celosa, princesa.

— ¿Celosa?, ¿celosa de qué?

— Oh, estás bastante celosa de Jessica, mira, estás haciendo esa mierda con tus labios —acercó su mano a mis labios para rescatar mi maltratado labio inferior que estaba prisionero entre mis dientes—, ¿por qué estás celosa?, ¿quieres un bebé?, te doy uno, si quieres comenzamos a practicar desde ya mismo… —dejó un beso en mi hombro y sonrió.

— No estoy celosa, es solo… Pensaba que era injusto, ellos están tan bien, todo les está saliendo tan bien… Ya sabes, encontraron a su media naranja, se estabilizaron como pareja cuando fueron a vivir juntos… ¡Y ahora tendrán una familia!, ¿y a mí que me queda?

— Un ogro que te adora —se encogió de hombros—, tómalo o déjalo, es todo lo que puedo ofrecerte ahora.

— Idiota… —pero no pude evitar sonreír por sus palabras— Te quiero, Ed.

— Creo que yo te amo, princesa… Deberíamos hablar ahora…

— No hablemos, ¿sí?, solo disfrutemos de esto… Lo que sea que sea, ya hemos perdido mucho tiempo, ¿para qué seguir perdiéndolo?, me gustas, te gusto, punto final. No lo hagamos más complicado, me gusta así —me recargué contra él—, realmente me gusta así…

Rodeé su cuello con mis brazos y descansé mi cabeza contra la suya. Ugh, era un ser humano de lo peor, sintiendo envidia de mi ex mejor amiga y mi ex novio. Por eso andaba tan emo siempre, tenía que aceptarlo, siempre lloriqueando que la vida no es justa conmigo, ¡despierta Isabella, hay gente que la tiene peor! Vale, perdí al que creía era el amor de mi vida, perdí a una de mis mejores amigas, un idiota me utilizó como su pase libre de una noche… ¡Supéralo mujer!, así es la vida real, a veces ganas a veces pierdes, pero si aprendí algo de todo esto es que los príncipes sí existen después de todo.

Tal vez uno los tiene muy estereotipados, pero siempre habrá uno por ahí para ti.

Uno acorde a tu persona.

Jessica consiguió a su príncipe, por ejemplo. Aunque haya tenido que arrebatármelo a mí.

Rosalie tiene a su príncipe fisicoculturista, a pesar de lo mucho que se hizo rogar por ahí.

Jasper, consiguió a su princeso y… ¡Alec lo hizo por partida doble!

— Ishabella…

— ¿Sí?

— Sabes que soy un idiota, ¿no?

— Acabo de decírtelo, genio.

— Exasperante… —murmuró entre dientes, dándome un pequeño pellizco en la pierna— Bien, sabes que soy un idiota, tenemos eso claro —asentí—. Sabes también que no dejaré de fumar, ni aunque se me caigan los putos dientes… Ni beber, ni nada de las cosas que hago —bufé y volví a asentir— Genial, nena. Ahora, sabes también que no soy un jodido príncipe azul, ¿cierto?

— Te equivocas ahí, Ed.

— ¿Cómo carajos voy a equivocarme?, ¡sé que no lo soy!, y tampoco quiero serlo. Te lo he dicho, pequeña, maricas, eso es lo que son, puros maricas vistiendo mallas.

— ¡No son maricas!, y sí lo eres —dejé un beso en la cima de su cabeza—, eres mi príncipe.

— ¡Joder, no quiero ser un príncipe mujer!

— ¡Ugh!, ¡pero lo eres de todos modos! —entrecerré mis ojos y le di un pequeño golpe en la nuca cuando mordió mi brazo con suavidad—, eres mi grosero príncipe no-encantador.

— Yo soy mucho más encantador que cualquiera. Y… —sonrió con picardía— ¿así que soy tuyo?

— ¿Así que "te quiero no es ni una mierda de lo que realmente sientes por mi"? —alcé una de mis cejas y reí ante su sonrojo. Con una de mis manos tenía contadas las veces que Edward se había sonrojado, esta era una de ellas, se veía adorable en este estado, y él era de todo menos adorable, eh.

— ¿Enserio dije esa mierda cursi?

— Edward… —reí— ¡Acabas de decirme que crees que me amas!, y después dices que no eres mi príncipe marica… —susurré haciéndome la desentendida.

¿Príncipe marica?, ¿me acabas de llamar marica? —en un brusco y rápido movimiento me posicionó sobre la cama, quedando él sobre mi cuerpo, nuestros rostros a escasos centímetros—, te mostraré lo marica que puedo ser.

— Tienes un serio problema con tu sexualidad, hombre, ¿por qué tanto alboroto por una simple palabra?, ya comenzaré a sospe... ¡Edward! —chillé cuando succionó realmente fuerte en la base de mi cuello—, ¡me dejarás una maraca, idiota!

— Esa marca es por el gótico de mierda ese que conociste en lo de Vicky y James —murmuró contra mi cuello, un escalofrío recorrió mi columna cuando su lengua pasó lentamente sobre el lugar donde habían estado sus labios con anterioridad—, dejaré una de estas por cada jodido príncipe tuyo —agregó con una ronca voz que mamma mia.

— No necesito ningún príncipe… —murmuré, cerrando mis ojos cuando su lengua volvió a hacer estragos en mí.

— No lo necesitas…

— Te tengo a ti, por supuesto —sus ojos se encontraron con los míos y sonrió, mordiendo con suavidad mi barbilla. Luego subió, nuestras miradas quedando a la misma altura, Edward se veía feliz al igual que yo, antes de juntar nuestros labios él volvió a hablar.

— Me tienes a mí, pequeña, siempre me has tenido.

— Mi ogro… —suspiré, y él finalmente junto nuestros labios en un dulce beso.

— Tu jodido ogro —susurró, mordiendo mi labio inferior y apoderándose de mi boca una vez más.

Ah, quién necesitaba a los príncipes y sus colores teniendo esto.


(1) programa de televisión donde investigan a una persona para ver si está engañando a su pareja.

(2) canal de televisión dedicado a la salud, orientado a un público femenino.


¡Buenas tardes!

les traje finalmente el capítulo, ¡espero les haya gustado! y mil disculpas por la demora, pero me traspapelé. No me había dado cuenta que el fic realmente ya ha llegado casi a su fin. El próximo capítulo será el último, aparte del epílogo. Sé que probablemente la declaración Edward/Bella no ha sido de lo mejor, pero les digo que no os preocupeis (?), en el próximo (que será mucho más largo) habrá de todo, y finalmente aparecerán, uh, "nuevamente" los padres de Edward y Big C hará su aparición también. ¡Nos estamos leyendo en mis otros fics!

¡Nos estamos leyendo!

PD: El capítulo de 3, 2, 1, ¡estamos al aire! le comenzaré a escribir desde ya para no atrasarme aun mas.

¡Muuuchas gracias a todas chicas por sus reviews, alertas y favoritos!

Lamb.