Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." OoC. TH. AU. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 21: Mi ogro multicolor.


— Te dije que tenía que seguir al pie de la letra esa maldita dieta para caer en el vestido, pero no, tú simplemente tenías que traerme cada puto día una caja de Hershey's —bufé, viendo en el espejo como de triturado me quedaba el vestido— Y con eso no bastaba, porque te dije que no me besaras antes de la ceremonia porque ibas a correr mi maquillaje, ¿me escuchas alguna vez?, ¡claro que no!, ¿quién iba a escucharme?, ¿por qué lo ibas a hacer tú?, ugh, tengo unas ganas enormes de…

— ¿Me trajiste al baño de chicas para hablar como una cotorra?, pensé que querías follar, no hubiera venido si hubiera sabido esto.

Me giré a verlo completamente indignada, de hecho, mi boca se abrió al escuchar sus palabras.

Bueno, Bella, ¿qué esperabas?, ¿un "lo siento, nena, no lo haré otra vez"?

Ed estaba apoyado en la pared contigua con ambas manos dentro de los bolsillos delanteros de su pantalón de vestir. Si no estuviera tan malditamente molesta con él cumpliría su petición en uno de los cubículos del baño, porque, demonios, él sí que sabía cómo llevar un traje. Me hacía recordar a mi graduación, solo que esa vez sí que cupe en el maldito vestido y no tuve que usar vaselina para no rajarlo al tratar de entrar en él. Su terno era negro, llevaba una camisa blanca y una corbata verde que hacía juego con sus ojos. No hubo caso en que peinara decentemente ese cabello que tiene. Gracias Yisus por no permitirme hacerlo, le venía como anillo al dedo. Lo mirabas de pie a cabeza y era espectacular, pulcramente vestido, todo un caballero que te preguntaría si puede ponerte contra la pared y hacerlo dulce y lento a la vez, hasta que llegabas a esa barba de dos días y el desastre de cabello, ahí te dabas cuenta de que dulce y lento no tenía nada y que fuerte y rápido era lo suyo.

Maldito ogro del demonio.

— Eres despreciable y te odio en este momento.

— Oh, vale —resopló y dejó su lugar, caminando felinamente hacia mí—. Lo siento, ¿estás feliz ahora, pequeña? —rodeó mi cintura con sus brazos y recargó su barbilla sobre mi hombro. Lo miré a través del espejo y me crucé de brazos— ¡Vamos!, ¡ya me disculpé!, ¿qué quieres que haga? Te ves tan jodidamente caliente así de enojada, estoy seguro de que si te encierro en uno de esos cubículos y te obligo a besarme me arañarías la espalda y… —soltó un pequeño gemido, y con sus ojos cerrados negó lentamente con su cabeza— Me encanta la imagen mental que acaba de aparecer en mi cabeza. Es una porno de lo más vivida.

— No tendremos sexo en el baño, Edward —fruncí el ceño y traté de soltarme de su agarre—. Déjame, tenemos que volver, ya he arruinado bastante esta boda como para que retrasemos más a la gente con todo esto —dejó un beso húmedo en mi cuello, ignorando mis palabras. Gruñí— Edward —lo sentí sonreír contra mi piel cuando dejó un nuevo beso—, ¡Edward!

— Aguafiestas —bufó y entornó sus ojos. Dejó mi cintura libre y se alejó de mi—, no es como si nos fueran a extrañar.

— ¡Eres el padrino! —chillé, con mis ojos abiertos de par en par—, ¡¿qué estás haciendo?!

— Bueno, me dieron ganas —se encogió de hombros dentro del cubículo. Escuché cuando bajó su cremallera y comenzó a hacer sus necesidades. Me miró por sobre su hombro y me guiñó un ojo, una sonrisita burlesca en sus labios. ¿Por qué siquiera me sorprende?

— ¡Eres un asqueroso, lava tus manos! —me alejé lo más que pude cuando, luego de simplemente sacudir su manguera, se acercó a mí. Ed sonrió y dio otro paso cerca de mí— Ed —lo llamé como una advertencia—, no te atrevas.

— ¿Ahora te doy asco?, cuando me tienes en tu boca no dices…

— ¡Cállate y lávate esas manos, cerdo, asqueroso, ogro infernal!

— Ya va, ya va —volvió a entornar sus ojos y, gracias al cielo, se lavó las manos—. ¿Habrá alcohol en esta mierda siquiera?, ¿y que se supone que un padrino debe decir?, ¿debo decir algo? Sabes que siempre la cago con las palabras, joder, y no conozco a nadie aquí aparte de los novios.

— Y a Tanya.

— Y a la loca de tu hermana, también.

— Rosalie y Emmett…

— Los enfermos, como olvidarlos —dejamos el baño tomados de la mano. Una señora que esperaba fuera nos dio una horrible mirada al ver que Ed salía del baño de chicas. Mi ogro le sonrió con diversión y jaló de mi mano suavemente—, vieja de mierda…

— ¡Edward!, Dios, que hice para merecer esto…

— ¿Qué?, ¿qué hice ahora? —negué con mi cabeza, no valía la pena decirle una cosa— Ella nos miró feo…

El salón estaba prácticamente repleto de gente, todos en sus respectivos asientos. Con Edward caminamos entre las mesas hasta dar con la que se nos había asignado a nosotros, junto a los novios. Saludamos a unas cuantas personas que estaban por ahí sin saber quiénes demonios eran, hasta que finalmente dimos con nuestra mesa. Rosalie y Emmett estaban ubicados en su lugar, creo que el grandote le estaba metiendo mano a mi amiga por debajo de la mesa ya que tenía una cara de orgasmo que te digo. Tanya lucía aburrida mirando a los tortolitos y bebiendo de una copa de champán. Me detuve de un golpe al ver a las demás personas que componían la mesa.

— No puede ser, ¿es enserio? —gemí audiblemente y escondí mi rostro en el brazo de Edward—, ¿es esta la manera en que Ángela me hará pagar el que tuviera que aplazar su boda cinco meses más? —Ed rió por lo bajito y siguió caminando— Es la mesa del terror, Ed, ¡del terror!

— No es tan terrible, pequeña, la panzona puede… —sus ojos se abrieron en shock— ¡Santa mierda!, demos la vuelta, tienes razón, es la puta mesa del terror, vámonos ahora antes de que nos vean… —sin poder rechistar él me dio la vuelta, mientras hacía lo mismo, y me instó a caminar.

¡Edward, hijo!

Se quedó de piedra al escuchar esa voz que yo tan bien conocía.

— Oh Dios mío… —murmuré, sonriente.

— Mierda, no —Edward gruñó y afianzó su agarre en mi mano mientras ambos nos girábamos para quedar cara a cara con la mayor creación del señor, amén.

Ahí estaba el buenote de Edward padre.

Tan malditamente cachondo como la primera vez que lo conocí.

Padre e hijo se miraron intensamente. Mi ogro frunció el ceño y me atrajo a su lado, su padre no perdió ese gesto de vista y sonrió perversamente, antes de girarse hacia mí. Juro que si no fuera por Ed estaría de culo en el suelo, algo tenía el caliente de su padre que con una sola mirada mis piernas se derretían como un helado en pleno sol y mis bragas se desintegraban. Debe ser la sonrisa patentada de los Cullen. Esa maldita sonrisa que incluso Lizzie tiene y que me hace ser lesbiana por ella. Edward padre lucía esplendido en un traje de un azul oscuro, no llevaba corbata y tenía los primeros tres botones de la camisa desabrochados. Como dije, yummy. Él se inclinó hacia mí y dejó un beso sobre mi sonrojada mejilla, me sentía como una nena de quince, pero ese hombre es un arma sexual, y combinado con el delicioso aroma de su perfume era simplemente letal.

— Así que finalmente tuviste los cojones para ganarte a mi pequeña… —me guiñó uno de sus hermosos ojos y con una de sus manos acarició levemente mi mejilla. El ogro arruinó mi momento de ensueño cuando quitó la mano de su padre de mi rostro de un salvaje manotazo.

— Y me haces a mí lavarme las manos, vaya a saber Dios donde coño estuvo esa mano… Coño, coño, ¿entiendes lo que digo Ishabella? —rodé mis ojos por sus absurdas palabras— Y ella es mía, nunca fue tuya, viejo de mierda, ¿dónde está mamá?

— Lo hubiera sido, lo hubiera sido si no tuviera a Lizzie conmigo. ¿Cómo pudiste ser tan estúpido para dejar a esta cosita pasar por tanto tiempo? Cabrón, si no te parecieras tanto a mi dudaría de la paternidad, porque eres un completo idiota, hijo… —mi ogro resopló a las palabras de su padre— ¿Te está tratando bien, princesa? Nunca tuvo mucho tacto, no se a quién carajos salió así tan… Tan… —gesticuló, apuntando toda la anatomía de Edward.

— ¡A ustedes!, ¡a quienes más si no!, ¡cada vez que llegaba a casa los encontraba follando en algún rincón!, ¿qué tipo de tacto quieres que tenga?, traumaron a un puto niño de ocho años, nunca necesité la charla porque lo había visto en primera persona, joder… —se estremeció levemente y su padre rió.

— Marica y llorón, agradece que te amo, hijo —desordenó el pelo de su retoño y luego volvió a mirarme—. Ya sabes lo que te espera pequeña, de tal palo tal astilla —guiñó uno de sus ojos una vez más—, los Cullen somos un poco bruto, pero ya vez a mi Lizzie, le va bien con eso —sonreí.

— Lo conozco hace bastante como para saber con qué encontrarme, pero muchas gracias por sus palabras de todos modos, señor Cullen —ambos hombres bufaron a la vez.

— Edward, llámame Edward. O papi, su lo prefieres, muñeca —sonrió ladinamente.

— Ella no va a llamarte papi, cabrón. ¿Dónde está mamá?

— Aconsejando a Ángela sobre su noche de bodas, ¿no has visto la cara de farolito de navidad que tiene la chica? Creo que tu madre le está explicando cómo hacer una buena mamada a su hombre —Edward padre me miró de reojo—, tu viste como mi mujer es una experta en eso, nena.

También había visto su polla.

¿Cuán enfermo puede ser que conozca la verga del papá del que ahora es mi novio y mejor amigo?

— Recuerdo ese día, quisiera no hacerlo, pero lo hago.

— Supongo que mi hijo aquí no tiene problemas en esa área —alcé una de mis cejas en su dirección tratando de entender sus palabras—. Una vez cuando tenía quince lo pillamos en su pieza corriéndose mano, el pobre no estaba muy bien de abajo, si me entiendes —reí sonoramente cuando Edward padre me mostró su dedo meñique—. Dicen que crece hasta los dieciocho, o una mierda así, ¿le resultó?, yo incluso me ofrecí a pagarle uno de esos tratamientos que salen en las páginas porno con solo dar un clic en el anunció, pero él no quiso —no quería mirar a Ed, probablemente estaba buscando un lugar donde esconderse o estaba pensando en mil maneras de matar a su padre lenta y dolorosamente. Edward se inclinó hacia mí para susurrar—, ¿aún tiene la polla chica?

— Edward, tu hijo… —solté una risita y carraspeé, tratando de ponerme seria— Él está bien.

¿Bien? —Ed tenía su cara de ogro cuando me giró para que lo mirara frente a frente—, ¿solo bien? —me encogí de hombros restándole importancia, solo para molestarlo— Iremos a ese puto baño y te mostraré que tan bien estoy, Ishabella —su padre soltó una sonora carcajada tras nosotros.

— ¡Ese es mi campeón! —caminó para interponerse en nuestro camino. Se puso en medio, separándonos, y nos rodeó a ambos con cada uno de sus brazos— Vamos a sentarnos, podemos seguir esta amena charla en la mesa con los demás.

Cuando nos acercamos a la mesa asignada, Edward padre volvió a su puesto junto a Lizzie, quien sonrió llena de felicidad y se puso de pie rápidamente para darle un caluroso abrazo y beso a su hijo. Luego hizo lo mismo conmigo, plantando un sonoro beso sobre mis labios. Ah, los padres de Edward eran tan raros, pero se hacían querer de una forma u otra. Lizzie seguía luciendo tan joven como siempre, me hacía pensar que tenía algún tipo de pacto con el diablo. Ella se veía demasiado joven, demonios, puede que yo me vea más vieja que ella, por todo lo santo. Tomé asiento junto a Edward, a mi lado estaba Tanya y a su lado estaba Rose, que estaba completamente perdida en su burbuja con Emmett.

— ¿Qué es lo que Emmett y Rose…

— Oh, no le queda mucho —comentó Tanya sin quitar sus ojos de mis amigos—, espera y verás mujer, hice una apuesta mental para ver cuánto le tomaba al mastodonte hacerla llegar en público, voy perdiendo, por cierto, pensé que le llevaría mucho menos pero…

¡Oh, Emmett!

Y ese, amigas y amigos, fue el gemido de mí querida Rosalie.

La mesa quedó sumergida en un silencio extraño. Rosalie estaba respirando con dificultad y sus mejillas estaban arreboladas, Emmett lucía como si se hubiera ganada la maldita lotería. Él chupó dos de sus dedos lentamente y luego sonrió, yo estuve a punto de tener arcadas o alguna mierda parecida. Era un cerdo asqueroso al igual que Edward, no me imagino porqué son amigos. Hice una mueca con mis labios y negué con mi cabeza, tratando de aguantar una sonrisita. Tanya levantó su pulgar hacia Emmett y escribió un número diez en una de las servilletas, mostrándole su apreciación. El grandote soltó una sonora carcajada y se inclinó para dejar un beso sobre la mejilla sonrojada de Rose, quién aún estaba en silencio, como asimilando lo que había vivido recién.

— La mujer muge como una puta vaca, deben haberla escuchado hasta en la mesa que estaba junto a los baños —Ed negó con su cabeza lentamente—. Y tampoco digamos que ese vestido te hace disimular mucho, Rosie, ¿sientes frío?

— Cállate, idiota, ya quisieras tú haber estado en el lugar de Emmett.

— Ugh, no, que asco —Ed hizo una exagerada mueca de repulsión.

— Yo hubiera estado encantado, mi hijo tiene algo de gay en su interior.

— ¡Cierra la boca viejo!

— Es verdad, hijo, incluso yo lo hubiera hecho. Rosalie, cariño, eres bastante hermosa y caliente, si me permites, mi hijo no sabe lo que habla, él tiene unos gustos raros —ouch, gracias mamá Cullen—, exceptuando por la pequeña aquí, siempre supimos que eras tú, princesa… —Lizzie golpeó a Edward hijo en el brazo— Pero este me salió medio lento.

— Gente, gente —suspiré— Estamos aquí por el matrimonio de Ángela y Ben —murmuré, haciéndolos callar a todos mirando a la pareja que nos observaba con genuina diversión—. Mira, esta boda debió haberse celebrado hace cinco meses atrás pero yo le jodí la nariz… —me giré a Jessica y Mike, que también estaban en nuestra mesa y habían permanecido al margen— Debería haberte hecho el favor, Jessie, mira como de hermosa le dejaron su nariz a Angie, cuando quieras tu solo me dices y yo aplico mi puño…

— Uh, n-no, gracias, estoy bien así…

— Bueno, yo no más decía, quería hacer algo bueno en esta vida —suspiré y volví a mi seriedad—. Estamos jodiéndola más aquí, la recepción está de maravilla, estoy segura de que con Edward nos perdimos las primeras palabras y el brindis oficial… —le di una mirada asesina, ¡todo por su culpa!

— ¡No fue mi culpa!

— ¡Si lo fue!, ¡nos perdimos la ceremonia en la iglesia también!

— ¿Ah sí?, ¿quién quería jugar con la espada láser un tantito más?

— Ya, bueno… —carraspeé, sintiendo mis mejillas enrojecer. No era necesario que él dijera eso frente a todos, por Dios— Ángela, Ben, siento que por culpa de Edward hayamos llegado tarde —escuché a Edward padre murmurar un "a las mujeres no se les contradice, solo asiente y sonríe" a Edward hijo cuando este último iba a refutar mis palabras—, así que, como el mal padrino que es, quiere dar un discurso de último momento en nombre de los dos.

— ¿Disculpa? —murmuró mi querido ogro, queriendo asesinarme con sus ojos. Se inclinó hacia mi oído y susurró— Te dije que soy un asco con las palabras, lo sabes de primera mano… Esta me la pagarás caro, pequeña, no creas que lo olvidaré —se enderezó en su lugar y sonrió falsamente— Lo que dice Bella, será un honor.

— Edward, no es necesario, estamos bien, sé que nos deseas lo mejor, con eso es suficiente —Ángela sonrió con empatía y dejó un beso sobre la mejilla de su ahora esposo—, ¿cierto, amor?

— Ángela tiene razón, sabemos sobre tu problema con…

— ¿Qué problema?, yo no tengo ningún puto problema.

— B-Bueno, Angie me dijo sobre tu problema con…

— A la mierda, voy a leer el puto discurso —agarró un papel arrugado que guardaba en su saco y luego apuntó a un muy temeroso Ben con su dedo índice— Yo no tengo un problema, diré el puto discurso y tu permanecerás en silencio y luego me aplaudirás, ¿está claro?

— C-Como el agua.

— Perfecto.

Edward se puso de pie bruscamente y carraspeó, tratando de llamar la atención de la muchedumbre. Cuando nadie le prestó atención, él volvió a carraspear pero esta vez mucho más fuerte. Nada. Le entregué una de las copas y le dije que golpeara con el tenedor en ella suavemente para que tintineara, él lo hizo, pero una vez más todo el mundo lo ignoraba. Era un tanto gracioso verlo perder la paciencia y murmurar entre dientes palabras mal sonantes hacia los invitados. Su último intento fue bastante fructífero, el metió dos de sus dedos a su boca y dio un gran silbido que hizo callar a todo el mundo, cuando estuvo consciente de que las miradas estaban sobre él, frunció el ceño y se giró hacia la mesa una vez más.

Cerró los ojos y contó hasta tres en un volumen bajo.

Carraspeó, dio media vuelta y luego sonrió abiertamente, levantando una copa vacía entre sus manos.

— Bien, ahora que tengo su atención, comenzaré con esta mierda —primera mala palabra, ya habíamos partido mal—. Se preguntaran que hace este idiota interrumpiendo sus banales charlas, bueno, se joden y me escuchan, así de simple —me cubrí el rostro con ambas manos y negué con mi cabeza—. Estamos aquí para celebrar el matricidio de Ángela y Ben, haría un brindis pero el champán ya debe estar en mi estómago en estos momentos —la sala rió suavemente por sus palabras—. ¿A qué no adivinan quién soy?, ¡soy uno de los padrinos!, la oveja negra de los padrinos, no alcancé a llegar a la ceremonia porque una señorita se entretuvo con su juguete preferido, ¿cierto, pequeña?

— Edward… —gemí, completamente avergonzada.

— Ella ama las espadas láseres, ya se los digo —la gente rio otra vez—. Ángela fue mi profesora cuando iba en secundaria —se giró para mirarla y le guiñó un ojo—, estábamos todos jodidamente prendados de ella, era una mujer caliente rodeada de pubertos enfermos que recientemente habían aprendido el arte de la masturbación, mala combinación —Ben sonrió y besó la mejilla de su mujer—, así que Ben, eres un cabrón afortunado.

— Concuerdo completamente contigo —Ben levantó su copa e hizo un salud a la distancia con Ed.

— ¿Qué puedo decir de la señorita Weber? —soltó una pequeña risita—, vería lo que escribí en este papel pero la puta dislexia aún me jode y no quiero quedar como un idiota. Fue exactamente por eso porque la conocí, ella me ayudó a que pudiera leer de corrido y no como un nene de primaria. Ella también me ayudó a conseguir a la chica que quiero, aunque le costara su nariz —Ed hizo una mueca y Ángela rió—, mi chica aquí tiene un gancho de miedo. Muéstraselos, Bella.

— Solo sigue con tu discurso, ¿sí?

— Vale, ella es tímida —murmuró, entornando sus ojos—. Les contaré un cuento, para que entiendan lo que quiero decir —carraspeó y prosiguió—. Érase una vez en un pueblo muy, muy lejano, donde una odiosa y exasperante princesa vivía buscando al príncipe de su vida luego de que conociera al sapo equivocado —él le dio una leve mirada a Mike y continuó—. Le conoció por montones, príncipes de distintos reinos, cada uno con un distinto maldito color, pero ninguno satisfizo sus necesidades, ni siquiera el príncipe cabrón. La princesa en cuestión tenía de amigo al ogro del pantano, un hijo de puta despreciable que no podía darle lo que ella merecía y que la jodía una y otra vez, el pobre idiota ni siquiera podía leer bien…

— ¿Qué estás haciendo? —murmuré entre dientes, ¡era la boda de Ángela y Ben, y él estaba haciendo esto!

— Cállate, déjame terminar —Ed hizo un gesto con su mano, mandándome a callar— Como iba diciendo —aclaró su garganta para seguir—, ¡ah sí! El ogro. El ogro quería a su princesa, pero él sabía que no era ningún príncipe marica, el ogro era sucio y gruñía por doquier, aunque el bastardo era el ogro más caliente de la vida —entorné mis ojos por sus palabras— pero ella solo lo veía como el amigo. Sip, habían mandado al ogro a la friendzone.

La gente comenzó a reír una vez más. Miré a Ángela con el ceño fruncido, ella me devolvió una mirada brillante y llena de diversión, se encogió de hombros y me hizo un gesto con la barbilla para que volviera a ponerle atención a las absurdas palabras de Edward. Era el peor discurso de la vida, él estaba hablando de nosotros en vez de hablar de la pareja que realmente importaba.

—… Y así fue como el ogro se quedó con la princesa, utilizando su larga herramienta —el movió las cejas sugestivamente—, ¿qué princesa puede negarse a eso? La princesa se dio cuenta de que le gustaba, por muy ogro que fuera, y el ogro saltó en un pie porque iba a tener un polvo seguro entre sus manos —golpeé su pierna con mi puño y él rió—, eso es lo que les dice a todos, al menos, debe mantener su imagen de villano —guiñó un ojo a su audiencia—. Porque muy en el fondo es un cursi de mierda, que solo quiere decirle lo mucho que la ama y que lo ha pasado de puta madre estos cinco meses junto a ella, pero los cojones aun los tiene en la garganta…

— Ya te dije yo que tenía algo de gay… —murmuró Edward padre a Lizzie, quien asintió a sus palabras.

— Y se preguntaran porqué carajos este idiota está contándoles esta historia —la gente rio a coro una vez más—. Yo soy el ogro, no sé si se habrán dado cuenta, y esta pequeña junto a mi es mi adorada princesa —se giró para acariciar mi mejilla con su mano— Te amo, princesa, te amo tan malditamente que prometo dejar los bóxers en el canasto de la ropa sucia de ahora en adelante.

— Edward… Ángela y Ben… —con mis ojos le apunté a la pareja.

— Lo sé, lo sé, ¡a eso voy! —sonrió y miró a Ben— Tu tampoco eres ningún jodido príncipe, de hecho, estás quedando calvo y estás bien feo —cubrí mi boca para amortiguar la carcajada que quería abandonar mis labios. Ed mentía, Ben no era feo, era agraciado el pobre hombre— pero Ángela te eligió, te eligió a ti en vez de a todos esos príncipes falsos que rondan el mundo, al igual que Isabella eligió al ogro. ¿Sabes por qué amigo?

— ¿Por qué nos aman? —preguntó Ben, no muy seguro de la respuesta.

— ¡No!, ¿es que no has puesto atención a mi historia?, ¡es la herramienta, hombre! —Ben se sonrojó furiosamente y los invitados volvieron a reír. Edward sonrió y luego levantó su dedo pulgar— Vale, estabas en lo cierto. Ellas nos aman, defectuosos y todo, no es una novedad que Ángela y tú se odiaban a muerte en el pasado…

— Si, bueno…

— Ya ves, a eso voy, ¿quién necesita un príncipe cuando se puede tener un ogro? —sus ojos brillaron con diversión— Sobre todo unos ogros tan cachondos como nosotros, oye, cualquier princesa estaría dispuesta a tenernos… ¿Cierto, señora… uh, usted, la de las arrugas en las arrugas.

Me golpeé mentalmente por cómo se dirigió a la ancianita que estaba en la mesa contigua.

— Por supuesto, guapo —la viejecita rió coquetamente.

— Así que Ángela —Edward volvió a retomar el discurso—, por experiencia propia y por confraternizar con un amigo, te digo desde ya que tú también eres muy afortunada al tener un hombre que te ama como Ben lo hace. Entre ogros nos entendemos, y estoy seguro de que te ama tanto como yo amo a Isabella, así que no tienes nada de qué preocuparte, serán jodidamente felices y comerán perdices hasta que tengan arrugas en las arrugas como la viejecita que me quiere llevar a su cama —la señora volvió a reír coquetamente y le tiró un beso al aire a Edward, quien lo atrapó en su mano y le sonrió con dulzura— ¡Por los novios!

— ¡Por los novios!

Y así se hizo un nuevo brindis, por los novios.

El bullicio nuevamente se formó, Ángela y Ben se pusieron de pie y se excusaron para ir saludando a los invitados mesa por mesa, como es la tradición. Antes de partir ambos le dieron las gracias a Edward y Angie murmuró algo a su oído que lo hizo sonrojarse adorablemente. Edward conversaba con sus padres por lo bajo, Tanya se había puesto de pie para ir a pedir algo a la barra libre, Rose y Emmett estaban nuevamente envueltos en su burbuja, así que estaba frente a Mike y Jessica, quienes me miraban sin saber que hacer del todo.

— ¿Cuántos meses tienes ya? —la pregunta salió de mis labios sin proponérmelo.

— Tengo seis meses ya —murmuró Jessica, acariciando su panza con dulzura. Sus ojos azules se posaron sobre los míos, una pizca de remordimiento y culpabilidad brillaba en ellos— Bella, yo…

— Esta bien, Jessie, olvídalo —le resté importancia a lo que fuera a decir con mi mano. Estaba segura de que ella se volvería a disculpar por los acontecimientos entre ella, Mike y yo—. Pasado pisado, ¿no?, ya no importa —sonreí con sinceridad—, ¿sabes lo que va a ser?

— Uh, bueno, uno será una niña…

— ¿Uno?, ¿es que son más?

— Son dos —sonrió con verdadera alegría—, mellizos, no sabemos si el otro será un muchachito o una nena, no quiso mostrarse en la ecografía —estaba un tanto aturdida por la información—, ¿estás bien, Bella?

— Oh, s-si… Dos… Whoa, qué genial.

— Lo es, ¿no? —comentó Michael, poniendo su mano sobre la abultada panza de su novia.

Sonreí y asentí, dándole la razón.

¡Ugh!, ahí están los celos otra vez, Isabella.

¡Todo era culpa de Edward!, ¡maldito ogro!, ¡ni siquiera me había pedido ser su novia! Y ahora venía con ese cuento en la recepción de los chicos, y decía que me amaba frente a todo el mundo, pero claro, estando los dos solos solo piensa con la cabeza colgante, ¿no?, estúpido, le amodio.

— Estás haciendo esos gestos extraños con tu boca, ¿qué te molesta ahora?

— Tú.

— Acabo de declararme frente a un sinfín de gente que en mi puta vida he visto y estas molesta.

— Sí.

— Bien, pues yo también lo estoy.

— ¿Ah, sí? —me giré hacia a él y alcé una de mis cejas—, ¿se puede saber porque demonios estas molesto también?

— Bueno, joder, no recibí y una mierda a cambió del numerito que me pegué. Un "gracias" o un "te amo igual" hubiera estado de lujo, ¿sabes?, no sé, demonios, lo que sea, en cambio recibo tu cara de culo porque estas molesta una vez más vaya a saber Dios porque carajos…

— Vete a la mierda.

— Estás siendo irracional, Bella.

— ¡Lo sé! —chillé exasperada—, estoy en mis días, déjame.

— Mentira, lo hubiera sabido —sonrió—, estuve ahí abajo, ¿lo recuerdas?

— ¿Bailemos?

— ¿Eres loca?

— Solo… Vamos.

Lo jalé de su mano hasta que se puso de pie y lo guié a la pista de baile. Sus padres nos siguieron al igual que Emmett y Rose. Estaban tocando una canción lenta, una de esas que te mandan a cortarte las venas porque hablan de un amor tan lindo que sabes no existe. Me comencé a mover lentamente al compás de la música, Edward solo me miraba con sus ojos entrecerrados, estaba parado ahí, sin hacer nada, solo observándome minuciosamente, como tratando de meterse en mi cabeza para saber en qué demonios estaba pensando y con qué cosa bipolar iba a salir ahora.

— Me va a explotar la puta cabeza de tanto pensar, ¿podrías decirme que está pasando?

— Solo abrázame —hice un puchero. Edward sonrió y abrió sus brazos para mí, me refugié en ellos y escondí mi cabeza en el centro de su pecho—, baila conmigo.

— Sabes que no se bailar, soy un asco, además le odio.

— Solo muévete de un lado a otro y ya está, no podemos estar de pie aquí sin hacer nada —Edward comenzó a moverse lentamente, aun sosteniéndome entre sus brazos. Sonreír y afiancé mi agarre en su cintura, suspiré cuando dejó un beso sobre la cima de mi cabeza— Gracias.

— ¿Por qué estás así, pequeña?, eres tan malditamente extraña.

— No lo sé, ¿vale?, debe ser por la boda, y por Rose y Emmett… Tal vez también sea por el bebé de Jessica… Todos están felices y les envidio… Les odio a todos hoy —murmuré sin separar mi rostro del calor de su cuerpo. Ed se quedó quieto nuevamente y me obligó a alejarme de él, para sostener mi rostro entre sus manos.

— ¿No eres feliz?

— ¡No dije eso!

— Si lo dijiste, pequeña, indirectamente, joder, seré disléxico pero no estúpido.

— No lo dije.

— Si lo hiciste.

— ¡No lo dije, Edward!

— Joder, si…

— ¡Que no!

— ¿Quieres ser mi novia?

— ¡Te dije que no lo… —fruncí el ceño y lo miré atentamente. Parpadeé un par de veces, creyendo haber escuchado mal lo que él había preguntado— ¿Perdón?, creo que no escuché bien… La música está un poco fuerte, tal vez fue eso, ¿qué me dijiste?

— Te pregunté si quieres ser mi novia, Ishabella —inflé mis mejillas y le di la espalda. Quería sonreír como una idiota pero no lo iba a hacer, no señor—, ¿me vas a dejar así?, joder, ya me dejaste con las ganas cuando me llevaste al baño a "hablar" y ahora esto… ¿Por qué me haces esto?

— ¿Por qué te tomó cinco meses hace la maldita pregunta?

— Las cosas buenas se hacen esperar —le di un pisotón a su pie, sin darle la cara aún— Vale, vale, tu dijiste esa noche que no hablaremos, que viéramos donde nos llevaba esto… Yo solo asumí que estábamos juntos, los hombres somos más simples, después Emmett me dijo que tenía que preguntarte porque a las mujeres les gusta esa mierda aunque ellas digan que no, Emmett me dijo que viven en el mundo al revés.

— Emmett es un idiota —murmuré— Y sí, quiero ser tu novia.

Di media vuelta y rodeé su cuello con mis brazos, acercando nuestros rostros para sellar la petición en un dulce beso. Edward enrolló sus brazos en mi cintura y me alzó en vilo unos cuantos centímetros para quedar casi a la misma altura. Sonreí contra su boca y él volvió a besarme una vez más, esta vez comenzó a moverse al compás de la música sin ritmo alguno. Él tenía razón cuando decía que bailaba como la mierda, por cierto, pero lo perdono, por supuesto que sí.

— Te amo, princesa, así que vete olvidando de esos jodidos príncipes. No creas que no sé qué aun te mensajes con Jacob, le partiré la cara cuando lo vea por pasarse de listo con mi chica.

— Aw, pero Edward, Jacob es un amor, es tan… lento para sus cosas, yo solo lo ayudo a entender más allá de sus músculos —entorné mis ojos— te amo también, por cierto, señor cascarrabias.

— Y cerrarás ese maldito blog.

— ¿Qué te hace mi blog?, tengo bastantes seguidores hoy en día, ya paso los quinientos, ¿puedes creerlo?

— No quiero saber nada más de tus príncipes, el blog se va. Además, a mí nunca me pusiste un color —murmuró con el ceño fruncido, completamente enfurruñado— Esa mierda no es justa.

Cada príncipe con su color.

— ¿Qué?

— Ese es el nombre del blog.

— Lo sé.

— ¿Cómo iba a ponerte un color cuando no eres un príncipe?, eres mi adorado —dejé un beso en sus labios—, cascarrabias y gruñón ogro. Además, tú eres un todo en uno, me sería difícil clasificarte con un color cuando tienes un poco de todo. Eres mi ogro multicolor.

— Menos rosa.

— Bueno, mamá y papá Cullen no piensan lo mismo…

— ¡A la mierda, no tengo nada de rosa!

— Vale, vale, lo que digas novio mío —besé sus labios una vez más—, ¿crees que Ángela y Ben se molestarán si clausuramos el baño de chicas por un momento?

— Ah, joder, estaba esperando que me preguntaras eso.

Me tomó en sus brazos y caminó a paso rápido entre la gente.

Mi ogro era un impaciente.


¡Buenas noches!

Después de mucho tiempo les traigo el último capítulo de esta historia :9 ¡Muuuuchas gracias a las chicas que me siguieron aquí también! El epílogo se los subiré mañana si puedo, ya que Di me envió los dos caps listos, listos jajajaa ¡muchas gracias a ti también Di, por otra historia beteada! Bueno, aquí llega el ogro y la princesa, espero les haya gustado, ya en el epílogo les dejaré las gracias correspondientes por su apoyo :3 Sobre las otras historias, me enfocaré con 321 ahora que terminé con esta, y Forks Ink, bueno, con esa no tengo problemas, de hecho peleo para que ya no se me ocurran mas cosas que escribir (?) jajajaja yyyyy... Sobre el olderward que estoy escribiendo, aún no lo subiré, no quiero estar colapsada, pero les avisaré por el grupo o por aquí en alguno de los capítulos de las otras historias, así que no se preocupen, que sabrán de todas maneras cuando este colgado

¡Nos estamos leyendo chicas!

¡Muuuchas gracias a todas chicas por sus reviews, alertas y favoritos!

Lamb.