Tom Riddle y las tarjetas de visita

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Aghm…(bostezo) ¡Ea! Qué diantre, ya están aquí los lectores, y yo sin haber terminado de escribir el resumen inicial, mecatxis.

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5- Típica explicación final

Harry Potter abrió la puerta y entró en el despacho de Dumbledore jadeando y empapado en sudor. Cerró tras de sí y oyó, al otro lado, el griterío de las fans, que le habían perseguido hasta Hogwarts. Harry creía que la escalera de caracol les obligaría a subir despacio, a velocidad de caracol, pero –incomprensiblemente- no fue así. Se lanzó contra la puerta, empujando para que no la abrieran. Para pasar el cerrojo, tuvo que soltar la toalla –único atuendo que le vestía desde que había sido convocado, por error, por Voldemort, cuando se estaba duchando- y su cuerpo adolescente y virginal (exceptuando los típicos tocamientos impúdicos) quedó al descubierto. Harry miro hacia le mesa del director, y allí donde debía haber estado el director de Hogwarts, no estaba… ¡Había media docena de personas! Y todas le vieron el cacahuete a Harry que corrió (ehem) a taparse sus vergüenzas. Se tapó con una revista que cogió al azar de montón que había allí, a sus pies. Para su desgracia, era una revista del mundo mágico gay (requisada a unas alumnas de Hufflepuff… ¡ah, las Hufflepuff, son todas una salidas!). Harry desplegó la revista ante su desnudez, sin percatarse que en el póster central aparecía una foto de Harry desnudo. Se trataba de un fotomontaje que ponía la cara de Harry al cuerpo de un gigante (donde todo, como supondréis, era gigante).

La profesora McGonagall se cubrió el rostro tras lanzar una exclamación; los habitantes de los cuadros se largaron y Fawkes, el ave fénix, se murió del susto.

Hermione miró con interés (todo le interesa a esta chica); Ron se deprimió (para variar); Dumbledore se ajustó las gafas para ver mejor y Hagrid se sintió acomplejado (él sólo era medio gigante). El único que no se inmutó fue Snape.

Hacía años que Snape había hecho unos estratégicos agujeros en las duchas de Hogwarts y solía espiar a los alumnos de ambos sexos mientras se duchaban; ¡en todos estos años había visto tantas cosas que nada le alteraba!

- Harry, Harry –dijo Hagrid tirando de una de las polvorientas cortinas del despacho– deja que te tape un poco.

- No hace falta –dijo Harry recuperándose- Ya tengo esta revista –y al moverse, el gigantón Harry del póster central, hacia mover su trompa gigante (trompa-trompa, que diría Sin Chan).

Hagrid cubrió a Harry con la polvorienta cortina, que no había sido lavada desde que Dumbledore le salieron los primeros pelos de la barba.

- Propongo –dijo Snape-, que se quiten cinco puntos a Gryffindor. Pues el señor Potter ha entrado sin llamar.

- Siempre dispuesto a quitar puntos a mí casa, Severus –dijo Minerva McGonagall.

- Haya paz… -intervino Dumbledore- seguro que Harry tenía un razón para venir a toda prisa. ¿Tienes diarrea, Harry?

- ¡Qué va a tener! –dijo Hermione- ¡Le perseguían unas chicas!

- Lo dices como si te importase –se quejó Ron.

- ¿Crees que me importa? ¿Eh-eh-eh? ¿Qué me importa a mí? ¡Pues claro que me importa! ¡Como que me no importa! Y es más, ¿no te importa a ti?

- Hermione –musitó Ron- tus silogismos me marean…

- Propongo –dijo Snape-, que se quiten cinco puntos a Gryffindor, pues estos dos no paran de discutir.

- ¡Profesor! –dijo Harry cuando se hubo recuperado- ¡Voldemort…!

McGonagall y Hermione sacaron sus varitas. Ron y Snape corrieron a esconderse bajo la mesa. Fawkes, que había resucitado, volvió a morirse del susto.

- ¡Hay que salvar a Fang! –dijo Hagrid y se arrojó por la ventana, pues la caída libre desde el despacho de Dumbledore era el camino más rápido hacia su cabaña.

- Haya calma, haya calma –dijo Dumbledore-. ¿Quieres contarnos algo importante, verdad Harry?

- Es Voldemort, señor. Por un… por un extraño error, he sido convocado por él… por accidente.

- A lo mejor te convocó porque te dejaste convocar –le riñó Hermione, luego dijo- Ron, sal… ¿no ves que Voldemort no está aquí?

- No me escondía ¿vale?, ayudaba al profesor Snape a… a lo que fuese que quería hacer bajo la mesa.

- ¡Os digo que Voldemort me ha convocado y le he visto!

- ¿Y qué hacía? –pregunto McGonagall, guardando su varita en su escote.

- Quería que yo testificase que él fue Tom Riddle ante un muggle.

- Pues vaya… -dijo Ron.

Todos parecieron algo decepcionados. Harry, furioso porque no comprendieran la gravedad del asunto, la gravedad de lo que había visto y oído, arrojó la cortina y volvió a zarandear la revista. (Trompa-trompa).

- ¡Voldemort y un muggle! ¡Quizás aliados! O… o quizás ese muggle ya está muerto…

- No está muerto –repuso McGonagall-, Harry, todo eso que nos cuentas ya lo sabemos. El profesor Snape, que estaba allí con tu capa de invisibilidad, ya nos lo ha contado todo.

Se quedaron en silencio. Harry, sintiendo que se había precipitado y que había hecho el ridículo, decidió expresar todos los sentimientos que le oprimían el corazón, a la vez que todas las sensaciones que había padecido desde que fue encerrado en el cuarto de las escobas por su tío. Así que dijo:

- Ahm…

- En realidad –dijo Snape-, eso ocurrió durante las vacaciones. Y hace dos semanas que terminaron. Para venir perseguido por unas fans locas, ha venido muy despacio, señor Potter. Siendo así, propongo que se quiten cinco puntos a Gryffindor por…

- Bueno –dijo Dumbledore-, eso ya no importa. Ahora que Harry ya se ha calmado, podemos seguir con al reunión que teníamos…

- ¿Una reunión? –preguntó Harry, avanzando hacia la mesa- ¿Para detener a Voldemort? ¿Cómo actuaremos?

- No, Harry –dijo Hermione- estamos reunidos para preparar el partido de Quidditch de la semana que viene entre Slytherin y Gryffindor.

Harry pasó su mirada por los profesores. Se percató entonces que McGonagall llevaba una camiseta de Gryffindor con el siguiente lema: "Chorrearemos a Slytherin". Y Snape, llevaba unos raídos guantes de Slytherin y una banderita en que se leía: "Si eres un perdedor, eres Gryffindor, pero si eres hijo de serpentín entonces alégrate, eres Slytherin".

- Por si te preguntas qué hago yo aquí –dijo Hermione señalándose con el dedo- es porque soy una metomentodo. Y como no me habían invitado a la reunión, pues he venido.

Harry miró entonces a Ron, que le esbozó una tímida sonrisa.

- Y Ron –continuó Hermione-, ha venido conmigo porque necesitaba alguien que me sujetase los libros. ¡Ron, los libros!

- Pero… pero… -hizo Harry- ¿Y Voldemort? ¿Y su… plan?

- Voldemort sólo ha ido a una imprenta muggle –dijo Dumbledore-. Ha encargado unas tarjetas de visita. El profesor Snape nos ha traído algunas de muestra. Toma.

Dumbledore le tendió una tarjeta de visita. Se veía un riachuelo y unas florecillas, y en un rincón había un fideo pintado. En la tarjeta se podía leer: "Tom Ridddle"

- ¿Por qué hay tres letras d, en Riddle?

- Una errata de imprenta –dijo Snape-, Voldemort se ha enfadado mucho y ha dicho que no piensa volver ha encargarles nada. Estaremos tranquilos una temporada porque tiene que deshacerse de dos mil tarjetas erróneas. De momento, las han llevado a mansión Malfoy.

- Así es –corroboró Dumbledore.

- Entonces, si todo ha acabado –dijo Harry mirando a Snape-, supongo que ya puede devolverme la capa de invisibilidad.

Con gran agilidad, Snape sacó la capa de su bolsillo. Se la echó encima y dijo:

- ¿Devolverte el qué? Jajaja… ya no puedes verme Potter.

- Severus –dijo McGonagall-, se te ven los zapatos.

Entonces los zapatos desaparecieron, señal que Snape se había agachado. Todos seguían con la mirada el sonido de sus pasos, aunque no se le veía, era evidente que Snape se iba hacia la puerta. De repente, la puerta se abrió, saltando por los aires el cerrojo que Harry había cerrado, y Hagrid, como un tornado, se precipitó dentro del despacho, llevándose por el camino a Snape, al que –obviamente-, no vio.

- Que no se preocupe nadie –dijo Hagrid-, ¡Fang está a salvo!

Enredado con la capa, Snape intentó recuperar su dignidad pero fue arrollado por una oleada de fans psicópatas que se abalanzaron hacia la trompa de Harry.

Y en este punto abandonamos el relato, pues lo que ocurrió a continuación es demasiado previsible para todos nuestros lectores (y en especial, para nuestras lectoras de Hufflepuff).

-fin-

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Y aquí termina esta intrascendente historia acerca de por qué las mazmorras de la mansión Malfoy están llenas de cajas de tarjetas de visita con una errata. Un tema apasionante donde los haya.

Y en el siguiente capítulo, un poco de publicidad de la teletienda (de la fictienda de Lucius Malfoy, quiero decir). Un micro espacio de divulgación titulado: Economía de bolsillo; con Lucius Malfoy.