Dia 10_
Blaine se sentia incomodo al principio pero no tardo en acostumbrarse a la casa de los señores Hummel, había sido acogido mejor de lo que esperaba y ya era el segundo dia que se encontraba allí, la segunda noche que dormia bajo su elegante techo. La tarde anterior recibieron una llamada de Cooper que viajaba hacia allí pero que había tenido que quedarse en un hotel a mitad de camino porque su auto se había estropeado por lo que llegaría seguramente la mañana siguiente, los Hummel se preocuparon porque no le tenian mucha confianza al chico pero acabaron serenándose para disfrutar la cena conmigo, su invitado. La señora estaba convencida de que yo era hijo de un importante inversor del señor y, además, amigo de Kurt por lo que su trato era de lo mas considerado. Sus ojos eran igual de azules y hermosos que los del castaño, la paz y la sonrisa seguramente había sido heredada de su madre también. Lo único que tenia en común con su padre era su cabello, sarcasmo y buen gusto, no podía haber dos personalidades mas opuestas teniendo en cuenta sus demás características. El señor era frio y poco expresivo, casi no hablaba y cuando lo hacia era generalmente para quejarse, sin embargo se había comportado ms agradable con Blaine de lo que había sido con cualquier otro invitado que hubieran tenido y esto sorprendia a su mujer.
Lo primero que había hecho Blaine al despertarse fue salir furtivamente de su habiatacion y dirigirse a la de Kurt, incluso sabiendo que el no estaba allí (los Hummel le habian contado en la cena que, por la llamada de Cooper, imaginaban que Kurt había vuelto a huir y que seguramente se encontraba en la casa de Wesley). Un atisbo de celos rondo por su mente al recordar aquello, nada le enfurecia mas que pensar en Kurt durmiendo en casa de otro chico tan unido a el como su mejor amigo, cenando juntos y riendo, siendo consolado por el otro mientras le contaba las penas de su vida. El morocho apretó sus puños y suspiro para quitarse aquellos pensamientos de la cabeza, se sento en la cama de Kurt y le dio un vistazo a la habitación vacia. Era todo perfecto, impecable; un escritorio ordenado junto a una inmensa biblioteca, una estantería con CDs sobre la mesa de luz que lucia una lámpara roja en combinación con las cortinas y un tocador repleto de cremas y perfumes con toques en bordo y dorado al lado del armario rojo. Blaine lo abrió para encontrarse con el dulce aroma de Kurt impregnado en la exagerada cantidad de prendas ordenadas por color que tenia colgadas en perchas, todo magníficamente ordenado y reluciente. Tomo una de ellas y absorbió el olor cerrando los ojos para concentrarse justo en el momento en que el señor Hummel abria la puerta del cuarto cuidadosamente para encontrárselo en aquella ridícula situación, oliendo la ropa de su hijo. Blaine no reparo en su presencia, el hombre tan solo sonrio bajando la cabeza y salio antes de ser descubierto.
Cuando los Hummel lo llamaron para desayunar, Blaine bajo las escaleras de buen humor y les deseo un buen dia con una de sus alegres sonrisas, que los señores fueran mas bien frios y elegantes no significaba que el tuviera que dejar de comportarse tan extrovertido como de costumbre. Esto agradaba a la señora que, luego de acabar, permitio que el chico ayudara a los criados a recoger la mesa y limpiar los platos. No parecía hijo de una importante figura, era espontaneo, alegre y vivaz y esto sorprendia y agradaba a la mujer que de inmediato le tomo cariño.
"Además de su belleza, las rosas tienen muchas virtudes medicinales y sirven para hacer dulces, mermeladas y, en muchos lugares, también se usan para aromatizar las comidas". Explico el chico mientras ayudaba a los criados en el jardín, dándole forma a los arbustos y cosechando vegetales del invernadero del patio trasero de los Hummel. La señora lo veía desde la ventana, llena de curiosidad, preguntándose cuando podría conocer mas a aquel misterioso muchacho. Quienes trabajaban en la mansión lo adoraban y perseguían por todas la habitaciones, las mucamas y jardineros le pedían consejos mientras que las cocineras lo llamaban para que probara los platos nuevos y comentara al respecto. El, siempre con sus sonrisas y encanto, les brindaba igual de cordialidad que a los señores y opinaba con su frescura respecto a cada tema ya que el campo le había hecho tener conocimientos generales desde plantaciones y mecanica hasta tareas domesticas y carpinteria. El señor Hummel tampoco había dejado de observarlo desde la ventana de su oficina, no le había quitado los ojos de encima desde que había pisado su casa por primera vez. Iba a echarlo pero vio en su mirada, en la suplica de su rostro, una parte de el que había quedado enterrada en su pasado.
Esa noche Blaine fue llamado al despacho del señor Hummel y, aterrado pero con seguridad, entro cerrando la puerta tras de si y sentándose del otro lado del escritorio. El señor se volteo y lo atravesó con la mirada, era momento de hablar, ya lo había decidido: "Blaine Anderson, tus ojos me dijeron que puedo confiar en ti y vas a escuchar de mis labios un secreto que jamas he dicho en voz alta y que no sabe nadie mas que yo mismo. Es una verdad triste que he intentado esconder todos estos años, que nadie imagina y que podría arruinar todo lo que he logrado hasta el dia de hoy". El señor hizo una pausa para contemplar la mirada confundida del muchacho y enseguida retomo dejándole completamente aturdido y desorientado:
"El secreto es que yo… a mi también me gustan los hombres, soy gay".
