Y hasta el final de los días_
Blaine se ajustó la moña roja antes de salir de la casa, no había dejado de lado su amor por la industria de la moda aunque se hubiera jubilado hacía tiempo. Sonrió cuando vio a Kurt esperándolo en la puerta, apoyado en ella con la vista perdida en las calles vacías del pueblo, tan distintas a las transitadas de la Gran Manzana "¿Estabas pensando en ellos?"
"Si, siempre lo hago" Contestó el castaño volteándose y colocando su brazo alrededor del de él como de costumbre, luego de que ambos hubieran dejado sus trabajos se habían mudado a donde los padres de ambos solían vivir, al lugar en donde se habían conocido y formado tan lindos recuerdos. Allí se habían dedicado a compartir cada instante de su tiempo juntos; mientras Kurt tocaba el piano, Blaine dibujaba con la cabeza apoyada en su regazo. Mientras Blaine preparaba la comida, Kurt lavaba los platos o hablaba por teléfono con sus pequeños (que ya habían crecido y dejado la casa para entonces) y cada tarde, sin importar las tareas que cada cual tuviera, dejaban un tiempo libre para salir a caminar juntos, recorrer los alrededores en bicicleta y conversar. Nunca se aburrían de pasar tiempo juntos sin importar lo que hicieran, los años solo habían logrado hacer de sus sentimientos algo más profundo cada vez.
"Pensé que, con lo mal que le iba en los estudios, sería complicado para Allan en el futuro pero Lily lo cambió por completo y ahora que van a ser padres por segunda vez parece que, cada vez que me lo encuentro, es un hombre completamente distinto al pequeño que me hacía un berrinche o me inventaba una excusa diferente cada mañana para no ir a la escuela" Sonrió Kurt encogiéndose de hombros mientras ambos se internaban en el bosque.
"Lamento que Sebby no haya encontrado a la persona indicada todavía" Agregó Blaine apoyando su cabeza en el hombro de su esposo cuando este se detuvo frente al árbol, mirando hacia arriba antes de intentar subir "Pero supongo que es feliz de todas formas haciendo lo que más le gusta, no podría estar más orgulloso de verlo brillar en los escenarios" Dijo y Kurt asintió porque también estaba lleno de orgullo por él, por todos ellos en realidad. Sebastian había logrado entrar a NYADA y era ahora un joven talentoso, participando en tantos musicales como su más grande ídola y tia, Rachel Berry, de quien había aprendido tanto cuando joven.
Era el único de los hermanos que seguía en Nueva York porque Lizzie, se había casado con un muchacho muy inteligente que había conocido en la prestigiosa Universidad en la que había sido aceptada con honores, y ahora viajaba de un lugar a otro yendo y viniendo de una conferencia a otra. Allan se había establecido en Paris en donde había sido aceptado por el equipo de fútbol en donde su suegro había jugado de joven, Lily lo admiraba mucho y él estaba loco por ella quien tenía una habilidad especial para con los niños a quienes enseñaba en el jardín frente a su casa. "Este lugar no ha cambiado nada, me siento un adolescente cada vez que volvemos" Admitió Kurt trayendo a su esposo de nuevo a la realidad.
"Lamento que hayamos pasado tanto tiempo lejos de aquí, no puedo evitar extrañar a papá, Carole, a tus padres" Susurró Blaine con tristeza mientras lo ayudaba a trepar "Sé que los visitábamos seguido y que Nueva York era lo que ambos más deseábamos pero este es, sin duda, nuestro lugar en el mundo. Es donde empezamos, donde terminaremos"
Kurt asintió ayudándolo desde arriba y sentándose a su lado una vez dentro de la casa del árbol, podría decir sin miedo a equivocarse que ese era su hogar. Blaine lo era en realidad, sea donde sea que estuvieran. "Es inevitable, siempre nos ponemos más melancólicos cuando se acerca la navidad, siempre los echamos de menos. Este año la mesa estará aún más llena que de costumbre, de todas maneras, porque se nos unirán otros nuevos amigos de Liz" Explicó Kurt. Celebrarían las navidades allí, como de costumbre, y vendrían todos: Cooper con su esposa, hijos y nietos. Sebastian, su esposo, Lily con Allan y sus hijos. Brittany, Santana (con quienes habían seguido en contacto luego de que ambas se trasladaran a Nueva York, a tan solo unas pocas cuadras de su apartamento), su hija mayor y sus hijos gemelos. Rachel, Finn y su hija. Elizabeth con su esposo, sus amigos y el pequeño –pero ya no tan pequeño- Sebby.
"Será una locura, como siempre" Blaine rodó los ojos y dedicaron los próximos minutos a ver el atardecer desde la ventana de la casita de madera, en silencio.
"¿Podemos quedarnos aquí esta noche?" Preguntó Kurt haciendo a su esposo alzar una ceja, el dolor de espalda sería un infierno a la mañana siguiente y más a su edad pero no pudo dejar aquellas quejas escapar de sus labios cuando sus ojos se encontraron con los azules del castaño, no podía negarse a la magia de ellos.
"Por supuesto" Contestó tomando su barbilla para besar sus labios "Te amo, Kurt. Te he amado siempre y lo seguiré haciendo hasta el final de nuestros días"
"No es como si faltara mucho para eso" Bromeó Kurt pasando su brazo por el hombro del otro y poniendo su cabeza sobre la suya "También yo. Siento que toda la felicidad de mi vida te la debo a ti, me hiciste el hombre más feliz del mundo. Y aún ahora seguís enamorándome a cada minuto que pasa, un poco más que el anterior. Enserio, te amo tanto, Blaine"
Luego de esa noche, ambos se quitaron las alianzas de compromiso con aquellas moñas doradas que una vez habían intercambiado en el altar y las ataron fuertemente allí porque no querían que se perdieran una vez que ellos no estuvieran para cuidarlas o que su amor se extinguiera en el olvido cuando no estuvieran los dos para alimentarlo cada día. Ese acuerdo fue secreto y, cuando en navidad sus amigos y familia hubieron reparado en aquél detalle –si es que lo hicieron- ellos perfectamente podrían haber culpado al despiste de la edad asegurándoles que los habrían perdido por ahí y que luego las buscarían.
Y así es como termina la historia de amor de una pareja como cualquier otra, que se amo más que ninguna y con más intensidad que todas juntas. Los años siguieron pasando y el mundo se olvidó de Kurt y Blaine con el tiempo, pero un amor tan fuerte como el suyo no podrá jamás ser superado y las moñas de sus alianzas seguirán unidas en la casa del árbol en las que fueron atadas. Así por el resto de la eternidad.
