2

Natsu tarda más de lo previsto, como él lo había anticipado, por lo que toma un pequeño descanso bajo uno de los cedros del jardín, dejando escoba, recogedor y una bolsa sobre el follaje. Su cara, deslumbrado por un sol, que trata de ocultarse, apenas filtra sus rayos de luz entre las ramas y hojas de secuoyas que cubren casi por completo esta bella ciudad como un domo, emana sudor esporádicamente. Pasa una mano sobre su frente sudorosa y lo seca en su playera. Se hace de nuevo con la escoba, recoge las gracias de la pequeña, pero mortal criatura perruna creadora de heces, con un pequeño recogedor —tan pequeño que es necesario encorvarse para alcanzarlo—, coge el último trozo fétido y da por concluido su castigo, justo al lado de la valla de concreto que se alza entre el patio y la calle. Le convendría bastante bien ahora un vaso de agua fría, siente que podría recoger todas las heces de todas las casas del vecindario por un insignificante vaso de agua, o solo mataría por una, da igual, resultaría se lo mismo al fin y al cabo.

Durante la casi media hora que Natsu hizo limpiando el patio, fue capaz de darse cuenta de que en toda la tarde reinó una absoluta tranquilidad, de las más normales que hace en este concurrido e inhóspito vecindario. Que a la larga ha infundido algo de miedo con el transcurso del tiempo. Y no solo para él, sino también para algunos cuantos de sus residentes. Quizá no muchos lo notaran, podrían ser pocos realmente, pero Natsu no es ningún tonto y sabe sobre la situación en la que se encuentra su pequeño 'hogar', o por lo menos cuando era un sitio pequeño en sus años de niño y ahora no es más que otra ciudad que aspirar convertirse en una de esas monstruosas mega ciudades con tan altos índices de delincuencia y contaminación.

Natsu, turbado por ese horrible sentimiento que lo anima a tentarse al horror, alza la cara hacia lo alto —por última vez antes de meterse a la casa— para ser bañado por las precipitadas ráfagas de haces de luces del Sol, que se filtran de las oscilaciones de las hojas, e inhala profundamente ese aire tan puro y fresco, que dentro de unos cuantos años más será tan hediondo y casi irrespirable. Natsu, con sus ojos rasgados desinteresados, ya lo ha visto. Vaya futuro, piensa y lo olvida inmediatamente haciendo caso a las súplicas de su yo interno dentro de la cabeza sin titubeos, y permite que sus oídos perciban el murmullo del viento para que se apodere de su perturbada mente y pueda tranquilizarlo. Hace una calma exuberante... demasiado diría él. Que extraño.

—"¡Ah! Hola, Natsu" —desde el otro lado de la valla, a tan solo escasos centímetros del chico, la voz de una chica lo llama rebosante de alegría— "¿Qué ves?"

Él joven se espanta, abre los ojos desesperadamente y se vuelve rápido hacia la valla de concreto. Al principio, sorprendido por haber sido encontrado haciendo el ridículo, se avergüenza, lo que hace poner roja su cara considerablemente como un tomate. Cuando sus ojos se encuentran con una chica peliblanca de cabello corto, montada sobre una bicicleta —nada más viendo el conjunto que usa, una ligera blusa blanca, la cual se trasparenta, y un pantalón corto de mezclilla, que deja a la vista de muchos sus largas piernas, la reconoce enseguida—, y que está poniendo atención hacia arriba como interesada en saber lo que él está viendo, la vergüenza desaparece en seguida y se torna en un sentimiento de ira. Enarca las cejas.

—Natsu: "¿Qué estás haciendo aquí, Lisanna?" —se dirige hacia ella malhumorado, con tono de displicencia— "¿A dónde vas con esa bicicleta?"

Más que enojado parece irritado.

La chica baja la cabeza, vuelve sus grandes ojos azules a él para verlo y con las cejas enarcas esta responde:

—Lisanna: "Qué clase de saludo es ese, ¿ah?" —acercándose, con todo y bicicleta, la chica se apoyo en la valla para encararlo.

—Natsu: "Dime por favor que no te has escapado por la ventana" —su tono de voz se torna de desprecio a serio.

—Lisanna: "No... salí por la puerta, como toda la gente normal" —en efecto no había ni pizca de culpa en la forma en que lo dice.

—Natsu: "¿Cuándo vas a aprender?" —suspira y le lanza a la chica una mirada de compasión. Tratando de no mirarle el escote, que parece muy tentador no hacerlo cuando eso es lo que desea, ¿será de encaje? Rápidamente sube la mirada para verla a los ojos.

—Lisanna: "Eso ya pasó, ¿sí? No hicimos nada malo. Solo estábamos tomando un pequeño paseo. Eso es todo."

—Natsu: "¿Qué te detengan con un chico guapo mayor de edad por fumar y conducir mientras bebe y más estando a solas con una menor de edad no es nada malo? Y si hubiera pasado algo malo, no lo sé, y si se hubieran estrellado contra un árbol. Es un milagro que no estés en la cárcel. ¿Tú qué crees que hubiera pasado con Elfman, o peor aún, con Mirajane? "

—Lisanna: "No puedo ir a la cárcel, soy menor de edad y no estaba tomando"

—Natsu: "Bueno, es un milagro que él no esté en la cárcel... Porque él no está en la cárcel, ¿verdad? —echa una mirada furtiva a la chica, la que ignora esta de inmediato cuando siente la mirada amenazante del chico. Mientras él confirmaba lo que deseaba observándola viendo como apartaba la mirada. A la calle para ser exactos.

—Lisanna: "E-escucha, en primer lugar Bickslow tiene permiso para conducir y sabe hacerlo muy bien. Además, estaban Freed y Evergreen con nosotros. A-así que no estábamos del todo solos... y segundo. Mirajane ya está bien. Por fin pudo salir de su cuarto y ahora cena con nosotros en la mesa" —un ligero rubor adorna su rostro después de mencionar lo de estar a solas, que desaparece como por arte de magia siendo remplazada por una cara de irritación después de comenzar a hablar sobre su hermana.

—Natsu: "¿Cómo está?" —luego de haber tratado a Lisanna de forma despreciable, como a una criminal, olvidándolo todo hasta ahora todo enojo y aversión contra ella con tal de poder saber cómo se encontraba la hermana de esta.

Puede que Lisanna no haya tenido la intención en el fondo de sacar el tema sobre si su hermana se encontraba mucho mejor para poder cambiarle el tema a Natsu, o tal vez incluso puede que lo haya tramando desde el principio, pero fuera como fuese había resultado, y muy bien para su propio beneficio. Y aprovechando de la invalidez de su propia hermana le contó hasta donde supo.

—Lisanna: "Está mejor, no tan pero tan bien, pero por lo menos ya puede salir del cuarto y andar por toda la casa como normalmente lo haría. No sé, es como si su espíritu hubiera sido devuelto. Como si alguien la hubiera despertado de su trance después de tres largos años"

—Natsu: "¿Cómo? ¿Quién?" —estaba tan desesperado y a la vez preocupado que no se dio ni cuenta en qué momento se había acercado a la valla, muy cerca de donde se encontraba la peliblanca. Casi estaban cara con cara, un poco más y sus labios podían tocarse hasta fundirse en un beso. Lo que hizo retroceder a la peliblanca después de sentirse incómoda observando directamente a los ojos jades de su amigo, que temblaban desesperadamente.

Todo pensamiento deja de producirse en la cabeza de Natsu para dejar fluir sus emociones. Parece incluso imposible desalentarlo, está extasiado por la necesidad de saber. Tanto es así que ni el escote de Lisanna puede desconcentrarlo, está aferrado viendo directamente a los ojos nerviosos de la chica.

—Lisanna: "No lo sé. Es extraño. Pero tengo mis propias sospechas..." —con tono receloso la joven termina estas últimas palabras— "El otro día entré a su cuarto. Elfman me convenció de entrar y hablar con ella, harto después de haberlo intentado él tantas veces que ya ni se acuerda cuántas. Cuando entré ella estaba sentada frente a la ventana que da hacia el patio de enfrente, viendo con ojos vacíos hacia la nada, pero inquietamente sonriendo. Al principio me asusté un poco, no la había visto sonreír desde hace mucho, desde ya sabes cuándo y hablé con ella o por lo menos lo intenté...

—Natsu: "¿Qué dijo? ¿Cuándo fue eso?" —interrumpe con el fin de saber con exactitud el tiempo de la historia mientras la chica siente una ola de envidia por dentro.

Natsu nota el visible enojo en el comportamiento de Lisanna, algo malo, mórbido, lo hace enorgullecer por dentro. Al fin y al cabo para Natsu esta chica se lo merece por todos sus pecados. Y ya es hora de que ella pague por ellos.

Puede que no sea muy obvio, pero la verdad es que Mirajane Strauss, una bella mujer que ronda no más de los veinticinco años, es una persona especial e importante en la vida de Natsu Drageneel cuando era tan solo un niño y que le guarda cierto afecto. No solo despertó en él la pasión de su imaginación, sino que también lo inició en la lectura. Fue gracias a esa mujer que ahora es que le encanta tanto leer y escribir. Y, aunque él no lo sepa, puede que hasta incluso sea su primer amor.

—Lisanna: "Creo que fue por ahí del miércoles, y no dijo nada ¿por qué tanto interés?"

—Natsu: "Por nada, pero el otro día, que fui a comprar, pasé por ahí y vi tu casa. Por un instante me sentí vigilado, así que me volví para ver y creo estar seguro de haberla visto. Me paré solo un momento y la saludé desde la valla. No puedo estar seguro de si respondió o no a mi saludo, pero estaba casi seguro de que era ella"

—Lisanna: "Eso explica mucho..." —tomando un aire de duda, la chica se lleva una mano bajo el mentón y la otra bajo el codo de este, meditabunda, y se queda perdida en sus propios pensamientos hasta que Natsu la interrumpe.

—Natsu: "¿Explicar qué cosa?" —volviendo con la mirada fija y exasperada hacia Lisanna le pregunta a sabiendas de que todavía tiene que obligarla a dar media vuelta y asegurarse de que regrese a su casa.

—Lisanna: "No, nada. Tengo que irme" —remueve sus delicados cabellos plateados que le estorban la vista, se impulsa con ayuda de la planta de su pie dando una patada a la valla pintada de verde y se monta sobre su bicicleta, lista para marcharse.

—Natsu: "Sí, a tu casa y ahora" —espeta este, con tono malhumorado.

—Lisanna: "Por favor, es tan aburrido estar en casa" —creyendo que funcionaría con Natsu, esta le regala una sonrisa, arquea su largo cuerpo sobre la bicicleta repasándolo con sus manos para seducirlo, haciendo uso de sus habilidades como las usa cuando está con Bickslow.

—Natsu: "Tu hermana te necesita. No le hagas esto, por favor"

—Lissana: "Eres tan aburrido. Ella ya es grande, sabe cuidarse sola" —desanimada al ver que sus encantos, que normalmente hacen enloquecer a Bickslow hasta tal punto de empalmarlo (y lo sabe porque lo ha visto con sus propios ojos, incapaces de ver hacia otro lado en numerosas ocasiones), no funcionaba con él, se enfurece. ¿Tanto disgusto por ella y aversión sentía?

—Natsu: "Ella acaba de perder a alguien importante y cuando más necesita de su familia para que la apoyen en todo su hermana se escapa con tal de no hacerse cargo de ella, ¿no tienes vergüenza?"

—Lisanna: "N-no es mi culpa... ¡y a ti qué te importa, tú no eres mi hermano!" —vuelve su rostro con tal de no verlo a los ojos de Natsu que sabe que echan fuego.

—Natsu: "Ojalá fuera tu hermano, porque Elfman no hace nada por estar matándose trabajando desde que dejó la preparatoria para mantenerlas, pero ni él hace nada para obligarte a hacer las cosas bien y ni tú haces nada ¿para qué? ¿Para pasar el rato con esos chicos con tal de hacerte popular?"

—Lisanna: "N-n-no... y-yo..." —Está al borde del llanto.

—Natsu: "¿Por qué siempre piensas en ti?"

—Lisanna: "¡E-eso no es cierto!" —demasiado tarde, desde lejos se puede notar un ligero brillo en los ojos de la chica. Si Bicksolw estuviera aquí Lisanna estaba seguro de que ya hubiera llegado, levantado y hasta golpeado al tipo que estaba haciendo llorar como él la llamaba 'su chica'.

—Natsu: "¿Entonces?"

—Lisanna: "Y-y-yo..." —después de no poder contener sus emociones, rompe a llorar amargamente.

—Natsu: "¿Ah?" —nuevamente, no es consciente de sus acciones.

Después de escuchar lo siguiente, presa de las lágrimas que se alojan en la cara de Lisanna, Natsu no solo no se arrepiente, sino que hasta se queda atónito, sin habla. Lo que lo hace estremecerse y arrepentirse de haber hecho esa pregunta.

—Lisanna: "¡Yo no pedí que él me salvará!

Natsu no estaba listo para escuchar esa respuesta, pero, absorto tras un breve tiempo, aún así sabía lo que tenía que decir.

—Natsu: "No... pero tenía que hacerlo, porque eras su cuñada. La hermanita de la mujer que él amaba y los amaba..." —se calla brevemente, pensándolo mejor y sigue— "no, nos amaba a todos."

Natsu se retira, con el entrecejo enarcado y un aura deprimente envolviéndolo. Lentamente con la escoba, el recogedor y una bolsa usada, dejando atrás sin siquiera volverse para ver a Lisanna, ni para asegurarse de si se encuentra bien o no en su estado de convalecencia, ni cuando se marcha con lágrimas surcando sus mejillas, tras escuchar desde algún lado de su casa la voz de su madre riñéndoles que dejaran de gritar y estar haciendo tanto escándalo en la calle como unos niños. Mientras el sonido de un teléfono fijo suena impertinentemente desde adentro, escuchando los quejidos y lloriqueos de la chica a su espalda.

Para que no se malinterprete, Natsu no siente ningún disgusto ni aversión por lo que podría ser su amiga de la infancia. Se conocen desde la secundaria, se llevan tan bien con sus propias familias —sobre todo con la hermana mayor de esta—, pero Natsu es una persona que no puede soportar ver a las personas egoístas, capaces de no preocuparse por otras, las que prefieren ser otras personas para encajar con la sociedad y haciendo uso de las discapacidades de los demás —tal es el caso de Lisanna con su hermana—. Será desdeñoso, pero es una persona que siempre se ha matado la cabeza preocupándose por otros sin preocuparse antes de sí mismo ni mucho menos de que alguien lo haga por él. La arrogancia de Lisanna por pensar en su estatus social antes que en la salud y la convalecencia de su hermana lo irritan tanto hasta tal punto de querer sujetarla y agredirla. Aunque él se reconoce incapaz de hacerle daño. Nunca a agredido a una mujer y no comenzará ahora por el capricho de una cuando hay miles que están igual o peor y ni están cerca de hacer nada para justificarse.

—Natsu: (Rayos, ¿por qué es tan necia? ¿Por qué no simplemente deja de hacer esas estupideces y se centra en su hermana? No me extrañaría que algún día se escape. ¿Por qué las personas son tan ruines? ¿Por qué siempre tienen que pensar en sí mismo y nunca en otros? Odio a las personas que le dan preferencia a su estatus social antes que a su familia. Nunca se paran a pensar por ningún momento si otros necesitan ayuda... ¿Por qué...? ¿Por qué tengo que soportar todo esto?) —presa del llanto, Natsu respira tan hondo como puede, cierra fuertemente los ojos que le arden, permitiendo que unas cuantas lágrimas se desmoronen en sus mejillas y restregándose los ojos con el dorso de la mano se meta a su casa y a su cuarto en seguida, ignorando la conversación ajena que su madre está llevando a cabo con alguien por teléfono.

Cuando entra, se tumba en su cama y deja que esa exasperante emoción dentro suyo desaparezca cuando quiera. Grave error suyo, porque al estar solo con sus emociones y sin nada que hacer lo hace pensar precipitadamente otra vez (porque no es la primera y muy seguro sabe que ni será la última vez que lo haga) en lo miserable que es y lo horrible que es la vida. O por lo menos en la era que le tocó vivir.

No se duerme, se martiriza. Acaba llorando a mares hasta quedar hecho un ovillo envuelto en una aura llena de miseria hasta que logra estabilizarse.

—Natsu: (Ya no me sorprende en nada la vida. ¿Qué puedo esperar yo de una sociedad que vive con esa idea de libre albedrío todo el tiempo, creyendo que son capaces de romper las reglas a su antojo y preocupándose siempre de sí mismo antes que las emociones de las personas ajenas? Uno puede estar allá ayudándoles pero después solo te agradecen pisoteándote el orgullo donde más te duele. Lo sé, me a tocado vivirlo.

Una idea es el de los hombres guapos. Todos sabemos que es culpa del hombre su nueva forma de pensar de las mujeres. Pero no es culpa de TODOS LOS HOMBRES, así como no todas las mujeres piensan iguales ni desean al mismo tipo de hombre (puede que incluso mi idea sea errónea, pero esta es mi idea y tampoco es absoluta, por desgracia). Siempre, siempre van a estar ahí para menospreciar el corazón de la mujer y dejar mal a todos. El mundo cree que el sexo es una embajada. Si el sexo opuesto lo trata mal creen que toda la embajada es igual. ERROR. ¿Qué todos los hombres son iguales? ERROR. ¿Con cuántos hombres has estado entonces para comprobar eso? Yo nunca he estado con ninguna mujer. Puede que incluso nunca tenga una novia, pero con mis pocas experiencias con chicas en la escuela media y media superior, puede haberlas caprichosas, despreciables hasta insolentes, pero también tuve experiencias con chicas bondadosas y carismáticas. Todos dice, 'somos únicos, no existe ninguno que sea igual a otro', sí saben que se están contradiciendo con eso, ¿verdad? Y pensar que crecí con la idea de que las mujeres eran las más listas del género. Que idea más errónea. Si el hombre puede hacer esto, ellas también quieren. Si les dejan hacer esto, ellas también quieren. ¿Y si lo hombres algún día deciden suicidarse a la vez la mujer lo hará también? A no, eso ya está pasando. Son igual que el hombre. Lamentablemente así es la sociedad caca en la que vivimos hoy en día. Por desgracias para aquellos quienes comparten mis zapatos son los más afectados. Lo único que me alegra de ser yo es que no soy el único que sufre. Son miles aquellos quienes sufren por un poco de atención por el sexo opuesto tanto hombres como mujeres. Pobres, aún en su situación me compadezco de ellos.

Como sea, no gano nada desahogándome sin hacer nada para impedirlo. Tengo que cumplir mi objetivo de convertirme en un gran escritor y ayudar a aquellos en mi situación. Puede que gracias a la forma de pensar en la mujeres nunca encuentre a la mujer de mis sueños o lo más cercano, pero no voy a rendirme, voy a encontrar a una chica estupenda y la voy a amar, tendré una familia con ella, —a sabiendas de que puedo ser tentado por el pecado, pero intentaré ante todo por no sucumbir y una gran casa donde vivir con mi familia. Aunque primero debo concentrarme en encontrar a la chica, que es lo más difícil desde tiempos inmemorables. Y más siendo como soy... Qué asco me doy.

('No te rindas todavía. Puedes hacerlo. Solo tienes que actuar indiferente con las personas de ahora en adelante. Que no te importe lo que ellos hagan, es su vida, tú vive la tuya. ¿Cuál es el problema si no te llegas a casar algún día? Mira el lado bueno, estudiarás, ganarás dinero y vivirás solo, pero ¿quién dice que el dinero no compra la felicidad? Hay miles de formas de ser feliz en esta vida tan llena de buenas experiencia. Ese es una buena excusa para no perder los ánimos')

(Pero siempre quise una familia, una linda esposa ama de casa —llámenme machista si quieren, me da igual— y tres hijos... solo quiero revivir las experiencias que tuve con mis padres cuando era niño. Ahora es difícil en tiempo donde las mujeres se esmeran por sobresalir y querer sobre pasar al hombre. Los viejos tiempos murieron junto con mis esperanzas)

('Todavía nada está perdido. Eres joven, aún tienes esperanzas')

(Sí, tienes razón) —con un estrepitoso golpe en la cara se levanta con los mismo ánimos como lo hizo por la mañana y se había enfrentado a Lisanna en la tarde, como si nada hubiera pasado. Después de haberse resuelto sus propias dudas existenciales, a la espera de que sus ojos rojos e hinchados vuelvan a la normalidad. Salta de su cama con tanta ímpetu, como un Natsu renovado. Mientras, se planta frente a la computadora para continuar exprimiendo su cerebro hasta donde pueda.

Su personalidad, aunque algo egocéntrica, es lo que lo ha formado y fomentado a hacer él. Puede ser una persona en el fondo un poco avara y perversa en cuanto a las decisiones y opiniones de los demás, pero mucho más en el fondo y por fuera —aunque fuertemente criticado por su apariencia— es una persona humilde, que siempre está pensando en otros antes que en sí mismo. Fue este pequeño detalle lo que hizo enamorar a una sola mujer en toda su vida, hasta ahora, que lo ha amado cuando era tan solo un niño y no solo por su lindura —y no, no hablamos de su madre ni de su hermana ni de mucho menos de Lisanna como es obvio, alguien mucho más especial—. Alguien de la que hablaremos mucho después pero no ahora, porque es demasiado pronto y nos toca preparar el escenario para una particular y extraña familia que llegarán dentro de relativamente poco.

A eso cerca de las cinco, hora y media después de lo sucedido con Lisanna y la dura batalla por la que se sometió Natsu para restablecer su dificultoso orgullo, la tarde vino acompañada de un brusco viento fresco, capaz arrancar las hojas de los árboles más bajos como lo arbustos, los enebros y las sabinas, esto incluye también a los dos abetos que adornan la fachada de enfrente de la casa de la familia Dragneel. Lo que crea una hermosa ligera llovizna de hojas verdes tintineantes en el aire. Un espectáculo hermoso para aquellos pares de abuelos quienes se sientan afuera en sus patios para disfrutar del crepúsculo, tomándose de las manos, observando transcurrir otro día ante sus ojos, mientras sus caras son bañados por los restantes rayos del Sol. Los niños más listos se meten a sus casas en respuesta al llamado de sus padres con sus balones, sus cochecitos, muñecas, soldados de plásticos, sus ropitas harapientas, sudadas y sucias, para comer, ducharse, gustar de la televisión y dormir, a la espera del nuevo día. Felices porque mañana será domingo y luego lunes, después martes, miércoles, jueves, y finalmente viernes y no hay clases, porque son vacaciones de verano, el cielo bendiga las dichosas vacaciones de verano porque no hay tarea para los más jóvenes y los graduados. Mientras los más necios, cabezas huecas y flojos dejan las tareas para más tarde.

Aproximándose por la calle Taurus, una desconocida camioneta blanca familiar avanza algo desorientado. Da un giro a la izquierda, en la calle Plue y sube hacia Aquarius, para cambiar el destino no solo de muchos, sino también el de nuestro miserable chico del particular cabello rosado y ojos rasgados prometedores.

En la casa de los Dragneel, la madre de Natsu lo llama después de haber finalizado la amena conversación que tuvo hace tan solo un par de minutos por teléfono, no con su marido, sino con una vieja amiga suya de la preparatoria. Busca a su hijo dentro de su cuarto para pedirle un favor y entra con un talante animoso e incuestionable en el tono de voz que reconoce su hijo al instante.

—Natsuko: "¡Natsu!"

La señora irrumpe el ambiente sereno de su hijo con un estrepitoso grito, lo que lo hace sobresaltar del susto, mientras una ola de calor lo aborda y desaparece enseguida, atrapándolo inadvertido frente a la computadora, reproduciendo un vídeo sobre un videojuego.

—Natsu: "¿Qué pasó?" —responde después de recobrar el aire dificultosamente, volviéndose y viendo a su madre con ojos de reproche.

—Natsuko: "Hijo, hazme un favor, sal al patio de enfrente y cuando veas una camioneta blanca acercándose me avisas, ¿está bien?" —una hermosa sonrisa deslumbra en la cara de la madre.

—Natsu: "¿Qué camioneta blanca? ¿Quién viene?"

Natsuko, con una delicada risa, responde:

—Natsuko: "Ah, unos viejos amigos. Hace mucho tiempo que los vimos por última vez, de seguro no te acordarás de ellos porque eras tan solo un bebé. Ahora ve, voy a arreglarme porque estoy toda fachosa"

—Natsu: "¿Solo tú? ¿Y yo qué?" —el chico se señala así mismo para indicar la forma en la que se encuentra.

—Natsuko: "Tú estás bien así, ahora ve, que les dije que estarías tú esperando por ellos porque no conocen donde está la casa" —diciendo esto la señora sale de la habitación dando un giro de ciento ochenta grados sobre su propio eje y metiéndose a su habitación, enfrente de la habitación de Natsu y su hermano, se encierra dentro.

—Natsu: (Sí claro, estoy seguro que les dijo que ella estaría esperándolos afuera, pero no, me mandan a mí mientras ella vas a arreglarse como una reina y yo voy salir como un esclavo negro y harapiento. Vaya sorpresa preocuparse antes en su imagen que la de su hijo)

Lanza un suspiro amargo y quejumbroso, levantándose del asiento indignado, no sin antes molestarse en ponerle pausa al vídeo que acababa de poner hace apenas unos instantes en un momento de aburrimiento, minimizando el explorador, —también dicho documento que no ha avanzado mucho desde la tarde— y deja al descubierto el escritorio de nuevo, para dirigirse directamente al baño para lavarse la cara, arreglarse rápidamente el cabello rosado desordenado, enjuagarse la cara grasienta y acomodarse bien la ropa arrugada que de por si, por más que intente acomodárselo, volverá a arrugarse.

Cuando entra al baño queda tentado por darse una ducha rápida, la cual descarta de inmediato pensando en la riña que su madre seguramente le daría por desobedecer su orden. Así que irritado sale del baño con pasos largos. Mucho antes de salir por la puerta mosquitera de la fachada frontal, levanta la cabeza, se irgue y camina decidido, pero no convencido, listo para confrontar (no a recibir) a quien quiera quienes sean los amigos de su madre que de por sí ya está tan ansiosa y ni siquiera los ha visto. Han de ser muy cercano o lo fueron en algún tiempo.

Se pone debajo del abeto del lado derecho, donde hizo la confrontación con Lisanna (Un sentimiento de dolor y amargura llena su cuerpo abruptamente hasta hervirle la sangre de vergüenza), espera y piensa; ¿quiénes rayos son estas personas para poner tan nerviosa a su madre? ¿Serán tan importantes? Puede que incluso hablemos de personas poderosas y adineradas. ¿Cómo serán? ¿Tendrán hijos? ¿Por mera casualidad tendrán alguna hija hermosa a la que coquetear? En todo eso solo algo estaba claro; son personas que han influido mucho en sus padres y que posiblemente tengan uno que dos o hasta más hijos, pero de ninguna manera una hija tan linda, tierna, amable, ni hermosa a la cual querer enamorar ni mucho menos quedar enamorado, como mínimo de su edad. Porque siempre la mayoría de las hijas de los amigos de sus padres se tratan de niña como de la edad de su hermana, o chicas malcriadas de hasta veintitantos años con novios súper sexys. ¿De qué le sirve una niña o una chica con un novio súper guapo? Uno, aunque le encanta los niños nunca sería un pedófilo. Dos, no sería capaz ni de romper una relación ni se siente lo suficientemente atractivo ni carismático para hacer reír siquiera a una chica, así que, ¿qué gracia tiene pedir agritos una chica linda si no sabe siquiera coquetear con una?

—Natsu: ('Tranquilízate, no pienses que no puedes coquetear con una chica si ni siquiera lo has intentado. Dime, ¿cuándo fue la última vez que le mostraste tu mejor sonrisa a una chica?') —bajo el abeto, con la espalda apoyada en el tronco, los ojos observando directamente hacia la calle, deleitándose de la llovizna de hojas verdes, el viento fresco que hace, la voz de su conciencia lo motiva a mantener el pecho hacia afuera, la cabeza en alto, con las manos fuera de sus bolsillo, e impidiéndole que las cruzara, subiéndole la autoestima—("¿Por qué no hacemos un trueque, te parece bien? Digamos que estos amigos de papá y mamá tengan una hija alrededor de nuestra edad. Vas a decirle 'hola' y le vas a sonreír, ¿muy bien?")

(Está bien)

("Así se habla. Ahora, respira...")

(¿Y si no hay ninguna chica?)

("Estate tranquilo, esto funciona con cualquier chica, solo tienes que ser más positivo")

(Pero no soy guapo, ni soy bueno en nada...)

("No hace falta ser guapo, ni rico para tener novia. Además, eres humilde, te gusta jugar con los niños, siempre te preocupas de las personas ajenas, ayudas a otros, no fumas, no bebes y no te preocupas por probar que eres alguien y eres indulgente con las personas y nunca un grosero así te exclamen hasta la maldición más fuerte. ¿Quién dice que no existen aún los verdaderos caballeros? Aquí tenemos uno, criado por una verdadera madre santa y un padre bondadoso. Solo pon un poco de valor, seguridad en ti mismo, y sobre todo que la chica te quiera por como eres y no fingir ser otro")

(Está bien)

Y suspira. Más calmado. Acercándose con pasos cortos a la pequeña puerta de la valla. Lo abre y sale a la calle. Mira por ambos lados, una parte suya desea que llegasen cuanto antes para conocer a la chica (si es que la hubiera), porque la sonrisa que está estampada en su cara no parece prometer durar por siempre. La otra parte deseoso de que no lleguen y se extravíen, y hasta que se pierdan en lo más profundo del espeso bosque. Momento, ¿y si realmente se pierden y no pueden salvarse? Entonces la culpa lo abordaría, y lo carcomería lentamente por el resto de su vida. Pero todo ese nerviosismo desaparece al instante cuando ve venir a su izquierda no a lo lejos, doblar una camioneta desde la calle Taurus y avanzar lentamente hacia su dirección.

Ve llegar una camioneta blanca familiar alucinante, sin mentir, juraría que se trataba de una de esas camionetas del año, ¿cuál sería su valor? Sería bueno no añadir esa pregunta a la lista de preguntas por hacer, porque, además de irrespetuoso, sería arriesgado para hacerse amigos de estas personas y coquetear con la hija (si la hubiera). Blanco deslumbrante como la nieve, un poco de lodo en los guardafangos, el parabrisas empañado por fuera por unas tintineantes gotas de lluvia (a de haber llovido en el camino del que vinieron, porque donde vive solo hubo un Sol abrazador). Confiado con que esa camioneta era la suya, alza la mano, la alarga y la agita a modo de saludo, solo que en vez de saludar quiere decir 'es por aquí'. Entonces, la camioneta, identificando su señal, se orilla en la acera poco a poco, decidido a estacionarse en breve.

Natsu, convencido de que esa camioneta es la de los amigos de su madre, vuelve hacia su casa, se acerca a la puerta mosquitera y grita a las entrañas de la casa con una voz impetuosa:

—Natsu: "¡Mamá!, ¡ya están aquí!"

Desde su habitación, la señora Dragneel responde con la misma intensidad que su hijo:

—Natsuko: "¡Hazlos pasar a la sala, por favor!"

Dicho y hecho, Natsu vuelve corriendo hasta a la puerta de la valla que dejó abierta, sale, se encuentra con la camioneta blanca frente a él y se queda de pie, expectante. La puerta corrediza de la camioneta se abre. Alguien sale. Entonces queda deslumbrado y nervioso ante la maravillosa presencia de una linda chica de hermosos cabellos rubios cayendo por su rostro, cuidadosamente arreglado, un par de bellos labios pequeños y delicados, unos grandes ojos marrones y usando un bonito vestido azul floreado con lazos y pliegues por todos lados.

No logrando articular palabra alguna, y solamente pensando en lo hermosa que se ve esa chica con ese bonito vestido azul (él y su debilidad por las chicas en vestidos), es en ese instante que las cosas pasan tan rápido, como lento a la vez para nuestro chico, cuando sabe que sus rostros se encuentran, por una fracción de segundos. No duda y expresa como un estafermo:

—Natsu: "G- Hola..." —mientras insinúa el intento de una sonrisa.

—"A—Hola" —la sutil y dulce voz de la encantadora chica lo aborda de repente, así como el calor de la vergüenza.