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Puede que no lo vea —porque está encantado viendo a la chica—, pero otra persona baja del auto, a solo escasos centímetros de donde se encuentra la chica, por la puerta del acompañante. Cuando sale y encuentra al chico de pie expectante, no contiene más la emoción que tiene prisionero dentro de su cuerpo, que tantas ganas tiene de sacarlo desde que reconoció aquella mata rosada, que en un ataque de conmoción exclama:
—"¡Santos cielos! ¡Tú debes de ser Natsu! ¡Oh, Dios, cuántos has crecido! Eres todo un jovencito alto y apuesto. Amor, mira, de tal palo tal hijo"
La voz incontinente de una señora —de gran parecido a la chica— despierta de un casi inquebrantable trance a Natsu, captando su atención rápidamente por la forma jovial como lo dijo. Haciéndolo incluso olvidar por completo a la chica que tiene frente a él, que está igual de consternada por la inesperada reacción que tuvo al reconocer a Natsu, dedicándole una mirada de desdén por el tono de voz que usó. Es en ese entonces que los ojos de Natsu captan la atención, al otro lado de la camioneta, a un hombre alto, de hombros ancho, cabello rubio castaño con varias canas, muy bien peinado hacia atrás, rodear el vehículo, mientras se acerca cautelosamente a su bella esposa, diciendo:
—"De tal palo tal astilla mi vida, de tal palo tal astilla" —dice, mientras coloca un brazo delicadamente sobre los hombros y deposita un dulce y tierno beso en los labios de su mujer que hace sonrojarla por el trato de su marido, lo que hace sentir incómodo a los chicos expectantes de todo. El hombre nota el semblante adusto del chico y se dirige a él sin pensarlo— "Pero si eres la viva imagen de tu padre, hijo, solo que más alto y más serio, ¿Por qué la cara seria, chico?"
—"¿Acaso será porque tu novia te dejo exactamente hoy? Oh, Dios, no. Bueno, ella se lo pierde. Mira que dejar a un chico tan guapo como tú, je, je, je" —¿acaso eso fue una especie de insinuación? Nunca lo sabría— "Ya no pienses en ella, que hay muchas más chicas ahí fuera que desearían tener un novio tan apuesto como tú."
Quizá solo fueran los efectos secundarios del nerviosismo mezclado con la vergüenza, pero juraría que la señora, que parece la hermana gemela de esta chica, señalaba con ojos indiferentes hacia su gemela más joven (algo dentro de él decía que eran parientes muy cercanas por el simple hecho de parecerse demasiado). Tratando de decirle algo, pero ¿qué? Eso tampoco nunca lo sabría. Presta incluso más atención a las palabras que dice de último la rubia mayor.
—Natsu: (¿Apuesto? ¿Yo? Ojalá. Las madres y las señoras grandes son las que suelen decir eso con mayor frecuencia a todos los jóvenes, así sean feos o guapos, principalmente va para los feos, porque ellas pueden juzgarte desde muy lejos tu atractivos físico, pero la diferencia entre tu madre y las otras señoras es que tu madre siempre será sincera, mientras las señoras lo harán por cumplido solo para quedar bien contigo. ¿Qué caso tiene cuando un chico feo reconoce que es feo decirle que es guapo? ¿No saben que eso les hace sentir aún peor? En el caso de chicos jóvenes y guapos no es así, hace lo contrario y hace elevar más su horrible ego de hombre patán) "Ja, ja, ja, no, nada de eso, ja, ja, ja" (Para empezar, primero debo tener una novia para que me dejen...) "Es solo que he estado aquí parado frente al sol y cansa mucho. ¿Por qué no pasamos antes que se haga de noche y lleguen los mosquitos? Los mosquitos pican sin previo aviso y duele mucho, vamos, entren, están en su casa"
Natsu, resentido por los cumplidos vacíos y sin sentimiento alguno de la señora resonando dentro de su cabeza, se aparta a un lado indicándoles con ambos brazos a sus visitantes que pasaran al patio para poder guiarlos al interior, con una mirada recelosa dedicada exclusivamente a la mujer parlanchina de ese hombre que parece despertar el miedo de cualquier criatura con su mera presencia.
—"En ese caso mejor entremos. No es cómodo estar aquí hablando mientras estamos de pie, ¿qué somos nosotros, animales de establo? Venga ¿Pasamos mi amor?" —dice ese hombre de talante malhumorado, ofreciéndole la mano a su amada esposa para que la tomara y la condujera dentro del patio.
El hombre parece aún peor persona que la 'encantadora' esposa, bella y despampanante con ese vestido blanco con pliegues de color rosa, con su indiferente forma de hablar, lo que hace pasmar a Natsu y estremecer su cuerpo por completo del absoluto terror. ¿Quiénes rayos son estas personas con forma de hablar tan jocoso, vacuo e indiferente? Claro, amigos de sus padres, pero ¿realmente son así todo el tiempo o solo se muestran hostiles contra él sin el ojo vigilante de sus padres? Les da miedo, sobretodo ella, la chica que está frente a él y no puede volverse para verla, porque más que miedo siente una inconformidad con su mera presencia y mirada miserable, que puede hasta resultar pervertida para los ojos de la chica. Santos cielos, cree saber lo que pasa por la mente de la bella chica ahora mismo.
—Natsu: (Debe de estar pensando algo como: "Dios, que asco, ¿qué tanto me mira? Es horrible. ¿Qué es esa aura de miseria que lo rodea?" O algo por el estilo. Solo hace falta que cubra mi cara con las manos y grite: ¡No me mires, no me mires! Que de hecho, creo que lo haré al terminar el día...)
—"Vamos niñas. Lucy, ayuda a tu hermana a bajar de la camioneta, por favor" —dice la madre, dirigiéndose hacia su gemela más joven, antes de ingresar al patio, guiada por su marido.
—Lucy: "Sí, madre"
Obedientemente, la chica se vuelve hacia la camioneta para ayuda a bajar a una niña de unos diez años aproximadamente, de coletas con rizos rubios castaños, como el del marido, pero sin canas, usando un pequeño vestido violeta, de la camioneta, cuidadosamente para no lastimarla. Natsu vuelve su atención a Lucy, aprovechando la oportunidad de verla mientras esta está de espaldas y no puede verlo mientras está ocupada. Es bella incluso de espaldas, algo bajita, no tendrá ni más de diecinueve años cuando mucho. Será algo robusta por donde la mires, y aunque es algo grosero decir esto pero a Natsu le encantan las mujeres sean así. Más de dónde agarrar, piensa. Pero que grosero de su parte pensar en con atención que le resulta complicado a la chica apenas bajar a su pequeña hermanita de la camioneta que se separa mucho del suelo. Pero ¿por qué está tan elevada la camioneta del suelo? Echa una mirada rápida a las llantas y el misterio se resuelve. Cuatro llantas de todo terreno remplazan las llantas que comúnmente deberían de llevar una camioneta familiar. Los brazos de la chica tiemblan mientras intenta cargar a la criatura para depositarla ligeramente a la acera cubierta bajo una delgada capa de follaje. Quién sabe de dónde, pero Natsu saca valor para acercarse a la chica y a su hermana para preguntarle con su voz grumosa, casi murmurando:
—Natsu: "¿N-necesitas ayuda?" —reconociendo que está demasiado cerca de ella como para poder oler bien su delicioso perfume, su cara se pone roja y su piel empieza a sudar copiosamente, incluso hasta desprender mal olor por el nerviosismo, no estando a más de veinte centímetros de la chica y la camioneta.
—Lucy: "P-por favor" —un suspiro sale de los labios de la chica, aliviada, cuando se vuelve para corresponder educadamente al chico, retirando unos mechones que se ha pegado en su delicada frente por el sudor de su esfuerzo.
Lucy retrocede un poco dándole espacio a Natsu para que pueda adentrarse al interior de la camioneta que está un poco bastante alto de lo normal y pueda sacar a su hermana menor. ¿A quién rayos pensaba el padre de esta hermosa chica atropellar con esas llantas? Esperaba no averiguarlo nunca. Colocando un pie firmemente sobre la saliente del vehículo e introduciendo medio cuerpo, halla de inmediato en el interior a la pequeña niña de coletas y rizos rubios castaños de nuevo hasta el fondo, temblando y con los ojos fuertemente cerrados, cubriéndose la carita con las manos, seguramente llorando. La niña extrañamente le recuerda a su hermana que tienen casi el mismo tamaño y seguramente la misma edad. Esta sobresalta enseguida como un cachorrito asustadizo ante el chico que desconoce y que intenta entrar a la camioneta a por ella.
—Natsu: "Oh—oh" —aclara en un tono alarmado.
—Lucy: "¿Q-qué sucede?" —trata de ponerse al lado de Natsu en un intento desesperado de ver lo que ocurre y comprende una vez que ve a lo que se refiere.
—Natsu: "Me tiene miedo y no parece querer salir al menos que seas tú o ella quien baje, lo siento"
—Lucy: "No te preocupes" —Mientras Natsu se aparta a un lado, ella aprovecha para subirse a la camioneta y acercarse a su hermana para tomarla suavemente de la mano. A Natsu de repente lo invade un sentimiento de envidia— "Dame la mano, Michelle, no tengas miedo, él no te va a hacer nada malo, solo quiere ayudarte a bajar de la camioneta. Vamos."
La niña, al principio, se rehúsa rotundamente a bajar de la camioneta por el miedo sugestivo que le da Natsu con su desconocida presencia, así que él se hace a un lado. Luego, su hermana la convence cargándola como puede o más bien tirando de ella. Durante todo este tiempo Natsu se queda esperando afuera, donde imagina que es una distancia segura, hasta que ve aparecer a Lucy intentando sacar a su temerosa hermana menor. La chica se apea del vehículo y pisa de nuevo con sus sandalias la acera verde, aún tomando de la mano a su hermanita, de ojos brillosos, al borde del llanto.
—Lucy: "Vamos, Michelle, deja que él te ayude a bajar"
La niña se niega. No parece querer bajar de ahí a como de lugar muy pronto. Sería difícil que él se acercara a la camioneta para bajarla porque seguramente la niña volvería a internarse hasta el fondo, lo que haría a Lucy volver a subir y tirar de ella, con riesgo de que comience a llorar. Son los desesperados intentos de pensar en una forma y el visible nerviosismo que muestra a través de su cuerpo tembloroso, lo que hace impacientar a Lucy. Entonces, Natsu, viendo a su hermosa visitante sin temor de que sus ojos se encuentren, se le ocurre una brillante idea que, con el miedo de sonar demasiado descarado, tarda en compartir de inmediato su idea con Lucy.
—Natsu: "Se me ocurre una idea. Bajémosla entre los dos. Tú la bajas de la mano por ese lado y yo de este" —este indicaba cada mano de la niña con la barbilla.
A Lucy se le ilumina los ojos de asombro.
—Lucy: "Buena idea" —lo felicita, lo que hace sonrojar a su compañero— "Michelle, dale la mano a él para que podamos bajarte."
Natsu extiende la mano para que la pequeña lo agarre, pero la niña se niega de nuevo alejando su manita fuera de su alcance. Lucy observa esta acción con ojos enarcados.
—Lucy: "Michelle, no seas mal educada, dale la mano al chico, por favor"
La niña, a regañadientes, tiende su mano tímidamente para que Natsu pueda sujetarla. Natsu toma firme, pero suavemente, la manita para que no tenga tiempo de que la retire de último momento
—Natsu: "Muy bien, a la cuenta de tres la alzamos para bajarla, ¿está bien?" —le muestra una sutil sonrisa de complicidad a Lucy.
—Lucy: "Muy bien" —esta devuelve la sonrisa a Natsu.
—Natsu: "Una..."
—Lucy: "Dos..."
Y exclamando ambos a la vez:
—"¡Tres!"
Fuertemente la risa de la pequeña Michelle se hace presente, llamando la atención de Lucy y Natsu, así como el de sus padres que están a metros de distancia de ellos en estos momento dentro del patio, mientras esta vuela en el aire felizmente, y ven en el mismo instante que Lucy y Natsu la bajan entre los dos de sus bracitos si mayor esfuerzo de la camioneta como una pareja de novios balanceando a su hija, lo que hace enarcar las cejas de irritación al marido y sacar una gentil y bella sonrisa a la rubia más grande. Una vez tacando el suelo con sus zapatitos, la niña brinca, baila y se contonea como si no hubiera un mañana, ominosamente. Con esto la situación queda claro en una cosa, hace muy feliz a Natsu. Porque poder ver sonreír a una chica tan linda como la que tiene Lucy ahora, y sobre todo por haber hecho algo bien, no tienen precio. Natsu, apenado, se vuelve hacia Lucy para felicitarla.
—Natsu: "Uff... eso fue fácil. Buen trabajo" —dice, seguido de una sonrisa.
—Lucy: "Sí, je, je"
Es difícil asegurar cuánto tiempo se quedan viéndose mutuamente a los ojos, hasta que la voz del padre de la chica los llama para que se dieran prisa. Pero algo es seguro, un ligero sonrojo hace acto de presencia en las caras de los chicos.
—Natsu: "¿Pasamos?, eh..."
—Lucy: "Je, je, Lucy, Lucy Heartfilia, ¿y tú eres...?"
—Natsu: "Natsu, Dragneel, Natsu, ja, ja, ¿pasamos?"
Ni siquiera se da cuenta, pero tiende la mano hacia el frente como queriendo saludarla con un buen apretón de manos, solo que con su poca experiencia dando apretones ha colocado la mano de manera que se asemeja a modo de '¿quiere usted bailar esta pieza conmigo, señorita?'. De igual manera que el padre de Lucy hizo con su mujer hace apenas unos minutos para guiarla al patio. Esto piensa Lucy cuando ve la mano de Natsu.
—Lucy: "Sí" —el rubor en su cara se intensifica. Haciéndola más hermosa.
Está confundida, en su corta vida, que ella recordara, nunca le habían ofrecido la mano para guiarla y menos por un chico. Se siente tan alarmada pero a la vez algo contenta en el fondo. Espera que su corazón no reviente dentro de su pequeño pecho, que retumba y amenaza con salir por su cuello. En un desesperado intento de controlar sus emociones, corresponde amablemente colocando su mano sobre la de Natsu, apenada. Natsu se sobresalta cuando siente algo suave acariciando su mano extendida hacia el frente, haciendo que su mano salte del puro susto. Lucy se da cuenta del nerviosismo del chico una vez colocada su mano y se disculpa de inmediato sin reparo por su acción descarada.
—Natsu: "N-no te preocupes" —cierra su mano.
El pulgar de Natsu repasa el dorso de Lucy cautelosamente como el pétalo de una flor, mientras su mano encuentra la forma adecuada de sostenerla y no lastimarla. Lucy reacciona ante la dulce caricia del chico. Su mano es cálida y afectuosa, pero lo que más la asombra de él es el trato que le da. Tan quisquillosa, tan diferente. Como si buscara la forma de no hacerle daño. Natsu interrumpe su recorrido por la mano de Lucy, esta se da cuenta y se preocupa. Entonces Natsu tira de su mano sutilmente para llamar su atención.
—Natsu: "Vamos" —él da el primer paso, a la espera de que ella del otro.
—Lucy: "Sí" —primero toma la mano de su hermana, luego da el segundo esperado paso y de aquél modo los tres avanzan. Primero por la pequeña puerta de la valla de mampostería, para poder entrar finalmente al patio y cruzarlo por el sendero de piedras fangosas.
¿Cuándo fue la última vez que escoltó a una chica mientras la cogía de la mano? No estaba realmente seguro de recordarlo, su mente no resultaba muy útil ahora que solo pensaba en lo suave y cálido que es la mano de Lucy, aunque la pregunta en cuestión podría manejarse mejor como, ¿es la primera vez que cogía de la mano a una chica? Nada pudo incluso resultar mucho mejor que esto. Estaba tan impaciente y feliz a la vez de poder tomar la mano de Lucy con ligereza y tacto, lo suficiente para que la chica pudiera darse cuenta ella misma, que él no tenía malas intenciones de hacerle algún daño. Sus pensamientos eran lo menos importante, se sentía realizado y orgulloso a la vez. Nunca había cogido de la mano a una chica tanto tiempo como para creer que fuese un sueño. Solo le restaba disfrutar de aquel momento mientras Lucy se dejaba llevar lentamente abochornada por el sendero de piedra, en lo que Natsu le rezaba al cielo para que ese momento nunca terminase, después de haber tenido el coraje de agarrar la mano de Lucy. Lo único que haría de esta escena la perfecta, además del ligero rubor en las caras de los jóvenes como las están ahora, sería que se volvieran sus miradas para verse mutuamente y ver la felicidad de cada uno en sus brillosos ojos.
—Natsu: (Santos cielos, que bien se siente agarrarla de la mano, siento mi cara arder. Si pudiera verme en un espejo ahora seguro que estaría totalmente sonrojado. No recuerdo haber hecho esto o sentido nada igual con una chica, no sé, me agrada. Es agradable, aunque haya sido una mera casualidad lo de coger su mano y escoltarla, me siento feliz de que esto pasara. Solo espero que no pueda sentir latidos desenfrenados de mi corazón, me delataría a mí mismo. ¿Quién hubiera creído que todo terminaría de esta forma? Creo que si muriera ahora mismo no me importaría. O puede que quizá sí si he llegado tan lejos estoy casi seguro de que podría llegar aún más lejos si quisiera. Quiero hacerlo, me prometí a mí mismo hacerlo y no voy a retractarme. Cielos santo, que suave y tan pequeña es su mano. Por todo lo que más quiera no aprietes más la mano, Natsu, que lo estás haciendo muy bien, no querrás lastimarla y echarlo todo a perder. Me daría un tiro seguramente. La tengo fuertemente agarrada, y la verdad me preocupa que la llegara a lastimar. Que yo sepa siempre hay que coger de la mano a una chica dulcemente para que sienta lo mucho que me gusta hacerlo, pero no tan fuerte ni tan suave, firmemente. Estoy casi seguro que se sentiría grandioso ser acariciado con sus dos manos. Ojalá tenga la oportunidad de probarlo. Sé que puedo, voy a hacerlo. Voy a voltearme solo un segundo para verla, quiero ver si su rostro está igual de sonrojado como el mío, si no lo está creo que me daría un ataque de verdad y moriría inmediatamente aquí y ahora. Muy bien, a la cuenta de tres. Una, dos... ¡tres!)
Natsu se voltea cinco segundos, tiempo más que suficiente para poder ver la cara abochornada de Lucy lo que la hace lucir hermosa, pero que la misma trata de esconder su propio sonrojo de él, agachando la cabeza tímidamente, porque sabe que podría delatarla, lo que la hace lucir aún más hermosa para Natsu que ya no puede resistir ante la tentación de sonreír como un loco de la felicidad que le da Lucy al verla así de sonrojada, que hasta se muerde los labios. Poco les duraría el gusto a estos jóvenes cuando observaran a lo lejos, cerca de la puerta mosquitera de la casa, la mirada adusta, impertérrita, del padre de Lucy, dirigida recelosamente a este par de chicos que hace que los dos deban soltarse las manos como si cada uno hubieran tocado un cable pelado. Estamos aquí pero a la vez no, gracias al cielo porque muy seguramente podrías sentir el semblante frío de ese hombre, intentando asesinar con la mirada a Natsu en la lejanía con tanta intensidad para hacer que sus ojos se llenen de sangre y echen fuego en cualquier momento, de no ser porque es retenido por los largos brazos de su hermosa esposa que lo tienen dificultosamente cautivo.
Subiendo por los escalones, haciéndose paso ante la mira asesina de hombre y la sonrisa maquiavélica de la señora, Natsu abre la puerta para que sus visitantes pasen.
Bueno, hasta aquí gente, espero lo hayan disfrutado. No habrá más, peor espero traerles otra historia mejor. Me despido y hasta pronto. Que pasen un buen día.
