Discleimer: Ningún personaje nos pertenece, todos son propiedad de DreamWorks y sus respectivos dueños.
Atención: Mpreg. Contenido yaoi, homosexual. Desde ya, homofóbicos, absténganse de leer y busquen algo de su agrado, ¿sí? Gracias ~ ¡Al resto, disfrútenlo!
Películas involucradas: Rise of the guardians [El Origen de los guardianes]; How to train your dragon [Como entrenar a tu dragón];
The Treasure of the Seven Seas
Capítulo II: Mezcla peligrosa
Respiró algo tranquilo cuando notó como se relajaba un poco. Al menos eso le ayudaría. Con los ojos completamente como piedra, sus ojos chocaron con los zafiros que la criatura poseía. Simplemente hermosos, lo vio moverse y se tensó ante esto, pero enseguida cambió esa sensación por una más relajada cuando una de sus manos tocó su pecho, cerca del corazón. Parpadeo completamente extrañado y sintiendo un escalofrío recorrerle entero al escucharlo hablar, su melodiosa y delicada voz. Se dejó embelesar por aquel sonido, pero fue efímero. Se asustó cuando lo vio caer inconsciente de nuevo a la roca. No podía dejar que muriera ahí. Con rapidez lo tomo en brazos, delicadamente y cuidando de no provocarle más daño, teniendo mucho cuidado de no lastimar más su hermosa cola. Regresó la vista al barco y haciendo un extraño sonido grave, una hermosa ave de plumaje negro y de una gran envergadura, pero notándose una especie de pluma de cuero en su cola, voló del barco hasta el Capitán posándose en su hombro con elegancia, mirando intrigado a la criatura entre brazos.
—Hey bud, dile a Fishleg que nos dé una mano. Tenemos que tomar medidas con esto... —dirigió la mirada hacia el joven en brazos, quitando un par de mechones de su cara. Simplemente hermoso. El ave alzó vuelo y al poco tiempo varios de la tripulación bajaron el bote de remos, mirando intrigados lo que el Capitán poseía en sus manos.
La criatura yacía completamente sumergida en su mundo. Sentía cada cosa que aquel extraño sujeto hacía, agradándole de cierto sentido los tratos. Sentía aún su cuerpo adormecido y ardiente de una forma espantosa; pero el frío de esfumó mágicamente. Su expresión se calmó aún más si fuera posible, sintiendo como estaba en brazos de alguien. Probablemente de aquel ser especialmente extraño. Dejó que un suspiro escapara de sus labios, a la par que dejaba reposar su cabeza en aquel cálido pecho. El calor que recibía era algo tan nuevo que no podía despegarse de él. Jamás había sentido aquello. Solo su madre podía otorgarle aquella calidez, pero al morir se volvió algo remotamente imposible. Y su padre no es como si fuese tan... agradable de esa forma. Pero aquello. Aquello era ciertamente mágico. Era un calor extraño, dulce y seguro. Podía sentir que tenía el derecho de confiar plenamente en aquella sensación. Dejó reposar por completo su cabeza en aquel cuerpo, mientras perdía completamente la razón. Finalmente, su cuerpo dejó de emanar sangre; sin embargo, él permaneció dormido, respirando un poco más tranquilo.
Cuando el Capitán abordó la nave, todos miraban expectantes y de cierta manera fascinados a la criatura entre sus brazos. Se quedaron completamente perplejos, todas esas historias que los rondaban eran simplemente una fantasía, que ahora frente a sus narices estaba la prueba que eran reales y aparentemente, también lo eran sus inquietantes dones. El Capitán se abrió paso a la tripulación con rumbo a su camarote, seguido por la majestuosa ave que entro por arriba de la puerta, diseñado para él. Antes de entrar se dirigió a su contramaestre, que con la boca abierta llena de asombro lo observó esperando ordenes— Quiero que vayas con Gobber y le digas lo que sucedió, el ya sabrá que hacer —el pobre en un mar de nervios salió corriendo con torpeza a la parte de abajo del barco, para hablar con el cocinero. Mientras, el Capitán retomó el paso hacia su camarote— ¡Vuelvan a su trabajo esto aun no termina! —Y azotó la puerta tras de sí, observando de nueva cuenta al joven frente a sus ojos. Con delicadeza lo colocó sobre su cama, no importándole si la mojaba o no. Y se limitó a observarlo. Se quito los guantes de cuero con los dientes y acarició con delicadeza su piel. Era fría. Se sentó a la orilla de la cama, sin quitarle la vista de encima, observando cada detalle. Suspiró levemente— Simplemente hermoso...
Al contacto con el calor y la superficie inestable, el agua comenzó a escurrir de forma rápida. En cualquier otro momento se hubiera visto aquello como una deshidratante en exceso preocupante. No obstante, su rostro se mostró más sereno y calmado, hundido en un profundo sueño. Las escamas de su cola comenzaron a traslucirse con la piel pálida, llegando a desaparecer. Casi de una forma impresionante y repentina, la hermosa y extensa aleta comenzaba a decolorarse, y terminando por desaparecer por falta de agua. El proceso duró unos minutos, en completo silencio y notándose así como el ojizafiro, aún dormido, no parecía percatarse de aquello. Finalmente, de aquella silueta marina, se dieron a ver un par de piernas delgadas y blancas como el resto de la piel. Lo único que se mantenía de color azul, eran notorias marcas en la extensión de las mismas. Se formaban figuras de un tono azul bastante único sobre la piel, como tribales tatuados de una forma tan simétrica y correcta, que rozaba la perfección. De esa forma, las heridas de la parte superior del cuerpo se dejaron ver con mayor facilidad.
El castaño tenía la boca completamente abierta, mirando con expectación y asombro genuinos como la hermosa cola y aletas desaparecían ante sus ojos. El ave se quejó desconfiada sobre aquello, pero él simplemente lo ignoró. Lo observo de pies a cabeza, notando con más detalle las heridas que sangraban sobre su pálida piel. Preguntándose el cómo había hecho para hacerse tales heridas. Suspiró con tranquilidad al ver el rostro tranquilo del joven y recordó aquel hermoso par de zafiros. Tenía que curarlo. Sin más se levantó y salió del camarote para regresar a los pocos minutos con una cubeta de madera en una mano y en la otra, vendas y gasas.
Bajo la mirada aun desconfiada del ave que observaba curioso cómo su dueño curaba con tal cuidado al extraño sujeto. Suspiró cuando entre sueños el joven hizo algunas muecas de dolor ante la presencia de licor sobre sus heridas. No pudo evitar embozar una pequeña sonrisa ante esto y prosiguió durante unos minutos más, dando por hecho que había curado por completo las heridas. Cuando súbitamente notó el delicado cuerpo desnudo sobre su cama y un ligero calor recorrió su cuerpo. Se regañó a sí mismo y tomando una de las telas de seda de la cama lo cubrió y se dirigió a su escritorio, intentando alejar tales imágenes de su cabeza. Algo inútil cabe destacar. Después de todo ese era el punto de las sirenas, seducir marineros para llevarlos a su muerte.
Sintió la sensación de quemadura en sus heridas ante el tacto de ese líquido que su cuerpo no pudo reconocer. Sintió frío cuando el aire los tocó, pero finalmente sintió el calor de nuevo en su cuerpo, tranquilizándolo. Inhaló con fuerza, sintiendo extrañamente como comenzaba a adaptarse al aire. La respiración se le apasivó, al tiempo que exhalaba, entreabriendo un poco sus labios. Sintió el cambio de ambiente con demasiada tranquilidad. Ya no se sentía tan pesado como antes, su cuerpo no dolía tanto. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaba? Lentamente, fue abriendo sus ojos.
Se encontró con un lugar mucho más oscuro al que acostumbrado, y observó cuidadosamente aquello, estando atento al peligro. Con debilidad notoria, dio una lenta mirada a su alrededor, deparando en el lugar donde estaba, y su desnudes. Se alarmó un poco, sus brazos reaccionaron solos cuando se cubrió con aquella tela lo más que pudo. ¿Qué era aquello? ¿Dónde estaba su aleta? Parpadeó un poco y luego miró. Un intenso calor alojó su pecho, recordando la imagen de su madre en recuerdos. Ella le mostraba la superficie, al contrario de su padre, y siempre que eso sucedía, apenas el viento la tocaba, sufría ese cambio. Nunca supo a qué se debía, pero su padre nunca quiso mencionar nada hasta el día de su muerte, donde también calló. Pasó saliva lentamente y volvió a cubrirse hasta el pecho, mientras se sentaba en aquel extraño lugar.
Cuando levantó la mirada, reconoció aquella silueta que lo había ¿salvado? Se asustó nuevamente, casi temblando. Todo eso era desconocido para él, y si bien antes hubiera amado aquello, luego de esa terrible experiencia, lo detestaba. Simplemente llevó sus manos a su rostro y lo cubrió con ellas, aún sosteniendo la tela que lo cubría, queriendo irse de allí.
Dormitando un poco sobre su silla, con los brazos cruzados, el capitán no daba palabra. El silencio y el balanceo leve del barco lo habían relajado a tal punto de dejarlo así. Se desperezó un poco cuando escuchó movimiento; algo adormilado levantó la vista hacia la cama y vio al joven ya despierto y aparentemente bien. Suspiró aliviado, acercándose a él con cautela cuando notó que estaba temblando, se preocupo ante esto y con mucho cuidado se sentó en la orilla de la cama procurando no asustarlo más— Hey, tranquilo... —Intentó hablar con la voz más calmada que pudo. Sus años de Capitán y sus aventuras solo lo habían acostumbrado a la rudeza y eso era lo que menos necesitaba ahora— Estas a salvo, —Sonrió levemente al joven, con la intención de infundirle seguridad— ¿Me recuerdas?... —dijo, señalándose a si mismo.
Se tensó notablemente cuando aquel sujeto se acercó a él, pudo sentir sus pasos. El movimiento de la extraña superficie en la que reposaba, también lo alertaron de que estaba muy cerca. Tembló, mas sus palabras, y especialmente su voz, lo calmaron un poco. Levantó la mirada, encontrándose con aquel rostro y esa sonrisa tan pequeña. Removió sus manos de su rostro, y lo miró detenidamente; miró sus ojos. Bien sabía que los ojos son la ventana del alma, o eso siempre decía su padre, no importase cuan diferente fueran todos. Cada uno tenía una mirada diferente. Pero al verlo, no pudo estar seguro de qué transmitía aquel sujeto. ¿Realmente lo había salvado? Asintió un poco, emitiendo un ligero sonido suave en afirmación. No quiso decir más, estaba algo nervioso y no confiaba realmente en el otro.
El castaño suspiró algo aliviado al verlo un poco más tranquilo y su sonrisa se ensancho un poco. Algo muy raro de ver en el Capitán pues solo le sonreía así a su fiel compañero plumífero. Pensó bien en que decir y en qué forma decirla para no asustar al joven— Calma, no te haré daño... —Estaba indeciso sobre que preguntarle, no quería atormentarlo con preguntas y saliera huyendo de un salto por la ventana— ¿Cómo te sientes?, ¿te duele alguna herida u otra parte del cuerpo? —Preguntó con genuina preocupación, cosa que nunca había pasado con el joven Capitán— ¿Cómo te llamas?
Lo miró con curiosidad. Ese sujeto era extraño, e impensablemente, le impregnaba cierta seguridad y conforte. Se acomodó en el lugar, cubriéndose más tímidamente. Sintió sus mejillas levemente calientes. Estaba sucediendo. Cada vez que alguien que no era del reino, lo observaban como si quisiesen hacerle algo... No estaba del todo seguro qué, pero siempre eran las mismas preocupaciones, halagos, tratos amables e insinuaciones extrañas. Era obvio, después de todo, los de su raza eran seres... Amados, por así decirlo. Suspiró un poco y volvió a verlo. Ladeó un poco la cabeza al ver sus ojos nuevamente— Soy... Jack... —murmuró por lo bajo— Estoy bien...
Sonriendo un poco más al escucharlo articular palabra, el capitán lo miraba. Al menos estaba un poco más cómodo. Suspiró tranquilo y río un poco con el nombre. Quien lo diría, tenían nombres parecidos a los que se usan en humanos. Se encogió de hombro para sí y lo observo tranquilamente. No estaba mal, significando que no iba a morir por eso— Por cierto, soy Hiccup —Levantándose de su lugar justo frente a él, sonriendo de lado— y bienvenido al Stormfly, estás a bordo de mi barco —haciendo una leve reverencia frente a él, con un toque sarcástico. Se acercó al ave y la acarició suavemente siendo bien recibidas por este— Y este es Toothless, fue quien nos sacó de esas rocas... —Hizo una pausa, viendo de reojo al joven peliblanco— Jack... —Sonando lo más calmado posible— ¿Cómo fue que te heriste así?...
Observó cada uno de sus actos, quedando embelesado con el extraño animal que tenía el otro muchacho. Se mantuvo observando al ave, observando su hermosura. No había visto algo así nunca, y le agradaba haber vivido para ver algo así. Sonrió inconscientemente y luego lo escuchó. Volvió a ver al otro hombre y luego miró hacia abajo. Tembló ligeramente, cayendo en la cuenta de que no había podido cruzar, y por lo tanto, ya no estaba en su hogar. Varias lágrimas se deslizaron por sus mejillas por primera vez en mucho tiempo, enrojeciendo sus mejillas al instante, humedeciéndolas. ¿Regresaría?
Se asustó al verlo reaccionar así, en un momento estaba feliz y al siguiente estaba llorando. Abrió los ojos de sorpresa. Llorando, ¡estaba llorando! Una sirena, en este caso tritón estaba llorando. Pensó en algo rápido y con cuidado de no asustarlo, se acercó a él con cautela. Limpiando con su dedo las lágrimas— Tranquilo, no pasa nada... Estas a salvo aquí, nadie te hará daño... —mientras intentaba calmarlo, sacó un pequeño frasco que anteriormente había contenido agua y colocó el par de gotas en este, sellándolo. Lo ocultó en su manga y suspiró aliviado al ver como el joven no se dio cuenta de lo que hizo y sonrió al verlo un poco más calmado—. No se que pasó, pero nadie te hará daño aquí a menos que yo lo diga —le sonrió de lado, sentándose de nueva cuenta en la orilla de la cama— Tranquilo, —Apartó un par de mechones de su cara, observando mejor sus ojos, completamente maravillado.
Temblaba intranquilo. No sabía que sería de él en ese lugar, ni si realmente debería confiar. Todo era demasiado extraño, y alarmante. Extrañaba a su gente, su cola y su cama. Deseaba que todo fuese solo un sueño. Para su mala suerte, era tan real como el hombre que lo miraba en ese momento. Le devolvió la mirada ante el gesto que hizo con su cabello, ladeando la cabeza un poco, sin comprender. Permaneció en silencio, observando esos orbes verdes que comenzaban a transmitir cada vez más cosas que por alguna razón no quiso intentar descubrir. Solamente lo miraba fijo, esperando algo. Finalmente apartó la mirada, llevando una de sus manos a su pecho y volviendo a posarla allí, sintiendo nuevamente el latido de ese corazón bombeando de una forma extraña. Un poco más rápido que el suyo, pero era una sensación cálida. Miró su propia meno sobre aquella "armadura" que el otro usaba y suspiró, sintiendo vida.
HRió un poco ante eso, era muy lindo ver sus reacciones. Sabía que no era humano, estaba consciente, pero verlo ahí en su cama tan frágil… Suspiro acallando aquellos pensamientos, no era el momento. Parpadeó un par de veces, viéndolo extrañado. Miró su mano sobre él y regresó la mirada esperando que le dijera que pasaba. Pero nunca llegó— Uhm... ¿Sucede algo?... —Regresó la mirada a su mano, sobre su pecho. Estaba seguro que si lo tocaba contra su piel, tendría escalofríos. Ahí iba de nuevo, negó para sí. Tenía que concentrarse en otra cosa. Miró al frágil chico de nuevo, levantando una ceja extrañado— ¿Necesitas algo?...
Lo miró nuevamente ante aquello y se sintió algo avergonzado de su atrevimiento. ¿Le había molestado aquello? Era obvio que sí. Retiró su mano lentamente y bajó la mirada hacia su propio pecho, donde posó aquella mano. Su corazón latía muy calmo, a diferencia del otro, este no era tan cálido. Omitió un suspiró y cerró sus ojos por un momento, sintiendo el calor recordando constantemente el respirar.
—Hey... —En cato reflejo, tomo con delicadeza la barbilla del chico haciendo que lo mirara, y sonrió un poco al notar un leve tono rosado en sus pálidas mejillas, miró sus ojos esperando encontrar alguna intención, alguna respuesta, pero solo encontró mil y un preguntas más. Suspiró para sí sin soltarlo, acarició la mejilla del joven con delicadeza. Temiendo lastimarlo más—. Si necesitas algo o algo te molesta, dime... —Miró de nuevo sus ojos, viendo un deje de tristeza y soledad en ellos. Le recordaban a alguien. Negó suavemente con la cabeza, desviando la mirada—. Los extrañas, ¿no es así?
Su piel se encendió con aquella simple acción. No fue tan difícil deducir el tono rojo en su rostro. Observó al otro y solo asintió un poco, con un asentimiento algo lento y tranquilo; una serenidad poco común. Sentía las caricias en su mejilla y solo dejó reposar su mejilla allí, cerrando sus ojos para, así, disfrutar sus caricias— Necesito... que me digas que harás conmigo... —Lo mira nuevamente, observándolo con los ojos entrecerrados. Se preguntaba por qué simplemente no lo asesinaba y ya, pero no. No podía. Algo de lo impedía.
Sin detener la caricia, simplemente lo observaba tranquilamente. Se imaginaba que se lo preguntaría tarde o temprano. Miró de reojo a su ave y esta solo aleteó un poco inquieta. Suspiro para sí, sin borrar la sonrisa de su rostro— No te pasará nada, —Algo conmovido al ver al chico tan sereno. Casi parecía humano, pero nadie puede tener tanta belleza, era sobrenatural—. Simplemente no podía dejarte ahí sobre esas rocas, moribundo —se encogió de hombros— o devorado por esos tiburones… —Se despeinó un poco el cabello con indiferencia—. Iban tras de ti, eso era obvio... —Rió levemente— ¿Que hiciste para hacerlos enojar así?
Lo observó atentamente unos segundos y luego desvió la vista, recordando lo sucedido— Ellos no estaban enojados... —suspiró y descubrió una de sus piernas, manteniendo lo demás bajo la tela. Le mostró su pierna y delineó con sus dedos las marcas que tenía en ellas—. Soy sangre real... Las demás razas son solo mezclas... —Lo miró— Yo soy puro... y valgo mucho —Su mirada se volvió oscura— Valgo la pertenencia de los siete mares. Por eso me mantienen encerrado... Pero no me gusta eso... —Volvió a mirar su pierna, acariciando esa piel.
Se congeló en su lugar, mirando con asombro e incredulidad al chico. Acaba de decir que, ¿él era el botín que estuvo persiguiendo durante toda su vida desde que su padre...? Negó con la cabeza ante ese pensamiento. No podría ser cierto, él, era lo que estaba buscando y la razón de hacer este viaje. Con la boca abierta, aun incrédulo. No lo podía creer, lo que tanto anhelo durante tanto tiempo, estaba ahí indefenso frente suyo— ¿Q-Qué has dicho?... —No podía asimilarlo aún, intentó permanecer tranquilo, pero simplemente no podía. No quería caer en cuenta de que ese chico es la razón de porque siguió con el trabajo de su padre— ¿C-Cómo es que tú...? —Se dejó caer sobre la orilla de la cama, algo alejado del chico para no asustarlo o hacerle algún daño. Regresó su vista al chico— ¿Cómo?...
Lo miró nuevamente y se encogió de hombros—. Nací ya con estos títulos... —Suspiró y volvió a ver las marcas en sus piernas. Tenía un extraño presentimiento de todo aquello, pero no dijo nada. Aquel sujeto no tenía su entera confianza.
—Espera, —se quedó procesando la información recién recibida. Lo volteó a ver completamente extrañado y con un extraño sentimiento de familiaridad— entonces... ¿Qué hacías tan alejado de tus tierras? —Al ver la reacción del chico, suspiró para sí. Aun tenía mucho que asimilar, su buen acto de fe que muchos le tacharían de un demente o loco por ayudar siquiera a una sirena. Suspiró. Tenía que mantener la mente fría en este instante— ¿Escapaste?... —Se frustró solo con la idea de que pudo haber sido cualquiera quien lo encontrara, casi sintió la necesidad de reclamarle algo, decirle algo. Pero se calló. No tenía ese derecho, además ¿qué importaba? él lo tenía bajo su poder ahora, tenía lo que anhelaba desde hace tanto tiempo, pero... Una parte de él le decía que no era lo que en verdad deseaba.
Simplemente desvió la mirada al escuchar lo último y volvió a cubrirse, mirándolo de reojo— ¿Qué harás conmigo? No sé usar mis... —Parpadeó confuso un momento y luego vio sus piernas, ladeando un poco la cabeza— No las sé usar... —Suspiró un poco y luego volvió a verlo. Miró sus ojos pero rápidamente anuló esa mirada. Se sentía extraño verlo así— ¿También pedirás recompensa?... O, ¿eres cazador?... —Simplemente ya no sabía que pensar. Se dispuso a esperar lo peor.
Apretó los puños con fuerza, indeciso sobre que hacer o que decirle. Decirle la verdad implicaría que lo mataran. Su corazón dio un vuelco al solo pensar verlo muerto. Lo miró sin saber que hacer, suspirando largamente con las manos en la cabeza— Yo vine aquí a... —Se mordió la lengua antes de continuar, lo vio de reojo. No, no podía dejar que muriera. Algo dentro de él le decía que no era lo correcto. No quería verlo morir. Negó con la cabeza—. Escucha es complicado, —Se acercó un poco a él, esperando no ser rechazado y levantó su barbilla para verlo a los ojos. Sus hermosos ojos color zafiro, mar profundo— Yo vine aquí a buscarte, pero no quiero matarte... —Desvió la mirada, intentando articular bien sus palabras— Siempre supe que la joya de los siete mares era custodiada por las sirenas, pero... Nunca pensé que iba a ser un ser viviente y yo... —negó con la cabeza, viendo a Toothless haciendo un sonido intentando animarlo. Sonrió levemente—. No puedo matarte...
Le permitió hacer cada movimiento, preso de su mirada. Había algo extraño en sus ojos, y no podía descubrirlo. Lo escuchaba atentamente y solo pudo mirarlo en silencio. Era lo usual, pero creía en sus palabras— Humano... —Dijo finalmente, y sonrió. ¿Cómo no se había dado cuenta de eso antes? Esa criatura de tierra que su padre evitaba constantemente. Se decían muchas cosas de ellos, pero nunca las había creído. Ese sujeto era diferente. No mostraba rudeza completamente, y lo trataba con cariño. Aún desconfiaba plenamente, pero sentía seguridad. Sonrió con mucha tranquilidad, guiando sus manos al rostro ajeno, albergándolo en ellas. Era cálido, muy cálido— Yo te creo...
Un escalofrío lo hizo reaccionar, lo miró perplejo; ¿qué? Un tritón le decía que creía en él, ¿un humano? Sonrió con ironía— No te pareces en nada a lo que he escuchado de ustedes... —Posando su mano sobre las suyas, quería asegurarse de no estar soñando o de lo contrario despertaría muy adolorido por el dulce tacto de cierta rubia compañera. Frunció el ceño ante el pensamiento. Definitivamente se quedaba con el joven tritón frente a sus ojos—. Al parecer... —Mirando con un deje divertido la cara del chico— Todo lo que sabemos de ustedes está mal... —Suspiro por lo bajo. Le encantaría verlo sonreír. Desechó la idea al instante, nunca pasaría eso. Se limitó acariciar su mejilla y rió levemente ante su pensamiento—. Por lo menos en algunas cosas, otras son completamente ciertas y... —ni pudo evitar verlo de arriba abajo— y no culpo a los marines, son hermosos...
No evitó soltar una pequeña bocanada de aire, algo incómodo cuando relacionó los rumores con la realidad. Ciertamente, las palabras dicen mucho, pero nada de eso sirve si las alteran y exageran las cosas. No es como si debajo del mar tuvieran lindas descripciones de los humanos. No eran para nada bien vistos; así como los seres marinos para los terrestres. No evitó pensar que era algo gracioso si se lo ve desde cierta perspectiva. Escuchó cara palabra, manteniendo sus manos en sus mejillas. Un calor demasiado fuerte se agolpó contra su rostro, haciéndole sonrojar excesivamente. ¿Hermosos? Las sirenas eran bellas, pero... ¿Él? Bien sabía que había muchos lo observaban de manera extraña en su reino, incluso su padre miraba mal a cada uno de ellos. Pero no comprendía. ¿Realmente sería cierto? Con un poco de vergüenza, quitó sus manos de la piel ajena y volvió a cubrirse hasta el pecho, sujetando con fuerza la tela. Su piel color luna se había tornado de un color escarlata.
No pudo evitar ensanchar su sonrisa, chasqueando la lengua divertido— Es eso o tu eres un caso especial —Recorrió su rostro con la mirada. Desde su cabello hasta sus ojos, nariz perfectamente respingada y sus labios, combinado con ese lindo color rojizo sobre sus pálidas mejillas dándole un aspecto de lo más adorable—. Puede que tú seas diferente... —Perdido en sus pensamientos acariciando con suavidad sus labios con el pulgar, casi temiendo lastimarlo.
Nuevamente se sintió extraño, y algo avergonzado. ¿Por qué lo tocaba de esa manera? ¿Por qué era tan cuidadoso? Esos tratos le hacían estremecer, cosa que disimulaba con éxito. Al toque de sus labios, no evitó levantar la mirada hasta verlo. Lo miró con varias incógnitas en su mirada, pero nunca fue respondido aún en el silencio. Solo pudo suspirar y meditar un poco lo que diría— Mi madre... Ella era hermosa. La más bella del mundo marino para ser preciso —Con un gesto tímido, quitó tranquilamente el cabello de su rostro— P-puede que haya... heredado algo de ella, pero no... No creo que sea tanta... Tan así... —Miró hacia abajo, aún sintiendo el calor.
Sonrió para sí. Él era diferente a todo lo que conocía. Se acercó un poco más para escucharlo mejor, atento a sus palabras y no pudo evitar recordar a su propia madre. Lo miro con un deje de nostalgia— ¿Sabes? —Desvió la mirada hacia Toothless que dormía plácidamente en su lugar favorito del camarote— Me reiré mucho si tu padre es el estricto... —Rió sin ganas al recordar su situación. Parece que hay cosas que no cambian, aunque se vengan de mundos distintos— ¿Era?
Lo miró detenidamente y notó como observó su ave. También miró al animal y luego regresó su vista al muchacho. No evitó curvar sus labios en disgustos al recordar las reprimendas de su padre. Era algo molesto, pero su familia, al fin y al cabo. Suspiró y se llevó una mano a sus ojos, recordando algo— Si... Mi madre murió... —Lo miró con cierta melancolía— Uno de los tuyos la asesinó... Yo era pequeño en ese entonces...
Siguió con su sonrisa de lado, no porque eso le causara gracia sino porque era algo parecido a lo que le había pasado. Pensándolo bien era una completa ironía. Suspiró por lo bajo, viéndolo entretenido— Si bueno, pasó algo parecido conmigo, mi madre murió cuando era pequeño en un... —Desvió la mirada hacia abajo, más precisamente a su pierna— altercado… —No encontraba otra forma de decirlo. Suspiro en un intento de borrar esos recuerdos y sonrió con ironía al ver al joven de nueva cuenta— Y mi padre murió en la búsqueda por encontrarte...
Lo miró muy sereno y calmado, manteniendo una expresión totalmente nula. Bajó su mirada a la pierna del otro hombre y observó aquello en silencio— Por encontrarme... —Lo volvió a mirar, con notable preocupación— Ninguna persona que no sea de mi especie puede salir vivo al interactuar con nosotros —Se abrazó a sí mismo—. Nos persiguen sin razón, nos cazan como si fuéramos un premio... —Se abrazó más fuerte, bajando completamente la mirada, inclinándose— No nos dejan otra alternativa que... usarlo... —Inhaló profundamente— Y hacer que se maten ellos mismos...
Lo miró atentamente y no pudo evitar sonreír al escucharlo, pero borró su sonrisa al verlo abrazándose a sí mismo; tan delicado, tan frágil. Parecía que se quebraría en cualquier momento— No es del todo cierto, —Desvió la mirada, consciente de que si la tripulación se llegará a enterar de que lo que buscaban estaba justamente en su cama. Chasqueó la lengua con molesta. Ya pensaría en algo después. Bufó por lo bajo y se acercó más al joven, teniendo cuidado de no moverse muy brusco y lastimarlo— Hay quienes lo hacen por venganza, —Se detuvo antes de continuar la frase, no quería hacerlo sentir más inseguro de lo que estaba— La mayoría de los humanos cautos las evaden, todos le tienen miedo a sus historias... —Regresó la vista al chico, intentando verlo a los ojos— ¿Usarlo?
Tembló ligeramente, solo dedicándose a escucharlo atentamente. ¿Venganza? No comprendió a que se refería con eso, pero optó por no decir nada. Levantó la mirada atentamente y observó su rostro, notando que estaba más cerca de él. Mostró una preocupación evidente, y solo suspiró un poco— Nosotros... Tenemos un canto... Que atrae a los demás que no son de nuestra especie... —Lo miró detenidamente— Es un modo de defensa... Cantamos por amor, pero también para defendernos...
Levantó la ceja, ahora si había despertado su curiosidad por completo. Retrocedió un poco al sentir su aliento sobre él, extrañamente frío— E-Espera... —Parpadeo un par de veces perplejo— ¿Las sirenas se pueden enamorar? —Ahora su cerebro colapsaba, todo lo que creía saber se fue por la borda— ¿Qué no las sirenas se alimentaban de hombres y por eso los atraían con su canto?...
Permaneció en silencio unos segundos al escucharlo. Lo miró con sorpresa y solo llevó una mano a su boca, cubriéndola. Mostrando miedo— ¿E-eso es lo que piensan de nosotros? —Se mostró algo indignado— Claro que podemos enamorarnos... Es algo... Simple de explicarlo —Lo observó detenidamente— También amamos como ustedes, y cantamos a aquella persona para que sepa de ello... Ya que a nosotros el canto no nos afecta como a ustedes, y tiene ese significado... —Se removió incomodo, con sus mejillas coloradas, viendo hacia abajo— Solo podemos cantar amor una vez...
Sonrió entre avergonzado y divertido. No tenia precio ver la cara de indignación del joven. Suspiro para sí. Ladea la cabeza en un gesto intrigado— ¿Solo una vez? —Parpadeo perplejo. Con casi miedo a preguntar— Y...—Trago hondo. Le tenía miedo a la respuesta, pero la curiosidad lo carcomía por dentro— ¿Qué pasa si se enamoran de la persona equivocada?
Lo miró nuevamente y luego parpadeó, meditando lo que diría. Su padre solía decirle algo siempre cuando salía, por si se interesaba en alguna "niña". Miró hacia arriba, y luego volvió a ver al Capitán, sonriéndole con cierta pena— Nuestro amor es eterno... Aún si esa persona no corresponde a los sentimientos, no dejaremos de amarla —Se vuelve a quitar un mechón que le hace cosquillas en la frente— Es un amor verdadero, y es eterno... Por más doloroso que sea amar así...
Sonrió con genuina sorpresa y algo de envidia. Ellos definitivamente eran diferentes y aun así se tomaban el amor enserio. Suspiro. Lástima que ellos no puedan tomarlo así y de cierta manera era tan triste— Eso es algo digno de admirar y sentirse triste... —Acarició su mejilla por acto reflejo. No quería verlo sufrir por una cosa así— Espero tú no te equivoques al enamorarte, odiaría verte sufriendo por amor...
Soltó un suspiro cuando este acarició su mejilla. No comprendía por qué lo hacía, pero no le importaba, comenzaba a gustarle aquello. Al escucharle decir eso, levantó la mirada y se encontró con la opuesta. Lo miró con curiosidad—. Si... Un amor equívoco... —sonrió con una calma casi quebrada, sus ojos transmitían cada vez menos cosas.
Notó cómo se oscureció su mirada y no pudo evitar sentirse culpable. ¿Había dicho algo malo? Suspiró un poco frustrado— Hey... ¿Dije algo mal? —Levantó la ceja incrédulo, no podía ser que él... Una punzada le cruzo el pecho, esperaba que no— N-No te ha pasado... ¿o sí?
Lo miró confundido ante las preguntas. Terminó por comprender y negar varias veces con la cabeza, para luego dedicarle una mirada serena— No puedo... Siempre me han privado de eso. Solo conozco el amor fraternal, pero... —Llevó una mano a su pecho, presionándola como si doliera—. No tengo permitido amar, y nadie me ha amado de esa forma jamás...
Sin saber porque se sintió aliviado, nadie había ni debía tener el amor del joven, pero eso era agridulce. No sabía porque, el chico estaba a salvo de sufrir entonces ¿por qué le afectaba tanto? Negó con la cabeza levemente, sonriéndole— Muchos deben estar buscándose, pero... —su semblante se torno serio— No puedo dejar que te vayas... —lo miro de pies a cabeza— Al menos no en estas condiciones…
Permaneció con la mirada gacha y la mano contra su pecho. Finalmente, volvió a su compostura normal y lo observó, intrigado con lo dicho— ¿Condiciones? —Se miró y volvió a cubrirse— ¿Qué pasará conmigo? —Lo miró— ¿Me quedaré contigo?...
Sin quitar el semblante serio, se levantó de caminó un poco por el camarote, acariciando a su ave que seguía dormida con aire elegante. Sonrió levemente y regreso la mirada al joven— Sigues mal herido y tienes heridas profundas que se abrirán en cuanto hagas un movimiento brusco —Chasqueo la lengua, pensativo— No te arrojaré al mar eso es seguro... —Caminando con rumbo a su escritorio. Observó algunos de sus mapas y chasqueo la lengua molesto— Y mi barco no puede atravesar la muralla... —Suspiró pesadamente— Tendrás que quedarte hasta que estés en condiciones de irte y no volverte comida de tiburón... —Volteo a verlo con una pequeña sonrisa, suavizando la mirada— Me temo que si…
Lo miró a la par que escuchaba atentamente lo que decía. Luego miró su cuerpo, palpando con sus dedos las heridas, haciendo algunas muecas por las quemaduras que aún tenía debido al rose de las rocas al sol. Suspiró resignándose, aunque con una sonrisa— Genial... —dijo más para sí mismo que para el otro. Ciertamente no quería volver. No de momento. Se dedicaría a conocer y atesorar lo más que pudiese en sus recuerdos.
Suspiró intranquilo, sonriendo para sí. Y el que pensaba que estaría triste por no regresar pronto a casa, debía ser un verdadero rebelde aunque nadie podía culparlo. Se encogió de hombros ante el pensamiento, regresando su atención a los mapas, marcando un par de lugares sobre estos— Ahora lo importante... —Desvió la mirada hacia la puerta. Qué decirles a la tripulación cuando ellos, en su gran y vasta mayoría se habían alistado para matar sirenas. Suspiró pesadamente, dejándose caer sobre su cómodo asiento de piel y subió los pies al escritorio. Clavando la mirada al techo, pensativo— Algo se me tiene que ocurrir... —Desvió la mirada a su cama y suspiro de nuevo— y rápido...
Lo miró de esa forma, algo preocupado de verlo tan inquieto. ¿Había algún problema? Permaneció pensativo unos momentos y luego se percató de las voces que provenían de afuera. ¿Había más? Miró la abertura, solo era una puerta, aunque extraña. Sintió el golpe de los pasos ir y venir de un lado a otro— Hay un cristal... En uno de los mares que tiene enemistad con el mío... —Lo miró— Es una verdadera reliquia, y puede usarlo de excusa. Si están buscando la joya de los siete mares —Sonrió con malicia—. Necesitas un rehén que te conduzca allí, Capitán...
Con la vista clavada en el techo, escuchando atento cada una de las palabras del joven. Sonrió para sí mismo, lo había subestimado y eso es algo que podría costarle la vida. Con aparente indiferencia sonrió, después de todo no por nada era el Capitán de aquella nave— Supongamos que te creo y acepto tu plan... —Viendo de reojo al chico, sin que él lo note— ¿quién me asegura que tus enemigos no tienen más aliados y yo ciegamente voy y caigo a una trampa segura?... —De un rápido y hábil movimiento baja los pies del escritorio, sonriendo ladinamente y mirando fijamente al joven con un toque de burla— o más sencillo, —Se levanta y camina a paso lento hacia la cama— quién me asegura que no me harás chocar contra tu muralla submarina y hundir mi barco para que tú puedas escapar hacia tu casa una vez que mejores...
Lo miró atentamente, mientras su sonrisa se iba haciendo cada vez más leve. Con tranquilidad, se acomodó de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos hacia adelante, dejando prácticamente todo su cuerpo al descubierto. Le sonrió con tranquilidad a medida que se inclinaba hacia adelante— Eso es sencillo de responder... —Al sentir la inmovilidad de sus piernas, gateó hasta la orilla de la superficie donde estaba, para quedar frente suyo. Se volvió a poner de rodillas, enfrentándolo— Si quiero puedo matarte ahora... Al igual que lo pude hacer antes mientras intentabas conocerme —Le sonrió con tranquilidad, mientras deslizaba sus dedos por su rostro lentamente— Además, te debo la vida... —Musitó con una sinceridad digna de una clase como la suya, apoyándose en el pecho del otro.
Se tensó al verlo moverse y se preparó para lo que fuera a venir, más solo sus ojos demostraron sorpresa al escucharlo. Sonrió de lado, lo estaba subestimando mucho— Si, es cierto... —Mirando su cuerpo embelesado pero disfrazando aquello con una mueca de indiferencia y mirada seria— Lo que me extraña... —Levantó la barbilla del chico, para verlo a los ojos— Tú nunca has tenido la intención de matarme a pesar de todas esas oportunidades... —Rió por lo bajo y aprovechando lo tomó por la cintura, cuidando de no lastimarlo. Recorriendo su piel fría con sus dedos— Ni lo hiciste antes de que te salvara... —Se acercó a su rostro, peligrosamente cerca de sus labios— Pudiste matarme aunque estabas malherido —Estaba seguro que estaba llevando su suerte al límite, pero cuántas veces lo había hecho y salía con vida. Sonrió divertido, viendo fijamente sus ojos azules— ¿Qué te lo impidió?
Lo miró, estremeciéndose de ese calor corporal que le resultaba tan extraño y agradable, cabe destacar que no era algo común en él sentir aquello. Suspiró ante todos los toques, dejándose hacer. Cuando levantó la mirada, guardó silencio, y emitió un leve resoplido ante el agarre en su cintura. Miró directamente sus ojos, escuchándolo. Parpadeó varias veces, sintiendo cierta timidez ante la cercanía— Eso también es simple —Sonrió con una notable tranquilidad, se acercó y apoyó sus labios en su mejilla, sin despegarlos— No soy un asesino... —Susurró contra aquella piel, suspirando por lo bajo.-
Se congeló al sentir su fría piel contra la suya, tan delicado, frágil, inocente. Sin despegar la mirada del joven sonrió muy levemente. De verdad que él era una joya y ahora podía entender el porqué. Suspiró, llevando la mano de su barbilla a su mejilla, embelesado por la suavidad y frialdad de esta, simplemente hermoso— No, eres demasiado inocente como para hacer una cosa así... —Posó su frente con la del chico, disfrutando de la sensación fresca en su piel. Soltó un suspiro, cerrando los ojos.- No quisiera verte nunca en una situación así -Sonrió para sí con un deje de preocupación notorio en su gesto— No quisiera verte sufrir de nuevo...
Lo miró confundido, sintiendo el tacto cálido sobre su frente. Le permitió al otro acariciarlo, y sonrió con un leve rubor— No lo harás... La sangre me da miedo... —Miró hacia otro lado al decir aquello último. Volvió a ver sus ojos y se alejó hasta sentarse, observándolo desde abajo— Tengo frío... —Se volvió a abrazar a sí mismo, observando su propio cuerpo.
Contuvo la risa, sonriendo ampliamente ante las reacciones del chico— Definitivamente eres hermoso... —Se sentó en la cama, tomando una fina sabana de seda de esta y colocándola sobre sus hombros— Esto debería ser suficiente, —Levantó la ceja sin evitar verlo de pies a cabeza de nuevo— No me extraña que todos te deseen… —Se calló al verlo aun temblando, sonrió para sí y sin decirle algo más lo atrajo hacía el envolviéndolo entre sus brazos. Susurrando cerca de su oído— Así entrarás en calor~
Su sonrojo leve se volvió una gran cantidad de acumulación de sangre. ¡Por dios! Sentía que ardía. Eso lo hizo temblar más descontroladamente. Su rostro portaba un fuerte sonrojo, y sus ojos aguados denotaban sorpresa. Se dejó abrazar, suspirando de por medio, recordando todo lo que dijo el otro, sintiéndose avergonzado por ello— ¿Tu también lo haces?... —Se quedó un momento en silencio, procesando sus propias palabras— ¿También me quieres de ese modo? —Entrecerró sus ojos, apoyándose contra su pecho.
Meditó un poco su respuesta, eso era un rotundo si pero había más en el chico que no podía ser simple atracción física aunque, desvió la mirada de nuevo observándolo de nuevo y suspiró, muy complicado— Como humano puedo decirte que es fácil caer bajo sus encantos... —Negó con la cabeza levemente— No, si así lo fuera... —Lo obligó a verlo, tomando su barbilla de nueva cuenta. Acercándose peligrosamente a él, susurrando en sus labios— Ya estarías bajo mío y aprovechándome de ese hermoso cuerpo que posees… —Rozó sus labios con los del joven, mirándolo a los ojos— Importándome en lo más mínimo si estas o no herido...
Sus ojos mostraron algo de miedo, pero al instante se transformó en curiosidad. ¿Debía confiar? Suspiró resignado y se dejó caer contra el otro, apoyándose. La cercanía de sus labios lo había inquietado— E-eso me aturde un poco... —Se abrazó a sí mismo, sintiendo sus mejillas arder— Es una confesión algo... especial... —Levantó la mirada para verlo, como buscando algo— Si me quedaré contigo y te guiaré... ¿Dónde estaré? —Sintió sus labios secos y por impulso, los relamió. Sentía extraño estar fuera del agua, pero era interesante.
Rió por lo bajo, sin separarse mucho del joven. Demasiado inocente para un mundo tan cruel. lo miró curioso y entretenido en sus reacciones— Eres adorable, ¿alguien te lo ha dicho?... —Suspiró por lo bajo, viendo hacia su ave— No es especial, lo hubiera hecho de no ser porque estabas herido y dijiste que eras lo que buscaba... —Se llevo la mano a la cabeza en gesto desinteresado, despeinándose un poco en el acto— Bueno, no tenía pensado atarte al barco y soltarte al mar... —Rió por lo bajo al ver la reacción del chico— Todo depende de si quieres quedarte como humano o estar con tu cola a esperar a que tus heridas mejoren... Es tu elección.
Su rostro se tornó completamente rojo al escucharlo y vio al otro reír. Se sintió incomodo y algo avergonzado. Suspiró para relajar las tensiones que tenía encima. Se removió nervioso y luego volvió a verlo— Prefiero... estar contigo —Lo miró detenidamente—. No confío en nadie más... —Luego miró hacia abajo— No creo que mi cola pueda resistir el calor tanto como mis... —Parpadeó un momento y luego lo miró— ¿Qué son? —Sonrió torpemente, sintiéndose un ignorante.
—No tenía pensado que alguien más te vea hasta que seas libre, —Suspiró el pirata, viendo hacia el techo— Además quiero mantener el privilegio de verte en… —Observándolo de nueva cuenta— Estas condiciones... —Sin borrar su sonrisa arqueo una ceja, extrañado— ¿Piernas?... —Soltó una carcajada ante las lindas reacciones que mostraba el chico— Hermoso e inocente, esa es una mezcla peligrosa Jack...
Lo miró ante aquello y simplemente asintió, sin decir nada. Estaba comenzando a inquietarse por el hecho de tener que salir, pero el humano se lo había facilitado. Sonrió un poco ante ello. Sonrisa que se esfumó y fue reemplazada por un sonrojo evidente al escucharlo— ¿M-mezcla peligrosa? —Rió nerviosamente, cubriéndose lo más que podía— N-no sé a que te refieres... —Finalmente se escondió bajo la tela, completamente, cerrando fuertemente sus ojos, intentando calmar inútilmente su sonrojo, pues este crecía.-
—Hey, —Moviéndose un poco, quito con cuidado la tela que cubría su rostro y lo observó con una sonrisa de satisfacción. Comenzaba a adorar ver su rostro así, nervioso y sonrojado— Si y es bueno que no lo sepas... —Acarició su mejilla de nuevo, encantado con el tacto de su fría piel— Si quieres quedarte conmigo, —Se acercó más, casi rozando sus labios con los del joven. Reprimiendo las ganas de probarlos— tendrás que aprender a caminar... —Levantó la vista, perdiéndose en sus ojos azules. Tan azules como el mismo mar que amaba tanto— Y darme espacio, que no pienso dormir en mi silla de nuevo —Rió ante lo último burlonamente— Dormirás conmigo. —No era una pregunta ni sugerencia, era una afirmación, una orden.-
Suspiró nerviosamente, más como una exaltación, ante la cercanía de sus labios. Ese sujeto comenzaba a intimidarlo. Simplemente observó sus ojos, perdiéndose por un momento en esa forma de mirar. Pasó saliva y asintió, asumiendo el rendimiento. Estremeciéndose con la idea de dormir junto a alguien tan cálido. Dormir con alguien ya de por sí lo alteraba— Que así sea... Entonces... —Terminó por sonreír con tanta tranquilidad, que llegó a ser una sonrisa suave y calma.
Miró con atención su mirada esperando alguna replica o algo, pero nada. Solo rendición. Sumiso y acatando sus peticiones que más bien eran ordenes. Suspiró por lo bajo. Algo no le agradaba, si alguien más lo hubiera encontrado ¿actuaría así con alguien más o él era diferente al resto? Negó ante esto, cerrando los ojos alejándose del chico— Al menos no tendré que ponerte en la prisión de cristal que tenía de reserva... —Se levantó y caminó directo hacia la puerta, sin verlo— Quiero que te quedes aquí —Le dirigió una mirada a su ave— Te lo encargo Bud, —Salió en cuanto recibió un sonido de afirmación proveniente de su ave, cerrando la puerta tras de sí rumbo a cubierta. Suspiró largamente. Hora de enfrentarse a su tripulación.
