Oscuridad. Silencio. Soledad.
Eso era lo que había encontrado al entrar a su departamento; entró sujetándose el costado por la falta de aire debido a su reciente lesión que aún no estaba completamente curada y le dolía por el largo paseo que había dado por toda la tarde alrededor de Nueva York.
Un paseo, ¿había sido eso?
Todo parecía haber pasado demasiado rápido, hacía sólo unas horas estaba tranquilamente durmiendo al lado de Alexander, y tan sólo en un instante todo se esfumó. Pudo distinguir las cenizas que yacían en el suelo del departamento, el mensaje de Camille, que inmediatamente después de que lo leyó se aseguró de quemarlo.
Y ahora esa manchita grisácea sólo era el recordatorio de todo lo perdido, de una relación que pudo haber durado muchos años, pero que se había esfumado en solo unos minutos.
"Te amo" le había dicho al nefilim, ya que irónicamente se lo dijo sólo al terminar con él… Ahora como recordatorio de lo sucedido había un juego de llaves extra sobre la mesa, y aún sin llegar a su habitación, supo que todas las prendas de color negro (sin purpurina) ya no estarían ahí.
No necesitaba revisar el departamento para ver las pertenencias que faltaban, el hueco en su corazón lo confirmaba todo.
Se sentía hueco, frío, sin sentido.
Podía ver claramente al cazador de sombras tomando sus cosas con manos temblorosas, metiendo todo tal vez en cajas de cartón o simples bolsas ¿quién sabe? Era increíble que hubiera podido con todo, ya que, pensaba el brujo, la mayoría de sus pertenencias las había llevado hasta ahí directo del Instituto.
Se desparramó en el sofá, sin ánimos mientras observaba el techo, y aunque lo quería evitar, las lágrimas comenzaban a asomarse de sus ojos; las quitó con un movimiento fuerte y brusco de su mano y decidido caminó hasta la cocina, sólo para enfrentarse a un recuerdo más.
Una cafetera limpia estaba ahí, y aunque estuviera apagada y vacía, su mente evocó el dulce aroma del café, que Alec solía prepararle, cuando estaba ahí.
Fue demasiado para él, y a paso rápido salió de ahí, directo a la sala de estar, mala idea.
Fotografías, hojas, y tantas cosas esparcidas que le traían recuerdos a la mente.
"Ahí es donde él y yo…" –pensaba con melancolía, al recorrer el lugar con la mirada.
En un segundo, todas los momentos compartidos, el primer beso, su primera cita, su primera vez, y tantas otras que compartieron golpearon a Magnus en la cabeza, y justo después estaba corriendo ya en dirección a la puerta de entrada.
-No te vayas Alec… -le susurró a la nada, abriendo rápido la puerta y bajando unos escalones.
"¿Y qué si está mejor sin ti?" –lo molestó una voz en su cabeza- "¿Y si está mejor sin ti? Déjalo ir…"
-Lo amo…. Alec…
Su respiración se alteró, su corazón comenzó a latir de un modo frenético, como hace mucho no sucedía y sintió el frío sudor curzarle el rostro mientras se sentaba en el último escalón abrazando sus piernas, porque sabía que tal vez tenía razón esa voz en su cabeza, tal vez, sin él, un subterráneo, Alec encontraría alguien mejor.
~~Ring Ring Ring~~
¡Ese maldito sueño de nuevo!
Abrió los ojos asustado y con enojo se limpió las lágrimas traicioneras que surcaban sus ojos.
"¡Eso ya pasó! ¡Y tú lo causaste! Olvídalo ya..." –seguía esa estúpida voz en su mente. Presionó con fuerza su cabeza, pero ni eso le ayudó con el dolor punzante que sentía.
-Detente… -le susurró a la imagen permanentemente grabada en su memoria; unos enormes y brillantes ojos azules como zafiros.
Nunca pudo borrar esa imagen, era como una fotografía solitaria, de un chico solitario, y él no podía huir de los recuerdos y evitar probarlos de nuevo. Cada caricia, cada beso, lo quemaban por dentro, como si un dragón hubiera decidido habitar dentro de él.
Para el brujo, soñar era como estar despierto, y estar despierto era como soñar ¿Cómo diferenciar uno de otro? No podía. Soñar, vivir, ¿Cuál era la diferencia? Él quería salir de ahí, despertar de ese sueño eterno, pero no quería llegar a la realidad, incluso su caminar no era el de antes, ahora era lento y pesado, ya sin rastros del glamour que algún día lo identificó.
Era como un sonámbulo.
Porque eso era, en eso se había convertido.
Un sonámbulo que sólo era movido por la inercia, y a veces por Presidente Miau.
~~Ring Ring Ring~~
Escuchó a lo lejos de nuevo ese sonido, ¿qué era? Lo dejó unos segundos más hasta que terminó, por fin abrió los ojos a un nuevo día en su vida dormida.
Brazo izquierdo, brazo derecho, estírate, pierna izquierda, pierna derecha, se ordenaba a sí mismo para mantenerse en movimiento.
Sólo eso podía hacer, caminar dormido e intentar vivir.
Al estar solo en su departamento, cada mínimo lugar lo recordaba, a ese chico de ojos azules y cabello negro, y sus besos casuales, una caricia furtiva o una sonrisa robada.
¿A caso después de Alexander Lightwood él no sería capaz de sentir?
A su alrededor sentía enormes murallas contra las que luchaba en cada despertar, y aún así permanecía dormido dentro de ellas.
Pie derecho, pie izquierdo, pie derecho….
Como robot, llenó los recipientes de su pequeño gato, y éste apareció detrás de una pila de ropa sucia.
Momentos después, se encontró a sí mismo dentro de su tina, inconscientemente había llegado hasta ahí. Esperando que el agua lo ayudara, se sumergió completamente en ella, pero sólo encontró, al cerrar los ojos, de nuevo ese par de ojos azules como el mar observándolo fijamente.
Y unos segundos después, cuando el oxígeno se acababa en sus pulmones, sintió de nuevo su corazón acelerado.
Lo sintió dentro de su pecho, como caballo desembocado y se asustó tanto que terminó bebiendo agua enjabonada de la tina.
Salió de debajo del agua de un salto y tosió tratando de sacar toda el agua de su sistema.
-Alexander…
Lo supo, incluso antes de que la alarma sonara en su departamento y llegaran demasiados mensajes a su departamento a la vez.
Tomó una toalla seca y la amarró a su cintura, mientras recogía algunos mensajes al azar y los llevó a su habitación sin leerlos, al llegar ahí tomó su teléfono celular y lo revisó:
15 llamadas perdidas nuevas, y un nuevo mensaje de voz.
Abrió el mensaje de voz y mientras éste cargaba, el brujo leyó rápidamente un par de mensajes y sus ojos se abrieron como platos.
-Te necesito…
Se congelo. Su cuerpo dejó de funcionar unos segundos al escuchar esa voz, su voz.
Repitió el mensaje una, dos, tres veces, tal vez no tendría relación con los mensajes que acababan de llegar, pero aun así no lo dudó ni un segundo en correr a cambiarse de ropa.
Chasqueó los dedos, y estaba completamente listo, su peinado correcto y sus accesorios listos y en su lugar. Magnus había regresado.
E iría a buscar a Alec Lightwood.
... ¿Hola? ¿Alguien vive por ahí? Si no es así lo entiendo, he estado perdida por... ¿casi un año? No lo sé, sólo quiero pedir infinitas disculpas a todos, a todos sus bellos reviews, por que cada vez que me llegaba un e-mail avisándome de un nuevo review me daban más ánimos de continuar escribiendo esta y otras historias.
Asuntos personales, y el hecho de que olvidé la contraseña me impedían avanzar ¡pero vuelvo con todo!
Subiré capítulo en todas mis historias pendientes (sí, todas) en un lapso de una a dos semanas, y además publicaré nuevas cositas.
Publicaré un nuevo malec, pero será dramático, en serio DRAMÁTICO así que, atentos.
De nuevo, lamento mi ausencia y espero ya no irme...
Pd: ¡quien adivine al menos una canción en la que está basada este capítulo tendrá gratis (?) y antes que todos los demás el final de la historia!
