Capítulo 4:
En otro lado de la ciudad Richard Castle, asistía a una aburridísima reunión. Su editorial había decidido asociarse con otra y habían convocado a varios de los escritores más importantes que tenían, para que conocieran la nueva política que se llevaría a cabo en la empresa. Habían servido el almuerzo en la sala de reuniones. Estaban ya sirviendo el café cuando sintió vibrar el IPhone que tenía en silencio. Vio una alerta de mensaje y lo abrió para leerlo. Cuando vio de quien era y que decía, se preocupó, quería salir de allí de inmediato, y aun sabiendo que irse de allí le costaría un gran disgusto con Gina, se levantó de la mesa y disculpándose salió de la sala. Gina le alcanzó cuando iba a entrar en el ascensor.
-¿Dónde crees que vas Richard? – preguntó enfadada.
-Me ha surgido algo urgente, acabo de recibir un mensaje, tengo que irme.
-¿Y qué es eso tan urgente si puede saberse?, ¿No puede esperar un rato?
-¿Un rato?, son las tres de la tarde, estoy aquí desde las nueve, ¿Qué más quieres que haga?, ya me han visto, me conocen y no creo que me echen de menos si me voy un poco antes. – y diciendo esto entraba en el ascensor – si preguntan por mí, que lo dudo, invéntate algo para excusarme.
-Llevo ya mucho tiempo inventando excusas para ayudarte, a lo mejor ya me he cansado.
-Bueno, pues me avisas, a lo mejor es tiempo de ir cambiando de editorial.
-¿Me estás amenazando, Richard? – preguntó molesta.
-No Gina – contestó cansado – no te amenazo, solo tengo que irme – y mientras decía esto se cerraban las puertas del ascensor.
Salió a la calle y paró un taxi. Subió y le dio al taxista la dirección de Kate. No podía evitar sentirse angustiado, nunca había recibido un mensaje de ella tan escueto y tan tajante. Intentó llamarla, pero tenía que tener el móvil apagado. Los veinte minutos que tardó en llegar hasta su casa, se le hicieron eternos.
Cuando llegó, subió y llamó insistentemente. Al abrirle la puerta y verle la mala cara que tenía, se asustó.
-Kate, ¿Qué ha pasado? – preguntó preocupado.
Ella lo miró. El volvió a hablar.
-Por Dios, Kate me estás asustando, ¿Qué te ha pasado?
Por toda respuesta, Kate levantó la mano y le dio una sonora bofetada. Él, la miró aturdido.
-¡Hey!, ¿Qué pasa?, ¿Por qué me pegas? – preguntó ofendido y llevándose la mano a la dolorida mejilla.
-¿Cómo has podido hacerme esto Richard Castle?, ¿Cómo siquiera te has atrevido a hacerme esto? – le gritó a la cara, tratando de contener las lágrimas que pugnaban por salir.
-¿Hacerte qué?, ¿Qué es lo que he hecho ahora? – le preguntó pensando que aquella mujer se había vuelto loca.
-Me has mentido, me has traicionado, nunca pensé que serías capaz de actuar así a mis espaldas – le gritó Kate.
-Sigo sin saber qué es eso tan grave que he hecho, si te tranquilizases quizás podríamos hablar como personas civilizadas y así poder saber de lo que me acusas.
Kate se apartó dejándolo pasar al salón. Se sentó con cansancio y el la imitó.
-Alexis vino esta mañana a hablar conmigo a la comisaría – dijo escuetamente.
-¿Alexis? – preguntó extrañado – ¿le ha ocurrido algo? – ahora sonaba preocupado – lleva unos día muy rara, ¿tiene algún problema?, ¿Qué te dijo? – sonaba apremiante.
-Me contó que estás investigando el caso de mi madre por tu cuenta, ¿es eso cierto?, ¡dime!
-¿Alexis te dijo eso?, pero, ¿Por qué? – Castle no salía de su asombro.
-Me dijo que te estabas metiendo en asuntos peligrosos y que temía por tu vida. ¿Qué has descubierto Castle?
-Yo, yo… no he descubierto nada de importancia – mintió.
-O sea, que admites que has estado investigando a mis espaldas – dijo con amargura – Muchas gracias Castle, por confiar en mí, pensé que éramos amigos.
-Y lo somos Kate, tú eres mi mejor amiga…
-¡Los amigos no se mienten! – gritó.
-Yo no te he mentido Kate – trataba de sonar tranquilo.
-¿Cómo qué no?, todo este tiempo has estado actuando por tu cuenta sin decirme nada, ¿no es eso mentir? – preguntó indignada.
-Técnicamente no es mentir, solo te oculté información.
-¡No trates de sonar profesional!, es mentir y punto, y ¿Quién es ese hombre misterioso con el que hablas tan a menudo? ¿El que te pidió que me mantuvieras alejada de todo esto?
-¿Alexis también te contó eso? – preguntó asombrado – ¿Cómo puede saber ella eso?
-Por lo visto se dedica a espiarte – dijo con cierto tono de malicia – te ha escuchado hablar por teléfono con él.
Castle suspiró con cansancio, iba a tener que hablar seriamente con su hija.
-Tienes que darme todo el material nuevo que tienes, a partir de ahora me encargo yo de todo.
-Eso ni lo sueñes – respondió muy serio – no voy a dejar que te expongas al peligro de esa manera, eso sería enviarte a una muerte segura.
-¡Y qué más da!, no eres nadie para impedirme seguir con esto.
-Si – dijo con tristeza – me doy cuenta de que para ti no soy nadie, pero tú para mí lo eres todo, eres lo suficientemente importante, como para hacer lo que sea necesario con tal de que no te expongas al peligro. Ya te vi morir una vez, no voy a pasar otra vez por eso.
A ella no pareció afectarle la declaración de él.
-Pues entonces no tenemos más nada que hablar, ¡vete y ni se te ocurra volver por la comisaría, no quiero volver a verte! – le gritó estallando en llanto.
A Castle se le partió el corazón cuando ella lo echó de allí de tan mala manera.
-Por si aún no te has dado cuenta, te quiero Kate y prefiero que no me vuelvas a hablar nunca antes que poner en riesgo tu vida. Adiós – le dijo con tristeza – ten mucho cuidado por favor – y salió de aquella casa sin poder evitar que a él también le empezaran a caer las lágrimas.
Kate se sentó en el sofá, no podía dejar de llorar, lloraba de impotencia y de rabia. Llevaba un rato así cuando sintió el teléfono. En principio pensó que sería él, pero al coger el móvil vio que quien llamaba era Lanie. Estuvo tentada de colgarle, pero su necesidad de desahogarse con alguien fue más fuerte.
-¿Sí?, ¿Lanie? – dijo con voz entrecortada.
-¿Kate?, ¿Te encuentras bien?, Javi me dijo que te fuiste de la comisaría, ¿Qué ha pasado?, ¿estás enferma? – preguntaba alarmada.
-¿Puedes venir? Necesito hablar contigo – dijo llorosa.
-Kate me estás preocupando, dime al menos que estás bien.
-Estoy bien, solo necesito que vengas.
-Enseguida voy para allá.
CONTINUARÁ…
