Capítulo 5:

Cuando Kate le abrió la puerta a su amiga, esta se asustó al ver el estado en el que se encontraba.

-¡Dios Kate!, pero ¿Qué te ha pasado? – dijo entrando a la casa.

-Es Castle – gimió Kate.

-¿Te ha rechazado? – preguntó sorprendida Lanie – ¡será cretino!, pero quien lo iba a decir, menos mal que traje una botella de vino.

-No, no me ha rechazado – suspiró – ha sido mucho peor.

-No te entiendo, esta mañana estabas dispuesta a dar el paso para estar con él, y ahora estás hecha una pena, si no es que te ha rechazado, ¿Qué me he perdido? – preguntó intrigada.

-Me ha mentido y me ha traicionado…

Y antes de que pudiera seguir hablando su amiga la interrumpió.

-¿Se ha acostado con otra, porque no fue capaz de esperarte? – preguntó Lanie – ¡quién lo iba a decir!

-No, no es eso.

Kate le explicó a su amiga todo lo que había ocurrido entre hipidos y sollozos. Lanie la miraba asombrada.

-¡Vaya! – acertó solo a decir – así que el chico escritor se ha metido a investigar todo esto por su cuenta. Oye ¿y le pegaste muy fuerte?

-Si – dijo Kate – y además se niega a darme todo lo nuevo que ha descubierto, sabiendo lo importante que es esto para mí.

-No más importante de lo que tú eres para él – murmuró Lanie.

-¿Cómo has dicho? – preguntó Kate.

-¿Es que no te das cuenta?

-¿Cuenta de qué? – preguntó Kate extrañada.

-¡Dios Kate!, que ciega eres a veces, amiga mía – exclamó Lanie – ese hombre está tan absolutamente enamorado de ti, que es capaz de arriesgar su vida, la de su familia, con tal de que tu no salgas dañada.

-Nadie le ha pedido que lo haga – dijo ofuscada – sé cuidarme sola.

-Si, de eso no cabe duda, pero él ya te vio morir, indirectamente por su culpa, ya que fue quien se puso a revolver en el caso de tu madre, te tienen en la mira, lo que ha hecho ha sido apartarte y ponerse él en tu lugar.

-Como siempre metiéndose en mi vida – protestó Kate – pero eso no va a volver a ocurrir, le he dicho que no quiero volver a verlo.

-Hija, no hay quien te entienda, un hombre estupendo te ofrece la mayor prueba de amor que puede y tú vas y te cabreas con él y lo echas de tu vida, ¿ya se te quitó el enamoramiento que tenías?, ¿Qué vas a hacer ahora?

-Veré a ver que puedo descubrir de lo que ha estado haciendo a mis espaldas.

-O sea que vas a hacer justamente lo que han dicho que no hagas, ponerte a hurgar donde no debes, deberías pensar en la gente que te quiere Kate – le dijo muy seria su amiga.

-¿Qué quieres decir? – preguntó.

-Pues eso, que si te da igual morirte, piensa en la gente que te quiere y no te hablo de Castle, que se moriría de pena si te ocurriese algo, hablo de tu padre, ¿Cómo crees que se sentirá cuando te pierda a manos de los mismos desalmados que mataron a tu madre?, y te hablo de mí, eres mi mejor amiga, ¿es que yo no sufriría?, ¿Y los chicos?, por una vez deja de ser una egoísta y de pensar en ti y en tu propia pena.

Kate miró a su amiga sorprendida, ante sus duras palabras.

-¿Y qué debería hacer según tú? – preguntó un poco molesta.

-Hablar con Castle, si él sabe tanto, entre vosotros dos, Ryan y Javi que estarían más que dispuestos a ayudaros, y ese misterioso hombre, a lo mejor podríais terminar con todo de una vez, claro si lo hacéis bien y con discreción, pero si te vas tu sola a enfrentarte con esto, es más que probable que terminemos otra vez en el cementerio.

-No voy a perdonar a Castle – dijo tozuda.

-¿Nunca?, ni teniendo en cuenta que tú también le has mentido – preguntó su amiga.

-Mi mentira no es igual que la suya – replicó terca.

-Cuando lleves dos días sin el chico escritor pululando a tu alrededor ya verás cómo lo echas de menos.

-Sé que voy a echarlo de menos, pero me tendré que acostumbrar, ¿Qué harías tú en mi lugar? – preguntó curiosa y ya un poco más tranquila.

-Yo lo castigaría unos cuantos días sin disfrutar de mi compañía, en este caso la tuya, y luego le haría rogarme un poco y le daría una segunda oportunidad – contestó Lanie con una sonrisa pícara.

-Realmente crees que lo que ha hecho no es tan grave, ¿no?

-No lo es, Castle en ningún momento ha querido lastimarte, si lo ha hecho es porque ha pecado de torpe, no seas tan dura con él.

-Bueno, no me parece mala idea eso de castigarlo, a ver cuántos días aguanta sin venir a suplicarme a la comisaría – rió Becket más tranquila, por primera vez en aquel día – y ahora venga esa copa de vino.


Cuando Castle entró en su casa, después de haber estado horas deambulando por la ciudad y rumiando que es lo que iba a hacer ahora, Alexis estaba esperándolo. Era evidente que había estado llorando. Antes de poder decirle nada, la chica se levantó y acercándose a su padre le dijo entre sollozos:

-Lo siento papá, lo siento mucho – seguía llorando.

-¿Por qué Alexis?, ¿Por qué no hablaste primero conmigo?, ¿Por qué tuviste que decírselo a Kate? – dijo muy serio – esto puede poner en peligro su vida.

-No sé qué me pasó – lloriqueó – te escuché hablar con ese hombre y husmeé en tus cosas, y cuando me di cuenta de donde te estabas metiendo me entró un miedo terrible. Lo siento, sé que vas a odiarme, pero actué sin pensar.

-Nunca podría odiarte, hija, pero piensa por un momento que hubiera sido yo el que hubiese fisgoneado en tus cosas – dijo atrayéndola hacia él, y pensando que al fin y al cabo, Alexis solo era una cría asustada – debiste hablar conmigo primero.

-Bueno, cotilleas en mis cosas siempre que puedes – dijo sorbiendo por la nariz – ¿Se ha enfadado mucho Becket contigo?

-Solo un poco – le mintió para no preocuparla – pero se le pasará pronto.

-¿Seguirás trabajando con ella? – preguntó la chica.

-Seguro, soy colaborador de la policía, tendré que seguir yendo – pensando en cómo podría engañar a su hija, para que esta no siguiera preocupándose.

-De verdad que lo siento papá, si quieres vuelvo a hablar con ella y me disculpo, ahora mejor me voy a dormir.

-Buenas noches cariño, y no te preocupes por Becket, ella no está enfadada contigo – sino conmigo, pensó mientras le daba un beso a su hija.

Cuando Alexis subió a su cuarto, él se encerró en su despacho, tenía que llamar a ese hombre, para decirle lo que había pasado y que era muy probable que Becket empezara a investigar de nuevo, poniéndose en peligro.

Marcó el teléfono, en seguida le contestaron. De manera escueta le refirió lo que había pasado, y el hombre se inquietó bastante. El responsable de todo estaba a punto de caer, y que Becket se pusiera a meterse por medio la pondría otra vez en serio peligro.

Castle no tenía muy claro, quien era el culpable, había estado investigando sobre la vida de mucha gente, la mayoría altos cargos políticos y del gobierno de los Estados Unidos, pero él era investigador en la sombra, lo que averiguaba se lo pasaba a este señor, del que ni siquiera conocía el nombre, de la forma que le habían indicado, esta era a través de una página falsa de ventas por internet. Él solamente hacía un pedido imaginario, y en el número de tarjeta que usaba para pagar, insertaba un código que previamente había obtenido al colgar el archivo correspondiente en un servidor web.

A partir de ahí se desentendía de la información, pues una vez enviado el archivo, él tenía que borrarlo de su disco duro, según órdenes de este señor, solo que como era desobediente por naturaleza, no solo tenía su pizarra electrónica donde tenía el esquema de la investigación, sino que decidió guardar la documentación importante alojándola en una página de archivos compartidos a la que podía acceder con una cuenta de correo que se había creado para la ocasión y que solo usaba para eso.

El hombre le dijo que tenía que buscar ayuda, necesitaban a alguien que se ocupara de mantener a Becket a salvo, ahora que él ya no estaría cerca. Le recomendó que hablara con la persona que menos se podía esperar.

CONTINUARÁ…