Capítulo 7:
Una vez que las puertas del ascensor se cerraron detrás de Castle, Ryan y Esposito acercaron sus sillas a la mesa de Becket y la acosaron a preguntas.
-Pero, ¿Qué ha pasado? – preguntó el latino – ¿Por qué le has hablado así tan borde?
-Eso no es de tu incumbencia, así que no preguntes – respondió enfadada.
-Tiene que ser algo muy gordo para que le digas que no quieres volver a verlo – empezó a decir Ryan – sabiendo lo mucho…
-¿Qué sabrás tú? – lo interrumpió Becket – y para que dejéis de preguntaros por qué le he dicho eso, solo os diré que ha hecho algo que me ha molestado muchísimo, inmiscuyéndose en mi vida privada como es habitual en él y esta vez ha sobrepasado los límites.
-Ha vuelto a meter las narices en el caso de tu madre, ¿Cierto? – preguntó Esposito que sabía positivamente que eso era lo único que podía ponerla así.
-Pues si ya lo sabes, no preguntes – dijo seria – ahora no quiero hablar más del tema – dijo zanjando la conversación.
-Muy bien jefa, como quieras – le dijo Esposito – si necesitas un hombro para llorar ya sabes dónde estamos.
Y antes de que ella pudiera replicar, los dos retiraron sus sillas y volvieron a sus escritorios.
Kate intentó seguir trabajando, pero la cabeza le daba vueltas. No podía dejar de pensar en Castle, sentía una gran curiosidad por saber todo lo que había descubierto, pero si le había dicho que no quería verlo no se iba a rebajar a llamarlo para que se lo dijera, eso contando que quisiera decírselo. Tenía que haber averiguado algo gordo, cuando Alexis que aunque joven era bastante inteligente se había asustado de esa manera.
Esa era otra cosa que le preocupaba, ahora el que estaba en peligro eran él y probablemente su familia, y aunque estuviera muy enfadada lo último que quería es que le ocurriese algo, a alguno de ellos. No podía dejar de pensar. A medida que transcurría el tiempo su ira se iba aplacando hasta el punto de empezar a arrepentirse de haber sido tan dura con él.
Era ya casi la hora de salida, cuando el capitán Gates salió de su despacho y la llamó seria. Se levantó sin ganas, esperando que no fuera un caso pues lo último que le apetecía en ese momento era ir a ver un cadáver.
Pero nada más lejos de eso. Su jefa le encomendaba una misión especial en Chicago. Al parecer habían asesinado a una pareja de turistas neoyorkinos durante un crucero por el lago Michigan. Al ser ciudadanos de Nueva York habían requerido ayuda a la NYPD. Ella la había recomendado por ser su mejor detective. Iría acompañada por Esposito, ahora que Castle ya no les ayudaba. Ryan les colaboraría desde la 12th. Saldrían en el primer vuelo de la mañana, ya estaba todo solucionado. Un coche de la policía de allí los recogería en el aeropuerto de Midway, para llevarlos al que sería su alojamiento hasta que terminaran el caso.
Becket se negó y sugirió que mandaran a otro compañero, con todo lo que tenía encima, lo único que le faltaba era que la sacaran de la ciudad, máxime ahora que pensaba retomar la investigación del caso de su madre. Pero el capitán fue tajante, si no aceptaba esa misión, podía considerarse despedida de la policía, y antes de salir de la comisaría tendría que entregar su arma y su placa, y no solo eso, también se le abriría un expediente disciplinario por desacato a un superior, y se la inhabilitaría para ejercer de policía en cualquier estado del país.
Kate suspiró, estaba pillada de pies y manos, tendría que esperar a volver de esa misión. Pareciera que el destino estaba en su contra. Ella no podía saber, que su jefa llevaba todo el día buscando la forma de alejarla de Nueva York, para protegerla.
JUEVES 2 DE FEBRERO
Kate llevaba ya dos semanas en Chicago, investigando un caso que cada vez estaba más complicado y cada vez parecía más absurdo. A veces le daba la impresión de que en vez de avanzar, iban hacia atrás. Menos mal que al menos estaba allí Esposito, eran buenos amigos y al menos tenía con ella a alguien conocido. El latino, había sido advertido por su jefe que no la perdiera de vista. Después de asignarle la misión a Kate, que no era tal misión sino solo una manera de hacerla desaparecer de Nueva York, Gates habló con los chicos, comentándoles el peligro que ella corría y que era por eso que la mandaba fuera de la ciudad. Ryan los ayudaría desde allí, a la vez que intentaba averiguar todo lo posible sobre lo que estaba haciendo Castle.
Los colegas de Chicago los trataban bien, el policía asignado al caso y que sabía que su compañera neoyorquina corría peligro en Nueva York, era un cincuentón, inteligente y perspicaz y también muy aficionado a las hamburguesas. Aparentemente el hombre llevaba el caso solo, pues les habían dicho que su compañera habitual estaba de excedencia maternal, así que aceptó a sus compañeros con amabilidad. Era afable por naturaleza, aunque a ella le exasperaba un poco que la tratase más como a una hija, que como a una colega, pero al menos la respetaba como mujer y profesional.
Seguía preocupada por Castle, lo había llamado por teléfono varias veces, pero no le contestó. Pensó que quizás estaría molesto por lo mal que lo trató y eso la hacía sentirse peor de lo que ya se sentía. Había hablado con Lanie, a ver si ella podía localizarlo. Esta le comentó que lo habían visto en "La Guarida" una noche que Ryan y Jenny la invitaron a una copa, después de un día muy duro, y que estaba bien, triste, pero bien. De eso hacía ya unos días.
En el tiempo que ella llevaba fuera, Ryan había empezado a ayudar a Castle, por órdenes de Gates, es por eso que se veían algunas noches en "La Guarida", él casi siempre iba acompañado por Jenny, y a veces también lo hacía Lanie. Fue Kevin quien le informó a Castle que a Becket la habían mandado a Chicago junto a Javier, para apartarla de todo, esto lo tranquilizó porque las cosas se estaban poniendo complicadas.
Rick sabía que Ryan estaba allí a petición de Gates para ayudarlo, porque él mismo se lo había dicho, por eso no le hacía participe de muchas de las novedades del caso, no quería ponerlo en peligro, al fin y al cabo acababa de casarse.
Kate había decidido, que en cuanto volviese a Nueva York iría a buscarlo, para arreglar sus diferencias. Lo echaba terriblemente de menos, tenía clarísimo que lo quería de vuelta con ella, se solucionase o no el caso de su madre, era hora de vivir su propia vida.
En Nueva York las cosas iban poco a poco volviendo a su cauce. Gracias al amigo de Montgomery, que había utilizado los contactos que aún tenía en el gobierno y al trabajo de Castle, así como Ryan y Gates que también se había involucrado en ello, en un afán personal por vengar de alguna forma la muerte de su mejor amigo, habían conseguido detener a Graham , alias "el Dragón"*, juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos y antiguo senador por el estado de Massachusetts.
Parker empezó lucrándose a costa de sobornar a policías para que secuestraran a mafiosos. Los cuantiosos rescates lo habían enriquecido, pero no solo era su afán de enriquecerse lo que le hacía peligroso, también la idea equivocada que tenía de que tenía que limpiar la escoria de la sociedad.
Junto a otros personajes importantes, como jueces, abogados y otros políticos creó una especie de comisión, de la que se erigió en jefe, encargada de deshacerse de traficantes, mafiosos, y todo aquel que le estorbara, pero llegó un momento que era ya más el afán de poder y riqueza que el de su equivocada idea de limpiar la sociedad, así que a todo aquel que le abonara una alta cuota a modo de impuesto les ofrecía protección. Así que ya le daba igual si eran traficantes, políticos corruptos, o lo que fuera, él solo quería su dinero y había conseguido montar una organización a espaldas de la ley, aunque él seguía manteniendo su estatus de persona honrada y ciudadano ejemplar.
Johanna Becket cometió el error de investigar lo que no debía y de empezar a tirar de la cuerda de algo tan gordo, y eso le costó la vida.
Después de un complicado operativo lo habían podido detener, junto a algunos de sus colaboradores. Lo habían encarcelado, al igual que a otros miembros de la organización que habían creado, estaban a espera del juicio y eran tantos los cargos contra ellos, que el juez no les había concedido posibilidad de salir bajo fianza. Tendrían que esperar a ser juzgados. Aun así tanto el FBI que había colaborado con ellos, como Gates y el agente de gobierno amigo de Montgomery sospechaban que todavía les quedaban cabos por atar y que aunque habían conseguido detener al cerebro de toda la operación, debían seguir siendo cautos.
Gates dejó pasar todo un día desde la detención de Parker y sus secuaces, a la espera de alguna novedad, a ver si podían encontrar algo más. Al cabo de dos días y en vista de que todo parecía tranquilo, decidió que ya era hora de traer a Becket y Esposito de vuelta.
Esa noche en el despacho de Gates, esta le informaba a Ryan del estado en que se encontraban las cosas, le dijo que al día siguiente a primera hora, avisaría para que Becket y Esposito pudieran regresar por fin a la ciudad, ya que creía que Kate ya no correría peligro, aunque debería seguir teniendo cuidado. Era hora de que volviera, merecía saber que el asesino de su madre estaba ya entre rejas. También le encomendó que ya podía avisar a Castle, para informarle de las últimas novedades y para citarlo al día siguiente a primera hora allí en comisaría, pues tenían mucho de qué hablar.
Ryan no se hizo esperar, cogió el teléfono y marcó el número de Castle, pero en todas las ocasiones que lo intentó le daba fuera de servicio. Decidió pasarse por "La Guarida" antes de volver a casa, pero estaba cerrado a cal y canto. Pensó en acercarse a su casa, pero como era ya bastante tarde, le dio apuro molestar y decidió que lo llamaría al día siguiente.
CONTINUARÁ…
* Os recuerdo, que cuando escribí esta historia aún no se sabía el nombre del asesino de Johanna Becket, así que Graham , alias "el Dragón", es un personaje inventado por mí.
