Capítulo 9:

Cuando Becket y Esposito llegaron al JFK, no se esperaban que Lanie y Alexis estuvieran allí esperándolos en la puerta de salida. Kate se dirigió a la pelirroja, que solo fue capaz de decirle:

-Siento mucho haberme portado como una tonta y haberte dicho todo lo que te dije, si yo no hubiera metido las narices donde no me llamaban, a mi padre no le hubiese pasado nada – se disculpó Alexis con Kate por enésima vez.

-Todavía no sabemos si realmente ha pasado algo y si así ha sido, tú no tienes la culpa de nada – intentó consolar a la chica mientras le pasaba un brazo por los hombros – era a mí a quien tendrían que haber cogido, tu padre lo único que hizo fue lo que hace siempre, portarse como un caballero y ocupar mi lugar, ¿habéis sabido algo nuevo?

-Alexis sigue llamando a su padre a cada poco, pero no le coge el teléfono – dijo Lanie seria.

-Bueno, lo mejor será que nos vayamos a la comisaría. Allí podemos ver que hacer.

Cuando llegaron a la comisaría, Ryan y el capitán Gates ya estaban de vuelta de Sing Sing, esta última totalmente alterada por la conversación mantenida con Parker. El tipo prácticamente se había estado burlando de ella, cuando le preguntó por Castle, negó conocerlo, pero lo dijo con tal aire de suficiencia y cinismo que Gates no tuvo ninguna duda, de que la desaparición de Castle no había sido un hecho fortuito.

El capitán recibió a Becket y Esposito, y durante un rato les estuvo poniendo al corriente de todo el operativo. Kate quiso ir en seguida a la prisión para encarar al asesino de su madre y del capitán Montgomery, pero Gates fue tajante. No iban a darle el gusto de verlos vulnerables, que era como estaban en estos momentos.

Lanie se llevó a Alexis con ella al laboratorio. Los demás seguían investigando. A cada poco, Kate llamaba a Castle, pero el teléfono comunicaba constantemente.

-¡No es posible que desaparezca una persona así como así y que nadie se dé cuenta! – dijo Becket alterada.

-¿Y si alguien hubiera visto algo? – peguntó Esposito – ¿Cómo podríamos saberlo?

-Ni idea – dijo Ryan – pero por si acaso voy a dar aviso a todas las comisarías de la ciudad, por si alguien hubiera denunciado algo.

Era ya muy tarde, y seguían sin tener noticias de Castle y ninguna pista de lo que le podría haber pasado. Estaban agotados, Gates salió de su despacho y se dirigió a ellos.

-Basta por hoy, es hora de que se vayan a casa – dijo muy seria.

-No voy a ir a ningún sitio – dijo Kate terca – hay que seguir investigando.

-Kate – le dijo Gates – se quedan agentes de guardia. En el hipotético caso de que hubiera alguna novedad nos avisarían en seguida. Tiene que descansar, si está agotada no es útil, se le pueden pasar detalles importantes por alto – y dirigiéndose a todos – váyanse y descansen, los quiero despejados y listos mañana a primera hora.

-Si señor – dijeron serios sabiendo que el capitán tenía razón.

Gates volvió a dirigirse a Becket.

-Creo que hay una jovencita con la doctora Parish, que va a necesitar que la cuiden, ahora que está sola.

-¡Alexis! – exclamó Kate que no se había vuelto a acordar de la chica, tan concentrada estaba en el caso – será mejor que la lleve conmigo a casa.

Llamó a Lanie y le dijo que las esperaba para ir a tomar algo. Al final se juntaron todos para cenar. No quisieron hacer ningún comentario por respeto a Alexis. La chica estaba muy seria, se sentía un poco incómoda, sobre todo con Kate, a pesar que esta le había dicho por activa y por pasiva que no le guardaba rencor, ella que era tan metódica, y tenía ese acusado sentido del deber, no podía dejar de sentirse absolutamente culpable, sobre todo de la desaparición de su padre.

Cuando terminaron de cenar, cada uno tiró para su casa. Becket le dijo a Alexis que se quedaría en su casa con ella y fueron hasta su coche.

-¿Estas segura? – preguntó la chica dudosa.

-Claro que lo estoy – le sonrió tratando de animarla – tu padre no me perdonaría jamás que no cuidase de ti, ahora que él no puede hacerlo.

-¿Y si no vuelve nunca? – preguntó Alexis sin poder contener ya las lágrimas que empezaron a rodar por sus mejillas.

Kate la abrazó.

-Te prometo que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para encontrar a tu padre, todos vamos a hacerlo. Y ahora vamos a ir a tu casa, quiero que me enseñes en lo que trabajaba tu padre.

-¿Pero no tenéis ya todo en comisaría?, me pareció entender que ese señor que hablaba con mi padre, lo mandó todo a la capitana Gates.

-Si, así es, pero conociendo a tu padre, igual hay algo que nos pueda ayudar a encontrarlo.

Llegaron a la casa, cuando entraron al loft las embargó la tristeza. Aquella casa era Castle, y el verla vacía las apenó bastante. Alexis la acompañó hasta el despacho, encendió la luz y conectó la pizarra. Empezó a pasar archivos, hasta que se abrió el correspondiente al caso de Johanna Becket, donde aparecía la foto de Kate y todo lo que estaba relacionado con ella y con la investigación que Castle había llevado a cabo.

Kate lo miró todo, y se dio cuenta de donde se había metido Castle, ella había visto parte de lo que había llegado a la comisaría, pero Richard Castle había sido metódico. Fotos, esquemas, todo relacionado, documentado y justificado. No cabía duda que con ese trabajo que Castle se había auto impuesto para ayudarla, se había sacado el carné de investigador profesional, y además con honores.

No salía de su asombro, lo estuvo mirando todo, y notó algo que era evidente, allí faltaban cosas.

-¿Sabes si tu padre tiene algún otro sitio donde guardar datos? – le preguntó a Alexis que estaba tan sorprendida como ella.

-Si no está en su portátil, no veo donde pueda estar – contestó Alexis – aunque ahora que me acuerdo… – dijo la chica mientras abría el portátil y empezaba a buscar – papá me estuvo preguntando por las páginas de archivos compartidos, había leído algo en algún sitio y no tenía mucha idea, así que me preguntó. Siempre decía que ya era muy mayor para algunas cosas y que yo lo mantenía actualizado – dijo con nostalgia.

Kate le puso la mano sobre el hombro.

-Ya verás cómo lo encontramos enseguida, y dentro de poco está aquí otra vez volviéndonos locas, ¿Has avisado a Martha?

-No, no he querido preocupar a la abuela, como todavía no sabemos mucho…

-Deberías llamarla, no creo que le guste mucho saber que la hemos mantenido al margen, es más, estoy más que segura que querrá estar aquí contigo.

-Supongo que tienes razón, ahora la llamaré – y mientras decía eso abría una página de archivos compartidos que había quedado registrada en el historial del ordenador de su padre.

-¿Sabes el correo de Castle? – preguntó interesada Kate.

-Sí, pero no sé la contraseña, así que no podemos entrar.

-Coge el ordenador que nos lo llevamos, mañana en comisaría hablaremos con los expertos informáticos, a ver que pueden decirnos. ¿Quieres coger alguna cosa más?

-No, con lo que cogí ayer, tengo bastante de momento, siempre puedo volver por lo que necesite – y diciendo esto cogió de la estantería uno de los primeros best seller de su padre donde había una foto de un apuesto Castle en la contraportada.

Kate no pudo evitar conmoverse al ver a la chica mirar la foto de su padre y abrazar el libro con fuerza.


Cuando llegaron a la casa de ella, le dijo a Alexis que lo único que podía ofrecerle era el sofá, claro que si quería podía dormir en su cama, que iba a acostarse tarde y no le importaba cambiar el sitio por ella. Alexis se negó aduciendo que estaría perfectamente en el sofá que ya se había tomado muchas molestias por ella. Entre las dos pusieron las sábanas, la chica se acostó enseguida.

Ella se fue al cuarto con el portátil de Castle, a ver si podía averiguar algo. Llevaba un rato y no pudo evitar cotillear en los archivos de él. Sabía que se estaba inmiscuyendo en su vida, pero teniendo en cuenta que él lo hacía constantemente en la suya, pensó que estaban en paz.

Estaba escribiendo una nueva novela de Nikki Heat. A medida que leía era como si escuchara su voz. Eso le hacía sentirse más cercana a él y darse cuenta de lo que lo echaba de menos.

De pronto le pareció oír un ruido proveniente del salón. Se levantó y se asomó a la puerta. Era Alexis, que lloraba desconsolada. Le apenó verla así y acercándose se sentó junto a ella en el sofá intentando consolarla y diciéndole que todo se iba a arreglar.

CONTINUARÁ…