Capítulo 13
Los dos gorilas que se habían llevado a Castle, no se caracterizaban precisamente por una gran inteligencia. A ellos les habían encargado llevarse al escritor y ocuparse de él hasta nueva orden.
Lo tuvieron vigilado hasta aquella mañana que pasó por esa calle poco transitada para hablar por teléfono con tranquilidad. Vieron que había llegado el momento propicio para atraparlo, se acercaron con la furgoneta y a punta de pistola lo obligaron a subir. En la calle no había nadie o eso pensaban ellos, porque no vieron a la anciana, que como ella misma les dijo a los policías había quedado camuflada por un contenedor de basura.
Al entrar en la furgoneta Castle intentó resistirse, por lo que el gorila calvo apodado Bull, le dio con la culata de la pistola en la sien, dejándolo fuera de combate.
La furgoneta, conducida por otro de sus compinches, se puso en marcha hacia las afueras de la ciudad, en dirección a New Jersey. Estando ya en carretera, Castle empezó a espabilarse, por lo que el matón rubio con coleta llamado Thor le puso en la cara un paño con cloroformo, que volvió a dejarlo KO.
La furgoneta se dirigió hasta Hardyston en el estado de Nueva Jersey a una granja en medio del campo, perteneciente a la primera familia política de Parker, es decir los padres de su difunta esposa Maryanne, que en esos momentos estaba deshabitada. Dejó allí al rehén y a los dos matones encargados de vigilarlo. Lo metieron en un cuartucho en el sótano y allí lo dejaron encerrado.
Los dos tipos tenían orden de mantener al prisionero con vida, pero sin miramientos. Ellos por su parte tenían la nevera bien aprovisionada de cervezas, la despensa llena de comida y una televisión, que aunque no tenía antena estaba conectada a un DVD, con una buena colección de películas de acción y pornográficas. No tenían radio. Así que no se enteraron del encarcelamiento de Parker, ellos seguían cumpliendo la orden dada, esperando que alguien se comunicara con ellos, si había cambio de planes.
Cuando Castle se despertó se encontró en un lugar oscuro y húmedo. Estaba agarrado a la pared con unos grilletes, tanto en las muñecas como en los tobillos, menos mal que las cadenas de los pies, eran lo suficientemente largas como para permitirle estar sentado, aunque las manos tuviera que tenerlas levantadas. Se dio cuenta que solo podía abrir un ojo, el otro estaba hinchado y lleno de sangre seca. Tardó un rato hasta que se le acostumbró la vista a la oscuridad, y notó que el lugar donde estaba además de húmedo era bastante pequeño.
Pasó un rato y perdió la noción del tiempo. Volvió a adormilarse, le dolía muchísimo la cabeza y los brazos, de la postura se le estaban hinchando las manos. Lo despertó un cubo de agua fría y una desagradable voz que le dijo:
-¡Hora de comer!
Y mientras Thor le apuntaba con una pistola y lo obligaba a levantarse, Bull le soltó una mano y le dio una manzana y luego una botella pequeña de agua. A continuación le acercó el cubo indicándole que lo usara si quería orinar. Una vez que hubo terminado, volvieron a esposarle a la pared. Quiso hablar, empezó a balbucear, pero lo interrumpieron bruscamente diciendo:
-¡No se habla! – le gritó Thor dándole una patada en las costillas y luego un bofetón tan fuerte, que se golpeó fuertemente la cabeza contra la pared, quedando de nuevo aturdido.
Y salieron del cuartucho cerrando la puerta con llave. Estuvo un rato semiinconsciente. Cuando se espabiló un poco, recordó la otra vez que estuvo esposado con Kate, rogó al cielo porque tanto ella, como su familia estuvieran a salvo. Se preocupó por Alexis, sabía que estaba sola, esperaba fervientemente que nadie fuera a su casa y le hiciera daño a su hija.
Los días se sucedían aunque Castle no tenía noción de ellos. Su rutina era la misma. Dos o tres veces al día, iban el vikingo como había apodado mentalmente a Thor y el gorila, como llamaba a Bull, y repetían la rutina de la comida, que solía consistir en una manzana, un plátano, un trozo de pan, siempre acompañado de la botellita de agua y el cubo.
Más de una vez tuvieron que despertarlo de su letargo, a veces a golpes y patadas y otras echándole un cubo de agua fría. La ropa no terminaba de secársele por lo que entre eso y la falta de alimento tenía siempre muchísimo frío.
Los dos matones estaban un poco extrañados de que nadie se pusiese en contacto con ellos, pero como tampoco tenían muchas luces, pensaron que sería algo normal.
SÁBADO 11 DE FEBRERO
Llevarían allí unos diez días, cuando se les acabaron las cervezas, así que Thor decidió coger una ranchera que tenían allí, ya que la furgoneta negra solo fue a llevarlos, y llegarse al pueblo más cercano.
Cuando llegó a la tienda, además de las cervezas, pensó en comprar algunas revistas guarras, y al mirar en donde estaban le llamó la atención los titulares de los periódicos. Iba a empezar el juicio contra Parker, además también hablaban de la desaparición de Castle y había fotos del escritor. Thor era un poco más espabilado que su compañero aunque igual de bruto. No quiso llamar la atención, compró las cervezas, las revistas guarras y varios diarios, así como un transistor, lo pagó todo en efectivo y se volvió a la granja.
Cuando llegó allí llamó a su compañero y estuvieron viendo los periódicos. Tenían que planear que pasos seguir ahora que habían cogido a su jefe. Ellos no trabajaban directamente para Parker, si no para uno de sus secuaces que también había sido detenido. Imaginaron que por eso nadie les había avisado, y se les planteaba la duda de que hacer.
-Nos vamos de aquí cagando leches – dijo Bull con determinación.
-¿Y qué hacemos con el tipo que tenemos abajo? – preguntó Thor a su compinche.
-Pues lo dejamos aquí y ya está – le contestó.
-Si lo dejamos aquí terminará muriéndose, y este lugar terminará por encontrarlo el FBI, hay huellas nuestras por todos lados, sería imposible limpiarlo todo – razonó Thor – el tipo que tenemos es importante, es casi un poli, no podemos dejarlo morir y dejar esto lleno de huellas.
-Pues lo quemamos todo, así desaparecerán las huellas.
-¡Estás loco! – gritó Thor – el fuego se extendería enseguida y arderían los campos continuos, todo está muy seco a causa de la sequía.
-Jajaja, ahora eres un ecologista – bramó con una risotada Bull – ¡qué más da que se queme todo!, ¿Qué quieres que hagamos?
-Le damos cloroformo al tipo otra vez, lo metemos en la ranchera y lo dejamos en cualquier sitio de la ciudad donde no haya mucha gente, así no podrán seguir nuestro rastro hasta aquí.
-¿Y cuándo lo hacemos? – preguntó Bull.
-Esta noche, cuanto antes nos larguemos de aquí, mucho mejor.
Durante el resto de la tarde recogieron sus cosas y cargaron la ranchera. Tal como habían decidido fueron a por Castle para meterlo en el vehículo. Rick no se encontraba muy bien, se le había infectado la herida de la ceja, ardía en fiebre y tiritaba de frío. Cuando se acercaron a él, estaba medio despierto medio inconsciente y deliraba. Hablaba de Parker, de Kate, de su hija, los dos brutos pensando que estaba lúcido y al oírlo hablar le golpearon la cabeza contra la pared, para que se callara y luego además le dieron una buena dosis de cloroformo.
Le quitaron los grilletes. Tenía heridas producidas por el roce tanto en las muñecas como en los tobillos. También tenía las muñecas y los hombros dislocados por la postura forzada en que había estado tanto tiempo. Lo liaron dentro de una alfombra vieja y lo metieron en la parte de atrás de la ranchera tapado con mantas y cajas.
Eran más de las 12 de la noche cuando llegaron a la ciudad. Entraron en Manhattan y estuvieron dando vueltas por varios barrios. Vieron algunos coches de policía haciendo las rondas y no sabían para dónde tirar. Al final pasaron por un callejón en Harlem a donde daba la parte de atrás de un restaurante. Había contenedores de basura y cartones en el suelo. El restaurante estaba cerrado en ese momento, y la calle estaba desierta. Pararon la ranchera y sacaron del maletero la alfombra enrollada dejándola allí entre los cartones. Miraron por si los había visto alguien y se fueron enseguida.
CONTINUARÁ…
