Este capítulo trata de lo que ocurrió antes de que Pan y Trunks viajaran al pasado. :D Enjoy

Mamá ya lo sabe.

-Riiinggg, Riiinggg- el repique del teléfono exaltó a una mujer que se encontraba parada frente al tostador, esperando que el plateado artefacto le devolviera las rebanadas que en él había depositado.

-¡Yo contesto!- gritó una joven desde la planta alta de la casa, la mujer volteó como un acto reflejo ante la exclamación para encontrarse con el rostro de su marido quien se hallaba sentado en la mesa degustando tranquilamente una humeante taza de café, – ¿quién será a estas horas?- comentó el hombre antes de llevarse el aromático brebaje a la boca; la mujer comenzó a hacerse la misma pregunta, era extraño que alguien llamara tan temprano y aún más extraño que su hija de 16 años estuviera tan interesada en contestar, solo podía pensar que su pequeña estaba esperando dicha llamada, pero..¿De quién?; sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido del tostador, decidió deja para más tarde sus cavilaciones y se dispuso a terminar de preparar el desayuno.

-¡Buenos días familia!, ay huele delicioso el café-dijo una muy sonriente chica sentándose a la mesa justo a un lado de su padre y vertiendo el liquido obscuro en un taza ya dispuesta para ella.

-Está delicioso Pan, tu madre es una experta preparándolo- señaló el hombre de anteojos sin apartar la vista del periódico que se encontraba ojeando.

-Bueno gracias a los dos, yo también los quiero, pero apresúrense o se les hará tarde- expresó la mujer de ojos de cielo con una sonrisa, sentándose frente a su familia y acomodando otra bandeja de comida.

-Por cierto Pan, ¿quién era? No es normal que alguien marque tan temprano a menos que sea una emergencia- comentó el hombre de corbata todavía con la cara frente a los papeles color gris, pero esta vez mirando de reojo a su hija.

-Por kami! Olvidé que tengo que pasar por un libro a la biblioteca-dijo mientras saltaba de su silla-Adiós a todos, los quiero-gritó mientras salía corriendo de la cocina, lanzando un par de besos al aire y tomando su mochila color limón.

Ambos padres observaron la escena un poco sorprendidos; Videl aun sostenía la taza blanca con filos dorados frente a su boca y Gohan apartó el periódico que lo había tenido entretenido por un buen rato cuando escucharon el azote de la puerta principal de su hogar; -definitivamente ay algo raro-pensó la pelinegra de ojos azules, pero decidió no comentarle nada a su esposo hasta averiguarlo y hablar con su pequeña; -igual de despistada que su papá- bromeó esperando sacar a su compañero de los pensamientos que lo obligaron a mirar fijamente por la ventana, su deber era apartarlo de lo que sea que se estuviera imaginando hasta charlar con su hija.

El semisaya veterano giró la mirada para encontrarse con el rostro de su mujer, quien se había levantado de su asiento para acercársele, ésta retiró su brazo de la mesa para sentarse en sus piernas, el hombre parpadeo un par de veces en reacción involuntaria y se sonrojó un poco, definitivamente le encantaba ver a su esposa tan cariñosa, con delicadeza la mujer apartó los anteojos del pelinegro y los acomodó en la mesa para poder observar los ojos del hombre con el que ha compartido muchos años de su vida; el primogénito de Goku paso sus manos por la espalda de su cónyuge, la cual ya tenía los brazos rodeando su cuello y la frente apoyada con la de él, -Se te está haciendo tarde- Exclamó la ojiazul casi susurrando y mordiéndose el labio inferior continuó –Pero no te vas a ir de aquí hasta que pagues la cuota- terminó regalándole una amplia sonrisa al caballero de ojos azabaches, -mmm la cuota, había olvidado la cuota, cuantos serán esta vez, ¿un millón, dos millones?-comentó el hombre de corbata fingiendo estar pensativo, -Todos los besos del mundo- exclamo la pelinegra con una gran sonrisa y se dejo atrapar por los labios de su marido, habrían pasado toda la mañana fundidos en ese beso pero fueron interrumpidos por la alarma de un pequeño reloj de pulsera sobre el brazo del semisaya, -Debo irme o llegare tarde- dijo el hombre apartando gentilmente a su esposa, -Ash ya se-exclamó la hija de Mr. Satán simulando un puchero y abandonando con desgano los brazos de su ex compañero de lucha contra el crimen, -Bueno te veo en la cena, te amo- expresó el hombre colocándose los lentes y tomando su maletín, para después despedirse de su mujer con un tierno beso y salir de su casa; Videl se quedó observando por la ventana de la cocina cómo Gohan se alejaba volando, entonces recordó algo, parpadeo dos veces y pronunció para ella misma -el teléfono-.

El viento arremolinaba los cabellos azabaches de una jovencita que viajaba a toda velocidad rumbo al oeste, los rayos de sol iluminaban su rostro en ese ángulo perfecto que le regala todas las mañanas, su expresión no era la habitual, pues la gran sonrisa que la caracteriza no se encontraba pegada en sus labios, se veía notoriamente seria, como si algún pensamiento merodeador se arrastrara por su mente. –Eso fue descuidado- dijo para sí misma recordando lo ocurrido en casa.

FlashBack

-¡Ay asquerosa chatarra dónde estás!- gruñía molesta una joven envuelta en su bata de dormir mientras removía ropas, trastos y adornos por toda la habitación, -No puede ser otra vez extravié mi móvil- expresó para sí la muchacha con las manos empuñadas frente a su pecho, sus ojos llorosos y mirando hacia el techo como si éste le fuera a responder e indicarle la ubicación del objeto que busca; -Ash bueno solo espero que a Trunks no se le ocurra llamarme a casa- dijo mientras se desasía de su pijama y se dirigía a tomar una ducha, terminó de ducharse sin contratiempos y justo cuando pasaba frente al teléfono de su recámara éste comenzó a resonar.

-¡Yo contesto!-gritó mientras descolgaba el teléfono -Moshi moshi ¿Trunks eres tú?-expresó nerviosamente.

-Buenos días Pan, espero hayas dormido bien, ¿Cómo está la princesa de la montaña Paoz?- preguntó un joven al otro lado de la línea.

-Estoy bien gracias-expresó la joven sonrojándose levemente con una dulce sonrisa, la cual fue borrada y reemplazada por una expresión de seriedad -¿Por qué me marcaste a casa? Sabes que no debemos distraernos-

-Lo siento mucho Pan, lo que pasa es que no contestabas el móvil, y bueno hoy tengo todo el día ocupado, mi mamá me programó muchas reuniones, y pues tenía que avisarte que no podré ir a almorzar como quedamos, espero me disculpes- decía un joven de cabellos lilas rascándose la nuca con la mano que tenía libre, se encontraba observando el horizonte pegado al barandal del balcón en su hogar, el único lugar donde podía hablar sin ser escudriñado por su hermana o su madre.

-Ay qué mala suerte y yo que te quería llevar a ese nuevo restaurant que abrieron en la cuidad, ni hablar, pero me debe una cita señor Briefs- se escuchó a una joven decir por el auricular cosa que provocó que el joven jefe de la corporación capsula se sonrojara un poco y empezara a reír nerviosamente –esto…si otro día hacemos lo que tú quieras ¿de acuerdo?- comentó el joven echó un vistazo de reojo sobre su hombro, como verificando que nadie estuviera oyendo u observando.

-Es una promesa, ¡Por Kami! Tengo que colgar, te llamo luego, besos, te amo, adiosín- se escuchó por la bocina del teléfono a la muchacha; antes de contestar, el joven semisaya de ojos azules, miró a un lado, luego al opuesto y finalmente posó su mano sobre el micrófono y sus labios–Yo también te amo, que tengas lindo día-dijo modulando el tono de su voz lo suficiente para que solo su compañera del otro lado de la línea lo escuchara bien –Adiós- fue lo último que pronunció el hijo del príncipe de los sayayín antes de dirigirse a la puerta de cristal que comunica el balcón con el resto de su casa, antes de entrar volteó por un momento hacia el cielo como recordando algo; tal vez un par de ojos azabaches; suspiró entrecerrando los ojos, se acomodó la corbata y se perdió entre las sombras del interior de su hogar.

Fin del FlashBack

-Esta niña no va a cambiar- decía para ella misma una mujer de cabello obscuro con la barbilla pegada a su pecho y los brazos colgados hacia abajo al abrir la recámara de su retoño y encontrarse con toda una pila de desastre, era como si un tornado hubiera pasado sólo por la habitación, y en efecto su hija desde pequeña parecía un torbellino; la ojiazul se disponía a cerrar lo que para ella era una cámara de horror cuando una extraña luz llamó su atención, la luz provenía de un rincón debajo de una estantería de libros en donde había todo tipo de artilugios excepto libros, entro con cuidado de no pisar alguna de las prendas que se encontraban regadas por todo el piso, se agacho, extendió la mano lo más que pudo, tuvo que pegar su rostro al suelo para estirarse, sacó la lengua en un gesto infantil provocado por la posición en la que se encontraba; por fin sus dedos lograron alcanzar el artefacto; lo tomó y se levantó de golpe apretando el aparato, -Pero si es el móvil de Pan- dijo parpadeando mientras sostenía el objeto que emitía una luz y un pequeño zumbido frente a ella,-tres llamadas perdidas- dijo mirando la pantalla titilante del teléfono celular, se quedó observando fijamente al artefacto con expresión dudosa, ¿Quién llama tan temprano a su hija con tanta insistencia? ¿Es la misma persona que llamó por la mañana a su casa? Esas preguntas daban vueltas por su cabeza y de un momento a otro su curiosidad entró en escena y se les unieron otras cuestiones, ¿Qué pasaría si solo da un vistazo? Solo para conocer el nombre de la persona ¿Cuál es el límite que tiene una madre para inmiscuirse en la vida personal de sus hijos? Pan ya no era una niña, pero tampoco era un adulto, todavía no estaba en edad de tomar decisiones consientes y afrontar sus consecuencias, o al menos eso era lo que ella creía, ¿En verdad lo creía así?, ¿Es eso cierto?; salió por un instante de su estupor y miró a su alrededor, recordó que había planeado revisar el identificador de llamadas del teléfono de la estancia, pero con los quehaceres del hogar dejó a un lado su compromiso con ella misma; volvió a apretar el móvil, lo guardó en uno de los bolsillos de su delantal blanco con encaje y salió con actitud firme de la habitación de su pequeña de 16 años, se dirigió serena y tranquilamente a la estancia de su hogar, con una expresión decidida que la hacía lucir como la joven de coletas que combatía el crimen en ciudad Satán hace algunos años; fue directo al identificador, revisó el número en cuestión y tomó el teléfono, miró ambos artefactos con una expresión vacilante en el rostro, una gota de sudor se asomaba en su frente producto de la lucha interna que estaba llevándose a cabo en su mente, -El trabajo de una madre es cuidar de sus hijos ¿no?- expresó para sí misma autoconvenciéndose, -Si, pero sin meterse en sus vidas- ignorando el último pensamiento que atravesó por su cabeza marcó el número telefónico y colocó el auricular junto a su oreja.

-Hola soy Trunks deja tu mensaje y yo me comunico más tarde, adiós, beeep- se escuchó por el altoparlante del aparato, la mujer colgó y lentamente dejo el teléfono en su lugar, se quedó inmóvil con una mano sobre el objeto que sirve para comunicarnos a distancia, reinó el silencio por unos minutos en la casa de la familia Son/Satán, poco a poco la mujer de trenza metió su mano al bolsillo del delantal que vestía, sacó el móvil de su hija, lo miró por unos segundos para después desbloquearlo y así poder visualizar lo que deseaba, o ¿no deseaba?; -Mi Pan y..-susurró sin terminar.