Capítulo 16
Kate durmió poco y mal. Soñó con Rick toda la noche, lo veía en una cueva esposado y andrajoso, con el pelo largo y con barbas. En su sueño se le aparecía como el conde de Montecristo que se escapaba de su encierro y volvía al cabo de los años para vengarse de ella, por haberlo tratado tan mal.
Se levantó y se fue directa a la ducha. Le dolía la cabeza, seguía sin llorar su pena y aguantar ese nudo en la garganta y esa opresión en el corazón la tenían en un estado de tensión insoportable.
Como cada mañana desde que Castle no estaba en su vida, se compró un café bien cargado en la cafetería cercana a la comisaría, como único desayuno y se dirigió a trabajar.
Aunque quería seguir investigando el posible paradero de Castle, por primera vez en muchos días deseó que apareciera algún muerto para poder distraer su mente en otros asuntos, claro que a continuación se sintió tremendamente culpable, pensando en que el cuerpo que apareciera pudiera ser de Rick. Ese pensamiento la hizo estremecer.
Cuando entró ya estaban allí sus compañeros que la saludaron con cariño y preguntándole como había ido la tarde anterior. Ella les comentó como fue todo y mientras hablaba Gates salió de su oficina, pues la había visto llegar y quería enterarse también.
-Buenos días Kate, ¿informó a la familia del señor Castle?
-Si capitán, ayer cuando salí de aquí fui a su casa a hablar con su hija y su madre.
-Siento de verdad que haya tenido que pasar por eso, me doy cuenta del afecto que siente por ese hombre. De momento no hay ningún caso, pueden seguir poniendo al día el papeleo – les dijo ya dirigiéndose a los tres.
-Si señor – contestaron.
Gates se metió en su despacho y la mañana transcurrió con relativa tranquilidad. Los chicos se marcharon a investigar algo que les pidió otro compañero y ella siguió haciendo papeleo.
Lanie la llamó para invitarla a comer, estuvo a punto de desistir, realmente no tenía nada de hambre, pero su amiga intentó animarla diciéndole que cuando volviera el chico escritor no iba a querer tener nada que ver con el palo de una escoba. Así que con tal de no oírla se decidió a acompañarla, salir un rato de la comisaría no le vendría nada mal.
Mientras terminaba de hablar con Lanie pudo observar como su jefe mantenía una airada conversación por teléfono. Parecía bastante indignada, hablaba en voz alta, aunque no llegaba a distinguir sus palabras, pensó que no le gustaría para nada estar del otro lado de la línea telefónica.
Empezó a ponerse el abrigo para irse cuando unos golpes en el cristal del despacho de Gates llamaron su atención. Al volverse vio como el capitán le hacía señas con la mano pidiéndole que se esperara. Maldijo para sus adentros, ahora que había decidido tomarse un respiro aparecía un cuerpo.
Esperó a que Gates terminara y a que le hiciera señas invitándola a entrar.
-Siéntese – le dijo seria – han llamado de la 32nd. El domingo en la tarde los llamaron comunicándoles que habían encontrado un cuerpo en el callejón trasero de un restaurante. Quien lo encontró pensó que estaba muerto por eso llamó a la policía pero luego se dio cuenta que seguía con vida y llamaron a urgencias.
-Y ese cuerpo, ¿es de…? – preguntó Kate esperanzada con un hilo de voz.
-La descripción coincide con la del señor Castle, pero no es seguro, es mejor que no se haga ilusiones…
-¿Dónde está? – preguntó levantándose y dirigiéndose hacia la puerta – ¿Por qué no han avisado hasta ahora?
-Está en el Hospital Lenox Hill y al parecer los ineptos de esa comisaría no estaban al tanto de la desaparición de Castle, cuando se le ha comunicado a todos los distritos de la ciudad por si sabían algo, ni siquiera lo relacionaron con el caso Parker, que es la noticia más comentada y difundida de los últimos tiempos, mancha de inútiles – dijo una exasperada Gates ya a nadie pues Kate había salido corriendo para dirigirse al hospital.
Al salir de la comisaría tropezó con Lanie a la que no había visto.
-¡Hey chica! No creía que tuvieras tanta hambre, que prisas – dijo su amiga divertida.
-¡Lo han encontrado, Lanie, han encontrado a Castle! – exclamó eufórica.
-Pero, ¿Cómo ha sido?, ¿Qué ha pasado? – preguntaba Lanie impaciente.
Mientras se dirigía al coche le contaba lo que le había dicho Gates. Su amiga se paró y la tomó del brazo deteniéndola.
-Kate, ¿y si no es él? – preguntó seria – deberías hacerle caso a Gates y no hacerte muchas ilusiones, no vaya a ser que la desilusión después sea peor.
-Estoy segura de que es él, no he podido terminar de creer que Castle estuviese muerto, tengo que ir a verle.
-Espera, voy contigo y yo conduzco, capaz eres de chocarte por ahí o atropellar a alguien – dijo Lanie corriendo detrás de ella.
-No voy a dejarte conducir – protestó Kate y antes de que pudiera seguir su amiga la interrumpió.
-Claro que me vas a dejar conducir porque si te montas en el coche me pongo delante y cuando llegues al hospital ya le habrán dado el alta ¡Dame las llaves! – le ordenó.
-De acuerdo cabezota, pero date prisa.
Subieron al coche y Lanie le preguntó si había avisado a Alexis y a Martha.
-Hasta que no esté segura de que es él no pienso decirles nada, primero tengo que ir yo y asegurarme que es Castle.
Kate tamborileaba impaciente mientras su amiga trataba de sortear el intenso tráfico que había a esa hora en Manhattan.
-Si me hubieras dejado conducir a mí podría haber puesto la sirena y ya habríamos llegado – dijo molesta.
-Si te fastidia que no pueda poner la sirena porque soy civil, ya puedes sacar la cabeza por la ventanilla y empezar a berrear para abrirnos paso – dijo su amiga – si nos paran siempre puedo decir que soy tu médico y te ha dado un ataque y es por eso que te llevo al hospital.
-Muy graciosa doctora – haciendo retintín en doctora – no puedo aguantar a verlo – mientras se movía nerviosa.
-Si te hubiera dejado conducir hubieras llegado al hospital pero por urgencias, con el estado de nervios en el que te encuentras te hubieras empotrado en el primer cruce.
-Muchas gracias por confiar en mis habilidades como conductora – resopló con fastidio.
Y así discutiendo las dos llegaron al hospital. Lanie siguió siendo mordaz con su amiga y cuando paró en la puerta, le dijo:
-Bueno como tienes tanto interés en conducir tu coche mejor te dejo que aparques tú, no vaya a ser que yo le de algún golpe.
Kate la miró echando chispas por los ojos.
-Lo aparcas tú, yo no pienso entretenerme – y salió dando un portazo.
-De nada – contestó Lanie con una sonrisa, entendía perfectamente como se encontraba su amiga y se dirigió a la zona de aparcamientos.
Llegó a la recepción, se acreditó y preguntó por él. Cuando la recepcionista avisó a uno de los doctores que una inspectora de policía preguntaba por el John Doe, sintió una gran tristeza por el tiempo que llevaba allí sin que nadie lo conociera.
Un doctor se acercó a ella y le dijo que la acompañaría a identificar al paciente. Subieron a la tercera planta y él médico la condujo hasta la UCI y allí la llevó a una habitación donde había varias camas separadas por cortinas. El doctor apartó una y le dijo:
Y aquí tenemos a nuestro John Doe, espero que sea a quien busca.
Cuando Kate lo miró no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas. Estaba pálido y ojeroso, con una venda en la cabeza que le tapaba un ojo y visiblemente más delgado. Tenía barba de varios días y le habían puesto una mascarilla de oxígeno para ayudarle a respirar. También tenía las manos vendadas.
-Es él – susurró – es Richard Castle, ¿Cómo se encuentra?
El médico le dio el parte de su estado. Le dijo que había ingresado con varios traumatismos, ardiendo de fiebre por una fuerte neumonía y una gran infección en una herida en la sien y además, muy deshidratado y desnutrido.
Le comentó que ya estaba bastante mejor, que era un hombre fuerte y que había respondido muy bien al tratamiento, pero que como estaba muy nervioso cuando llegó habían decidido sedarlo para ayudarle a descansar, ya que esa era la mejor medicina que podían darle ahora.
El doctor llamó a una enfermera para indicarle que habían reconocido al paciente y que se encargaran de poner su nombre en el expediente.
-¿Tardará mucho en despertar? – preguntó Kate.
-Dormirá bastante, ¿se encargará usted de avisar a los familiares? – preguntó el médico.
-Claro yo los aviso, ¿puedo estar un rato con él?
-Como quiera, pero no creo que pueda oírla, está profundamente dormido.
-Es lo mismo, solo necesito estar cerca un rato – susurró.
-Entonces la dejo sola – dijo el médico comprensivo – cuando venga la familia sería conveniente que se pasaran por administración para actualizar los datos del paciente.
-Por supuesto, ya me encargo.
El medico salió de la sala corriendo la cortina de separación y dejándola sola. Se acercó a la cama y le cogió la mano.
-¡Menudo susto me has dado Castle!, como se te vuelva a ocurrir a hacerme algo por el estilo te enteras – y mientras decía esto le acariciaba la mano.
Castle siguió durmiendo por toda respuesta.
-Ahora voy a salir para llamar a tu madre y a tu hija, ya verás lo contentas que van a ponerse. No te vayas que vuelvo enseguida.
Al salir de la sala se encontró que Lanie estaba allí. A la forense le habían indicado donde estaba el paciente, pero nadie le había confirmado que era Castle.
-¿Es él? – preguntó impaciente.
-¡Ay Lanie! – y ya no pudo seguir porque rompió a llorar de manera desconsolada descargando así toda la tensión acumulada de los últimos días. Era tal la tranquilidad que le había entrado al saberlo vivo y a salvo que no podía dejar de llorar del alivio que sentía.
-¿Qué ha pasado?, ¿No es él?, ¡Kate me estás asustando! – exclamó Lanie impaciente.
-Sí, es él – hipó Kate – y está bien solo un poco maltrecho físicamente, ahora lo tienen sedado para que descanse y está dormido. No puedo creer que todo haya acabado por fin.
-¿Has avisado a Martha y a Alexis?
-Iba a hacerlo ahora, pero es que cuando he visto que era él me ha entrado una tranquilidad y he empezado a llorar como una boba y…
-Es normal cariño – dijo Lanie comprensiva – ha sido mucha tensión, anda sigue llorando un poco y desahógate que tienes que darle la noticia a la familia y tienes que ser tu quien lo haga.
Tardó todavía un rato en calmarse. Cuando al fin se tranquilizó cogió su teléfono y llamó a Alexis. Al otro lado la chiquilla lloraba y gritaba de la alegría dándole las gracias y diciéndole que se lo decía a su abuela y en seguida salían para el hospital.
CONTINUARÁ…
