Capitulo 8: la marcha

-Bueno tía, pero... prométeme que si no me gusta podre volver.

-Te lo prometo pero debemos irnos ya, es muy tarde-Dijo mi tía pese a que apenas era por la mañana.

En ese momento mi tía subió conmigo a recoger mis cosas y de inmediato marchamos hacia el pueblo y pude ver entre las lagrimas de mis ojos como cada vez me alejaba mas de Edward cuando él me prometió que siempre estaría a mi lado.

El sol estaba en lo alto del cielo cuando llegamos al pueblo, en ese momento aun nos quedaba gran trayecto por recorrer, cuando ya estaba atardeciendo llegamos a la estación del tren, me sentía exhausta y apenas podía seguir andando un paso más, mis piernas no soportaban llevar el paso de una persona adulta durante más de medio día, era demasiado para mi, además de que iba cargada con mis pertenencias.

Apenas esperamos unos minutos a que llegara el siguiente tren y subimos en el, era ya muy tarde y la noche se nos echaba encima por lo que sin mentirme a mis misma me quede dormida. Desperté a la mañana siguiente con los primeros rayos del sol y pocos minutos después de despertar anunciaron que la próxima parada era... Frankfurt, el lugar que aunque en aquellos momentos desconocía la verdad seria mi prisión durante más de 10 años.

Cuando bajamos del tren nos esperaba un coche, nunca había visto un coche tan caro, nadie adivinaría cual fue mi sorpresa, pero mi tía me ayudo a subir y nos llevo hasta la puerta de una gran casa, tenía como unas 3 plantas y la fachada más lujosa que había visto nunca, además todo pertenecía a los padres de aquella niña a la que tenía que hacer compañía, yo estaba acostumbrada a los edificios de dos plantas con muchas pequeñas casitas en su interior o a las pequeñas y mal distribuidas casas del pueblo de la montaña, como extrañaba en un solo día a mi abuelo, a Jacob y a... Edward!

Mi tía me cogió de la mano y tiro de mi hacia esa gran puerta que había ante nosotras, llegue a cuestionarme si en aquella casa vivía un gigante porque las dimensiones de esa puerta eran gigantescas, era el doble de alta de lo que solía haber en los lugares donde había vivido durante mis escasos 5 años y dividida a lo ancho en dos partes que cada una era del mismo modo el doble de lo que solía ver en los lugares que conocía.

Una de las dos partes de la puerta se abrió y de ella no salió el gigante que estaba esperando sino un hombre delgado de un poco más alto que mi tía y de cabello castaño vestido con unas ropas demasiado extrañas para mí.

-Señorita, que alegría que ya haya llegado, la señorita Rottenmeier la estaba esperando, y esperaba su llegada hace diez minutos, la pobre señorita ya temía que algo les hubiera ocurrido- Dijo aquel hombre con extrañas vestiduras.

-Lo siento, Sebastián pero había mucho tráfico, no fue nuestra culpa, ¿puedes avisar a la señorita Rottenmeier?

-De inmediato señora.

Esperamos unos minutos en la entrada hasta que Sebastián bajo y nos dijo:

-Por favor acompáñenme, la señorita Rottenmeier les está esperando en su despacho.

Únicamente con volver a escuchar ese nombre me entro el miedo y tire de mi tía para intentar salir pero ella me cogió de la mano y me guió subiendo la gran escalinata que había frente a nosotras.

Cuando ya estábamos arriba Sebastián nos guió hacia un puerta, y cuando apenas estábamos entrando por ella...

-Por favor, siéntense-dijo una voz autoritaria que comenzaba a hacerme temer cada vez más a aquella señorita Rottenmeier.

Acabamos de entrar por la puerta y de inmediato vimos un escritorio tras el cual estaba sentada una señora de piel tersa y pálida, llevaba el cabello recogido en un tirante recogido, ¿no le dolería la cabeza de lo tirante que se encontraba? Frente al escritorio había dos extrañas sillas, nada parecidas a las que había visto, eran de color además al sentarme me hundía en ellas, muy distintas al taburete que me había hecho mi abuelo para sentarme, o las sillas de madera que habían en casa de mi tía. Todo era muy distinto en esta extraña ciudad.

-Señorita Rottenmeier esta es mi sobrina Isabella.

-Yo me llamo Bella- replique.

-No contestes a tus mayores Bella, es de mala educación- dijo mi tía enfadada.

-Bella no es un nombre, de ahora en adelante todos deberán llamarte Isabella- intente hablar pero me di cuenta de que solo empeoraría las cosas debido a las expresiones de las caras de mi tía y de aquella mujer- pues ese si es el nombre de una Señorita.

-Pero...

-Te llamas Isabella- me interrumpió mi tía.

-Tía... pero tú siempre me has llamado Bella.

-He dicho que hagas caso y que te llamas Isabella- dijo mi tía con un tono al que no pensaba oponerme, o al menos mientras ella estuviera aquí.

Después de esta pequeña discusión se hizo el silencio, me sentía triste porque mi tía nunca antes me había hablado de esa forma, NUNCA, y la forma en la que me miraba aquella mujer que había decidido cambiarme el nombre...

-Señorita, usted me dijo que los modales de su sobrina eran buenos, aunque tras este repentino encaprichamiento lo estoy comenzando a dudar, del mismo modo que no creo que una niña así sea la persona adecuada para hacer compañía a la señorita Waber.

-Le prometo señorita Rottenmeier que de ahora en adelante el comportamiento de mi sobrina Be... Isabella será el de una completa dama ya que únicamente necesita darse cuenta del cambio de vida que está realizando.

-No le prometo que la niña valla a permanecer aquí todo el tiempo que habíamos acordado, solo le permitiré unas semanas de prueba para comprobar si es adecuada para la tarea, en el caso contrario se le comunicara que debe usted venir a llevársela y si es así no se le abonara el dinero previsto por los servicios de compañía que debe dar a la señorita Weber.

-De acuerdo señorita Rottenmeier, pero le pido que por favor me permita hablar con mi sobrina asolas antes de marcharme.

-No tengo ningún inconveniente en que lo haga, es más me parece realmente adecuado que usted ponga en situación a su sobrina y le explique cuál es la razón por la que ha venido, por favor cuando concluya su explicación avíseme, Sebastián le acompañara a la salida y yo le presentare a la señorita Weber a su nueva compañera.

-De acuerdo.

No había entendido ni una palabra de aquella conversación, solo sabía que ahora mi tía tenía que hablar conmigo y que habían dicho algo de dinero ¿me iba a vender mi tía? No ella era incapaz de hacer eso conmigo, me quería mucho, siempre me lo había dicho. Aquella mujer salió de la sala y nos dejo solas a mi tía y a mí.

-Bella, sé que no te gusta que te llamen Isabella pero piensa que solo será un pequeño esfuerzo, a cambio tendrás todo lo que yo no puedo darte, una educación, unos modales, ropas elegantes, y una amiga con la que poder jugar y hablar del mismo modo así podrás aspirar a algo más que estar de criada en una casa cuando seas mayor, es mas puede que si te portes bien puedas permanecer aquí por siempre.

-¿Por siempre?

-Si, por siempre.

-Pero tía yo no quiero quedarme aquí, yo quiero volver con mi abuelito, el es muy bueno, y esta señora da mucho miedo.

-Bella, piensa que es por tu bien, además esa niña debe ser muy buena, y....

-¿Que ocurre tía?

-Piensa que ella siempre está sola con la señorita Rottenmeier, ¿no crees que necesita mucho tu compañía?

-¿De verdad está siempre sola con ella?

-Sí, Bella, siempre sola con ella.

-Ahora sí creo que ella me necesita. Pero tía no olvides tu promesa, si no me gusta estar aquí me llevaras de vuelta con mi abuelito.

-Claro que si Bella.

-Gracias tía, y prométeme también que vendrás a visitarme siempre que puedas.

-Te prometo que vendré a visitarte todas las semanas.

Mi tía me cogió de la mano y salimos de la sala, fuera nos estaban esperando Sebastián y la señorita Rottenmeier, mi tía siguió a Sebastián y bajaron las escaleras y yo intente ir tras ella, pero...

-Isabella, no vallas con tu tía, tú debes quedarte aquí, del mismo modo que ahora me acompañaras y te cambiaras para así ir a conocer a la señorita Weber, y tras esto desayunaremos y vendrá el profesor a comenzar con las clases.

-¿Cambiarme? ¿para qué?

-No puedes pensar que esas ropas de pueblerina son adecuadas para la vida en la ciudad, a partir de ahora vestirás con ropas más adecuadas para una dama de compañía.

La señorita Rottenmeier me guió hacia una puerta que estaba frente a la sala de la que acabábamos de salir, la abrió y en ella vi un dormitorio enorme y una cama muy alta, ¿sería mi dormitorio? ¿Como pretendían que subiera a una cama que era más alta que yo?

La señorita Rottenmeier abrió un gran armario y del saco un vestido amarillo de manga larga con un delantal blanco (N/A: es la ropa que usaban las niñas en la época en la que está ambientada la historia)

Me cambie de ropa y entro una mujer vestida con un traje extraño.

-Tinette por favor recoge las ropas que se quito Isabella y échalas al fuego- dijo la señorita Rottenmeier.

-No, esa es mi ropa!

-Por favor compórtate.

-Sí, señorita Rottenmeier.

En ese momento me di cuenta de que en aquella casa nunca más podría volver a hablar sin que me preguntaran, que no debía hacer nada de lo que solía hacer.

Cuando Tinette se llevo mi ropa y mis zapatos al poco tiempo volvió y me hicieron sentarme en una silla para peinarme, cuando finalmente acabaron la señorita Rottenmeier me guió por una puerta que había en mi habitación. Llegamos a una habitación oscura, la señorita Rottenmeier y yo esperamos en el umbral de la puerta y de repente comencé a ver entrar luz por un ventana, Sebastián estaba corriendo las cortinas.

En la habitación se podía ver una gran cama, también muy alta donde una niña de cabellos largos y castaños dormía, junto a la capa pude ver una extraña silla ¿con ruedas?, ¿qué le ocurría a esa niña? ¿No podía andar? En esos momentos al entrar la luz la niña despertó y Sebastián la cogió en brazos para sentarla en la silla de ruedas.

-Señorita Ángela hoy ha podido dormir un poco más, debido a la llegada de tu nueva compañera Isabella, por lo que tendrá menos tiempo para peinarse, en diez minutos Sebastián vendrá a recógelas para ir a desayunar y luego comenzaran las clases con el nuevo profesor.

-De acuerdo señorita Rottenmeier.

-Isabella, tu deberás ayudar a la señorita Ángela en todo lo que ella te pida.

-Si señorita Rottenmeier.

Entonces la señorita Rottenmeier y Sebastián salieron del dormitorio de Ángela, lo que fue un alivio para mi, al fin conocería a mi nueva compañera.

-Hola Isabella, me llamo Ángela.

-Hola Ángela, ¿me podrías hacer un favor?

-Sí, dime por favor.

-¿Podrías llamarme Bella?

-¿Ese es tu nombre?, ¿porque la señorita Rottenmeier te llama Isabella?

-Sí, ese es mi nombre, o al menos como me llaman todos.

Ángela y yo comenzamos a hablar mientras yo le cepillaba sus largos cabellos, tan distintos de los míos que eran cortos. Cada vez nuestra conversación era más animada descubrí que aquella silla llevaba ruedas porque desde que nació Ángela no podía andar y esa era la razón por la que no iba a la escuela y venia un profesor a darle clases a su casa. También descubrí que a ella tampoco le gustaba la señorita Rottenmeier lo que fue un gran alivio para mí ya que al menos así con alguien podría decir lo que realmente pensaba.

En apenas unos minutos nuestra alegre conversación se vio interrumpida por la llegada de Sebastián a el dormitorio de Ángela, el cogió la silla por un palo que había en un poco separado del respaldo y la llevo hasta una sala en la que había una gran mesa rodeada por sillas a excepción de un lugar en el que coloco la silla de Ángela, y separo la silla continua de la mesa y me indico que me sentara allí, en la mesa había extraños utensilios que jamás había visto.

Primero delante de mí podía ver una cosa blanca y plana que no sabía que era, junto a esta cosa estaban colocados a ambos lados unas cosas de un material grisáceo y frente a todo esto unos extraños vasos de cristal, ¿dónde estaba el cuenco de madera con la leche de cabra? ¿Aquello era un desayuno? Yo no lo creía así.

-Isabella, imagino que ya sabrás que una señorita debe comer con cubiertos ¿no es así?

-¿Que son los cubiertos?

La cara de la señorita Rottenmeier y la de Tinette expresaba horror, mientras que pude oír como a Ángela y Sebastián se les escapaba una pequeña risita. ¿Que era gracioso? ¿Porque se escandalizaba la señorita Rottenmeier? No entendía nada.

-Isabella tras las clases te daremos unas clases de comportamiento en la mesa, pero mientras tanto por favor intenta ver como comemos la señorita Ángela y yo.

-De acuerdo señorita Rottenmeier.

La señorita Rottenmeier y Ángela usaron los extraños utensilios de color grisáceo para coger la comida, yo únicamente bebí un vaso de una extraña cosa anaranjada que me dijeron que se llamaba zumo de naranja, estaba rica pese a que su sabor era un poco agrio, y extraño para mi, extrañaba mucho la leche de cabra que me daba mi abuelo.

Tras el desayuno fuimos a una sala en la que haba una mesa redonda con dos sillas y una silla de las que te hundes en un rincón. Sebastián coloco a Ángela junto a la mesa y yo me senté en la silla que había a su lado, la señorita Rottenmeier se sentó en la silla que te hundes y saco una cesta de la que saco unas labores que comenzó a realizar, al fin algo que si sabía que era, Ángela abrió un cajón del que saco unos libros y comenzó a leerlos, yo únicamente espere sentada a que viniera el profesor.

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