Capítulo 19
Entre unas cosas y otras Kate no volvió a ir al hospital. Tuvo una semana de intenso trabajo y un par de casos bastante difíciles que la mantuvieron muy ocupada.
Todos los días hablaba con Martha o con Alexis que la mantenían informada de cómo evolucionaba, pero seguía sin sentirse con ánimos para enfrentarlo, aunque sabía que era algo que no tendría más remedio que hacer.
No entendía que con la confianza que Rick y ella habían llegado a tener, ahora le costara tanto ir a verlo. Ella sabía que había llegado el momento de enfrentar la verdad y que cuando fuera a verlo era para exponerle de una vez por todas, sus sentimientos. Era tanto su miedo a ser rechazada, que no se atrevía a decirle directamente todo lo que le escribía cada noche.
Los chicos y Lanie si repitieron su visita. Poco tiempo, pues Castle seguía bastante desanimado, sobre todo porque estaba absolutamente convencido de que Kate no le había perdonado el haberse inmiscuido en la investigación del caso de su madre.
Los chicos le contaban mil y una anécdotas de la comisaría o de casos que sabían que podía interesarle.
Lanie era más directa y cada vez que se acercaba a él para saludarlo o despedirse le decía cosas como:
-"No le tengas en cuenta esto a Kate, tú ya la conoces" o "Ella se sigue preocupando por ti, ya sabes cómo es para demostrar sus sentimientos".
-Pero, ¿Por qué no viene a verme? – le preguntó más de una vez.
-Vendrá, solo dale tiempo.
-¿Más tiempo todavía?
-Si chico escritor, sé paciente, Kate es lenta para estas cosas.
Y Castle intentaba armarse de paciencia, pero ella seguía sin aparecer. Claro que todo lo que debía decirle a la cara, se lo escribía detalladamente cada noche.
SÁBADO 25 DE FEBRERO
"¡Hola amor!, seguro que te preguntarás que por que no voy a verte. Soy una cobarde y me da miedo enfrentarte. Lanie me ha dicho que le preguntas por mí, pero yo no termino de reunir el valor para decirte todo lo que siento por ti. Solo de pensar que me rechaces, que me digas que te has cansado de esperarme, me provoca tal estado de angustia que ni siquiera soy capaz de dormir por las noches y aquí estoy otra vez a las tantas de la madrugada escribiendo lo que no me siento capaz de decirte.
Lanie ha vuelto a reñirme hoy, y me ha dado un ultimátum. O voy a verte mañana o reniega de mí como amiga, así que mañana iré al hospital. Ya sé que han pasado muchos días y que seguro estarás pensando lo peor de mí.
Mañana te devolveré el ordenador, así que esto será lo último que te diga por escrito. Espero reunir el valor suficiente para decirte que te quiero".
Poco a poco se fue quedando dormida pensando en su visita del día siguiente. Iría a primero a la comisaría y como los sábados había menos trabajo, en la primera oportunidad que tuviese se escapaba al hospital. Le llevaría su ordenador, no tenía más remedio que devolvérselo, aunque iba a echar de menos las conversaciones nocturnas que mantenía con él.
La mañana se le complicó más de lo que tenía previsto. Al final tuvo que esperar hasta la hora del almuerzo para poder escaparse. Cogió el coche y se dirigió al hospital. Cuando aparcó cogió el ordenador con cuidado y casi con cariño y abrazada a él se dirigió a verlo.
Al llegar a la habitación, vio que la puerta estaba abierta, así que respiró profundamente, se armó de valor y se asomó al cuarto, dispuesta a pedir permiso para entrar.
Cuando vio la habitación vacía y recogida, primero se asustó, pero luego pensó que a Castle le habrían dado el alta. Se acercó al control de enfermería y allí preguntó por él.
La enfermera de turno le indicó que el paciente de la 543 estaba bastante recuperado y que había pedido el alta voluntaria bajo su responsabilidad, alegando que llevaba demasiado tiempo encerrado y necesitaba respirar aire puro. Se había marchado por la mañana.
Kate resopló con fastidio. Castle tan caprichoso como siempre, a saber porque se le había antojado marcharse si todavía no estaba recuperado del todo.
Se dirigió a su casa. Había decidido que de ese día no pasaba que hablara con él y ahora no se podía echar atrás.
Llegó al loft y afortunadamente encontró sitio para aparcar en la calle de al lado. Cuando llegó al edificio de Castle, vio como Alexis cargaba algunas bolsas en un coche familiar.
La chica se giró en ese momento y la vio acercarse.
-¡Hola Kate, nos pillas de milagro! – dijo risueña.
-¿Os vais de viaje? – preguntó alarmada, viendo que su idea de hablar con él no iba ser posible.
-Si, a la casa de Los Hamptons – le contestó – papá no paraba de quejarse en el hospital de que necesitaba salir de allí para respirar aire puro, y la abuela le dijo que si era tan inconsciente de pedir el alta voluntaria no iba a ser para encerrarse en casa, así que si quería aire se iba a hartar. Ya sabes como son.
-Si – intentó sonreír Kate – yo venía a devolverle el ordenador, estaba en casa y con tanto jaleo no había vuelto a acordarme de él – mintió.
-¿Por qué no subes a dejárselo?, a lo mejor si te ve se anima un poco que lleva unos días que parece un mueble, casi no quiere hablar con nadie.
-Vale – dijo Kate – subiré, a ver qué tal está.
Cuando llegó arriba vio que la puerta del loft estaba abierta y Martha salía con una maleta.
-¡Hola querida! – la saludó – ¿Has venido a ver a Richard?, está ahí en el estudio haciendo como que ve la tele, pero a mí no me engaña. A ver si se anima un poco cuando te vea.
Entró al salón y para no sorprenderlo lo llamó.
-¿Castle?, ¿Estás ahí?
Un Castle bastante desastrado todavía sin afeitar y con el pelo revuelto salió del estudio. Aún llevaba un apósito sobre la ceja, tapando la herida. Era evidente que la ropa se le había quedado algo grande, llevaba el mando de la televisión en la mano y la miró con una mezcla de asombro y esperanza.
-¡Hola! – dijo ella – Fui al hospital y me dijeron que habías pedido el alta. ¿Qué tal estás?
Por toda respuesta él se limitó a encogerse de hombros.
-Yo no te veo muy mal – dijo por decir algo.
-Tengo que irme – le contestó él, que no tenía muy claro porque se había presentado allí, después de tantos días sin saber de ella – mi madre y mi hija se han empeñado en llevarme a Los Hamptons.
-Venía a devolverte esto – le dijo acercándole el ordenador.
Él reconoció enseguida la funda de su portátil.
-¿Mi ordenador?, ¿Qué haces tú con él?
Kate no fue capaz de adivinar si estaba enfadado o como estaba, pues no demostraba ningún tipo de sentimiento.
-Cuando desapareciste vine con Alexis para buscar cualquier pista que nos ayudara, al ver el ordenador pensé que podría proporcionarnos alguna prueba – trató de excusarse – se lo llevé al experto informático.
-¿Y te sirvió de algo?
-¡No sabes cuánto! – dijo refiriéndose más a sus charlas nocturnas y el desahogo que habían supuesto para ella, que a lo que realmente encontraron.
-¡Me alegro! – y tomando el ordenador de sus manos se volvió para dejarlo sobre la mesa.
-¿No te lo llevas? – preguntó preocupada, ya que quería que él leyera lo que le había escrito y que sabía no iba a ser capaz de decirle.
-¿Para qué? – no tengo ganas de escribir.
-Bueno, pero te puede servir para navegar por internet, o quizás se te ocurra algo que escribir en cualquier momento y así ya lo tienes – no sabía que decirle para que se lo llevara.
-No se me va a ocurrir nada que escribir, te lo aseguro – dijo pensando que esa mujer se estaba volviendo loca por momentos – no creo que aguante mucho tiempo en Los Hamptons, así que no me molesto en cargar con él.
-Por favor – dijo ella pasando por delante de él y cogiendo el ordenador de la mesa se lo ofreció – a lo mejor encuentras algo que merezca la pena leer.
-¿Algo que leer como qué? – preguntó sin comprender muy bien y cogiendo el portátil.
-Bueno yo… – dijo titubeante pues no sabía cómo iba a reaccionar –… me dio curiosidad por leer tu nueva novela de Nikki Heat y a lo mejor no pude evitar hacer alguna anotación.
-¿Te has atrevido a hurgar en mis cosas personales? – preguntó empezando a enfadarse.
-No he hecho nada que tú no hayas hecho antes – dijo a la defensiva.
-Si, ya sé que hice algo horrible – dijo serio y triste a la vez – no hace falta que me lo recuerdes, no lo voy a olvidar jamás, también recuerdo que dijiste que no querías volver a verme, así que no sé qué haces aquí.
-Rick, por favor – suplicó ella.
-Tengo que irme, me esperan abajo.
En ese momento subía Alexis.
-Te estamos esperando, quisiéramos llegar antes de que anochezca.
-Ya voy – dijo seco, pasando por delante de ella y sin despedirse.
-No le hagas mucho caso – intentó animarla Alexis – está así también con nosotras, pero seguro que se le pasa pronto.
-Si claro – dijo Kate saliendo de la casa seguida de la pelirroja, que se encargaba de echar la llave a la puerta – será mejor que me vaya, ¡qué tengáis buen viaje!
-Espera – dijo Alexis que sacó una libretita de su bolso y apuntó rápidamente algo – es nuestra dirección de Los Hamptons, por si te apetece venir, ya sabes que siempre serás bienvenida.
-Gracias – dijo no muy convencida.
Salieron a la calle. Martha estaba al volante del coche con su hijo sentado a su lado. Alexis se montó detrás diciéndole adiós con la mano. Miró por última vez a Castle que miraba al frente con obstinación. Por lo menos no había soltado el ordenador. Lo llevaba fuertemente abrazado a él.
Kate se fue directamente en busca de Lanie. Necesitaba desahogarse y su amiga era la mejor para escucharle y darle sabios consejos. La llamó para saber si estaba en su casa y se presentó allí sin siquiera haber almorzado.
Estaba de los nervios, había notado muy frío a Castle, y no sabía cómo abordarlo. Lanie le abrió la puerta y sin decir palabra se hizo a un lado y la dejó pasar.
Kate se sentó en el sofá y hecha un manojo de nervios le contó todo a su amiga, poniéndola al día entre otras cosas, de su declaración de amor en varios mensajes en su ordenador.
-¡Hija!, pero mira que eres complicada – dijo su amiga con sarcasmo – en vez de decirle a la cara lo que sientes y tirártele encima de una buena vez, le escondes tu declaración de amor en el ordenador. Lo tuyo no es muy normal que digamos. ¿Y si no da con el documento?
-Empecé a escribir justo después de lo último que él había escrito de Nikki Heat y le dije que lo había cotilleado y que le había hecho algunas anotaciones.
-¿Y cómo le sentó tu intromisión al chico escritor?
-No muy bien, la verdad – dijo apenada – se enfadó bastante cuando le dije que le había hecho lo mismo que él me hizo a mí, metiéndose en mis cosas…
-¿Y ya de camino porque no le pegaste una patada en el culo? – la interrumpió su amiga.
-Pero, ¿Por qué me dices eso? – preguntó sin comprender.
-Por favor, solo a ti se te ocurre decirle esas cosas y hurgar en la herida. El pobre hombre ha pasado lo que ha pasado por ayudarte, aunque haya sido de manera equivocada y tú vas y se lo recuerdas y te regodeas en ello.
-Es que no pude evitar responderle así. No sé qué le pasa, está tan pasivo.
-No sabemos que le han hecho los días que lo han tenido retenido Kate, debe haber pasado mucho miedo y sin saber la suerte que habíais corrido su familia y tú. Es normal que no quiera ni hablar, ni que le pregunten y puede que hasta tenga pesadillas.
-¿Y si no lee lo que le he escrito?, y peor aún ¿y si lo lee y le da igual porque ya no siente lo mismo por mí? – preguntó angustiada.
-No vas a resolver ni aclarar nada hasta que no hables con él.
-Y según tú, ¿Qué debería hacer?
-Dale de plazo el día de hoy, si no tienes noticias vete a su casa de Los Hamptons y aclarad las cosas de una puñetera vez, y te quedas ahí a pasar unos días, a ver si coges un poco de color que últimamente te pareces más a la novia cadáver que a otra cosa.
-Gracias, ¿tan mal se me ve? – preguntó preocupada.
-No estás en tu mejor momento que digamos, tanta angustia no es buena y te está consumiendo.
-No puedo quedarme en su casa si no me invita, además el lunes tengo que volver al trabajo…
-Excusas y más excusas, aún es pronto y estoy segura que si vas a la comisaría todavía encontrarás allí a Gates, ya sabes que esa mujer es como si no tuviera vida propia y le dices que no te encuentras bien y que necesitas unos días de descanso. Solo con verte la cara aceptará seguro. Si quieres voy contigo y le digo tres o cuatro cosas.
-No hace falta, puedo solucionar sola mis asuntos…
-Entonces vete ya – la interrumpió su amiga – mientras antes vayas mucho mejor, y si Castle no quisiera hablar contigo que lo dudo, te buscas un hotelito por allí y te dedicas a descansar, ¿me has oído?
-¿Me estas echando Lanie? – preguntó a su amiga un poco ofendida.
-Si, largo de aquí – mientras la abrazaba y le daba un beso – buena suerte.
Tal como su amiga le había aconsejado se fue a comisaría. Alcanzó a Gates por los pelos ya que estaba a punto de salir.
-¿Algún problema detective?, no esperaba verla por aquí a estas horas.
Kate le expuso su petición, no sabía cómo reaccionaría su jefe. Esta sabía que Becket tenía días libres acumulados, y viendo el mal aspecto que presentaba, se volvió hacia el calendario que tenía colgado detrás de ella y le dijo.
-Solucione sus asuntos personales detective y descanse que buena falta le hace. La quiero de vuelta el lunes 5 de marzo a primera hora de la mañana, ¿entendido?
-Alto y claro, señor, muchas gracias.
Y salió de la comisaría pensando en cómo se iba a presentar en la casa de Los Hamptons de Castle.
CONTINUARÁ…
