Hola, hola mis chicas!
Me tenéis alucinada por vuestra bienvenida, tanto a mi como a esta nueva historia. Me alegra que os haya gustado.
Bueno... sé que de momento no podéis teorizar mucho. A ver si este capítulo os da para empezar; sabéis que me encanta haceros teorizar jejejejejjee... Deciros también que estos dos primeros capítulos son algo así como una introducción; la verdadera historia empieza a partir del siguiente ;)
Un besazo enorme, y nos leemos en unos días en "Aprendiendo a vivir"
DISCLAIMER: Los personajes de la saga son propiedad de la gran S. Meyer, el resto salen de mi loca cabeza. Lugares y localizaciones, reales.
Capítulo II
Base militar de Fort Jackson; Columbia, Carolina del Sur
11 de agosto de 2012
-¿Has cogido tu mochila, cariño?- preguntó por tercera vez una agotada Bella a su hija pequeña.
-Lo tengo todo aquí, mamá- respondió Mandy, esbozando una ligera mueca de resignación.
-¿Has metido tus dos inhaladores?
-Llevo los dos, y recambios por si se acaban- confirmó su hija -ayer repasamos juntas el contenido de mi mochila dos veces, mamá- alzó dos dedos, plantándolos frente a la cara de su madre, que no pudo disimular la sonrisa. Con el pequeño Will asegurado en su cadera, se dirigió al baño de la planta superior, donde Crissy estaba guardando su cepillo de dientes en su pequeño neceser.
-¿Has cogido todo?- le preguntó con suavidad.
-Solo tengo que guardar el neceser en la maleta, mamá- respondió, con una pequeña mueca de tristeza.
-¿Qué ocurre cariño?- Bella se sentó en el borde de la bañera, acomodando a su hijo pequeño en su regazo -¿no quieres ir con Lorraine y Paige?- Sam y Emily Ulley se iban unos días de vacaciones, a la casa que un hermano de ella tenía en la playa, y se habían ofrecido para llevarse a las niñas con ellos.
-Sí que quiero- Crissy jugueteó con sus dedos, como siempre hacía cuando estaba nerviosa.
-Entonces, ¿cuál es el problema, cariño?- le preguntó Bella, frunciendo ligeramente el ceño; desde la muerte de Jacob, las pequeñas apenas habían salido de la base, rehusando alejarse de su madre... pero cuando su amiga Emily le propuso llevárselas por unos días, para que las cuatro disfrutaran, creyó que sería una buena idea -pensé que querríais pasar tiempo con Lorraine y Paige, antes de que se muden.
Por desgracia para Bella y sus hijas, la familia Ulley se trasladaba a principios de septiembre a la base militar de Fort Bliss, en el estado de Texas; la orden vino un mes después de funeral de Jake, pillando tanto a la familia Ulley como a sus amistades por sorpresa, pero era algo con lo que siempre tenían que contar. La propia Bella recordaba su periplo por distintas bases militares, debido a los traslados de su padre.
-Me da mucha pena que se vayan- se encogió la niña de hombros. Bella suspiró, alzando una mano para acariciar su larga melena oscura. Lorraine y Paige Ulley eran las mejores amigas de sus hijas... demasiados cambios para ellas en poco más de tres meses.
-Es por el trabajo de su papá, Crissy- le explicó de nuevo, al igual que hacía apenas unos días.
-Pero ya no estarán cuando empecemos el colegio, y las echaré de menos- musitó- Bella suspiró, asintiendo lentamente y en silencio. Entendía que su hija se sintiera así; Emily y ella se conocían desde hacía muchos años, y las niñas habían nacido en Fort Jackson, en el hospital de la base. Para ella también se iba un pilar importante desde la muerte de su marido; y por supuesto, una gran amiga -voy a echarlas de menos.
-Y ellas también os echarán de menos, cariño- contestó ella -pero ya le he pedido la dirección a Emily; podéis escribiros, y llamaros por teléfono; hablar por Skype...- enumeró -que las personas se vayan lejos, no quieren decir que se olviden, ni que dejen de quererse- Crissy se quedó callada, escuchando las palabras de su madre.
-¿Crees... crees que papá... nos echa de menos?- preguntó con voz suave -Kayla Paterson le dijo a Mandy que cuando la gente muere, su alma y sus sentimientos se quedan enterrados con ellos.
Bella le hizo un gesto para que se sentara a su lado, y una vez la niña obedeció, la atrajo hacia ella, besando su cabello con suavidad e intentando controlar las lágrimas que pugnaban por deslizarse por su cara. Desde que Jake murió, Crissy rara vez había mencionado a su padre, aunque muchas veces la pillara observando una fotografía de él, que estaba en su dormitorio.
-Kayla no tiene razón, cariño- la intentó consolar -yo estoy segura de que papá está en un lugar muy bonito, y que no se ha olvidado de nosotros- tragó saliva con dificultad -y seguro que nos echa mucho de menos... a todos- logró terminar la frase.
-¿Tú crees que es así?- siguió interrogando su hija mayor; Bella suspiró, asintiendo lentamente. Crissy y Mandy tenían una edad en la que, por desgracia, se enteraban y percibían todo lo que pasaba alrededor de la gente adulta. Y aunque había tratado de protegerlas y consolarlas, las niñas sufrieron más que nadie esa dolorosa tragedia.
-Estoy segura de ello- consiguió esbozar una pequeña sonrisa; justo en ese momento, se escuchó el claxon del coche de la familia Ulley, y los gritos de Mandy, diciéndoles que bajaran.
Dejó a Will en la cuna, medio adormilado, y ayudó a Crissy a terminar su equipaje; juntas bajaron las escaleras y salieron hasta el exterior de la casa. Crissy y Mandy corrieron a reunirse con Lorraine y Paige, mientras que Sam intentaba colocar todo el equipaje en el maletero del coche.
-¿Estás segura de que no quieres venir?- le ofreció otra vez Emily a su amiga; desde la muerte de Jake, Bella vivía por y para sus hijas, y podía ver el agotamiento psicológico que arrastraba su amiga, por no hablar de su estado físico -te vendría bien salir unos días, alejarte de la base... y de los recuerdos- suspiró.
-Te lo agradezco mucho, Em- sonrió con suavidad Bella -pero prefiero quedarme, y descansar un poco; aprovecharé para hacer limpieza general- intentó bromear.
-Sin niños correteando por ahí es mucho más fácil- sonrió cómplice su amiga -¿seguro que estarás bien?
-Mi padre está de instrucción con un par de batallones; pero Sue y Seth están aquí- le dijo, al igual que hace una semana. Entendía que Emily estuviera preocupada por ella; pero prefería que sus pequeñas se airearan unos días, por así decirlo. Ambas habían llorado juntas en estos meses más que en todas sus vidas; una por su triste estado civil, y la otra por un traslado que les había pillado totalmente por sorpresa -¿ya tenéis casa en Fort Bliss?
-Sí; ya hemos mandado los documentos firmados- le contó Emily -no me hago a la idea de vivir en Texas; demasiado calor- rodó los ojos, a la vez que esbozaba una mueca de fastidio.
-Tendrás que comparte un sombrero de cowboy, para no desentonar- se burló Bella, con cariño.
-Ya está todo- Sam se acercó a ellas, rodeando los hombros de su mujer -¿lista?- Bella vio que las niñas ya estaban acomodadas en el enorme mono volumen, y con los cinturones abrochados. Después de abrazar y de besar a sus hijas, y de repetirles una y otra vez que obedecieran en todo momento al matrimonio Ulley, de nuevo regresó a la posición de la pareja.
-Mandy lleva sus inhaladores; el de color verde es el que debe tomar tres veces al día, tres inhalaciones cada toma; el rojo es para cuando tiene una crisis, y con una inhalación es suf...- Emily la cortó.
-Tranquila; llevo tus indicaciones escritas; y seguro que Mandy no tendrá ningún problema- Bella asintió, mordiéndose el labio; nunca se había separado de Mandy tanto tiempo; y aunque el asma que sufría la pequeña hacía tiempo que no se había complicado, no podía evitar la ansiedad y la preocupación.
-Cuidaremos muy bien de ellas- le aseguró Sam, después de abrazarla y girarse para introducirse en el coche.
-Buen viaje, y llamadme cuando lleguéis- le pidió Bella, mientras se despedía de su amiga con un abrazo.
-Tranquila por eso- le aseguró -intenta descansar, y de sacar un poco de tiempo para ti misma- le dijo, con una pequeña sonrisa de ánimo.
Bella acertó a devolver la sonrisa, antes de soltar a su amiga y dejar que se montara en el coche. Emily negó con la cabeza; la palidez y delgadez de Bella empezaban a preocuparla de verdad; de nuevo un suspiro salió de sus labios, mientras observaba a su amiga decirles adiós. Era un saco de huesos, blanca como la cal y con unas visibles ojeras que rodeaban sus ojos, casi teñidos de manera permanente con una sombra rojiza en ellos, señal de lo mucho que lloraba... aunque nadie la veía.
-¿Crees que estará bien?- interrogó Emily a su marido, una vez dejaron la base y se incorporaban a la autopista.
-No está bien, Em- negó con la cabeza su marido, a la vez que miraba por el espejo retrovisor -¿te parecería una locura si dijera que necesita un cambio de aires... algo así como un nuevo comienzo?
-Yo misma le planteé esa opción hace unas semanas- le relató su esposa, siempre en voz baja para que las niñas no captaran nada -pero entiendo su negativa. Aquí están su padre, Sue, Seth...- enumeró.
-Todos sus recuerdos están en Fort Jackson, al igual que los nuestros- suspiró Sam, recordando los tiempos en los que Jake y él mismo llegaron a la base, para la instrucción -puede que alejarse de aquí la ayude; y sería bueno para las pequeñas.
Emily afirmó en silencio, pero una pregunta de su hija Paige hizo que el matrimonio dejara el tema a un lado, dedicándose a disfrutar del comienzo de las vacaciones.
H*A*D
Una semana había transcurrido desde que sus hijas se marcharan a la playa con los Ulley; y aunque hablaba con ellas casi a diario, la casa jamás había estado tan vacía y silenciosa. Después de acostar al pequeño Will en su cuna y salir de su habitación con el intercomunicador en la mano, bajó las escaleras y se adentró en la cocina.
Con una taza de té entre sus manos, salió a sentarse en el porche del jardín trasero; la noche era cálida, e invitaba a unirse a ella para descansar y meditar. Dejando a un lado la humeante bebida, pasó una mano por su pelo, mucho más largo de lo normal y lacio, sujeto de manera desordenada.
Ahora que las niñas no estaban, y que Will ya estaba dormido, se permitía dar, de nuevo, rienda suelta a sus lágrimas. Ya no eran llantos desgarrados e histéricos, ni llamaba a su marido entre hipidos y sollozos dolorosos. Ahora era un llanto silencioso, triste y resignado. Según fueron pasando los días y fue recuperándose del shock inicial, la cruda realidad abofeteó su alma de manera implacable... Jake se había ido, y no iba a regresar... nunca.
Sabía que su familia estaba muy preocupada por ella, al igual que los Ulley y los Meraz, íntimos amigos de su marido y de ella misma. Cada mañana hacía un esfuerzo titánico por abrir los ojos y levantarse de la cama, para empezar un nuevo día. Si por ella fuera, ni se molestaría en salir de su dormitorio... pero sus hijas y su bebé merecían una madre que no estuviera las veinticuatro horas del día cual zombie descarriado.
Crissy, Mandy y Will... sus tres pequeños salvadores, como ella misma los denominaba. Cada vez que acostaba a las niñas, estas siempre miraban por unos momentos una fotografía de su padre, que Bella tuvo que colocar en el dormitorio que compartían, por expreso deseo de las pequeñas. Ser testigo de esa acción hacía que cada vez que apagaba la luz y dejaba a las niñas dormir, tuviera que apoyarse en la pared del pasillo y retener las lágrimas.
Mandy era la que parecía, mejor llevaba la situación. Hablaba muy poco de su padre, pero lo hacía. Crissy rara vez mencionaba a Jake, y muchas veces la pillaba observando la fotografía de él, o jugando en el cobertizo donde su marido tenía sus herramientas. Nunca había visto lágrimas en los ojos de su hija mayor, exceptuando el día que conocieron la fatal noticia y el funeral.
Su pequeño Will... recordó con una sonrisa bañada en lágrimas la desbordada alegría de su marido, cuando le comunicó que iban a tener, por fin, un niño. Era idéntico a su padre, físicamente hablando, y todavía no podía creer que, jamás, ambos se fueran a conocer.
-Jake...- musitó, seguido de un pequeño sollozo -¿qué voy a hacer?- meditó en voz alta, negando con la cabeza; sus hombros se sacudieron de forma violenta, aunque su llanto, de nuevo, era silencioso.
Apoyado en el marco de la puerta, y con los brazos cruzados, el General Swan observaba a su hija menor. Se sentía desolado e inútil, y tanto Sue como él mismo, al igual que el resto de la familia, ya no sabían que hacer o decir para poder sacarla de esa depresión. Su esposa y él mismo sufrían con ella, y aunque nunca lloraba frente a ellos, no era la primera vez que escuchaban su llanto.
Los sollozos de Bella se colaron por sus oídos, y preso de la rabia y la impotencia, no pudo evitar sacar a relucir el tono militar en su voz.
-Basta, hija; no soporto verte así- le dijo, serio pero con suavidad. Bella giró su cabeza, encontrándose con la figura de su padre, despojado de su uniforme y enfundado en unos vaqueros y una camiseta, y con sus placas militares colgando de su cuello. Sue, que había permanecido callada, al lado de su marido, sonrió cariñosamente a Bella, para disculparse e ir a preparar café, y dejarlos hablar en la intimidad.
-¿Cuándo has vuelto, papá?- logró hilar la pregunta, a la vez que secaba sus lágrimas con el dorso de la mano -pensé que regresabas el domingo de la instrucción.
-Esta misma tarde- le informó, tomando asiento a su lado -solo eran maniobras en el campo de tiro- le aclaró.
-¿Todo bien?- interrogó, cruzándose de brazos y fijando su vista en el césped de su jardín.
-Los muchachos han sobrevivido- respondió su padre, sonriendo -¿y tú, cómo estás?- estudió la reacción de Bella con meticulosa atención.
-Echo de menos a las niñas- se encogió de hombros.
-Me lo imagino cariño... pero no te he preguntado eso- alzó una ceja Charlie -Bella...
-Lo intento papá- sollozó -intento ser fuerte por ellas, haciendo que su día a día sea un poco alegre, y no se aleje de la normalidad... intentando por todos los medios protegerlas, y...
-Eso lo sabemos, hija- intentó tranquilizarla el General Swan -pero... aparte de ser fuerte por mis nietos, debes serlo por ti misma.
-No es fácil asumir que tu pareja no va a regresar- masculló, irritada. En silencio, Sue tomó asiento a su lado, tendiéndole a su marido una taza de café y rodeando los hombros de Bella con su brazo, gesto que la castaña agradeció en silencio.
-Lo sé, Bella; no hace falta que me lo digas- la cortó su padre.
-Jake y esta base es todo lo que he conocido- suspiró, con melancolía, pena y rabia a la vez -es duro seguir adelante, cuando los recuerdos te golpean en la cara una y otra vez.
-¿Por qué no consideras... cambiar de aires?- soltó su padre, de forma abrupta.
-¿Crees que es una buena idea, Charlie?- interrogó Sue, con la preocupación escrita en su rostro -nosotros estamos aquí, y podemos echarle una mano con los niños, y...
-Emily sacó el tema hace un tiempo- añadió Bella -¿pero a dónde iría?
-No quiero decir que tengas que mudarte- aclaró el General Swan, alzando las manos -sé que... bueno; Jake os dejó bien protegidos- explicó torpemente, aludiendo al seguro de vida que dejó estipulado su yerno -podrías trabajar; buscar un trabajo fuera de la base...
-O dentro de ella- la animó Sue -podrías presentar la instancia en Army Job- aludió al proceso de selección por el cual personas civiles podían acceder a puestos de trabajo para el Ejército.
-Cierto- aprobó su padre -sabes que hoy en día muchos enfermeros, informáticos, personal administrativo y otros profesionales han conseguido trabajo a través de Army Job.
-Y sin tener que alistarse en el Ejército- terminó la frase Sue.
-Siempre he tenido oportunidad de aplicar- negó Bella con la cabeza -pero con los niños, la casa... Jake siempre estaba fuera...- se encogió de hombros -además, dudo mucho que el Ejército necesite una psicóloga- aludió a su carrera universitaria con un mohín.
-Te equivocas; hay mucha demanda- contradijo su padre -lo comenté con Ellie hace unos días, y cree que deberías intentarlo.
Parecía una conspiración; sabía que su familia y amigos se preocupaban por ella y por sus hijos; no le importaba trabajar, aunque dudaba mucho que la gente fuera a confiar en ella como psicóloga, dado que no era capaz ni de ayudarse a sí misma.
Mudarse... era una posibilidad que ni siquiera se había parado a contemplar; su familia... sus hijos habían nacido en Fort Jackson; Crissy y Mandy iban al colegio aquí, con todas sus amigas... aunque las recientes noticias acerca del traslado de la familia Ulley a Texas cambiaban un poco el panorama.
-Te prometo que lo sopesaré- anunció Bella, después de unos minutos de silencio; puede que una rutina, como era el trabajo, la ayudara a olvidar, y a seguir adelante con sus hijos.
-Me alegra oír eso- Sue la abrazó con cariño, ante la atenta mirada del General Swan.
-¿Vas a aplicar para Army Job?- preguntó su padre.
-De momento, creo que empezaré por mandar currículos por la zona- negó su hija con la cabeza -si no sale ninguna oferta interesante, me lo plantearé.
Después de charlar un rato más, el matrimonio Swan puso rumbo a su casa, dejando a una pensativa Bella en el jardín trasero, disfrutando de la calidez de la noche. El pequeño Will seguía sumido en su sueño, y no pudo evitar encender su portátil y dar con la página de Army Job.
Leyó meticulosamente toda la web, alegrándose de que podía rellenar la instancia en la misma página, adjuntando su currículo, calificaciones y másters universitarios. Su dedo tembló imperceptiblemente, antes de presionar y de que su instancia fuera enviada. Sabía que apenas tenía posibilidades, y que las opciones de encontrar un trabajo fuera del Ejército eran mucho mayores.
-Por lo menos, lo he intentado...- musitó para sí misma, antes de apagar el portátil y las luces, para dirigirse a su dormitorio.
H*A*D
Base militar de Fort Irwin; Condado de San Bernardino, California
30 de agosto de 2012
-No es posible- siseó asombrado Carlisle Cullen, General del Ejército de los Estados Unidos y Comandante General de la base militar de Fort Irwin, en la soleada California -no puedo creer que sea ella- le dijo a su esposa Esme, con los ojos como platos. El matrimonio Cullen estaba en el despacho de Carlisle, con varias decenas de solicitudes que habían llegado hacía escasos días para diferentes puestos de trabajo.
-Si la solicitud ha llegado a tus manos, es que ha pasado las entrevistas y el proceso de selección- apuntó su mujer; todo civil que aplicaba para trabajar en el Ejército pasaba por un concienzudo proceso de selección, antes de que su vida laboral y aptitudes llegaran a manos de los que ofrecían los puestos de trabajo.
-Todo coincide- siguió leyendo su marido -Isabella Marie Swan; nacida en Fort Polk, Luisiana, el 13 de septiembre de 1981- Esme sonrió, dándole la razón en silencio -no puedo creer que Charlie no me haya mencionado el tema- aludió a su colega y buen amigo Charlie Swan. Habían coincidido estando destinados juntos en Fort Carson, Colorado; incluso habían prestado servicio en Bosnia por más de año y medio.
Ellie y Bella eran muy amigas de su hija Alice, y aunque las niñas no mantuvieron contacto una vez la familia Swan se trasladó a Maryland, él y su colega de Fort Jackson sí, aunque eso se limitara a un par de llamadas o tres al año.
-La última vez que hablaste con Charlie debió ser... las navidades pasadas- apuntó Esme -lo más seguro es que haya aplicado no hace mucho.
-Justo lo que buscamos; una psicóloga para la escuela- apuntó Carlisle, con una sonrisa satisfecha.
-No tiene apenas experiencia- añadió su mujer, y directora de la Escuela de Educación Primaria Irwin S. Winther, la única que había en la base -pero tiene varios másters y cursos, relacionados con psicopedagogía.
-Y está acostumbrada a la vida en bases militares; podría vivir aquí- añadió Carlisle -aunque la decisión es tuya- se dirigió a su mujer, que sonrió con suavidad.
-Me gustaría entrevistarla, aunque fuera vía Skype- rió suavemente -necesitamos sustituir a Kathy Jones lo antes posible- aludió a la actual psicóloga de la escuela, que iba a mudarse a Los Ángeles, para trabajar en un colegio privado.
-Creo que primero con Charlie- le dijo su marido -sino recuerdo mal, Bella estaba casada... y... oh, mierda...- señaló la línea donde rezaba el estado civil de la joven, para que su esposa leyera. Una mirada de tristeza se instaló en el rostro de Esme Cullen.
-¿Qué habrá pasado?- inquirió esta, consternada.
-Por lo que me ha contado Charlie a lo largo de estos años, el esposo de Bella era militar- le contó.
-Dios mío...- negó Esme con la cabeza, a la vez que un nudo se instalaba en su estómago. Ella, como hija, esposa y madre de soldados, podía ponerse en el lugar de Bella.
-Voy a llamar a Charlie ahora mismo- exclamó su marido, tomando el teléfono y encargándole a su secretaria que contactara con la base de Fort Jackson.
-¿Quieres que me quede?- le ofreció Esme a su marido.
-Por supuesto, querida- esta sonrió, agarrando la silla y tomando asiento al lado de su esposo.
Al cabo de unos minutos, el teléfono del escritorio del General Cullen sonó. Carlisle lo tomó, sonriendo y saludando a su querido amigo. Una vez que le indicó que su esposa estaba presente, Charlie no puso ningún impedimento para que conectara el manos libres.
-Dios mío... no sabes cuanto lo siento, Charlie- habló Carlisle totalmente consternado, después de que su amigo le confirmara el fallecimiento de su yerno.
-Ha debido ser muy duro para todos- añadió Esme, tomando una mano de su marido y apretándola.
-Durísimo, Esme- confirmó el General Swan, al otro lado del teléfono.
-Y más con los tres niños pequeños- apuntó Carlisle. Él mismo tenía dos nietas de la edad de las hijas de Bella, y no podía ni siquiera imaginarlo.
-Es fuerte por las niñas y el pequeño... pero conozco a mi hija, y sé que eso es una fachada. Francamente, Sue y yo estamos muy preocupados por ella -necesita volver a reconducir su vida, ilusionarse con algo, aunque sea insignificante.
-Pues por eso te llamo, amigo- exclamó Carlisle, intentado aligerar un poco el ambiente.
-¿Qué quieres decir?- interrogó extrañado Charlie.
-Buscamos una psicóloga para la escuela de la base... y entre las solicitudes aprobadas, tengo la de Bella en mi escritorio.
-Me dijo que había aplicado para Army Job- confirmó Carlisle -y que había superado las dos entrevistas; pero francamente, apenas se veía con opciones.
-¿Crees que sería un cambio demasiado radical si le ofrecemos el puesto?- habló ahora Esme.
-Bueno... quiero decir; eso conllevaría mudarse al otro lado del país- meditó el General Swan en voz alta -no sé si estará dispuesta a un cambio tan grande. Sue es bastante reacia a eso, ya que la ayudamos mucho con los niños.
-Estaría arropada por nosotros, Charlie- le aseguró Esme -mis hijos viven en la base, al igual que mi sobrino Emmett y su familia; y nosotros mismos, por supuesto.
-Incluso podría optar por vivir fuera de la base, si eso le trae recuerdos dolorosos- añadió Carlisle.
-Por ese detalle no me preocupo; Bella no ha conocido otro hogar que las bases militares- contestó el General Swan.
-Al ser hija de militar, y viuda de uno, sabes que puede vivir en la base sin problemas- siguió hablando Carlisle.
-Eso es cierto- respondió Charlie.
-¿Crees que estaría dispuesta a hablar conmigo vía Skype, en lo concerniente al puesto de trabajo?- inquirió Esme; tenía un buen recuerdo de las pequeñas, y si podía ofrecer el puesto a alguien de confianza, sería todo mucho más fácil.
-Por supuesto, Esme- respondió sin duda alguna Charlie -hablaré con ella. Aunque Alice y mis hijas no siguieron en contacto, te aseguro que se acuerdan de todos vosotros: déjame hablar con ella primero, y os devolveré la llamada mañana mismo.
Después de unos minutos más de conversación, la llamada finalizó. El matrimonio Cullen se miró expectante.
-No puedo creer que vaya a ver a la pequeña Bella Swan de nuevo- exclamó Esme, sonriendo -¿recuerdas cuándo Alice, Ellie y ella jugaban en el jardín, dando vueltas y proclamando a los cuatro vientos que eran hadas?- la imagen revivió en la mente de su marido, y sonrió al recordar a las tres pequeñas, disfrazadas de hadas del bosque, con varitas en la mano y correteando de un lado para otro.
-Es cierto- contestó Carlisle -parece que fue ayer- hizo una pequeña pausa -¿crees que aceptará?
-Eso lo sabremos en muy pocos días- sonrió su mujer, a la vez que miraba su reloj -¿qué te parece si me invitas a comer?; hoy tenemos que llevar a Audrey a su clase de ballet- aludió a la más pequeña de sus nietas.
-¿Y tengo que invitarte yo?- se burló su esposo, con cariño -juraría que me he dejado la billetera en casa; así que hoy te toca a ti.
-Trato hecho, General- Carlisle rió suavemente, antes de dejar un beso en su mejilla y abandonar el despacho, dispuestos a disfrutar de un pequeño almuerzo.
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