Primero, claro esta, mis lectoras: Keiko kimico, pichicoy, Chabe (!), Nad-senpai, ANBU-INU y txiki; (espero que no se me pasara ninguna de escribir) gracias a todas por sus review en el capitulo anterior, tener más lectoras a cada capitulo me llena de felicidad y me alienta a seguir trabajando rápido, alguna amenazas sino continuaba tambien ayudaron (XD)


Las clases de la academia eran las únicas misiones que le otorgaron por ese momento, lo agradecía, pero no podía evitar sentirse un tanto inútil. Más porque tenía las tardes libres. Pero al menos salía a tiempo para llegar con Yora con un poco de retraso, como siempre. El chico ya lo esperaba sentado en la tierra con la espalda apoyada en la puerta, mirando hacia fuera de la aldea. Le recordaba a la primera vez que lo vio, alegre y simpático, aunque distante por ser un extraño. Porque aunque parecía un poco más relajado que la noche anterior, algo no terminaba por gustarle.

-Buenos días, señor Hatake.

-Ah, dulce Yora, eres nueve años menor que yo ¿Podrías no tratarme como a un anciano?

-Me temo que no.- Respondió con una risita y su cabello se movió un poco más de lo usual, como un peinado común y no aquel tan cuidado que siempre tenia. Si lo veía bien, mientras se ponía de pie, su apariencia aunque encantadora y moderna, estaba algo más desaliñada que de costumbre. Y el leve morado debajo de sus ojos resaltaba más entre su piel tan blanca. El pobre chico no debió tener una buena noche.

-¿Más cartas?

-Es bueno saber que aun quiere recibirlas.- Dijo sacando la del día de su morral que Kakashi ya estaba ansiando leer, pero que tuvo que guardar en su bolsillo para más tarde.

-Dijiste que era una historia interesante.- El chico asintió y ya comenzaba a levantar la mano para despedirse.- ¿No quieres venir conmigo? Seguro que tanto tiempo en una tienda en medio de la nada debe aburrirte.

-Me da la oportunidad de pensar tranquilamente.- Se defendió amablemente pero se mojo los labios. Kakashi no lo supo si porque de verdad quería ir con él y no podía o porque estaba nervioso.

-Pero no has conocido la aldea, sólo aquel local donde comimos.- Yora respiro un par de veces hasta que asintió, con un claro arrepentimiento por hacerlo.- Bien, hoy saldremos a conocer los alrededores a la aldea. Aire libre es justo lo que necesitamos.

Yora le sonrío, quizá había pensado lo mismo, o quizá sólo le gustaba estar con él y ya.

Sin decir nada caminaron hacia fuera, con el guardia en turno mirándolos sorprendido. El día no estaba despejado del todo, incluso había nubes que sabía terminarían por provocar una leve lluvia, pero aun así el sol era tibio y la compañía agradable.

El clima no era perfecto, pero el día si.

-¿Tiene usted pareja, señor?- Aunque el tono fue desinteresado, la pregunta le sorprendió. Casi mete las manos en los bolsillos como lo hacía al caminar, pero se dio cuenta de que Yora ya lo estaba haciendo.

-No, las relaciones formales no son para hombres como yo.

-¿Por ser ninja, o por ser diferente?

-Lobo solitario.- Susurro bajito perdido entre recuerdos pero Yora lo miraba confuso.

-¿Perdón?

-Nada, tonterías mías.- Quería restarle importancia, así que Yora se río fuerte y limpiamente.

-Ahora si esta hablando como anciano.- Contra si mismo, él también termino sonriendo.

-¿Y tú tienes pareja, Yora?- No era un tema que le interesara ni sabia porque Yora lo había iniciado, pero necesitaba saber un poco más del misterio que Yora estaba siendo para él.

-¿Yo? No, nunca en mi vida. Por el momento tengo cosas mucho más importantes.- Yora estaba serio, y de seguir así, Kakashi no conseguiría ninguna información.

-¿Cómo entregar cartas?- Quería hacerlo reír, pero Yora suspiro con la mirada fija en el camino y luego también le sonrío.

-Si, como entregar cartas.

Se quedaron callados con el sonido de las hojas crujiendo bajo sus pies y las copas de los árboles agitándose. Y con todo, era agradable.

-¿Sabes que hice cuando me entregaron un equipo, Yora? Les hice que me hablaran de sus sueños e ilusiones, lo que les gustaba y lo que odiaban.

-Es una buena forma de conocerse.- Concedió, bastante alegre con esa idea.-Y por un momento volvió a ser el chico simpático y que emanaba una luz. Kakashi sólo conocía en un exalumno suyo, y en Iruka, esas dos personas que hacían que cualquiera su alrededor se sintiera feliz, aunque se podía decir que también Anko la tenia, cuando no estaba esforzándose en asustar a alguien.- Usted inicia.- Declaró Yora con una sonrisa un tanto perversa.

-¿Yo? Bueno, no tengo intenciones de…

-Ah no, si yo lo hago también usted.- Se puso al frente tapándole el camino y haciéndolo detenerse, con los brazos cruzados desafiándolo pero sin perder esa sonrisa.

-Te ves más joven cuando sonríes.- La única vez que le había mencionado que parecía más joven, el chico se había comportado extraño, pero ahora sólo estaba riéndose.

-Bueno, bueno, no cambie el tema, señor Hatake.

-Veamos.- Miró hacia el cielo, tenia que darle algo si quería también saber sobre él. Pero nada demasiado íntimo ni sobre la aldea.- No me gustan los niños.- Yora estaba sorprendido, y también decepcionado, pero Kakashi no entendía porque así que siguió.- Me gusta leer y mi ilusión es que se produzcan todas las películas de los libros de Jiraiya. Y no tengo sueños e ilusiones.

-Es imposible, todos tenemos.- Renegó de forma bastante infantil.

-Yo no. Ahora tú.

Yora no parecía conforme, pero acepto su parte.

-Me gusta el aire libre, las artes ninja, el invierno, pararme bajo la lluvia y cocinar. No me gusta tener que separarme de la gente que quiero, ni escuchar a algún maestro hablar, que me restrinjan o que intenten controlarme. Mi sueño es tener una familia y mi ilusión es…tiene razón, no todos tenemos ilusiones.

-Ah ya entiendo, como yo no te dije la mía no me dirás la tuya.

Yora le sonrío y luego miró hacia el cielo.

-Será mejor que me marche. No es bueno que deje sola mi tienda por mucho tiempo.- Kakashi estaba de acuerdo, pero necesitaba seguirlo.

-Espera a que lea la carta, creo que hoy quiero mandar una contestación.- Yora estaba sorprendido al grado de tener la boca levemente abierta, pero asintió tan rápido que su cuello probablemente terminó por dolerle. Sin decir nada y de forma brusca, sacó un pergamino, pluma y tinta de su morral que le tendió y se alejo unos metros para darle privacidad.

Kakashi se sentó con la espalda contra un árbol y sacó la carta ahora arrugada un poco por tenerla entre su ropa.

Al tiempo que permanecieron en una pequeña cabaña, la niña disfrutaba despertar cada día para ir a ver el amanecer, acompañada siempre de su maestro. Él le colocaba una mano en la cabeza y le contaba historias de cuando era joven. Pero siempre terminaba por decir lo mucho que añoraba hacer algo mejor por el reino, ayudar a su rey de alguna forma.

La pequeña adoraba al rey así que escuchaba atenta, deseando poder ayudar también. Ya así ocurrió un día. En que su maestro le dijo lo muy útil que seria. Y ella no podía estar más feliz, sería de ayuda y muchas personas se lo agradecerían, seria aceptada finalmente por todos.

Una noche, en la oscuridad de la cabaña, el maestro declaro que era hora de hacerlo. Se acercó a ella y le acarició el rostro, luego siguió hasta su cuello y sonriéndole hizo algo que no esperaba: Removiendo su ropa del cuello se hundió en su carne, haciéndola sangrar ante la mordida y gritar de dolor.

Entre las lagrimas, pudo distinguir que su maestro se había convertido en una serpiente, un monstruo. Pero era su maestro y le quería, aquello tenia que estar bien, aunque le doliera. Le suplico parar y cuando él lo hizo cayó al suelo. Su piel ardía y la mordedura le quemaba, sus ojos veían luces extrañas y sus oídos sólo escuchaban una risa lejana. No pudiendo resistirlo, se dejo ir.

Despertó días después en el mismo lugar, pero ante ella estaba un chico de quizá dos años más. Tenia una mascara en el rostro y la estaba cargando. Cerró sus ojos una vez más, y juro, por el dolor que sentía, que ningún hombre volvería a lastimarla nunca.

Kakashi terminó de leer la carta y el papel se deslizó por entre sus dedos.

Anko…

Su cuerpo reacciono solo y cuando volvió a la realidad estaba sujetando a Yora contra un tronco.

-¿Quién te esta mandando? ¿Quién escribe las cartas?

-Señor Hatake.- Yora le empujo con fuerza logrando quitárselo y casi haciéndolo caer. Era fuerte, lo sabía, pero a que punto hasta ahora.

-¿Quién eres tú, Yora? Y no me digas que eres un simple mensajero, eso no puede ser verdad.

-Tiene razón, no soy simple, pero si soy mensajero. Lo que sé lo he aprendido de quien me ha criado como su hijo, un hombre bondadoso y amable, mi fuerza, mis habilidades, todo es gracias a él.- Luego sonrío, con cierta burla.- Aunque gracias por preocuparse por mi, hacer que un Hyuuga me cuidara ha sido bastante lindo.

-Te diste cuenta… ¿Cómo es eso…?

-¿Posible? El chico es bueno pero hay habilidades mejores que las suyas.

-¿Y las cartas, porque? ¿Por qué me dan a conocer una historia que yo ya sé? ¿Y porque ahora?

-No diré el nombre de quien las envía porque no tiene ningún caso, usted no lo conoce y no lo hará quizá nunca. ¿Por qué ahora? Porque quien las envía sabe sobre las desapariciones. ¿No le parece una gran coincidencia que justo cuando Anko se pierda llegue un mensajero con su historia, con la de ustedes? Descuide, Anko no sabe que usted es aquel chico y yo no se lo diré.- De nuevo estaba siendo gentil y no parecía representar un peligro, pero Kakashi aun tenia muchas dudas.

-Tú la quieres. Conmigo me hablas distante pero con ella incluso le llamas por su nombre. Sabía que tu rostro era familiar. ¿Qué eres de ella, un hermano perdido? ¿Qué?

-No es el rostro de Anko el que ve en mí. Pero no soy su hermano ¿Cómo podría? Los padres de ella murieron cuando era un bebé, la única posibilidad de que tuviera un hermano fuera si naciera antes que ella. Pero Anko es siete años mayor que yo. No es posible.

-¿Quién eres, Yora?

-Imaginando que mi nombre sea Yora realmente.- El chico le sonrío encantadoramente, tan amigable y divertido por la situación.- Quien soy yo no importa, importan las cartas. Tiene que conocer la historia, usted sólo conoce hasta una carta más, pero después de esa, la vida continua. Nunca hay un "Y vivieron felices por siempre" No es así, después de que la princesa se casa con el príncipe los cuentos continúan, aunque ya nadie se moleste en escribirlos. ¿No quiere usted saber que pasó después? Me pregunta por las cartas, bien, sólo le puedo decir que aunque ni usted ni yo tengamos ilusiones, quien las escribe si tiene una.

-¿Cuál?- Preguntó con la garganta seca ante la posibilidad de saber más de una historia que él creía conocer hasta ese día. Pensando en las cartas, en Anko, en quien escribía las cartas, en Yora y su verdadera identidad, en todo y nada a la vez.

-Conocerlo, señor Hatake, toda su vida ha deseado conocerlo a usted. Le he mentido mucho en estos días, le diré algo que espero le ayude. Mi padre, quien me ha cuidado, quien me ha entrenado todos estos años es quien escribe las cartas. Yo volveré mañana, si usted quiere saber la verdad, vendrá, a medio día, como siempre.

-Anko llegará en poco tiempo, le van a liberar.- Aclaró sintiendo la inexplicable necesidad de que no se fuera.

-Me alegra, entonces mi deber esta casi terminado. Lamento haberme acercado a usted por eso, pero necesitaba conocer a quien se encargaba de buscar a Anko.- Luego le sonrío con dulzura.- ¿Sabe que aunque la moneda tenga dos caras, sigue siendo una misma? Le dije que mis padres murieron cuando era un niño, le mentí nuevamente. Mi rostro, señor, encuentre a mi verdadero padre en mi rostro.

El aire se arremolinó en sus pies y lo envolvió, desapareciendo.

Esa noche, como Shino lo predijo, Iruka estaba en la aldea, pero Kakashi sólo podía pensar en esa historia.


Corto pero no pueden quejarse...o si? Jo, espero no morir u.u

NaraVillbs