Capítulo 22
Una vez se hubieron marchado Martha y Alexis el silencio reinó en la cocina.
-Parece que el huracán Martha no ha dejado muchos destrozos – dijo un sonriente Castle.
Por toda respuesta Kate bebió de su taza de chocolate caliente. No comprendía que con la confianza que había llegado a tener con ese hombre que había terminado convirtiéndose en su mejor amigo, ahora le entrase ese tremendo ataque de timidez, sobre todo porque ella nunca había sido una persona tímida.
-Kate, ¿estás bien? – Rick la miraba preocupado mientras le preguntaba.
Ella lo miró y subió una mano para acariciarle la cara. Él subió la suya para tomar la de ella.
-No sabes cuánto te he echado de menos todos estos días y lo mal que me he sentido solo de pensar que lo que te pasó fue por mi culpa.
-No ha sido culpa tuya, Kate, en todo caso, culpa mía por meterme donde no me llaman, pero bueno, tú ya sabes como soy.
-Claro que lo sé, eres infantil, inmaduro, egocéntrico, curioso, encantador, desobediente, adorable, generoso, atento, cariñoso…
Mientras ella seguía con sus elogios, él se fue acercando a su boca y susurrando en sus labios, le dijo:
-Disculpa, pero se te ha quedado bigote de chocolate, voy a limpiarlo.
Y sin más preámbulo tomó entre sus labios el labio superior de ella que era el que estaba manchado de chocolate y luego de chuparlo, siguió besándola. Kate por toda respuesta se levantó de su silla y se sentó en el regazo de él para estar más cómoda. Se abrazó a su cuello y mientras seguía besándolo sin descanso enredaba las manos en los cabellos de él.
Castle la tomó por la cintura y empezó a acariciarla. Tenía muchas ganas de tocarla, pero tampoco quería apresurarse, así que probó con meter las manos por debajo de la camiseta. Le acariciaba la cintura y los costados.
Su piel era muy suave, pero al llegar al costado izquierdo noto que la piel formaba como un borde duro. Casi al mismo tiempo que le tocaba la cicatriz, ella se puso tensa entre sus brazos y se levantó, apartándose de él.
-Pero, ¿Qué ocurre? – preguntó alarmado y maldiciéndose interiormente por haber metido la pata.
-Nada – dijo ella – es una cicatriz y es muy fea y no quiero que la veas.
-¿Es de cuando te dispararon? – preguntó serio.
-Sí, tengo la que me hizo la bala – y mientras decía eso se tocaba el pecho – y la de la operación para sacarla.
-Si no quieres que la vea, respetaré tu decisión, pero no debes avergonzarte de ellas. En ti no puede haber nada feo, ni siquiera una cicatriz. Feo el socavón que me va a quedar a mí encima de la ceja – dijo él queriendo quitarle hierro al asunto.
Ella le sonrió agradecida, acariciando el apósito que él todavía llevaba puesto.
-Seguro que te hace mucho más atractivo. Será mejor que friegue las tazas.
-No tienes que hacerlo si no quieres, ya puedo hacerlo yo.
-Quiero hacerlo, no quiero que mi suegra piense que como soy policía, soy un desastre.
-Mi madre nunca pensaría eso de ti – le dijo él mientras se levantaba – ¡ah! y nunca le digas suegra, ya le costó aceptar lo de abuela, así que mejor no tentar a la suerte.
Él la observó mientras que fregaba las tazas, aun le costaba creer que estaba allí con él, que lo quería, y que estaban por empezar una vida juntos. Ella terminó, se secó las manos y se volvió hacia él.
-En vista del tiempo horrible que hace y que no podemos pasear por la playa, voy a enseñarte la casa.
La tomó de la mano y fue mostrándole las distintas habitaciones. Era una casa amplia con una planta baja y una buhardilla. Abajo tenía cuatro dormitorios, con dos cuartos de baño y un bonito salón con vistas al porche y al mar. Se acercaron a una ventana de un lateral y él le indicó que había un jardín con una piscina, pero era tal la cortina de agua que estaba cayendo que no podía verse.
Luego subieron a la buhardilla que era el cuarto principal, pues era una especie de suite, con un dormitorio grande, un vestidor y un baño con jacuzzi.
Después de ver toda la casa se sentaron en el sofá.
-Bueno – dijo ella – creo que nos debemos una charla.
Rick entrelazó sus dedos con los de ella y llevándose la mano a la boca, la besó con delicadeza.
Ella lo miró conmovida y empezó a hablar:
-Rick, yo quería pedirte…
Pero él la interrumpió:
-Kate si vas a volver a pedirme perdón quiero que sepas que estás perdonada, aunque no haya nada que perdonar. Solo quiero saber porque no me lo dijiste.
-Por miedo – respondió ella – puro y simple miedo.
-Pero, ¿miedo de que? – preguntó él – no lo entiendo, ¿me tenías miedo a mí?
-Miedo a perderte, Rick – dijo ella suspirando – en estos años que hemos trabajado juntos te has convertido en mi mejor amigo y además me enamoré de ti como nunca me he enamorado de nadie, aunque esto último he tardado mucho en reconocérmelo a mí misma. Solo de pensar en iniciar una relación y que no funcionara y como consecuencia de eso, distanciarnos, me ponía enferma. Fui egoísta, te prefería a mi lado, aunque no tuviésemos nada, que intentar haber tenido algo y perderte. Ya no podría vivir sin ti.
-Cuando me dijiste que no te acordabas de nada de lo que te dije cuando te dispararon me sentí muy mal – dijo triste – y cuando fui a verte y estabas allí con Josh y me dijiste que no querías que fuera a verte me sentí fatal.
-Lo siento, lo siento tanto Rick – se lamentó ella – pero realmente no estaba preparada para nada, era todo demasiado abrumador.
-Tardaste tres meses en llamarme – le recriminó él dolido.
-Lo sé y lo lamenté a cada momento, pero aun así no me sentía con fuerzas para hacerlo. La muerte de Roy, saber que había estado implicado en el asesinato de mi madre, y para terminar, el disparo, fue demasiado – dijo con amargura – No quería ver a nadie, casi en seguida le dije a Josh que no podíamos seguir juntos, que nuestras vidas seguían rumbos diferentes. Se enfadó un poco, pero creo que en el fondo se sintió liberado. Kate Becket y su complicada vida, son una carga – mientras decía esto se encogía de hombros como dando a entender que era un caso imposible – el único que me aguantó esos días fue mi padre, pobre, estuve de lo más impertinente y él me tuvo mucha paciencia.
-Nunca subestimes el amor de un padre – dijo él – además yo también habría estado ahí para ti, ¡siempre!, ¿recuerdas?
-Lo sé, y lo sabía entonces, pero tenerte cerca, sabiendo tus sentimientos hacia mi… era demasiado, la situación se me escapaba totalmente de las manos, así que hice lo más fácil, te aparté a un lado e intenté seguir con mi vida.
-Tu vida con Josh... – dijo con tono celoso.
-Mira Rick, Josh me gustaba mucho, pero no estaba enamorada, era cómodo estar con él, una relación sin complicaciones, tenías razón, me escondía en relaciones que no me llevaban a nada para ocultar mis verdaderos sentimientos, lo que sentía hacía ti, ¿estabas celoso? – preguntó con curiosidad.
-Ni te imaginas cuanto – dijo triste – detective me has gustado desde el día que te conocí. Eras como un desafío, guapa, inteligente, no eras para nada como las mujeres a las que estaba acostumbrado, me deslumbraste porque eres extraordinaria.
Ella lo miró con cariño y se acercó para darle un beso en los labios.
-Gracias, tú también me gustaste desde el principio – dijo ella un poco cohibida – puedo decir que incluso antes de conocerte ya me gustabas, y ¿sabes? Cuando te conocí es cuando empezaste a atraerme mucho más y no quería reconocerlo, eras tan inmaduro, tan inconsciente, tan sinvergüenza, que sentirme tan atraída por ti, hacía tambalear mis "rectos principios morales" – esto último lo dijo con una sonrisa.
-¿Tan mal concepto tenías de mí? – preguntó risueño.
-Si, malísimo, pero cuando empecé a conocerte más a fondo en tu faceta de padre y de hijo, sentía como todas mis ideas preconcebidas se iban desmoronando y cada vez me gustabas más, aunque claro yo seguía diciéndome que algo entre nosotros era poco menos que imposible.
-Yo también pensé eso durante mucho tiempo, te veía como alguien inalcanzable – dijo él con un suspiro – además estaba Deming, después Josh, tus relaciones eran serias y estables, no como las mías.
-No le digas a nadie que te lo he dicho, pero yo diría más bien aburridas, ¿sabes que dejé a Deming para venirme contigo aquí? – dijo ella – iba a decírtelo justo cuando llegó Gina a recogerte, me quise morir ese día.
-¿De verdad? – preguntó con asombro – yo te vi besarte con él y me sentí tan mal que quise poner espacio de por medio, Gina apareció y me fui con ella por despecho, cometiendo así uno de los peores errores de mi vida, nunca tuve que reiniciar una relación con ella, le volví a hacer daño, y ella no se lo merecía.
Seguían con las manos entrelazadas, sentados en el sofá, muy juntos. Ella dejó caer la cabeza sobre el hombro de él.
-¡Ay Rick!, han pasado tantas cosas, durante mucho tiempo llegué a pensar que algo entre nosotros sería imposible, todo el asunto de la muerte de mi madre y todo lo que llevaba implicado, pensé que nunca se resolvería y que por eso nunca podría estar al cien por cien para ti, como yo quería, así que me conformaba con tu amistad, que ha sido lo más valioso que he tenido en mucho tiempo.
Él le tomó la barbilla levantándole la cabeza y dándole un beso le dijo:
-Pero ya terminó todo y vamos a empezar una nueva vida juntos y te juro Kate que nunca te arrepentirás de ello.
-Sé que nunca voy a arrepentirme – y diciendo esto lo agarró por la camiseta y acercándolo a ella empezó a besarlo con entusiasmo a lo que él respondía de igual modo.
Estuvieron así un rato, se besaban, se acariciaban, se miraban a los ojos, volvían a besarse. Era como si no hubiera nada, ni nadie más en el mundo que ellos dos. Perdieron la noción del tiempo, no tenían más ganas de hablar de momento, ya tendrían tiempo para hacerlo, ahora solo importaban ellos y su amor y esos deliciosos besos que los dejaban sin aliento.
-¡Te quiero Kate, te quiero mucho! – dijo abrazándola.
-¡Yo también te quiero Rick! – gracias por estar siempre a mi lado.
-Siempre mi amor, siempre.
El mágico momento fue interrumpido por los gruñidos del estómago de Kate.
-¡Vaya! – dijo Castle con una sonrisa – parece que tenemos hambre, ¿eh?
-Ya lo creo, esta mañana me vine sin desayunar con los nervios de verte y son ya – mirándose el reloj de la muñeca – casi las cuatro de la tarde.
Él se levantó y tomándola de la mano tiró de ella.
-Vamos a preparar algo de comer, no quiero que me detengas por matarte de hambre – y la besó en la punta de la nariz.
CONTINUARÁ…
