Capítulo 23

Como el estómago de Kate no dejaba de rugir, pensaron que en vez de ponerse a cocinar algo, que los iba a entretener mucho, lo mejor era meter una pizza en el horno. Eligieron la de cuatro quesos y mientras se hacía fueron poniendo la mesa.

Rick sacó la botella de vino y también una jarra de agua. Mientras se hacía la pizza ellos aprovechaban para hacerse arrumacos y darse besitos. Eran como dos adolescentes viviendo su primer amor.

Por fin la pizza estaba lista, Rick la sacó. Olía muy bien. El estómago de Kate volvió a rugir.

-¡Vaya! – dijo él – voy a servirte una buena porción porque parece que tienes un león en la barriga.

-Si – dijo ella con una amplia sonrisa – estoy hambrienta, la felicidad me ha abierto el apetito.

Cortó la pizza en porciones y colocó dos grandes sobre el plato de ella. Le sirvió una copa de vino y él se sirvió agua.

-¿No tomas vino? – preguntó ella con la boca llena.

-No – dijo él – aún estoy tomando medicación. Me partieron dos costillas de una patada en el costado y además de seguir teniendo que llevar esto – se levantó la camiseta dejando ver una amplia venda elástica que se sujetaba con clips y que le cubría todo el torso – sigo tomando calmantes, porque me sigue doliendo algunas veces.

-Lo siento, lo siento tanto – dijo casi con lágrimas en los ojos – ni siquiera te he preguntado cómo te encuentras después de tu secuestro.

Él le tomo la mano y se la llevó a los labios besándola:

-Ni una lágrima más Katherine Becket, ya hemos llorado bastante. A partir de ahora solo va a haber risas y alegría en nuestras vidas, ¿de acuerdo?

Ella asintió y el continuó hablando.

-Después de comer seguiremos conversando y te contaré como me fue, tenemos mucho de qué hablar y toda una vida para hacerlo.

Ambos comieron con apetito, Kate más que Rick que se quedó satisfecho con un par de porciones pequeñas, mientras ella volvía a repetir. Cuando terminaron él sacó un resto de tarta de chocolate de la nevera y se lo puso delante.

-¿Te apetece? – le dijo sonriendo.

-Solo si tú me ayudas – dijo ella que había observado lo poco que él había comido.

-No tengo muchas ganas – le dijo mientras se tomaba las pastillas ayudado de un buche de agua.

-Me doy cuenta que no me comes nada – le dijo ella en tono de cariñoso reproche.

-No tengo mucha hambre últimamente, Alexis dice que debería estar hambriento y ponerme al día por todo el tiempo que estuve sin comer, pero la verdad es que no me apetece mucho.

-¿Y si yo te lo doy? – dijo ella en tono seductor.

-De veras Kate, no insistas que no tengo ganas.

Ella no le hizo caso, cortó un trozo del pastel con la cuchara y se lo acercó a la boca.

-Por cada trozo que te comas tendrás un premio como este – y lo besó en los labios.

Él sonrió, sí que era terca su inspectora, sabía que hasta que no se comiera algo no lo iba a dejar, así que abrió la boca y se comió el trozo que estaba en la cucharilla. Cuando le retiró la cucharilla de la boca, se la llevó a la suya para terminar de rebañar los restos de chocolate que él había dejado. Después se le acercó y lo besó. El siguiente trozo fue para ella.

-¿Puedo yo también darte el mismo premio por cada trozo que te comas? – le preguntó con una sonrisa juguetona.

-Por supuesto – dijo ella.

Y así entre beso y beso se acabaron la tarta entre los dos. Una vez que terminaron de comer y de besarse, Kate se levantó y empezó a recogerlo todo.

-Ahora me toca fregar a mí – dijo él.

-De eso nada tú has hecho la comida, así que yo recojo – dijo ella tajante – solo son unos platos y copas.

-Pero si solo he metido la pizza en el horno – protestó.

-Pero estas convaleciente y voy a cuidarte y a darte mimos para que te cures pronto, así que vete al sofá, que en seguida estoy contigo, todavía tenemos mucho de qué hablar.

Se fue obedientemente al salón. Hacía frío y mucha humedad, así que decidió encender la chimenea. Se acomodó en la chaise longue y desde allí se dedicó a mirarla. La cocina estaba unida al salón por una barra americana, por lo que podía seguir sus movimientos mientras ella trajinaba fregando los platos y recogiendo la mesa.

Se desenvolvía por allí como si lo hubiese hecho toda la vida. Solo llevaban un día juntos, y Rick ya sabía que eso era lo que quería para el resto de su vida. Le pesaban los párpados. Las pastillas para el dolor le daban sueño, así que pensando en ella y en cómo sería su vida a partir de ahora se quedó dormido.

Cuando terminó de recoger se dirigió al sofá y no pudo evitar sentir una gran ternura al verlo profundamente dormido. Por suerte la chaise longue era lo bastante amplia para que cupieran los dos, así que se sentó a su lado, apoyando la cabeza junto a la de él y empezó a observarlo. Estaba atractivo con barba, pero le gustaba más sin ella, así que ya vería como le convencía para que se la afeitase.

Siempre había fantaseado con cómo se sentiría acariciándole la cara, así que suavemente tratando de no despertarlo empezó a pasar el dedo por el contorno de su nariz, sus parpados, sus labios. No pudo resistir la tentación, se incorporó un poco y empezó a besarlo por toda la cara, suavecito, como respuesta él emitió un par de suspiros satisfechos.

Se dedicó a sus labios, empezó a besarlos, en sueños él le respondía con suaves gemidos. Decidió dejarlo descansar, ella también lo necesitaba, así que levantando el brazo de él se lo pasó por encima de sus hombros y se acercó abrazándolo. Se fue dejando caer con cuidado sobre su costado y pendiente de si se quejaba, pero por toda respuesta apretó el abrazó y la atrajo hacia él.

Al ver que no se quejaba, acomodó la cabeza sobre su pecho, la mano cruzada sobre su vientre y la pierna por encima de las de él, como si no quisiera que se le escapase.

Estaba comodísima, suspiró con satisfacción y volvió a deleitarse en la contemplación de su rostro. Poco a poco ella también se fue quedando dormida.

Castle se despertó, no tenía ni idea del tiempo que llevaba durmiendo. Lo último que recordaba era a Kate recogiendo la cocina y a él mirando embobado lo bonita que era. La notó dormir entre sus brazos y sonrió, se acercó a ella y le besó el pelo. Volvió a sonreír porque no olía a cerezas, como era habitual en ella sino a vainilla, como Alexis. La abrazó y tomando la mano que ella tenía sobre su vientre, empezó a basarla con delicadeza, dedo por dedo.

Ella suspiró y lo llamó:

-¿Rick?

-Sigue durmiendo amor, descansa, creo que yo dormiré otro rato. Se está tan bien así.

-Deberíamos seguir hablando ¡Ahhh! – bostezó.

-Tenemos toda la vida para hablarnos, cielo, los dos estamos cansados y nos merecemos esta siesta – volvió a besarla.

Ella se relajó de nuevo en sus brazos y él volvió a dormirse.

El olor del café la despertó. Se estiró y observó que Rick ya no estaba con ella sino en la cocina y que había puesto la cafetera. Se levantó del sofá y se acercó a él que abrió los brazos para recibirla.

Mientras el café terminaba de hacerse se dieron otra sesión de besos. Sus lenguas se enfrascaron en una danza salvaje, descansaban un momento para tomar aire y seguían besándose con pasión. Tenían que ponerse al día de tanto tiempo deseándose y conteniéndose.

Él la tenía abrazada mientras ella agarrada de su cuello, se le pegaba como una lapa. Era tal el ansia que tenían el uno del otro, que era como si no pudieran separarse.

Rick no pudo evitar quejarse en uno de los achuchones que Kate le dio. Ella se apartó en seguida.

-Lo siento, lo siento mucho, ¿Te he hecho daño? – preguntó preocupada.

-Claro que no – le sonrió al contestarle, pero todavía me molestan un poco las costillas.

-Y yo como una bruta espachurrándote todo – se lamentó ella.

-Me encanta que me espachurres, en cuanto me recupere del todo, vamos a estar todo el día espachurrándonos. ¿Un café?

-Claro.

Le sirvió una taza y luego sirvió otra para él. Se sentaron a tomárselo en la barra de la cocina. Ella le tomó la mano y mirándolo a los ojos le preguntó:

-¿Cuándo empezaste a investigar por tu cuenta?

-Cuando estabas en el hospital – le dijo serio – nunca me he sentido más culpable en toda mi vida.

-Culpable, ¿de qué? y ¿Por qué?

-Fui yo quien empezó a hurgar en el caso de tu madre, me pediste expresamente que no lo hiciera y como siempre, fui un prepotente y aproveché mi amistad con el forense para que revisara la autopsia – se lamentó él – a partir de mi intromisión todo se desencadenó.

-Todo no – le aclaró ella – Ranglan me llamó a mí, aunque no hubieras intervenido con anterioridad, esa llamada ya me habría puesto a trabajar en eso. No es tuya la culpa Rick, fue un cúmulo de circunstancias, y gracias a ti y a tu dedicación a la hora de investigar está todo terminado.

-Aun así me sigo sintiendo culpable – suspiró él – vi algo raro en el cementerio, vi un destello, algo que brillaba. Tardé en reaccionar Kate, tendría que haber actuado antes y haberte apartado de la bala y…

-Me volviste a salvar la vida Rick, otra vez…

Él la miró sin comprender.

-El médico me dijo que si no me hubieras apartado la bala hubiese ido directa al corazón y habría muerto en el acto. Esa pequeña fracción de segundos me salvó la vida. Gracias.

-Nunca me dijiste nada.

-Recuerda que no me acordaba – dijo ella sin poder evitar ruborizarse.

-Es verdad – le sonrió él intentando distender el ambiente – no recordaba tu periodo de amnesia selectiva.

-Siento no habértelo dicho, de verdad, pero ya te he explicado cómo me sentía en esos momentos. Fui egoísta porque no me puse en tu lugar y no te pregunté nunca como estabas y como te sentías.

-Jamás he pasado tanto miedo en toda mi vida – dijo él con un susurro – cuando te llevaron a la ambulancia, toda llena de sangre entraste en parada, Lanie empezó la reanimación, entró contigo al hospital subida en la camilla dándote masaje en el corazón. Pensé que no volvería a verte con vida.

-Lanie me contó algo de eso – dijo ella conmovida.

-Es por eso que no te dije nada cuando me llamó un desconocido que solo me dijo que era amigo de Montgomery y que teníamos que hablar sobre ti, que él le debía la vida a Montgomery y que le había mandado unos papeles que si salían a la luz perjudicaría a gente muy poderosa – le dijo muy serio – Montgomery los usaba como amenaza para impedir que su familia sufriera algún daño, tu seguridad también entraba en el trato.

-No lo entiendo, si Roy velaba por mi seguridad, ¿Por qué me dispararon? – preguntó Kate confusa.

-Ese hombre no recibió los papeles hasta después del tiroteo. Me dijo que estarías a salvo con una condición, no deberías investigar el caso porque si lo hacías no podría garantizar tu seguridad, si investigabas te matarían. No lo pensé dos veces, sabía que si te lo contaba te meterías de lleno en la línea de fuego, por eso te desvié del caso y te pedí que le dieras tiempo, sabía que podría convencerte, no podía permitir que te hicieran daño de nuevo, no podía verte morir otra vez, Kate – dijo con los ojos llenos de lágrimas.

-¡Oh Rick! – dijo ella conmovida – debiste decírmelo.

-No podía Kate, no podía ponerte en peligro, prefería que me odiaras, que no quisieras volver a verme, como me dijiste, pero que estuvieras viva.

-Cuando estuve en tu casa para ver si había algo que pudiera ayudar a encontrarte, Alexis me enseñó tu pizarra y toda la investigación que llevaste a cabo – dijo ella – era increíble, Rick. En ese momento pensé que si alguna vez te cansabas de escribir podrías dedicarte a la investigación, no faltaba un detalle, todo tan organizado, tan cuidadoso.

-Cualquier despiste, cualquier cosa que se me pasase por alto, podía poner en peligro tu vida. Es por eso que fui tan cuidadoso, no podía dejar nada sin mirar.

-Cuando me enfadé contigo, fui a hablar con Lanie y me dijo que lo que habías hecho por mí era la mayor prueba de amor que podrían haberme hecho y tenía razón, luego lo entendí todo. Gracias mi amor, por investigar por mí y por cuidar de mi vida, no me hubiera gustado perderme esto.

Y acercándose a él, lo besó y lo abrazó cono cuidado esta vez de no apretarle mucho.

-Espero que ahora que hemos aclarado las cosas, ya nada se interponga entre nosotros – dijo él – ahora que sé lo que es tenerte conmigo, no soportaría perderte.

-Ya no más mentiras – dijo ella – lo hablaremos todo y lo resolveremos juntos, yo tampoco estoy dispuesta a perderte ahora que te tengo.

-¿Sabes que ni siquiera hemos tenido una cita? – le dijo él.

-No te preocupes, ya tendremos tiempo de todo.

Poco a poco cayendo la noche y se acercaba la hora de cenar. A Rick le llegó un mensaje de Alexis avisándole para que no prepararan cena, que ya la llevaban ellas. Así que se pusieron a poner la mesa, esperando que llegaran las otras dos mujeres importantes en la vida de Rick.

CONTINUARÁ…