Lo sé, no tengo perdón, lamento muchisisimo la demora. La verdad no tengo una excusa y sólo puedo pedirles comprención.
Y siento no nombrar a cada lectora, pero no crean que por no hacerlo me olvido de ustedes. Sólo que en esta ocación queiro actualizar directo para ver si así me perdonan un poquito n.n
-Tarde como siempre.- Fue el amigable saludo de Yora hacia Kakashi, luego saco una carta de su morral y se la tendió.- Error de cálculo, faltan dos más.
Kakashi la tomo cuidadosamente y miró al chico unos segundos antes de salir de la aldea. Yora había entendido y le seguía, no esperaba menos de un chico tan inteligente. Pero saber quien era y que quería eran dos cuestiones que seguían incomodándole. De cualquier forma no importaba mucho por ese momento, lo averiguaría.
Le estudió de reojo y su rostro aun le impresionaba. Yora era mucho más que sólo apuesto, su belleza rayaba en lo divino y eso era lo que más le extrañaba. Un rostro tan perfecto como el de Yora no se olvida fácilmente y el chico había dicho que encontrara a su padre en él. Lo que significaba que debía ser muy parecido. Pero si Yora tenía veintitrés años, su padre quizá tendría unos cincuenta aproximadamente.
No lo recordaba, sabía que había visto su rostro y sus ojos alegres se lo confirmaban.
Aunque lo más alarmante era bien que se sentía en su compañía, o como los pequeños detalles de sus vidas que compartían eran compatibles. No dudaba que si lo conociera un poco más, no fuera un extraño y no se comportara como un asesino divertido de ver sangre, llegarían a ser compañeros.
Porque llegar a ser amigo de Kakashi no era fácil. No era como si una conversación agradable y la paz de la compañía fuera a hacer que se planteara considerarlo como un amigo.
Y sin embargo, aun cuando su mente trataba de decirle que aquello era extraño, no dejaba de interesarse por él.
-¿Debo leerla ahora? No veo el porque deba esperar ya y tu no me dirás mucho más.
-Como guste, ya le dije que cometí un error y realmente usted sabe la historia hasta una carta más.- Respondió encogiéndose de hombros.
-Si ya la conozco ¿entonces porque seguir así? ¿Porque no sólo me envía tu padre una carta con lo sé?
-Oh no señor, no. He dicho que conoce la historia, no los hechos. Debe haber notado ya que la historia, aunque hable de ustedes, no es suya, así que seria buena idea que conociera también los sentimientos ajenos.
-Puedo imaginarme lo que Anko sintió. La conozco mejor que cualquiera en esta aldea.
-No lo dudo.- Susurró con una sonrisa y al ver la incredulidad de Kakashi se río. Oh si, Yora sabía lo que había ocurrido aquella noche entre Anko y Kakashi-Ah, no debería sorprenderle. Usted conoce a Anko mejor que nadie en esta aldea, ya lo ha dicho, pero yo la conozco mejor que nadie en cualquier lugar. Es lógico que sepa lo que ocurrió entre ustedes. No les culpo, eran jóvenes y Anko pasaba por una mala etapa, usted quizá ayudarla y… las cosas se salieron de control. Así de simple.
-Nada es tan simple. Pero no comprendo como podrías saberlo tú, dijiste que ni siquiera Anko….
-Ya, ya.- Interrumpió Yora agitando una mano para restarle importancia.- Demasiados detalles que no puedo revelar y que no son necesarios. Como es que yo sé algunas cosas no importa. Importa Anko y nadie más.
-¿No estarás enamorado de ella, o si?- Preguntó y Yora se sonrojo. Inexplicablemente, sintió un calor en el estomago y Yora de pronto no le parecía tan buena persona. No quería buscarle una explicación a esa situación, ni pensar en eso, pero no podía evitarlo. Su cuerpo debió tener frío porque sus puños se cerraron solos, no había otra explicación.- Te lleva siete años, deberías buscar a alguien de tu edad y dejar a Anko tranquila. Es una mujer extraordinaria y no…
-Ha dicho mujer.- Yora sonreía y pese a que Kakashi odiaba que lo interrumpieran, sus palabras lo había traspasado. Entendiendo al instante a que se refería Yora, pero aun así el chico se lo explico, como si se regocijara en su cara. ¿Qué hubiera dicho si Yora le dejara continuar, qué Anko era mucho para él, qué se me recía a alguien mejor? Honestamente no lo sabía y no quería hacerlo.- Como compañero, debió decir "ninja" Pero no puede ¿verdad? No cuando se habla del pasado tan fervientemente. Usted la ve como mujer, porque sabe que es una mujer.
-Basta. Mi vida privada es sólo mía.
-Ya es tarde para eso.- Contradijo Yora señalando la carta en su mano.
-¿Por qué escribir la historia de Anko? Ya sufrió suficiente para que alguien plasme su tragedia en un papel tan a la ligera.
-Nadie a hecho nada a la ligera, señor Hatake, eso se lo juro, todo ha sido planeado ya. De cualquier forma debo recordarle que no hablamos de Anko. Ustedes son simplemente personajes secundarios en una historia que no logran comprender. Es bueno recordar los orígenes ¿no cree? Pero ande, léala, y espere por un poco más.
Kakashi no recibía ese tipo de órdenes, mucho menos de un mensajero, que como Yora había dicho, no era simple, pero seguía siendo un mensajero. Probablemente se hubiera molestado si aun y con todo su comportamiento, Yora siguiera teniendo una sonrisa arrebatadora y los ojos más deslumbrantes que hubiera visto nunca.
Algo le estaba llamando hacia el chico. Era un instinto que no podía evitar. No se puede luchar contra algo tan grande, y Kakashi sabía que estaba perdido incluso antes de evitar pararlo.
No podía negarlo, había quedado prendado de Yora desde el momento en que lo vio en su puerta.
Y en su interior, tomaba aquello como un extraño, pero encantador, regalo de cumpleaños.
Ya no quería recordar, no quería sentir ni pensar, no quería tener ninguna atadura hacia él, así que desesperado abrió la carta mientras Yora se dejaba caer en la hierba a observar el cielo.
La niña, la dulce princesa regreso con su rey, quien dolido con ella y molesto consigo mismo la reconforto cuanto pudo. Pero nadie podía hacerle creer en los hombres de nuevo. La única persona en que había confiado, incluso más que en el mismo rey, le había traicionado.
Se aprovecho de su cariño e inocencia, tomo sus ilusiones y la trato como basura, como un arma cualquiera sin valor.
Y la pequeña lloro con amargura, pensando que quizá era esa la verdad, que ella no valía en lo absoluto.
Pero llego aquel chico, dos años, sólo dos años mayor. Y la hizo pensar que, aun siendo tan joven, se podía ser fuerte. Él le dio su apoyo en silencio, sujeto su mano cuando le dolía sin decir una palabra. Y no hacia falta, ella sentía la caricia de su pulgar sobre su piel y eso le bastaba.
Aunque la sanación fue corta, lo que a ella le dolía eran las heridas internas. Aquellas que el joven adolescente le curaba lentamente y con cuidado. No veía su rostro, oculto tras una mascara, pero podía imaginar cuan infinitamente hermoso era.
Ella comenzó a hablarle cuando entraba en su habitación en el hospital pero él jamás respondía. Ni siquiera cuando le pregunto porque lo hacía.
Y sintió nuevamente, mucho más profundo, más confuso, más aterrador pero también fue maravilloso. Y supo que aunque quiso a su maestro, no conoció el amor hasta ese momento.
Esa carta en particular provocó una sensación extraña en su estomago, él tampoco supo porque siguió visitándola en el hospital pero nunca le dio demasiada importancia al asunto, lo tomo como un instinto hacia una persona de su edad y ya.
Pero eso no explicaba la sensación que le recorría.
-¿Anko me amo?
-Tan intenso como no tiene idea, señor, pero Anko sabía que eso no era posible, que usted nunca la vería de la misma forma. Creyó que usted pensaría que estaba confundida, que era el agradecimiento que sentía hacia usted la que hacia imaginar sentimientos. Por eso tomo una decisión, pero eso usted ya lo sabe.
-¿Cuánto falta para que esta historia termine?- Preguntó, ocultando su desesperación.
-No lo sé, no lo sé. Siguen viviendo, así que aun no puede terminar. Pero si sé cuando yo dejare de venir a entregarle cartas. En dos noches, cuando todos hayan regresado a la aldea. Yo estaré aquí por última vez.
-¿No volveré a verte nunca?
-Eso dependerá de usted. Si quiere verme lo hará, sino, puede intentar olvidarme.
-¿Porqué piensas que quiero olvidarte?
-Porque aun no conoce el resto de las cartas…señor.
Y las hojas le cubrieron, llevándolo a donde Kakashi no conocía, pero deseaba ir.
Lo sé, es corto, pero les prometo que el el siguiente se sorprenderan, que es la penultima carta que, como ya lo dijo Yora, entregara. Y ni hablar de la ultima.
