Capítulo 25
La lluvia volvió a caer con fuerza durante la noche. Rick y Kate, cada uno en su cama no podían dejar de pensar en todo lo que había ocurrido ese día. Los dos estaban dichosos pensando en esa nueva vida junta que se les presentaba por delante, aunque también tenían miedo a meter la pata y echarlo todo a perder.
Kate estaba agotada y poco a poco y arrullada por el ruido de la lluvia se fue quedando dormida.
Rick, como era habitual desde que había sido liberado, cayó en un sopor producto de las pastillas, no solo los calmantes para el dolor, sino un tranquilizante que le habían recetado para sus terrores nocturnos. Y es cada vez que se dormía, tenía horribles pesadillas sobre su encierro, su familia y Kate en peligro por culpa de Graham , y toda la información que había ido recopilando en su investigación y que todavía seguía en su cabeza, se manifestaba en forma de sueños bastantes perturbadores.
Su madre le había recomendado que visitara a un especialista que le ayudara, pero él, terco como era, no quería ni oír hablar de ir a un loquero, pensaba que ya se le quitarían esos miedos.
Así que como cada noche se despertó sudoroso entre desagradables sueños, pero entonces recordó que tanto Kate, como Alexis y su madre estaban las tres a salvo en la casa y eso le tranquilizó bastante, así que volvió a conciliar el sueño.
LUNES 27 DE FEBRERO
Cuando se despertó ya era de día. Se levantó y se metió en la ducha. Después de asearse bajó a la cocina donde sus tres mujeres charlaban animadamente mientras se hacía el café y Alexis preparaba tortitas.
-Buenos días – dijo sonriente mientras saludaba con un beso en la mejilla a cada una de ellas – ¿habéis descansado bien?
-Muy bien – le contestó su hija, que empezaba a repartir tortitas en los platos – ¿Y tú?
-Bien también – dijo sin dar más explicaciones, aunque Martha que tenía muy buen oído y era de sueño bastante ligero lo miró con suspicacia pues lo había escuchado quejarse como otras muchas noches.
Desayunaron con apetito y cuando Alexis se encargaba de recoger las tazas y los platos, llamaron a la puerta. Era el servicio de reparto del supermercado que traía la compra que Martha había hecho el día anterior. Entre las tres lo organizaron todo y cuando terminaron es cuando Martha anunció que se iban ya para la ciudad. El tiempo les estaba dando una tregua y el día se presentaba nublado, aunque de momento sin previsiones de lluvia por lo que abuela y nieta decidieron que cuanto antes salieran, mucho mejor.
Salieron a la rotonda de entrada para despedirse de ellas y desearles buen viaje, y Kate aprovechó para meter su coche en el garaje.
Cuando entraron en la casa y se vieron los dos solos se quedaron un tanto azorados, como no sabiendo que hacer, situación que Rick solucionó de momento, cuando cogiéndola de la mano tiró de ella y la acercó para abrazarla y besarla.
-Ya echaba de menos tus besos inspectora – le decía mientras le besaba.
-Yo también los echaba de menos chico escritor – le respondió ella sin dejar de besarlo.
-¿Qué te gustaría hacer? – le preguntó él educado.
-¿De verdad quieres saber qué es lo que más me apetece hacer ahora? – preguntó ella con mirada pícara.
-Pues sí – dijo él sin tener muy claro por donde le iba a salir ella.
-Lo que de verdad me apetece es sentarme contigo en ese sofá tan cómodo que tienes y que nos besemos hasta que nos falte el aliento – dijo ella de un tirón y sonrojándose un poco – después si quieres podemos bajar a dar un paseo por la playa antes del almuerzo.
-Me parece una idea estupenda, inspectora Becket, han sido años deseando besar sus labios y si usted se me ofrece de esa manera no puedo negarme.
Y se empezaron a besar incluso antes de llegar al sofá, al que terminaron cayendo riéndose uno encima del otro, aunque Rick también se quejó cuando su inspectora favorita le clavó un codo en las costillas.
-Lo siento mucho – dijo apurada – he vuelto a hacerte daño.
-No te preocupes, no ha sido nada, ven aquí – y la atrajo hacia él para seguir besándose.
Estuvieron así un rato hasta que tuvieron que parar. Se quedaron abrazados en silencio. Kate pensaba en lo bien y lo segura que se sentía con ese hombre y en cómo le había cambiado la vida en unas horas. Rick no dejaba de dar gracias al cielo por tenerla con él entre sus brazos.
-¿Qué tal tu viaje a Chicago? – preguntó él de pronto, por decir algo.
-Aburrido – dijo ella – realmente no había un caso, así que me tenían allí entretenida para hacerme creer que estaba trabajando en algo importante, nunca pensé que Gates se implicara tanto en esto.
-Ni yo, no veas que sorpresa cuando me dijo la relación que la unía a Montgomery – dijo él.
-Cuando volví a Nueva York y Ryan me lo contó todo, que os había estado ayudando a Gates, al agente Smith y a ti, casi no podía creérmelo, yo aburriéndome en Chicago y mientras tú te dedicabas a divertirte por ahí buscando a los malos y siendo un héroe – dijo sonriente.
-No me divertí Kate – dijo muy serio – y tampoco soy un héroe.
Ella se incorporó para mirarlo a la cara.
-Solo bromeaba, pero sigo pensando que eres muy valiente y para mí si eres un héroe.
-No, no lo soy, pasé mucho miedo y mucho frío – dijo con un suspiro – Kate, me meé encima más de una vez – dijo con un hilo de voz.
-Por Dios Rick – se indignó ella – vi las fotos del lugar donde te tuvieron retenido y los grilletes con los que te tuvieron esposado de pies y manos, es normal que te hicieras tus necesidades encima, no creo que pudieras levantar la mano para pedir permiso para salir al baño, eso no te hace menos valiente.
-Eran dos tíos enormes – siguió recordando él con la mirada un poco perdida, mientras ella lo dejaba hablar pues sospechaba que era la primer vez que él hablaba de su cautiverio – uno parecía un vikingo, con el pelo tan rubio que casi parecía blanco, y esa coleta y las barbas, aunque parezca ridículo, no podía dejar de imaginarlo con un casco con cuernos.
Ella volvió a echarse sobre él que la abrazó mientras seguía hablando.
-El otro tipo era como un gorila gigante, calvo con dos orejas enormes y redondas a cada lado de su inmensa cabeza, pegaba fuerte, fue quien me pateó las costillas y me golpeó contra la pared varias veces.
-Rick no tienes que contarme nada si no quieres – dijo ella queriendo evitar el sufrimiento que veía en sus ojos.
Pero él seguía hablando.
-Me echaban cubos de agua fría para espabilarme – se estremeció – nunca he pasado más frío en toda mi vida.
-Ya nunca más tendrás frío mi amor – dijo ella apretándose contra él en un intento de darle calor.
-Sabía que tú estabas a salvo en Chicago y eso me tranquilizaba, pero Alexis estaba sola en la ciudad y me aterraba pensar que fueran a casa y le hicieran daño.
-Alexis es una chica muy lista – dijo Kate – me llamó enseguida que sospechó que te había pasado algo, y aunque yo no pude hacerme cargo de ella por estar fuera de la ciudad, llamé a Lanie que en seguida fue a buscarla.
-Tengo que agradecerle muchas cosas a la doctora Parish – dijo esbozando una sonrisa y pensando en que debería hacerle un regalo a Lanie, que se lo había ganado – no solo por cuidar de mi niña sino por darte tan buenos consejos.
-Sí que es buena consejera mi amiga – sonrió – sí que lo es.
-¿Te apetece dar un paseo por la playa? – le preguntó Rick.
-Mucho, ayer con la lluvia y las prisas por verte no pude disfrutar de ella.
-Pues vamos, coge algo con que abrigarte, tiene que hacer frío.
Bajaron a la playa y estuvieron paseando cogidos de la mano, durante más de dos horas. El día estaba muy nublado y parecía que volvería a llover.
Rick le señalaba las distintas casas que veían y le iba indicando a quien pertenecían. Muchas eran de millonarios de la gran manzana, aunque también vieron algunas casas de actores.
-¡Vaya! – dijo ella con sorna – ya veo que te codeas con lo más selecto de la zona. Aquí el concepto "casa en la playa" se desvirtúa totalmente, algunas parecen mansiones o palacios.
-Que te creías inspectora, soy un hombre con mucho glamour – y mientras le decía esto con una amplia sonrisa, se acercaba y la besaba en los labios – aunque mi casa como has visto es bastante modesta en comparación con lo que hay por aquí. A partir de ahora tú también podrás relacionarte con lo más chic y exclusivo del lugar – dijo con falso tono afectado.
-¡Ay Ricky! – dijo ella poniendo tono de pija tonta – ya sabes que codearme con la jet es lo que más me ilusiona de todo, ¡es total!
Él no pudo evitar echarse a reír ante la interpretación que había hecho.
-Espero que nunca se te suba el glamour a la cabeza – y se paró para abrazarla y besarla – no soportaría que te convirtieras en una ricachona engreída y tonta. Te quiero tal y como eres inspectora, gracias por no cambiar, sigue siendo siempre así, tan maravillosa y tan extraordinaria.
Ella le respondió gustosa al beso.
-Ya sabes que nunca podría ser tan snob y tan superficial, por eso me enamoré de ti, porque fui capaz de descubrir al verdadero y autentico Richard Castle, detrás de esa imagen de inmadurez que das en un principio. Tú también eres extraordinario – y ahora fue ella quien le besó a él.
-Si mejora el tiempo te voy a llevar al pueblo más cercano, ya verás que tiendas, y lo bonito que es el puerto con todos esos yates.
-Yendo contigo, me da igual donde vayamos – dijo ella mimosa – pero ahora mismo mi estómago está volviendo a protestar, no sé qué me pasa, pero desde que estoy aquí se me ha abierto el apetito.
-Volvamos entonces, a ver que podemos preparar de entre toda esa cantidad ingente de comida que mi madre ha comprado.
CONTINUARÁ…
