Capítulo 28
Kate dormía plácidamente sobre el pecho de Rick, cuando se despertó sin saber por qué. Se sentó en la cama pues se sentía un poco desorientada sin tener claro dónde estaba. Enseguida recordó y sonrió en la oscuridad.
Fuera seguía lloviendo y ella iba a volver a abrazarse a Rick, para seguir durmiendo cuando lo escuchó quejarse y moverse. Se acercó a la mesilla a encender la luz de la lámpara, fue cuando recordó que se había ido la luz, aun así probó a ver y afortunadamente la luz había vuelto.
Miró el rostro de él, seguía quejándose y moviéndose, era evidente que estaba soñando con algo desagradable. Lo zarandeó un poco para despertarlo, pero dormía profundamente, volvió a intentarlo.
-Rick, despierta, estás soñando.
-¡No, por favor! – seguía quejándose en sueños.
-Rick, despierta, estás teniendo una pesadilla – y lo sacudió un poco más fuerte.
-¿Kate? – preguntó desorientado abriendo los ojos – ¿Estás bien?
-Claro que estoy bien – contestó ella pensando que más que bien, estaba de maravilla.
-¿No te han hecho nada? – seguía un poco aturdido – ¿Alexis y mi madre están a salvo?
-Estamos las tres bien, cielo – dijo ella besándolo con cariño – yo estoy aquí contigo y Alexis y Martha están las dos en Nueva York. Ya todo terminó, amor.
-¡Ah vale, es verdad! – dijo él ya más consciente – estaba teniendo una pesadilla. ¿Te desperté?
-No importa, ¿Te encuentras mejor?
-Si, ya se me pasa, seguimos durmiendo ¿vale?
-Claro – y apagando la luz se recostó abrazada a él – buenas noches Rick.
-Buenas noches, amor y ¿Kate?
-¿Si?
-Gracias por estar aquí conmigo.
-Siempre.
MARTES 28 DE FEBRERO
Se despertó antes que ella y enseguida recordó lo que había pasado la noche anterior. Se sentía un poco avergonzado de que ella hubiese sido testigo de su episodio de terror nocturno. Su madre tenía razón, iba a tener que buscarse un loquero.
La miró y una amplia sonrisa se instaló en su cara. La quería, la amaba, estaba absoluta e irremediablemente enamorado de ella, como nunca antes lo había estado de nadie, ni de Meredith, ni de Gina, ni siquiera de Kyra a la que había querido con locura.
Lo que sentía por Kate era distinto, aunque era un amor más maduro, era también pasión, era entrega, era necesidad de estar siempre con ella, de protegerla, de cuidarla. Kate se había convertido sin dudas, en su mejor amiga, nunca tuvo tanta confianza con nadie, y en ese par de días que llevaban juntos, se habían contado muchas cosas. Sabía que la cebolla Becket, como ella misma se llamó una vez, tenía todavía algunas capas que descubrir, pero tenía la seguridad de que había conseguido quitar muchas.
Solo estar con ella, aunque no hiciesen otra cosa que permanecer abrazados le inspiraba una sensación de paz y sosiego que nunca antes había sentido. No podía dejar de mirarla, era tan preciosa y tan maravillosa que no podía más que dar gracias por tenerla con él. Se sentía realmente afortunado.
Ansiaba hacer el amor con ella, arrancarle la ropa y amarla hasta el agotamiento, pero sentía que todavía no era el momento, aunque se conocían de años, acababan de empezar una vida en común, o eso esperaba, porque tendrían que volver a Nueva York, y ya verían entonces como se desarrollaban las cosas.
Ella suspiró y se removió un poco, él sonrió y decidió que ya era hora de levantarse. Lo hizo con cuidado para no despertarla, se metió al baño y se dio una reconfortante ducha. Salió envuelto en una toalla, ella seguía durmiendo plácidamente.
Se vistió sin hacer ruido y se asomó a la ventana comprobando que como bien decía el refrán "Después de la tempestad viene la calma", ya que hacía un día realmente esplendido con un sol radiante.
Bajó a la cocina y mientras preparaba el desayuno, recogía las velas y las cosas que había dejado fuera la noche anterior a causa del apagón.
Salió al porche para comprobar la temperatura en el termómetro que tenía allí. El día estaba despejado pero seguía haciendo bastante frío.
Cuando se despertó, enseguida notó que le faltaba algo y ese algo, era él. Se desperezó pensando en lo bien que había dormido y recordando la pesadilla que tuvo Rick en mitad de la noche, pobre, debió pasarlo fatal mientras estuvo secuestrado.
Bajó a la cocina, con cuidado de no pisarse los pantalones del pijama. Iba con el pelo alborotado, él sonrió al verla, saludándola con un alegre:
-¡Buenos días bella durmiente!, ¿descansaste?
-Buenos días, he dormido como un bebé – dijo ella sonriente mientras se acercaba y le daba un besito – ¿Y tú?
-Bien también, oye siento haberte despertado anoche cuando soñaba, pero últimamente no estoy durmiendo muy bien – intentó disculparse él.
-No te preocupes, no me molestó, solo siento que esto te haya afectado tanto.
-Mi madre dice que debería buscar ayuda, pero eso de ir a un loquero no me hace muy feliz que digamos.
-Pues aunque no lo creas, ayudan… y bastante – dijo ella agachando la mirada.
-¿Has estado yendo a terapia? – preguntó él sorprendido.
-Desde que me dispararon – le contestó ella.
-¡Vaya, no tenía ni idea!... siento lo que dije – intentó disculparse – nunca he pensado que estuvieras loca ni nada de eso.
-Lo sé – sonrió ella – no tienes que disculparte, a mí tampoco me hacía mucha gracia tener que ir, pero he de reconocer que me ha ayudado bastante, para poder estar donde quiero estar.
-¿Y dónde quieres estar? – preguntó un poco temeroso de la respuesta de ella.
-Aquí, contigo – sonrió de nuevo – no hay otro sitio donde quiera estar en este momento.
Él se le acercó y la abrazó.
-Gracias amor, ¿Te apetece desayunar?
-Si – dijo ella pensando que era él a quien se desayunaría enterito – ya sabes que desde que estoy contigo mi apetito se ha descontrolado un poco.
-Siéntate, que te sirvo.
Le puso por delante café, huevos revueltos y tostadas, además de un vaso de zumo de naranja. Él se sentó con ella, pero solo se sirvió un café y una tostada.
-¿No comes más nada? – le preguntó mientras se comía los huevos con ganas.
-No – dijo escuetamente – dices que tu apetito se ha descontrolado, pero el mío definitivamente se ha ido de vacaciones.
-Ya veremos como lo arreglamos.
-Ha amanecido un día fantástico, ¿te apetece dar un paseo por East Hampton?, podríamos ir al muelle y al embarcadero y luego te voy a llevar a comer el pescado más increíble que hayas probado nunca.
-Pues sí, me apetece mucho.
Terminaron de desayunar y mientras él recogía todo, ella se duchó y se arregló para salir. Al igual que él, se decidió por unos pantalones vaqueros, un jersey grueso, chaqueta y botas. Se recogió el pelo, pues había observado que a pesar de que el día era claro y luminoso, todavía soplaba un poco de viento.
Llegaron al pueblo y dejaron el coche en un aparcamiento cerca del muelle. La mañana era soleada, pero fresca, estuvieron paseando cogidos de la mano. Rick le explicaba que Los Hamptons fueron originariamente pueblos balleneros del siglo XVIII, y que todavía quedaban varias construcciones de aquella época, que le fue enseñando cuando pasaban por alguna de ellas. Eran casas de madera gris con techos a dos aguas blancos, el estilo típico de Nueva Inglaterra.
Ella miraba asombrada de un lado a otro, era un lugar precioso, muy tranquilo, aunque él le dijo que en verano era todo bullicio. Él la hizo detenerse varias veces para tomarle fotos con su IPhone. También se hicieron varias auto fotos en las que Rick era un auténtico experto.
La llevó a comer a un restaurante que estaba enclavado en el muelle, era como una antigua taberna marinera, parecía que en cualquier momento, saldría un pirata por alguna de sus puertas para sentarse, en una mesa junto a ellos, pero para asombro de ella, quien se sentó a un par de mesas de ellos, fue Steven Spielberg con su esposa, ambos saludaron a Rick, ante una boquiabierta y nerviosa Kate, que no pudo evitar exclamar entre susurros:
-¡Es Steven Spielberg y le conoces!, nunca me dijiste nada.
-Te hubieras burlado de mí, ya lo hiciste cuando te dije que era amigo del alcalde.
-Sí, pero es Steven Spielberg – volvió a decir ella, que aún no salía de su asombro. ¿Hace mucho que le conoces? – y mientras le preguntaba no podía dejar de mirar al famoso cineasta.
-Veranea aquí desde hace tiempo, nos conocimos en una fiesta. Estuvo interesado en hacer una película de uno de mis libros, pero luego le surgió otra idea y descartó esa.
-Sería una decepción para ti – dijo ella pensando en su crecido ego.
-Pues la verdad es que no – le contestó con una sonrisa adivinando sus pensamientos – nunca llegamos a concretar nada, fue solo una idea.
Siguieron conversando de mil y una cosas. Él le estuvo contando de todos los famosos con los que se había cruzado, incluidos Madonna y Paul McCartney.
Cuando terminaron de comer siguieron paseando, esta vez por el centro del pueblo. Fueron viendo las diferentes tiendas que allí había, muchas de ellas, de las marcas más exclusivas.
Pasaron por una conocida floristería con envíos a todo el país. Rick le dijo que tenía que hacer un regalo y que quería que le ayudase. Kate pensó que quizás iba a enviarle flores a su madre, pero se llevó una gran sorpresa cuando le dijo que eran para Lanie.
-Y eso, ¿Por qué? – le preguntó ella.
-Pues por ser tan buena amiga tuya, por aconsejarte tan bien y por cuidar de Alexis cuando estuve secuestrado – respondió él – ¿te parece bien?
-Me parece perfecto, es un detalle precioso, a Lanie le va a encantar.
-¿Se las mandamos a la morgue o a su casa? – preguntó indeciso.
-Mejor a la morgue – sonrió pícaramente – está allí más tiempo y seguro que las utiliza para darle celos a Esposito, jajaja, ya me imagino la cara de Javier.
-Con la ayuda y consejo de Kate, encargó un espectacular centro de flores, cuajado de orquídeas y otras plantas exóticas, que le sería enviado a la forense desde la sucursal de Nueva York.
A media tarde estaban ya un poco cansados, y él le preguntó si le apetecía ir al cine y luego a cenar a Gino's un buen plato de pasta.
Ella aceptó el plan, así que tomaron el coche para ir hasta el centro comercial. Eligieron una película que les gustara a los dos, ella prefería de acción y de aventuras y él de ciencia ficción. Al final se decidieron por "Cowboys vs Aliens" de Daniel Craig y Harrison Ford.
Al terminar se fueron a Gino's donde disfrutaron de una comida deliciosa. Pasaron un día estupendo, les gustaba estar juntos, se complementaban, muchas veces no hacían falta las palabras, sino que era suficiente disfrutar de su mutua compañía.
Era ya bastante tarde cuando cogieron el coche para regresar a la casa. Al llegar y después de dejar el coche en el garaje, estuvieron un rato en el salón dedicados a besarse. No tenían prisa, solo eran ellos dos.
-Deberíamos irnos a dormir, ¿no crees? – dijo él sin mucho convencimiento.
-Si es lo que quieres – dijo ella un poco cortada – buenas noches.
Lo dejó allí plantado mientras se iba hacia su habitación. Él subió a la suya pensando si no había sido un poco brusco y si ella se habría enfadado. Cuando entró a su cuarto se quitó la ropa y se puso el pijama. Entró a lavarse los dientes, mientras pensaba que bajaría a hablar con ella, pues se había quedado intranquilo.
Pero cuando salió se llevó una gran sorpresa. Ella estaba metida en su cama, vistiendo el pijama que él le dejara el día anterior.
-Espero que no te importe que me haya venido aquí, no quiero dormir sola.
-Claro que no me importa, yo tampoco quiero dormir solo.
-Mañana trasladaré aquí mis cosas.
-De acuerdo – dijo él.
Él se metió en la cama junto a ella que se acomodó en sus brazos. Rick la abrazó y la beso y cuando ella subió su pierna por encima de él, notó que solo se había puesto la parte de arriba del pijama.
-Buenas noches Rick, que descanses – le dijo cómodamente instalada encima de él.
-Buenas noches Kate, descansa tú también – dijo intentando evitar un suspiro.
Aquella iba a ser una noche muy larga.
CONTINUARÁ…
