Capítulo 29
MIÉRCOLES 29 DE FEBRERO
Como habían caminado tanto durante el día, los dos cayeron en un sueño profundo. Por primera vez en muchas noches, Rick no tuvo pesadillas.
Un rayo de sol iluminó la habitación y fue llegando justo a la cara de Kate. Cuando le dio en los ojos se despertó.
Estaba cómodamente instalada en los brazos de Rick, con las piernas enredadas con las suyas. Él dormía apaciblemente, esa noche no había habido pesadillas, ella lo miró y sintió unas enormes ganas de besarlo. Empezó a acariciar su rostro y a darle besitos. Sabía que estaba jugando con fuego, pero le daba igual, lo deseaba, quería hacer el amor con él, no más esperar, ya habían esperado bastante.
Fue metiendo la mano por debajo del pijama para acariciarlo y se topó con la venda elástica que llevaba para su lesión en las costillas. Eso le frenó un poco, realmente no sabía si se encontraría en condiciones de semejante esfuerzo, pero podían intentarlo, todo era cuestión de ir con cuidado, ella no tenía prisa.
Siguió acariciándolo y besándolo suavecito, él en sueños, empezó a responder a sus besos, los gemidos que daba, la animaron a seguir. Lentamente fue abriendo los ojos. La tenía encima, besándolo, una de sus mayores fantasías se estaba haciendo realidad. Entre jadeos y gemidos, le dio los buenos días.
Ella al verse pillada, se sonrojó y se paró un poco cohibida. Él sonrió diciendo:
-No te pares ahora inspectora, que me dejas con la miel en los labios.
-No quería despertarte – mintió ella.
-¡Ah!, ¿no? – sonrió él – ¡ven aquí! – y atrayéndola hacia él empezó a besarla a la vez que se daba la vuelta y se colocaba encima suya – ¡Ah Kate!, si quieres que no siga, dilo ya, porque si no, no voy a ser capaz de parar.
-No quiero que te pares – jadeó ella – y tienes razón quería despertarte porque deseo que me hagas el amor, Rick, no sé si te encontrarás en condiciones, pero te necesito.
-Yo también te necesito mi vida.
Empezó a besarla con vehemencia y con pasión.
-Mi vida, vamos a desnudarnos, vamos a conocer nuestros cuerpos... ¿sí? – le dijo él.
Y besándola con dulzura, en los labios, en las mejillas, por toda la cara, por el cuello y sin dejar de acariciarla, la ayuda a sacarse su camisa del pijama, quedando Kate solo en braguitas. La luz del sol ilumina la habitación por completo. Cuando la ve, se detiene un momento admirado de la redondez de sus formas, de lo blanco de su piel, de lo firme de sus pechos, más generosos de lo que él sospechaba.
Ella se siente apurada y sin darse cuenta se lleva la mano a la cicatriz del pecho, en un intento de ocultarla. Él que lo nota le retira la mano y dulcemente le dice:
-No tienes de que avergonzarte, eres perfecta para mí.
Suavemente comenzó a pasar las yemas de sus dedos, por aquella extensión aterciopelada que se le ofrecía para él solo. La acarició con suavidad, con detenimiento, estremeciéndose con ella, al mismo tiempo y recibiendo agradecido sus besos y sus pequeñas manos, recorriendo su cabello, su nuca y su espalda.
Se detuvo especialmente en la cicatrices del costado y del pecho, las besó repetidas veces, en un intento de demostrarle que no sentía por ellas ningún tipo de rechazo.
Las caricias comienzan a cobrar más ritmo, al tiempo que los dos se sienten cada vez más excitados. Kate cree estar flotando en una nube de algodón, mientras su cuerpo le descubre todo un cúmulo de sensaciones, hasta ahora desconocidas, pues aunque había disfrutado del sexo en otras ocasiones, lo que Rick le estaba haciendo sentir era totalmente nuevo para ella. Él que ya se ha deshecho de toda su ropa, incluido el vendaje y acaba de quitarle a ella, sus braguitas, yace a su lado totalmente desnudo y completamente entregado a ese ritual de besos y caricias, que está celebrando sobre su cuerpo.
Cuando se detiene sobre sus pechos y comienza a besarlos, a pasar su lengua sobre los pezones, a llenarlos de caricias y de palabras amorosas, Kate comienza a gemir de placer y a jadear entrecortadamente, volviéndolo a él loco de deseo y llevándolo a aplicarse aún más, a la tarea de hacerla feliz, de conseguir que se sienta amada y especial, la más bella, la más importante, la única mujer sobre la faz de la tierra.
Ella a su vez, escucha sorprendida su propia voz, gimiente, jadeante, rogando que no pare, diciéndole cuanto goza en sus brazos, lo feliz que es. Sobre su vientre siente palpitante, la virilidad de Rick, a todas vistas preparado desde hace mucho rato, pero él aún se contiene, aún se demora, quiere que ella sea feliz, que se sienta absolutamente preparada y lo desee, del mismo modo que él la desea a ella.
Con delicadeza baja la mano hacia la entrepierna de ella, que al no esperarlo, por un instante se tensa nerviosa al sentirlo allí.
-Tranquila mi vida... déjame que te toque mi amor, solo quiero acariciarte, para que estés preparada... así cariño, así... abre las piernas... ¡Ay Kate, como te amo!, no sabía que se pudiese amar tanto...
Y mientras la besa con pasión en la boca, con su mano acaricia su intimidad, comprobando que ya está preparada para recibirlo y al tiempo arrancándole a ella los primeros gritos de placer, al detenerse y prodigar sus caricias, en el lugar indicado.
-¡Ahhhh... Rick... mi amooooorr!… ¡Ahhhhh… mmmm… ahhhhh!…Te amo, mi vida, te amo…
Y es entonces cuando él, se coloca entre sus piernas y comienza a penetrarla lentamente. Con suavidad, con veneración.
Pero ella tiene otros planes, lo necesita en su interior ya, así que lo apremia.
-Por favor, Rick, por favor – le suplicaba.
Rick mareado de deseo, ante los gemidos y súplicas de ella, levanta la cara y mirándola de frente, la penetra con fuerza, sintiendo el mayor de los placeres al entrar al cuerpo de ella, al tiempo que le dice:
-Te amo Kate y jamás amaré a nadie como a ti. Eres el amor de mi vida.
Ella le devolvió una sonrisa, animándolo a seguir. Él no se hizo de rogar y comenzó a moverse con mayor intensidad, siguiendo con sus caricias y besos, y con su lengua en los pechos de ella, dándole pequeños y sensuales mordiscos, acelerando cada vez más el ritmo, hasta que la sintió bajo él estremeciéndose y gimiendo, mientras que lo miraba con una mezcla de deseo y placer, que terminaron en un ahogado grito de su nombre : "¡Riiiccckkk...!", y entonces él supo que ya podía y aceleró el ritmo un poco más, hasta derramarse dentro de ella, sintiendo el más grande, profundo y placentero orgasmo de toda su vida.
Rick abre los ojos, la mira sonriente y la besa en los labios, se retira de encima de ella, recostándose a su lado, la abraza contra él y tira de las mantas, para cubrirse.
-Gracias Rick, ha sido maravilloso – dijo Kate con una enorme sonrisa, pues realmente tenía que reconocer que el escritor se había superado.
-Kate, lo siento – dijo de repente él con tono preocupado.
-¿Qué es lo que sientes? – respondió ella con cierto tono de alarma.
-No nos cuidamos, Kate, lo hicimos sin protección – dijo con tono culpable – lo siento de verdad pero es que no me pude resistir.
-No te preocupes – contestó con tono de alivio al saber que era esa la preocupación de Rick – no creo que pase nada, ha sido una sola vez. Y ¿Rick?
-Sí, mi vida.
-Si pasara algo, ¿te importaría?
-¿Te refieres a si te quedaras embarazada?
-Sí.
-Por supuesto que no me importaría, ya sabes que tengo vocación de padre, ¿te importaría a ti?
-Bueno, no está dentro de mis planes ser madre todavía, me gustaría esperar un poco, pero, no, no me importaría.
Él la abrazó y la besó.
-¿Kate?
-¿Sí?
-Luego cuando nos levantemos y desayunemos vamos a ir al hospital.
-¿Al hospital? – preguntó con asombro – creo que es demasiado pronto para hacerme una prueba de embarazo.
-No es para ti – sonrió él – es para mí. Quiero que me hagan una radiografía para ver cómo están mis costillas, y quiero también que me miren la herida de la ceja a ver si pueden quitarme los puntos. Luego iremos a la farmacia.
-¿A por una prueba de embarazo?
-No mujer, a comprar condones, pero si estas tan interesada en estar embarazada, a lo mejor no hace falta que nos gastemos el dinero en ellos.
-No es que esté interesada en estar embarazada, pero que conste que si ocurriera no me importaría, y además siento curiosidad por saber que condones usas, si son de una farmacia pija de aquí seguro que son de diseño y firmados por algún conocido diseñador.
-Mis condones solo tienen que ser grandes, Kate, el diseño me da igual.
Ella sonrió y se abrazó a él.
-Te quiero Richard Castle, me lo he negado tanto que me siento en la obligación de decírtelo a cada poco.
-No te sientas obligada, solo dímelo porque te apetezca.
-Es que me apetece mucho, no me cansaría de decírtelo, quiero que te quede bien claro, que Kate Becket está totalmente enamorada de Rick Castle.
-Ya sabes que no me importa que me lo digas muchas veces, porque yo también te quiero Katherine Becket y también me gusta repetírtelo.
Empezaron a besarse y a acariciarse demostrándose su mutuo amor. Viendo que se estaban animando demasiado, fue Rick quien paró diciendo:
-Será mejor que lo dejemos para cuando estemos bien aprovisionados de preservativos. Voy a darme una ducha.
-Aguafiestas – le dijo ella.
-No te enfades, que esta noche nos ponemos al día – le dijo asomando la cabeza por la puerta.
-¿Hay que esperar hasta la noche? – preguntó inocentemente.
-Huy inspectora, que golosa – dijo mientras reía y se metía para dentro.
Kate sonrió y se desperezó satisfecha. Le daban ganas de meterse con él a la ducha, pero no se quería arriesgar. Tendría que volver a su ginecóloga para que le recetara de nuevo las pastillas anticonceptivas.
Dejó de tomarlas cuando terminó con Josh, desde que lo dejó su vida amorosa había estado bajo mínimos. Tenía muy claro que con quien quería estar era con Castle y no iba a meterse en otras relaciones que no le llevaran a ningún sitio.
Por eso se dedicó a su terapia y a prepararse para poder iniciar una vida con él. Las cosas se dieron de forma distinta a como ella pensaba, pero ahora que estaban juntos no iban a estar pendientes de buscar un preservativo cuando surgiera la ocasión.
En cuanto volviese a Nueva York solucionaría eso. No se dio cuenta que él salía del cuarto de baño, con una toalla envuelta en la cintura y lleno de minúsculas gotitas de agua sobre su piel y su cabello. Le dieron ganas de secarlo a besos, casi se relame de solo pensarlo.
Él la observaba como estaba pensativa en la cama, a medio tapar, ofreciéndole su cuerpo sin ser consciente de ello.
-Kate – dijo llamando su atención.
-¿Sí? – contestó ella saliendo de su ensoñación.
-Será mejor que ahora te duches tú, ¿vale?
Ella vio reflejada en los ojos de él, la misma mirada que tenía que tener puesta ella. Sonrió, levantándose provocativa y luciéndose desnuda delante de él. Le dio un beso en los labios como anticipo a lo que harían después y se metió al cuarto de baño.
Rick sonrió feliz, se vistió con unos vaqueros azul oscuro, camiseta y un jersey gris marengo. Las temperaturas seguían siendo heladoras.
Mientras ella se duchaba, él bajó a la cocina a preparar el desayuno. Ella bajó un rato después con su pijama, para ir a su habitación y vestirse también con ropa cómoda.
Llegó a la cocina donde Rick, le sirvió tortitas con nata y sirope de caramelo. Ella se relamió de gusto, era endemoniadamente golosa y Castle lo sabía. Él también se sirvió tortitas que comió con ganas.
-Veo que tu apetito volvió de las vacaciones – sonrió ella.
-Ha sido el ejercicio de esta mañana mi amor – dijo muy serio.
-¡Vaya, si llego a saberlo antes te hubiera preparado unas tablas especiales de ejercicios! – dijo ella con tono profesional de entrenador personal.
-Ya habrá tiempo – dijo él – todavía nos quedan muchos días de estar aquí y te aseguro que van a ser inolvidables.
CONTINUARÁ…
