Capítulo 30
Una vez que terminaron de desayunar se arreglaron y como Castle había propuesto, fueron hasta el hospital de la zona. Rick conocía a uno de los médicos de allí y cuando pudo atenderle y le explicó lo que le había ocurrido, este lo llevó a hacerle una radiografía de tórax, y comprobó que aunque las costillas iban soldando bastante bien, debía de seguir tomándose las cosas con tranquilidad y hacer todo el reposo que pudiera, que diera paseos tranquilos y que hiciera justo lo que tenía pensado hacer esos días, disfrutar de la paz y la tranquilidad de la zona.
También le miró la herida de la ceja y aunque pudo quitarle algunos puntos, la herida era profunda y se le había abierto varias veces, así que tuvo que dejarle otros para que hubiera una buena cicatrización, que le recomendó que se revisara en Nueva York cuando volviera.
Después de la visita al hospital estuvieron paseando por los distintos pueblos de la zona, Bridgehampton, Southhampton, pasearon por sus calles que como pasaba en East Hampton estaban repletas de tiendas de las mejores marcas.
A la hora de comer entraron en un restaurante especializado en pescados de la zona. Durante el suculento almuerzo, Rick le estuvo proponiendo varios planes para hacer los días que le quedaban de pasar allí.
Después de comer, decidieron volver a la casa. Pasaron por una farmacia para comprar más apósitos para la herida de él, y otras cositas que les hacían falta.
Una vez de vuelta en la casa y en vista de que hacía una tarde esplendida Rick le dijo si le apetecía pasear por la playa, ella dijo que llevaban toda la mañana paseando y que estaba cansada, a lo que él le respondió que si volvía a llover se iba a marchar de allí sin haber pisado la playa, y ella le dijo que le daba igual, que estaba demasiado cansada y que le apetecía mucho más sumergirse en ese estupendo jacuzzi que él tenía en su baño.
Castle se quedó un poco cortado, lo del jacuzzi no se le había ocurrido y no tenía ni idea de si ella iba a querer compañía. Kate se había ido a la habitación en la que se instaló el día que llegó allí. Al poco rato la vio salir cargando todas sus cosas y dirigirse muy decidida hacia las escaleras. La siguió y vio como entraba en su dormitorio y guardaba sus cosas en su armario, haciéndose sitio también en los cajones de la cómoda.
Sin ningún tipo de pudor, empezó a quitarse la ropa, quedándose solo en camiseta y bragas. Vestida de esa guisa entró al cuarto de baño y empezó a llenar la bañera. Salió al cuarto de nuevo y allí se encontró a un Rick, que aún no había salido de su asombro, al que le preguntó:
-¿Tienes sales de baño?
-Tengo algo mejor – le dijo él.
Entró al baño que empezaba a caldearse con el agua caliente y de un cajón sacó una bolsa de red con unas bolas de diferentes aromas.
-Solo tienes que echarlo en la bañera, la presión del agua hará el resto, ¿de qué olor prefieres?
-¿Cuál te gusta a ti? – dijo ella.
-Uno de mis favoritos es la lavanda – le contestó mientras sacaba una bola de color malva.
Kate la cogió de su mano y la echó a la bañera. Al entrar en contacto con el agua caliente y las burbujas, fue como si la bola explotase o entrara en ebullición y la bañera empezó a llenarse de olorosa espuma.
-¡Wow! – exclamó Kate mientras se quitaba la camiseta y empezaba a desabrocharse el sujetador – Castle te vas a quedar ahí mirando o vas a compartir este estupendo baño conmigo.
-Claro que lo comparto contigo, me voy quitando la ropa.
Se fue a la habitación y se desnudó dejándose solo puestos los calzoncillos. Se dirigió al baño y ella ya estaba metida dentro del jacuzzi.
-Castle, esto es una auténtica maravilla, ven métete.
Rick no se hizo de rogar, se quitó los calzoncillos y entró en el agua poniéndose junto a ella que tenía la cabeza apoyada en el borde de la bañera, sobre una almohadilla. El cogió otra almohadilla y también reposó la cabeza sobre ella.
Por debajo del agua sintió la mano de Kate que buscaba la suya para tomarla, al tiempo que le decía:
-Gracias por estos días maravillosos, mi amor, muchas gracias.
-No tienes nada que agradecer, soy feliz si tú lo eres.
Siguieron tomados de la mano y hablando bajito, como si temieran que alguien pudiera oírlos.
Estuvieron así mucho rato, disfrutando de las agradables sensaciones que les proporcionaban el agua caliente y las burbujas.
Estaban absolutamente relajados, tanto que el agua se enfriaba y empezaban a adormecerse.
-Será mejor que salgamos, nos vamos a arrugar – dijo él.
-Sí, pero se está tan bien aquí – contestó ella.
-Salgo yo primero – dijo él mientras salía de la bañera y se envolvía en un albornoz. Luego sacó otro del armario y se dirigió a ella.
-¡Vamos Ariel! Que se te van a arrugar las escamas.
Ella sonrió y se incorporó, ofreciéndole toda su desnudez. Él le acercó el albornoz y la envolvió abrazándola.
-¿Cómo te sientes?
-Tan relajada que me echaría a dormir.
-Eso está hecho, ven vamos a la cama.
-Estoy mojada.
-No te preocupes, voy a encender la chimenea y a caldear la habitación, ya verás que pronto entras en calor.
Y dejándola sentada en la cama, se aplicó a encender la chimenea. Cuando volvió a acercarse a la cama Kate se había recostado y suspiraba placenteramente.
-¡Ven Castle, hazme compañía!
No lo pensó dos veces, se acercó a la cama y se acostó junto a ella que enseguida se abrazó a él e incorporándose un poco empezó a besarlo por toda la cara.
-¡Te quiero, Castle, te quiero tanto! – le decía entre susurros y gemidos.
-Yo también te quiero, vida mía, pero, ¿crees que podrías llamarme Rick ahora que tenemos cierta intimidad?
-No creo que me salga – dijo ella decidida – siempre serás Castle para mí y aunque intente llamarte Rick o Richard, seguro que lo primero que me sale es Castle… o a lo mejor te digo gatito.
-No por favor – masculló él – ni Richard, que es como me llama mi madre, ni gatito, odio ese mote.
-No te preocupes – dijo ella riendo – no tienes nada de gatito, más bien de tigre.
Siguieron besándose cada vez más entusiasmados, ella empezó a abrirle el albornoz y a besar cada lugar de su cuerpo que dejaba al descubierto. Ninguno de los dos tenía nada puesto debajo.
En esta ocasión es Kate la que lleva la voz cantante, no deja de acariciarle, de besarle, quiere sorprenderlo. La noche anterior le hizo el amor con tanta dedicación y tanta entrega, que sentía que debía de corresponderle de alguna manera, así que poco a poco va bajando su mano hasta el bajo vientre de él, y empieza a acariciar esa zona.
A la vez sigue jugando con su lengua y va besando y lamiendo lo que antes ha acariciado y cuando llega a ese lugar, se detiene y se esmera y va recorriendo centímetro a centímetro, esa zona del cuerpo de Rick
Al poco rato es Castle, quién vuelve a dominar la situación, y se dedica a prodigar a Kate, caricias que siempre deseó hacerle. Su lengua ocupó y recorrió cada rincón de su cuerpo y con el único objetivo de hacerla gozar más que nunca, la llevó hasta cimas de placer, que Kate nunca antes había experimentado...
Se amaron con el cuerpo y con el alma, en diferentes posturas, experimentaron sensaciones que no pensaron jamás que existiesen... llegaron al éxtasis, tantas veces, que Rick sonriente, se dijo a sí mismo: "¡Castle, esta noche has estado superior, has batido el récord!", para terminar dormidos, exhaustos de amor, sudorosos de pasión y agotados de deseo.
Kate se despertó sobre las ocho de la tarde, feliz, satisfecha y hambrienta. Rick dormía apaciblemente a su lado, estaba tan mono, la había hecho sentirse tan bien, que empezó a darle besitos por toda la cara.
Como respuesta, él bostezó, abrió los ojos y le sonrió mirándola con adoración.
-¿Todavía no estás satisfecha inspectora? – preguntó con una sonrisa pícara.
-No – dijo ella mordiéndose el labio inferior – pero eso lo dejamos para después. Ahora tengo otras necesidades básicas que satisfacer.
-¿Cómo cuáles? – le preguntó él, pero antes de que ella pudiera responder, le oyó rugir las tripas – ¡ah!, ya oigo cuáles son esas necesidades. Pues venga vamos a comer algo.
-¿Se puede pedir pizza casera a algún sitio?, me muero por una pizza de queso – se relamió de gusto solo de pensarlo.
-Claro que sí, enseguida la encargo.
Se levantó, y acercándose a la cómoda la abrió cogiendo unos calzoncillos limpios. Ella lo miraba recreándose en su cuerpo. Luego se puso ropa cómoda y sacando ropa de ella de otro cajón, se la acercó diciendo:
-Anda vístete, yo bajo a encargar las pizzas.
Ella se vistió y entró al baño a dejar colgados los dos albornoces, vació la bañera y lo recogió un poco.
Intentó peinarse pero haber estado retozando y luego haberse quedado dormida, no había sido muy bueno para su cabeza, así que se peinó lo mejor que pudo y se recogió el cabello en una cola de caballo.
Cuando bajó, la mesa estaba puesta y antes de que se diera cuenta, el repartidor de pizza llegaba con su encargo.
Comieron con apetito, luego se sentaron a ver un maratón de películas de miedo. Como habían dormido siesta, aguantaron dos películas. Fue Castle quien pasó más miedo de los dos y más de una vez escondió la cabeza en el regazo de ella.
Cuando iba a empezar la emisión de la tercera película, Castle dijo que se iba a la cama, y con carita de niño y poniendo pucheritos, le dijo a ella, que tenía mucho miedo y no quería ir solo hasta el cuarto, que si le acompañaba.
Ella no pudo evitar echarse a reír ante la cara de cordero degollado de él, y gastándole bromas por su miedo, fueron subiendo las escaleras.
Al llegar a la habitación y como si tuvieran un imán, empezaron a besarse y a abrazarse. Era como si se estuvieran poniendo al día de todo el tiempo que se habían deseado mutuamente. Entre jadeos cayeron en la cama, donde poco a poco se fueron desnudando y volvieron a hacer el amor con la pasión que se estaba haciendo costumbre en ellos.
CONTINUARÁ…
