Capitulo dedicado a... Ivis. Cullen (sin espacio)

Capitulo 19: Adios Mike, Hola Viajes

Al día siguiente del entierro de Colette el padre de Ángela reunió a su familia, al servicio y a mí en el salón, yo tenía miedo de que nos echara a todos, pero la verdad no sabía que pasaría.

-Señorita Rottenmeier, comenzaremos por usted, deberá marcharse de la casa de inmediato, si lo desea su sobrino puede acompañarle o no hacerlo ya que como marido se su difunta madre me veo obligado a prestarle una educación adecuada- dijo el señor Webber- En cuanto al resto de el servicio a partir de este momento quedan a mis órdenes.

-Señor Webber, siento que usted me eche de esta forma, pero si es usted tan amable le agradecería que mi sobrino Mike permaneciera aquí, al menos hasta que pueda encontrar un trabajo con el que propinarle una educación digna.

Me sentí feliz, la cruel bruja se iría pero mi amigo Mike se quedaría, y además si era así seguro Ángela y el acababan siendo amigos, tenía que ser así.

Pasaron nueve años, sin ninguna novedad, y ninguna de mis esperanzas se cumplieron, Ángela seguía odiando a Mike, Mike seguía siendo mi amigo, pero eso no podía hacer que mi mejor amigo volviera, Edward se marcho dos años después de la muerte de Colette, pese a que yo se que siempre está cerca, no me gusta no poder ver que está ahí, ahora tenemos una nueva ama de llaves en la casa, no se encarga de cuidarnos, ya somos demasiado mayores para eso Ángela tiene quince años, y Mike y yo tenemos catorce, éramos casi adultos, tenemos también un nuevo profesor particular, y nuestra afición preferida, que sorprendentemente Ángela, Mike y yo compartimos, es la pasión por la música, el piano, solía ser yo la que todas las tardes tras la cena se sentaba frente al piano y comenzaba a tocar, y Ángela escucha desde cerca sentada en su silla de ruedas evitando la cercanía de Mike que permanecía sentado a mi lado viéndome tocar.

Es una escena cómica si la vives, ya que puedes verlos a ambos separados pero a la vez cerca, cerca del piano, y separados entre ellos.

Un día cuando me estaba dando un baño caliente escuche la voy del señor Webber…

-¿Qué haces aquí jovencito? ¿Crees que esa es forma de comportarse?- chillaba el señor Webber.

Me gire y pude ver que al contrario de cómo la había dejado la puerta de la habitación estaba entornada, que no cerrada. Entonces lo tuve claro, el único jovencito del pueblo era Mike, yo creí que era mi amigo pero…. ¿Vigilarme mientras me baño? Eso no era digno de un caballero, debía ser mentira, quizá se hubiera colado algún chico de la calle y era a él a quien llamaban la atención.

-Pero señor- oí decir a Mike- yo no estaba haciendo nada malo.

Mi mundo de vida se derrumbo, mi amigo me estaba espiando, yo creí que era como mi hermano, por eso le permitía sentarse a mi lado en la banqueta del piano a escuchar, por eso hablaba tan seguido con él, pero el… el…. El deseaba algo más, era la única explicación posible, solo eso lo explicaba todo, solo eso explicaba que él me espiara.

Durante los últimos nueve años el señor Webber dejo de viajar tan a menudo y en muchas ocasiones organizaba reuniones sociales en la casa, al principio con estaba prohibido bajar al piso inferior con los invitados, pero cuando ya cumplimos doce años comenzamos a bajar y permanecer allí con los invitados, muchas veces pude ver cómo me observaban los hijos de los amigos de el señor Webber, una forma extraña, analizándome, era una situación muy incómoda y solía evitarla evitando permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar, evitando poder destacar, pero mi pelo que en mi infancia fue castaño oscuro y corto, ahora me caía en cascada por la espalda hasta la cintura, mi piel pálida definía que era una chica que no trabajaba en el campo, el padre de Ángela me vestía tan bien como a su hija, cualquiera diría que era la perfecta hija de un burgués, pero no era así, yo solo era la hija de criados y labradores.

Termine me baño con la certeza de que no volvería a mirar a Mike Newton en mi vida, y era feliz por ello, Ángela tenía razón, Newton no era una persona de fiar, era de la peor calaña, peor que su madre y su tía, era repugnante, todo lo que odiaba de los chicos, creí que él era el único distinto, una especie de amigo, como lo fue Jacob en mi infancia y como ¿también lo fue él? Pero creí que ese ¿sentimiento? Seguía siendo igual, pero era evidente que no era así.

Evidentemente no volví a ver a Mike Newton, en ese mismo momento el coche del señor Webber lo llevo a la casa donde trabajaba ahora la señorita Rottenmeier, y nunca más volvió.

El padre de Ángela viendo que crecíamos y en casa ocasión más deprisa creyó que era la hora de reanudar sus viajes, pero…. Llevándonos con él.

Era divertido, para cada viaje nos llevábamos un libro, para la idea y en nuestro destino comprábamos uno para la vuelta. Los trayectos solían ser largos y por mar, lo cual hacia que en ocasiones nos mareáramos, pero la sensación de la brisa borraba todo mareo de nuestras mentes.

El primero libro fue…

David Copperfield:

Prefacio

De Charles Dickens

Difícilmente podré alejarme lo bastante de este libro, todavía en las primeras emociones de haberlo terminado, para considerarlo con la frialdad que un encabezamiento así requiere. Mi interés está en él tan reciente y tan fuerte y mis sentimientos tan divididos entre la alegría y la pena (alegría por haber dado fin a mi tarea, pena por separarme de tantos compañeros), que corro el riesgo de aburrir al lector, a quien ya quiero, con confidencias personales y emociones íntimas.

Además, todo lo que pudiera decir sobre esta historia, con cualquier propósito, ya he tratado de decirlo en ella.

Y quizá interesa poco al lector el saber la tristeza con que se abandona la pluma al terminar una labor creadora de dos años, ni la emoción que siente el autor al enviar a ese mundo sombrío parte de sí mismo, cuando algunas de las criaturas de su imaginación se separan de él para siempre.

A pesar de todo, no tengo nada más que decir aquí, a menos de confesar (lo que sería todavía menos apropiado) que estoy seguro de que a nadie, al leer esta historia, podrá parecerle más real de lo que a mí me ha parecido al escribirla.

Por lo tanto, en lugar de mirar al pasado miraré al porvenir. No puedo cerrar estos volúmenes de un modo más agradable para mí que lanzando una mirada llena de esperanza hacia los tiempos en que vuelvan a publicarse mis dos hojas verdes mensuales, y dedicando un pensamiento agradecido al sol y a la lluvia que hayan caído sobre estas páginas de DAVID COPPERFIELD, haciéndome feliz.

[…]

David Copperfield
Tercera Parte: Capítulo XXIV
de Charles Dickens

Y ahora que ha terminado mi historia, vuelvo por última vez mi vista atrás, antes de cerrar estas páginas.

Me veo con Agnes a mi lado, continuando nuestro viaje por la vida. Nos rodean nuestros hijos y amigos, y a veces, a lo largo del camino me parece oír voces que me son queridas.

[…]

Y ahora ha llegado el momento de terminar mi tarea. Me cuesta trabajo arrancarme a mis recuerdos; pero las figuras se borran y desaparecen. Sin embargo, hay una que brilla como una luz celestial y que ilumina todos los demás objetos que me rodean, dominándolos, y que permanece.

Vuelvo la cabeza y la veo a mi lado, con su belleza serena. Mi lámpara va a apagarse, ¡he trabajado hasta tan tarde esta noche!; pero la presencia querida, sin la que no soy nada, me acompaña.

¡Oh Agnes, alma mía! ¡Ojalá tu rostro esté así presente cuando llegue el verdadero fin de mi vida! ¡Quiera Dios que cuando la realidad se desvanezca ante mis ojos como sombras, lo encuentre todavía a mi lado, señalándome el cielo!

Fue en nuestro viaje a Inglaterra… el libro que mas me gusto, en realidad fue el primer viaje, y por tanto el primer libro.

Nuestra vida se podía resumir en ir de un lugar para otro con los libros como únicos métodos de aprendizaje, las reuniones sociales como entretenimiento, y cada nuevo viaje pude ver como las miradas se centraban en mi más que en Ángela, ella solo era la chica invalida, pero yo no me separaba de su lado, me daba igual no poder bailar, yo estaba allí para hacerle compañía, ella era mi amiga.

-¿Me concede este baile?- me dijo un chico.

Estábamos en una fiesta, yo estaba junto a la pared de pie conversando con Ángela y ese chico me había interrumpido.

-No, lo siento, quizá en otra ocasión- conteste cortésmente.

Pude ver su expresión triste tras mi respuesta, y la expresión decepcionada de Ángela. Cuando el chico se fue retomamos la conversación.

-Entonces este- dije.

-Bella,- me interrumpió Ángela- ¿Por qué no has ido a bailar con ese chico?

-No te quiero dejar sola.

-Pero eso no es un porque, tu lo que intentas es evitar divertirte.

-No es verdad, solo quiero estar contigo, conversar…

-Bailar no te sentaría nada mal- intento concluir Ángela.

-Pero Ángela, sabes que no soy capaz de andar apenas sin caerme, ¿pretendes que baile?- dije curiosa.

-No eres tan patosa como intentas aparentar, ni como dices- dijo enfadada Ángela.

-Si lo soy y tú has sido testigo de ello durante los últimos… ¿once años?

-Sí, han sido once largos años, desde que llegaste a mi casa, desde que aquel día tu tía te trajo ¿la has vuelto a ver?

-La verdad… no- conteste triste.

Echaba de menos a mi familia, a mis amigos, a Jacob, a mi abuelito, a Edward…

Llevaba dos años viajando de aquí para allá, era divertido, había ido a Nueva York, había ido a Londres, a Berlín, a Boston, a Atlanta, a Montevideo, a Buenos Aires, Monterey, Paris, Roma, Venecia, Viena, Barcelona, Oslo, Estocolmo, Ámsterdam, San Petersburgo… y en todo aquel tiempo había añorado a mi antigua familia. Si, antigua, ahora Ángela y su padre eran mi nueva familia…

-¿Quieres que volvamos a Frankfurt? Puedo pedírselo a papa, podríamos ver a tu tía- dijo Ángela entusiasmada.

-No, la verdad…. No es ella a quien más extraño, es… a mi abuelo, a Jacob, y a mis amigos de las montañas- Dije intentando no decir el nombre de Edward mientras las lagrimas se deslizaban por mis mejillas.

-¿Me concede usted este baile?- nos interrumpió de nuevo el mismo joven.

-Desde luego- conteste sin saber que estaba haciendo.

Comenzamos a bailar al son de un vals, no me había fijado en el, pero entonces lo hice, sus ojos dorados, su pálido rostro, era…

Y comenzo a sonar el aleluya de haendel, supere los 100 Reviews!!

Siento la tardanza y lo corto, pero es que MI MADRE se ha puesto muy pesada, y es lo unico que he podido escribir en este tiempo que me dejo el PC, Sorry de verdad.

Dejad Reviews! Hasta que no tenga 10 no actualizo! Es lo unico que tengo acambio de Escribir.