Capítulo 32

VIERNES 2 DE MARZO

Amanecieron entrelazados de brazos y piernas, con Kate durmiendo literalmente encima de Rick. Después de su encuentro en el asiento trasero del coche, habían cenado algo sencillo y se habían ido a la cama. Allí habían vuelto a amarse con pasión y entrega.

Habían quedado que ese día harían una ruta por los viñedos más famosos de la zona. Se levantaron temprano, se asearon y desayunaron.

En vista de que degustarían varios vinos durante la jornada, Castle decidió alquilar un transporte con conductor. Quería que tanto Kate como él, pudieran disfrutar del día sin el agobio que suponía tener que privarse para poder conducir.

Salieron en dirección norte, hacia los Viñedos Paumonok, que era un granero de fin de siglo renovado. La espaciosa sala de degustación estaba construida encima de la bodega, rodeada por una amplia cubierta que ofrecía una vista espectacular de los hermosos viñedos.

Les ofrecieron una completa explicación sobre la elaboración del vino y les comentaron que uno de sus caldos, estaba incluido en el libro "Los mejores 1001 vinos para degustar antes de morir", y tuvieron el placer de degustarlo. A ambos les encantó, así que Rick compró unas botellas para llevar.

Siguieron luego hasta los Viñedos Macari, donde uno de los expertos les estuvo dando una charla sobre viticultura, con un enfoque más natural en la preparación de los vinos. La bodega y sala de degustación de Macari era una autentica belleza arquitectónica, desde donde también se podía disfrutar de una magnífica panorámica del lugar.

Luego de dar un corto paseo, continuaron a hacia Martha Clara, uno de los viñedos más antiguos y respetados de Long Island, allí Castle había contratado un picnic, pues ya era la hora del almuerzo. Disfrutaron de la magnífica comida, acompañada de sus galardonados vinos.

Después de comer, el conductor les comentó que otros clientes que lo habían contratado para conocer los viñedos, le pedían que los llevasen después al "Tanger Outlets".

Castle le preguntó si le apetecía una tarde de compras, que allí podría encontrar auténticas gangas a unos precios más que económicos.

Kate se dijo que por qué no, le apetecía esa nueva experiencia de salir de compras con Castle, a ver si era tan derrochador como ella imaginaba.

Tardaron un rato en llegar, no pudieron evitar dormitar durante el trayecto, como efecto de los diferentes vinos que habían catado.

Una vez allí, Kate empezó a disfrutar de las distintas tiendas y empezó a suspirar por cosas que le gustaban y veía a muy buen precio.

No se pudo resistir y se compró unas botas que le encantaron, luego vio unos impresionantes zapatos de tacón a un precio escandalosamente bajo, y también se los compró.

Castle sonreía al verla, él le hubiera comprado todo lo que quisiera, podía permitírselo, pero sabía que ella protestaría, así que se limitó a observarla.

Siguieron paseando por las distintas tiendas. Como Kate había previsto, Castle compró varias cosas, pero nada para él, sino para Alexis, para Martha y al final terminó comprándole una chaqueta de piel de color azulón de la que se enamoró a primera vista, pero que quiso dejar allí, pues a pesar de estar muy rebajada, seguía siendo cara para ella.

-¡Que no Castle! – protestaba ella – ¡que no voy a dejar que me la compres!

-Pero, ¿Por qué? – se quejó – llevo regalos para Alexis, para mi madre… eres mi novia, ¿Por qué no puedo darme el gusto de hacerte un regalo?, es más, ¿Por qué no puedo regalarte cosas bonitas cada vez que se me antoje si puedo permitírmelo?

-Pues por eso, porque tú puedes permitírtelo, pero yo no.

-¿Y qué?, yo no hago regalos para que me regalen a mí, regalo porque me gusta, eso es un regalo, dar sin esperar nada a cambio.

-Lo sé, pero a mí me gustaría corresponderte y no podría llevar el ritmo que tú llevas.

-Tenerte conmigo es el mejor regalo que puedes hacerme Kate, yo no necesito nada más.

Ella lo miró con los ojos acuosos, y lo abrazó emocionada.

-Que tú también estés conmigo, es el mejor regalo, no me hacen falta otras cosas materiales, solo quiero estar contigo.

-Si no me dejas que te compre esa chaqueta, déjame que te compre otra cosa, por favor quiero hacerte un regalo.

-Puedes comprarme cualquier cosilla…

-No voy a comprarte una cadenita con un corazón, Kate, no tengo doce años.

-Bueno pues cualquier otra cosa… ¿has regalado cadenitas con corazones a muchas chicas?

-No me cambies de tema, y no, no he regalado muchas cadenitas, solo le regalé una a Marjorie Johanson.

-¿Le gustó?

-Si, y también le gustó el anillo que le regaló Bobby Tom Sommerville, el colgante que le regaló Luke Bartlet y las pulseras que le regalaron, Jamie Snow y Joey Green.

-¡Vaya con la tal Marjorie!

-Si, era una auténtica "femme fatale" con solo once años. Entonces, ¿vamos por esa chaqueta?

-Bueno si tan empeñado estás en regalármela, no voy a ser yo quien te quite el gusto – suspiró resignada.

Al final Castle se salió con la suya y Kate se llevó la bonita chaqueta. Habían quedado con el conductor a la hora de cerrar las tiendas. Iban cansados y con varias bolsas, porque también le compraron regalos a Lanie y a los chicos, incluso a Jenny.

Cuando llegaron a la casa estaban agotados, prepararon una cena ligera y se acostaron. Habían caminado tanto durante todo el día, que antes de apoyar la cabeza en la almohada, dormían profundamente.

SÁBADO 3 DE MARZO

Kate se despertó, descansada pero no pudo evitar sentir cierta tristeza al recordar, que aquel sería su último día en Los Hamptons, ya que al día siguiente debería volver a Nueva York, para reincorporarse a su trabajo el lunes.

Mientras seguía recostada cómodamente en el pecho de Castle, que seguía durmiendo plácidamente, hizo balance de todo lo que le había ocurrido en los últimos días.

Haber estado a punto de perder a ese hombre que la abrazaba y que en esos días le había demostrado mil y una vez y de mil y una maneras diferentes, que ella era el amor de su vida, la había hecho recapacitar sobre el sentido de la vida.

Le agradecería a Castle de por vida, haberse tomado la libertad de haberla apartado de la investigación sobre el caso de su madre y haber ocupado su lugar.

Ella estaba tan ofuscada que lo único que habría conseguido es que la matasen, sin embargo él, fue capaz de mantener la cabeza fría para seguir discretamente con la investigación, aunque al final la cosa se hubiese desmandado un poco.

Pensar que se podía haber perdido todo lo que habían vivido esos días en Los Hamptons, era realmente imperdonable. Quería a ese hombre con toda su alma, y lo quería para siempre, quería una vida con él, una familia, hijos… lo quería todo.

Se preguntó cómo harían una vez volviesen a la ciudad, no quería separarse de él, deberían hablarlo, seguro que encontraban la mejor solución, ahora solo quería disfrutar a tope del tiempo que le quedaba de vacaciones. No sabía que planes tendría Castle, para ese día, habían conocido todas las localidades de la zona, habían visto una tormenta espectacular, habían salido a navegar y tenido su "Titanic" particular, al recordarlo no pudo evitar sonreír.

Luego estuvieron en los viñedos, de compras, y lo más importante, se habían descubierto sus vidas, habían desnudado no solo sus cuerpos, sino sus almas, habían sido unas vacaciones realmente maravillosas.

Empezó a pensar que no le importaría pasar ese último día en la cama, amándose hasta la extenuación. Lo miró dormir, y se dijo que lo mejor era dejarlo descansar, porque ese día iban a tener mucho trabajo.

CONTINUARÁ…