Capítulo 33
Castle empezó a moverse, pero seguía sin despertarse. Ella sonrió, y mordiéndose el labio inferior empezó a besarle la cara y el cuello, deteniéndose con su lengua en la oreja que le cogía más cerca.
A la vez deslizaba su mano por el cuerpo de él, hasta esa parte de la anatomía de Rick que había conocido hacía solo unos días de pleno derecho y que tanto le gustaba y que le había hecho pasar los mejores momentos de su vida.
Los suspiros que emitía la animaban a seguir. Aun no estaba despierto del todo, probablemente se creería que todo formaba parte de un sueño, pero a ella no le importaba, Rick llevaba días haciéndola gozar hasta lo inimaginable, hoy le tocaba disfrutar a él.
Se puso de rodillas a su lado, para tener mejor acceso a todo su cuerpo. Castle efectivamente se creía teniendo un sueño erótico, sentía unas extrañas cosquillas, como si miles de mariposas revolotearan en torno a sus zonas erógenas, en el pecho, en el cuello, en los labios, otra vez bajando por su torso hasta el vientre, por la cara interna de los muslos, en los genitales. No quería abrir los ojos y despertarse, aquello que sentía era maravilloso.
Siente que no puede controlar la erección y lentamente va abriendo los ojos. Lo que ve lo deja sin aliento. Kate como una diosa, está desnuda sentada sobre sus muslos, y con delicadeza lo acaricia, con sus manos, con sus labios e incluso con su pelo.
Castle no es capaz de decir nada, solo gime audiblemente, Kate abandona su ritual de caricias y con una enorme sonrisa le dice:
-Buenos días amor, veo que te he despertado.
Él sigue sin poder hablar, solo puede gemir y suspirar, mientras alza las manos para acariciarle los pechos y atraer su cara hacia él, en busca de un ardoroso beso, que recibe complaciente de ella.
Ella lo vuelve a empujar suavemente y él cae de nuevo sobre su espalda, Kate cambia de posición y le acomoda las almohadas bajo la espalda para que quede algo incorporado, después comienza a recorrer su vientre a besos, suaves y tiernos besos que dibujan un amoroso camino hasta su masculinidad.
Castle, cierra los ojos un instante, Kate acaba de recibirlo en su boca y se está deleitando en él, como si de un rico dulce se tratase. Solo es capaz de gruñir y con voz ronca, le dice:
-Te amo Kate, te amo... ¡ahhhh!...
Ella prosigue en esta tarea amorosa que tan gratificante le está resultando, ya no por ella, sino por él mismo, porque siente, percibe, escucha lo mucho que está gozando.
Castle lleva rato entre gemidos y jadeos, mientras le acaricia la espalda y las nalgas con una mano y le aparta el cabello con la otra, para poder verla bien. Está muy excitado, casi al borde de sus límites, y viendo que no va a poder aguantar más, la obliga suavemente a retirarse.
-Mi amor, ya, que no voy a poder contenerme y ahora te toca a ti.
-Hoy es tu día cielo, hoy te toca a ti.
Castle, no le responde, se sabe al límite y por eso se apresura a prepararla, no va a poder aguantar mucho más. Mientras besa y lame con destreza los duros pezones de ella, se prepara y luego acaricia con la mano su intimidad, notándola bien dispuesta.
No puede menos que sonreírse, su inspectora, había disfrutado casi tanto como él. Se coloca sobre ella y haciéndose hueco entre sus piernas, la penetra y comienza a moverse vigorosamente.
En medio de esa danza de pasión en la que ambos estaban enfrascados, Castle se gira y la coloca sobre él, Kate toma la iniciativa y comienza a cabalgar sobre él de modo desaforado. Él ya no puede más y se impulsa hacia arriba para intensificar el movimiento, y sin poderlo controlar estalla en un fuerte orgasmo, al que ella se une casi de inmediato, con grandes suspiros y jadeos…
Caen los dos exhaustos. Pasan un rato abrazados y esperando que se calmen sus respiraciones.
-¡Ha sido maravilloso gracias Kate! – logra decir él entre jadeos.
-Me alegro de que te haya gustado mi forma de despertarte y espero que no te importe que haya interrumpido tu sueño, te veías tan mono durmiendo – sonrió ella – además yo también he disfrutado mucho.
-¿Importarme?, por Dios Kate, puedes molestarme de esta manera cada vez que te dé la gana.
Ella sonrió:
-No te vayas a creer que voy a despertarte así siempre, esto ha sido hoy porque estos días te has portado muy bien conmigo.
-Nunca podría ser malo contigo, así que me vas a tener que premiar más de una vez, ¿Qué te parece si me levanto y te preparo un magnifico desayuno? – preguntó feliz – había pensado que hoy podíamos ir a montar en bicicleta, ya has visto que hay dos en el garaje, ¿Qué me dices?, ¿Te apetece el plan?
-Yo tenía otros planes para el día de hoy…
-¿Ah sí?, también se me había ocurrido que podríamos pasear por la playa…
-Mis planes no incluyen ningún tipo de paseo… aunque si otra clase de ejercicio – dijo con mirada pícara.
-Bueno, ¿cuéntame cuáles son tus planes? – preguntó él que andaba un poco despistado después del épico despertar que había tenido.
-Se me había ocurrido que ¿qué mejor forma de despedirnos de los días que hemos pasado aquí que celebrarlo a lo grande sin salir de la cama? – dijo de un tirón, pues después de pensarlo no le pareció tan buena idea, a lo mejor pensaba que estaba un poco desesperada.
-¿Pretendes que nos quedemos todo el día haciendo el amor en la cama? – dijo con una gran sonrisa – ¡Huy inspectora, quien te ha visto y quién te ve! – rió alegre.
Ella no pudo evitar ruborizarse, ese hombre le había hecho perder hasta la vergüenza, ¿Cómo se le había ocurrido semejante idea? Iba a pensar que era una obsesa sexual.
-Déjalo, ya sé que es una tontería, no vamos a desperdiciar un día tan bonito aquí en la cama, y…
-Pasar un día entero en la cama contigo, nunca sería un desperdicio – mientras la besaba en los labios – solo que yo por mucho que quiera y que te quiera, tengo un límite y si queremos repetir este maravilloso despertar voy a tener que comer algo, así que tú te quedas aquí para que no se enfríe la cama y yo bajo a preparar un suculento desayuno, ¿vale?
-Vale – dijo devolviéndole el beso.
Él se levantó, se colocó una bata y pasó al baño antes de bajar a preparar el desayuno. Cuando bajó, Kate aprovechó para entrar al baño. Luego estiró bien las desordenadas ropas de cama y volvió a meterse dentro con una sonrisa.
Se sentía tremendamente traviesa, nunca había hecho algo como eso, pero estar todo el día allí con él, era lo que más le apetecía en ese momento.
Al rato subió con una enorme bandeja, repleta de alimentos, la colocó en la cama, se quitó la bata y se metió junto a ella.
-¡A reponer fuerzas! – dijo mientras le servía en un plato huevos revueltos, y le pasaba las tostadas.
Desayunaron abundantemente. La verdad es que después de semejante despertar, los dos estaban hambrientos.
Cuando terminaron de comer, Castle hizo intención de salir de la cama para bajar la bandeja a la cocina, pero ella no le dejó.
-Ya se bajará luego – le dijo – además no ha quedado nada de comida, sí que teníamos hambre.
Volvieron a recostarse en la cama. Estaban tan llenos que de momento no les apetecía hacer más ejercicio. Castle la rodeó con sus brazos y empezaron a hablar y sin saber cómo salió la conversación de cómo había sido sus vidas de pequeños.
Se empezaron a contar distintas anécdotas y Kate no podía dejar de reír ante las cosas que él le contaba. Evidentemente, Rick de chico tenía que haber sido un auténtico trasto, un trasto adorable, pero trasto al fin y al cabo.
Sin casi darse cuenta, volvieron a quedarse dormidos, después de casi dos horas de sueño, fue Castle quien despertó primero esta vez. La miró dormir, era preciosa, y él era feliz de tenerla consigo.
No se pudo resistir y empezó a besarla por la cara, el cuello, los pechos. Fue deslizando sus labios y su lengua por toda la anatomía de su amada. Ella al contacto suave de sus caricias, gime entre sueños.
La comienza a besar desde la frente hasta el pubis, sin dejar de cubrir con sus labios, un solo rincón de ese cuerpo que lo transporta, más allá de las fronteras de la razón. Se detiene mucho rato en sus senos. Recorre sus pezones y la aureola, haciendo círculos con su lengua, sobre ellos. Mientras acaricia uno con su boca, el otro lo acaricia con sus dedos, y se va alternando entre los dos. Cuando los percibe tan duros y erectos, comienza a mordisquearlos, a jugar con sus dientes sobre ellos, o bien a pellizcarlos. Kate aún sigue dormida, ahora es ella la que está soñando con Castle, y no quiere despertar. Su subconsciente, cree que toda esa magia de sensaciones, que está sintiendo, son producto del sueño, y gime y balbucea palabras incoherentes, que excitan aún más a Rick.
-¡Mmmm, sigue amor, ahhh me gusta, sigue, sigue...ahhhh... no dejes de hacerlo!
Castle entiende, que es capaz de llevarla a altas cotas de placer, solo con seguir jugando con sus senos. Ha descubierto que es una parte muy sensible en ella. Mientras prosigue su ritual de caricias, no deja de mirarla a la cara, y se extasía observando sus reacciones, como se muerde los labios, como su cabeza se mueve de un lado a otro, como entre abre los labios y deja escapar, jadeos, suspiros y gemidos de placer.
Castle sonríe, coloca su mano en su pubis, y comienza a recorrerlo con destreza con sus dedos, acariciando justo dónde debe hacerlo, provocándole a ella grititos de placer.
Kate se va despertando.
-¿Qué pasa mi amor?... ¿Qué haces?
-Amarte mi vida.
-Pues no te detengas.
Cuando Castle, comienza de nuevo su recorrido amoroso por el cuerpo de ella, se detiene de nuevo en sus pechos, que vuelven enseguida a responderle generosos, al tratamiento que él les está dando. Coloca por último sus labios sobre el sexo de ella, y lo besa con la misma pasión y profundidad, que hubiese hecho con su boca, dejando que su lengua recorra todos aquellos rincones, que tan bien está aprendiendo a conocer.
Ya no puede aguantar más, cree que su pene va a reventar de un momento a otro, se incorpora y suavemente le separa las piernas y la penetra con suavidad, pero sin parar hasta lo más profundo.
Ella al sentirlo dentro, grita su nombre:
-¡Sí, sí, Rick, sí!...
Esto lo termina de enloquecer, y comienza su danza febril dentro del cuerpo de ella, que le responde totalmente entregado, al gozo que le está provocando.
Castle ya está como loco y sus movimientos son cada vez más enérgicos. Kate tiene un primer orgasmo, antes que él haya aún terminado y nota con deleite, como desde su pubis, sube por su vientre, toda la corriente de sensaciones, que Castle, ha conseguido provocar en ella. Rick, siente que él también va a alcanzar el clímax, y mirándola con toda la pasión y amor, del que es capaz, exhala un gemido profundo, al tiempo que pronuncia su nombre: ¡Kateee!... Ella en ese momento, que también está inmersa en oleadas de placer, que recorren todo su cuerpo, cierra las piernas en torno a él, y aprieta con fuerza, obligándolo a entrar aún más adentro, si es que era posible.
Completamente agotado y absolutamente feliz, se deja caer al lado de ella. Con dificultad, porque ambos están exhaustos, se vuelven a acomodar y él la abraza con ternura, besándola con todo el amor del mundo.
-Gracias mi vida, ha sido maravilloso, me has hecho el hombre más feliz del mundo...
-Tú a mí también.
Y plácidamente se vuelven a quedar dormida, en los brazos de aquél hombre, del que sabe que ya nunca jamás podrá separarse.
CONTINUARÁ…
