Capítulo 34
A media tarde volvieron a despertarse. Los dos estaban felices, sonrientes, satisfechos y hambrientos. Rick se levantó para ir al baño y le preguntó que le apetecía comer, para ir a prepararlo.
Kate le dijo que se moría por comer comida china y Castle bajó a dejar la bandeja del desayuno en la cocina y a llamar al servicio a domicilio de un restaurante chino de la zona.
Mientras él llamaba, ella también fue al baño, no pudo evitar sonreír ante su imagen en el espejo. La radiante sonrisa que no era capaz de quitar, las mejillas coloreadas y el cabello revuelto, eran la imagen de la felicidad absoluta, que era como se sentía, inmensamente feliz.
Decidió bajar a hacerle compañía, así que se peinó un poco, y se puso una bata.
Él muy hacendoso fregaba los cacharros del desayuno cuando la sintió entrar en la cocina.
-Me dijiste que querías todo un día en la cama, y aun no son ni las cuatro de la tarde.
-Creo que he cambiado de opinión, prefiero que comamos aquí abajo y luego ya veremos que hacemos.
Prepararon la mesa en la cocina y estuvieron esperando hasta que llegó el repartidor.
Durante la comida no podían dejar de mirarse y sonreírse tontamente, recordando lo que ambos habían compartido, se besaban a cada poco, se daban de comer, fue un almuerzo de lo más empalagoso y no precisamente por exceso de dulces.
Cuando terminaron de comer y de recogerlo todo, se miraron como preguntándose, que hacían.
-¿Quieres volver a la cama? – le preguntó él con sonrisa pícara – yo acabo de echarle gasolina al coche y…
-¿La palanca del cambio de marchas está lista para continuar? – le interrumpió ella con picardía.
-¿Quién sabe?, si esta bella conductora maneja la palanca tan bien como antes…
Empezaron a reírse sin poderlo evitar. Castle la rodeó con sus brazos y la besó diciéndole:
-En serio, Kate, si quieres que hagamos otra cosa, no hay necesidad de volver a la cama, todavía nos queda esta noche.
-Vale chico escritor, ya veo, que necesitas recuperarte un poco más, ¿Qué te parece si damos ahora ese paseo por la playa?
-Creo que te he demostrado que de chico nada inspectora – dijo mientras le apretaba las nalgas, a la vez que la estrechaba más contra él – y soy perfectamente capaz de seguir siendo tu esclavo sexual
-Bueno, pues tu ama dominatriz ha decidido dejarte descansar, y salir a pasear.
-Entonces vamos a cambiarnos, si salimos solo con la bata se nos va a congelar algo más que el culo, y no queremos que se nos congele nada, ¿cierto?
-Por supuesto que no – dijo ella con mirada sugerente – anda vamos.
Subieron a la habitación y entre bromas y risas se pusieron ropa más abrigada y calzado deportivo para salir a pasear.
Se anduvieron la playa como quien dice de cabo a rabo. Kate cogió conchas y piedrecitas de recuerdo, alegando que de pequeña le encantaba hacerlo con su madre.
A medida que se acababa el día, fueron regresando a la casa, subieron hasta el porche y se sentaron en el sofá, desde el que vieron la tormenta su primer día allí.
Esta vez no había tormenta que observar, pero si una increíble puesta de sol, que llenó el cielo de distintos matices de rojos, rosas, naranjas y amarillos.
-¡Esto es precioso Rick!, gracias, muchas gracias – dijo Kate emocionada.
-Gracias, ¿Por qué mi amor? – le respondió, sin entender muy bien que tenía ella que agradecerle.
-Por dejarme estar aquí, por perdonarme, por hacerme vivir los mejores momentos de mi vida, por quererme como me quieres…
-Por Dios Kate, no tienes nada que agradecerme, nada, soy yo quien te agradece a ti, que me hayas perdonado por apartarte e inmiscuirme en el caso de tu madre…
-Si no lo hubieras hecho, probablemente estaría muerta, tú me salvaste la vida porque yo hubiera seguido arriesgándome y exponiéndome al peligro sin ningún cuidado.
-No digas eso, solo de pensarlo me da escalofríos y no tienes nada que agradecer, estamos juntos y eso me hace el hombre más feliz de este planeta.
-¿Y qué vamos a hacer ahora?
-Ahora, ¿Cuándo? – preguntó Castle un poco confundido.
-Cuando volvamos a Nueva York.
-Vente a vivir con nosotros, ¿no te apetece?
-Pues no sé… – dudó ella – a lo mejor es demasiado pronto para vivir juntos y además no me apetece dejar mi casa, me gusta.
-Lo sé – respondió él – pero no creo que sea pronto para vivir juntos, aquí hemos estado una semana y no nos ha ido tan mal.
-Esto han sido unas vacaciones, sin otra cosa más que hacer que pasarlo bien, pero la convivencia día a día es más complicada, y en tu casa están Alexis y Martha y no sé qué les parecería tenerme allí y sigo sin querer dejar mi casa. ¡Ay no sé qué podemos hacer! – dijo indecisa.
-Alexis se irá pronto a la universidad y madre entra y sale y estoy seguro de que no le importará, así que podrás quedarte cuando quieras.
-¿Y si cada uno nos vamos a nuestra casa de momento y luego ya vemos que hacemos? – propuso ella.
-No quiero separarme de ti – dijo él poniendo puchero – nunca más.
-No vamos a separarnos, seguiremos viéndonos cada día, ¿Por qué volverás a la comisaría?, ¿Verdad?
-Todavía no estoy recuperado – dudó él – y además no sé si Gates querrá seguir viéndome por allí.
-Seguro que no le importa que vuelvas y por las noches nos quedamos donde más nos convenga, yo me llevo algunas cosas a tu casa y tú te traes algo de ropa para la mía – dijo satisfecha de su propia idea.
-Estaremos como los niños de padres separados con dos casas y dos cuartos – dijo él no muy convencido, ya que la quería viviendo con él, pero también comprendía que no quisiera dejar su casa.
-Venga, no te quejes tanto, ya verás cómo nos apañamos.
-Vale, y ¿se lo vamos a decir a los chicos?
-Bueno Lanie seguro que me hace un tercer grado nada más llegar y creo que tanto Ryan como Esposito se merecen que les digamos la verdad, aunque espero que sean discretos, porque a nadie más le importa.
Sin darse cuenta y mientras hablaban se había hecho de noche y empezaron a tener frío, así que entraron en la casa.
Prepararon la cena y luego los dos se dedicaron a hacer la maleta, aunque saldrían después de comer ambos querían dejarlo todo preparado y salir a montar en bicicleta por la mañana.
Se acostaron en la deshecha cama abrazados, empezaron a hablarse y recordar todo lo que habían vivido esa mañana, y entre palabras tiernas y algunas más picantes volvieron a hacer el amor hasta quedarse dormidos.
DOMINGO 4 DE MARZO
Se levantaron temprano y después de desayunar, sacaron las bicicletas del garaje y estuvieron dando un largo paseo. Volvieron a la casa, pues empezaba a nublarse y el tiempo volvía a amenazar lluvia.
Se fueron duchando por turnos mientras el otro preparaba el almuerzo. Después de comer, terminaron de recogerlo todo y antes de que el día se pusiera más feo decidieron salir hacia Nueva York.
Cuando subieron al coche, los dos iban muy callados, cada uno pensando en sus cosas. A ninguno le apetecía volver a la ciudad, lo habían pasado muy bien, pero entendían que había que volver a la realidad de la rutina diaria.
Así que cada uno iba recordando los momentos felices que habían vivido esos días, desde el momento en que Rick leyó todo lo que ella le había escrito, cuando se reencontraron en la playa y cada instante maravilloso que habían compartido.
Hablaron poco durante el trayecto, estuvieron escuchando música, la entrada en la ciudad estuvo un poco complicada, era domingo y eran muchos los que volvían a la ciudad después de pasar fuera el fin de semana.
Por fin Kate llegó hasta el SoHo y aparcó ante el loft de Castle, volviéndose hacia él.
-¿No quieres subir? – le preguntó – seguro que Alexis y mi madre querrán saludarte.
-Bueno, pero solo un momento, mañana tengo que volver al trabajo y no quisiera acostarme muy tarde.
Subieron a la casa, tanto Martha como Alexis se alegraron mucho de verles, y sobre todo de verles tan bien y tan contentos. Como era de suponer la invitaron a cenar y ella que tampoco quería irse, fue incapaz de rehusar.
Cenaron alegremente mientras compartían lo que habían hecho durante esa semana, claro solo lo que se podía compartir. Alexis también les contó que había seguido trabajando con Lanie y que le gustaba mucho, Martha les habló de su nuevo papel en una obra de teatro.
Llegaba la hora de marcharse, pero ninguno de los dos quería separarse.
Al final Castle fue quien propuso una solución.
-¿Os molestaría que pasase la noche en casa de Kate? – preguntó dirigiéndose a su madre y a su hija.
-Claro que no hijo – dijo Martha – pensábamos que sería ella quien se quedase aquí, pero es normal que quiera darle una vuelta a la casa después de tantos días sin estar allí.
Rick miró a Alexis.
-Papá se supone que soy yo quien tiene que pedirte permiso a ti y no al contrario, claro que puedes ir con Kate, ya hemos visto lo bien que te ha cuidado estos días – sonrió la pelirroja.
-Cojo ropa limpia y nos vamos, ¿si?
Y se fue a su habitación donde dejó la bolsa que traía de Los Hamptons y preparó otra con algo de ropa más acorde para la ciudad, recordando lo que habían hablado de dejar cosas cada uno en la casa del otro, metió también varias mudas de ropa interior y útiles de aseo.
Cuando salió, se despidió de su madre y de su hija, hasta el día siguiente.
Llegaron a casa de Kate y él simplemente le dijo que necesitaba sitio para dejar algunas cosas que había traído. Ella le sonrió mientras le hacía hueco en el armario y en uno de los cajones. Después de acomodar su ropa entró al baño para dejar sus cosas.
Cuando salió ella ya estaba en pijama y había puesto una lavadora con la ropa que traía del viaje. Él también se puso su pijama y destapó la cama, preguntándole:
-¿De qué lado duermes?
-La verdad es que me da igual, donde tú quieras.
Él se acostó y ella le imitó. Estuvieron un rato abrazados y besándose, pero el día había sido largo y ambos estaban cansados, así que decidieron que lo mejor era echarse a dormir, cosa que sucedió enseguida.
Los dos estaban felices y expectantes ante la nueva vida que se les presentaba juntos.
CONTINUARÁ…
