¡Hola! Esta historia llega a su final con este capítulo. Espero que os haya gustado y como digo siempre, que hayáis disfrutado leyéndola, tanto como yo escribiéndola.
Capítulo 37
LUNES 4 DE ABRIL
Ya había pasado un mes y medio desde que se reencontraron en Los Hamptons y desde que estaban juntos como pareja.
Castle había vuelto a trabajar con ellos en comisaría, aunque solo iba cuando había un caso, los días que Kate tenía trabajo de oficina, él se quedaba en casa escribiendo.
Seguían viviendo la mayor parte del tiempo en casa de Kate, a los dos les gustaba estar allí, tenían más intimidad.
Lo que si hacía Rick en su loft era escribir y pasar algunos ratos con su hija, aunque esta también iba muchas noches a cenar con ellos, por supuesto en compañía de Martha.
En unas semanas se celebraría el juicio contra Graham J. Parker que se había retrasado. Los dos estaban nerviosos y un poco alterados, pues sabían que casi con toda probabilidad tendrían que declarar.
Cuando terminara todo, tenían planeado ir de vacaciones todos juntos, ya que sabían que necesitarían alejarse de todo después del juicio y además Alexis se iría a la universidad a principios de septiembre.
Castle estaba totalmente decidido por Hawái y ni Kate, ni Alexis, ni Martha, que por supuesto también se había apuntado, le hacían ascos al destino elegido por él.
Aquella mañana de lunes, Kate estaba en la comisaría. No había caso nuevo, por lo que Rick estaba en su loft escribiendo. Los chicos también estaban por allí.
A media mañana un oficial de policía se acercó a Becket precediendo a un hombre de mediana edad.
-Inspectora – dijo dirigiéndose a ella – este señor pregunta por usted.
-Gracias Moretti.
-¿Katherine Becket? – preguntó el hombre con cierta ceremonia.
-Sí, soy yo – dijo sospechando quien era ese hombre y a que venía.
-Soy Basil Williams, agente judicial, le traigo una citación – dijo dándole un sobre – tiene que firmar aquí – le acercó una carpeta con una pinza que sujetaba un papel, que era una especie de recibo que ella debía firmar, al darse por enterada.
Firmo lo más serena que pudo. El agente judicial se despidió de ella con la misma ceremonia que se presentó. Ella se sentó en su escritorio, con el sobre entre las manos, dándole vueltas pero sin decidirse a abrirlo.
Esposito y Ryan que no había perdido detalle de todo lo que había pasado, se levantaron y se acercaron a ella.
-¿Todo bien Becket? – preguntó Ryan – ¿Qué quería ese tío?
-Que va a querer, la citan a declarar en el juicio de Parker, ¿te encuentras bien jefa? – le preguntó Esposito poniendo una mano sobre su hombro – ¿quieres que llamemos a Castle?
-No, no hace falta – dijo Kate siguiendo sin abrir el sobre.
-¿No vas a abrirlo? – le preguntó Esposito.
-Debería hacerlo, ¿no?
-Supongo que si – le dijo su amigo.
Abrió el sobre, donde le indicaban que la oficina del fiscal la había solicitado como testigo de la acusación y que sería llamada a declarar. También le comunicaban que no debería salir de la ciudad, pues no sabían con seguridad que día sería, dependía de cómo se fuese desarrollando todo.
La verdad, es que aunque sabía que eso ocurriría, no pudo evitar sentirse mal. No quería ver a ese hombre, ya estaba en la cárcel, y no sabía cómo reaccionaría cuando lo viese, porque lo que más ganas le daba de hacer, era llevarse una pistola y meterle un tiro entre ceja y ceja.
Gates desde su despacho había visto también la llegada del agente judicial y la cara de su mejor inspectora desencajarse cuando leía la citación. Salió de su oficina.
-¿Algún problema inspectora? – le preguntó el capitán.
Sin decir palabra, Becket le dio a su jefe la citación. Gates la leyó.
-Se sabía que esto pasaría tarde o temprano, aunque supongo que con todo lo que conlleva este caso le habrá afectado solo el hecho de volver a recordarlo todo.
-Pues la verdad es que si – dijo Becket.
-Lo más probable es que la implicación de Roy Montgomery en todo esto salga ahora a la luz, así que con toda seguridad a mí también me llamarán a declarar.
-Intentaré hacer todo lo posible por no involucrarlo, señor – dijo Kate muy seria.
-Lo sé Kate, sé lo que apreciaba a Roy, el sentimiento era mutuo – dijo con nostalgia – pero no me fío de lo que pueda largar Parker para inculpar a otros.
-Esperemos que no se vea muy afectado, y que su familia no sufra mucho por ello – dijo Kevin solidario.
-Inspectora – dijo Gates – hay poco trabajo hoy, tómese el resto del día libre.
-Pero señor… – empezó a protestar Kate, pero el capitán la interrumpió – la quiero aquí despejada y preparada para seguir trabajando, mañana a las ocho. Hasta entonces, descanse todo lo que pueda y no piense mucho.
-Gracias señor – dijo Kate, si le daban un día libre no iba a ser ella quien lo rechazara.
Se despidió de sus compañeros, cogió su abrigo y salió de la comisaría. Se montó en el coche y se obligó a tranquilizarse ahora que iba a conducir, lo que faltaba es que se diera un golpe o provocara algún accidente.
Sin pensarlo dos veces se dirigió a casa de Castle, no quería estar sola, ahora tenía a alguien que luchara con ella, la acompañara en los malos momentos y la animara, el tiempo de pasar las penas solas y ahogarlas en alcohol ya había pasado. Sobre todo porque como le decía Rick a menudo "Las penas saben nadar".
Tuvo suerte y aparcó enseguida, subió hasta el piso y llamó a la puerta. Al otro lado Castle, que estaba solo en casa, escribía totalmente enrollado en lo que hacía, lo que unido a que no esperaba a nadie hizo que no escuchara la puerta.
Becket volvió a llamar esta vez con más insistencia. Castle levantó la cabeza, preguntándose quién demonios lo importunaba a esa hora. Fue a abrir la puerta un poco molesto, pero antes de que pudiera decir algo, alguien se le echó en los brazos, tardó unos segundos es ver quien era.
-¿Kate?, Kate, ¿Qué te ocurre, por que no estás en la comisaría?
Pero ella no le contestó, solo se aferraba a él enterrando la cara en su cuello. Él la abrazó y siguió diciéndole.
-Kate me estas preocupando, ¿Qué te ha pasado? – dijo Rick, mientras sin dejar de abrazarla cerraba la puerta y la conducía hasta el sofá donde se sentaron.
Ella sacó la citación del bolsillo y se la dio. Mientras la leía, ella seguía confortablemente refugiada en sus brazos.
-Pero ya sabíamos que esto iba a pasar – dijo como toda respuesta.
-Ya, pero no sé si voy a poder, Rick, no sé si voy a poder enfrentarlo.
-Claro que vas a poder. Eres la mujer más valiente que nunca he conocido y yo estaré ahí contigo, lo sabes ¿verdad?
-Claro que lo sé, pero no puedo dejar de pensar en tener que verlo y eso me pone muy nerviosa.
-Pues no te preocupes, lo afrontaremos y lo superaremos juntos. Siempre juntos.
-Siempre – le contestó ella con media sonrisa acercándose a sus labios.
JUEVES 12 DE MAYO
Por fin había llegado el momento en el que Kate tendría que declarar. El juicio había empezado el 25 de abril, llegaron periodistas y cadenas de televisión de todo el país, e incluso del extranjero.
Era un caso de corrupción sin límites y en el primer día, el juzgado se convirtió en un circo mediático, dando pie a que el Honorable Timothy K. Michaels, juez de la causa, decidiera que a partir de ese momento y hasta el final de la misma, el juicio se celebrara a puerta cerrada.
Ni a la gente que acudía al juicio como un espectáculo, ni mucho menos a la prensa o la televisión, les hizo ninguna gracia la noticia, pero el juez, fue categórico, no quería su juzgado convertido en un vulgar plató.
Habían llevado a muchos testigos y a mucha gente a declarar. Entre ellos a Richard Castle.
Debido al interrogatorio de sus dos secuestradores, que torpes como eran habían incriminado, más que a Parker, a uno de sus socios, para el que trabajaban. Luego llamaron al socio, que parta quitarse problemas, acusó a Parker de ser el responsable, entre otras muchísimas cosas, del secuestro de Castle.
Total, que al final, Castle también declaró y lo hizo incluso antes que Kate. El día que le tocó ir, le dijo a ella que no se preocupara, que estaba bien, y que lo esperara a que volviese. Ella no se hizo de rogar. No tenía ningunas ganas de ir al juzgado, además era día laborable, y prefería enfrascarse en su trabajo, que hasta el momento la había ayudado bastante a pasar el tiempo, hasta que fuese ella la que tuviese que ir.
Durante su declaración, Rick se mostró bastante sereno, dijo lo que tenía que decir y habló de lo que él sabía en cuanto al acusado. Cuando salió se fue directamente a la comisaría. Casi era la hora del almuerzo, así que sin siquiera subir para evitar las preguntas de sus amigos que en ese momento no le apetecía contestar, le mandó un SMS a Kate, quedando con ella a un par de calles de la comisaría.
Ella salió en seguida a reunirse con él. Solo había visto a Parker en fotos, y la corroía la curiosidad por saber cómo era. Castle le estuvo contando y sobre todo previniéndola de lo cínico que era y de la frialdad con que hablaba de sus numerosas víctimas a las que consideraba meros instrumentos para conseguir sus objetivos. Le dijo que la mejor forma de actuar ante él, era ignorándolo y dedicarse solo a referir los hechos, intentando no mostrar ningún tipo de sentimientos.
Había preparado su declaración con el fiscal, sabía que preguntas podrían hacerle. Además no era la primera vez que testificaba en un juicio, pero claro, ninguno tan personal como este.
Pero ahora que era ella la que tenía que enfrentarse a él y a pesar de las advertencias de Rick, para que se mantuviese calmada no podía evitar estar muy nerviosa.
Ella quiso ir sola, pero él no la dejó. La llevó hasta los juzgados y se sentó con ella a esperar en la puerta de la sala de audiencias, hasta que salió el aguacil a llamarla.
Él le deseó suerte y tranquilidad con un tenue beso en los labios, y ella respirando profundamente entró en la sala. Juró decir la verdad y ocupó su asiento.
Miró a Parker y vio reflejada en su cara, la maldad personificada, pensó en su madre y en que por fin, después de tantos años, su asesino iba a pagar por ello.
Atendió al abogado defensor y al fiscal, fue capaz de responder a todas y cada una de las preguntas que le hicieron. Evitaba mirar a Parker a la cara, haber visto una sola vez esa sonrisilla, malévola y de suficiencia le había revuelto el estómago.
Por fin y tras una larga sesión sin descanso, acabó su declaración. Harían un receso hasta el siguiente testigo. Esperó a que se llevaran al acusado para levantarse y salir de la sala, temiendo tambalearse. Tras tanta tensión acumulada, haber terminado por fin le había dado tal sensación de tranquilidad que se sentía agotada.
En el pasillo Castle esperaba con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos. Levantó la cabeza al oír el ruido de la puerta y la vio salir, pálida, ojerosa y visiblemente agotada.
Se levantó en seguida y acercándose a ella abrió los brazos donde ella se refugió.
-Vámonos a casa, Rick, vámonos a casa.
La llevó afuera por una puerta trasera del edificio, la misma por la que habían entrado para evitar a los periodistas. Abrió el coche y la ayudó a subir.
Kate empezó a llorar sin ruido. Sabía que ella le contaría en su momento, como había transcurrido todo, así que de momento el silencio reinó entre ellos.
Condujo hasta el apartamento de ella, aparcó y con la misma delicadeza la ayudó a bajar del coche y la guió hasta la casa.
Una vez dentro la llevó al sofá y le preguntó si quería tomar algo, una infusión o mejor una copa de algo más fuerte. Ella negó con la cabeza, y siguió llorando, mientras se hacía un ovillo, y se encogía abrazándose las piernas.
Castle se acercó y tomándola en brazos como si fuera una niña, se sentó en el sillón con ella en el regazo, consolándola, acunándola y diciéndole flojito, lo que la quería, que siempre estaría con ella, que ya nunca más estaría sola y que por fin todo había terminado.
Ella seguía llorando, empapando la camisa de Rick, pero no podía parar. Lo había pasado muy mal y necesitaba desahogarse. Estar en los brazos de Castle la hacía sentirse segura y protegida. Estaría así toda la vida.
Como el móvil de ella estaba apagado, fue el de él el que empezó a sonar con avisos de mensajes. Su madre, Alexis, Jim, los chicos, hasta Gates, todos preguntaban cómo le había ido.
Como pudo, con una mano les fue contestando a todos, que Kate estaba bien, que estaba descansando y que él se encargaría de estar con ella y no dejarla sola. Que pronto sabrían que había pasado.
Siguió arrullándola, poco a poco ella se fue calmando y dejando de llorar.
-Ha sido horrible – suspiró.
-No tienes que hablar si no quieres.
-Esa cara, era como el mismo demonio.
-Es el mismo demonio, Kate.
-¿Rick?
-¿Sí?
-Gracias.
-No tienes que dámelas.
-Sí que tengo, gracias por estar siempre ahí.
-Siempre, Kate.
-No me dejes nunca.
-¿Dejarte?, pero ¿Qué tonterías dices?, vas a terminar hartándote de Rick Castle, no sé si al final vas a ser tu quien me deje a mí.
-Nunca me hartaré de ti, nunca – dijo bostezando.
Las suaves palabras de amor que Rick le prodigaba, unido a la seguridad de sus brazos hizo que terminara de relajarse hasta quedarse dormida. Castle seguía meciéndola como a un bebé y acariciándole el pelo, los brazos, la cara, así como dándole besitos.
Cuando oyó la respiración pesada de ella que le indicaba que se había dormido, se levantó del sillón y la llevó a la cama, donde estaría más cómoda.
La acostó, le quitó los zapatos y la desnudó con cuidado de no despertarla, dejándola solo con la ropa interior. Destapó el lado contrario de la cama y con suavidad la llevó hasta allí y la tapó.
A continuación él también se quitó la ropa, quedándose solo con los calzoncillos y acostándose a su lado. No tenía sueño, pero por nada del mundo la dejaría sola en esos momentos. Se acercó a ella abrazándola y siguió diciéndoles dulces palabras de amor hasta que él también se quedó dormido.
SÁBADO 30 DE JUNIO
Llevaban dos días en Hawái y eran los mejores días que había pasado en su vida. Claro que, después del día del reencuentro en Los Hamptons y del día que hicieron el amor por primera vez.
Kate se daba cuenta que desde que estaba con Castle, atesoraba muchos días y momentos felices. Habían llegado a la isla hacía dos días y al final, Castle había decidido que pasarían allí el mes completo de vacaciones. Había muchos lugares que conocer y deseaba estar lo más lejos posible de Nueva York por un tiempo.
El juicio contra Parker había terminado por fin. Había salido culpable de varios asesinatos, así como de narcotráfico, tráfico de personas, robo, extorsión, y un sinfín de cargos más. Lo habían condenado a varias cadenas perpetuas en una prisión de máxima seguridad y ya no volvería a salir en la vida.
Estaban alojados en un maravilloso hotel con bungalows a pie de playa. Ellos ocupaban uno y Martha y Alexis otro. Se estaban dedicando a pasear, tomar el sol, bañarse, hacer snorkel, navegar, conocer las islas, comer en los mejores restaurantes y por parte de ellos dos a hacer el amor cada vez que se les presentaba una oportunidad que no eran pocas.
A Kate se le había ocurrido una idea y a medida que pasaban los días lo tenía cada vez más claro. Había visto algunas en el hotel, y no podía dejar de pensar que sería un lugar estupendo para hacerlo.
Sin decir nada a nadie y contando con la ayuda de la directora del hotel fue haciendo los trámites necesarios, y cuando lo tuvo todo listo fue cuando se lo planteó a Rick.
Estaban los dos tumbados en la cama. Se habían retirado a dormir la siesta, pero no habían dormido mucho precisamente.
Ella se incorporó y apoyando los codos en la cama lo miró de frente y sin anestesia le dijo.
-Oye Rick.
-¿Si, mi amor?
-¿Por qué no nos casamos?
-Él se incorporó de inmediato.
-¿Quieres que nos casemos?, ¿Por qué?
-¿Y por qué no? – le devolvió la pregunta ella.
-Me encantaría casarme contigo, me moría por pedírtelo, pero no sabía si te parecería demasiado pronto para ese compromiso. Me haces muy feliz – dijo besándola – ya verás que contentas se van a poner Alexis y mi madre. En cuanto regresemos empezamos a prepararlo todo y buscamos una fecha en la que Alexis no tenga problemas para asistir.
-Yo decía casarnos aquí en Hawai, he visto varias parejas que lo han hecho y me he estado informando, hasta he pedido la licencia.
-Pero, ¿así de repente?, ¿y tu padre?, ¿y los chicos? ¿Y Lanie?, es tu mejor amiga, no te lo va a perdonar nunca.
-Ya lo había pensado, nos casamos aquí al estilo hawaiano, y luego hacemos algo en la ciudad para los que no puedan venir.
-¿Y vas a privar a tu padre de llevarte del brazo el día de tu boda?, a mi Alexis me hace algo así y no la perdono en la vida.
-Me apetecía hacer una locura, pero ya veo que mi idea no te ha parecido bien – dijo con desilusión.
-Tu idea me ha parecido estupenda, y acepto casarme contigo, ¿Qué fecha habías pensado?
-Sobre el 29 de julio, así podría unir las vacaciones a la licencia por matrimonio.
-De acuerdo, tú sigue organizando lo que estabas haciendo que yo me ocupo del resto.
Y se empezaron a besar hasta que terminaron haciendo el amor de nuevo.
DOMINGO 29 DE JULIO
Había llegado el día en el que iban a celebrar su boda. Castle se había encargado de mandar billetes para Jim Becket, Esposito y Lanie y Ryan y Jenny, así como de alojarlos en bungalows idénticos a los de ellos.
Kate se sintió un poco apurada al principio, pensando en el dineral que se iba a gastar, para que toda la gente que de verdad le importaba estuviera con ellos.
Él le dijo que no se preocupara, que afortunadamente se lo podía permitir, pero que iba a tener que escribir muchos libros más de Nikki Heat aunque a ella no le gustara.
La boda se celebró en la playa. Tanto los novios, como los invitados iban vestidos de blanco, descalzos y con collares de flores. Kate llevaba además una corona de flores en la cabeza.
La ceremonia fue sencilla y emotiva, los dos pronunciaron sus votos con las manos entrelazadas y se prometieron amor eterno. Lanie, Jenny y Alexis actuaron como damas de honor y Ryan y Esposito como padrinos.
Luego cenaron en la playa a la luz de las antorchas y estuvieron bailando bailes hawaianos casi hasta el amanecer.
El 31 de julio volverían todos a Nueva York, menos la feliz pareja, que se iría a otro fantástico hotel pero en otra isla, para pasar la luna de miel.
Cuando por fin terminaron todo y cada uno se retiró a su habitación, ellos se pusieron cómodos y acostados y abrazados, estuvieron comentando todo lo que había pasado ese día. Estaban demasiado emocionados para poder dormir, aunque estaban cansados.
Kate se incorporó un poco y se tumbó encima de Rick. Mirándolo muy seria a los ojos, le dijo:
-Te tengo un regalo de bodas.
-Tu eres mi mejor regalo de bodas – contestó él besándola y abrazándola.
-Estoy embarazada.
La enorme sonrisa que se instaló en la cara de Rick, le confirmó que efectivamente había sido un buen regalo. Aun así, le preguntó:
-¿Estas contento?
-Inmensamente feliz, ¿y tú?
-Yo también estoy muy contenta.
-¿Es por eso que quisiste casarte tan pronto?, ¿Por qué no me lo dijiste?
-Me quise casar tan pronto simplemente por eso, porque quise y te quiero mucho. Hace unos días empecé a sospechar que pudiera estar embarazada, cuando llegó Lanie se lo comenté y me acompañó al consultorio del hotel para hacer los análisis.
-Pero, ¿Cómo?, desde que volvimos de Los Hamptons empezaste a tomar anticonceptivos, ¿Cómo pudo suceder?
-Creo que durante el juicio me descuidé, las fechas coinciden, seguro que con lo nerviosa que estaba me salté más de una toma.
-Pero ¿y tu trabajo? ¿y tu carrera? – le preguntó un poco preocupado – ya sabes que en cuanto nazca el bebé tu vida cambiará para siempre.
-Estoy preparada para eso. Siempre quise ser madre, y mucho más desde que perdí a la mía. Solo necesitaba encontrar el momento y a la persona adecuada. Y eso ya lo he hecho.
-Te quiero Katherine Houghton Becket.
-Y yo a ti Richard Alexander Rodgers.
Y sellaron su promesa de amor eterno con un beso.
FIN
