Capitulo 25: Muñeca de porcelana

Dedicado a... RosyCullen

Permanecimos sentados en el suelo, con sus bazos alrededor de mi cintura y yo apoyada en tu pecho, en completo silencio, y cuando nos dimos cuenta… pudimos ver el hermoso amanecer.

Los rayos al incidir sobre su rostro produjeron un brillo cegador, pero hermoso, similar al del diamante en la misma situación, nunca le había visto a la luz del sol, era verdad, en casa de Ángela las cortinas evitaban que pasase demasiado sol, en las otras ocasiones que lo había visto siempre estaba nublado o era de noche.

-Sera mejor que vuelva ya, estarán muy preocupados- dije levantándome.

-Sí, espera te acompaño hasta la mitrad del camino, no quiero que te ocurra nada- me dijo él con su aterciopelada voz que me transporto al cielo.

Bajamos lentamente por las montañas, a su lado me sentía una muñeca de porcelana, sus pasos enérgicos y elegantes no se podían comparar con mi torpeza, hacia demasiado tiempo que no paseaba por aquellos lugares, y que a cada segundo el mirara por donde iba, como caminaba no ayudaba a creerme segura, más bien… solo hacía que me diera mayor cuenta de mi torpeza.

Pero eso jamás provocaría que deseara que estuviera lejos de mí, por muy niña y muñeca de porcelana que me sienta al menos soy la muñeca más feliz del mundo.

Cuando él se detuvo mientras yo continuaba caminando… yo podía ver la casa de mi abuelo, y podía sentir las lagrimas caer por mis mejillas, el se había detenido y no iba a continuar, el tiempo que habíamos pasado juntos ese día había concluido, y debido a la hora que era ya… sabía que no me volverían a dejar salir.

-No llores- me dijo acercándose a mí y abrazándome- sabes que siempre estaré cerca, te lo prometí.

Me sentí segura y durante unos instantes disfrute de cada una de sus palabras, del tono de su voz y del contacto de su piel con la mía al abrazarme.

Cuando me separe de él y continúe mi camino, esperaba que me riñeran, pues el amanecer no era la habitual hora de vuelta de una señorita, nadie volvía a esas horas, pero horas de gritos y maldiciones no podrían romper la felicidad que había sentido durante aquel tiempo, aquel tiempo que le sentía completamente mío.

Cuando finalmente llegue y entre por la puerta únicamente estaba Ángela…

-Bella, ¿Dónde te habías metido?- pregunto ella preocupada- te llevan buscando desde que Jacob volvió- continuo haciendo un énfasis en el nombre de mi amigo- todos creíamos que te había sucedido algo- finalmente concluyo entre sollozos.

-Lo siento, pero… lo vi a él, el tiempo se me hizo inmensamente corto y cuando me di cuenta estaba amaneciendo.

Ella me miro en silencio, pensé y comprendí que lo hacía porque comprendía mi situación, pero jamás llegaría a estar segura de lo que paso por su mente en esos momentos.

Ninguna dijo nada tras esa explicación mía, nadie dijo una sola palabra hasta que después de lo que me pareció una eternidad mi abuelo y su padre entraron por la puerta.

-Bella, al fin te encontramos, estábamos preocupados, ¿Dónde estabas?- dijeron ambos al unisonó produciéndome un terrible dolor- ¿Te ha ocurrido algo?- continuaron haciéndome sentir culpable por haberles dejado dudando de donde podía estar y millones de cosas similares.

Sentí como si mi corazón se hubiera roto, había preocupado a las personas que más quería, o al menos a muchas de ellas, comencé a sentirme mareada.

Cuando desperté me encontraba rodeada, estaban todas las personas a las que quería, menos él. Me encontraba en un lugar desconocido, era una casa, pero no era la cabaña y tampoco era la casa de Ángela, me sentía confusa y un poco aturdida.

Todo el mundo me observaba, pude ver que había más gente en esa habitación, gente del pueblo, gente que en ocasiones había visto cuando era niña, pero solo en ocasiones aisladas. Pero entonces fue cuando vi a aquel hombre, su físico me recordó… no podía ni pensarlo, la misma piel pálida, los mismos ojos dorados, la misma perfección, solo que sus cabellos eran dorados. En sus manos llevaba un maletín ¿Un vampiro podía ser medico? No lo comprendía, solo podía imaginar que esa era su naturaleza ya que las similitudes eran más que obvias.

-Como se encuentra señorita- me pregunto aquel hombre.

-Un poco aturdida, ¿Dónde me encuentro? ¿Quién es usted?

-Discúlpeme por mi grosería, soy el doctor Cullen, Carlisle Cullen- dijo él.

-Su apellido me es familiar doctor Cullen- añadí indecisa.

-Es posible que conozcas a alguno de mis hijos- me dijo el asegurándome en pocas palabras quien era.

Finalmente descubrí que estaba en la casa que tenía mi abuelo en el pueblo.

El resto del día, de la semana, del mes fue terriblemente aburrido. Encerrada, me sentí encarcelada, como si fuera una horrible asesina, pero jamás dejaría de ser esa muñeca de porcelana.

Soñaba con el momento en el que el castigo que tan severamente se me había impuesto desapareciera, se esfumara, con el único fin de volver a verle a él.

Tenía completamente prohibido salir de la casa o recibir cualquier visita. Únicamente había visto a Edward en tres ocasiones desde aquel día, tres únicas veces en todo el mes, tres únicas veces atreves de la ventana en medio de la noche, escenas muy similares a las de una novela que leí en un viaje a Londres, se llamaba "Romeo y Julieta" de William Shakespeare.

La única visita permitida era la de Jacob… pero únicamente de unos minutos cada día, para desgracia de Ángela, a la cual cada día se le notaban mas sus constantes miradas hacia mi compañero de juegos de la infancia, pero para mi desgracia, o la de ella, el solo se fijaba en mi.

Pero Jacob no era el mayor de los problemas, hacia un par de días había escuchado hablar a mi abuelo con el padre de Ángela, y su conversación no dejaba de rondar por mi cabeza, cada noche despertaba alterada por revivir ese día, ese día en el cual mis sueños se hicieron añicos y se convirtieron en simples pesadillas.

¿Que problema atormenta a Bella? Espero continueis leyendo para saberlo, la verdad siento haber tardado tanto en subir capi, pero estube dos semanas sin PC.

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