Toma mi mano
-Toma mi mano- le susurró a una rojiza Ginny. Rojiza y con su rostro cubierto de perlitas de sudor. Nunca la había visto más hermosa y radiante. Estaba dándole el mejor regalo. Iba a hacerlo padre. Estaba en labor de parto y él podía acompañarla en ese hermoso momento-Mírame, Ginny. Mírame-suplicó en susurro y ella enfocó sus luminosos ojos miel hacia él-Te amo, pecas. Te amo, todo saldrá bien.
Ella sonrió forzadamente y algunas lágrimas asomaron por sus ojos. Era la segunda vez que la veía llorar. Que se quebraba ante él. La primer había sido en el funeral de Fred. Pero ahora era por una causa alegre. Alegre y justificada.
-Era hora que tú me lo digas a mi, Harry-susurró divertida. Hasta en esos tensos momentos no dejaba de hacer bromas.- Te amo. Haré todo lo posible por traer sanito a James al mundo- susurró un segundo antes que el sanador le gritara que comenzara a pujar.
Hizo el trabajo como una leona. Una leona Gryffindor, valiente y segura que quiere traer su hijo sano al mundo. Formar una familia.
El llanto de James hizo que abriera los ojos, ladeando la cabeza algo exhausta por el labor de parto. Sintió que su esposo le había retribuido la paz que tantas veces ella le había infundido. Paz y confianza.
Ella le había ordenado por su propio bien que se deshiciera del libro del Principe Mestizo. Lo había hecho con dulzura y parsimonia Toma mi mano. Le había dicho. Y le había preguntado si confiaba en ella. Por Merlín, claro que lo hacía.
También le había tomado la mano en el funeral de Dumbledore, aunque hubiesen cortado. En la boda de Bill por debajo de la mesa. En su cumpleaños número diecisiete para decirle que lo acompañaría durante el viaje. En el funeral de Tonks y Remus, sin si quiera haber hablado. Y así en los momentos más importantes.
Ahora había sido el turno de Harry.
Y así sintió la mano firme y varonil de su esposo apretando la suya. Acompañándola. Cumpliendo la promesa que le hizo traer volver luego de la caída de Voldemort. Ahora quiero estar contigo por una causa noble y justa. Nuestra felicidad.
Y con eso le había asegurado que todo estaría bien. Al menos había sido por siete años. Y ella estaba segura que así sería durante el resto de su vida.
