Otro capítulo más.

Que lo disfrutéis.


..:Capítulo 5:..

El sol se alzaba imponente en el cielo azul, los rayos solares se filtraban a través de la ventana, despertando a una pareja que se habían reconciliado hace unos días y dormían plácidamente en la gran cama, la primera en despertar fue la mujer.

-"Amor despierta, son más de las doce del mediodía.- El hombre sólo se revolvió entre las sábanas. -Vamos cariño, tienes que hacerle una visita a nuestras hijas.- Siguió insistiendo pero no consiguió nada, entonces se le ocurrió una genial idea. -Si no te despiertas, durante un mes dormirás en el sofá.- Surgió efecto ya que el hombre abrió los ojos de golpe. -No puedes hacer eso.- Dijo él asustado. -Sí que puedo, rétame y verás.- Ante tal amenaza se calló y no dijo nada más.

Se vistieron tranquilamente y se arreglaron para ir a ver a sus hijas, hoy era el cumpleaños de sus nietos y tenían que estar ahí, más bien, Usagi les obligó a ir y así presentar a su padre, aunque ambos sabían lo que eso conllevaba, aceptaron. A los veinte minutos ya estaban listos y salieron de la casa, se dirigieron al coche de Tenma y subieron. Mientras él iba conduciendo, cantaba una canción que se escuchaba a través de la radio bajo la mirada atenta de su esposa. Por ahora, nadie debía enterarse de que aún estaban casados, era un secreto entre ella y él y con un poco de suerte, nadie preguntaría.

Llegaron a la casa y aparcaron unos metros más adelante, ambos bajaron a la vez y caminaron lentamente ya que el hombre se intentaba tranquilizar de los nervios que traía encima y ella por su banda sólo podía reírse.

-Tranquilo amor, no muerden.- Se mofó ella. -Ya pero no puedo evitar estar nervioso. No es a ti a quien tienen que conocer. ¿Sabes?- Dijo malhumorado.- Ya, estate tranquilo, no te van a morder.- Por esa simple frase, el gruñó provocando la risa de su acompañante.

Al fin llegaron a la puerta y Serenity iba a tocar al timbre pero una mano se lo impidió. Tenma le agarró del brazo porque aún no se sentía preparado, ella le preguntó el porqué y él le dijo que seguía estando nervioso. La mujer rió y el pelimarrón hizo un puchero, ella rió de buena gana hasta que abrieron la puerta.

-Bueno, ya vale. ¿Por qué no os reís dentro de casa?- Dijo la rubia con el ceño fruncido- Ah hija. ¿Cómo has sabido que estábamos aquí?- Preguntó la mujer de cabellos blancos. -Tus risas se escuchan cinco kilómetros a la legua mamá.- Informó la rubia de coletas mientras rodaba los ojos y los invitaba a pasar.

Cuando entraron a la sala todo se quedó en silencio, ambos sabían que se extrañarían pro ver a ese desconocido ahí entrelazando su brazo con su esposa, pero se echaron a reír.

-¿Qué les divierte tanto o qué me he perdido?- Preguntó la peliblanca y volvieron a reír. -Es que...Habíamos apostado en que no vendrías puesto que últimamente andabas ocupada con mi padre.- Soltó la chica de coletas de pelo marrón, haciendo que los aludidos se pusieran más rojos que un tomate. -Eso no es verdad y aunque lo fuera, no sería de tu incumbencia niña.- Sentenció su madre dando por zanjado el tema y ambos pasaron a sentarse.

Todos volvieron a conversar animadamente, pero no sin mirar a el "intruso" que estaba entre ellos pero nadie se atrevía a preguntar. La rubia se armó de valor y presentó a su padre a todos los presentes, dejándolos a todos estupefactos en su asiento. El susodicho le dijo en voz baja a su esposa que se sentía intimidado y ella sólo hizo una risita traviesa.

-Te lo dije. ¿Ves como no muerden?- Dijo ella casi al borde de un ataque de risa. -Que no es eso, ya sé que no muerden, pero no sé por qué me siento observado...- Afirmó irónicamente y su hija mayor se rió. -Ya tranquilo papá, tengamos la fiesta en paz. -Dijo la rubia rodando los ojos y notó como alguien se subía a su regazo.

Ella se asustó pero no supo de qué manera el niño se colocó en sus piernas sin ser notado, y el niño rió, sólo les dijo que su hermana estaba hablando con un peluche para que le aconsejara a lo que añadió que estaba loca causando la risa a todos los presentes y el niño sin entender, se bajó de las piernas de su madre para ir a parar a las de su abuela. Ella le preguntó el porqué de esa mirada y el niño sólo atinó a decir que cuando le darían sus regalos y su abuela suspiró.

-En cuanto hayamos acabado de comer te daré tu regalo.- Dijo ella y el niño estaba feliz. -¡Yupi!-

El niño bajó al suelo y corrió escaleras arriba y se le oyó gritar a su hermana de que les darían los regalos pronto y ella le gritó que era un tonto porque había entrado a su cuarto sin permiso y todos suspiraron para luego echarse a reír.

-Estos jóvenes de hoy en día ya se comportan como mayores, parecen una pareja de novios pero a lo pequeño.-

Todos rieron por las ocurrencias de la loca Minako, vieron que Yuki bajaba un poco despeinado y su madre le preguntó medio seria, medio riendo qué le había pasado y le contó que su hermana le había lanzado un cojín y lo había despeinado.

-Es mala mira como me trata.- Dijo el niño haciendo lágrimas de cocodrilo y Usagi sólo suspiró. -No es mala, acuérdate de aquella vez que le tiraste al lago su conejito preferido.- El niño ante lo que dijo su progenitora se rió un poco.

Todos la miraban con cara de no saber nada y era obvio, excepto Mamoru así que empezó a narrar todo lo que pasó aquél día.

......

La familia había decidido ir de picnic el fin de semana porque hacía buen tiempo y mientras iban en el coche, cantaban algunas canciones que sonaban por la radio, de las cuales los pequeños no entendían cómo les podía gustar aquél tipo de música, los pequeños se defendían de que las canciones de Disney eran mejores que lo que ellos cantaban y tuvieron una mini-discusión graciosa sobre el tema.

Llegaron a un parking y dejaron el coche allí porque Mamoru se sabía un lugar que casi nadie conocía puesto que allí iba de veraneo con sus padres cuando vivían. Tuvieron que andar un rato y el niño preguntó lo que hacemos todos para fastidiar a nuestros padres.

-¿Falta mucho?- Al cabo de cinco minutos. -¿Falta mucho? -Al cabo de cinco minutos más. -Venga papá. ¿Falta mucho? -Volvió a preguntar el niño unas cuantas veces más hasta que su hermana se le unió.

-Si uno ya es un dolor de cabeza, los dos son una pesadilla. -Dijo el pelinegro a su prometida en voz baja.

-Han salido a mí, qué quieres que le haga. -Dijo Usagi al borde de la risa cuando sus hijos se detuvieron y retrocedieron corriendo.

-¡Mamá, corre, ven!- Dijeron los niños a coro y el hombre sonrió.

Se apresuraron a llegar a aquél lugar del que tanto su novio le había hablado, porque lo conocía demasiado bien y esa sonrisa sólo significaba una cosa, había acertado. Ella quería conocer ese lugar que le había traído tantos gratos recuerdos a su prometido y se alegró de que lo quisiera compartir con ellos.

El lugar era hermoso, había una casa de madera típica de montaña con un gran lago de agua cristalina, ideal para bañarse y pasar unos días en familia. Se dirigieron a la puerta y el pelinegro la abrió, dejando ver un lugar acogedor, con algunos cuadros de paisajes colgados de diferentes formas por la pared, una cocina bastante grande y un gran fuego a tierra mientras que fueron al piso de arriba, donde estaban las habitaciones.

Ellos usarían la de sus padres y los niños la de él, puesto que era una cama muy grande, dónde podían caber perfectamente dos personas adultas. Sonrió al ver que a sus futuros hijos les gustaba su antigua habitación, aquella donde hace muchos años disfrutó en la compañía de ella, aquella niña que le devolvió la sonrisa cuando él era pequeño.

Se olvidó rápidamente de ese triste recuerdo y volvió a posar su mirada en el cuerpo de su hermosa acompañante, la atrajo hacia él y la condujo a su habitación.

Era muy grande con una gran ventana que daba al lago, la cama era también grande, con sábanas blancas y un cabezal de madera de roble con dos mesitas pequeñas una a cada lado con una lámpara de escritorio en cada una y al lado de la ventana, un escritorio vacío, donde ella suponía que lo usaban sus padres.

Lo dejaron todo de momento y Usagi preparó la comida, ya que se sorprendió de que lo que había en la nevera era nuevo, el pelinegro le dijo que tenía a unas personas que le cuidaban la casa y ella no volvió a mencionarlo.

Comieron tranquilos y fueron un rato a caminar por el lago acompañados de sus pequeños, los cuales iban felices saltando y tirándose agua de vez en cuando, dieron la vuelta al lago y ya era casi de noche, la rubia preparó la cena y salieron un rato a la orilla del lago.

Yuki y Tooru estaban discutiendo por ver quién era el más alto de los dos y en un descuido, el niño cogió el conejo de su hermana y lo lanzó al lago sin querer.

-¡Mama! Yuki me ha tirado el conejo al lago.- Dijo la pequeña cuando llegó a los brazos maternos.

-Ay mi niña, seguro que no lo ha hecho con mala fe. -Dijo su madre intentado apagar la rabia de su hija.

-Claro, pero me las pagará tarde o temprano, ya lo verá. -Amenazó graciosamente la niña y los adultos rieron de buena gana.

Era muy de noche y empezaría a refrescar, además de que los niños tenían sueño, Usagi los acostó y no encontró a su prometido por ningún lado y se extrañó, lo buscó por toda la casa y nada, sólo le faltaba un lugar por visitar, se dirigió a "ese" lugar y allí lo encontró, mirando por la ventana con aire melancólico y el chico, al notar la presencia de alguien, sonrió y la atrapó con sus brazos y se fueron a dormir.

La mañana del día siguiente aprovecharon para bañarse en el lago y jugar. A las doce comieron y luego lo recogieron todo, tocaba volver a casa.

......

-Y eso fue todo lo que pasó. -Dijo el pelinegro concluyendo su relato.

Todos estaban riendo, incluso el niño rió al recordar la cara que puso su hermana. Usagi al ver que la niña tardaba tanto, fue a por ella pero se la encontró en las escaleras sentada. Su madre se sentó a su lado y la abrazó porque notaba que su hija estaba triste.

-¿Qué te pasa corazón?- Preguntó la madre. -Es que nunca antes habían celebrado mi cumpleaños y estoy nerviosa.- Confesó la niña finalmente.

Su madre le aseguró de que sería maravilloso y la niña con ilusión se levantó y apareció en el comedor y aprovechó para tirarle un poco de los pelos a Yuki.

-Esto es por lo de antes Yuki malo.- Dijo la niña tranquilamente y el niño hizo un pucherito que conllevó a que todos rieran. -Serenity. ¿No se parece a alguien cuando era pequeña?- Dijo el hombre muy tranquilo y ella se sonrojó. -Sí, a mi misma cuando tenía su edad, sólo que yo te tiraba por las escaleras y te gastaba bromas.- Recordó la peliblanca y acto seguido, la rubia de coletas apareció con un gran pastel mientras cantaban el cumpleaños feliz.

Los niños estaban encantados con aquello, comieron dos trozos de pastel cada uno y se pusieron perdidos de chocolate, acabaron de dar los regalos a cada niño y rato después todos empezaron a irse, excepto Serenity y Tenma, el cual se dio cuenta de que no estaban solos.

-Tu cara me suena de algo.- Dijo la mujer de pelo blanco a la chica de pelo verde. -Puede, soy Setsuna la amiga de Usagi, aquella que siempre la hacía enfadar en la guardería.- Dijo la muchacha y fue abrazada por la mujer. -Sí que has crecido, me alegra verte de nuevo.- Ambas sonrieron y Tenma también.

Se acordaba perfectamente de quién era esa chica puesto que una vez le tuvo que regañar por tratar mal a su hija, a partir de aquello, la empezó a conocer más y no parecía tan terrible puesto que las dos disfrutaban de ello. La pareja se despidió de los niños con un fuerte abrazo y, por raro que parezca, le llamaron abuelo y él sonrió de felicidad, los pocos presentes también lo hicieron y finalmente se despidieron de los adultos con un abrazo, salieron del comedor y escucharon una pequeña conversación.

-Me alegro de que te lleves bien con tu padre.- Dijo el pelinegro feliz. -Yo también amor, yo también.- Y dicho esto, se besaron bajo la atenta mirada de sus padres, los cuales se fueron felices de allí.

Al llegar a la puerta de su casa, Tenma desapareció de su vista y notó como alguien la rodeaba por detrás y se asustó.

-Tranquila amor. ¿Tanto miedo doy a la luz de la luna?- Dijo Tenma divertido. -No das miedo, eres hermoso a la luz de la luna.- Ambos juntaron sus frentes y se dieron un apasionado beso. Abrieron la puerta como pudieron y subieron a su habitación y se amaron de nuevo.


Alaaa, que largo me ha salido este capítulo xD.

Uy, se ha añadido otro misterio. ¿Quién será esa "niña" que recordó Mamoru? Pronto se sabrá. ¿Y qué pasará con Takeru, volverá a las andadas o se apartará de sus vidas para siempre? Es un secreto xD.

¡Nos vemos!