Misterios del pasado
Los visionarios era solo uno de los grupos de medio nivel que estaban al mando de Apocalipto, ellos habían desarrollado la capacidad de ver los hechos pasados que habían pasado en un lugar sin necesidad de tener contacto directo con el causante de los hechos. El poder que tenían no sólo se limitaba a ver con claridad estos hechos pasados sino también poder entrar en la mente de los que estuvieron antes ahí, entrando a lo más profundo de su mente y capturar toda la información posible, esto les permitía hacer un mayor estudio de sus enemigos. Cada grupo existente tenía un jefe y a su vez todos ellos seguían sólo a uno, Apocalipto. Los que estaban encargados de curar eran fuertes y no tenían nada que envidiar a los demás ya que era necesario el desarrollo de su fuerza para poder curar a los demás en las batallas y evadir al enemigo para llegar a tiempo.
Apocalipto al igual que los visionarios tenía su misma capacidad, pero ella era incapaz de perfeccionarlo completamente al no tener más recuerdos de su pasado en su mente, era incapaz de leer el pasado de otros, alguien sin pasado no podía leer los de otros sin conocerse a si misma. Sólo podía leer sus pensamientos como movimientos del presente, tenía la capacidad de curar sus heridas por si sola aunque nunca había salido herida más que una sola vez.
Lo que más temor causaba en los demás era que su poder no parecía conocer límites, siempre descubría algo nuevo en ella, esto enorgullecía a sus hombres, pero aterraba a sus enemigos. La mayor concentración de zeners estaba en Londres, la cuidad de las luces y el centro de todas por ser esta donde se encontraba a quien consideraban su majestad, título que nunca le gusto a Apocalipto. En cada continente había ciudades donde ellos vivirán, estaban en expansión cada vez más tomando tierras y exterminando las plagas, como ellos los llamaban. Estos seres nacían de los mismos humanos, no había una explicación exacta sobre su aparición sólo que en un momento de tragedia cuando estaban solos y en peligro, al borde de la muerte al haber sido débiles y no haber podido defenderse su corazón deja de latir por minutos para luego volver a latir ya no como un ser humano sino como un zener, como los llaman. Esto era conocido como el despertar, el último recurso del cuerpo ante el peligro creían ellos, su fuerza aumentaba al igual que su ira hasta destruir todo al estar descontrolados y segados por el miedo, supervivencia y la ira, pero no todos pasaban por esta etapa. Es así como Apocalipto decide formar un grupo, encargados de ubicar nuevos zeners que acaban de nacer. La mayoría de estos eran atacados por vampiros, licántropos, brujos, etc que atacaban sus pueblos, los zeners sólo iban al encuentro de estos a llevárselos dejando a los demás morir, ellos no tenían interés alguno en salvar las demás vidas, sólo a los suyos. Para esto los zeners eran capaces de detectar minutos antes donde encontrarlos, aun así estos estén a una hora de convertirse en zeners, es así como un grupo salía a su encuentro. Antes siempre debían calmar a los nuevos debido a lo que viven, ya que nacían de la ira y le desesperación, desprendían una gran cantidad de energía cuando esto pasaba por lo que debía ser controlado y luego sometido hasta calmarse, la mayor destrucción conocida era del primero, Apocalipto… todos sabían que ella era la que destruyo El Vaticano cuando se transformo, pero nada más se supo de ella ya que había perdido todos sus recuerdos del pasado y todos los documentos que pudieran haber ayudado a saberlo se destruyeron.
Los visionarios al mando de Isabel regresaban a la ciudad, ya juntada toda la información ella se encargaba de recolectar todo lo visto por su gente en su mente, al terminar sus análisis estos traspasaban todo al principal, todos ellos de alguna manera estaban conectados. Cuando estos terminaban de pasar todo a Isabel ella iba al encuentro de Apocalipto esperando el informe, pero al castillo no accedía cualquiera ya que esta estaba rodeado por otros castillos más pequeños alrededor del principal donde vivía el líder de todos, estos eran donde estaban los ejércitos vigilando, el grupo más fuerte mientras el otro ejercito menor (por fuerza, sólo respecto al mayor) concéntrico al principal como al ejercito mayor rodeaba todo lo que era la ciudad donde vivirán los zeners que no salían a las luchas. Isabel al ser jefa del grupo de visionarios tenía un acceso facilitado al pasar por los pequeños castillos más cerca al central, pero al estar una vez en el castillo principal estaba un grupo reducido que vivían junto a Apocalipto, eran los más cercanos y más fuertes de todas las ciudades, encargados de la protección de Apocalipto. No muchos tenían el privilegio de vivir en el castillo principal, sólo aquellos cuyo poder estén más cerca a los del primero. El grupo más cercano, él único con acceso directo a Apocalipto y que luchaban a su lado eran los llamados Aurums, sólo intervenían cuando era necesario.
Cuando Isabel entro a la ciudad, suspiro cansada que ahora tendría que cruzar por el castillo principal hasta donde estaba Apocalipto. Su molestia era mucha ya que siempre era muy molesto acercarse ahí y lidiar con los Aurums que veían por debajo a los visionarios como al resto, sabía lo cansado que sería ya que no sería la primera vez aún así tuviese una reunión de encuentro con Apocalipto, ella siempre se olvidaba dar ordenes de que la dejen entrar sin problemas aunque a veces lo hacía apropósito para probarla como líder.
Una vez frente a la entrada principal Isabel dio órdenes a los guardias de dejarla pasar, ellos no resistieron al saber que era uno de los líderes de los castillos concéntricos. Está camino por un extenso jardín adornado de estatuas con forma de gárgolas, distante desde lo alto era observada con cierto desprecio por los algunos Aurams que se encontraban en el lugar, mujeres y hombres entre ellos de diferentes edades.
-Ahí viene Isabel- dijo una mujer que observaba desde lo alto por el cristal.
-Como se atreve a venir hasta aquí- dijo uno sin que estaba apoyado en la pared a lado de la ventana.
-Creí que la entrada de plebeyos estaba prohibida aquí- dijo otro que estaba observando con ellos.
-Debe tener una reunión con Apocalipto, sólo puede ser la razón por la cual ambas estén en una misma habitación- respondió otro.
-Será mejor darle una agradable bienvenida, hacerle saber el privilegio que tiene de estar pisando el mismo suelo que Apocalipto- dijo cerrando la conversación Leyna que atravesando el piso bajo hasta la planta más baja quedando frente a frente a Isabel. En ese momento un gran grupo de Aurums que se quedaron observando desde arriba el piso bajo sus pies con recelo como alguien de menor nivel entraba al encuentro de a quien todos consideraban su reina.
Cuando Leyna quedo frente a Isabel, esta última se puso nerviosa al verla. Ella jamás había soportado a los aurums, sentía antipatía hacia ellos por creerse superiores y proteger que nadie se acercara a Apocalipto con mucho celo. Siempre que llegaba ellos la miraban desde lo alto como si se tratara de un insecto, podía sentirlos asomarse en muchedumbre por la ventana mirándola molestos.
-Tienes mucha suerte de que Apocalipto necesite de tus habilidades para estar tan cerca de ella- dijo Leyna dándole la espalda.
-Ella me necesita por que aún no puede perfeccionar esa habilidad porque- cuando ella estaba por continuar fuertemente fue sujetada por el cuello callándola.
-¡Ella no te necesita!- Leyna sintió la ira invadir sus venas cuando Isabel hiso un comentario dándole a entender que Apocalipto la necesitaba, no podía soportar esa soberbia suya al decir eso. Isabel trato de zafarse de ella llevando sus manos a las de Leyna para que la soltase, sus ojos marrones brillaron con fuerza y con sus manos sobre los hombros de la otra la presiono. Fue cuando fue soltada en ese momento, Isabel sabía que los aurums detestaban que vean su pasado ya que se creían tan perfectos que sentían miedo de que su pasado humano sea visto, era como su vergüenza.
-Ustedes son patéticos, se creen tan perfectos y por encima de todos que no soportan cuando un visionario está cerca de ustedes- dijo Isabel burlonamente tratando de levantarse.
-Sólo… sólo hasta que Apocalipto recuerde todo su pasado, ahí dejarás de serle útil. No creas que por ser líder de un grupo que espían el pasado de otros y lo hechos pasados eres mejor que nosotros- esta la miro con desprecio y a considerable distancia para que no la tocara.
-Jajajaja- Isabel sólo rió al ver la reacción de Leyna, ella sabía su pasado como todos menos de los aurums. Si hay algo que sabían hacer muy bien era ocultar sus pensamientos y recuerdos de los visionarios, es por eso que sólo tocándolos tendrían esa posibilidad que era una probabilidad- tal vez sea mejor que me siga necesitando… tal vez el pasado no es algo que ella quiera recordar- respondió con un tono burlón que Leyna no soporto más sus deseos de eliminarla.
-¡Basta!- fue en ese momento que Apocalipto apareció de la nada, parada detrás de ambas bajo un alto arco, ella estaba con un rostro aparentemente tranquilo, pero la amargura que desprendió de sus ojos y el ambiente pesado era suficiente para saber que Isabel había provocado su ira.
-Su majestad- fue en aquel momento que Leyna detuvo su puño para proceder a arrodillarse frente a ella- no era necesario que usted venga hasta aquí- respondió temerosa de haberla hecho molestar- deje que yo me encargue por favor- rogo más no le hiso caso.
-La necesito, tiene información importante para mi y tú pretendías eliminarla… ¿es así como quieres ayudarme?- Apocalipto no tenía en mente castigarla, sabía que Leyna no había hecho nada en contra mas Isabel había encendido su amargura, pero la frialdad y serenidad con que ella respondió era suficiente para asustar a Leyna.
-No, lo siento… le he fallado, recibiré el castigo que desee por mi insensatez- ella inclino la cabeza esperando su castigo. En aquel momento todos los demás Aurums que estaban en la planta superior bajaron hasta ahí atravesando el techo, uno tras uno quedo alrededor de Apocalipto, todos eran de aspecto hermoso y porte elegante, eran criaturas fuertes pero muy vanidosas y la perfección era su mayor obsesión. Habían quedado como treinta de ellos ahí dispersados mirando fijamente a Isabel, habían escuchado todo lo que dijo y estaban ahí dispuestos a castigarla por tal insinuación. Sus ojos brillosos que cambiaron por un intenso azul que cegaba con su luz demostraba claramente su ira, Apocalipto no se inmuto ni les dijo nada en aquel momento, más bien los aurums se habían presentado con la intención de matar a Isabel frente a ella en su honor y defensa.
Apocalipto sin mostrar alegría ni amargura avanzo dejándolas atrás- Sólo no lo vuelvas hacer… sígueme Isabel- ella había perdonado a Leyna dejándola atrás, esta ni se paro ni levanto la mirada en respeto, mientras Isabel camino siguiendo a Apocalipto que a medida que avanzaba los aurums abrían camino inclinándose en cuanto a ella la miraban amenazantemente y lleno de celos, sabían que no podían tocarla ya que su majestad había decidido que no.
Cuando Isabel atravesó el pasadizo de tensión vio a Apocalipto alejarse más y más, sintió las paredes estrecharse que empezó a sentir miedo de ser aplastada por estás, el aire se hiso más pesado cada vez más y la gravedad del lugar parecía aumentar aplastando su cuerpo, sentía que no podía caminar más y se le hacía difícil seguir el paso de Apocalipto que ya parecía ser un punto a lo lejos, esta tembló de tanto miedo que empezó a mojar su ropa de sudor por el castigo que le esperaba. Sin darse cuenta al escuchar la voz de Apocalipto ya estaba dentro del salón principal, todo había sido una ilusión hecha por esta última que Isabel ni se dio cuenta que ya estaban en el salón principal.
-Despierta- dijo Apocalipto que estaba sentada en el centro delante de ella con las piernas cruzadas y recostada sobre una especie de trono inclinando su cuerpo a un lado, miraba aburrida como se había asustado. El salón era de paredes altas y piso de mármol, el lugar era grande y estaba muy iluminado por hermosas arañas de luces gigantes, tras el trono donde se sentaba Apocalipto habían largas cortinas rojas- ¿por qué estás asustada, Isabel?- pregunto lentamente-¿has hecho algo malo acaso?- dijo finalmente esta asustándola más aún, no había nada que podría ocultarle.
-Yo… yo…yo- en aquel momento pensó que posiblemente Apocalipto no haya escuchado nada de lo que dijo y mejor sería mentir y decirle que no- no, no… escondo nada- esto dejo en silencio a Apocalipto.
La luz que emitían los focos empezó a fallar cuando Isabel se negó, Apocalipto la miro en silencio fijamente sin moverse ni decir nada, la miro y la miro en silencio, la vio temblar y tartamudear sin saber que decir al ver que su mentira fue descubierta. Cuando Isabel estuvo por emitir la primera letras, sintió sus pies no tocar más el suelo y su cuello siendo presionado con fuerza, casi ni podía ver a los ojos a Apocalipto que la miraba con ira de que le haya mentido y desobedecido.
-¡Cómo te atreves de venir aquí y mentirme!- dijo con frialdad- mi pasado es algo que a ti no te incumbe… ahora dime ¿por qué me has desobedecido? ¿La información que sólo debes darme a mi a quien se la has rebelado?¿acaso no recuerdas las ordenes que te di de sólo darme la información a mi?- está empezaba a descontrolarse haciendo revolotear el aire a su alrededor mezclada con la energía que desprendía su cuerpo formaban ráfagas azules brillantes que como viento giraban alrededor de ella revoloteando sus cabellos-¡ME HAS FALLADO!- grito molesta dejándola caer.
-¡Lo siento! ¡Lo siento!- imploro Isabel tirada en el suelo- no volverá a pasar, se lo…- ella no pudo terminar la frase al perder la voz, asustada llevo sus manos a su boca.
-Por supuesto que no volverá a suceder- dijo Apocalipto dándole la espalda, ella le había quitado la voz a Isabel por un momento- eres muy ruidosa- esta se sentó cruzando las piernas y miro por encima a Isabel que como un perro asustado con el rabo entre las piernas no dejaba de temblar- has comentado lo que viste a Dante y Alma, le diste la información tan fácilmente olvidando mis ordenes… es por eso que ya no eres útil para mi- en aquel momento Dante y Alma entraron al salón, cuando esto sucedió en circulo mágico apareció en el centro del salón. Fue entonces cuando el tiempo pareció detenerse, Isabel volteo inmediatamente al sentir la presencia de Dante y Alma, los vio inmovilizarse en tan sólo segundos como si se hubieran congelado.
-Desde ahora olvidarás todo lo que viste, no recordarás absolutamente nada de lo que sucedió a partir del día en que asumiste el cargo de comandante de los visionarios, no eres más su líder ni volverás a pisar este lugar. Jamás estuviste ante mi como hoy… pero antes extraeré todo la información que necesito para mi- Apocalipto extendió uno de sus brazos y con su índice apunto a Isabel, un rayo de la punta salió hasta llegar a la cabeza de Isabel extrayendo toda la información que debía haberle entregado, como un hilo energético luminoso este llego hasta las manos de Apocalipto hasta desaparecer entre sus manos, lastimosamente no encontró nada importante en ella que le sirviera, sólo el nombre Integra como aquel vampiro la había llamado.
Ella termino todo haciendo perder a Dante y Alma todos los recuerdos relacionados con Isabel hasta la información que antes le habían dado, ninguno recordaría nada, entonces el circulo mágico desapareció continuando todo nuevamente a moverse en el castillo.
Cuando Dante y Alma volvieron a la normalidad estos miraron confundidos sin saber que decir o lo que iban a hacer.
-¿Cuánto tiempo piensan quedarse ahí parados sin decir nada?- pregunto Apocalipto que fingió no saber nada. Mientras Isabel se quedo paralizada al no recordar nada sentada en el piso.
-Haa- se acerco Alma hasta ella sin recordar con exactitud lo que estaba pensando hace instantes al entrar al salón-¡ella!- Alma no pudo evitar agachar la mirada y ver a Isabel que aún yacía sentada en el piso, esta se sorprendió mucho cuando vio las pupilas de sus ojos completamente contraídas- sus ojos- fue lo primero que dijo al verla, Apocalipto miro desinteresadamente.
-Es una visionaria- esta respondió sin emoción alguna- ya puedes retirarte-le ordeno Apocalipto, fue entonces cuando Isabel volvió a la normalidad, esta solo se paro y se fue por donde entro no sin antes inclinarse respetuosamente dejando atrás a Dante y Alma confundidos.
-Su majestad- Dante se dirigió a ella arrodillándose- debo informarle- este no pudo terminar de hablar cuando fue interrumpido.
-¿Otra vez con eso Dante?- pregunto molesta Apocalipto- ¿cuántas veces tendré que decirte que me llames por mi nombre?- ella cruzo los brazos cansada.
-Lo siento, pero no debo abusar de su confianza y más aún si se trata de usted-Dante ni siquiera levanto la cabeza para mirarla.
-Alma, te ordeno que lo mates y cuelgues su cuerpo en la puerta de la ciudad-dijo Apocalipto, esto sorprendió tanto a los dos que por fin Dante levanto la mirada asustado por tal orden y Alma casi se cae atrás al escucharla.
-¡¿QUÉÉÉ?!- respondieron simultáneamente ambos, lo cual hiso soltar una sonrisa casi malévola a Apocalipto.
-Ustedes dos… le dijeron a Esther que estaba herida ¿saben el castigo que les daré por esa broma?- estos se quedaron callados y helados al ser descubiertos-me llevo dos horas perder a Esther que corrió como loca tras de mí, ahora debe estar por Francia buscándome- Apocalipto había llegado al castillo luego de perder a Esther que no pudo alcanzarla.
-¡FUE IDEA DE ALMA!- grito inmediatamente Dante señalándola tratando de lavarse las manos.
-¡QUÉ!- esta lo sujeto del cuello del saco-¡maldito mentiroso!- esta estuvo a punto de golpearlo cuando las puertas del salón se abrieron de par en par como abiertas por un fuerte viento, Esther había llegado. Todos quedaron helados al ver que era ella, especialmente Apocalipto al haber sido atrapada por Esther que estaba agitada, desarreglada, despeinada y con las ropas completamente mojadas por la lluvia, pero más aún con los ojos llenos de lágrimas.
-¡Esther!- dijeron los tres al verla, especialmente Apocalipto que casi como un gato erizado se cuelga en el techo.
Esther corrió hasta ella tan rápido como pudo y cayo a los pies de Apocalipto, esta lloro en sus piernas agachando la cabeza llena de tristeza y miedo, hace mucho tiempo cuando ella la rescato se había convertido en su única familia. Ella aparentaba de tan sólo dieciocho años que era la edad en la que se había convertido en un zener aunque en realidad tenía 208 años, era infantil, alegre, ruidosa, llorona, persistente, entusiasta, llena de vida, valiente, débil, pero ella a pesar de eso se había ganado la confianza de Apocalipto rápidamente sin ser ni siquiera un zener de alto nivel, pero Esther todos los años entrenaba muy duro para hacerse más fuerte y poder pertenecer a los aurums y sobretodo poder proteger a Apocalipto, esa era su mayor meta.
La joven muchacha lloro en sus hombros sin parar sujetando fuertemente con sus manos la tela del pantalón de Apocalipto, esta acaricio tiernamente sus cabellos pelirrojos sujetados en un moño y ordeno sus mechones poniéndolos tras sus orejas.
-Deja de llorar, Esther- esta levanto su rostro para mirar sus ojos azules llenos de lágrimas- estoy bien, no me hicieron daño- esta miro fulminantemente a Alma y Dante que estaban por atravesar la puerta y escapar- todo fue una pésima broma de esos dos idiotas.
Alma y Dante empezaron a reír incómodos al ser descubiertos- lo siento, Esther- respondieron ambos.
-¿Me lo juras, hermana?- pregunto Esther mirando a los ojos a Apocalipto.
-Lo juro- dijo casi gruñendo.
-¡No vuelvas a correr de mi como lo hiciste!- esta se aferro a sus piernas-¡jamás!- Esther se había jurado que sería más fuerte cada día para poder proteger a Apocalipto cueste lo que cueste y por eso no soportaba la tan sola idea de que ella salga lastimada.
-¡Te lo juro! Maldita sea Esther haces que diga estupideces siempre- esta se paro y se alejo de ella- estoy cansada, mejor me retiro a dormir- ella no tenía gusto cuando Esther la hacía expresarse así o abrirse haciéndola ver tan vulnerable, que era como ella se sentía a lado de ella- además has aumentado tu velocidad- ella se refirió a cuando Esther trato de alcanzarla y ella huyo lo más rápido que pudo.
-¡Apocalipto!- Dante la interrumpió antes de que esta se vaya llamándola esta vez por su nombre.
-Lo anunciare mañana, ahora… déjalos celebrar- ella no dijo más y siguió su camino, sabía que en la ciudad la gente estaba de fiesta celebrando la primera salida del año del ejercito y aún no tenían conocimiento de que el nuevo grupo de zeners que había salido por primera vez había sido completamente aniquilado por un solo vampiro.
Dante y Alma agacharon la mirada con impotencia y amargura de cómo los suyos habían sido derrotados fácilmente, especialmente por tratarse de un grupo de jóvenes zeners que recién habían salido a la casería. Cada año las ciudades de zeners en todo el mundo iniciaba lo que era conocido como las caserías, estás eran realizadas durante un mes donde los ejércitos dirigidos por Apocalipto eliminaban todo tipo de especie diferente a la suya, era una purificación de la tierra.
-Ella está triste- Esther podía sentir las emociones que Apocalipto escondía en su interior, sabía que a pesar de no estar herida físicamente esta lo estaba por dentro.
-Lo sé- respondió Alma- es ella la que tiene que dar la cara- esta camino hasta Esther, saco un pañuelo de su bolsillo y se lo dio- limpia esa cara, estas horrible- dijo seria Alma lo que provoco una mueca de molestia a Esther.
-Deberías haberla visto cuando vio a la reina completamente llena de sangre- este empezó a reír- casi le da un infarto y se pone a llorar como tú- Alma lo miro molesta.
-¡ESO ES MENTIRA!- grito Alma muy molesta, mientras Esther sorprendida rápidamente se acerco a Dante y le pidió todos los detalles de cómo había reaccionado Alma, era algo que aun no podía creer tratándose de ella. Estos la ignoraron y frente a ella empezaron a reír de la reacción que había tenido.
-¡Basta ustedes dos!¡dejen de hablar de mi! Además si sigues diciéndole majestad a Apocalipto terminare haciendo lo que me ordeno ¡dije que basta!- esta empezó a hacer una rabieta.
-¡Tú no entiendes nada!- empezó a gritar Dante- un aurum jamás puede tomarse ese tipo de confianza- este siguió hablando sin parar con Alma y Esther que molesta se ponía entre los dos impidiendo que se maten.
Distante tras las cortinas rojas estaba Gabriel que relajado estaba apoyado en la pared escuchando todo el griterío, nadie sabía cuanto tiempo llevaba parado ahí ya que nadie había sentido su presencia. Este al escuchar tantos gritos salió de entre las cortinas y los interrumpió dejando helados a todos que en ningún momento sabían cuando apareció ahí.
-Deberían dejar de gritar- saludo tranquilo Gabriel que con una sonrisa dulce y misteriosa como siempre los asusto como si se tratase de un fantasma- despertarán a Apocalipto… ella se acaba de quedar dormida, necesita descansar- este les hiso una señal de silencio llevando sus dedos a la boca.
Estos tres se quedaron completamente callados al escucharlo, tampoco hablaron más por que no se sentían cómodos junto a Gabriel, siempre les resultaba todo un misterio. Gabriel por su lado siguió su camino por en medio de ellos sin decir nada, se fue como marchando tranquilamente o más bien feliz sin motivo alguno.
-¡Gabriel!- Esther corrió hasta él y sujeto su brazo- necesito que me hagas un favor- esta le hablo sonriente y ansiosa.
-Lo que tú quieras, Esther- este respondió igual de sonriente que esta y ansioso, lo cual dejo un sabor agrio en Dante y Alma que los miraban alejarse como si se tratasen de dos alienígenas.
-Quiero que modeles mis nuevos diseños para los Aurums y veas las ropas que hice para mi querida hermana- Esther además de ser una muchacha muy hiperactiva tenia una gran inclinación por la costura y había hecho parte de su rutina torturar a Apocalipto con sus diseños obligándola a usarlos al igual que a Gabriel, ahora su meta también era vestir a los Aurums con sus diseños lo que aterraba a Alma y Dante que eran también aurums, estaban más acostumbrados a sus sacos frack ajustados al cuerpo de color blanco de bordados negros y pantalones de igual color como sus botas negras de cuero.
-Lo haré con gusto- respondió Gabriel resignado.
-Se te verá hermoso al igual que Apocalipto, este traje hará que resalten tus ojos azules como los de ella, se verán tan lindos además que los trajes son iguales ya que ambos siempre están juntos y son tan parecidos- ella miro sus relajados ojos azules.
-No estés tan segura de eso, Apocalipto es muy fría y gruñona además ni siquiera se esfuerza por comportarse como una dama, hasta se olvida que es mujer a veces- responde Gabriel resignado de que Apocalipto se ablandase.
-No digas eso Gabriel- ella respondió molesta- ella sólo es muy relajada cuando se sienta y ese aspecto intimidante y frio no es más que una barrera- esta cruzo los brazos molesta haciendo un mohín.
-Esta bien Esther… tal vez tengas razón, pero aun así es muy gruñona- este lo dijo por molestar.
Alma y Dante los vieron aliviados de que se alejaran.
-Ahí se van ese par de raros- dijo Alma suspirando.
-Espero que Esther haya diseñado algo muy lindo para ella- dijo sonrojado Dante al imaginar a Apocalipto en pequeña ropas en posición seductora.
-¿Por qué te sangra la nariz, Dante?- pregunto Alma mirando extrañada a Dante.
Lejos de la ciudad de las luces en lo interno de los bosques entre la maleza y el ruido del río estaban escondidos dos vampiros y un extraño hombre en una vieja cabaña. Habían corrido tanto como podían hasta alejarse de ella y no ser capturados por una muerte segura, lejos de un enemigo invencible. Seras y Sixto habían escapado lejos con el inconsciente noferathu que aún no terminaba por regenerar sus heridas, tal vez se debía a la impresión que había tenido. Ambos llevaban tiempo persiguiendo a Apocalipto inútilmente ya que era muy pocas las veces en que podían acercarse a ella que siempre estaba rodeada y protegida por muchos zeners que fácilmente hubieran sentido su presencia, era por ello que siempre era difícil poder tener un encuentro. Siempre procuraron mantener distancia para evitar ser capturados, siempre esperando la oportunidad perfecta para enfrentarla, esta era la primera vez la segunda vez que se acercaba sin lograr nada, pero para Seras esta era la tercera vez que la veía, la primera fue cuando estaba destruyendo una ciudad entera.
Seras había salido a juntar leña para que Sixto se calentara un poco, después de todo él era parte humano y sentía frío a diferencia de ella. Este se había quedado junto a Alucard cuidándolo, aunque alguien como él no necesitaba exactamente protección.
La joven muchacha andaba entre la oscuridad recogiendo madera seca que podría ser quemada, cuando le pareció haber juntado lo suficiente esta se detuvo un momento y vio la luna llena, esta angustiada se sentó sobre una roca dejando a lado la madera que había juntado, no pudo evitar llorar en ese momento y cubrir su rostro con sus manos.
No podía creer aún que Integra era Apocalipto, la mujer a quien consideraba como una hermana había olvidado completamente quien era y se había convertido en un ser cruel y destructivo. Recordaba como un trauma una y otra vez con impotencia ver a Integra destruir una ciudad completa en tan solo segundos reflejando en esos intensos ojos azules satisfacción por el dolor de otros. Aún luchaba con esa idea de que ellas eran la misma persona, aquella mujer que protegió antes a los humanos que lucho con dignidad y orgullo ahora destruía todo a su paso sin piedad alguna, lo más triste que ahora tenía que enfrentar era contarle toda la verdad a su maestro.
Ella añoraba cada día que vivieron siglos atrás, cada momento juntas y sus gritos como rabietas. Hasta recordaba la última vez que discutieron y que ella le tiro una patada cuando le ofreció su sangre, aquel rostro de alegría contenida cuando su maestro regreso, aquel matrimonio simbólico cuando le dio su sangre a su maestro del cual fue testigo, recordaba cada detalle deseando volver al pasado… ella creyó que todo volvería ser como antes hasta que ella desapareció por completo, para ahora encontrarse envuelta en una pesadilla.
Esta se limpio las lágrimas y recogió la leña dejando la tristeza atrás, había que enfrentar el presente. Cuando llego a la cabaña esta encontró a Sixto de brazos cruzados temblando de frío, ella no pudo evitar mirarlo con antipatía y tiro la leña al suelo.
-Has demorado demasiado- este respondió recogiendo la leña y acomodándola para hacer una fogata.
-La próxima ve tú a recogerla- respondió Seras tomando asiento en un tronco.
-¿Cómo podría? hay muchos peligros en la noche y tú eres lo suficientemente fuerte para defenderte de esas criaturas nocturnas que andan por ahí- respondió sonriente sin importarle el ánimo de Seras.
-No tengo por que arriesgarme por uno de los culpable de lo que le sucedió a Integra- respondió esta girando la cabeza y evitando su mirada.
-Jejejeje has estado llorando por eso otra vez- este puso sus manos sobre el fuego para calentarse, no le importaba en lo más mínimo los sentimientos de Seras ni burlarse de ellos- no podemos decir a ciencia cierta si fue nuestra culpa, después de todo muchos como ella aparecieron después- él no aceptaba tener la culpa ni menos pasar el resto de su vida culpándose por lo que había sucedido con Integra- al menos logramos sacarla del camino- este respondió burlonamente en alusión de la organización Hellsing.
-¡Si vuelves a decir eso te matare!- respondió Seras conteniendo su rabia, después de todo necesitaban su conocimiento.
-¡Tranquila!¡tranquila! sólo es una broma, nada más- este respondió cínicamente- además si el hechizo funciona podremos salvarla, pero… si esto no funciona no quedara otra opción que buscar una forma de matarla antes de que destruya todo- Sixto respondió seriamente esta vez.
-Esa opción no esta incluida- dijo Seras teniendo las esperanzas de hacer que Integra recordara todo, aun así si debían obligarla reteniéndola a la fuerza hasta que recordara todo. Ya más calmada esta miro a Alucard dormir en la cama de madera, ella podía ver que él no dormía tranquilo, hace muchos años atrás que él no podía dormir tranquilamente- tendrás que contarle todo cuando despierte- dijo Seras.
-¡Oh no!¿ en verdad es necesario darle todos los detalles? ¿No podríamos decirle solamente que Integra y la reina de los zeners son la misma persona?- respondió este preocupado.
-Tendrás que contarle todo, no existe nadie en este mundo que tenga más derecho a saber la verdad que él- esta escondió sus ojos rojos en la oscuridad bajo su cerquillo.
-Entonces tengo que pedirte que evites que me mate, estoy seguro que reaccionara como tú y se pondrá como un loco y no contralara su ira y empezará a insultar y bla bla bla bla etc etc etc- a pesar del peligro que eso representaba, Sixto más que miedo parecía sentir satisfacción de verlos sufrir y orgullo de lo que había hecho, siempre había sido una persona cínica sin remordimientos.
Ambos fueron interrumpidos cuando escucharon el ruido de Alucard despertando diciendo entre sueños "Integra", Seras y Sixto rápidamente se pararon para verlo despertar, pero casi salen asustados cuando este abrió rápidamente sus ojos saliendo de sus sueños para entrar a su próxima pesadilla.
-¡Maestro!- grito Seras al verlo despierto.
-Si que da miedo verlo despertar- murmuro bajamente Sixto.
-Seras… Seras Victoria- dijo este en voz baja sin el mayor interés ni entusiasmo sentándose sobre la cama, en cambio Sixto se volvió a sentar resignado de tener que volver a contar la misma historia. Alucard miro a su alrededor confundido- ¿qué es esto?... ¿ qué es esto que he visto?…¿ un sueño?… ¿sólo un sueño cruel que me muestra todo lo que perdí y jamás volveré a tener?- dijo este ignorando a sus acompañantes, este miro sus manos, se sentía cansado.
-Maestro… todo lo que vio no fue un sueño- respondió Seras dejando sorprendido a Alucard que la miro fijamente- este hombre es Sixto- este hiso un gesto de presentación- él fue el último de los jefes de Iscariote… él sabe lo que le paso a….sir Integra- esta agacho la mirada para no ver la reacción de su maestro.
-¡Así es!... soy la pieza clave que tanto a estado buscando- respondió Sixto cínicamente- pero antes de cualquier muestra de violencia deberás dejarme hablar, por que si me matas ahora o vuelas mis dientes no sabrás nada de lo que sé- termino este esperando que Alucard se calmara.
-Él tiene razón maestro… deberá calmarse antes al igual que yo la primera vez- dijo Seras acercándose a su maestro, pero esta se detuvo cuando sintió la negativa energía que este emitía- contenga su ira, escuche hasta la última palabra antes de actuar como yo lo hice… si en verdad quiere salvarla debe contener su ira ahora- esta le hablo con un tono más alto para que este comprendiera, esta deseo ser Integra en este momento para que él la escuchara.
Alucard no pudo más y con gran velocidad desordenando todo en un fuerte viento apretó con una de sus manos a Sixto sosteniéndolo en el aire, sus ojos rojos fulminantes llenos de ira miraron fijamente a Sixto que jamás había visto ojos más tristes y llenos de ira.
"Me dirás hasta el más mínimo detalle de lo que le sucedió"
A lo lejos entre sueños Apocalipto no dejaba de moverse entre las sábanas de seda, desde lo más profundo de su inconsciente este la perturbaba entre sueños mencionando su nombre una y otra vez como cada noche sin saberlo si quiera al día siguiente.
Gabriel entre la oscuridad la observaba dormir apoyado en la pared con los brazos cruzados, escuchando el nombre del misterio de quien ella no podía recordar una y otra vez. La luz de la luna caía sobre su cuerpo frágil y agitado entre la seda moverse, a su lado poco a poco la silueta de un hombre alado se acercaba hasta ella, Gabriel sabía quien era.
Cuando estuvo cerca a ella este toco su rostro con la palma de su mano, acaricio su mejilla y esta se quedo quieta sin pronunciar mas nada entre sueños. La luz de la luna lo ilumino revelando su imagen, era un hombre alto de cabellos largos y negros de unos treinta años con ojos negros y tez dorada acaricio el rostro de Apocalipto.
-Ella es tan hermosa- dijo aquel hombre misterioso extendiendo sus alas, Gabriel no dijo nada pues sabía que ella realmente era más que hermosa-aun falta mucho para que ella recuerdo todo- dijo este dirigiéndose a Gabriel.
-Lo más importante ya sucedió- respondió Gabriel serio como jamás nadie lo vio.
-Ellos ya se han visto- este se alejo de ella avanzando pasando a lado de Gabriel para luego desaparecer- todo estaremos observando- fue lo último que dijo.
-Esto será divertido- fue lo ultimo en decir Gabriel para luego desaparecer al igual que el misterioso visitante dejando sola a Apocalipto dormir ahora tranquila.
Continuará
