Amaneció en el piso de los futuros papás y la primera en levantarse fue la rubia. Se sentía protegida y segura con sus padres abrazados a ella y le trajo recuerdos de cuando aún eran felices. Sonrió al recordar la primera vez que ella y su hermana durmieron con sus padres cuando tenían cinco años.

…...

Usagi y Serene parecían tener una conexión mental puesto que estaban soñando lo mismo y ambas se despertaron a la vez. Salieron de su cama y por costumbre dormían juntas y fueron a la habitación de sus queridos papás y vieron algo que no deberían de haber visto: A sus padres besándose apasionadamente. Las niñas se quedaron estáticas ante esto y antes de que los adultos pudieran continuar sus hijas estaban encima de ellos mirándolos curiosamente.

-Papá. ¿Que estabas haciendo con mamá?- Habló a duras penas puesto que a su edad, a Serene aún le costaba hablar pero a su hermana no le pasaba. -Eh pues, ¡Mierda joder!- Espetó sin saber qué decir. -Oye tú, no digas palabrotas enfrente de tus hijas.- Ella le pegó un codazo y las niñas se abrazaron a ella y correspondió el abrazo.

Las pequeñas parecían haberse olvidado de lo que estaban haciendo sus padres y se pusieron a llorar, ella angustiada les preguntó delicadamente por qué lloraba y le contó la pesadilla que habían tenido ambas.

-Tranquilas mis niñas, es sólo una pesadilla, ya pasó. ¿Queréis dormir con nosotros esta noche?- A las chiquillas se les iluminó la cara y asintieron con la cabeza fervientemente.

Su esposo hizo un puchero e ignorando un poco a sus hijas sin mala intención empezó a reclamar lo que era suyo y lo que quería esta noche pero ella sólo le giró la cara dándole un mensaje claro que él captó al instante y maldijo su suerte. Se tumbaron con sus hijas en medio y velaron el sueño de sus hijas.

...

Estaba tan ensimismada recordando hasta que se dio cuenta de que era observada por dos pares de ojos.

-¿Cómo has dormido pequeña maldeamores?- Bromeó su madre haciéndola reír. -Mucho mejor después de hablarlo con alguien. ¿Sabes que tus consejos van de maravilla en casi todas las ocasiones?- Alabó a su madre y la susodicha se rió. -Sí, claro, ahora hazme la pelota señorita maldeamores.- Ambas se rieron en voz baja pero molestó a su acompañante. -Callaos las dos par de cotorras, estoy intentando dormir y ni se os ocurra despertarme con cosquillas porque no respondo de mí.-

Ambas hicieron un puchero y él sólo suspiró volviéndose a dormir. Sin hacer ruido salieron de la cama, aunque eran sólo las seis de la mañana la rubia tenía que volver a su casa muy a su pesar. No almorzó nada porque lo haría con sus pequeños así pensarían que había estado ahí toda la noche y no los haría preocupar.

-En verdad, no me fío de mi desastrosa hermana, es capaz de haberlos llevado a su cama y hablarles toda la noche porque se siente sola. ¡Necesita un novio urgente pero ya!- Ordenó para que algún hombre cercano la oyera, cuánta fe tenía. -Calla la boca, que tu padre aún se va a poner de mal humor y no quieras pillarlo así.-

Ella asintió y se fue lentamente por la puerta diciendo adiós con la mano y cuando hubo cerrado la puerta suspiró tristemente. Faltaba un mes para la boda de su hija y podía sentir su sufrimiento. En ese momento echó en falta a sus hijas en casa corriendo de aquí para allá, gritando y saltando e haciendo alguna que otra travesura pero pronto eso volvería porque iban a tener un bebé inesperado. Empezó a pensar en qué habitación pondrían al bebé y sonrió mientras lo planeaba todo en su cabeza.

Mientras Usagi iba de camino a casa pensaba en todo lo que su madre le había dicho y estuvo de acuerdo con ella. Le dejaría su tiempo para que se lo contara y cuando confiara plenamente en ella, seguramente se lo contaría pero... ¿Qué hacer para que confíe en mi? No lo sabía, suponía que cuando hayan pasado unos días cuando el móvil sonó: Era su prometido.

-¿Diga?- Preguntó extrañada.- Usako, tengo que contarte algo.- ¿Por fin se lo contaría? Pensó ella ilusionada. -Está bien. ¿Qué es?- Le cuestionó evitando su entusiasmo. -Es sobre alguien a quien conocí cuando era niño. ¿Puedes venir a casa? Es muy importante.- Ella asintió, colgó y puso rumbo a la casa.

Cuando iba de camino a casa pensó en comprar un libro que hacía tiempo que le rondaba por la cabeza. Vio la librería y estacionó su coche allí. Entró y enseguida lo vio, sonrió.

-Al fin te tendré entre mis manos, Breaking dawn... Edward... Ains.- Lo cogió y suspiró.

Cuando acabó de pagar y a punto de salir, un coche se dirigía hacia la librería pero en el último instante giró y el coche, al toparse con el bordillo, dio un salto y fue a parar al parking. La gente se acercó al lugar del accidente y vieron que el conductor salió ileso y sin un rasguño no se preocuparon demasiado, se le veía aturdido y Usagi se acercó preocupada por el chico.

-Lo siento.- ¿Por qué lo sentía? Preguntó en su cabeza. -Lo siento de veras, yo no quería... No sé qué me pasó...-

El chico al ver la confusión de la rubia, le señaló el coche que había debajo del suyo, ella primero no sabía de quién era el coche pero al verlo más detenidamente se dio cuenta de que era el suyo.

-¡Mi coche!- Gritó lloriqueando un poco. -¿Ahora cómo voy a volver a casa?- Dijo en voz baja. -Mi nuevo Mercedes negro...-

La gente parecía divertida al ver la escena ya que la rubia estaba acariciando el coche cómo si fuera un miembro de su familia o algo por el estilo. Cuando acabó de hacer lo que hacía, llamó a Mamoru y le contó lo que había pasado. Primero se preocupó pero después se echó a reír.

-Oye, no te rías. ¡Era nuevo y lo quería cómo si fuera una parte de mí! ¿Qué voy a hacer ahora?- Mamoru se volvió a reír. -Tranquila cariño, el seguro tiene que pagarte algo, ya se verá. Todavía tienes el Nissan, así que perdida del todo no estás.- Intentó mostrarse sereno pero no lo consiguió. -Pues menos mal, porque si llega a ser ese vete tú a saber qué le hago al responsable, el Nissan me ha llevado a tantos sitios...-

Mamoru preguntó dónde se encontraba y cuando se lo dijo asintió. Estaría allí en quince minutos. Mientras esperaba, el chico se disculpó quinientas veces como mínimo y ella le perdonaba, la grúa llegó y retiró el vehículo de encima y ella al verlo tan chafado se le contorsionó la cara. No se podía salvar nada. Suspiró antes de que le entrara un ataque de histeria y la grúa depositó el coche casi chafado en su cubierta y se fue.

Mamoru llegó cinco minutos después y al verla al punto de la histeria aparcó y la dirigió rápidamente a su coche, le abrió la puerta del copiloto, cerró las ventanillas y le dijo:

-Ahora ya puedes hacerlo.- Dicho esto, la rubia soltó un grito. -¡¡¡¿Por qué mi coche?!!!- Gritó tan fuerte que el chico se tuvo que tapar los oídos.

-Tranquilízate, vamos a casa anda.- Dicho esto, arrancó el coche y se fueron de ahí.

Todo el camino se lo pasó sollozando y él sólo suspiró y negaba con la cabeza. Tardaron quince minutos en llegar al piso, entre que aparcaban y él tenía que caminar por dos ya que la rubia estaba o intentaba parecer traumatizada. Le dijo que no era para tanto y ella le miró con odio. Se resignó y colaboró un poco para caminar. Cuando llegaron al apartamento la fémina ya se había calmado.

-Ahora Usagi, te voy a decir lo que tanto querías saber.- Ella levantó la mirada y vio... ¿Dolor? -Si no quieres no lo hagas, no quiero presionarte.- Él negó con la cabeza. -Aquella chica que viste en aquella foto era... -Se notaba que le costaba y estaba triste. -Era mi hermana.- Usagi se extrañó. Ya decía ella que se parecían algo. -Pero no mi hermana biológica.- Esto desconcertó aún más a la rubia.

Mamoru le contó que sus padres se divorciaron cuando él tenía cinco años y que su madre se volvió a enamorar y el hombre tenía una hija de un año menos que él, se casaron y se convirtieron en hermanastros. A los quince años ella empezó a sentir algo más que amor fraternal hacia él y el chico también pero cuando la madre de ella se enteró se la llevó muy lejos y desde entonces no la había vuelto a ver. Y lo bueno es que ella no puso objeción alguna y se fue tranquilamente dejándole a él devastado, solo y triste. Sin importarle nada.

La rubia al ver todo el dolor que contenía ese relato se le cristalizaron los ojos y lo abrazó.

-Perdóname por hacerte recordar algo que te hace sufrir tanto...- Se lamentó ella pero la calló con un beso. -¿Sabes? Ahora que se lo he contado a alguien me siento mejor. -Dijo al fin. -Tenía miedo de que, al contártelo, te arrepintieras de querer casarte conmigo.- Habló tristemente. -No digas tonterías, cuando has dicho que te enamoraste de ella sentí pánico, porque pensaba que aún seguías enamorado de ella y que sólo me utilizabas para olvidarte de esa chica...-Al fin dijo su mayor temor desde que empezó el relato.

La abrazó contra su pecho y le aseguró que eso no era verdad, aquello era cosa del pasado, que lo había superado y que la amaba a ella y no a la otra y se lo hizo saber haciéndole el amor allí mismo.

Mientras tanto en casa de su madre, estaba ojeando en las páginas de concesionarios ofertas aquél coche que vio en la calle y que se enamoró de él enseguida y lo encontró.

-Estas loca cariño.- Es lo que dijo cuando le dio la noticia. -Lo sé, pero por eso me quieres así que... ¿Puedo comprarlo? ¡Anda, di que sí!- Rogó a todos los dioses para que aceptara. -Uf, está bien, al mío ya le toca jubilarse...- Ella saltó de alegría. -Gracias cariño. ¡Te amo!-

Colgó y lo compró enseguida porque ya conocía todas sus prestaciones porque el propietario de aquél coche se las explicó. Llamó al concesionario y arreglaron todos los papeles por teléfono y cuando lo hizo llamó a su hija y se lo contó.

-¡¿Por qué tu vas a tener coche nuevo y yo no?! -Preguntó enfadada. -Pero bueno, qué te pasa que estás tan agresiva...- Su madre no pudo ocultar su risa. -Verás...-

Empezó a narrarle todo desde el principio, ella se estaba aguantando la risa, estaba haciendo un drama a lo grande pero no se lo diría, no fuera a ser que se molestara y se enfadara con ella Su madre le dijo que ya arreglarían el asunto de alguna manera y eso la tranquilizó un poco ya que la rubia pensaba que le iba a regañar porque era un regalo de su madre pero ella le dijo que no era así.

Ambas colgaron, la rubia más tranquila y la peliblanca con una gran sonrisa. Llevó inconscientemente la mano a su vientre que se notaba un poco y lo acarició. Llegó a la conclusión de que su hija mayor aún era un poco inmadura e infantil pero ese era uno de sus encantos, como decía su hermana.

Serenity notó un escalofrío recorrer por su espalda lo cual la sorprendió porque no había ninguna puerta abierta, se giró y vio la ventana del comedor abierta de par en par. Se acercó para cerrarla pero unas manos la callaron.

-¿Creías que te ibas a librar fácilmente de mi?- Serenity volvió a temblar. -Jaja, veo que me recuerdas... Pero no te preocupes... Pronto dejarás de hacerlo...- Dijo sensualmente en el oído de la chica y ésta se temía lo peor.

Le dio un golpe que la hizo caer estruendosamente al suelo y ahogó un grito de dolor, no le iba a dar el gusto de saber que ella sufría. En ese momento, sólo un nombre se le vino a la mente:

-Tenma... Te quiero...- Y se desmayó.

El chico sonrió maliciosamente, la cogió en brazos, salió por la puerta, la dejó en el asiento trasero y volvió para dejarle una nota a Tenma. Volvió al coche y arrancó a toda velocidad.

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Sé que lo del coche es un poco surrealista pero me divertí tanto escribiéndolo... xD

Aja, esto va llegando al final, me da pena y todo, siempre me pasa igual xD. Tengo pensado hacer un "Especial" de este fic porque aún no lo sabéis todo de la amiga de Mamoru... JOJOJO, tengo algo reservadito para ella xD.

Dicho esto, nos vemos en el siguiente capítulo.

¡Ja ne!