Resultaba raro entrar a casa de Horatio con la llave que él le había dado hace años. Yelina siempre pensó que el apartamento era excesivamente silencioso aunque, teniendo en cuenta la naturaleza de Horatio, tampoco era de extrañar.

Al entrar soltó las llaves en la mesa del recibidor y notó que chocaban con algo. Allí mismo descansaba el juego de llaves de Horatio, junto a la placa de teniente. Yelina suspiró y se encaminó hacia el dormitorio. Durante el recorrido observó el estado en el que había quedado el apartamento tras el secuestro. No había duda que Horatio había mostrado resistencia hasta que consiguieron reducirlo. Había algo de sangre en el suelo y las paredes, mobiliario desplazado y cosas en el suelo.

Entre todo ese caos, la huella del equipo CSI era visible. Cinta amarilla, polvo para marcar huellas dactilares, luminol aún reluciendo timidamente...durante horas el equipo de Horatio se había afanado en rastrear la casa milímetro por milímetro para dar con alguna pista sobre su jefe y amigo.

Sin darse cuenta, Yelina había llegado a la puerta del dormitorio principal y se encontró con una imagen mas desoladora aún. Aunque solo había visto el dormitorio de Horatio un par de veces, lo recordaba perfectamente ordenado, sin una simple cosa fuera de lugar. Lo que tenía delante podría ser el escenario de una película de guerra. Sin pensarlo, recogió del suelo las fotos que su cuñado tenía en una cómoda y habían caído durante la pelea. Las miró con cariño una de ellas al reconocer a Raymond y Horatio a los pocos meses de llegar a Miami, en la playa, sonriendo mientras Ray saltaba sobre la espalda de su hermano desde una roca. Ella misma había tomado la foto aprovechando que los hermanos Caine se encontraban en un modo relajado. Horatio tenía la cara ligeramente girada, como esperando el pequeño ataque y una gran sonrisa, en su mano un puñado de arena de la orilla que más tarde terminó en el hombro de Yelina mientras el pelirrojo esprintaba huyendo de Raymond.

- "Menudos tiempos..." - susurró mientras apoyaba la foto en la cómoda. A los pocos segundos decidió volver a cogerla, la sacó del marco y la guardó en su bolso - "se que esta foto te animará un poco" - sonrió tristemente y se dirigió al armario.

Tres cuartos de hora después, Yelina había empaquetado todo lo que Horatio podría necesitar: pijamas, ropa, aseo, móvil, cargador...se aseguró que no le faltaba nada y se encaminó hacia el hospital.